Archivo de la categoría: Reversos

Traducciones hechas por el Staff de Cinco Centros

¡Pedazo de Zombie!

traducción de E. J. Valdés

En 2016, John Carpenter sostuvo una charla con estudiantes de la New York Film Academy y una chica no pudo evitar preguntarle su opinión sobre los remakes de cintas de horror, entre ellos el que Rob Zombie hizo de su aclamada Halloween en 2007. La respuesta del director fue breve (y un poco dispersa) pero también interesante. Sobre todo hacia el final…

Les comparto mi traducción de este momento.

Mi pregunta es: ¿cómo se siente respecto a la tendencia en Hollywood de rehacer películas de horror y sobre la adaptación que Rob Zombie hizo de su película, Halloween? ¿Le gustó?

¡Oh, Dios mío! Esas son buenas preguntas. En primer lugar, los remakes en general son populares dada la cantidad de dinero que los estudios necesitan gastar para que la gente vaya al cine. Una manera de sortear la maraña de publicidad allá afuera es tomar un título que persista en la memoria reciente. Por ejemplo, todos los remakes de horror. La lógica es: “quizá la viste con tu hermano cuando eras joven, en video o en televisión; bueno, vamos a actualizarla”. Así que de antemano hay un conocimiento, y eso es justo lo que se pretende: que la gente sepa que tu película está allá afuera, en los cines. Y por eso están rehaciendo cine de horror. El horror es… Permítanme decirles algo sobre el horror: el horror ha acompañado a la cinematografía desde el comienzo. Creció a la par con el cine y siempre estará con nosotros; es uno de los géneros más populares de todos los tiempos, y también es un género multipropósito, pues cambia de manera constante. Con cada cultura, con cada periodo de tiempo se transforma, se convierte en algo más, absorbe las sensibilidades de la época en la que se lo crea. Eso es fabuloso. Frankenstein, Dracula. Bride of Frankenstein o las películas de Karloff fueron hechas por [Universal] en los años 30, en la Depresión. Son películas de la Depresión; le hablan a aquellos públicos. Ahora, si miramos películas de arte moderno, bueno, les hablan a ustedes, los jóvenes, y traen consigo sensibilidades con las que ustedes están familiarizados y que ustedes quieren ver en un filme…
Y —¡Dios, el Alzheimer me ha cogido!—, ¿qué más me preguntaste…? ¡Oh, la película de Rob Zombie! Bien, diría cosas buenas sobre él pero sucede que hicimos esta cosa… Algo que, creí, sería interesante para el History Channel, o el Biography Channel, qué se yo, sobre Halloween. Yo pensé “cielos, será genial”, hasta que me percaté de que habían hecho un programa similar sobre Caddyshack. Entonces pensé: “Dios, ¿qué es esto?”.

John Carpenter - Imagen pública
John Carpenter – Imagen pública

En fin, lo entrevistaron en aquello del Biography Channel y mintió sobre mí: dijo que fui frío cuando me informó que haría la película. Eso no podría ser más falso. Le dije: “Haz tu propia película, hombre. Esto ahora es tuyo. No te preocupes por mí”. Lo apoyé. ¿Por qué ese pedazo de mierda mintió? No lo sé. No tenía motivo. ¿Por qué lo hizo?

Así que, para ser franco, eso matizará mi respuesta a la película: creo que arrebató a la historia su misticismo al explicar demasiado sobre el tipo [Michael Myers]. Eso no me interesa. Se supone que él sea una fuerza de la naturaleza, algo casi sobrenatural. El saber sobre ello… ¡Y además era demasiado grande! Eso no era normal.
En fin…

Adicional al remake de Halloween, Rob Zombie escribió y dirigió una secuela muy mal recibida por el público y la crítica (en realidad su carrera como cineasta nunca ha despegado del todo). Sin embargo, sus reinterpretaciones de la historia no son las únicas que han sufrido la cólera de Carpenter: él tampoco es un gran admirador del montón de secuelas que su magnum opus generó y actualmente trabaja como productor de una cinta que romperá con todas ellas, pues retomará la historia de Michael Myers justo después de la original. Su estreno está previsto para 2018 y se sabe que Jamie Lee Curtis hará de nuevo a Laurie Strode…
Suena bien, ¿no?

La charla con John Carpenter de donde tomé este fragmento puede verse completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=E4twMPO7FzA

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Nulo y vacío

traducción de E. J. Valdés

Ha poco tuve la oportunidad de tener entre las manos una copia de Zero: The Biography of a Dangerous Idea, de Charles Seife. Si bien no sé gran cosa de matemáticas ni de ciencia, eché un vistazo a sus primeras páginas, a su introducción denominada “capítulo cero”, y me pareció en sumo interesante. De hecho, me gustó tanto que decidí copiarlo y traducirlo para que ustedes también puedan disfrutar de él. Aquí lo tienen.

Capítulo 0
Nulo y vacío

El cero golpeó al USS Yorktown cual si fuera un torpedo.

El 21 de septiembre de 1997, mientras navegaba cerca de la costa de Virginia, el crucero de misiles de un billón de dólares se detuvo. El Yorktown había muerto en las aguas.

Los buques de guerra están diseñados para soportar el impacto de un torpedo o la explosión de una mina, y pese a que estaba protegido contra tales armas, nadie pensó en proteger al Yorktown del cero. Un grave error.

Las computadoras del Yorktown recién habían recibido un nuevo software que controlaba los motores. Por desgracia, nadie se percató de la bomba de tiempo que acechaba en la programación: un cero que los ingenieros debían remover mientras instalaban el software. Por algún motivo, ese cero pasó desapercibido y permaneció oculto en el código. Oculto, sí, hasta que el software lo trajo a su memoria y se ahogó.

