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Rondalles Mallorquines No. 7: Dos rondallitas cortitas

por Antoni Maria Acover i Sureda

Traducción de María Mañogil

He elegido, para esta quincena, dos breves cuentos. Como siempre sacados de la literatura popular balear, y que llevan cada uno de ellos una moraleja que Jordi d’es Racó supo una vez más escuchar, entender y plasmar finalmente en su obra. Deseo saber traslucirlos de la mejor manera posible, y que no se me escape nada entre el mallorquín y el castellano, ni al trasladar el lenguaje de aquel tiempo al de éste. Espero que disfrutéis de estas dos rondallitas.

EL REY Y UN CARBONERO*

Una vez el rey, cazando cazando por dentro de un bosque, encontró a un carbonerito que bregaba en una pequeña fosa, y le dice:

-¿Y con esta miseria de carbón que podéis conseguir os ganáis la vida?
-Sí, señor; y más le diré: pago deudas, presto dineros con interés y hasta los tiro por la ventana.
-¿Y cómo puede ser esto? -decía el rey sin poderse avenir-. Veamos, explicaros.
-Ya os explicaré, ya -dice el carbonerito-. Mirad, yo mantengo a mi padre y a mi madre, que ya no pueden trabajar de viejos que son, y con esto pago la deuda que tengo con ellos de cuando era pequeño y me sustentaron tantos años sin yo hacer nada. Además mantengo a dos niños pequeños que tenemos, con la confianza que ellos me mantendrán a mí cuando sea viejo; y a esto le digo prestar dineros con interés, con la idea de que algún día me los devolverán. También tengo una hija soltera, que mañana o pasado mañana se casará, y los dineros que me gasto en ella digo que los tiro por la ventana, porque al casarse se irá, y quien sacará provecho será su marido.

El rey se quedó sin palabras al percibir la agudeza de aquel carbonerito: le pone un puñado de doblers** de veinte en la mano y se va a seguir con su caza.

*Me la contó mi madre. (Nota del autor).
** El dobler es una moneda de cobre equivalente a dos dineros, que se utilizaba en las Baleares creo que allá por el siglo XVI. (Nota de la traductora).

Imagen pública
Imagen pública

LA PENITENCIA DE LA BEATA*

Esto era una beata que se fue a confesar. Debía haber hecho alguna de bien gorda porque el confesor le dice:

-Como penitencia ayunarás mañana.
-Que me lo dé por escrito, pues -dice ella-, porque soy corta de memoria y entonces no lo recordaré.

El confesor le escribe en un papel: “Ayunarás mañana”, y se lo da.
Ella se lo pone dentro del bolsillo y se va a su casa. Al día siguiente, al salir de misa, aborda a un hombre y lo embiste con el papel.

-¿Sabes leer, hermanito?
-Sí sé.
-Hazme el favor de mirar qué dice esto.

Aquel hombre agarra el papel y lee: “Ayunarás mañana”.

-¿Mañana? -dice la beata-. Mañana no es hoy. Hoy puedo comer.
Y se mete un almuerzo con todas las de la ley.

Al siguiente día, cuando salía de la misa, vuelve a dar el papelito a leer, y ya lo creo que también se lo leyeron: “Ayunarás mañana”.

-¡Y pues! Ya veremos mañana -dice ella.
Y se vuelve a pegar un atracón hasta atiborrarse.

Cada día hacía lo mismo de dar a leer el papelito a alguien, y al escucharlo siempre decía:

-Hoy no es mañana.
¡Y venga una buena comilona!

Así se libró de hacer la penitencia que le habían impuesto.

* Me la contó mi padre. (Nota del autor).

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Rondalles Mallorquines no. 6: La hija y la hijastra del molinero

por Antoni Maria Alcover i Sureda.

Traducción de María Mañogil

Prosigo mi viaje a través de la literatura de Mallorca -la bella isla mediterránea donde nací-, acompañada y guiada por la mano de Jordi d’es Racó. Esta vez con una historia que le contó doña Catalina, de Campanet, y que él decidió inmortalizar en uno de los veinticuatro tomos de los que está compuesta su obra, Aplec de Rondalles Mallorquines. Espero que os guste o que os disguste, especialmente a las Catalinas, a quienes mando un afectuoso saludo.

Es fangar, Campanet - Imagen pública
Es fangar, Campanet – Imagen pública

LA HIJA Y LA HIJASTRA DEL MOLINERO

Esto era y no era un molinero de Sa Pobla que tenía una hija, a la que habían llamado Catalineta, bien graciosa, bonita e ingeniosa. El molinero cayó viudo y se volvió a casar con una viuda que tenía una hija que se llamaba Catalinota, grosera, arisca y cascaciruelas. El molinero le dijo un día a Catalineta:

-¡Catalineta, devuelve la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar!

