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Animaciones, sueños, narraciones: entrevista a Ricardo Bernal

La semana pasada, por invitación de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado, el Mtro. Ricardo Bernal impartió el curso Animaciones del mundo; tuvimos la oportunidad de conversar con él y esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo es que pasaste  de  escribir a interesarte por la animación?

Ricardo Bernal: En realidad no es que haya pasado, no es que haya dicho ahora voy a pasar, es lo que se dio solito. Yo siempre he visto caricaturas, desde chavo -soy generación Tío Gamboín, ya sabes-, y hace como seis o siete años me dieron una invitación a un sitio que se llama Patio de butacas, es una escuelita de cine donde puedes bajar cosas, de ahí empecé a bajar animaciones y a verlas, recordé unas cosas que yo había visto de Japón y a juntarlas, armar discos y rolárselas a mis amigos; empecé a llenar mis horas de ver animaciones y me clavé. En Guadalajara, antes, cada año me invitaban a dar un curso de literatura: de terror, literatura fantástica mexicana, etc., entonces me hablaron y me pidieron dar un curso y dije: “¿por qué no te organizo una presentación de animaciones?” Por primera vez di Animaciones del mundo; fueron nueve semanas, un día a la semana, tres horas, y les encantó. Además, siendo profesor del Claustro Sor Juana, ahí empecé a dar cursos de las animaciones aparte de mis clases, e incluso mis clases de literatura las he estado aderezando con animaciones. Ahorita doy una materia en la escuela de escritores que se llama Introducción a los géneros narrativos y en los temas de pronto les digo que nos toca caricatura y los alumnos están felices, ¿por qué se conectan? Porque para que haya una buena animación tiene que haber una buena narrativa. En el caso de las animaciones no es como en el cine que filmas y puedes tener mucho material para editar, en la animación hacer un minuto es mucho, entonces la historia tiene que estar perfecta, tiene que estar bien cuidada.

JLD: ¿Cómo ha influido esta idea de la narrativa de la animación en tu misma obra?

RB: Tiene un rato que no escribo, pero tengo una bitácora en la que, cuando me acuerdo y cuando me da tiempo, escribo mis sueños. De pronto me dicen “¿A poco sueñas eso?” ¡Yo siempre he soñado así!, yo veo la vida como caricaturas, con todo respeto. Creo que el género narrativo más antiguo de todos son los sueños, es anterior a todo, entonces sí creo que haya una influencia porque a veces sueño caricaturas, sueño pantallas, sueño personajes. Ahorita estoy en eso, en la escritura de sueños. Pero si me pongo a ver mis propios cuentos y mi poesía, siempre hay mucha imagen, siempre hay cosas que creo que ya estaban desde antes.

Animaciones del mundo, póster
Animaciones del mundo, póster

JLD: En este sentido, ya hablando del curso de Animaciones del mundo, ¿cómo fue que recopilaste todo esto y cómo hiciste la selección para hacer este extracto que traes aquí?

RB: Lo primero fue escoger los países; ayer, por ejemplo, vimos Estados Unidos, Canadá y nada más, para Europa pues escogí las que más me gustan, hoy vamos a ver Suiza, de pronto cuando doy el curso le dedico a Francia una clase de cuatro horas, ahorita no nos va a dar tiempo de ver Francia más que unos veinte minutos, entonces lo más difícil para mí no es qué pongo sino qué quito; pienso “¡Chín! No van a ver esto”. Creo que lo que traigo son joyas, esto hace que el curso sea muchísimo más preciso y no tan extenso. Obviamente tuve que dejar fuera países; Argentina, España, ¡Japón!, que es todo un universo. Di un curso el año pasado que se llama Animaciones selectas de Japón, tenía entre mis alumnos, ya sabes, puro otaku; se quedaron así de “¿apoco esto se hace en Japón?” “¡Claro!” Esta vez voy a terminar con algo que a mí me encanta: una selección de comerciales animados; muchos dicen que la publicidad no es un arte pero concentrar en 10, 30 o 60 segundos toda una historia y toda una trama con atractivo visual para que la gente compre un producto es interesantísimo.

JLD: ¿Has considerado dentro de todo tu curso la idea de la animación comercial que vemos regularmente en cine?

RB: Sí, ayer vimos a Tex Avery, que eran animaciones que salían en el cine en los años cuarenta, y cerramos ayer con una de Pixar, pero lo voy mezclando porque a mí lo que me interesa es ver la animación independiente. Por ejemplo, John Humble y su mujer que empezaron a hacer animación experimental desde los cincuenta y de pronto eso hizo que esta influencia llegara a Disney; otro por ejemplo es UPA, que es un estudio norteamericano que empezó a buscar más cuestiones artísticas, de pronto influye a Disney, y tú ves La noche de las narices frías, como se llamó acá 101 Dálmatas, tiene una estética que Disney no había hecho en ese momento, si ves El libro de la selva, es una película bien hippie, que se estaban haciendo todas estas cosas en la animación independiente. Entonces sí hay un intercambio, Disney no era muy innovador pero era bueno para mejorar lo que ya estaba lo mejoraba y eso es bien interesante, porque ya que sabes de otra animación, incluso la animación comercial la puedes ver diferente.

Ricardo Bernal y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Ricardo Bernal y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Tú crees que la animación como texto narrativo de alguna manera tiene un valor literario?

RB: ¡Por supuesto!, igual que en el cine, de un buen guión puedes hacer una buena o una mala película pero de un mal guión no puedes hacer una buena película nunca, igual pasa con las animaciones. A mí no me gusta hablar de literatura, a mí me gusta hablar de narrativa, creo que la narrativa abarca más lo que yo busco en mis clases y todo porque la literatura como que encasilla mucho, todo es narración, los sueños son narrativos también.

