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Wo-od: el diseño inteligente de Patrick Schneider

Patrick Schneider - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Patrick Schneider – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por José Luis Dávila

Piensen en madera. Piensen en todo lo que les rodea que está hecho de madera. Seguramente, no digan que no, lo dan por sentado, que la existencia de esos objetos son sólo para obedecer a fines utilitaristas: mesas, sillas, bancos, juguetes, determinados por sus capacidades materiales: la madera como elemento primario de la producción está fuera del alcance creativo para muchos, como si únicamente sirviese para dar a luz elementos inertes que se usan dentro del hogar con un fin univoco. Pero, ¿cómo eso? La madera es uno de los materiales más versátiles que la mente puede usar, no por nada es que la mayoría de lo que amuebla nuestras casas está hecho de ella, sin embargo, eso mismo le ha causado un mal. Tan cotidiana la tenemos que dejamos de prestarle atención.

Afortunadamente, no piensa así Patrick Schneider –arquitecto, ebanista y diseñador–, quien evoca a la madera con respeto y admiración, haciendo de ella un motivo para la creación y concreción de nuevas miradas sobre la funcionalidad de los objetos, pasando de estantes a sillas, de juguetes a mesas de trabajo, todo ello en busca de revivir la ebanistería en México, una habilidad creativa que se ha olvidado. Las ideas de Patrick están encaminadas a lograr armonía entre uso, función y estética, tres elementos que sabe combinar muy bien para resultar en la comodidad del usuario final de sus creaciones. Porque eso son, creaciones, no meros accesorios de uso cotidiano sino artefactos concebidos para satisfacer las necesidades no exploradas por lo común, anclados en la idea del diseño ergonómico, ideales para todo público, desde oficinistas de ocho horas en la misma postura sobre el mismo escritorio hasta  amas de casa que necesitan un descanso.

La palabra más adecuada para el trabajo de Patrick Schneider es comodidad. Cada una de sus ideas, sean propias o rediseños de algo que ha visto y sabe que puede mejorar, redefine ese concepto, llevándolo a adaptarse a cualquier contexto en el que se inserten sus muebles, desde oficinas hasta casas, pues la cualidad de éstos es el rendimiento sobre la persona que lo usa, no sobre el espacio que usa el mueble, dando mejores resultados para cualquier caso en que sea usados.

Sumado a todo eso, Patrick también trata de despertar el desarrollo de la ebanistería en otros, ofreciendo talleres en los cuales está al pendiente de cada alumno que llega a él, considerando que una formación completa no está sólo en lo formal académico, sino también en lograr que haya complementación con las habilidades más practicas.

En fin, Patrick Schneider, y su marca wo-od, es una forma extraordinaria de acercarse a la producción de diseño inteligente en Puebla, un diseño que es para todos y busca ampliarse en el uso cotidiano de las personas, que busca expandirse para demostrar que es posible cubrir cada una de las necesidades que los muebles y objetos de madera cumplen sin dejar de lado el aspecto íntimo y estético de la madera, combinándolo a la perfección, algo que es de gran valor en estos días y lo será siempre.

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El retrato de Adele

Por E. J. Valdés

Navegando por los títulos de Netflix me topé con Woman in Gold, película estelarizada por Helen Mirren,  Ryan Reynolds y Daniel Brühl. Dirigida por Simon Curtis, la cinta está inspirada en la historia real de Maria Altmann, quien luchó durante seis años contra el gobierno de Austria para recuperar la colección de pinturas que los nazis robaron a su familia durante la Segunda Guerra Mundial.

La trama se ubica en el año de 1939, cuando la Alemania nazi se anexó Austria y comenzó la persecución de los judíos en aquel país, haciendo especial énfasis en los allanamientos perpetrados a viviendas de las más prósperas familias y los subsecuentes saqueos de toda clase de objetos valiosos. La familia de Maria, los Bloch-Bauer, es puesta bajo arresto domiciliario por la Gestapo dada su posición económica y su importante colección de arte y joyas. Sabedores de los tiempos difíciles que se avecinan, la familia planea el escape de Maria y su esposo, Fritz Altmann, quienes se ven obligados a dejar atrás el mundo que conocen para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Sesenta años después, Maria (Mirren) vive en California y, tras la muerte de su hermana, se entera que las pinturas que los nazis robaron a su familia están en manos del gobierno austriaco y que numerosas víctimas del saqueo luchan por recuperar sus pertenencias. Con más curiosidad que esperanza, Maria contrata al joven e inexperto abogado Randol Schoenberg (Reynolds) para que lleve su caso, dando inicio a una larga y controvertida pugna por el Retrato de Adele Bloch-Bauer.

La película, considero, es bastante agradable y contiene su buena dosis de emoción y drama; lo interesante es que el público conozca la historia de uno de los cuadros más valiosos del último siglo (uno de mis favoritos, por cierto). Sin embargo, atribuyo la recepción tibia que la película tuvo en los Estados Unidos a algunos detalles que la producción pasó por alto, no sé si accidental o deliberadamente, comenzando por las libertades que se tomaron con la historia de Maria Altmann, pues no abandonó a su padre en Viena, sino que huyó hasta que él hubo muerto, y quien no solamente peleaba la propiedad del Retrato de Adele-Bloch Bauer, sino de otros paisajes de Klimt que ni siquiera se mencionan.

Asimismo, en su afán por legitimar el esfuerzo de Altmann y Schoenberg, el director demoniza al gobierno de Austria, mientras que el de los Estados Unidos se nos presenta como el juez sabio que ve por las causas de los desvalidos (a esas alturas, Altmann no era una mujer precisamente pobre aunque vivía con modestia). Mirren y Reynolds hacen un buen trabajo con sus personajes, aunque hay algo en ella que me desconcertó; desconozco cómo hablara la verdadera Maria Altmann, pero es difícil creer que una mujer que creció hablando alemán y posteriormente pasó seis décadas en California tenga un marcado acento británico.

Woman in Gold es un filme menospreciado al que yo les recomendaría darle una oportunidad, así como a la historia de Maria Altmann y la magnífica obra de Gustav Klimt.