Es Fangar es una posesión de Sa Pobla hacia Campanet, a pie de montaña. En aquel tiempo, en una cueva de esa posesión habitaba un pelotón de gigantes que vivía de lo que cazaba. Eran unos gigantes muy buena gente que no se metían con nadie mientras no se metiesen con ellos. Ya lo sabían pobleros, campaneteros y bellacos, por eso nadie los incordiaba y los dejaban tranquilos. Llevaban el trigo a aquel molinero, que lo molía y les devolvía la harina, eso sí, después de bien y bien molido. El molinero tenía un recadero y éste solía llevarles la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar, pero justamente ese día el recadero estaba enfermo y enviaron a Catalineta: cargaron el saco sobre el caballo y amarraron a la muchachita encima, le dieron el ronzal, dijeron ¡arre!, y aquel caballo hacia la cueva de Es Fangar. Cuando estuvo frente a la cueva, el corcel se detiene, Catalineta desmonta y entra en la cueva, grita que grita:

-¿Quién hay en la casa de Dios?, ¿quién hay aquí? ¡Salid, que os traigo la harina!

Bien que voceó la chica, pero nadie le respondió. ¿Y qué hace ella? Así como puede descarga el saco, lo mete en la cueva, se percata de que todo está un poco sucio y desordenado; y barre y sacude y avía, y al momento lo deja todo limpio y engalanado. De pronto ¡tac!, llegan los gigantes, reparan en todo cuanto acababa de hacer Catalineta por ahí adentro y quedan tan agradecidos y satisfechos que se reúnen y dice el cabecilla del grupo:

-Se merece esta muchacha que le demos un don; bastante que se lo ha ganado.
-¡Bien pensado! ¡Bien pensado! -dicen todos-. El jefe que diga cuál ha de ser ese don.
-¡Ya lo diré, ya! -dice aquél-. El don ha de ser que, al abrir la boca Catalineta, por cada palabra que salga de ella, le brote una peseta.-¡Aprobado! ¡Aprobado! -aplaudieron todos los gigantes.
-¡Muchas gracias! -dice Catalineta, y ¡zas!, le cayeron de la boca dos pesetas por las dos palabras que acababa de pronunciar.

Catalineta recoge aquellas dos pesetas, se las embolsa, se sube al caballo y ¡hacia el molino! Cuando su padre, su madrastra y su hermanastra se dieron cuenta de que, al decir Catalineta cualquier palabra, de pronto le caía una peseta de la boca, imaginaos cómo se quedaron de pasmados. Su padre estaba contentísimo; en cambio, la madrastra y la hermanastra no lo podían soportar, la envidia les corroía. Catalineta, como era tan buena chica, todas las pesetas que le brotaban de la boca, tantas como palabras decía, se las entregaba a su padre, y su padre que daba saltos de alegría, y la madrastra y la hermanastra que se encrespaban y se las llevaban los demonios., hasta que un día la madrastra le dice al molinero:

-¿Y qué no volvemos a tener grano para moler, de los gigantes de la cueva de Es Fangar?
-Sí que tenemos- contesta el hombre.
-¡Pues ve a molerlo! -suelta la madrastra-, y mi Catalina les llevará la harina.
-¿Y por qué? -dice el molinero- ¿Para ver si regresa de la cueva así como regresó mi Catalineta, que al decir cualquier palabra, le cae de la boca una peseta?
-¡Veo que me entiendes! -asiente la molinera-. ¿Y qué no te gustaría?
-¡De acuerdo, de acuerdo! -responde él- ¡Hala, pues! Hagamos la harina de los gigantes de la cueva de Es Fangar.

Vierten el grano en el molino y al poco tiempo estuvo molido. El molinero maquila, llena el saco, lo asienta sobre el caballo, llama a la hijastra y le dice:

-¡Hala, Catalina, arreando! ¡Veamos si vuelves como la otra Catalina!
-¡Haré todo lo posible! -dice la groserota.

Se sienta a horcajadas sobre el animal y ¡hacia la cueva de Es Fangar! Pronto llega allí, desmonta pegando un bote, se mete dentro de la cueva, grita que grita:

-¡Hala,vosotros de aquí adentro! ¡Salid deprisa que os traigo la harina! ¡Venga, zánganos, salid ya! ¿O queréis que os lo entre yo, el saco? ¡Si no salís lo tiro al suelo y me voy!

En esto, los gigantes vuelven de cazar; y ella, toda inquieta, se pone a sermonearlos sin ningún miramiento ni respeto. Los gigantes descargan el saco y se lo llevan dentro de la tahona, desoyendo a Catalinota, viendo que era tan insolente, desabrida y descarada. ¿Y qué me diréis? Cuando ella vio que los gigantes se largaban sin intención de concederle el don con que habían agraciado a Catalineta, les suelta:

-¡Ueep, so tacaños! ¿Y así me despacháis? ¿Qué me tengo que ir, así como vine?

Los gigantes, al escucharla, se miran entre ellos y dicen:

-¡Oh, qué chica tan estúpida, pedante y maleducada! Ahora querría que le otorgásemos el mismo don que a Catalineta. ¡El premio es para quien se lo gana! ¡Catalineta se lo mereció; ésta no! Para que no regrese así como ha venido, plantémosle una trompa detrás, y que cada vez que abra la boca le haga: ¡brraah! ¡brraah!

-Nada, pues -dice el cabecilla-. Que le salga esa trompa y que al decir cada palabra, le suene ipso facto: ¡brraah! ¡brraah!

