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Era la guerra de las trincheras, la mirada de Tardi sobre la primera gran guerra

Jaques Tardi - Imagen pública
Jaques Tardi – Imagen pública

La guerra, ese horror que mantenemos como parte de la cultura, siempre sobrepasa a los hombres que participan en ella. Es un monstruo que devora sin piedad y por completo, se desplaza por los campos, acompañado de la muerte, quien va recogiendo los desperdicios que quedan atrás. Y con todo eso, es necesario recordarla de cuando en cuando, por terrible que sea, para entender por qué no debe permitírsele volver, por qué nadie debería ni siquiera mencionar su nombre.

Era la guerra de las trincheras - Ilustración
Era la guerra de las trincheras – Ilustración

Jaques Tardi lo sabe, esa parece ser una de las razones para que de su pluma brote Era la guerra de las trincheras, editado por Sexto Piso, una historieta que narra el lado francés del gran evento bélico que inauguró el siglo XX: la Primera Guerra Mundial. Tardi se enfoca en contarnos el punto de vista de los soldados como si fueran fragmentos de una granada que nos explota en la cara para enterrársenos en los ojos.

Más que nada, el libro se centra en historias cortas de hombres diminutos que se encuentran perdidos y tienen por delante un coloso sediento de su sangre, implacable y furioso; historias, pues, que a todos nos podrían ocurrir si tuviéramos que hacernos cargo de una guerra nueva.

Era la guerra de las trincheras - Portada Sexto Piso
Era la guerra de las trincheras – Portada Sexto Piso

Además, lejos de toda consideración sobre el tema del libro, éste valdría la pena sólo por las ilustraciones que hace el autor sobre la forma descarnada que tienen los conflictos de esta naturaleza, acercándolo más a ser un libro de artista que una historieta común, un compendio de la vida diaria de las tropas más que una herramienta para conocer la historia. Es un libro necesario que no puede faltar en cualquier biblioteca personal.

Era la guerra de las trincheras - Ilustración
Era la guerra de las trincheras – Ilustración
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La dictadura… ¿perfecta?

La Dictadura Perfecta - Imagen pública
La Dictadura Perfecta – Imagen pública

por E. J. Valdés

Luis Estrada es de esos cineastas contemporáneos que se han atrevido a hundir el dedo en las llagas del pueblo mexicano y nos ha hecho reír, suspirar, llorar e indignarnos… Cosas para las que los hijos del águila y el nopal somos re buenos, la verdad. Aún tenemos muy presentes sus cintas La Ley de Herodes, cruda sátira de la maquinaria priísta que sexenio con sexenio arroja locos como el presidente municipal Vargas, o El Infierno, filme aún más crudo que presentó la realidad del narcotráfico y el sexenio de Calderón en pleno festejo del “bicentenario” (y lo escribo entre comillas porque éste no será hasta el 2021). Este otoño, a dos años de la controvertida elección presidencial de 2012 (aunque, vamos, ¿cuál no lo ha sido?), Estrada nos presenta La Dictadura Perfecta, sátira de título engañoso, pues más allá de centrarse en las sucesiones presidenciales que tuvieron al PRI siete décadas en el poder se enfoca en un elemento poderosísimo de la maquinaria “democrática” de nuestro país: la televisión. Damián Alcázar es la estrella (mas no el protagonista) de la cinta como el gobernador priísta Carmelo Vargas, quien es víctima de un video-escándalo orquestado por Televisión Mexicana para desviar la atención de una terrible metida de pata del presidente de la República. Vargas, furioso por el costo político que el escándalo le representa, acude a la televisora, cartera en mano, para negociar el olvido del tema, pero sale de allí con toda una campaña mediática para embellecer su imagen a nivel nacional en aras de contender por la presidencia en las siguientes elecciones. Todo con cargo al erario público, por supuesto. Así, llegan a su estado, azotado por el narco y la corrupción, el productor Carlos Rojo (Alfonso Herrera) y el reportero estrella de la cadena, Ricardo Díaz (Osvaldo Benavides), quienes junto con el conductor más visto de la tele, Javier Pérez-Harris (Saúl Lizaso), montan todo un circo para transformar a Vargas de corrupto en héroe y, de paso, hundir a la posición en el estado, encabezada por el diputado Agustín Morales (Joaquín Cosío).

La Dictadura Perfecta - Imagen pública
La Dictadura Perfecta – Imagen pública

La Dictadura Perfecta nos presenta una serie de enredos tan cómicos como irónicos como crudos, acorde a lo que Estrada nos tiene acostumbrados, que ventilan el papel y peso que la televisión ostenta en la opinión pública y la política del país. “La televisión puede fabricar un presidente”, es la hipótesis del filme, y aunque eso lo sabemos todos de antemano es interesante verlo explicado con manzanas, riéndonos e indignándonos, impotentes, como siempre. La película explota sobre todo escándalos de los sexenios de Fox y Calderón, no sin tirarle sus muy buenas (in)directas a Peña Nieto, y encontramos sobre todo alusiones al “caso Paulette” y algunos ecos de los michoacanazos, los videos con La Tuta, y así. En general me pareció muy entretenida y bien lograda, aunque no puedo dejar de señalar el cierre de la película, que es más bien débil y un tanto predecible. Yo les hago esta recomendación: denle una oportunidad; a alguna conclusión los hará llegar. También actúan Tony Dalton, María Rojo, Arath de la Torre, Itatí Cantoral y Silvia Navarro (ñam…).