Un chico llamado Adolf Hitler

Por E. J. Valdés

En una de esas librerías pulcras y ordenadas del centro de Monterrey me topé, por mera casualidad, un libro al que acabo de dedicar casi dos meses de lectura y relecturas, no tanto por su extensión, sino porque sus temas me han dado tanto más qué leer y analizar en aras de enriquecer la experiencia, la cual ha sido harto grata.

Me encantan los libros que me empujan hacia la investigación. Este año no puedo presumir haber leído gran cantidad de volúmenes pero sí la calidad y extensión de los mismos. Adolf Hitler, mein Jugen freund, de August Kubizek reúne, sin duda alguna, ambas cualidades. Desconozco cuán raro sea hallar este título traducido al castellano, pero yo lo encontré publicado por la editorial colombiana Solar, casa que, según descubrí, difunde toda clase de libros místicos, esotéricos y allegados al nazismo (obviamente tienen entre su bibliografía Mein Kampf).

Pero este libro en particular no es un vehículo propagandístico ni una apología de los muchos horrores de la Segunda Guerra Mundial; es un testimonio y nada más. Y, si quieren agregarlo, un testimonio endiabladamente neutral si tomamos en cuenta la fuente.

August Kubizek fue uno de los pocos amigos que tuvo Adolf Hitler en su vida y, según se nos revela aquí, el único que tuvo durante su adolescencia. Los dos se conocieron en 1904, en Linz, gracias a la afición que ambos tenían por el teatro, la ópera y la música de Richard Wagner. El encuentro fue inesperado y la química inmediata: los dos eran muchachos de un nivel socioeconómico medio-bajo, llenos de sueños muy ajenos a sus cotidianeidades. Kubizek soñaba con ser músico pero la situación en su hogar apuntaba a que terminaría trabajando como tapicero, al igual que su padre. El joven Hitler, por su parte, aspiraba a convertirse en un gran pintor, sin embargo, contrario al caso de su amigo, parecía no tener ni el talento ni la disciplina para ello, sin mencionar que sus condiciones familiares no le eran del todo propicias: su padre, un respetado funcionario de aduanas, había muerto un año atrás y su madre, mujer más bien frágil, apenas podía mantenerlos a su hermana y a él.

A través de los primeros capítulos, Kubizek nos habla con fascinación de un Hitler tímido, carismático y magnético pero también muy irascible; tan soñador que a los quince años ya proyectaba toda clase de mejoras arquitectónicas y urbanas a Linz y posteriormente a Viena (algunas de las cuales, de hecho, sí llevaría a cabo años después). Al mismo tiempo, era un chico con una notable mala suerte. El autor nos habla también de lo mucho que amaba a su madre y a su media hermana Angela, quien estaba prometida a Leo Raubal, un hombre a quien Hitler aborrecía con el alma sin saber que su hija, Geli, sería más adelante una de las personas más importantes en su vida. De hecho, el odio de Adolf por su cuñado dice mucho de su personalidad, pues éste iba más allá de los celos; Raubal representaba todo cuanto él encontraba bajo y despreciable, y es que Hitler era un muchacho idealista con una clara y severa visión de lo que los hombres —los alemanes— debían y no debían ser, de lo que el arte debía y no debía ser e incluso de lo que el amor debía y no debía ser. Es precisamente el capítulo que Kubizek dedica a Stefanie Isak, el gran amor juvenil de Hitler, uno de los que más han fascinado a biógrafos e historiadores y, por qué no decirlo, también uno de los más jocosos y enternecedores del libro: pese a que jamás se atrevió a dirigirle la palabra, limitándose solamente a verla pasar casi a diario durante un paseo vespertino, él tenía la certeza de que ella sentía lo mismo por él y que era el destino de ambos estar juntos… Leyendo esta sección del libro cuesta trabajo creer que el autor esté hablando de la misma persona a quien hoy recordamos como uno de los peores criminales en la historia de la humanidad, pues el chico a quien describe contrasta gravemente con aquella imagen del todo-maligno Führer; más allá de lo complicado de su carácter y el mal genio que se cargaba, uno pensaría que era un chico retraído pero noble.

Es más adelante, cuando Adolf ha quedado huérfano, se ha separado de su hermana Paula y del matrimonio Raubal y, por si fuera poco, ha convencido a los padres de Kubizek de que le permitan estudiar música y acompañarle a Viena —“¡Ven conmigo, Gustl!”—, que el autor comienza a descubrir facetas tanto más negativas de su amigo: ha mucho que éste ha dejado los estudios sin avisar a nadie, presa de una necedad que le acompañaría el resto de su vida, y aunque emprende cantidad de proyectos todos los abandona pues es indisciplinado y disperso (además de que escribía con mala ortografía). El joven Hitler también era caprichoso, pues pese a que poseía un talento natural para el dibujo y el diseño se negaba a compartir estos dones o a buscar un empleo, situación por la cual siempre vestía las mismas ropas, pasaba hambre y enfermaba con cierta periodicidad. Su propio amigo daba por sentado que estaba destinado a la pobreza, y toda su juventud así fue. Precisamente durante aquella etapa de su vida,Hitler comenzó a perderse en ensoñaciones que derivaban en grandilocuentes discursos que solamente Kubizek escuchaba, en los cuales hablaba de una misión sagrada que él creía tener, la cual cambiaría a Alemania para siempre (no estaba tan equivocado). También se volvió propenso a violentos arrebatos de cólera, y es muy gracioso leer cómo, años más tarde, Albert Gormann preguntó a Kubizek qué podían hacer para lidiar con ellos.

A través de los cuatro años que abarca el libro, el interés de Hitler por el arte cede a un inesperado amor por la arquitectura y posteriormente por la política, el único ámbito donde, creía, un muchacho pobre y desnutrido pero lleno ambición podía materializar los muchos sueños que cargaba consigo. Este cambio de rumbo va de la mano con la evolución de su carácter, que llega a tornarse tan explosivo e inestable que el propio Kubizek cuestiona los motivos que le tienen a su lado cuando es claro que sus caminos comienzan a tomar direcciones opuestas. A esta altura es evidente que Adolf es celoso, posesivo y un poco manipulador y que Kubizek no tiene el carácter para romper una amistad que comenzaba a tornarse dañina. No tuvo que tomar la decisión, pues su amigo desapareció de manera inesperada de su vida en 1908, dejándole notablemente afectado pues a través de la narrativa es notorio que el autor sentía un genuino aprecio por aquel muchacho flaco y pálido, y aunque éste era recíproco concluye que no era proporcional. Kubizek nada volvería a saber de Adolf Hitler hasta los años 20, cuando éste se consolidaba como la figura política más influyente de Alemania.