A Catalinota, viendo que los gigantes no asomaban, se le acabó la paciencia, se sube de un salto al caballo y ¡hacia el molino!, toda ofendida y enfurruñada. Y lo gracioso fue cuando llegó a su casa, que a la primera palabra que dice la trompa le hace de pronto: ¡brraah! ¡brraah! Y tantas palabras como pronunciaba, venga a hacerle la trompa: ¡brraah! ¡brraah! Imaginaos la rabia que les debió entrar a ella y a su madre, y la risa que debía entrarles a los otros cuando escuchaban aquel barritar de la trompa que llevaba enganchada detrás. Incluso el molinero se reía, y Catalineta se encerraba en su habitación porque no podía aguantar las carcajadas ante tal extraño espectáculo, y no quería que la madrastra la sorprendiera con la risotada en la boca. La molinera estaba hecha una furia al ver a su hija de aquella manera, y lo que la angustiaba más era que, como Catalinota cortejaba, cuando viniera su pretendiente y escuchase el brraah, brraah, que nunca paraba al pronunciar la chica cualquier palabra, él se lo tomaría mal y no volvería a aparecer por la casa. ¿Y qué hace ella? Se va al pretendiente de la niña y le suelta:

-Mira, tú. Mi Catalina ha ido a confesarse y el cura le ha puesto por penitencia que no ha de decir palabra hasta que se case.

El novio, que era un poco memo y no había encontrado a ninguna otra muchacha que lo quisiera, con la esperanza de que Catalinota tendría alguna cosa porque los de aquel molino parecían gente pudiente, se resignó a casarse con aquella arpía. Disponen la cosa y a los ocho días se casan, sin que Catalinota abriese boca hasta que al fin estuvo casada. Pero lo bueno fue al salir de la iglesia, cuando todos les daban la enhorabuena, y ella ¡boca lacrada!, sin hablar ni chistar, por miedo a lo que pasara. El marido, ya un poco molesto, le dice:

-¡Vaya, mujer, a ver si hablas! ¡Que Cristo hablaba y estaba en la cruz! Si el cura te puso por penitencia que no podías abrir boca hasta estar casada, ahora ya lo estás. ¡Así que habla!

La esposa se vio tan presionada que no tuvo más remedio que responder agradeciendo las felicitaciones, ¡pero buena la hizo! La trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le plantaron detrás, empieza a sonar: ¡brraah! ¡brraah!, por cada palabra que decía la taruga. Aquello fue un escándalo: todo el mundo se echó a reír, y ríe que ríe, y el novio y toda su familia más avergonzados que no sé qué deciros. Y la molinera hecha un demonio, al igual que la novia. Y el molinero todo abochornado y con un miedo horrible a echarse a reír también.

Y la cosa acabó tan mal que la novia se desmayó y se la tuvieron que llevar en una parihuela hasta su casa y encamarla; y el novio dijo que allí había habido un medio engaño y que daba por nulo el casamiento. Devolvió al molino el ajuar de ella y todos los demás bártulos y no quiso saber nunca más nada de Catalinota, quien no supo desprenderse nunca de aquel demonio de trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le habían plantado detrás, y que no dejaba nunca de hacer ¡brraah! ¡brraah!, al pronunciar la majadera cualquier palabra.

Y pues, ¡no hubiese sido tan grosera, colérica y pedante! ¡Más se merecía! Tomad ejemplo, muchachitas que esto leéis sobre Catalineta y Catalinota, si no queréis salir escaldadas.

Rondalles Mallorquines No. 5: Las piernas de los concejales de Porreres

por Antoni Maria Alcover i Sureda

traducción de María Mañogil

Encontré, en mi paseo por la literatura balear, esta rondalla que Jordi des Racó rescató de la voz popular de su época, hace más de un siglo, e inmortalizó en su Aplec de rondalles mallorquines. Me pareció divertida. Y esta vez le tocó a Porreres, un entrañable pueblecito en el centro de Mallorca. Espero que os guste.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

LAS PIERNAS DE LOS CONCEJALES DE PORRERES

En aquel tiempo en que los animales hablaban -como las rocas ahora-, hubo un concejal de Porreres que vino a la ciudad un día de fiesta y acudió a la misa en la Catedral.

Estaba todo el ayuntamiento sentado en su banco.  El porrerense se les quedó mirando, y os aseguro que no les quitaba el ojo de encima. Le vino muy de sorpresa que tantos concejales fuesen vestidos de la misma manera. El hombre no podía creer que todos vistiesen igual.

Vuelve a Porreres y se lo cuenta a los otros concejales de allá.

-En serio -decía-, os aseguro que si no fuese por los rostros y por la estatura, no seríais capaces de saber quién es uno y quién es otro. El vestuario es bien bien igual.
-Y debe lucir guapo -decían los otros-, ese arsenal de hombres con la misma indumentaria.
-¡Y tanto que sí- exclamaba él.

Así que resolvieron, nemine discrepante, hacerse todos un mismo traje, igual igual, y ponérselo el primer día que tuviesen que ir a misa. Y así hicieron. En la siguiente festividad que se celebra se presentan en la iglesia todos vestidos igual, sin más diferencias que la cara, la estatura y la talla.. Y ya lo creo que la gente no hacía más que mirarlos: no les quitaban la vista de encima, embelesados.