Cuando la computadora del Yorktown intentó dividir entre cero, los ochenta mil caballos de fuerza de inmediato se volvieron inservibles. Tomó casi tres horas conectar controles de emergencia a los motores, y después el Yorktown cojeó de regreso al puerto. Los ingenieros pasaron dos días deshaciéndose del cero, reparando los motores y poniendo al Yorktown en condiciones de combate.

USS Yorktown - Imagen pública
USS Yorktown – Imagen pública

Ningún otro número puede hacer tanto daño. Los errores de computadora como el que afectó al Yorktown son solamente una débil sombra del poder del cero. Culturas se han ceñido en su contra y filosofías se han derrumbado bajo su influencia, pues el cero es distinto de los otros números. Permite vislumbrar lo efable y lo infinito. Es por eso que ha sido temido, odiado y prohibido.

Ésta es la historia del cero. Desde su nacimiento en tiempos antiguos hasta su crecimiento y cultivo en el Este, su lucha por ser aceptado en Europa, su ascenso en el Oeste y su sempiterna amenaza a la física moderna. Ésta es la historia de la gente que luchó sobre el significado del misterioso número —los académicos, místicos, científicos y religiosos— y que trató de entenderlo. Ésta es la historia de los intentos del mundo occidental por escudarse sin éxito (y en ocasiones con violencia) de una idea oriental. Y ésta es la historia de las paradojas que posó un número en apariencia inocente, y que sacudieron incluso a las mentes más brillantes de este siglo y amenazaron con desenmarañar el marco entero del método científico.

El cero estuvo en el corazón de la batalla entre oriente y occidente. El cero estuvo en el centro de la lucha entre ciencia y religión. El cero se volvió el lenguaje de la naturaleza y la herramienta más importante de las matemáticas. Los más profundos problemas de la física —el obscuro centro de un agujero negro y el brillante flash del Big Bang— son esfuerzos por derrotar al cero.

Mas a través de su historia, y pese al rechazo y el exilio, el cero siempre ha derrotado a sus opositores. La humanidad jamás podrá obligarlo a encajar en sus filosofías. En su lugar, el cero dio forma a la visión que el hombre tiene del universo —y de Dios—.

Jimi Hendrix estrechó mi mano

por Robert Fripp

traducción E. J. Valdés

Desde su debut en 1969, King Crimson se convirtió en un referente de genio musical, y con el paso de los años la banda ha adquirido un estatus que muy pocas agrupaciones igualan en la historia del rock. Este verano el legendario conjunto británico visitará México como parte de su más reciente gira, de modo que es un excelente momento para compartir la siguiente transcripción y traducción que hice de una anécdota que relató Robert Fripp en alguna de sus presentaciones (encontré el audio mas no información sobre dónde y cuándo se grabó). En un punto de este concierto un hombre en el público alzó la voz para decirle“¡Jimi Hendrix estrechó tu mano izquierda!”, tras lo cual Fripp se tomó un par de minutos para ahondar en este hecho:

Robert Fripp - Imagen pública
Robert Fripp – Imagen pública

Sí, así fue: Jimi Hendrix estrechó mi mano izquierda. El caballero acaba de mencionar la ocasión en que conocí a Jimi Hendrix y, si me lo permiten, les contaré la historia dado que, ocasionalmente, cuando se celebran los aniversarios de Hendrix, diversas revistas de guitarra o MTV me piden hablar sobre él. La única vez que lo vi fue en el Revolution Club, en Mayfair, cuando Crimson tocó allí en 1969. Fue la primera vez que me senté. Siempre he tocado la guitarra sentado, pero al trabajar en un conjunto de rock no puedes sentarte… ¡Nadie toca la guitarra sentado! Pero luego de unos doce conciertos con Crimson en el 69 ya me era imposible tocar de pie, así que dije: “Miren, tengo que sentarme”. Y Greg Lake dijo: “¡No puedes sentarte, parecerás un hongo!”. Mi respetuosa opinión era que, para muchas culturas, el hongo era un símbolo de despreocupación, e incluso si tocaba sentado aún podía sacudir la bandera. Así que nuestro representante —EG-Management— compró un banco: un banco que pintaron de negro y colocaron en el escenario del Revolution Club, en Mayfair. Luego, al concluir el primer set, nos encontrábamos en el camerino y se me acercó un hombre que vestía un traje blanco y llevaba el brazo derecho en un cabestrillo. Una de las personas más luminosas que he conocido. Se acercó a mí y dijo: “Estrecha mi mano izquierda, hombre: está más cerca de mi corazón”. Bien, en 1981, doce años después, King Crimson grababa Discipline en Basing Street Studios, que se ubica en el distrito Portobello de Londres, y nos alojábamos en el Hotel Portobello, famoso por sus habitaciones minúsculas y sus paredes delgadas como el papel; si el teléfono sonaba al lado, como le sucedió a Jerry Marotta, Tony Levin decía desde el cuarto contiguo: “¡No tenemos que contestar eso, Jerry!”. Caminaba hacia el estudio —Basing Street Studio— por Portobello Road y vi una librería, y como soy una especie de bibliófilo y estaba ansioso por retomar mi lectura, entré y allí me encontré a Loretta Land. Ahora, Loretta Land era la cuñada de Michael Giles, el primer baterista de King Crimson. Puesto que no nos habíamos visto en doce años dijimos: “Vayamos por un trago esta noche al Portobello”. Y allí ella me dijo: “¿Recuerdas aquella vez que Hendrix fue a ver a King Crimson?”. Y yo respondí: “¡Pero por supuesto! Es mi historia de Hendrix”. Ella preguntó: “¿Sabías que estaba sentada junto a la mesa de Jimi Hendrix?”. Y yo le dije que no, a lo que ella agregó: “Saltaba de arriba para abajo mientras decía ‘ésta es la mejor banda del mundo’”. Con toda modestia, ésa es una de las mejores tarjetas de presentación que un músico en activo podría mostrar.