La tercera y última parte del libro está dedicada al reencuentro de ambos, treinta años después de la abrupta separación, y está cargada de momentos no menos que conmovedores y emotivos, como cuando los dos asisten al Festival de Bayreuth en 1939 y visitan la tumba de Richard Wagner tal como lo imaginaran/planearan cuando adolescentes en Austria. También es de notar su última despedida en julio de 1940, año en que la guerra ya había borrado los años dorados del Tercer Reich (Kubizek comenta que Hitler lamentaba profundamente el advenimiento del conflicto armado, pues no le permitiría construir cuanto deseaba).

El libro apenas elabora sobre la guerra hacia su conclusión, sin embargo, Kubizek narra que fue arrestado en 1945 por tropas aliadas que le acusaban, única y exclusivamente, de haber sido amigo de Adolf Hitler y afirma, primero divertido, que algunos soldados estadounidenses llegaron a pedirle suvenires del Führer para llevar a casa, y luego con pesar que sus captores consideraban que él no podía haber sido amigo del Reichskanzler sino por interés político o económico. Luego de dieciséis meses preso sin que se le imputara cargo alguno, Kubizek fue puesto en libertad y regresó a Eferding, en donde logró ocultar la correspondencia y dibujos que conservaba de Adolf. Fue hasta 1951 que aceptó publicar las memorias que se convirtieron en Mein Jugen freund. Murió cinco años después y pese a la sombra que se posó sobre todos los allegados a Hitler tras la guerra, jamás negó haber sido su amigo de juventud.

Considero que el de Kubizek es uno de los testimonios más interesantes que se tienen de uno de los hombres más polémicos del siglo XX, empezando por el hecho de que no es una defensa ni una condena; él solamente habla del Hitler con el que convivió —el Führer los llamaría “los mejores años de mi vida” en una carta de 1933— y aunque apenas y menciona al que no conoció es claro que estaba al tanto de sus actividades como canciller y posteriormente dictador. Es también de notar que en algunos puntos de la historia compara sus recuerdos con lo escrito por Hitler en MeinKampf, señalando que su amigo embelleció y dramatizó su libro, aunque eso no es nada que no hubiese hecho el muchacho de quien nos habla por casi quinientas páginas. Si he de ponerlo en términos populares, el Hitler de la Segunda Guerra Mundial es DarthVader, mientras que el del relato de Kubizek es AnakinSkywalker; tal es el contraste entre las dos etapas de su vida, y aunque son visibles algunos tratos característicos de su persona como el antisemitismo (que Kubizek subraya como cosa común entre sus contemporáneos) y el desprecio por todo lo no-alemán, ciertamente nadie se imaginaría que ese chico tímido de Branau, incapaz de invitar a salir a la chica de sus sueños, partiría el siglo XX por la mitad.

Terminaré diciendo que el libro de Kubizek es indispensable para todo estudioso de la Segunda Guerra Mundial y la figura de Adolf Hitler, pues, a diferencia de las muchas biografías elaboradas por defensores y detractores, permite echar un genuino vistazo al hombre —al ser humano— detrás del monstruo.

Rainer Maria Rilke - Imagen Pública
Rainer Maria Rilke – Imagen Pública

por Marcos Solache

XX

Complementaré mi opinión sobre los “Sonetos a Orfeo”; primeramente con un poema más de la primera parte. El vigésimo poema de la primera sección, retoma la peculiaridad del tópico animal en la poesía de Rilke; en esta ocasión el caballo.

Llama mi atención esta palabra del alemán: pferd. Recuerda las adquisiciones verbales indicadas por los sonidos peculiares que emiten los objetos.

Lo que me lleva a otra meditación; la palabra primaria es una impresión concordante sonora.

Como el título de esta colección lo indica, la mayoría de los cincuenta y cinco sonetos, de manera explícita o implícita, están dedicados a Orfeo. El semidios griego es la representación más característica de la personalidad poética en toda la mitología balcánica. Principalmente por su calidad de músico, y secundariamente por su melancolía de vida.

Los primeros dos versos del primer cuarteto, como pocas veces, son una dedicatoria ofrenda al poeta que bajó al Hades.

 

Pero a ti, Señor, ¿qué he de ofrendarte, di

            tú, el que enseña el oír a criaturas?

            (…)

 

Importante aquí, la exaltación a Orfeo como maestro. La enseñanza a las criaturas, por supuesto incluye al hombre dentro de ellas ¿Quién sino el tañedor de la lira, habrá de enseñar los secretos audibles encaminados a la lirismo, al poeta terrenal?

Estas lecciones auditivas, han sido desaprovechadas por el hombre general, y más bien afianzadas en el reino animal.

Por eso, esta ofrenda no es un soneto lírico per se, sino la fundación de una imagen movible y sonora. Los múltiples viajes, y visitas a específicos lugares, marcaron profundamente la sensibilidad del poeta.

Aquella mención de la columna egipcia de Karnak, o la visita algún lugar de la península itálica, donde sacaban las cenizas de los cántaros enterrados en una peña que daba hacia el mar; son solamente ejemplos de imágenes visitadas por el poeta, puestas en su poesía.

En esta ocasión es Rusia, y un paisaje primaveral cualquiera, que sin duda remembra alguna influencia de Dostoyevski.

 

            (…)

            Mi recuerdo de un día de primavera,

            su atardecer, en Rusia, un caballo…

            (…)

 

El segundo cuarteto comienza describiendo el sensible movimiento del caballo.

 

(…)

            Arrastrando una estaca con las patas delanteras,

            vino solo desde la aldea el blanco,

            para estar libre de noche en las praderas.

            (…)

 

 Una imagen de dolor y fuga, que remembra la opresión animal que Fiódor describió en Los Hermanos Karamázov.

El segundo cuarteto termina, con una inclusión imaginativa sobre el elegante movimiento del andar del caballo.

 

            (…)

            ¡Cómo golpeaba la crin de su melena

 

            sobre el cuello al compás de su arrogancia,

            con el torpe galope contenido!

            (…)

 

Recordar que la alusión al torpe galope, es por ir arrastrando la estaca con sus patas. Este sentimiento de libertad desmañada, no aminora la habilidad que posee el animal de escuchar, gracias a las lecciones del maestro Orfeo, ni de manar canciones con su galope.

 

(…)

            ¡Cómo manaban las fuentes del corcel!

           

            Sentía la inmensidad ¡y de qué modo!

            cantaba y escuchaba; (…)

 

Una serie de versos móviles, aireados, que evocan claramente el correr ansioso fuera de lo cautivo del hermoso corcel.

El último terceto termina, como es costumbre en el estilo de estos sonetos, revertiendo el ritmo, y apresurando los propósitos.

 

(…) tu ciclo de leyendas

            había concluido en él,

            es su imagen lo que ofrendo.

Como lo mencioné anteriormente, este soneto es un intento por transportar a Orfeo, destinatario de esta composición, al instante y a la pradera, en la que el poeta vio correr al caballo con torpes pasos, hacia la libertad.

Hasta el momento había olvidado comentar la peculiaridad tipográfica en cada soneto. Usualmente todos los sonetos incluyen una palabra o una serie de dos o tres, en cursiva; situación especial, sobretodo, porque el cambio de orden tipográfico, puede llevar instantáneamente a enaltecer lo destacado.

En este caso, la serie: “enseña el oír”, y el “en” del último terceto, son las subrayadas. Doble amarre sobre la actividad de Orfeo, maestro de lo auditivo, y la conclusión de ello, en la imagen descrita del caballo.

Rainer Maria Rilke - Imagen Pública
Rainer Maria Rilke – Imagen Pública

 

 

 

XIII

 

 

El poema que voy a comentar a continuación, forma parte de la segunda sección de los Sonetos,  división que aunque parece arbitraría, ni siquiera simétrica, puede responder al tiempo de creación de ambos hemisferios.

Seguramente, y guiado por esos halos que le exigían entrega y diligencia extrema en el tiempo de inspiración; es posible que Rilke haya concebido este par de series una seguida de la otra.

Esta segunda parte se distingue, quizá muy personalmente, por un intento de hondura más perceptible que en la primera. Lo anterior no elimina las características principales, como la presencia de Orfeo, o la dedicatoria a la temprana muerte de Wera.

El décimo tercer soneto, comienza como un pasaje entre transpuesto y remarcado de las Cartas a un joven poeta.

 

            Anticípate a toda despedida, como si ella estuviera

            tras tuyo, como el invierno que recién termina.

            Porque entre los inviernos hay uno tan infinitamente invierno

            que si lo pasas, tu corazón al fin resistirá.

            (…)

 

Para empezar, y como se nota la traducción, vemos cada verso muy alargado, rayando más bien en la prosa poética.

Lo que inevitablemente nos trasporta al escritorio del joven Kappus, y la seguramente meditativa imagen que habría tenido al leer estas líneas.

Ahora bien, tomando el tema preciso de este soneto, diría más bien que es variado, aunque siempre encaminado al modo de consejo de superación o creación, específicamente el poético.

El tema anterior de la despedida y su igualación con la imagen del invierno, vienen muy bien a la anticipación preparativa de ambas.

El ser humano, como cualquier animal, fuera del trópico, debe prepararse seriamente para sortear la dura estación fría, como también lo debería de hacer ante las inminentes despedidas.

El segundo cuarteto comienza con una alusión a Orfeo y su amada Eurídice.

Peculiar la aparición literal de la segunda, aunque bien presente en la historia y propósito del hijo adoptivo de Apolo.

 

            (…)

            Permanece siempre muerto junto a Eurídice; con más cantos

            y alabanzas regresa ascendiendo a la pura relación.

            (…)

 

El propósito de vida de Orfeo, fue rescatar a Eurídice del Hades, concedido con la única condición de que no mirará hacia atrás en su regreso. Imagen clara por cierto, que vemos en la portada del último disco de Arcade Fire: Reflektor.

 A propósito, escultura de Rodin, artista no solamente admiradísimo por Rilke; al grado de ser por un tiempo su secretario particular; de lo que valdría opinar en otra ocasión, su poesía francesa.

Desafortunadamente, Orfeo miró hacia atrás, y quedó condenado a salir del inframundo sin su amada. Continuó su vida, tañendo su lira, atrayendo a hombres y animales con su lirismo divino; hasta que un día, las Ménades, hijas de Baco, Dios contrario a los propósitos apolíneos, le dieron muerte, desmembrando todo su cuerpo.

Historia triste, que efectivamente termina con la unión de ambos en la muerte; por lo que el poeta impulsa a Orfeo a permanecer allá al lado de su querida, aunque sabiendo que regresará por medio de los cantos y alabanzas que los poetas de este mundo le ofrecerán.

Los siguientes dos versos del segundo cuarteto, y el inicio del primer terceto, complementan la labor que tenemos los que nos desvanecemos, sobre el legado de Orfeo.

 

            (…)

            Aquí, entre los que se desvanecen, en el reino del fin,

            sé tú un cristal sonoro que ya se quebró al sonar.

 

            Sé la razón infinita de tu vibración más íntima,

            (…)

 

Interesante la imagen del cristal sonoro al quebrarse, como una vibración infinita que permanece en la Tierra, y que nos incita a crear íntimamente, las más bellas composiciones.

El primer terceto termina con una reflexión y exaltación hacia el amado de Eurídice, a conocer lo que por condiciones humanas tenemos vedado.

 

(…)

            de modo que la realices por completo está única vez

            y conoce al mismo tiempo la condición del no-ser.

            (…)

 

Aquello escrito sobre el cristal roto, efectivamente, y como lo afianza en los versos anteriores, solamente lo hará una vez; y en esa condición única se pretende que nos guíe íntimamente en el sonido, y a la vez él, descubra la peculiar condición del no-ser.

Se puede recordar la obra principal de Heidegger: Sein und Zeit, con esta negación, precisamente del ser.

La culminación de este soneto, a diferencia de los comentados, no desvaría del último camino plantado, y continúa impulsando los propósitos no explorados, pero enteramente realizables por Orfeo.

 

(…)

            A las reservas de la naturaleza plena, tanto a las usadas

            como a las sordas y mudas, a las sumas indecibles,

            incorpórate jubilosos y destruye el número.

 

Una invitación a que el marcado con el sino poético, explore lo espacios inaudibles para el hombre, a todo aquello que es indecible para el ser humano, que Orfeo se incorpore, deleite y rehaga.

Y, sobretodo, finalmente, que destruye el número. Tal vez una alusión al metro en la poesía, que ha costado tantos buenos versos, como también los ha matado la rima; ya que muchas veces se pretende cerrar algo a lo clásico, estandarizado y canónico, que innovar en la búsqueda, principalmente sonora, porque la poesía es música antes que cualquier otra cosa.

Sin duda el metro mantiene un acotamiento fiel, y hasta cierto punto seguro, pero no el arte, ya que es imposible hacer este con fórmulas; sí con orden, pero no con un cuentasílabas”.

Rainer Maria Rilke - Imagen Pública
Rainer Maria Rilke – Imagen Pública

 

 

 

XXI

 

Sobre el vigésimo primer poema de la segunda parte de los Sonetos, debo mencionar antes que cualquier otro acercamiento, el gusto de Rilke por la naturaleza, especialmente por los jardines, y por la flor que sería palabra sobre piedra en su epitafio:

 

Oh, tú, rosa

pura contradicción

placer de no ser el sueño de nadie bajo tantos párpados.

 

 

Epitafio escrito por el mismo Rilke, en el que denota gran parte de su carácter poético. Entrelazamiento bello y contradictorio; quizá el único camino para alcanzar la belleza pura; a la cual todos hemos cerrado los ojos, a pesar de estar frente a ella.

El personaje principal de este soneto es el corazón, motor filtrador de las sensaciones y percepciones naturales, que llevan a poetizar aquellas experiencias fundidas en cristal.

 

Canta, mi corazón, los jardines que tú conoces;

            jardines como fundidos en cristal, claros e inalcanzables.

            (…)

 

Interesante la figura, de nueva cuenta, del cristal, elemento inalcanzable para el ser humano, será por su fragilidad y claridad, que en esta ocasión es fundido sobre los jardines límpidos persas.

 

(…)

            Canta y ensalza feliz el agua y las rosas,

            con nada comparables, de Esquira o Ispahán.

            (…)

 

Sobre estas ciudades iraníes, ambas famosas por sus jardines; la primera más moderna (Shiraz), conocida como las ciudad de las rosas, y la segunda aunque más pequeña, igual de importante por tener un palacio (Chehel Sotoon), imagen representativa del jardín persa.

El segundo cuarteto continúa con la dualidad jardines/corazón:

 

(…)

               Muestra, mi corazón, que nunca prescindes de ellos,

               que sus higos al madurar piensan en ti;

               que tú tratas con sus brisas, transformadas

               en rostro al elevarse, entre las ramas florecientes.

               (…)

 

Esta estrofa marca la sintonía que debe tener el corazón con los elementos naturales, especialmente, los productos de alimento y belleza, el fruto y la flor.

El primer terceto se desvía del tópico natural, pero no de los consejos y, como en este caso, precauciones al corazón.

 

               (…)

               Evita el error de que algo falte

               para la decisión ya tomada: esta ¡de ser!

               (…)

 

 Par de versos, cargados de existencialismo, como también de enigma; ¿qué nos puede faltar antes de comenzar la aventura de ser?

 Cuestiones por demás profundamente filosóficas, que no alcanzo a comentar.

En el final del primer terceto, encauzando hacia el cierre del poema, se abre un nuevo panorama, quizá también persa, por su fama de bellos tejidos:

 

(…)

               como un hilo de seda llegaste tú hasta dentro en el tejido.

               (…)

 

Ese tú, por supuesto, refiere al corazón, esta vez metaforizado en un hilo de seda que se incorpora a un tejido total. Elemento de suma atención que cerrará en el último verso.

El último terceto, como se espera por el comentario anterior, está enteramente ligado al verso anterior.

 

(…)

               Cualquiera sea la imagen a la que en tu interior estés unido

               (aunque sea sólo un momento de esta vida de penas)

               siente tú que se trata del tapiz glorioso, del entero.

 

Sobre el primer verso, interesante, primeramente por la diversidad, y de manera seguida, por la espiritualidad a la que cualquier corazón pueda estar unido. El paréntesis utilizado, muy pocas veces visto en la poesía de Rilke, será más bien un uso poco moderno, aunque si bien acompasado, es útil y hasta funcional, como en este caso, que de nuevo resalta lo trágico del muerto en Montreux.

Del último verso, y como ya lo anticipaba, con un toque panteísta, quiere asegurar, a base de una fuerte creencia, que nuestra vida, y en especial nuestra parte eterna, el alma representada por el corazón, está ligada algo mayor y mucho más trascendente que nuestros pensamientos y existencia.

Decidí elegir este último soneto de comentario, que precisamente no tiene pista ni de Orfeo, ni de Wera, ni de alguna otra peculiaridad mítica.

Asemeja una confesión ante la pared filosófica del poeta. mucho más personal y sincera, desde mi personal punto de vista, más auténtica a lo que fue la poesía de uno de los más grandes poetas del siglo XX: Rainer Maria Rilke.

Ha vuelto. Y de qué manera.

Timur Vermes - Imagen pública
Timur Vermes – Imagen pública

por E. J. Valdés

Me gustan mucho los libros que me sorprenden, así como aquellos que, de una u otra manera, parecer buscar activamente que les lea. Er Ist Wieder Da, de Timur Vermes, es uno de ellos; le topé primero el año pasado en un buen número de librerías mientras viajaba por Alemania, en las cuales se podía ver su minimalista aunque muy ingeniosa y simpática portada al por mayor. Y precisamente al ver esa cubierta en ese país no pude sino preguntarme: “¿de qué va este libro?”. Cuestión que no encontró respuesta en ese momento, pues no hablo alemán (aún), y misma que, admito, quedó relegada al cuarto plano hasta que, hace unas semanas, paseando por la terminal A del Aeropuerto Internacional de Monterrey, me puse a husmear entre los libros de una tienda y le vi de nuevo, traducido como Ha Vuelto. Timur Vermes. Y la única copia. Sin pensarlo dos veces, hice como la changa que dijo “matanga” y me lo llevé a casa. Y su lectura, “en verdad os digo”, ha sido algo maravilloso que me ha dejado muy, muy claro por qué esta novela fue el fenómeno literario de 2012/2013 en Alemania, donde, dato curioso, se vendía originalmente en €19.33 en alusión al año en que Adolf Hitler ascendió al poder.

Ha Vuelto es la primera novela que Timur Vermes publica bajo su verdadera identidad y parte de una hipótesis bien interesante: ¿qué daño podría hacer hoy Hitler? Al comienzo de esta historia, el Führer despierta súbitamente en un baldío del centro de Berlín con el mismo uniforme que vistiera en el búnker en 1945 y, eso sí, con el aroma de la gasolina impregnado por todo el cuerpo. Confundido, tras una jocosa serie de peripecias descubre que es el verano de 2011, que Berlín es una ciudad llena de vida, que Europa está en paz y que Alemania es gobernada por una mujer. Gracias al apoyo de personas que saben que, pese al parecido, no es posible que él sea él (y a Wikipedia), Hitler se acopla al ámbito mediático del siglo XXI y desde allí emprende una divertida carrera de vuelta a la política.

Ha vuelto, de Timur Vermes - Portada
Ha vuelto, de Timur Vermes – Portada

Esta simpatiquísima novela ha dado mucho de qué hablar en Alemania, tanto a favor como en contra, y más allá del humor y la fantasía presenta una sátira del mundo de la imprenta y la televisión contemporáneos, la política, la economía y la manera en que la vida sobre la Tierra se ha transformado en los últimos sesenta años; Hitler mira con desconcierto cómo es que nos la pasamos inmersos en las pantallas de teléfonos que ocupamos para todo menos para hacer una llamada, cómo el capitalismo y la globalización han hecho del desempleo algo cotidiano, cómo los alimentos industrializados han reemplazado las comidas caseras, cómo los inmigrantes trabajan por salarios propios de la Gran Depresión y… Bueno, cómo el mundo entero está patas arriba. El Hitler de Vermes es reflexivo, astuto pero también un poco despistado, siempre elocuente y hábil en su trato con personajes de la contemporaneidad alemana. Vale mucho la pena le busquen y le lean, no se van a arrepentir. La edición en castellano la publica Seix Barral.

Una película de superación personal

 

Guten Tag, Ramón - Imagen Pública
Guten Tag, Ramón – Imagen Pública

por Carlos Morales Galicia

Lo primero que llamó mi atención de Guten Tag, Ramón fue el hecho de ser una coproducción entre México y Alemania, algo que no sucede con frecuencia en el cine de este país.

Sin embargo, es difícil no decepcionarse ante una película que pretende “no hablar de lo mismo” y ser una alternativa ante la violencia representada dentro de las películas nacionales. De acuerdo, no todos los cineastas tienen la destreza y sensibilidad para hablar acerca del horror sin banalizarlo, pero eso no quiere decir que deba ser ignorado.

Uno de los principales problemas de esta cinta es el guión. El primero de ellos surge al plantear que Ramón, el protagonista, fracasa por quinta vez en su intento por llegar a Estados Unidos. El personaje, presionado por todos los frentes, se niega a ingresar a las filas del narcotráfico y decide entrevistarse con un capo regional para que sus tierras le sean pagadas y lo consigue. No sin que esto represente la muerte de su amigo y así poder dar cuenta de cómo la gente del pueblo ha ido muriendo a consecuencia de la guerra.

La ingenuidad de Ramón lo lleva a utilizar el dinero obtenido para viajar a Alemania, en donde la tía de otro amigo lo espera. Al llegar a la casa y confirmar que la persona no está, comienzan los problemas para el joven mexicano, lejos de su hogar y en un país donde no entiende nada, en el que debe quedarse hasta que se cumpla el tiempo que estableció permanecer. Tras sufrir el robo de sus pertenencias, decide probar suerte afuera de un pequeño mercado y es aquí es donde inicia la telenovela: una noble anciana alemana decide ayudarlo, ofreciéndole un lugar (eso sí en el sótano) para que no sufra las inclemencias del tiempo.

Si bien, Guten Tag, Ramón tiene algunos pasajes de humor, la esencia no deja de ser melodramática y acá se contradice: “no quiere hablar de lo mismo” pero termina haciéndolo no de una, sino de muchas maneras. El protagonista se ve obligado a poner en práctica “el ingenio mexicano” para sobrevivir en Alemania, aunque para estas instancias ya da lo mismo el país en el que se encuentre, todo lo puede mientras encuentre picante y él le ponga sabor a las cosas.

Guten Tag, Ramón - Imagen Pública
Guten Tag, Ramón – Imagen Pública

Existen breves momentos en donde la cinta respira, por ejemplo cuando el personaje de Ingeborg Schöner les dice al resto de los vecinos que permanecer tanto tiempo encerrados en sus departamentos, los hace ser unos desconocidos, situación que se torna peligrosa en caso de una emergencia.

Desafortunadamente, el chantaje emocional del director Jorge Ramírez Suárez se vuelve más agudo en la escena de la cena: hacer que los personajes principales se cuenten sus vidas y lloren, aunque ninguno entienda lo que el otro dice. Mientras él platica sobre lo difícil que resulta ayudar a su familia; la mujer decide contar el momento más trágico de su vida: renunciar al compromiso matrimonial cuando descubre que su pareja había pertenecido al partido nazi. Como si le hicieran falta más clichés a la cinta.

Si bien, la película no tenía fines “intelectuales”, considero poco ético que quieran seguir insultando la inteligencia de los espectadores a través de este tipo de entretenimiento. La idea de que dos personas puedan establecer una relación a pesar de no entenderse mediante la lengua pudo ser interesante, pero se pierde ante los vicios del director. El más grave es seguir pensando al mexicano como mero elemento folclórico, como algo chistoso; una pieza que llega a embonar en cualquier lugar por el simple hecho de tener alegría y constancia.

No dudo que Guten Tag, Ramón seguirá siendo una de las cintas más taquilleras y seguramente estará presente durante la cena de navidad o año nuevo, porque al parecer la idea que tenemos sobre el mexicano que triunfa sigue siendo la odiosa, pero vigente, superación personal.

Nieve, de Orhan Pamuk

Estambul - Imagen Pública
Estambul – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

Cuando elegí Nieve de Orhan Pamuk como mi siguiente novela, tuve en mi mente el recuerdo de la primera novela que leí de este autor: Me llamo Rojo, una obra de tintes históricos que se desarrollaba en la Estambul del antiguo Imperio Otomano. Francamente no me esperaba encontrarme con una novela tan diferente, tan diametralmente distinta.

La novela inicia con Ka,  un melancólico poeta exiliado en Alemania que vuelve después de varios años a su Turquía natal para cubrir una nota en torno al suicidio de varias jóvenes en la localidad de Kars. Cabe apuntar desde este momento que etimológicamente el nombre de Kars derivaría del georgiano “kari”, que significa “la puerta”, o del nombre armenio “hars”, que significa “novia”; no de la palabra turca “kar” (nieve), cosa que he notado que todos los reseñistas confunden, el juego de palabras, sin embargo,  llega a ser inevitable.

¿Quién es el protagonista en esta novela?, desde luego Ka, el poeta que apátrida que se siente identificado con la Turquía de Atatürk, la Turquía occidental en la que prima la razón. El siguiente protagonista es Kar o la nieve, no sólo lleva el nombre de la novela, sino que da el tono general de toda la obra, la melancolía de la nieve cayendo con la velocidad de la harina cernida, la nieve que cubre los caminos de la pequeña ciudad durante los tres días que ocupan la atención de toda la obra. Y desde luego Kars, la ciudad perdida en la frontera de Armenia, la ciudad que sirve de microcosmos para exponer todas las ideas en torno a Occidente y Oriente, no sólo encontramos a radicales musulmanes, atatürkistas, laicos, rebeldes kurdos, etc, etc. Kars es la ciudad que flota en medio del paisaje nevado, atemporal y decadente, el escenario donde se lleva a cabo uno de los dramas políticos, religiosos, románticos y filosóficos más mórbidos de la literatura ¿occidental?, ¿oriental?  Porque si algo sabemos de la literatura de Pamuk es este conflicto que se da a partir de su nacionalidad turca, nacer en el país que comparte dos continentes, dos concepciones de vida tan distintos, tan contradictorios, dilema que aparece también en  Me llamo Rojo y El castillo blanco.

Varios amigos me habían comentado que para leer esta novela había que conocer un poco de la historia de Turquía para poder conocer la dimensión de los hechos que se están llevando a cabo, lo cual en parte es cierto, pero también debo agregar que Nieve no sólo es una novela política, es también una de las historias de amor más desgarradoras que he leído en los últimos meses. Nieve en su llaneza, en su realismo más típico y lineal, ofrece un tono onírico, poético y una complejidad hasta contradictoria, todo nuestro drama se desarrolla en sólo tres días, pero ofrece tantos hechos como para abarcar años y como apunta Rafael Lemus en su reseña: “No es una novela fija, de una pieza, sino, apenas perceptiblemente, híbrida. Es una obra inestable. Nada se afianza: ni el clasicismo ni el melodrama, ni el juego metatextual ni la aridez didáctica. Hay un poco de todo, como si se probaran a la vez varios ingredientes.”

Nieve - Imagen Pública
Nieve – Imagen Pública

La melancolía más profunda habita desde su primera página, hasta la última, una nostalgia inabarcable, propia de las novelas de Turgueniev, que el mismo Ka leía a todas horas y con las que pretende ser descendiente. Ka es Kar y también Kars, el poeta, la nieve y la ciudad son elementos inseparables, aunque a ratos nuestro poeta reniegue de ello, sabe que la nieve habita en su alma, sabe que él habita en una única ciudad aunque intente ser occidental y renegar su parte oriental, aunque trate de huir de la misma, todas las ciudades para él serán sólo una, todas lo llevan a ella, Kars lo ha sellado el inconfundible signo de la fatalidad. Los momentos de mayor belleza son aquellos en los que estos tres elementos se encuentran fuertemente alineados, me refiero a los momentos en los que Ka escribe poesía, sus poemas surgen como epifanías, certezas de la muerte, de la vida, de la belleza, del amor, del dolor, de Dios y su ausencia, de tantas cosas que a primera vista parecen ser diferentes.

“¿Hasta qué punto puede uno oír en su corazón la voz de otro?” nos pregunta el narrador casi al final de la novela, ¿qué tanto podremos comprender sobre el otro? sobre su dolor, sobre su felicidad, sobre su identidad, sobre Oriente y sus problemas; eso dependerá de cada lector, porque al final, quizá eso sea lo más importante que podremos hacer con ellos, llevarlos dentro de nosotros para que no se pierdan en la tormenta de nieve de nuestros sueños, donde sólo nieva una vez.

Anuarios y clichés gringos que no funcionan en mexicanos

ANUARIO-IMAGEN PÚBLICA
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Por Carolina Vargas

Para Lydia

Permítanme ponerme un poco sentimental y es que todo se debe a un sueño que tuve; quiero contarlo porque rara vez recuerdo lo que sueño y aprovecho este espacio para inmortalizarlo un poco ahora que todavía lo tengo claro.

Tenía de nuevo 28 años, porque en mi sueño todo lo que ocurría era un recuerdo de mi yo cougar y como es común en los sueños, vivencias, personas y situaciones se mezclan para formar una realidad completamente diferente en este caso un reencuentro de ex alumnos y en esta reunión ficticia confluyeron algunos de mis ex compañeros de secundaria, mi grupo de amigos de la prepa y uno que otro de la universidad, detalle curioso, al igual que en las películas mexicanas en mi sueño también está involucrado uno de los Bichir.

Todo giraba alrededor de mi reencuentro con mi grupo de ex amigos, porque desde hace años –y esto es una realidad- no los veo, incluso a casi todos les he perdido un poco la pista ni siquiera por Facebook, quizá con la única persona de ese grupo –al que amo tanto- con la que siempre he estado en un contacto relativamente constante es mi amiga Lydia, quien ahora está viviendo en Hamburgo, Alemania, y sobre ella puedo hablar tanto pero lo que más tengo que agradecerle es que fue la primera amiga en un sentido más amplio que tuve –y que tengo-; mi grupo de amigos es muy pequeño la mayoría son hombres nunca me he llevado muy bien con mi género, porque entre mujeres somos medio perras y envidiosas entre nosotras, con Lydia se rompió esa regla.

La cosa es que estaba ahí, sola, esperando ver alguna cara más que conocida, un rostro amado, ahí comenzó un freak show de malos recuerdos, de anécdotas, reencuentros y una declaración amorosa totalmente inesperada –ahí entra el sujeto Bichir-, me enfrenté al hecho fundamental de contestar esa incómoda pregunta ¿Soy la persona que esperaba ser hace diez años? La respuesta es POR SUPUESTO QUE NO, porque nadie proyecta lo malo y porque cuando idealizamos un futuro nos olvidamos un poco del presente y de las personas que pueden influir lo queramos o no en nuestras vidas, si tomáramos un poco en cuenta estos pequeños detalles quizá y solo quizá, la proyección de nuestro futuro sería ligeramente parecida a la que nos toca en la realidad, pero advierto…es solo una pequeña probabilidad. En mi caso muchas de las personas con las que me involucré hace 13 años, fecha en la que inicié la preparatoria, ya están más que fuera de mi vida, así que consideren el factor humano dentro de sus proyecciones y luego me cuentan que tal les fue.

Me dio gusto ver tantos rostros queridos, saber que en mi subconsciente siguen vivos, gratamente recordados y siguen siendo muy amados.

CHAT FACEBOOK-IMAGEN PÚBLICA
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Pero se acabó el momento cursi y vayamos a lo realmente importante y el motivo por el que escribo esto. Al momento de despertar y quedarme con la sensación de los recuerdos y de alguna manera esa sensación del reencuentro, mi primer pensamiento fue WTF? Si bien es cierto que me dio gusto ver a mis amigos y a algunos conocidos, también vi a mucha gente indeseable que me siguen provocando las mismas nauseas que en aquel entonces y que me escupo a mí misma por darle tanta importancia a tanto hígado indeseable.

Pero vayamos por partes, primero ¿Qué diablos es una reunión de exalumnos? Les cuento, el lugar donde el morbo por la miseria humana se muestra de forma vil y descarada, muchos sacan su lado hipócrita o les da solo por mentir, eso es lo que me han contado y porque no decirlo también es parte del cliché, porque les confieso, nunca he ido a una reunión de esas, las evito a toda costa porque no me gusta fingir. Pero partiendo de mi experiencia ficticia, les puedo decir que no me quedaron ganas de experimentarla de nuevo, ya sea de manera real o de mentiras ¡NO parfavar!

Les cuento, vas a que todo mundo te haga preguntas incómodas y anacrónicas porque claro, como son personas a las que hace años no ves y con las que nunca te llevaste no tienen idea de tu vida y obvio no hay empatía ni tema de conversación eso por un lado; por el otro darte cuenta de lo que siempre supiste y te negaste a aceptar: el niño que te encantaba en la secu era un loser, estaba horrible y a la fecha ves que sigue igual, con el aderezo de unos 30 kilos de más varios hijos con diferente mamá y un empleo que tú no hubieras aceptado ni a los 17 años y sorpresa ya tenemos casi 30. Por otro lado ves a las flacas engordar, a las gordas adelgazar, a los losers más losers, a los nerds como subempleados, ejércitos de Godínez, amas de casa frustradas y el clásico “como hemos cambiado” lo cual es mentira porque te das cuenta que de ser los chamaquitos pendejos y desubicados pasamos a ser los adultos escatológicos y locochones cercanos a la transición del cambio de dígito.

Matrimonios, divorcios, hijos, solteros, graduados, fracasados, freelancers y patas de perro, pero en definitiva el denominador común de todos, es que ni en nuestros más locos debrayes nos habríamos imaginado lo que hoy por hoy somos.

Quizá lo más duro es enfrentar lo evidente, ya no somos niños ni adolescentes, somos adultos y lidiar con esos viejos sentimientos de amor, odio, rencor envidia o lo que sea es absurdo, añejo, humano e inevitable, por eso cuando ves a la tipa que tanto te cagaba en la prepa y darle ese “hola” cargado de hipocresía es una de las escenas más absurdas, y creo que en eso se definen esta clase de reuniones ¿Para qué sirven? No tienen ningún sentido, tus amigos serán tus amigos siempre y podrás estar en contacto con ellos de alguna manera, pero si nunca fuimos amigos ni tuvimos nada en común, independientemente si me caían bien o no ¿Cuál es el punto de reunirte con fantasmas del pasado? ¿Por qué nos aferramos tanto al pasado? Situaciones y épocas que ya no volverán, quizá de aquí parten muchas de nuestras neurosis, revivir lo que no pudimos, vencer la inseguridad y el miedo que nos dio nuestra edad e inmadurez y que a la distancia lo vemos como torpeza, cuando es algo perfectamente normal ser torpe y estúpido cuando no se tiene mucha experiencia, aferrarse a otros tiempos que se nos antojan mejores por el simple hecho de evadir el presente. Les tengo noticias el mejor tiempo es hoy porque es sobre el único que tenemos cierto control, buscar revivir viejos tiempos, sean mejores o no,  es la raíz de nuestro melodrama como sociedad…el eterno síndrome del conquistado ampliamente conocido y que no tiene caso tocar.

CRISTO DE LAS NOAS-IMAGEN PÚBLICA
CRISTO DE LAS NOAS-IMAGEN PÚBLICA

Para cerrar esto me gustaría decir que efectivamente guardo bellos recuerdos de mi adolescencia, que hay personas muy queridas y amigos entrañables que me acompañan desde esos tiempos, que por circunstancias muy pero muy personales me aleje de mis amigos y es algo de lo que todavía  me cuesta mucho trabajo hablar, por lo mal que maneje las cosas. A mis ex compañeros de la Técnica #1 en Torreón, mis amigos en LUZAC, a la generación ’03-’08 de la Facultad de medicina de la UA de C con ustedes crecí y una parte de mi vida se formó, mentiría si dijera que me acuerdo de todos, de la misma manera en la que muchos de ellos no se acuerdan de mí, pero para la gente de la que tuve la fortuna de conocer y de llegar a querer, les digo: jamás me inviten a una reunión de ex alumnos, si quieren que nos veamos mejor vamos por un café o algo así, evítenme la pena de decirles a la cara que no, el resto, no sé ni quienes son así que pueden ahorrarse la molestia…de nada.