Comienza la misa. Todos se arrodillan, pero ni alcalde ni concejales se mueven ni se inmutan, sentados en su banco como estatuas. Leen el Evangelio. Todo el mundo se levanta, pero alcalde y concejales, bien alerta a moverse y bien sentados.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

-¿Qué será esto? -decía la gente-. ¿Y no se han enterado de que la misa ya ha comenzado? Porque los ojos los tienen bien abiertos.

¡Y vaya si los tenían! Y bien que miraban a todas partes.

Llega el momento del Salmo y todos se arrodillan, todos menos los del ayuntamiento, que no se mueven, sólo meneaban los ojos.

-¿Pero qué demonios le pasa hoy al ayuntamiento? ¿Deben tener calambres por todo el cuerpo, el alcalde y los concejales?

Empezó el cura a leer el último Evangelio, y tampoco se movieron éstos. Todo el mundo se hacía cruces, y todo era un bisbís dentro de la iglesia. Se acabó la misa y la gente empezaba a escampar; y los del ayuntamiento clavados al banco. Aquí ya hubo muchos que no salieron para ver cómo acabaría aquello. El monaguillo, al percatarse, se va a los del ayuntamiento y les dice:

-Y bien, ¿a quién esperáis?
-Esperar, no esperamos a nadie -dice el alcalde-. Pero, hombre de Dios, debes creer y pensar que como nos hemos hecho estos trajes todos iguales, que uno no se distingue del otro, sentados en este banco tenemos las piernas mezcladas, y ahora no sabemos cuáles son de uno y cuáles son de otro. ¿No has notado que no nos hemos levantado en los Evangelios ni nos hemos arrodillado al comenzar el Salmo?
-¡Y tanto que lo he notado!, ¡y todos los demás, que se hacen cruces! ¡Aún así, habéis hecho una buena marranada!
-¿Y qué podíamos hacer nosotros, si no sabíamos distinguir las piernas? Por eso no nos hemos movido, para que no hubiese una desgracia al confundirlas.
-Y bien -dice el monaguillo-, ¿y ahora os tenéis que pudrir en este banco?
-Éste es nuestro quebradero de cabeza -dijeron todos los concejales-. ¿No nos darías una solución tú?

El monaguillo piensa un poco y dice:

-Ahora mismo.

Se va a la sacristía, coge un cordel de cáñamo que guardaba para uno de estos casos, lo dobla seis o siete veces, se lo ata por un cabo a una mano, se presenta frente al banco de los del ayuntamiento y ¡cordelazo va cordelazo viene contra las piernas de los concejales! Los heridos, tan pronto como sentían el vergajazo, gritaban con todas sus fuerzas:

-¡Aaay!
-Éstas son las tuyas -decía el monaguillo-. Y buenos cordelazos a las piernas de los concejales que veía quietas.
Y cada vez que escuchaba ¡ay!, decía:
-Éstas son las tuyas. Cógelas.

Así pues, con un gimoteo, ya no quedó ni una de las piernas de los concejales, delante del banco, porque todos escamparon bien deprisa, sin mirar si se llevaban sus piernas o las de otro. Lo que querían era huir del cordel del monaguillo, que tenía un arrebato del demonio.

-¡Este demonio de hombre! -decían ellos cuando estuvieron fuera-. ¡Esto es un demonio! ¡Nos las habría triturado, las piernas, si no nos hubiésemos dado prisa en escapar! ¡Pero lo que es suyo, dádselo! ¡Desliarnos las piernas, nos las ha desliado, sí!

No os digo nada de las risas que hubo en Porreres de esta anécdota de los concejales, que se acordaron toda la vida de la leccioncita del monaguillo.

¡Menos mal si uno se aprovecha de las lecciones que recibe!

Rondalles Mallorquines: Especial de Noche de brujas

por Antoni Maria Alcover i Sureda

traducción de María Mañogil

La noche de San Juan, al igual que en muchos otros lugares, se llena en Mallorca de hogueras y rituales, de conjuros y hechizos… No podía excluir del paisaje de mi paseo por la obra de Jordi d’es Racó a las damas de las escobas. Y aquí os dejo un par de historias sobre ellas para que quien lo desee venga a visitar nuestra preciosa isla y compruebe si son leyendas o no.

Feliz noche y feliz aquelarre.

Noche de San Juan
Noche de San Juan

LA CUEVA DE SON CURT D’ALARÓ

Dentro de Son Curt, justo debajo del Castillo de Alaró, hay una cueva no demasiado grande, pero sí bastante profunda. Se llama sa Cova de ses meravelles, la Cueva de las maravillas.

Dicen que en un tiempo, de allí salían las brujas por la noche y se dejaban caer por los alrededores para hacer de las suyas. En una ocasión, un tal Felet, mientras ellas merodeaban por allí, se puso a fisgonear y vio un enorme resplandor y una ciudad sin fin. Se va a Alaró corriendo y se lo cuenta a un par de amigos.

Al día siguiente a la misma hora se van todos juntos: se esconden por ahí al lado para ver salir a todo el brujerío. Al rato salió la cuadrilla, y unas tiraron hacia levante y otras hacia poniente, y otras hacia el Sur y otras hacia el Norte. Entonces aquellos salen de su escondrijo, se acercan a la cueva y observan, y ven el gran resplandor y la ciudad sin fin.

Felet se armó de coraje y se adentró en la cueva hacia aquella ciudad para ver qué era.

Aún no ha dado dos pasos cuando estalla un trueno tan espantoso que hace temblar toda la cueva y la montaña, y todos se dan de bruces contra el suelo.

Se levantaron así como pudieron y no vieron nada en el interior de la cueva más que negrura, tan espesa que la podían trinchar con una espada.

A quien no vieron fue a Felet; ni lo han vuelto a ver más. Caro le salió querer ver de cerca la ciudad de las brujas.

Noche de San Juan
Noche de San Juan

LA CUEVA DE JOANA

¿No habéis estado nunca en la Bona-Nova*? Pues bajando por el barranco del Mal Pas, hacia Bellver2 está sa Cova de na Joana, la Cueva de Joana. Y ahora os diré lo que sucedió una vez, según cuentan.

Dicen que un día, un muchachito chepudo, porque su madre lo había enviado, se fue por los alrededores de esta cueva para recopilar cuatro yescas para el fuego.

Para ver qué era aquella cueva, entra en ella y encuentra a Joana, una bruja, rodeada de una cuadrilla que, formando un corro, bailaban cogidas de las manos, brincando y retozando como cabritos.

Cuando ven a aquel jorobado, se detienen y dicen:

-¡Oh, qué chico más apuesto!¡Ven, bailarás con nosotras!

Y el muchacho, lejos de huir o de avergonzarse, se acerca y se une al corrillo, mano a mano con aquellas brujas, ¡y buenos bailoteos!

-¡Oh, qué bien baila este retaco! -decían todas. Y venga brincos y piruetas.

Y siguiendo el compás, cantaban:

-Lunes, martes, miércoles, tres;
jueves, viernes, sábado, seis.
Lunes, martes, miércoles, tres;
jueves, viernes, sábado, seis.

Y el chico que cantaba como un ruiseñor.  Joana de pronto dice:

-¡Parad un momento! ¿No es verdad que este muchacho es bien plantado y se merece que le hagamos un regalo?
-¡Sí que lo es! ¡Sí que lo es! ¡Sí que lo es! -gritaron todas.
-Pues nada -dice aquella-, le quitaremos la chepa.

Y aún no había acabado de decirlo, cuando ya le había dado manotada, y ya lo creo que se la quitó, a la chepa. El chico se fue todo contento a su casa con un beso de cada bruja y el fajo de leña sobre la cabeza.

¡No os digo nada! Cuando la madre lo vio sin la chepa y tan erguido, se quedó de piedra, y más cuando él le contó todo cuanto había pasado, con pelos y señales.  ¿Qué me diréis? Llegó a oídos de una vecina que tenía uno también, de hijo chepudo, y le dice:

-Ve ahora mismo a la Cueva de Joana, a ver si te quitan este pimpollo que llevas en la espalda.

Se va, y encuentra a las brujas bailando con gran fervor.

-¡Ay, qué jovencito más apuesto! -dijeron al verlo-. ¡Vaya, ven a bailar con nosotras!
-¿Y sabéis si tengo ganas de bailar? -dice él, bastante molesto.
-¡Tanto si tienes como si no! -responden ellas.
-¿Ah sí? -replica él.
-¡Ah sí! -dicen ellas.

Y ya lo tenían cogido cada una por una mano, y hala, buenos brincos, vueltas y más vueltas alrededor de Joana, que daba el compás. Y cantaban:

-Lunes, martes, miércoles, tres;
jueves, viernes, sábado, seis.

El chico las interrumpe:

-Y domingo, siete.
-¡Uei -suelta Joana-, esto no lo hacen los niños, interrumpir a los mayores! ¡Alerta a decir más que nosotras!

Y vuelven todas a lo suyo

-Lunes, martes, miércoles, tres;
jueves, viernes, sábado, seis.

-Y domingo, siete -interrunpe de nuevo el chico, presuroso.
-¡Uei, querido! ¿No te he dicho que los niños no deben interrumpir a las personas mayores y que tengas cuidado con hablar más que nosotras? ¡Que te sirva de advertencia si no quieres llevarte un escarmiento!

Y vuelven todas a hacer el corrillo, y baila que baila y canta que canta:

-Lunes, martes, miércoles, tres;
jueves, viernes, sábado, seis.

-Y domingo, siete -dice el desaborido.
-¡Uei! -le increpa Joana, toda exasperada-. ¡Quien hace tres, burro es! Ya que eres tan tozudo, te llevarás otra, de chepa: una detrás y una delante, y así el equipaje te será más compartido!

¿Y qué me diréis? Le pega zarpazo a la joroba que le habían quitado al otro, que aún estaba en lo alto del vasar, y la plantan en medio del pecho de aquel desgraciado, que regresó a casa montando un escándalo, entre llantos y lamentos, cuando se veía con las dos chepas, una detrás y otra delante.

¡Hala, pues! Así aprendería a no ser desobediente y poco prudente al hablar. Por esto, ¡alerta a conversar nunca de más!

* Santuario a una horita de Palma, desde el cual se ve toda la bahía, el puerto y la ciudad.
** Colina coronada por un castillo del siglo XIV, de los antiguos reyes de Mallorca.

 

Rondalles Mallorquines no. 3: 4 breves rondalles

por Antoni Maria Alcover i Sureda
traducción de María Mañogil

Continuando mi paseo por l’Aplec de Rondalles Mallorquines de Jordi des Racó y haciendo escala en el fascinante mundo de las leyendas y las supersticiones, he encontrado cuatro pequeños cuentos que deseo compartir con los lectores de Cinco Centros, pues son parte de la cultura de mis ancestros, y que aún en algunos pueblos de Mallorca se escuchan rumiar.  Como decimos por aquí: coses que conta sa gent, cosas que cuenta la gente.
Espero que disfrutéis de la lectura.

EL AGUA, EL VIENTO Y LA VERGÜENZA

Un día, estos tres se toparon y tuvieron una larga charla.
Cuando hubieron de separarse, dijeron:
-Tendríamos que volver a vernos alguna vez.

-Pues mirad -dice el agua-: a mí siempre me encontraréis en los lugares más bajos.

-Y a mí -dice el viento-, siempre es seguro encontrarme en las hojas de algún ciprés o de un olmo.

-Y a mí -dice la vergüenza-, no sé si me encontraréis si nos separamos, porque quien me pierde una vez ya no me vuelve a encontrar.

El caballo de Mahoma - Imagen pública
El caballo de Mahoma – Imagen pública

EL CABALLO DE MAHOMA

Mahoma tenía un caballo que, siempre que salía el sol, relinchaba.

-Es que saluda al sol -decía Mahoma a los suyos, que se lo creían de veras.

Y es que el bribón escondía una yegua un poco más lejos, y el caballo sentía el olor, y ya lo creo que soltaba unos buenos relinchos. Y los tontos de los moros nunca se percataron, porque ellos, al salir el sol, se ponen a orar con la cabeza gacha y la cara pegada al suelo, y así no podían ver la artimaña de Mahoma.

CÓMO ES QUE EN CUARESMA SE TOCAN LAS VÍSPERAS ANTES DEL MEDIODÍA

Dicen que el demonio le pidió una vez a Dios que le dejase llevarse a todas las almas de quienes muriesen en Cuaresma entre el mediodía y el atardecer.

-Bien -dijo el buen Jesús*- , te las puedes llevar.

Y enseguida decretó que durante toda la Cuaresma tocasen las Vísperas justo al lanzar a Dios al oficio, mucho antes del mediodía. Y el demonio no se pudo llevar a ninguna de aquellas almitas.

¡Vaya qué desengaño que se llevó! Podéis imaginar la rabia que le entró. Los pobres condenados lo debieron pagar.

Sa Sopegada des gegant - Imagen pública
Sa Sopegada des gegant – Imagen pública

EL TRASPIÉ DEL GIGANTE

Entre Llucmajor y Algaida hay una serranía que baja hacia la ciudad, y dentro de la posesión de Galdent forma una cresta que configura una especie de cavidad, algo así como una ranura de una veintena de palmos. Desde Llucmajor se puede ver perfectamente.

¿Sabéis cómo se hizo esa grieta?

Cuentan que fue que un gigante, que habitaba por allí, le tenía mucha tirria a otro gigante de la isla de Cabrera. Un día se apedreaban y se tiraban unas rocas como un par de carrozas engalanadas. Una de ellas cayó en el interior de Son Julià** y aún sigue ahí, que da hasta miedo de lo grande que es.

El hombre hizo tal esfuerzo al lanzarla, que resbaló, trastabilló, y con el dedo pequeño del pie formó aquella cresta: al expandirse el pedazo de tierra se quedó aquella sima, que por eso se llama Sa Sopegada des gegant, El traspié del gigante.

*Aunque parezca un anacronismo, referirse a Jesucristo como Dios, algo muy común en Mallorca, es correcto según la teología sistemática, ya que se contempla el nacimiento de Jesús sólo como humano en la Tierra, pero se le considera creador de ésta. (Nota de la traductora).

**Son Julià es una mansión construida en el siglo XV y que fue restaurada; hoy es un hotel rural. (Nota de la traductora).

Rondalles Mallorquines No. 2: De cuando Lutero y Séneca estudiaban en la cueva de Salamanca

 

por Antoni Maria Alcover i Sureda

Traducción de María Mañogil

De todas las leyendas que forman parte de la literatura española, quizás la de la Cripta de la Iglesia de San Cebrián, en la provincia de Salamanca -desaparecida hace ya cinco siglos-, sea de las más conocidas y también de las que disponen de más variantes dependiendo de la región en la que se divulgue la historia. Su origen también es confuso, si bien se atribuye a Hércules el haber fundado una escuela en el interior de una cueva, donde el Diablo impartía clases de magia y esoterismo a sus alumnos.

Autores como Manuel García Blanco o Miguel de Cervantes gustaron de plasmar entre sus obras esta fantástica y versátil leyenda, y en Mallorca se reprodujo desde la pluma de Jordi des Racó, incluyéndola en su recopilación de cuentos populares llamado Aplec de Rondalles Mallorquines.

Espero que os guste.