Enlace al audio original: https://www.youtube.com/watch?v=woRhyl4k6sc

Rondalles Mallorquines no. 3: 4 breves rondalles

por Antoni Maria Alcover i Sureda
traducción de María Mañogil

Continuando mi paseo por l’Aplec de Rondalles Mallorquines de Jordi des Racó y haciendo escala en el fascinante mundo de las leyendas y las supersticiones, he encontrado cuatro pequeños cuentos que deseo compartir con los lectores de Cinco Centros, pues son parte de la cultura de mis ancestros, y que aún en algunos pueblos de Mallorca se escuchan rumiar.  Como decimos por aquí: coses que conta sa gent, cosas que cuenta la gente.
Espero que disfrutéis de la lectura.

EL AGUA, EL VIENTO Y LA VERGÜENZA

Un día, estos tres se toparon y tuvieron una larga charla.
Cuando hubieron de separarse, dijeron:
-Tendríamos que volver a vernos alguna vez.

-Pues mirad -dice el agua-: a mí siempre me encontraréis en los lugares más bajos.

-Y a mí -dice el viento-, siempre es seguro encontrarme en las hojas de algún ciprés o de un olmo.

-Y a mí -dice la vergüenza-, no sé si me encontraréis si nos separamos, porque quien me pierde una vez ya no me vuelve a encontrar.

El caballo de Mahoma - Imagen pública
El caballo de Mahoma – Imagen pública

EL CABALLO DE MAHOMA

Mahoma tenía un caballo que, siempre que salía el sol, relinchaba.

-Es que saluda al sol -decía Mahoma a los suyos, que se lo creían de veras.

Y es que el bribón escondía una yegua un poco más lejos, y el caballo sentía el olor, y ya lo creo que soltaba unos buenos relinchos. Y los tontos de los moros nunca se percataron, porque ellos, al salir el sol, se ponen a orar con la cabeza gacha y la cara pegada al suelo, y así no podían ver la artimaña de Mahoma.

CÓMO ES QUE EN CUARESMA SE TOCAN LAS VÍSPERAS ANTES DEL MEDIODÍA

Dicen que el demonio le pidió una vez a Dios que le dejase llevarse a todas las almas de quienes muriesen en Cuaresma entre el mediodía y el atardecer.

-Bien -dijo el buen Jesús*- , te las puedes llevar.

Y enseguida decretó que durante toda la Cuaresma tocasen las Vísperas justo al lanzar a Dios al oficio, mucho antes del mediodía. Y el demonio no se pudo llevar a ninguna de aquellas almitas.

¡Vaya qué desengaño que se llevó! Podéis imaginar la rabia que le entró. Los pobres condenados lo debieron pagar.

Sa Sopegada des gegant - Imagen pública
Sa Sopegada des gegant – Imagen pública

EL TRASPIÉ DEL GIGANTE

Entre Llucmajor y Algaida hay una serranía que baja hacia la ciudad, y dentro de la posesión de Galdent forma una cresta que configura una especie de cavidad, algo así como una ranura de una veintena de palmos. Desde Llucmajor se puede ver perfectamente.

¿Sabéis cómo se hizo esa grieta?

Cuentan que fue que un gigante, que habitaba por allí, le tenía mucha tirria a otro gigante de la isla de Cabrera. Un día se apedreaban y se tiraban unas rocas como un par de carrozas engalanadas. Una de ellas cayó en el interior de Son Julià** y aún sigue ahí, que da hasta miedo de lo grande que es.

El hombre hizo tal esfuerzo al lanzarla, que resbaló, trastabilló, y con el dedo pequeño del pie formó aquella cresta: al expandirse el pedazo de tierra se quedó aquella sima, que por eso se llama Sa Sopegada des gegant, El traspié del gigante.

*Aunque parezca un anacronismo, referirse a Jesucristo como Dios, algo muy común en Mallorca, es correcto según la teología sistemática, ya que se contempla el nacimiento de Jesús sólo como humano en la Tierra, pero se le considera creador de ésta. (Nota de la traductora).

**Son Julià es una mansión construida en el siglo XV y que fue restaurada; hoy es un hotel rural. (Nota de la traductora).

El lugar menos libre en Estados Unidos

por Greg Lukianoff

Traducción de E. J. Valdés

El siguiente apunte sirve como complemento a la opinión de Greg Lukianoff que traduje antes para este espacio: ¿La libre expresión te ofende? Al igual que aquel comentario, el presente se grabó como un vídeo para el canal de YouTube de Prager University y aborda la complicada situación que vive la libertad de expresión en las instituciones de educación superior de los Estados Unidos; un fenómeno que se nos puede antojar ajeno, insignificante, quizá hasta bobo, pero que tiene una enorme posibilidad de atravesar la frontera e impregnar nuestras universidades. La desmedida corrección política que impera sobre todo entre los jóvenes es alarmante, pues si hemos de creer y aceptar que la pluralidad es el camino a la grandeza (E PLURIBUS MAXIMUS), el obligar a las masas a adoptar pensamientos y actitudes basadas en no herir la susceptibilidad de los otros es la ruta equivocada.

El enlace al vídeo original en inglés está al final del texto.

