Archivo de la categoría: Reversos

Traducciones hechas por el Staff de Cinco Centros

Rondalles Mallorquines No. 1: LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

por Antoni Maria Alcover I Sureda

Traducción de María Mañogil

Las rondallas son una pieza importante en la literatura balear, ya que nos abre las puertas, de generación en generación, al fantástico mundo de la superposición de leyendas, cuentos, chismes y demás invenciones populares y la más aplastante realidad, donde no se diferencia la linea en la que acaba la ficción y empiezan los hechos verídicos, entremezclados y transmitidos de boca en boca por la gente humilde de los pueblos de Mallorca, aunque el origen de ninguno de estos relatos se puede situar en un lugar determinado, ni siquiera en un tiempo concreto de nuestra historia.

Si bien el autor quiso recopilar estas rondallas añadiendo en cada una de ellas el nombre de quien se lo contó, en verdad pertenecen a todo un conjunto de voces rurales que, con toda seguridad, modificaron o exageraron su contenido original, transformándolas así en eternamente anónimas y patrimonio y riqueza de todos los que nacimos en esta cálida isla del archipiélago balear.

Con mucho gusto iré traduciendo una de ellas cada quincena, para que todos podáis conocer un poco más de nuestra cultura y de nuestra literatura.

Rondalles mallorquines
Rondalles mallorquines

LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

Había una vez un padre que tenía tres hijos. Cierto día cayó enfermo, y estando en su lecho de muerte llamó a un notario para hacer el testamento.

Compareció el notario y dijo:

-Veamos cómo queréis el testamento.

-Yo se lo diré- dijo el enfermo-. No tengo nada más que un asno y tres hijos, y quiero que el animalito sea para el más perezoso, porque tienes que creerme si te digo que lo son con ganas y quiero que se compruebe cuál de ellos lo es más.

Se murió aquel hombrecito, Dios lo haya perdonado, así como todos los difuntos, amén; pero ninguno de los tres hijos se molestó en aclarar lo del testamento.

Al saberlo el alcalde del pueblo, compareció ante ellos y les dijo:

-¿Pero qué clase de burros sois? ¡Vuestro padre os hace herederos y tendréis tanta pachorra que no os preocupareis de ver qué es lo que os toca! Veamos el testamento qué dice.

No hubo más remedio que mostrárselo.

Cuando el alcalde acabó de leerlo exclamó:

-Sí que os conocía bien de cerca vuestro padre. Nada, tenemos que hacer las pruebas para ver quién es el más perezoso de los tres.

Se gira hacia el mayor y le suelta ésta:

-Veamos qué pruebas das tú de tu pereza. Se me hace que no estás demasiado apurado por darme muchas.

-¡Fu!- dice aquel-, ¿y ahora tengo que sacar cosas pasadas?

-Y deprisa- dice el alcalde-, si no quieres dormir en prisión esta noche.

Cuando escuchó algo de prisión, cambió de golpe y soltó ésta:

-Así pues, debe creer y pensar y pensar y creer, señor alcalde, que un día me cayó una brasa ardiendo dentro del zapato, y si no me la sacan, me habría quemado entero, de la pereza que me daba sacudírmela

-¡Bestia, más que bestia!- dijo el alcalde-. Tu suerte fue que yo no estuviese allí. De haber estado, no habría consentido que te sacasen la brasa, para ver hasta donde llegaba tu tozudez.

-¡Hala, tú!- le dice al segundo-, veamos qué proezas has hecho de vago.

-¿Y también me mandará a prisión, si no abro boca?

-Y deprisa- dijo el alcalde-. Y una vez en prisión, ni el demonio, que es demonio, te sacará. ¿Qué te has creído?

-Nada, pues- dice aquel-, diré algo. Dicho esto, señor alcalde, debe pensar y creer y creer y pensar que un día, por desgracia, me caí al mar, y enseguida me entró tal pereza que no tuve ganas de moverme ni de hacer nada para salir. Tuve suerte porque pasó una barca y los marineros me vieron y me sacaron del agua.

-Tu fortuna- dijo el alcalde- fue que yo no estuviera en esa barca, porque no habría consentido que te tocasen de haber reparado en que no estabas haciendo nada para salvarte.

– ¿Y qué quiere que le diga, señor alcalde?- dijo aquel.

-No importa que digas nada, no- dijo el alcalde-, para ver lo vago que eres.

Se gira hacia el último y le dice:

-¡Hala, tú! Veamos qué fantasías has hecho como perezoso. Veamos si aún resultará que lo eres más que los otros dos hermanos, y si te lo llevarás tú ,al asno.

-Señor alcalde- dijo el último-, métame en prisión, haga lo que quiera, pero yo me aflojo del asno para no tener que hablar.

En ese momento el alcalde exclamó:

-No hay duda. Tú eres el más perezoso. Toma el asno.

Y si no están muertos es que siguen vivos, y si no están vivos es que ya han muerto, y en el cielo nos veremos todos juntos.

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA
ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nota sobre el autor

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nació el 2 de febrero de 1862 en Manacor (Mallorca), en una familia rural, de costumbres tradicionales y religiosas. En su adolescencia se trasladó a Palma para realizar sus estudios en el Seminario, donde fue nombrado Catedrático de Historia Eclesiástica, y más tarde, ya licenciado en Teología, Vicario General y Canónigo. Muy dotado para la escritura, se relacionó con personas muy importantes de su época en el mundo de las letras.

Cabe decir sobre él que fue reconocido como uno de los mejores investigadores sobre la filología románica en Europa y que, junto a Francesc de Borja Moll, creó el diccionario Català-valencià-balear, una obra única en la que se recoge el léxico de las tres lenguas. Para publicar la recopilación de rondallas, llamada L’Aplec de Rondalles Mallorquines, en 1886 y que consta de más de cuatrocientas historias, utilizó el seudónimo de Jordi des Racó.