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Rondalles Mallorquines No. 7: Dos rondallitas cortitas

por Antoni Maria Acover i Sureda

Traducción de María Mañogil

He elegido, para esta quincena, dos breves cuentos. Como siempre sacados de la literatura popular balear, y que llevan cada uno de ellos una moraleja que Jordi d’es Racó supo una vez más escuchar, entender y plasmar finalmente en su obra. Deseo saber traslucirlos de la mejor manera posible, y que no se me escape nada entre el mallorquín y el castellano, ni al trasladar el lenguaje de aquel tiempo al de éste. Espero que disfrutéis de estas dos rondallitas.

EL REY Y UN CARBONERO*

Una vez el rey, cazando cazando por dentro de un bosque, encontró a un carbonerito que bregaba en una pequeña fosa, y le dice:

-¿Y con esta miseria de carbón que podéis conseguir os ganáis la vida?
-Sí, señor; y más le diré: pago deudas, presto dineros con interés y hasta los tiro por la ventana.
-¿Y cómo puede ser esto? -decía el rey sin poderse avenir-. Veamos, explicaros.
-Ya os explicaré, ya -dice el carbonerito-. Mirad, yo mantengo a mi padre y a mi madre, que ya no pueden trabajar de viejos que son, y con esto pago la deuda que tengo con ellos de cuando era pequeño y me sustentaron tantos años sin yo hacer nada. Además mantengo a dos niños pequeños que tenemos, con la confianza que ellos me mantendrán a mí cuando sea viejo; y a esto le digo prestar dineros con interés, con la idea de que algún día me los devolverán. También tengo una hija soltera, que mañana o pasado mañana se casará, y los dineros que me gasto en ella digo que los tiro por la ventana, porque al casarse se irá, y quien sacará provecho será su marido.

El rey se quedó sin palabras al percibir la agudeza de aquel carbonerito: le pone un puñado de doblers** de veinte en la mano y se va a seguir con su caza.

*Me la contó mi madre. (Nota del autor).
** El dobler es una moneda de cobre equivalente a dos dineros, que se utilizaba en las Baleares creo que allá por el siglo XVI. (Nota de la traductora).

Imagen pública
Imagen pública

LA PENITENCIA DE LA BEATA*

Esto era una beata que se fue a confesar. Debía haber hecho alguna de bien gorda porque el confesor le dice:

-Como penitencia ayunarás mañana.
-Que me lo dé por escrito, pues -dice ella-, porque soy corta de memoria y entonces no lo recordaré.

El confesor le escribe en un papel: “Ayunarás mañana”, y se lo da.
Ella se lo pone dentro del bolsillo y se va a su casa. Al día siguiente, al salir de misa, aborda a un hombre y lo embiste con el papel.

-¿Sabes leer, hermanito?
-Sí sé.
-Hazme el favor de mirar qué dice esto.

Aquel hombre agarra el papel y lee: “Ayunarás mañana”.

-¿Mañana? -dice la beata-. Mañana no es hoy. Hoy puedo comer.
Y se mete un almuerzo con todas las de la ley.

Al siguiente día, cuando salía de la misa, vuelve a dar el papelito a leer, y ya lo creo que también se lo leyeron: “Ayunarás mañana”.

-¡Y pues! Ya veremos mañana -dice ella.
Y se vuelve a pegar un atracón hasta atiborrarse.

Cada día hacía lo mismo de dar a leer el papelito a alguien, y al escucharlo siempre decía:

-Hoy no es mañana.
¡Y venga una buena comilona!

Así se libró de hacer la penitencia que le habían impuesto.

* Me la contó mi padre. (Nota del autor).

Lecturas de un territorio fracturado

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Por Iván Betancourt Sumuano

La pobreza es uno de los problemas constantes en muchas comunidades de Latinoamérica. Millones de personas viven en la incertidumbre. Sin empleo, sin dinero, sin alimentos. Para muchos, la solución a sus problemas no está en el país en el que han nacido, sino en los Estados Unidos. El viaje, en tren, es largo y peligroso, pero la esperanza de una vida mejor hace que se atrevan a correr el riesgo.

Es en este contexto se desarrolla la película del director Diego Quemada – Diez, La jaula de oro, estrenada en 2013 y proyectada el pasado sábado 2 de septiembre en el auditorio Arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, del Museo Amparo. La película narra la historia de tres jóvenes guatemaltecos que deciden viajar al norte de América, a bordo del tren más peligroso del mundo: La bestia. En busca de una nueva y mejor vida, estos tres jóvenes luchan por sobrevivir al viaje que cada año realizan miles de latinoamericanos.

Durante el recorrido, los tres protagonistas, Juan, Samuel y Sarah, conocen a Chauk, un joven indígena originario de Chiapas, que a pesar de no saber español realiza este viaje por la misma razón: tener una vida más digna. Poco a poco, y cada vez con menos esperanzas, todos ellos se encuentran con la difícil realidad que todos los días enfrentan los migrantes latinoamericanos: el hambre, la sed, la violencia, el racismo, la policía, la trata de personas y el narcotráfico.

El elenco está conformado por Brandon López (Juan), Rodolfo Domínguez (Chauk), Karen Martínez (Sarah) y Carlos Chajon (Samuel), actores de reciente aparición en las producciones cinematográficas, pero que realizan un trabajo espectacular gracias al conocimiento previo que tenían sobre las problemáticas que aborda el film. El guión es autoría de  Diego Quemada-Díez, Gibrán Portela y Lucía Carreras. Sin duda, lo mejor es la fotografía, realizada por la uruguaya María Secco, ya que en muchas escenas la película prescinde del diálogo y de las actuaciones, para transmitir las emociones y los mensajes a través de las imágenes.