¿Cuán importante es la libre expresión en un campus universitario? Esto es lo que la Suprema Corte dijo en 1957 en el notorio caso de Sweezy contra New Hampshire: “Docentes y alumnos siempre deben tener la libertad de indagar… de lo contrario, nuestra civilización se estancará y morirá”. Palabras emotivas y acertadas. Es por esto que lo que sucede en colegios y universidades estadounidenses resulta tan perturbador. Un estudio llevado a cabo por la Asociación de Colegios y Universidades Americanos[1] en 2010 reveló que solamente 30 % de los graduados concordaban con la pregunta “¿es seguro tener opiniones impopulares en este campus?”. Peor aún: el estudio halló que la confianza que los alumnos sienten al tener opiniones impopulares disminuye del primer al último año. ¿Cómo es posible que en una universidad, un lugar en donde la expresión debería ser libre, los jóvenes tengan miedo de albergar —ya no se diga expresar— opiniones impopulares? El motivo es que durante décadas las universidades han transmitido un mensaje claro a sus estudiantes: expresen opiniones disidentes, violen la corrección política o incluso critiquen a la administración bajo su propio riesgo. Después de trabajar durante doce años en la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación[2], he visto cientos de ejemplos de alumnos en riesgo. He aquí sólo algunos.

Students in front of the mail library on the campus of Northwester University in Chicago, Ill., Aug 1,1947. (AP Photo/Edward Kitch)

En la Universidad de Purdue, un campus de la Universidad de Indiana, en Indianápolis, un alumno y empleado fue hallado culpable de “acoso racial” por leer en público un libro que a algunos de sus compañeros les pareció ofensivo. El libro era Notre Dame vs. The Klan[3] y estaba disponible en la biblioteca de la escuela. Éste relata y celebra la derrota del Ku Klux Klan cuando sus miembros marcharon dentro de la Universidad de Notre Dame en 1924. ¿Qué le pareció ofensivo a la universidad? La imagen en la cubierta.

En la Universidad de Delaware, los alumnos fueron sometidos a “reeducación ideológica” como parte del programa de orientación de la escuela. El programa era descrito como “tratamiento” para estudiantes con actitudes y creencias incorrectas. Se les enseñó a adoptar puntos de vista aprobados por la universidad en cuanto a política, raza, sexualidad, sociología, filosofía moral y medio ambiente. También se les requería asistir a entrevistas con sus asistentes residentes en las que los obligaban a responder preguntas personales, intrusivas, minuciosas e irrelevantes como: “¿cuándo descubriste tu identidad sexual?”

Y cada vez un mayor número de escuelas intentan alejar a los alumnos religiosos de sus campus. La Universidad de Vanderbilt, por ejemplo, ha promulgado una política que prohíbe a los grupos estudiantiles religiosos elegir miembros y líderes basándose en su fe. Como resultado, catorce grupos cristianos fueron desconocidos por la universidad.

Luego están los “códigos de lenguaje” en la mayoría de los colegios y universidades de Estados Unidos. ¿Qué es un código de lenguaje? Es una regulación o política de la universidad que limita o prohíbe la expresión escrita o verbal que protege la primera enmienda. Estos códigos se aplican con una deslumbrante doble moral contra lenguaje religioso, conservador o políticamente incorrecto, o sencillamente contra el lenguaje que a la administración le resulte desagradable. En otras palabras, hay cosas que puedes decir o escribir con toda libertad fuera del campus pero que pueden traerte severos problemas si las dices o escribes en él. Estos códigos incluyen políticas que prohíben expresiones que los administradores encuentran injuriosas u ofensivas. Un código absurdo que apareció en múltiples universidades prohibía la “risa dirigida inadecuadamente”, y de un modo orwelliano algunas escuelas limitan la libre expresión a diminutas secciones denominadas “zonas de libre expresión”. Hace poco, en la Universidad de Arkansas Central, un alumno era sometido a acción disciplinaria si decía o hacía algo que le resultara molesto a otro alumno. En el estudio más amplio conducido hasta ahora respecto a los códigos de lenguaje en los campus, FIRE halló que el 62 % de los colegios más prestigiados del país tienen severas restricciones contra la expresión verbal o escrita, lo cual viola las garantías de la primera enmienda. ¿Cuáles son las consecuencias de toda esta censura? Las explico a detalle en mi libro Unlearning Liberty: Campus Censorship and the End of American Debate, pero para nuestros fines me enfocaré solamente en tres de ellas:

Greg Lukianoff - Imagen pública
Greg Lukianoff – Imagen pública

La primera es que la censura en los campus enseña a los alumnos que tienen derecho a no sentirse ofendidos. El momento en el que la sociedad declara que la gente tiene derecho a no sentirse ofendida es el momento en el que anuncia el fin de la libre expresión.

La segunda es que la censura en los campus inculca a los alumnos hábitos intelectuales pobres. Les enseña a no pensar críticamente so riesgo de llegar a una conclusión o a la expresión de un pensamiento que pueda ofender a alguien. Peor aún: a los alumnos se les enseña a ignorar el principio de que la gente educada debe buscar de manera activa a otros individuos inteligentes con cuyas ideas no concuerda para el debate y la discusión.

Y la tercera es que enseña a los alumnos que tienen menos derechos de los que poseen en realidad, que deben someterse a una autoridad arbitraria. Una generación de estudiantes que no conoce sus derechos y que cree que debe tener permiso para expresar lo que hay en su mente no piensa como parte de un pueblo libre, y eso es una amenaza a la sociedad libre.

Los derechos incluidos en la primera enmienda moldean a la sociedad estadounidense. Fomentan el pluralismo religioso y cultural, promueven la innovación escolar y científica y aseguran una notable prosperidad. Pero las universidades de hoy, con su censura, sus códigos de lenguaje y su corrección política, están poniendo en riesgo el futuro de este experimento único. Esto es justo lo contrario de lo que la educación superior estadounidense debería hacer.

Video original:

https://www.youtube.com/watch?v=dJaM8IOev7E&list=WL&index=15

[1] Association of American Colleges and Universities (N del T).

[2] Foundation for Individual Rights in Education (FIRE, por sus siglas) (N del T).

[3]Notre Dame vs. The Klan: How the fighting Irish defeated the Klu Klux Klan.De Todd Tucker. Este libro relata un conflicto violento entre miembros del KKK y alumnos de la Universidad de Notre Dame en mayo de 1924, y cómo este hecho fue crucial para la caída del grupo supremacista (N del T).

Rondalles Mallorquines No. 2: De cuando Lutero y Séneca estudiaban en la cueva de Salamanca

 

por Antoni Maria Alcover i Sureda

Traducción de María Mañogil

De todas las leyendas que forman parte de la literatura española, quizás la de la Cripta de la Iglesia de San Cebrián, en la provincia de Salamanca -desaparecida hace ya cinco siglos-, sea de las más conocidas y también de las que disponen de más variantes dependiendo de la región en la que se divulgue la historia. Su origen también es confuso, si bien se atribuye a Hércules el haber fundado una escuela en el interior de una cueva, donde el Diablo impartía clases de magia y esoterismo a sus alumnos.

Autores como Manuel García Blanco o Miguel de Cervantes gustaron de plasmar entre sus obras esta fantástica y versátil leyenda, y en Mallorca se reprodujo desde la pluma de Jordi des Racó, incluyéndola en su recopilación de cuentos populares llamado Aplec de Rondalles Mallorquines.

Espero que os guste.

Cueva de Salamanca - Imagen pública
Cueva de Salamanca – Imagen pública

DE CUANDO LUTERO Y SÉNECA ESTUDIABAN EN LA CUEVA DE SALAMANCA

En otro tiempo, a todos los muchachos que demostraban tener buena cabeza para los estudios los enviaban a la cueva de Salamanca, que era la primera escuela del mundo, para que aprendiesen todo lo que se debe aprender.

Me la contaron Miquel Martí Racó, en el cielo esté, y otros que no recuerdo porque hace mucho tiempo.

La fama internacional de la Universidad salamantina y la confusión que el pueblo tenía en aquella época entre la verdadera ciencia y las artes mágicas, dieron origen a lo de la cueva de Salamanca como escuela famosa y de magia; creencia que llegó a Mallorca y se extendió firmemente., como lo prueba esta tradición y otras rondallas tan conocidas y contadas por la gente mayor. He dejado una muestra en mi Aplec de Rondalles Mallorquines, Tomo III, pág. 175-192.

Esto de mandar a Lutero y Séneca a estudiar a Salamanca y suponerlos contemporáneos, y otros anacronismos por el estilo, es muy propio de los pueblos de todos los siglos. El pueblo medieval, y hay que tener presente que éste duró en muchos lugares hasta la Revolución francesa, personificaba la sabiduría humana en Séneca. Por otro lado, entre los pueblos católicos, Lutero fue desde el siglo XVI la personificación de la herejía.

Teniendo esto en cuenta, se explica muy bien que se crease esta tradición y la otra que vendrá.

Debían ir con mil ojos estos estudiantes, porque cada año, cuando cerraban la escuela por culpa del calor, iba el demonio y se llevaba al último, al que se daba más a la vida alegre. Los más aplicados salían delante y los otros así como podían; el demonio estaba en el portal y arramblaba con quien iba detrás de todos y, ¡pataplum!, al infierno con él.

Cueva de Salamanca - Imagen pública
Cueva de Salamanca – Imagen pública

A Lutero y Séneca los pusieron en esta escuela para que saliesen letrados. Allí se conocieron, aun sin tenerse simpatía alguna. Séneca los superaba a todos con diferencia; y a Lutero, el primero, que se creía el mejor y el más avispado del mundo, y que por burlarse de los otros no se molestaba en abrir ni un libro. Y lo bueno es que todos le llevaban ventaja.

Ya fuese por sus aires de grandeza, ya por mal estudiante, lo cierto es que comenzó a quedarse atrás, atrás, y acabó por ser el último. Cuando el hombre vio que se acercaba el momento de cerrar las escuelas y él estaba a la cola de todos, se puso triste y abatido; perdió el ánimo, las ganas de reír, el apetito, bajó de peso y llegó a tener un aspecto escuálido.

Séneca se le acerca un día y le dice:

-¡Pero, hombre! ¿Y qué son este malhumor y esta desgana que tienes? Pareces un alma en pena. A ver, ¿qué te pasa?
-¿Y aún me lo preguntas? -dice Lutero-, ¿no ves que voy detrás de todos? ¿Qué será de mí cuando se presente el demonio al final de las clases, cuando todos salgamos de la cueva?
-¿Y eso es todo cuanto te preocupa? -le suelta Séneca.
-¿Te parece poco? -responde el bellaco.
-No vale la pena ni hablar de eso.
-Sí, tú te ríes porque saldrás el primero.
-Pues mira, para que veas que yo no soy tan fácil de amedrentar como tú, el día que tengamos que salir yo ocuparé tu lugar.
-¿Lo dices de verdad, que querrás salir el último?
-Vaya que sí. Ya no importa hablarlo más: así quedamos.

Llegó el día de cerrar la escuela y de la salida de los estudiantes. Era por la mañana; el sol pegaba en la boca de la cueva y el demonio estaba allí, esperando entusiasmado a que saliesen. El maestro dijo:

-¡Hala! Salid en orden. Los más aventajados primero.

Empezaron a enfilar hacia afuera, y os aseguro que bien ligeros iban. Séneca fue haciéndose el remolón a propósito y salió en último lugar. El demonio ya le iba a echar mano, pero él le reclama:

-¡Poco a poco, querido! No soy yo el último; es ésta.

Y apuntó a su sombra, que lo seguía detrás; y continuó diciendo

-Es a ésta a quien te tendrás que llevar.

El demonio tuvo que llevarse a aquella sombra, y Séneca se quedó sin ella.

Y así fue cómo Séneca no volvió a hacer sombra nunca más.

Rondalles Mallorquines No. 1: LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

por Antoni Maria Alcover I Sureda

Traducción de María Mañogil

Las rondallas son una pieza importante en la literatura balear, ya que nos abre las puertas, de generación en generación, al fantástico mundo de la superposición de leyendas, cuentos, chismes y demás invenciones populares y la más aplastante realidad, donde no se diferencia la linea en la que acaba la ficción y empiezan los hechos verídicos, entremezclados y transmitidos de boca en boca por la gente humilde de los pueblos de Mallorca, aunque el origen de ninguno de estos relatos se puede situar en un lugar determinado, ni siquiera en un tiempo concreto de nuestra historia.

Si bien el autor quiso recopilar estas rondallas añadiendo en cada una de ellas el nombre de quien se lo contó, en verdad pertenecen a todo un conjunto de voces rurales que, con toda seguridad, modificaron o exageraron su contenido original, transformándolas así en eternamente anónimas y patrimonio y riqueza de todos los que nacimos en esta cálida isla del archipiélago balear.

Con mucho gusto iré traduciendo una de ellas cada quincena, para que todos podáis conocer un poco más de nuestra cultura y de nuestra literatura.

Rondalles mallorquines
Rondalles mallorquines

LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

Había una vez un padre que tenía tres hijos. Cierto día cayó enfermo, y estando en su lecho de muerte llamó a un notario para hacer el testamento.

Compareció el notario y dijo:

-Veamos cómo queréis el testamento.

-Yo se lo diré- dijo el enfermo-. No tengo nada más que un asno y tres hijos, y quiero que el animalito sea para el más perezoso, porque tienes que creerme si te digo que lo son con ganas y quiero que se compruebe cuál de ellos lo es más.

Se murió aquel hombrecito, Dios lo haya perdonado, así como todos los difuntos, amén; pero ninguno de los tres hijos se molestó en aclarar lo del testamento.

Al saberlo el alcalde del pueblo, compareció ante ellos y les dijo:

-¿Pero qué clase de burros sois? ¡Vuestro padre os hace herederos y tendréis tanta pachorra que no os preocupareis de ver qué es lo que os toca! Veamos el testamento qué dice.

No hubo más remedio que mostrárselo.

Cuando el alcalde acabó de leerlo exclamó:

-Sí que os conocía bien de cerca vuestro padre. Nada, tenemos que hacer las pruebas para ver quién es el más perezoso de los tres.

Se gira hacia el mayor y le suelta ésta:

-Veamos qué pruebas das tú de tu pereza. Se me hace que no estás demasiado apurado por darme muchas.

-¡Fu!- dice aquel-, ¿y ahora tengo que sacar cosas pasadas?

-Y deprisa- dice el alcalde-, si no quieres dormir en prisión esta noche.

Cuando escuchó algo de prisión, cambió de golpe y soltó ésta:

-Así pues, debe creer y pensar y pensar y creer, señor alcalde, que un día me cayó una brasa ardiendo dentro del zapato, y si no me la sacan, me habría quemado entero, de la pereza que me daba sacudírmela

-¡Bestia, más que bestia!- dijo el alcalde-. Tu suerte fue que yo no estuviese allí. De haber estado, no habría consentido que te sacasen la brasa, para ver hasta donde llegaba tu tozudez.

-¡Hala, tú!- le dice al segundo-, veamos qué proezas has hecho de vago.

-¿Y también me mandará a prisión, si no abro boca?

-Y deprisa- dijo el alcalde-. Y una vez en prisión, ni el demonio, que es demonio, te sacará. ¿Qué te has creído?

-Nada, pues- dice aquel-, diré algo. Dicho esto, señor alcalde, debe pensar y creer y creer y pensar que un día, por desgracia, me caí al mar, y enseguida me entró tal pereza que no tuve ganas de moverme ni de hacer nada para salir. Tuve suerte porque pasó una barca y los marineros me vieron y me sacaron del agua.

-Tu fortuna- dijo el alcalde- fue que yo no estuviera en esa barca, porque no habría consentido que te tocasen de haber reparado en que no estabas haciendo nada para salvarte.

– ¿Y qué quiere que le diga, señor alcalde?- dijo aquel.

-No importa que digas nada, no- dijo el alcalde-, para ver lo vago que eres.

Se gira hacia el último y le dice:

-¡Hala, tú! Veamos qué fantasías has hecho como perezoso. Veamos si aún resultará que lo eres más que los otros dos hermanos, y si te lo llevarás tú ,al asno.

-Señor alcalde- dijo el último-, métame en prisión, haga lo que quiera, pero yo me aflojo del asno para no tener que hablar.

En ese momento el alcalde exclamó:

-No hay duda. Tú eres el más perezoso. Toma el asno.

Y si no están muertos es que siguen vivos, y si no están vivos es que ya han muerto, y en el cielo nos veremos todos juntos.