Cueva de Salamanca - Imagen pública
Cueva de Salamanca – Imagen pública

DE CUANDO LUTERO Y SÉNECA ESTUDIABAN EN LA CUEVA DE SALAMANCA

En otro tiempo, a todos los muchachos que demostraban tener buena cabeza para los estudios los enviaban a la cueva de Salamanca, que era la primera escuela del mundo, para que aprendiesen todo lo que se debe aprender.

Me la contaron Miquel Martí Racó, en el cielo esté, y otros que no recuerdo porque hace mucho tiempo.

La fama internacional de la Universidad salamantina y la confusión que el pueblo tenía en aquella época entre la verdadera ciencia y las artes mágicas, dieron origen a lo de la cueva de Salamanca como escuela famosa y de magia; creencia que llegó a Mallorca y se extendió firmemente., como lo prueba esta tradición y otras rondallas tan conocidas y contadas por la gente mayor. He dejado una muestra en mi Aplec de Rondalles Mallorquines, Tomo III, pág. 175-192.

Esto de mandar a Lutero y Séneca a estudiar a Salamanca y suponerlos contemporáneos, y otros anacronismos por el estilo, es muy propio de los pueblos de todos los siglos. El pueblo medieval, y hay que tener presente que éste duró en muchos lugares hasta la Revolución francesa, personificaba la sabiduría humana en Séneca. Por otro lado, entre los pueblos católicos, Lutero fue desde el siglo XVI la personificación de la herejía.

Teniendo esto en cuenta, se explica muy bien que se crease esta tradición y la otra que vendrá.

Debían ir con mil ojos estos estudiantes, porque cada año, cuando cerraban la escuela por culpa del calor, iba el demonio y se llevaba al último, al que se daba más a la vida alegre. Los más aplicados salían delante y los otros así como podían; el demonio estaba en el portal y arramblaba con quien iba detrás de todos y, ¡pataplum!, al infierno con él.

Cueva de Salamanca - Imagen pública
Cueva de Salamanca – Imagen pública

A Lutero y Séneca los pusieron en esta escuela para que saliesen letrados. Allí se conocieron, aun sin tenerse simpatía alguna. Séneca los superaba a todos con diferencia; y a Lutero, el primero, que se creía el mejor y el más avispado del mundo, y que por burlarse de los otros no se molestaba en abrir ni un libro. Y lo bueno es que todos le llevaban ventaja.

Ya fuese por sus aires de grandeza, ya por mal estudiante, lo cierto es que comenzó a quedarse atrás, atrás, y acabó por ser el último. Cuando el hombre vio que se acercaba el momento de cerrar las escuelas y él estaba a la cola de todos, se puso triste y abatido; perdió el ánimo, las ganas de reír, el apetito, bajó de peso y llegó a tener un aspecto escuálido.

Séneca se le acerca un día y le dice:

-¡Pero, hombre! ¿Y qué son este malhumor y esta desgana que tienes? Pareces un alma en pena. A ver, ¿qué te pasa?
-¿Y aún me lo preguntas? -dice Lutero-, ¿no ves que voy detrás de todos? ¿Qué será de mí cuando se presente el demonio al final de las clases, cuando todos salgamos de la cueva?
-¿Y eso es todo cuanto te preocupa? -le suelta Séneca.
-¿Te parece poco? -responde el bellaco.
-No vale la pena ni hablar de eso.
-Sí, tú te ríes porque saldrás el primero.
-Pues mira, para que veas que yo no soy tan fácil de amedrentar como tú, el día que tengamos que salir yo ocuparé tu lugar.
-¿Lo dices de verdad, que querrás salir el último?
-Vaya que sí. Ya no importa hablarlo más: así quedamos.

Llegó el día de cerrar la escuela y de la salida de los estudiantes. Era por la mañana; el sol pegaba en la boca de la cueva y el demonio estaba allí, esperando entusiasmado a que saliesen. El maestro dijo:

-¡Hala! Salid en orden. Los más aventajados primero.

Empezaron a enfilar hacia afuera, y os aseguro que bien ligeros iban. Séneca fue haciéndose el remolón a propósito y salió en último lugar. El demonio ya le iba a echar mano, pero él le reclama:

-¡Poco a poco, querido! No soy yo el último; es ésta.

Y apuntó a su sombra, que lo seguía detrás; y continuó diciendo

-Es a ésta a quien te tendrás que llevar.

El demonio tuvo que llevarse a aquella sombra, y Séneca se quedó sin ella.

Y así fue cómo Séneca no volvió a hacer sombra nunca más.

Rondalles Mallorquines No. 1: LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

por Antoni Maria Alcover I Sureda

Traducción de María Mañogil

Las rondallas son una pieza importante en la literatura balear, ya que nos abre las puertas, de generación en generación, al fantástico mundo de la superposición de leyendas, cuentos, chismes y demás invenciones populares y la más aplastante realidad, donde no se diferencia la linea en la que acaba la ficción y empiezan los hechos verídicos, entremezclados y transmitidos de boca en boca por la gente humilde de los pueblos de Mallorca, aunque el origen de ninguno de estos relatos se puede situar en un lugar determinado, ni siquiera en un tiempo concreto de nuestra historia.