La jaula de oro recibió más de once premios por parte de festivales de todo el mundo, incluyendo el festival de Cannes 2013; los premios Ariel por mejor película, mejor fotografía, mejor actor; el premio São Paulo 2013, los premios Zúrich 2013, entre otros. La proyección de esta película forma parte del ciclo de cine: México Contemporáneo, organizado por el Museo Amparo, dentro del marco de la exposición Lecturas de un territorio fracturado. Este ciclo comenzó desde el pasado sábado 12 de agosto y termina el próximo 7 de octubre.

Los filmes que se han proyectado hasta el momento han sido: Temporada de patos, de Fernando Eimbcke, el documental Cuates de Australia, de Everardo Gonzáles, y La jaula de oro.

La próxima función es este sábado 9 de septiembre. Se proyectará el documental  Bellas de noche, de Marìa José Cuevas. Las siguientes películas serán:  Los insólitos peces gato (2013), El violín (2006), Güeros (2014), y el documental de Natalia Aimada, El velador (2011). Todas ellas, contextualizadas dentro de las problemáticas sociales y con elementos culturales del México Contemporáneo, y una muy buena opción para reflexionarlo.

La entrada es gratuita y la cita es a las 17:00 horas. Los pases de cortesía se consiguen media hora antes de la función y el auditorio tiene un cupo limitado para 94 personas, por  lo que se recomienda puntualidad.

Irredenta, teatro del anhelo

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

por José Luis Dávila

Estamos siempre a la caza de aquello que anhelamos; ya en nuestros sueños o nuestras acciones, buscamos que el mundo se configure de tal modo que logremos estar cada vez más cerca de las metas que nos planteamos y con ese fin solemos confiar en ilusiones que nosotros mismos provocamos, ilusiones que se rompen tan fácil que no da tiempo para entender dónde quedó el error, por eso volvemos a caer en ellas. Estamos a la caza, pues, de lo mismo a lo que le servimos como presa. Un círculo vicioso en toda forma.

Poco a poco esa situación nos lleva a límites incomprensibles, a situaciones de riesgo que ni siquiera notamos, y entonces se presentan las dos opciones básicas que todos tienen: seguir avanzando o vivir aferrados. Simple, ¿no?

Hace unas semanas vi Irredenta, una obra que se presenta en Rekámara, teatro íntimo, y que me dejó cuestionarme las aspiraciones que tengo respecto al exterior, a mi entorno y las personas que están en él. Creo que todos hemos pasado por etapas en las cuales existe desesperación y nos anulamos para no sentirla, momentos que preferimos dejar bajo la alfombra con tal de que no nos lastimen, o peor, de que no vean los demás que algo nos lástima porque la debilidad es algo que no nos permitimos.

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

Irredenta trata, me parece, de esto mismo, el proceso por el cual alguien evade aquello que tiene y busca eso que no podrá alcanzar, lo hace a través de cuatro miradas distintas, cuatro prostitutas que al avanzar la trama se vuelven entrañables y cercanas, no sólo por la manufactura del guión sino por el ambiente establecido y bien logrado por la dirección, guiada hacia la empatía del público.

Esta obra es una recomendación absoluta, necesaria, que provoca reflexión partiendo de temas que quizá ya se han tocado en otras piezas teatrales, e incluso otros formatos, pero que tiene un toque especial gracias al trabajo actoral, sabiendo retratar los conflictos internos de los personajes y estableciendo los problemas para ser pensados al salir de la función, cuando las emociones se asienten de nuevo en el espectador.

Generosity, regresar a la naturaleza: entrevista a Dulce Pinzón

En la terraza del Museo Amparo se encuentra la intervención Generosity, de Dulce Pinzón, y pudimos conversar con ella al respecto. Aquí pueden leer todo lo que nos dijo.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

José Luis Dávila: ¿Por qué el nombre de Generosity?

Dulce Pinzón: El nombre viene de una lectura que hice hace algunos meses que habla sobre una tribu en Sudáfrica en donde tienen una dinámica acerca de su concepto sobre el crimen y la justicia: ellos hablan de una persona que comete una falta en la sociedad, se le confina en soledad por una semana y todos los integrantes de la tribu pasan uno por uno y le dicen las cosas positivas que recuerdan sobre esta persona, por ejemplo “¡qué bonitos ojos tienes!”, “ recuerdo que bailas muy bien”, “tú alguna vez me ayudaste a cargar la bolsa”, cosas así; entonces, es como regenerar la parte de la dignidad de la persona y reincorporarlo a la sociedad. Me recuerda un poco como a la parte que tiene la naturaleza con nosotros, pero no la que nosotros tenemos con ella, en donde ella se empecina en darnos, digamos, sentido de regeneración, sentido de bondad y nosotros tenemos esta relación quebrantada, enferma y, sobre todo, violenta con la naturaleza. Entonces de ahí surge la palabra generosidad y estos actos que hago a manera de instalaciones artísticas, de instalaciones públicas que hablan justamente sobre eso: reinstaurar esta gratitud que me gustaría que todos como seres humanos ejerciéramos hacia la naturaleza por todos los millones de años que nos ha permitido no sólo estar en ella, sino continuar en ella. El proyecto nace en varias fases, esta primera fase es hacer estas frases, que primero fueron ideadas a manera clandestina pero ahora las estamos haciendo alojadas en instituciones como museos, galerías, espacios públicos que tengan una audiencia ya asidua, crear estas frases con un tono un poco irreverente sobre el uso desmedido de ciertos materiales como el pet, el unicel, los popotes, el plástico en general. Esta pieza que hicimos en conjunto, porque el proyecto se trata de que las piezas se hagan en comunidad para crear esta reflexión de manera colectiva, es con unos vasos que están hechos de almidón de papa y botánicas que se degradan entre 90 y 240 días, es la materia prima con la que nosotros escribimos la frase, insertándolos en una malla ciclónica y creamos estas frases que justamente aluden al desuso del unicel.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Mencionas varias cosas interesantes, pero me llama la atención esta parte en la que lo artístico se vuelve clandestino dentro de la misma idea del proyecto, ¿qué tan irreverente llega a ser cuando es clandestino a cuando es alojado por una institución?