Falleció en 1932 en Palma, dejándonos un inestimable legado literario.

¿La libre expresión te ofende?

por Greg Lukianoff

Traducción de E. J. Valdés

No soy partidario de la corrección política. Sostengo que es una tendencia que hace del mundo un lugar cada vez más pusilánime y que en el largo plazo ocasionará gran daño a la civilización occidental. En México sus males no son tan visibles como en Estados Unidos…Todavía. Aunque es un hecho que ya se nos obliga a tener opiniones favorables hacia ciertos grupos sociales, en nuestras universidades aún no hay “zonas seguras” (espacios en donde los alumnos pertenecientes a grupos minoritarios pueden expresarse y desenvolverse libres de interacciones personales no deseadas) o, en su defecto, catálogos de “micro agresiones” como el de la Universidad de Arizona, que prohíbe a los alumnos, entre otras cosas, decir “bless you” (salud) a quien estornuda. Esto último es verídico. Temo, no obstante, que este pensamiento no tarde en llegar a nuestro país, tan propenso a seguir los malos ejemplos de su vecino del norte.

En uno de mis prolongados paseos por YouTube me topé con un comentario que Greg Lukianoff, presidente de la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación, grabó para el canal de Prager University (que en realidad no es una universidad, sino un espacio de opinión administrado por el periodista Dennis Prager), mismo que encapsula mucho de lo que pienso respecto a la corrección política y la manera en que ésta coarta la libertad de expresión. Comparto a continuación la opinión de Lukianoff traducida al español. Al final del artículo encontrarán el enlace al video original, fechado el 31 de agosto de 2015.

Libertad de expresión. La habilidad de expresarte. Es una idea valiosa, justo como debería serlo. La mayoría de quienes vivimos en democracias occidentales liberales la consideramos un derecho humano fundamental. Personas han luchado y muerto por ella. Sin embargo, hoy corremos el riesgo de perderla. La amenaza no viene de fuera, de enemigos externos, sino desde dentro. A toda una generación se le está enseñando a no creer en la libertad de expresión, sino en que deben estar libres de dicha expresión; de toda expresión que les disguste. Esto es una amenaza para la pluralidad y la democracia misma. Vemos esto en Europa, donde la censura basada en la sensibilidad intenta vetar todo aquello que se considere odioso o meramente hiriente y prohíbe la crítica religiosa, en especial del Islam. Pero los Estados Unidos, a pesar de sus fuertes garantías constitucionales en la Carta de Derechos, no es inmune a la creciente tendencia de supresión de expresión, o aquello a veces denominado “corrección política”. Esto es en particular cierto en los colegios y universidades estadounidenses, los lugares en donde se educa a nuestros futuros líderes y en donde uno esperaría que la expresión fuera en sumo libre. Los códigos de expresión altamente restrictivos son la norma en los campus hoy en día. De acuerdo con un estudio de mi organización, la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación [1] (FIRE por sus siglas en inglés), el 54 % de las universidades públicas y el 59 % de las privadas impone códigos de expresión políticamente correcta a sus alumnos, y gracias a recientes directrices del Departamento de Educación, el 100% de los colegios podrían adoptar esos códigos en los años siguientes.

Greg Lukianoff | Imagen pública
Greg Lukianoff | Imagen pública

¿Cuán malo es esto? El Día de la Constitución de 2013, un campus público de California dijo a un estudiante, quien al mismo tiempo es un condecorado veterano militar, que no podía repartir copias de la Constitución a sus compañeros. La objeción de la universidad no era ideológica, sino una burocracia fuera de control que impuso un límite a su libertad de expresión. Ese mismo día, a otro estudiante de nivel profesional en ese mismo estado le prohibieron protestar contra el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad [2] (NSA) fuera de una pequeña “zona de libre expresión”, un área que abarca únicamente el 1.37 % de la instalaciones. Meses después, a dos estudiantes universitarios de Hawaii se les dijo que no podían repartir copias de la Constitución, ni quejarse de las prácticas de la NSA fuera de la “zona de libre expresión” de la escuela. FIRE llevó a estas universidades a la corte, pero el sólo hecho de que tuviéramos que hacerlo demuestra cuán mal se han puesto las cosas.

Últimamente, alumnos y docentes han unido fuerzas para excluir de sus campus a conferencistas con cuyas opiniones no comulgan. En FIRE le llamamos la “temporada de desinvitación”; una temporada que dura el año entero. Desde 2009 se ha suscitado un aumento considerable en los esfuerzos de estudiantes y académicos para retirar las invitaciones a personajes que no les agradan. Estos personajes incluyen a la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice, a la feminista somalí y crítica del Islam Ayaan Hirsi Ali, y a Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional. Y ésa es solamente la parte obvia del problema de las “desinvitaciones”. Pocos conferencistas conservadores son invitados a presentarse en universidades so riesgo de tener que retirarles la invitación posteriormente.

La más reciente amenaza a la libertad de expresión son las llamadas “trigger warnings” o “advertencias de activación”: alertas que advierten a los alumnos que están a punto de leer o escuchar algo que puede detonar una respuesta emocional negativa. Un artículo del New York Times de 2014 citó el caso de un alumno de Rutgers quien solicitaba incluir estas advertencias en la clásica novela norteamericana El Gran Gatsby porque “contiene una variedad de escenas que hacen referencia a abuso y violencia misógina”. Hace poco, el Colegio Oberlin intentó establecer una política que instaba a los profesores a evitar temas difíciles y utilizar “advertencias de activación” para hacer las aulas “más seguras”. La seguridad se ha rebajado a un mero derecho de siempre sentirse a gusto. La demanda de advertencias de activación se ha disparado en las universidades de todo el país. A esto hay que añadir las populares teorías académicas que invitan a los alumnos a escudriñar “micro agresiones” en el lenguaje: cualquier declaración que pueda interpretarse como racialmente insensible, clasista, sexista o políticamente incorrecta. Es claro que los campus enseñan a sus estudiantes a supervisar lo que dicen. Esto es justo lo opuesto de lo que hace falta. Nuestra sociedad necesita franqueza y libertad de expresión, no exención de expresión. La comodidad intelectual no es un derecho. Nunca debe serlo. No si queremos que la libertad de expresión —o acaso la misma libertad— sobreviva.

Video original:

https://www.youtube.com/watch?v=9vVohGWhMWs

[1] Foundationfor Individual Rights in Education (N del T).

[2] National Security Agency (N del T).

Nadie

por Robert Walser
Traducción de E. J. Valdés

Érase una vez alguien llamado Nadie. Era miembro de una cofradía de ladrones, tenía una alegre predisposición para ordenar los asuntos financieros de los demás y al momento de robar era un maestro infalible. Podría decirse que entendía el robo de raíz y que su ocupación favorita era la limpieza. Su principal virtud era en una inusual predilección por visitar a los ricos a media noche. Él sentía un peculiar interés por aquellos que forcejeaban con el tamaño de sus ingresos. Su más constante preocupación era aliviarlos de la tremenda carga, de modo que a través de sus prácticas aminoraba sus molestias, les quitaba un peso de encima y disminuía su sufrimiento. La distribución equitativa era su ideal. Había un tal señor Lovengood a quien Nadie hizo una amable y muy exitosa visita. Con ella menguó sus problemas y le ayudó a respirar más tranquilo. Pero el señor Lovengood no sabía apreciar una broma como ésa; él conocía la identidad del ladrón y acudió de inmediato a la jefatura de policía para reportarlo. “Anoche”, dijo, “entraron a mi casa. Fue Nadie. Lo sé”. “Bien”, le contestaron, “si nadie lo hizo no podemos ayudarle. ¿Por qué acudió a nosotros si nadie entró a su casa?”. El señor Lovengood, presa de un considerable alivio tras ser despojado de toda suerte de preocupaciones financieras, tuvo que retraerse. “Nadie estuvo en mi casa. Nadie me robó, estoy seguro de ello”, repitió una y otra vez, pero nada consiguió con todo ese parloteo. Puesto que él mismo dijo que nadie le había robado, así debía ser, por ende todo estaba en orden. El señor Lovengood quedó bastante indignado, aunque cuando menos debía sentirse satisfecho. El ladrón disimuló sus carcajadas tras la manga, no obstante, en una ocasión lo aprehendieron, por así decirlo, y lo encerraron. Entonces su risa se desvaneció.

(1917)

Robert Walser - Imagen pública
Robert Walser – Imagen pública

El hombre

de Robert Walser
traducción por E.J. Valdés

Este texto es propiedad del Robert Walser Center, en Berna, y de la editorial Suhrkamp Verlag. Se reproduce sin más intención que difundir la obra de Walser entre los lectores de habla hispana.

En una ocasión me senté en un restaurante de la Viehmarktplatz. A veces caballeros sofisticados se sientan allí, pero no deseo hablar sobre caballeros sofisticados. Los caballeros sofisticados no son muy interesantes. Buscan ser entretenidos sin que ellos mismos lo sean. En la esquina estaba sentado un hombre de mirada abierta, amable y jovial. Sus ojos parecían yacer en una insondable distancia, en lugares ajenos a la Tierra. De inmediato empezó a tocar una suerte de flauta, y todos los presentes en el fino restaurante dirigieron la mirada hacia él y escucharon su música. El hombre permaneció allí sentado, sus alegres ojos como los de un niño grande, robusto y bien humorado. Una vez concluyó el concierto de flauta, siguió con un clarinete, el cual tocó con el mismo virtuosismo. Tocaba melodías muy sencillas pero de manera excelente. Después de eso, cantó como un gallo, ladró como un perro, maulló como un gato y mugió como una vaca. Era obvio que se deleitaba en los varios sonidos que realizaba a la perfección, pero lo mejor estaba por venir, pues entonces sacó una rata de una cesta que mantenía bajo la mesa y la mimó cual si fuera un buen niño. Dio a la rata a beber un poco de su cerveza, clara evidencia de que las ratas gustosas beben cerveza. Además de esto, colocó al animal, por el cual las personas sensatas sienten un disgusto definitivo, en el bolsillo de su abrigo y, para terminar, lo besó en el puntiagudo hocico mientras reía, feliz. Sin lugar a dudas era extraño este hombre de ojos claros y relucientes, mirada pensativa y perdida. Era amante de la música y amigo de los animales. Muy extraño era. Me causó una profunda y duradera impresión. Y no sólo eso: hablaba un magnífico francés.

[1914]

Butch Vig, Nevermind y la infinita mediocridad contemporánea

traducción por E. J. Valdés

Si hay un productor legendario en la escena del rock, ése es sin duda alguna Butch Vig. El también baterista de Garbage saltó a la fama en 1991 tras trabajar en la grabación del legendario Nevermind, de Nirvana, y puesto que este año el álbum cumple un cuarto de siglo en el mercado —un cuarto de siglo de haber reinventado el rock—, Marlow Stern de The Daily Beast se lanzó a la más reciente edición de SXSW para entrevistarlo. A continuación va mi traducción de esta prolongada, pero muy interesante, conversación.

Butch Vig - Imagen pública
Butch Vig – Imagen pública

Marlow Stern: Hay una escena en The Smart Studios Story en donde, luego de que Nirvana aparece en la portada de una importante revista, pareces particularmente orgulloso de la decadencia del hair metal. ¿Fue aquello un punto a favor tuyo y de todos los involucrados en la escena grunge?

Butch Vig: Antes de que hiciera Twenty Point Buck [con Killdozer], estuve en una banda llamada Fire Town. Fuimos a Nueva York y pasamos alrededor de cuatro meses en Atlantic haciendo un disco bastante costoso para aquel tiempo. Éramos una suerte de banda pop desafinada del medio oeste, como Tom Petty o los Byrds, pero Atlantic estaba teniendo mucho éxito con actos como Quiet Riot, Twisted Sister y Skid Row. Nos ignoraron por completo cuando aparecimos. Salimos de gira y descartaron el disco seis semanas después. Odiaba el hair metal. Así que cuando Nirvana surgió y puso el clavo final en el ataúd del hair metal, hubo allí algo de satisfacción y revancha.

MS: ¿Te sientes así respecto al EDM ahora? Yo pensé que a estas alturas ya se habría extinto, pero tal parece que no se va a ningún lado.

BV: Es popular en este momento, pero pienso que se extinguirá. La música club siempre ha existido. El EDM sencillamente convirtió a muchos DJ’s en superestrellas que pueden llegar con su laptop y cobrar medio millón de dólares por presionar play durante noventa minutos. Hey, hay que darles más poder. ¡Yo quisiera poder hacer eso!

MS: Pareciera tener un impacto en la música, sin embargo. Ahora, parece menos probable que los jóvenes formen bandas de rock cuando pueden hacer música en su habitación con una laptop y presionar botones para crear hi-hats, tambores y guitarras sintéticas.

BV: Creo que hay mucha música mediocre allá afuera —no solamente EDM, pero música folk y hip-hop— porque hay demasiada música allá afuera. Antes era difícil difundir la música, así que, ultimadamente, tenías que lanzar algo que fuera bueno. Ya sea EDM o música folk, si va y resuena, encontrarás un público de alguna manera. ¿Cuántas bandas hay en YouTube en este momento? ¿Diez millones? Date una vuelta por SoundCloud y escucha todas las pistas de EDM que hay allí y de tanto en tanto alguna sonará interesante, pero la gran mayoría carecen de alma. No hay pasión humana en ellas; es sólo una mezcla de sonidos interesantes. Pienso que la gente se aburrirá de eso. Nirvana ocurrió a finales de los 80 porque mucha de la música que dominaba las listas de popularidad era muy compleja, y cuando Nirvana llegó tenía un sonido tan visceral y primitivo que impresionó a la gente, ¿sabes? Pensaban: “eh, esto es la onda”. El motivo por el que aquel disco fue tan grande fue la sincronización. Si Nirvana surgiera con Nevermind ahora, ni remotamente tendría el mismo impacto.

MS: La sincronización pareció perfecta. Nevermind salió en el 91 y pareció marcar el final de los 80, un periodo de excesos culturales y financieros personificados en Wall Street, y el inicio de los 90.

BV: Sí, fue el final de Ronald Reagan. Tuvimos mucha suerte en el aspecto de haber aterrizado en una escena que parecía estallar en Madison a nivel local, y que después se hizo algo regional. Fue muy buena sincronización. La sincronización en el arte es importante porque es un reflejo de la cultura, y no puedes pronosticar eso.

MS: Sabes, hay bares en algunos sitios, incluso en París, en los que llega un punto de la noche en el que pondrán Nevermind y todo mundo perderá la cabeza. Los discos van y vienen, sobre todo hoy. ¿Por qué crees que Nevermind se ha sostenido tan bien después de veinticinco años?

BV: Parte de ello tiene que ver con las interpretaciones, que se escuchan increíble, son realmente intensas y muy enfocadas. Pero las canciones también son súper atrapantes. Son canciones pop gloriosamente atrapantes revestidas de actitud punk, de modo que puedes cantar junto con cada una de ellas a todo pulmón. Coros geniales. Una producción realmente sencilla. Yo sé que la gente se quejó en su momento de que eran canciones demasiado pulcras, pero no lo son. Son solamente batería, guitarra y bajo en una habitación. En ocasiones duplicábamos la pista de la guitarra, y a veces añadíamos algunas cuantas harmonías y Kurt duplicaría la pista de su voz, pero fue una producción endiabladamente sencilla.

Butch Vig - Imagen pública
Butch Vig – Imagen pública

MS: Leí que convenciste a Kurt de que duplicara la pista de su voz, como en “In Bloom”, diciéndole que “John Lennon lo hacía”.

BV: Tuve que convencerlo de que lo hiciera, sí. Pero regresando a lo que venía diciendo, cuando grabas algo tan sencillo como aquello, dudo mucho que caduque. Creo que el EDM va a escucharse sumamente fechado en cinco años porque hay ciertos sonidos que utilizan que pasarán de moda. Pensarás: “Oh, esto es tan 2015 o 2016”. Pero si grabas con instrumentación real —bajo, batería, guitarra, como se ha hecho tantas veces— y lo haces sonar bien, no se escuchará como algo caduco.

MS: Hubo sesiones en Smart Studios para Nevermind en 1990 y se realizaron de nueva cuenta el año siguiente para grabar el álbum luego de probar mucho del material.

BV: Creo que grabamos unas ocho pistas durante las sesiones de Smart Studios, y “Polly” fue la única que llegó al álbum. También hicimos un par de covers, incluyendo “Here She Comes Now”, de The Velvet Underground.

MS: ¿Cuál fue tu primera impresión de Kurt y los muchachos cuando entraron al estudio?

BV: ¡Lucían bastante desaliñados y sucios cuando llegaron! Habían viajado en la van de Sub-Pop —Sub-Pop siempre tuvo una van que las bandas utilizaban, pues muchas bandas no tenían una propia, y estaba bastante jodida— y habían dado algunas presentaciones, y cuando arribaron al estudio les hacía falta un baño y una comida caliente. Pero estaban en forma, hombre. Era increíble trabajar con Kurt, pero tenía muy mal genio. Ése era el detalle: saber en qué momento estaría concentrado o cuándo desaparecería en sí mismo.

MS: Así es. Escuché que Kurt tenía estos periodos de inspiración, en los que estaría sumamente concentrado durante una hora o más, y luego otros en los que se recluiría en la esquina de la habitación y no hablaría con nadie.

BV: Exacto. Tuve que aprender a elegir esos momentos y determinar cuál era el adecuado para grabar. Cuando hice Nevermind, me forjé una idea de cómo sería. Sabía que debía estar listo y que cuando Kurt estuviera al 100 % había que presionar record.

MS: ¿Y trabajaban duro en el estudio, cierto? Contrario al “ethos” del grunge, estos chicos trabajaban de ocho a diez horas al día perfeccionando lo suyo.

BV: ¿Sabes? Algunas canciones fueron de último minuto. “Come as You Are” y “Teen Spirit” fueron escritas muy poco antes de que las grabáramos. No las escribieron en el estudio —las habían ensayado bastante durante pre-producción— y la banda se escuchaba muy unida. Habían ensayado a diario. No eran flojos y realmente invertían tiempo en ello. Cuando hicimos pre-producción, no quería que ensayaran a diario durante dos semanas. Era una pérdida de tiempo. Hicimos tres días de ensayos, y solamente ensayaríamos un par de horas. Preparábamos las cosas y ellos las ejecutaban. Hice algunos cambios menores en los arreglos que trabajarían, pero bastante simples, ajustando las cosas aquí y allá. Y la mayoría de las canciones del álbum las logramos en dos o tres tomas.

MS: Hay reportes contradictorios sobre la relación entre Kurt y Dave. Algunos la equiparan con la relación entre Michael Jordan y Bill Cartwright, con Kurt siempre criticando su calidad interpretativa, mientras que otros afirman que estaban en mejores términos. ¿Cómo interactuaban en el estudio durante la grabación de Nevermind?

BV: Dave era un respiro de aire fresco porque tenía este bobo sentido del humor. Era muy joven. Trajo una gran energía, cantó muchos de los acompañamientos y tenía una gran voz. No había tensión alguna entre Dave y Kurt. Todo lo que teníamos que hacer era capturar los momentos en que Kurt estaba al 100 %.

MS: ¿Y, en apariencia, Kurt no estaba feliz con la manera en que Nevermind resultó? Famosamente dijo una vez: “Al mirar atrás a la producción de Nevermind, me avergüenza. Se parece más a un disco de Mötley Crue que a una grabación de punk rock”.

BV: Cuando terminamos el disco lo amó. Lo amó absolutamente. Lo reprodujimos algunas veces y dijo: “Oh, Dios mío, esto es jodidamente increíble”. Adelántate a un año después, cuando había vendido diez millones de copias, y debes renegar de él. No puedes tener una ética punk y decir: “¡Hombre, adoro cómo se escucha tu nuevo disco y estoy tan feliz de que haya vendido diez millones de copias!”. Dave, Krist y yo hablamos sobre la edición del XX aniversario y estuvimos de acuerdo: “Hombre, eso se escucha jodidamente sorprendente”. Y es verdad. La gente argumentó que la mezcla de Andy Wallace era demasiado pulcra, pero no lo es. Si la comparas con cualquier cosa en la radio, todavía suena muy cruda.

MS: ¿Es verdad que las últimas canciones de Nevermind eran sobre la ex novia de Kurt, TobiVail? Eso es lo que sus biógrafos afirman en Heavier Than Heaven.

BV: Oh, no. Eso solamente fue un rumor. Cada canción tenía lo suyo. Kurt tomaba referencias de todas partes. Obtuvo el título de “Teen Spirit” de la marca de un desodorante que vio pintada en una pared. No significaba nada: ¡él solamente creyó que era algo estúpido!

MS: “Smells Like Teen Spirit” cambió el juego. Con el video musical y todo, parecía simbolizar un cambio de guardia, y fue también, de cierta manera, un llamado a las armas para una generación de adolescentes desilusionados.

BV: Fue un momento muy zetigeist, ¿sabes? Hizo voltear muchas cabezas. Esos discos no aparecen con mucha frecuencia. Siento que el mundo está listo para uno de ellos justo ahora, ¿sabes? Y no sé qué vaya a ser. Podría ser un artista hip-hop que cante como Bob Dylan, o algo así. No lo sé. He estado leyendo mucho sobre The 1975, y a mí solamente me suenan como INXS y todos esos discos grabados en los 80. Pero muchos jóvenes fans jamás los han escuchado, así que para ellos parece algo muy fresco. Pero en realidad es como si reciclaran las cosas que sus padres escuchaban hace veinte años.

Butch Vig y Nirvana - Imagen pública
Butch Vig y Nirvana – Imagen pública

MS: La banda también te apoyó en lo de Nevermind. En un punto la compañía intervino y quería que fueran en otra dirección, pero se quedaron contigo.

BV: Sí, me apoyaron. Se encontraron con otros tantos productores de renombre y no les agradó ninguno de ellos. ¡Sé quiénes son pero no lo diré! A algunos de ellos los conocía, y en un punto me preguntaron si no me interesaba trabajar como ingeniero para uno de esos productores famosos y pensé: “Eh, eso podría ser interesante porque se trata de un gran productor y seguro aprendería mucho”, pero después pensé: “No, no quiero hacer eso”. Me llamaron una semana después y me dijeron que querían que lo hiciera. ¡Así que seguro fue inteligente negarme la primera vez!

MS: Si tú lo dices. Dijiste antes que si Nevermind saliera hoy no tendría el mismo impacto. ¿Por qué?

BV: Es un mundo totalmente distinto. Las bandas son tan astutas ahora que pueden grabar discos en su sótano y arreglar todo a través de la producción. Así que ahora no tienes que ser una banda con un buen sonido para hacer un disco que se escuche bien. En aquel entonces tenías que tocar. Grabábamos en cinta, así que no podías manipular gran cosa, de modo que tenías que hacerlo bien. Ese sentimiento de una banda tocando en el estudio es lo que hace a Nevermind tan poderoso. Muchos de los discos de rock actuales suenan bien, sí, pero a mí no me parecen tan interesantes como aquellos hechos antes de la era digital. La cinta no se trata tanto del sonido, sino del hecho de que debes comprometerte a dar una gran interpretación y capturarla en tiempo real. Una buena parte del sonido de Nevermind se debe a que no fue manipulado digitalmente.

MS: ¿La banda te pidió producir In Utero? Creo que pudieron utilizarte en aquel álbum. Es considerablemente más irregular que Nevermind.

BV: Tuve que rechazarlo porque estaba haciendo Siamese Dream [de los SmashingPumpkins] y ése fue un disco largo. Tomó cinco meses y yo me encontraba en Atlanta cuando fueron a Minneapolis para comenzar las grabaciones de In Utero. Kurt me llamaba y me decía: “¡Butch, tienes que hacer el disco de CourtneyLove [Live Through This]! ¡Tienes que hacerlo!”. Y yo decía: “Vaya, no terminaré con el disco de los Smashing Pumpkins hasta abril o mayo”, cuando quiera que fuera. Y Billy Corgan me preguntó: “¿De verdad quieres trabajar con Courtney en eso?”. Es decir, conozco a Courtney, y que Dios la bendiga pero yo estaba exhausto después de trabajar en Siamese Dream.

MS: Ahora debo preguntar: ¿Kurt escribió Live Through This? Siempre ha existido el rumor.

BV: Es un álbum sorprendente. Pero no sé… Pienso que Kurt pudo haberla ayudado con algo de la música, pero las palabras son totalmente de ella. Y, eh, si tu esposo es un gran compositor, ¿por qué no utilizar un poco de ayuda?

MS: ¿Qué bandas te gustan ahora?

BV: Hubo un par de pistas de Builtto Spill que salieron el año pasado que me gustaron, Best Coast, esta banda británica Wolf Alice, y me encantó el disco de Courtney Barnett. ¿Qué otra cosa tengo aquí? Me encanta Parquet Courts. Hay algunas buenas canciones en el nuevo disco de Silversun Pickups. Y hay una banda llamada Unloved de la que he escuchado algunas cosas. Tiene un sonido muy de los 60, pero está bien.

MS: Todos pasamos por fases musicales, ¿pero qué bandas fueron las más influyentes durante tus años formativos?

BV: Escuchaba mucho rock clásico porque mi madre compraba muchos discos cuando yo era joven, pero siento que hallé lo mío durante la universidad con el New Wave y el punk porque eran mis compañeros. Tenía una banda y aspiraba a hacer discos como ellos. Así que el movimiento New Wave, así como el No Wave, con todas esas bandas de Nueva York como Talking Heads, los Ramones, Television y Patti Smith en verdad me inspiraron. Sentía afinidad por esas bandas. No tenías que ser una superestrella en un pedestal como Jimmy Page para hacer un disco. Podías juntar una banda en tu sótano y hacerlo. Me parecía más ordinario, menos elitista. Los Beatles y los Stones eran estrellas de rock —intocables— y nunca podría ser como ellos. Eran dioses entre los hombres. Pero luego ves a una banda como los Ramones y piensas: “¡Hombre, yo podría hacer eso!”. O algo así.

MS: Estos días se presta mucha atención a un puñado de artistas —Kanye, Beyoncé, Adele, Taylor Swift, etc.— que dominan buena parte de la conversación cultural, así que siento que ahora es más difícil que un acto joven se haga de una rebanada de esa conversación.

BV: Bueno, ¡eso y los 53 millones de dólares de Kanye en el agujero, hombre! No lo creo, pero quién sabe qué tan rápido gaste el dinero.

MS: Bueno, la producción de hip-hop es una bestia aparte. Tienen una docena de productores en diferentes cuartos haciendo lo suyo.

BV: Oh, sí. Tienen todos estos cuartos haciendo ritmos, y es muy costoso. Es lo mismo con un disco de Rihanna o Beyoncé: hay un ejército de personas haciéndolos. Pero es duro, ¿sabes? La gran mayoría ya no vende muchos discos. A menos que seas Beyoncé, Adele o Taylor Swift, muchos ya no pueden vivir de vender su música, así que debes ganar dinero haciendo giras, lo cual es difícil y caro, o puedes intentar licenciarla a la televisión o el cine, cosa que todo mundo intenta hacer hoy día, así que hay mucha competencia. Ser un joven artista, hombre, es duro. Y puesto que hay tantas bandas ahora, para situarte encima de todo el ruido debes ser muy especial y escribir una gran canción, de otra manera te perderás en el mar de la mediocridad.

MS: El productor Hudson Mohawke recientemente criticó a Kanye, Drake y la producción de hip-hop en general. Básicamente dijo que entras al estudio y trabajas mucho para que luego el artista añada algunos hi-hats y lo manipule ligeramente para eliminarte de los créditos de la producción. De allí que tengas a personas como Beyoncé recibiendo crédito de composición cuando en realidad no escriben, sino que recortan a los compositores.

BV: Eso viene de muy atrás, sin embargo. Mira a Elvis. Elvis no escribía ninguna de sus canciones pero era dueño de toda la publicación para que el coronel Parker pudiera decir: “Bueno, podemos decir que Elvis grabó tu canción y será un hit, o podrías decir que Elvis no la grabó y nadie la escuchará jamás”. Así que muchas personas regalaban su composición. Y muchas personas quieren la oportunidad de que Kanye, Taylor Swift o quien sea grabe su canción, pues les dará exposición, y si tienen suerte lograrán colarse en los créditos de la publicación. Es mejor tener una astilla de una canción de Taylor Swift que ninguna canción de Taylor Swift, ¿verdad?

MS: ¿Qué propósito sirven las grandes disqueras hoy día? Las bandas pueden grabar sus propios discos y lanzarlos en línea. Para un acto joven, ¿interfieren más de lo que ayudan?

BV: No sé si sea benéfico para la música, pero son los porteros del pop y la cultura popular. Siempre han existido estrellas pop, desde Elvis Presley y Frank Sinatra, y el público, hasta cierto punto, siempre las ha querido. Las grandes disqueras son excelentes para mercadear masivamente a alguien. Los pueden llevar a la televisión, portadas de revistas, etc. Si no hubiese necesidad de estrellas pop, serían ignoradas. Muchos artistas no necesitan una gran disquera porque ellas no pueden hacer nada que ellos no puedan hacer por su cuenta mediante Internet, marketing digital, redes sociales y plataformas de distribución en línea. Puedes hacer que tu música circule fácilmente, ¿pero cómo lograrás llamar la atención? Puedes escribir una gran canción, o puedes firmar con una gran disquera y que ella te promueva a morir. Y hay muchas canciones pop con gran distribución que son pura mierda, pero siempre será el caso.

MS: ¿Qué sigue para ti? Escuché que viene un nuevo disco de Garbage para el verano.

BV: Viene un nuevo disco de Garbage el 10 de junio. Como en un mes comenzamos ensayos y comenzamos a dar conciertos en mayo. Probablemente hagamos una gira por los Estados Unidos en el otoño. Es un álbum interesante. Es una desviación para nosotros, creo. Es más cinemático y atmosférico. Es muy obscuro. Lo mezclamos de tal manera que sea confesional, casi como una confrontación. En muchas canciones la voz de Shirley se escucha realmente intensa, en tu cara y muy seca. No hay muchos efectos. Hay momentos en el disco que se tornan inmensos, pero la mayoría son íntimos. Creo que nuestros fans lo encontrarán interesante. ¡Podría ser polarizador! La gente probablemente dirá: “Oh, no se escucha como su primer disco”. Pero eso nos sucede en cada álbum.

MS: Los Foo Fighters anunciaron hace poco que se tomarán un tiempo. Tú produjiste un par de sus discos recientes. ¿Esto significa que Dave se va como solista?

BV: Hace poco me topé con Dave y está escribiendo algunas canciones, pero no hay planes para más Foos. Sé que habló sobre otro Sonic Highways, pero nada se ha concretado. ¿Pero viste el clip en línea? Debes echarle un ojo. Es el nuevo disco de Dave como solista. Lanzó un pequeño video y es… Es gracioso. Pero es probable que yo esté de vuelta en el estudio en el otoño. Si estaré de vuelta con los Foo Fighters otra vez… No lo sé.

MS: ¿Hay proyectos que te arrepientas de haber dejado pasar? Digamos, ¿como si David Bowie te hubiese pedido producir su álbum pero estabas muy ocupado como para hacerlo?

BV: He rechazado muchas cosas. Rechacé trabajar con los Rolling Stones y así. Proyectos que sencillamente no sentí que debiera hacer. El único proyecto que me pesa no haber concretado fue que, cuando estábamos grabando Sound City, Dave Grohl estaba invitando a personas a improvisar en el estudio y habíamos programado una sesión para que Krist y Dave de Nirvana tocaran con Neil Young. Eso habría sido jodidamente asombroso. Y sé que si Neil Young hubiera tocado con ellos habría dicho: “¡Oh, hagamos una gira y hagamos algunos shows juntos!”. Sería como Crazy Horse en esteroides. Pero no sucedió. Neil Young iba a publicar un libro, así que estaba de gira, promocionándolo, y Dave tuvo que ir a entrevistarlo a algún lugar. Es una pena, hombre.

My sweetest friend: el adiós de Trent a David

Trent Reznor es un artista muy menospreciado. No me mal interpreten: me queda claro que es bastante famoso y que Nine Inch Nails tiene una sólida base de fans alrededor del mundo. Sin embargo, siento que él no es una figura sobre la que se vierta una adoración incondicional como la que reciben otras luminarias del rock. Lo cual no es del todo malo, pues significa que la admiración que despierta es mucho más cruda; mucho más auténtica.

En 1994 alguien fotografió un graffiti perdido en algún lugar de los Estados Unidos que rezaba Trent Reznor is god, y pienso que muchos de los que tuvimos una copia de The Downward Spiral en aquella década apoyábamos la declaración. Es un creador tremendo. Durante su carrera ha trabajado con algunas de las más legendarias figuras de la industria: Dave Grohl, Marilyn Manson, Peter Murphy, Elton John, Atticus Ross y Scott Weiland son sólo algunos de los nombres con los que se le asocia. El hombre ha musicalizado lo mismo videojuegos que largometrajes, e incluso ganó un Academy Award por lo último. Sin duda, una de sus colaboraciones más interesantes fue con David Bowie; juntos hicieron la gira Outside entre 1995 y 1996, y en 1997 grabaron I’m Afraid of Americans para Earthlings, el álbum de Bowie. También hay por allí algunas interesantísimas entrevistas que dieron los dos a diversas televisoras. Era evidente la sincronía que alcanzaban en el plano artístico, y Reznor jamás ocultó la gran admiración que sentía por el camaleón británico.

David Bowie y Trent Reznor - Imagen pública
David Bowie y Trent Reznor – Imagen pública

Por eso, cuando me enteré que David Bowie había muerto, el primer sitio que consulté en todo el Internet fue el de Nine Inch Nails. Luego, su página en Facebook y, por último, Twitter. Pensé que, si alguien tenía algo que decir al respecto, ése sería Trent Reznor. Pero su primera declaración no llegaría sino más de quince días después: el 26 de enero Rolling Stone publicó en su portal una anécdota que Reznor compartió por teléfono a Patrick Doyle sobre la época en que trabajó con Bowie y cómo, gracias a su influencia, salió de una racha de depresión, alcohol y drogas que lo mantuvo lejos de los escenarios hasta que publicó The Fragile en 1999. Este testimonio formará parte de un número especial de la revista que rendirá tributo a David Bowie en febrero, y desde que supe que estaba allí afuera, al alcance de cualquier surfista de la red, supe que tenía que traducirlo y traerlo a este espacio. Así que aquí lo tienen. This one’s on me, como diría Trent.

Trent Reznor recuerda cómo David Bowie le ayudó a alcanzar la sobriedad

Para mí, todo álbum de Bowie tiene su propia colección de recuerdos. Allá por el apogeo de los discos, acudía a casa de mi amigo para escuchar su colección de álbumes en su sótano. Scary Monsters fue el primero con el que me sentí identificado. Entonces fui un poco más atrás y descubrí la Trilogía de Berlín, que fue un gran impacto. A principios de los 90, cuando me encontraba en el escenario frente al público, entraba en un estado de completa obsesión con Bowie. Leí todas las migas que dejaba en el camino —las pistas en sus letras, que se revelaban con el tiempo, las fotografías crípticas, los artículos en revistas— y creé y proyecté lo que él significaba para mí. Su música en verdad me ayudó a identificarme y descubrir quién era en realidad. Él fue una tremenda inspiración en términos de lo que era posible, de lo que el rol de un artista podía ser, de que no hay reglas.

Entonces, a mediados de los 90, él se acercó a mí y me dijo: “Trabajemos y hagamos una gira juntos”. Es difícil expresar cuán surreal y valiosa fue la experiencia de la gira Outside: conocer al hombre en persona y descubrir, para deleite mío, que sobrepasaba cualquier expectativa que pudiera haber tenido. El hecho de que fuera este personaje grácil, carismático, feliz y temerario se convirtió en un nuevo foco de inspiración para mí.

En uno de nuestros primeros encuentros, durante los ensayos, hablábamos sobre cómo iría la gira. Me enfrenté a un extraño predicamento: en ese momento habíamos vendido más boletos juntos de los que él vendió por su cuenta en Norteamérica. Y no había manera sobre la Tierra en que David Bowie abriera los conciertos para mí. Incluso encima de eso, dijo: “Sabes, no voy a tocar lo que todo mundo espera que toque. Recién terminé un nuevo y extraño álbum. Y tocaremos algunos fragmentos selectos de cosas del estilo de la Trilogía de Berlín y del nuevo disco. No es lo que la gente querrá escuchar, pero es lo que yo necesito hacer. Y ustedes, muchachos, nos van a asombrar cada noche”. Recuerdo haber pensado: “Vaya, estoy atestiguando de primera mano la intrepidez de la que he leído”.

Encontramos una manera de dar sentido al show, una en la que todo se sentía como una experiencia única. Tocábamos por nuestra cuenta, y luego David se nos uniría e interpretaría “Subterraneans” con nosotros. Luego saldría su banda y tocaríamos todos juntos, y más tarde mi banda se retiraría. Uno de los más grandes momentos de mi vida fue estar en el escenario junto a David Bowie mientras él cantaba “Hurt” conmigo. Estaba fuera de mí mismo, pensando: “estoy compartiendo el escenario con la mayor influencia que haya tenido, y está interpretando una canción que escribí en mi habitación”. Fue un momento sencillamente asombroso.

La reacción a él fue templada a lo sumo. En un concierto de rock llevado a cabo durante el verano, en un anfiteatro a puerta abierta, la gente con treinta y dos onzas de cerveza encima seguro que hubiese preferido escuchar “Changes” antes que una instalación artística en el escenario. Él hacía lo que quería. Eso causaba una impresión. Y pienso en ello cada vez que voy a pedirles su atención o su dinero de alguna manera.

David Bowie y Trent Reznor - Imagen pública
David Bowie y Trent Reznor – Imagen pública

En esa gira, para ser honesto, yo era un desastre. Aquel fue el pico de la recién hallada nave hacia la fama de Nine Inch Nails. Distorsionó mi personalidad y fue abrumador: lidiar con todo mundo tratándote diferente, pasar de no poder pagar la cuenta del gas a presentarte en arenas llenas de personas que creen que te conocen. La línea entre el tipo en el escenario y el que solías ser comienza a hacerse borrosa. Mi manera de enfrentar la vida era entumecerme con alcohol y drogas, pues ello me hacía sentir mejor y más equipado para lidiar con todo. Mi carrera iba en ascenso, pero el andamio que me sostenía como persona empezaba a colapsar. No estaba del todo consciente de lo mal que las cosas se ponían, pero sabía, en mi corazón, que me hallaba en un camino insostenible, imprudente y autodestructivo.

Cuando conocí a David, él ya había pasado por eso. Y estaba contento. Estaba en paz consigo mismo, con una esposa increíble, claramente enamorado. Hubo ocasiones en las que los dos estuvimos a solas y me dijo algunas cosas que no eran regaños, sino pedazos de sabiduría que se adhirieron a mí: “Sabes, hay un mejor camino hasta aquí, y no tiene que terminar en la desesperanza o la muerte, en el fondo”.

Un año después, toqué fondo. Una vez que me desintoxiqué, sentía una tremenda vergüenza por mis acciones, por la oportunidades que perdí y por el daño que ocasioné en el pasado. Y pensé en aquel tiempo que pasamos juntos e imaginé cómo hubiera sido de haberme encontrado al cien porciento. El video de “I’m Afraid of Americans” encaja en esa categoría de mis peores momentos —fuera de mí y apenado de quién era entonces—. Así que, cuando lo veo, tengo sentimientos encontrados: gratitud por haberme involucrado, halagado por ser parte de ello, pero repugnado de mí mismo, de la persona que era, y deseando haber estado entero. Y eso me fastidiaba.

Unos años después, Bowie vino a Los Ángeles. Yo llevaba sobrio un buen rato. Quería agradecerle la manera en que me había ayudado. Y a regañadientes fui tras los bastidores, sintiéndome extraño y avergonzado, como: “Eh, soy aquel tipo que vomitó en el tapete”. