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El puzzle de las 2000 piezas

ROMPECABEZAS-IMAGEN PÚBLICA
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por María Mañogil

Había invertido días en intentar montar ese puzzle. Cada día, al llegar a casa después del  colegio, tiraba mis libros sobre mi cama y me sentaba en el suelo de mi habitación para tratar de acabarlo, pero cuanto más me acercaba al final e iba disminuyendo el número de piezas por colocar, más difícil me resultaba acabarlo; siempre había alguna pieza que no encajaba y tenía que sustituirla por otra que ya daba por hecho que estaba en el lugar correcto.

Eran 2000 piezas y yo sólo tenía 10 años. El día que lo terminé de montar no sabía donde ponerlo (era demasiado grande), así que lo volví a desmontar y guardé todas las piezas de nuevo en su caja.

Para muchas personas es más fácil montar un puzzle que desmontarlo, sobre todo cuando el tiempo que han dedicado a él ha ido acompañado de una pasión desenfrenada por el trabajo que supone unir cada una de las piezas para que encajen en el lugar correspondiente.

Cuando ese puzzle es una historia y esa historia está formada por mentiras es todavía más complicado, ya que como el puzzle es imaginario hay que tener una memoria espectacular para recordar donde se puso cada una de las piezas, de lo contrario no encajarán las siguientes.

Yo he visto muchos puzzles hechos a base de mentiras y poco a poco he ido quitando todas las piezas que no encajaban hasta desmontarlos por completo y lo único que ha quedado al final es un trozo de cartón con el fondo blanco. Las historias inventadas no son más que eso: una lámina de cartón sobre la cual no hay nada, al menos nada real.

Casi todos hemos mentido alguna vez y quien diga que no, es el primero que lo está haciendo. Pero una cosa es una mentira y otra muy distinta es una historia basada en muchas mentiras. Hay para quienes toda su vida se basa en una gran mentira.

ROMPECABEZAS-FOTOGRAMA
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LA CONFIANZA

Yo no me fijo cuando hablo con los demás en si me están mintiendo o no, sólo escucho y creo lo que me están contando porque no entiendo que pueda haber un motivo para que alguien me cuente algo que no es verdad, a no ser que me esté gastando una broma. Tampoco voy buscando motivos que puedan explicar una necesidad de alguien de querer engañarme…si alguna vez sospecho que los hay me mantengo alerta, pero en principio no los busco, aunque en muchas ocasiones he adivinado la mentira antes de acabar de ser relatada, normalmente por un error en las palabras de quien la ha dicho, más que por perspicacia mía. Yo confío en las personas hasta que me demuestran que me han engañado. Entonces ya es muy difícil que vuelva a confiar en ellas, a no ser que tuvieran un motivo muy “importante” para hacerlo; cuestión de vida o muerte.

Mi vida ya es demasiado complicada como para tener que añadirle cosas que son falsas. Eso supondría un esfuerzo enorme para mí, ya que si no recuerdo a veces lo que hice el día anterior difícilmente podría recordar lo que no hice. Pero que sea difícil o que yo no lo vaya a hacer porque no le veo la utilidad, no significa que no pueda hacerlo.

Podría inventarme una historia, contarla y estoy segura de que poniendo atención en lo que digo y procurando no equivocarme, la mayoría de gente me creería. ¿Por qué no iban a hacerlo si soy de fiar?

CIUDADANO KANE-FOTOGRAMA
CIUDADANO KANE-FOTOGRAMA

EL MONTAJE

Hace unas semanas hicieron un programa especial en una cadena española de televisión,  con motivo del aniversario del intento de golpe de estado que hubo en España en 1981. Se le dio mucha publicidad a ese programa y fuimos muchos los españoles que lo vimos. Era un reportaje en el cual se desmontaba la versión oficial de los hechos que trascurrieron ese día. En el programa intervinieron personas que estuvieron allí y otras que, supuestamente, tenían conocimiento de lo que iba a pasar, políticos e incluso un conocido director de cine.

Al acabar el programa y minutos antes de que comenzara el debate sobre dicho reportaje, el presentador comunicó que todo había sido un montaje y que los personajes a los que habían entrevistado formaban parte de él y se habían limitado a interpretar un guión, como si de actores se tratase.

Ese programa despertó mucha polémica y hubo opiniones de todo tipo, en su mayoría eran críticas al presentador tanto por alimentar una farsa basándose en unos acontecimientos muy importantes en la historia de España y que (afortunadamente no fue el caso) pudieron haber acabado en tragedia, como por jugar con su credibilidad como periodista ante millones de espectadores. Nos engañó a casi todos, incluida a mí, que pasé la mitad del programa creyendo todo lo que decían. Y digo la mitad porque hubo un par de detalles que no encajaban en la nueva versión y que si no llega a ser porque esos detalles me hicieron dudar y hasta me parecieron cómicos, me habría creído la historia hasta el final. Claro, que en la versión “oficial” puede existir también un número de detalles que tampoco encaja; el mismo número que en la versión “falsa”. 

A mí y a otras personas nos gustó el programa, otras se sintieron ofendidas (algo muy comprensible) por el tema tan serio sobre el que se creó el montaje y otras, yo creo que la gran mayoría, se cabrearon cuando descubrieron la facilidad con las que habían sido engañadas. Además de incrementar la audiencia, como es lógico en todos los canales de televisión, la finalidad del programa era esa, demostrar lo susceptibles y manipulables que somos ante los medios de comunicación.

ROMPECABEZAS-IMAGEN PÚBLICA
ROMPECABEZAS-IMAGEN PÚBLICA

¿DÓNDE BUSCAR EL ENGAÑO?

La mayoría de veces que buscamos algo no nos damos cuenta hasta que lo encontramos de que hemos estado buscando en el sitio equivocado. La verdad (y la mentira) están casi siempre más cerca de lo que pensamos y sin embargo vamos  a buscarlas en los escondites más raros, cuando quizás las tenemos delante de nuestras narices.

Nuestros ojos no pueden ver a todos los microorganismos que conviven a diario junto a nosotros, pero ellos, los que tengan ojos, tampoco podrían vernos a nosotros si levantaran la vista. En todo caso verían una parte de nuestro cuerpo, pero no sabrían lo que es. Con las mentiras pasa lo mismo: cuando son muy pequeñas sólo las podemos ver a través de un microscopio, pero cuando son demasiado grandes tenemos que alejarnos y mirar desde lejos para poder verlas enteras, ya que si estamos muy cerca no seremos capaces de distinguirlas.

 El otro día vi una foto en internet que me gustó mucho. Era la foto de un personaje famoso, en la que al lado había una cita, la típica cita que nos da un consejo con las palabras que dijo en su día la persona que sale en la foto. En este caso nos aconsejaba no creer en cualquier cita que saliera en internet con una foto al lado. Me encantó la frase; había tanto de cierto en ella como de falso. Una buena cita y un buen consejo, auténtico si no fuese porque el personaje que salía en la foto murió un siglo antes de que se inventara internet. La mentira estaba escondida precisamente en quien la desmontaba. Y eso es lo que suele pasar en la vida, que buscamos lejos lo que tenemos al lado.

El primer párrafo de este texto es mentira. Me lo he inventado. Yo nunca he intentado montar un puzzle de 2000 piezas, ni de 500… Nunca se me ha bien montar puzzles. Eso sí, desmontarlos y perder las piezas de los que montaba mi hermano se me daba de maravilla. De hecho, mi hermano es la única persona que, si está leyendo esto, se ha dado cuenta desde el principio que estaba mintiendo.

Desmontar una farsa es muy difícil, pero podemos hacerlo siempre que miremos hacia el lugar donde tenemos que mirar y no a otro.

Por cierto, otro de los párrafos de esta columna también es mentira, pero lo he puesto tan a la vista que pocas personas lo verán. Aunque a mí no me gusta hacerlo, me he dado cuenta de que es muy fácil engañar y que nos engañen. Yo lo acabo de hacer sin que os dierais cuenta.

 

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¿Por qué armamos drama?

Keep calm and don't be such a drama queen - Imagen pública
Keep calm and don’t be such a drama queen – Imagen pública

por José Luis Dávila

Fíjense bien en la elección de palabras, “armar drama” no es “hacer drama”, como antes de empezar a escribir estuve pensando. La diferencia está en que aquello que se arma no nace de nosotros sino que tomamos las piezas convenientes para ello de algo externo y por lo tanto regularmente resulta demasiado artificial, mientras que cuando “hacemos” estamos proyectándonos en el proceso tanto como el producto de ese hacer.

Y sin embargo, armar drama es mucho más común que hacer drama, pero si bien la pregunta que tengo es “¿por qué?”, la respuesta no está en quien lo arma sino en quien lo contempla, es decir en el “¿para qué?”; una pregunta que se responde en la respuesta de otra, siempre es una pregunta que trata de unir todos los puntos sueltos en el trazo del problema. Quizá se debería obviar la respuesta, porque no hay mucho misterio en ella: armamos drama porque sabemos que quien lo especte es susceptible de convertirse también en alguien que lo expecte.

Cuando a uno le arman drama hay dos vías de acción, o lo convierte en un mero espectáculo del cual se puede hasta hacer burla y darle la importancia que merece, o caer en el juego del otro y tener una expectativa sobre el asunto, lo que pone en juego una relación de poder que todos notamos pero muy pocos somos capaces de evitar. Si se tiene esa expectativa, ese interés, de una u otra manera se llega a tomar tanto en cuenta el drama que nace preocupación al respecto, una preocupación genuina que para nada cuestiono en sinceridad porque, vamos, cuando actuamos como idiotas es cuando somos más sinceros.

Drama Queen - Imagen pública
Drama Queen – Imagen pública

Por el contrario, cuando uno arma drama, lo peor que se puede hacer es parecer idiota, porque entonces nadie se va a interesar por nosotros, nadie va a generar una expectativa, por lo tanto, cuando se arma drama hay que elegir con precisión sus componentes. Un poco de paranoia, algo de estrés, ansiedad, soberbia, despecho, en fin, todos esas bonitas herramientas que de las que nadie puede prescindir en esta vida (porque, admitámoslo, aquellos que crean que esto de armar drama es cosa de género, les tengo una gran verdad: todos somos una vieja histérica al menos una vez en la vida). Armar drama es un arte de reacción: se necesita, creatividad, inventiva, talento, y mucha, mucha, dedicación para conseguir la pieza perfecta que impacte al público como se quiere.

Una de las mejores habilidades que se pueden cultivar es aprender a diferenciar entre esas dos formas de actuar, algo que me parece bastante complicado, dado que para ello hay que entrenar con situaciones en tiempo real, mismas que siempre corren el riesgo de salirse de control, más que nada porque lo interesante entre hacer y armar drama es que de uno se puede pasar a otro en cualquier instante.

Drama Queen - Imagen pública
Drama Queen – Imagen pública

Entonces, ¿hacemos drama para subyugar al otro, para demostrar algo ante él sin que tenga la posibilidad de actuar a su favor, o al menos en su defensa? Sí y no. Sí, porque la intención final es esa, el acto de la construcción del drama desemboca en avasallar al otro. Pero no, porque armamos drama como la única forma que conocemos de establecer un circuito comunicativo en el que seamos escuchados con seguridad, y eso proviene de la dinámica intersubjetiva a la que estamos atados desde que empezamos a conocer cómo interactúan las personas mayores.

Aunque, la verdad es que no importa por qué armamos drama, ya que cualquiera que sea su origen, y lo sepamos o no, difícilmente evitaremos armar o ser víctima de uno, pues armar, y también hacer, drama nace de la pasión creadora que mueve todo progreso, de forma directa o indirecta. El mundo sería muy aburrido sin esa cuota de drama, que aunque innecesario, siempre es divertido para alguien, generalmente para quienes no están envueltos en el drama.