Si bien el autor quiso recopilar estas rondallas añadiendo en cada una de ellas el nombre de quien se lo contó, en verdad pertenecen a todo un conjunto de voces rurales que, con toda seguridad, modificaron o exageraron su contenido original, transformándolas así en eternamente anónimas y patrimonio y riqueza de todos los que nacimos en esta cálida isla del archipiélago balear.

Con mucho gusto iré traduciendo una de ellas cada quincena, para que todos podáis conocer un poco más de nuestra cultura y de nuestra literatura.

Rondalles mallorquines
Rondalles mallorquines

LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

Había una vez un padre que tenía tres hijos. Cierto día cayó enfermo, y estando en su lecho de muerte llamó a un notario para hacer el testamento.

Compareció el notario y dijo:

-Veamos cómo queréis el testamento.

-Yo se lo diré- dijo el enfermo-. No tengo nada más que un asno y tres hijos, y quiero que el animalito sea para el más perezoso, porque tienes que creerme si te digo que lo son con ganas y quiero que se compruebe cuál de ellos lo es más.

Se murió aquel hombrecito, Dios lo haya perdonado, así como todos los difuntos, amén; pero ninguno de los tres hijos se molestó en aclarar lo del testamento.

Al saberlo el alcalde del pueblo, compareció ante ellos y les dijo:

-¿Pero qué clase de burros sois? ¡Vuestro padre os hace herederos y tendréis tanta pachorra que no os preocupareis de ver qué es lo que os toca! Veamos el testamento qué dice.

No hubo más remedio que mostrárselo.

Cuando el alcalde acabó de leerlo exclamó:

-Sí que os conocía bien de cerca vuestro padre. Nada, tenemos que hacer las pruebas para ver quién es el más perezoso de los tres.

Se gira hacia el mayor y le suelta ésta:

-Veamos qué pruebas das tú de tu pereza. Se me hace que no estás demasiado apurado por darme muchas.

-¡Fu!- dice aquel-, ¿y ahora tengo que sacar cosas pasadas?

-Y deprisa- dice el alcalde-, si no quieres dormir en prisión esta noche.

Cuando escuchó algo de prisión, cambió de golpe y soltó ésta:

-Así pues, debe creer y pensar y pensar y creer, señor alcalde, que un día me cayó una brasa ardiendo dentro del zapato, y si no me la sacan, me habría quemado entero, de la pereza que me daba sacudírmela

-¡Bestia, más que bestia!- dijo el alcalde-. Tu suerte fue que yo no estuviese allí. De haber estado, no habría consentido que te sacasen la brasa, para ver hasta donde llegaba tu tozudez.

-¡Hala, tú!- le dice al segundo-, veamos qué proezas has hecho de vago.

-¿Y también me mandará a prisión, si no abro boca?

-Y deprisa- dijo el alcalde-. Y una vez en prisión, ni el demonio, que es demonio, te sacará. ¿Qué te has creído?

-Nada, pues- dice aquel-, diré algo. Dicho esto, señor alcalde, debe pensar y creer y creer y pensar que un día, por desgracia, me caí al mar, y enseguida me entró tal pereza que no tuve ganas de moverme ni de hacer nada para salir. Tuve suerte porque pasó una barca y los marineros me vieron y me sacaron del agua.

-Tu fortuna- dijo el alcalde- fue que yo no estuviera en esa barca, porque no habría consentido que te tocasen de haber reparado en que no estabas haciendo nada para salvarte.

– ¿Y qué quiere que le diga, señor alcalde?- dijo aquel.

-No importa que digas nada, no- dijo el alcalde-, para ver lo vago que eres.

Se gira hacia el último y le dice:

-¡Hala, tú! Veamos qué fantasías has hecho como perezoso. Veamos si aún resultará que lo eres más que los otros dos hermanos, y si te lo llevarás tú ,al asno.

-Señor alcalde- dijo el último-, métame en prisión, haga lo que quiera, pero yo me aflojo del asno para no tener que hablar.

En ese momento el alcalde exclamó:

-No hay duda. Tú eres el más perezoso. Toma el asno.

Y si no están muertos es que siguen vivos, y si no están vivos es que ya han muerto, y en el cielo nos veremos todos juntos.

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA
ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nota sobre el autor

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nació el 2 de febrero de 1862 en Manacor (Mallorca), en una familia rural, de costumbres tradicionales y religiosas. En su adolescencia se trasladó a Palma para realizar sus estudios en el Seminario, donde fue nombrado Catedrático de Historia Eclesiástica, y más tarde, ya licenciado en Teología, Vicario General y Canónigo. Muy dotado para la escritura, se relacionó con personas muy importantes de su época en el mundo de las letras.

Cabe decir sobre él que fue reconocido como uno de los mejores investigadores sobre la filología románica en Europa y que, junto a Francesc de Borja Moll, creó el diccionario Català-valencià-balear, una obra única en la que se recoge el léxico de las tres lenguas. Para publicar la recopilación de rondallas, llamada L’Aplec de Rondalles Mallorquines, en 1886 y que consta de más de cuatrocientas historias, utilizó el seudónimo de Jordi des Racó.

Falleció en 1932 en Palma, dejándonos un inestimable legado literario.