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA
ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nota sobre el autor

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nació el 2 de febrero de 1862 en Manacor (Mallorca), en una familia rural, de costumbres tradicionales y religiosas. En su adolescencia se trasladó a Palma para realizar sus estudios en el Seminario, donde fue nombrado Catedrático de Historia Eclesiástica, y más tarde, ya licenciado en Teología, Vicario General y Canónigo. Muy dotado para la escritura, se relacionó con personas muy importantes de su época en el mundo de las letras.

Cabe decir sobre él que fue reconocido como uno de los mejores investigadores sobre la filología románica en Europa y que, junto a Francesc de Borja Moll, creó el diccionario Català-valencià-balear, una obra única en la que se recoge el léxico de las tres lenguas. Para publicar la recopilación de rondallas, llamada L’Aplec de Rondalles Mallorquines, en 1886 y que consta de más de cuatrocientas historias, utilizó el seudónimo de Jordi des Racó.

Falleció en 1932 en Palma, dejándonos un inestimable legado literario.

¿La libre expresión te ofende?

por Greg Lukianoff

Traducción de E. J. Valdés

No soy partidario de la corrección política. Sostengo que es una tendencia que hace del mundo un lugar cada vez más pusilánime y que en el largo plazo ocasionará gran daño a la civilización occidental. En México sus males no son tan visibles como en Estados Unidos…Todavía. Aunque es un hecho que ya se nos obliga a tener opiniones favorables hacia ciertos grupos sociales, en nuestras universidades aún no hay “zonas seguras” (espacios en donde los alumnos pertenecientes a grupos minoritarios pueden expresarse y desenvolverse libres de interacciones personales no deseadas) o, en su defecto, catálogos de “micro agresiones” como el de la Universidad de Arizona, que prohíbe a los alumnos, entre otras cosas, decir “bless you” (salud) a quien estornuda. Esto último es verídico. Temo, no obstante, que este pensamiento no tarde en llegar a nuestro país, tan propenso a seguir los malos ejemplos de su vecino del norte.

En uno de mis prolongados paseos por YouTube me topé con un comentario que Greg Lukianoff, presidente de la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación, grabó para el canal de Prager University (que en realidad no es una universidad, sino un espacio de opinión administrado por el periodista Dennis Prager), mismo que encapsula mucho de lo que pienso respecto a la corrección política y la manera en que ésta coarta la libertad de expresión. Comparto a continuación la opinión de Lukianoff traducida al español. Al final del artículo encontrarán el enlace al video original, fechado el 31 de agosto de 2015.

Libertad de expresión. La habilidad de expresarte. Es una idea valiosa, justo como debería serlo. La mayoría de quienes vivimos en democracias occidentales liberales la consideramos un derecho humano fundamental. Personas han luchado y muerto por ella. Sin embargo, hoy corremos el riesgo de perderla. La amenaza no viene de fuera, de enemigos externos, sino desde dentro. A toda una generación se le está enseñando a no creer en la libertad de expresión, sino en que deben estar libres de dicha expresión; de toda expresión que les disguste. Esto es una amenaza para la pluralidad y la democracia misma. Vemos esto en Europa, donde la censura basada en la sensibilidad intenta vetar todo aquello que se considere odioso o meramente hiriente y prohíbe la crítica religiosa, en especial del Islam. Pero los Estados Unidos, a pesar de sus fuertes garantías constitucionales en la Carta de Derechos, no es inmune a la creciente tendencia de supresión de expresión, o aquello a veces denominado “corrección política”. Esto es en particular cierto en los colegios y universidades estadounidenses, los lugares en donde se educa a nuestros futuros líderes y en donde uno esperaría que la expresión fuera en sumo libre. Los códigos de expresión altamente restrictivos son la norma en los campus hoy en día. De acuerdo con un estudio de mi organización, la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación [1] (FIRE por sus siglas en inglés), el 54 % de las universidades públicas y el 59 % de las privadas impone códigos de expresión políticamente correcta a sus alumnos, y gracias a recientes directrices del Departamento de Educación, el 100% de los colegios podrían adoptar esos códigos en los años siguientes.

Greg Lukianoff | Imagen pública
Greg Lukianoff | Imagen pública

¿Cuán malo es esto? El Día de la Constitución de 2013, un campus público de California dijo a un estudiante, quien al mismo tiempo es un condecorado veterano militar, que no podía repartir copias de la Constitución a sus compañeros. La objeción de la universidad no era ideológica, sino una burocracia fuera de control que impuso un límite a su libertad de expresión. Ese mismo día, a otro estudiante de nivel profesional en ese mismo estado le prohibieron protestar contra el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad [2] (NSA) fuera de una pequeña “zona de libre expresión”, un área que abarca únicamente el 1.37 % de la instalaciones. Meses después, a dos estudiantes universitarios de Hawaii se les dijo que no podían repartir copias de la Constitución, ni quejarse de las prácticas de la NSA fuera de la “zona de libre expresión” de la escuela. FIRE llevó a estas universidades a la corte, pero el sólo hecho de que tuviéramos que hacerlo demuestra cuán mal se han puesto las cosas.

Últimamente, alumnos y docentes han unido fuerzas para excluir de sus campus a conferencistas con cuyas opiniones no comulgan. En FIRE le llamamos la “temporada de desinvitación”; una temporada que dura el año entero. Desde 2009 se ha suscitado un aumento considerable en los esfuerzos de estudiantes y académicos para retirar las invitaciones a personajes que no les agradan. Estos personajes incluyen a la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice, a la feminista somalí y crítica del Islam Ayaan Hirsi Ali, y a Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional. Y ésa es solamente la parte obvia del problema de las “desinvitaciones”. Pocos conferencistas conservadores son invitados a presentarse en universidades so riesgo de tener que retirarles la invitación posteriormente.

La más reciente amenaza a la libertad de expresión son las llamadas “trigger warnings” o “advertencias de activación”: alertas que advierten a los alumnos que están a punto de leer o escuchar algo que puede detonar una respuesta emocional negativa. Un artículo del New York Times de 2014 citó el caso de un alumno de Rutgers quien solicitaba incluir estas advertencias en la clásica novela norteamericana El Gran Gatsby porque “contiene una variedad de escenas que hacen referencia a abuso y violencia misógina”. Hace poco, el Colegio Oberlin intentó establecer una política que instaba a los profesores a evitar temas difíciles y utilizar “advertencias de activación” para hacer las aulas “más seguras”. La seguridad se ha rebajado a un mero derecho de siempre sentirse a gusto. La demanda de advertencias de activación se ha disparado en las universidades de todo el país. A esto hay que añadir las populares teorías académicas que invitan a los alumnos a escudriñar “micro agresiones” en el lenguaje: cualquier declaración que pueda interpretarse como racialmente insensible, clasista, sexista o políticamente incorrecta. Es claro que los campus enseñan a sus estudiantes a supervisar lo que dicen. Esto es justo lo opuesto de lo que hace falta. Nuestra sociedad necesita franqueza y libertad de expresión, no exención de expresión. La comodidad intelectual no es un derecho. Nunca debe serlo. No si queremos que la libertad de expresión —o acaso la misma libertad— sobreviva.

Video original:

https://www.youtube.com/watch?v=9vVohGWhMWs

[1] Foundationfor Individual Rights in Education (N del T).

[2] National Security Agency (N del T).

Nadie

por Robert Walser
Traducción de E. J. Valdés

Érase una vez alguien llamado Nadie. Era miembro de una cofradía de ladrones, tenía una alegre predisposición para ordenar los asuntos financieros de los demás y al momento de robar era un maestro infalible. Podría decirse que entendía el robo de raíz y que su ocupación favorita era la limpieza. Su principal virtud era en una inusual predilección por visitar a los ricos a media noche. Él sentía un peculiar interés por aquellos que forcejeaban con el tamaño de sus ingresos. Su más constante preocupación era aliviarlos de la tremenda carga, de modo que a través de sus prácticas aminoraba sus molestias, les quitaba un peso de encima y disminuía su sufrimiento. La distribución equitativa era su ideal. Había un tal señor Lovengood a quien Nadie hizo una amable y muy exitosa visita. Con ella menguó sus problemas y le ayudó a respirar más tranquilo. Pero el señor Lovengood no sabía apreciar una broma como ésa; él conocía la identidad del ladrón y acudió de inmediato a la jefatura de policía para reportarlo. “Anoche”, dijo, “entraron a mi casa. Fue Nadie. Lo sé”. “Bien”, le contestaron, “si nadie lo hizo no podemos ayudarle. ¿Por qué acudió a nosotros si nadie entró a su casa?”. El señor Lovengood, presa de un considerable alivio tras ser despojado de toda suerte de preocupaciones financieras, tuvo que retraerse. “Nadie estuvo en mi casa. Nadie me robó, estoy seguro de ello”, repitió una y otra vez, pero nada consiguió con todo ese parloteo. Puesto que él mismo dijo que nadie le había robado, así debía ser, por ende todo estaba en orden. El señor Lovengood quedó bastante indignado, aunque cuando menos debía sentirse satisfecho. El ladrón disimuló sus carcajadas tras la manga, no obstante, en una ocasión lo aprehendieron, por así decirlo, y lo encerraron. Entonces su risa se desvaneció.

(1917)

Robert Walser - Imagen pública
Robert Walser – Imagen pública

El hombre

de Robert Walser
traducción por E.J. Valdés

Este texto es propiedad del Robert Walser Center, en Berna, y de la editorial Suhrkamp Verlag. Se reproduce sin más intención que difundir la obra de Walser entre los lectores de habla hispana.

En una ocasión me senté en un restaurante de la Viehmarktplatz. A veces caballeros sofisticados se sientan allí, pero no deseo hablar sobre caballeros sofisticados. Los caballeros sofisticados no son muy interesantes. Buscan ser entretenidos sin que ellos mismos lo sean. En la esquina estaba sentado un hombre de mirada abierta, amable y jovial. Sus ojos parecían yacer en una insondable distancia, en lugares ajenos a la Tierra. De inmediato empezó a tocar una suerte de flauta, y todos los presentes en el fino restaurante dirigieron la mirada hacia él y escucharon su música. El hombre permaneció allí sentado, sus alegres ojos como los de un niño grande, robusto y bien humorado. Una vez concluyó el concierto de flauta, siguió con un clarinete, el cual tocó con el mismo virtuosismo. Tocaba melodías muy sencillas pero de manera excelente. Después de eso, cantó como un gallo, ladró como un perro, maulló como un gato y mugió como una vaca. Era obvio que se deleitaba en los varios sonidos que realizaba a la perfección, pero lo mejor estaba por venir, pues entonces sacó una rata de una cesta que mantenía bajo la mesa y la mimó cual si fuera un buen niño. Dio a la rata a beber un poco de su cerveza, clara evidencia de que las ratas gustosas beben cerveza. Además de esto, colocó al animal, por el cual las personas sensatas sienten un disgusto definitivo, en el bolsillo de su abrigo y, para terminar, lo besó en el puntiagudo hocico mientras reía, feliz. Sin lugar a dudas era extraño este hombre de ojos claros y relucientes, mirada pensativa y perdida. Era amante de la música y amigo de los animales. Muy extraño era. Me causó una profunda y duradera impresión. Y no sólo eso: hablaba un magnífico francés.

[1914]