DP: La idea inicial es que fuera clandestino, justamente por el lenguaje, porque yo quería hacerlos en espacios públicos en donde estuviera la pieza expuesta al público en general y, de hecho, que el público mismo interviniera la pieza con diferentes mecanismos pero al darnos cuenta que no funcionaba, pensamos en espacios empáticos que están abiertos a expresiones artísticas como estos. Digamos que lo fuerte de la pieza es el tono en que las piezas están escritas: “wey”, “puto”, como en lenguaje coloquial, porque al final es una llamada de atención fuerte. En otros lugares en donde se va a hacer, como en Estados Unidos habrá un “fuck”o un“what the hell”, que a la gente le llame la atención, en principio, el lenguaje y después se cuestione más allá. Además, queremos que la gente vea la biodegradacion de las piezas y lleguemos a esta metáfora que habla sobre cómo los seres humanos no ejercemos esta sabiduría de la naturaleza.

JLD: Se pretende que Generosity tenga una incidencia social, ¿cómo consideras lo artístico para generar esta incidencia?

DP: Yo creo que el arte es uno de los mecanismos más efectivos que puede haber para crear conciencia de todo tipo: conciencia social, conciencia ecológica, conciencia en todos los ámbitos que todos nosotros quisiéramos como artistas incidir. Creo que al ser tan benevolente, digamos que también como tan metafórico y a la vez como tan sutil, hace que el arte nos cree formas de reflexión que quizás en otras formas no lo hay, además, esa forma de emparejar con otras disciplinas y emparejar con otros ámbitos, por ejemplo, esta pieza que va de lo artístico a lo político, pues que logre también filtrarse en otras esferas.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Esta idea del fin político de Generosity, ¿cómo lo piensas desarrollar, cuáles son los pasos a seguir después de tener todas las intervenciones, o cuántas planeas?

DP: Yo no creo que tiene que haber un número específico, nosotros estamos abiertos a las invitaciones de instituciones y de cualquiera, ahorita por ejemplo nos están abriendo las puertas escuelas y colaboraciones múltiples, lo cual me parece de verdad, haciendo una redundancia sobre la frase, que es esta generosidad misma de la pieza que hace que otros espacios empaticen con el mismo mecanismo de la dinámica. Las fases son varias, esta es la primera fase porque me parece que es la más fácil y la más viable de instaurar pero después vendrán otras que tienen que ver con vídeo, con recoger basura a forma de metáfora, vídeos más artísticos en donde intervendré yo con mis hijos y otras hacer cabildeo político. De las fases finales en donde, como comunidad que hemos reflexionado sobre algo especifico, llevemos estas propuestas a la cámara de diputados, de senadores, digamos que un poco como empoderándonos como comunidad, revirtiendo un poco todo lo que hemos cedido a las corporaciones en cuanto al poder que ellos tienen sobre nosotros y cómo de alguna forma nosotros también somos cómplices de lo que sucede en el mecanismo de la economía y llevar planes de acción concretos a esferas mayores para poder, de una forma más contundente, frenar lo que está pasando con el planeta.

 

Remedio infalible

Por E. J. Valdés

Para Salvador Álvarez

Mi segundo libro, Cuentos de un hombre solo, distó de ser exitoso, pero tras su publicación comenzaron a correr ciertos rumores sobre mi persona, y es que algunos de los relatos que escribí fueron tomados demasiado en serio. Así, sin que yo me lo propusiera, me hice de una reputación de individuo lóbrego, infeliz, disfuncional y solitario. Y no es que tales calificativos me fuesen ajenos; sólo que el público infló la cuestión a proporciones absurdas. De hecho, derivado de esta súbita fama se suscitó un evento que la televisión justo devolvió a mi memoria y deseo compartir.

Una tarde en la que fui al supermercado se acercó un hombre y me preguntó si acaso yo era Erasmo Valdés. Un tanto emocionado porque alguien me había reconocido, confirmé mi identidad, a lo que él se dijo encantado de conocerme y quiso saber si podía concederle unos minutos. Puesto que no tenía otra cosa por hacer, se los otorgué y escuché.

El hombre era representante de una empresa llamada Productos Psicosociales y promovía un servicio que, creía, era ideal para mí: “El antídoto a la soledad”. Me explicó: dado que la soledad y la depresión eran males con una penetración cada día mayor en la sociedad, su empresa había diseñado una serie de programas orientados a apoyar a las personas que atravesaban por este tipo de situaciones. Por una módica cantidad —una módica cantidad de cuatro cifras—, podía suscribirme al servicio básico. ¿En qué consistía? Bien, éste me daba derecho a recibir, tres veces a la semana, una llamada en la que un ejecutivo de Productos Psicosociales preguntaría cómo me encontraba y sostendría conmigo una charla de entre cinco y doce minutos. Si así lo deseaba, este ejecutivo podía fingir ser mi amigo o un familiar lejano sin costo adicional. Eso no era todo: si optaba por el siguiente paquete no solamente habría una cuarta llamada, sino que mi interlocutor terminaría cada una de nuestras conversaciones con una de las siguientes frases: “te extraño”, “eres una gran persona” o incluso “te quiero”. Ahora, si acaso podía permitirme una tarifa más elevada, cambiarían al ejecutivo por una chica que se haría pasar por mi novia —incluso yo podía elegir su nombre— y durante noventa minutos a repartir entre siete días me proferiría un afecto de lo más convincente. Debía considerar, no obstante, que cualquier intercambio erótico o semierótico tenía costo adicional. La contratación de este último paquete, me dijo el hombre, tenía una oferta muy atractiva en ese momento: sin que yo tuviera que pagar más, un empleado de Productos Psicosociales acudiría a mi domicilio una vez por semana para darme un abrazo y dedicarme unas palabras de aliento. Por sí solo, ese servicio se cotizaba en más de cinco mil pesos mensuales. Sólo un tonto dejaría pasar semejante oportunidad, subrayó.

Una vez me explicó los métodos de pago y los esquemas de financiamiento que ofrecían, el hombre se sacó del bolsillo un formato que debía llenar para que me otorgaran un mes de prueba del “servicio básico” sin costo, aunque con una tarjeta de crédito de por medio. ¿Me creerían si les dijera que cuando lo rechacé se mostró en sumo desencajado? Y vaya que insistió.

—Pero si usted es un hombre solo y triste. ¡Necesita de nuestros servicios!

Eso último colmó mi paciencia, así que, tras desearle un buen día, fui con mi carrito al área de cajas. Para mi buena fortuna el hombre desistió de seguirme, pues de lo contrario le habría clavado el puño en la regordeta nariz.

¿En qué mente cabe que alguien pagaría por semejante estupidez?

Bien, ojalá no lo hubiese preguntado, pues aquello que vi en la televisión y trajo este desagradable episodio de regreso era justo un comercial del antídoto para la soledad, con todo y testimonios de clientes que se decían mucho más felices consigo mismos tras probarlo…

¡Dios! Son esas cosas las que restan coherencia al mundo.

Rondalles Mallorquines no. 6: La hija y la hijastra del molinero

por Antoni Maria Alcover i Sureda.

Traducción de María Mañogil

Prosigo mi viaje a través de la literatura de Mallorca -la bella isla mediterránea donde nací-, acompañada y guiada por la mano de Jordi d’es Racó. Esta vez con una historia que le contó doña Catalina, de Campanet, y que él decidió inmortalizar en uno de los veinticuatro tomos de los que está compuesta su obra, Aplec de Rondalles Mallorquines. Espero que os guste o que os disguste, especialmente a las Catalinas, a quienes mando un afectuoso saludo.

Es fangar, Campanet - Imagen pública
Es fangar, Campanet – Imagen pública

LA HIJA Y LA HIJASTRA DEL MOLINERO

Esto era y no era un molinero de Sa Pobla que tenía una hija, a la que habían llamado Catalineta, bien graciosa, bonita e ingeniosa. El molinero cayó viudo y se volvió a casar con una viuda que tenía una hija que se llamaba Catalinota, grosera, arisca y cascaciruelas. El molinero le dijo un día a Catalineta:

-¡Catalineta, devuelve la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar!

Es Fangar es una posesión de Sa Pobla hacia Campanet, a pie de montaña. En aquel tiempo, en una cueva de esa posesión habitaba un pelotón de gigantes que vivía de lo que cazaba. Eran unos gigantes muy buena gente que no se metían con nadie mientras no se metiesen con ellos. Ya lo sabían pobleros, campaneteros y bellacos, por eso nadie los incordiaba y los dejaban tranquilos. Llevaban el trigo a aquel molinero, que lo molía y les devolvía la harina, eso sí, después de bien y bien molido. El molinero tenía un recadero y éste solía llevarles la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar, pero justamente ese día el recadero estaba enfermo y enviaron a Catalineta: cargaron el saco sobre el caballo y amarraron a la muchachita encima, le dieron el ronzal, dijeron ¡arre!, y aquel caballo hacia la cueva de Es Fangar. Cuando estuvo frente a la cueva, el corcel se detiene, Catalineta desmonta y entra en la cueva, grita que grita:

-¿Quién hay en la casa de Dios?, ¿quién hay aquí? ¡Salid, que os traigo la harina!

Bien que voceó la chica, pero nadie le respondió. ¿Y qué hace ella? Así como puede descarga el saco, lo mete en la cueva, se percata de que todo está un poco sucio y desordenado; y barre y sacude y avía, y al momento lo deja todo limpio y engalanado. De pronto ¡tac!, llegan los gigantes, reparan en todo cuanto acababa de hacer Catalineta por ahí adentro y quedan tan agradecidos y satisfechos que se reúnen y dice el cabecilla del grupo:

-Se merece esta muchacha que le demos un don; bastante que se lo ha ganado.
-¡Bien pensado! ¡Bien pensado! -dicen todos-. El jefe que diga cuál ha de ser ese don.
-¡Ya lo diré, ya! -dice aquél-. El don ha de ser que, al abrir la boca Catalineta, por cada palabra que salga de ella, le brote una peseta.-¡Aprobado! ¡Aprobado! -aplaudieron todos los gigantes.
-¡Muchas gracias! -dice Catalineta, y ¡zas!, le cayeron de la boca dos pesetas por las dos palabras que acababa de pronunciar.

Catalineta recoge aquellas dos pesetas, se las embolsa, se sube al caballo y ¡hacia el molino! Cuando su padre, su madrastra y su hermanastra se dieron cuenta de que, al decir Catalineta cualquier palabra, de pronto le caía una peseta de la boca, imaginaos cómo se quedaron de pasmados. Su padre estaba contentísimo; en cambio, la madrastra y la hermanastra no lo podían soportar, la envidia les corroía. Catalineta, como era tan buena chica, todas las pesetas que le brotaban de la boca, tantas como palabras decía, se las entregaba a su padre, y su padre que daba saltos de alegría, y la madrastra y la hermanastra que se encrespaban y se las llevaban los demonios., hasta que un día la madrastra le dice al molinero:

-¿Y qué no volvemos a tener grano para moler, de los gigantes de la cueva de Es Fangar?
-Sí que tenemos- contesta el hombre.
-¡Pues ve a molerlo! -suelta la madrastra-, y mi Catalina les llevará la harina.
-¿Y por qué? -dice el molinero- ¿Para ver si regresa de la cueva así como regresó mi Catalineta, que al decir cualquier palabra, le cae de la boca una peseta?
-¡Veo que me entiendes! -asiente la molinera-. ¿Y qué no te gustaría?
-¡De acuerdo, de acuerdo! -responde él- ¡Hala, pues! Hagamos la harina de los gigantes de la cueva de Es Fangar.

Vierten el grano en el molino y al poco tiempo estuvo molido. El molinero maquila, llena el saco, lo asienta sobre el caballo, llama a la hijastra y le dice:

-¡Hala, Catalina, arreando! ¡Veamos si vuelves como la otra Catalina!
-¡Haré todo lo posible! -dice la groserota.

Se sienta a horcajadas sobre el animal y ¡hacia la cueva de Es Fangar! Pronto llega allí, desmonta pegando un bote, se mete dentro de la cueva, grita que grita:

-¡Hala,vosotros de aquí adentro! ¡Salid deprisa que os traigo la harina! ¡Venga, zánganos, salid ya! ¿O queréis que os lo entre yo, el saco? ¡Si no salís lo tiro al suelo y me voy!

En esto, los gigantes vuelven de cazar; y ella, toda inquieta, se pone a sermonearlos sin ningún miramiento ni respeto. Los gigantes descargan el saco y se lo llevan dentro de la tahona, desoyendo a Catalinota, viendo que era tan insolente, desabrida y descarada. ¿Y qué me diréis? Cuando ella vio que los gigantes se largaban sin intención de concederle el don con que habían agraciado a Catalineta, les suelta:

-¡Ueep, so tacaños! ¿Y así me despacháis? ¿Qué me tengo que ir, así como vine?

Los gigantes, al escucharla, se miran entre ellos y dicen:

-¡Oh, qué chica tan estúpida, pedante y maleducada! Ahora querría que le otorgásemos el mismo don que a Catalineta. ¡El premio es para quien se lo gana! ¡Catalineta se lo mereció; ésta no! Para que no regrese así como ha venido, plantémosle una trompa detrás, y que cada vez que abra la boca le haga: ¡brraah! ¡brraah!

-Nada, pues -dice el cabecilla-. Que le salga esa trompa y que al decir cada palabra, le suene ipso facto: ¡brraah! ¡brraah!

A Catalinota, viendo que los gigantes no asomaban, se le acabó la paciencia, se sube de un salto al caballo y ¡hacia el molino!, toda ofendida y enfurruñada. Y lo gracioso fue cuando llegó a su casa, que a la primera palabra que dice la trompa le hace de pronto: ¡brraah! ¡brraah! Y tantas palabras como pronunciaba, venga a hacerle la trompa: ¡brraah! ¡brraah! Imaginaos la rabia que les debió entrar a ella y a su madre, y la risa que debía entrarles a los otros cuando escuchaban aquel barritar de la trompa que llevaba enganchada detrás. Incluso el molinero se reía, y Catalineta se encerraba en su habitación porque no podía aguantar las carcajadas ante tal extraño espectáculo, y no quería que la madrastra la sorprendiera con la risotada en la boca. La molinera estaba hecha una furia al ver a su hija de aquella manera, y lo que la angustiaba más era que, como Catalinota cortejaba, cuando viniera su pretendiente y escuchase el brraah, brraah, que nunca paraba al pronunciar la chica cualquier palabra, él se lo tomaría mal y no volvería a aparecer por la casa. ¿Y qué hace ella? Se va al pretendiente de la niña y le suelta:

-Mira, tú. Mi Catalina ha ido a confesarse y el cura le ha puesto por penitencia que no ha de decir palabra hasta que se case.

El novio, que era un poco memo y no había encontrado a ninguna otra muchacha que lo quisiera, con la esperanza de que Catalinota tendría alguna cosa porque los de aquel molino parecían gente pudiente, se resignó a casarse con aquella arpía. Disponen la cosa y a los ocho días se casan, sin que Catalinota abriese boca hasta que al fin estuvo casada. Pero lo bueno fue al salir de la iglesia, cuando todos les daban la enhorabuena, y ella ¡boca lacrada!, sin hablar ni chistar, por miedo a lo que pasara. El marido, ya un poco molesto, le dice:

-¡Vaya, mujer, a ver si hablas! ¡Que Cristo hablaba y estaba en la cruz! Si el cura te puso por penitencia que no podías abrir boca hasta estar casada, ahora ya lo estás. ¡Así que habla!

La esposa se vio tan presionada que no tuvo más remedio que responder agradeciendo las felicitaciones, ¡pero buena la hizo! La trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le plantaron detrás, empieza a sonar: ¡brraah! ¡brraah!, por cada palabra que decía la taruga. Aquello fue un escándalo: todo el mundo se echó a reír, y ríe que ríe, y el novio y toda su familia más avergonzados que no sé qué deciros. Y la molinera hecha un demonio, al igual que la novia. Y el molinero todo abochornado y con un miedo horrible a echarse a reír también.

Y la cosa acabó tan mal que la novia se desmayó y se la tuvieron que llevar en una parihuela hasta su casa y encamarla; y el novio dijo que allí había habido un medio engaño y que daba por nulo el casamiento. Devolvió al molino el ajuar de ella y todos los demás bártulos y no quiso saber nunca más nada de Catalinota, quien no supo desprenderse nunca de aquel demonio de trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le habían plantado detrás, y que no dejaba nunca de hacer ¡brraah! ¡brraah!, al pronunciar la majadera cualquier palabra.

Y pues, ¡no hubiese sido tan grosera, colérica y pedante! ¡Más se merecía! Tomad ejemplo, muchachitas que esto leéis sobre Catalineta y Catalinota, si no queréis salir escaldadas.

Lectura sobre Lecturas: Arte contemporáneo mexicano en el Museo Amparo

Lecturas de un territorio fracturado - Fotografía por Job Melamed
Lecturas de un territorio fracturado – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De a poco, desde hace años, me fui inmiscuyendo en el arte contemporáneo a modo de espectador y, más tarde, cuando consideré haber adquirido el conocimiento mínimo necesario para pasar a la acción de expresar las razones de mi gusto, empecé a escribir sobre los museos que visitaba, los artistas, las experiencias con la pieza y las personalísimas reflexiones que, aunque redunde, me provocaban las reflexiones de los otros. Y mientras más veía, más quería pensarlo, comentarlo, apropiarlo. Porque, en gran medida, para eso es el arte: entender en uno algo que se genera desde la obra con el fin de cuestionar lo que nos rodea y establecernos desde un punto crítico.

Quizá esa sea la razón que más me atrajo. Mucho más cuando hay arte mexicano que se ocupa de desarrollar ese tipo de cuestionamientos sobre la identidad, la violencia, las convenciones sociales y morales, las creencias religiosas, o incluso del mismo acto creativo. El arte contemporáneo mexicano es una geografía híbrida que debe ser explorada a fondo, meticulosamente, con el interés que merece. Por ello, creo que es un gran logro la nueva muestra Lecturas de un territorio fracturado, la cual expone parte de la colección del Museo Amparo en un esfuerzo por dilucidar los cómos y qués que provienen desde la década de los 90’s y se topan con la actualidad.

Lecturas, curada por Amanda de la Garza y Cecilia Delgado, encuentra su hilo conductor en la concatenación de estilos y crea pasajes que se cuentan a sí mismos dentro de las salas, puentes que se establecen no para conectar tiempos ni lugares, sino ideas que se concretan en la experiencia de aquél que los recorre.

Es, pues, un ensayo hecho exposición, una argumentación sobre las preguntas que el arte arroja en México y posibilita conclusiones latentes, aunque no unívocas, que buscan ser desentrañadas. Una exposición para debatir y comentar, para acercarse al arte contemporáneo mexicano con la curiosidad justa que me recordó los motivos por los cuales me he quedado en esta línea de gusto estético y que, estoy seguro, despertará el gusto de todos los que se acerquen a ella.

El secreto de Gorco: entrevista a Abdiel Degollado

Cada fin de semana se presenta El secreto de Gorco, una puesta en escena de Pasajeros de Caronte en el Foro Escénico El Nicho, una obra de teatro que presenta el conflicto del amor joven. Tuvimos oportunidad de platicar con Abdiel Degollado, director del proyecto.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

José Luis Dávila: ¿Por qué representar esta obra de Alberto Chimal?

Abdiel Degollado: Yo ya había hecho esta obra antes. Me gusta. La obra ganó un premio de teatro juvenil hace como 10 años. A mí, en particular, me gusta este teatro ligero, que de repente puede venir todo mundo. No todos buscan dramas, algunas personas le huyen. Está pensado en toda la familia, aunque siempre que hemos intentado obras así, como para niños, quienes menos vienen son niños, siempre vienen personas entre 18 y 30 años. Pero la idea es una obra corta, probada, ligera, en esta idea de divertirte; obviamente, tiene su mensaje, moraleja, la idea es poner algo para todos.

JLD: ¿Qué tan complicado fue montarla?

AD: Fue bastante fácil, creo que es la obra que hemos montado más rápido, en aproximadamente diez ensayos. El equipo es muy comprometido, que ya hay algún suplente y esperamos tener todos suplentes. A la primera, me gustó cómo quedó. Creo que cuando una obra está bien escrita es mucho más sencilla ponerla en escena, y esta obra está muy bien escrita. De repente, por cuestiones logísticas, por el espacio, cortamos, porque originalmente Chimal propone como 8 o 10 personajes, entonces, cortamos algunas cosas o las resolvemos de otra manera. Pero, teniendo el texto, que probablemente fue lo más difícil, lo demás se fue dando de manera intuitiva. Algo que podemos presumir, es que como grupo estamos acoplados, nos conocemos bien, y eso facilita las cosas: ya sabemos cómo somos, sabemos cual podría ser el fuerte de cada quién, y entre todos nos apoyamos para que salga.

JLD: ¿Chimal ha venido a ver la obra?

AD: No la ha venido a ver todavía, espero que venga pronto. Nos dio, rápidamente y sin ningún problema el permiso, la única condición que nos puso fue que le mandáramos fotos, ya le cumplimos, le mandamos algunas fotos. Él está invitadísimo. Además, la idea es estar aquí en El Nicho todo julio, en Cuarto Acto en Cholula, y de ahí irnos a Catemaco; queremos moverla en diferentes espacios, tanto en la ciudad de Puebla, en el estado y viajar por la República.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

JLD: ¿Cómo ha sido programar sido la itinerancia de la obra?

AD: Estamos empezando, esta es nuestra función número seis. Seguramente será complicado, pero es parte de la gestión, hay que buscar apoyos, espacios. Es la segunda obra que llevamos a Cuarto Acto, pero nos ha ido bien. Es no quitar el dedo del renglón. Hacer teatro es difícil en muchos sentidos, pero perseverar tiene sus recompensas, eso está probado.

JLD: ¿Qué tan larga te gustaría que sea la temporada?

AD: Originalmente la pensamos corta, dos meses. Hay quien hace temporadas mucho más cortas. Y digo corta porque estamos acostumbrados a hacer temporadas de 30, mínimo, 50 si se puede. Y a veces muchas más. Esta la pensamos corta porque cambia la dinámica de grupo cuando ya tenemos un espacio donde tenemos que proponer, porque el público busca más cosas. Cuando no eres parte del espacio, sino que pones la obra y hay otras personas, no estás tan comprometido; aquí nos sentimos con ese compromiso de tener diferentes propuestas para los diferentes públicos, en ese sentido, pensamos una temporada corta, al menos en este espacio, al menos por ahora. Seguramente lo dejaremos descansar un tiempo y regresaremos. La idea es más bien presentarla en otros espacios de Puebla.

Rondalles Mallorquines No. 5: Las piernas de los concejales de Porreres

por Antoni Maria Alcover i Sureda

traducción de María Mañogil

Encontré, en mi paseo por la literatura balear, esta rondalla que Jordi des Racó rescató de la voz popular de su época, hace más de un siglo, e inmortalizó en su Aplec de rondalles mallorquines. Me pareció divertida. Y esta vez le tocó a Porreres, un entrañable pueblecito en el centro de Mallorca. Espero que os guste.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

LAS PIERNAS DE LOS CONCEJALES DE PORRERES

En aquel tiempo en que los animales hablaban -como las rocas ahora-, hubo un concejal de Porreres que vino a la ciudad un día de fiesta y acudió a la misa en la Catedral.

Estaba todo el ayuntamiento sentado en su banco.  El porrerense se les quedó mirando, y os aseguro que no les quitaba el ojo de encima. Le vino muy de sorpresa que tantos concejales fuesen vestidos de la misma manera. El hombre no podía creer que todos vistiesen igual.

Vuelve a Porreres y se lo cuenta a los otros concejales de allá.

-En serio -decía-, os aseguro que si no fuese por los rostros y por la estatura, no seríais capaces de saber quién es uno y quién es otro. El vestuario es bien bien igual.
-Y debe lucir guapo -decían los otros-, ese arsenal de hombres con la misma indumentaria.
-¡Y tanto que sí- exclamaba él.

Así que resolvieron, nemine discrepante, hacerse todos un mismo traje, igual igual, y ponérselo el primer día que tuviesen que ir a misa. Y así hicieron. En la siguiente festividad que se celebra se presentan en la iglesia todos vestidos igual, sin más diferencias que la cara, la estatura y la talla.. Y ya lo creo que la gente no hacía más que mirarlos: no les quitaban la vista de encima, embelesados.

Comienza la misa. Todos se arrodillan, pero ni alcalde ni concejales se mueven ni se inmutan, sentados en su banco como estatuas. Leen el Evangelio. Todo el mundo se levanta, pero alcalde y concejales, bien alerta a moverse y bien sentados.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

-¿Qué será esto? -decía la gente-. ¿Y no se han enterado de que la misa ya ha comenzado? Porque los ojos los tienen bien abiertos.

¡Y vaya si los tenían! Y bien que miraban a todas partes.

Llega el momento del Salmo y todos se arrodillan, todos menos los del ayuntamiento, que no se mueven, sólo meneaban los ojos.

-¿Pero qué demonios le pasa hoy al ayuntamiento? ¿Deben tener calambres por todo el cuerpo, el alcalde y los concejales?

Empezó el cura a leer el último Evangelio, y tampoco se movieron éstos. Todo el mundo se hacía cruces, y todo era un bisbís dentro de la iglesia. Se acabó la misa y la gente empezaba a escampar; y los del ayuntamiento clavados al banco. Aquí ya hubo muchos que no salieron para ver cómo acabaría aquello. El monaguillo, al percatarse, se va a los del ayuntamiento y les dice:

-Y bien, ¿a quién esperáis?
-Esperar, no esperamos a nadie -dice el alcalde-. Pero, hombre de Dios, debes creer y pensar que como nos hemos hecho estos trajes todos iguales, que uno no se distingue del otro, sentados en este banco tenemos las piernas mezcladas, y ahora no sabemos cuáles son de uno y cuáles son de otro. ¿No has notado que no nos hemos levantado en los Evangelios ni nos hemos arrodillado al comenzar el Salmo?
-¡Y tanto que lo he notado!, ¡y todos los demás, que se hacen cruces! ¡Aún así, habéis hecho una buena marranada!
-¿Y qué podíamos hacer nosotros, si no sabíamos distinguir las piernas? Por eso no nos hemos movido, para que no hubiese una desgracia al confundirlas.
-Y bien -dice el monaguillo-, ¿y ahora os tenéis que pudrir en este banco?
-Éste es nuestro quebradero de cabeza -dijeron todos los concejales-. ¿No nos darías una solución tú?

El monaguillo piensa un poco y dice:

-Ahora mismo.

Se va a la sacristía, coge un cordel de cáñamo que guardaba para uno de estos casos, lo dobla seis o siete veces, se lo ata por un cabo a una mano, se presenta frente al banco de los del ayuntamiento y ¡cordelazo va cordelazo viene contra las piernas de los concejales! Los heridos, tan pronto como sentían el vergajazo, gritaban con todas sus fuerzas:

-¡Aaay!
-Éstas son las tuyas -decía el monaguillo-. Y buenos cordelazos a las piernas de los concejales que veía quietas.
Y cada vez que escuchaba ¡ay!, decía:
-Éstas son las tuyas. Cógelas.

Así pues, con un gimoteo, ya no quedó ni una de las piernas de los concejales, delante del banco, porque todos escamparon bien deprisa, sin mirar si se llevaban sus piernas o las de otro. Lo que querían era huir del cordel del monaguillo, que tenía un arrebato del demonio.

-¡Este demonio de hombre! -decían ellos cuando estuvieron fuera-. ¡Esto es un demonio! ¡Nos las habría triturado, las piernas, si no nos hubiésemos dado prisa en escapar! ¡Pero lo que es suyo, dádselo! ¡Desliarnos las piernas, nos las ha desliado, sí!

No os digo nada de las risas que hubo en Porreres de esta anécdota de los concejales, que se acordaron toda la vida de la leccioncita del monaguillo.

¡Menos mal si uno se aprovecha de las lecciones que recibe!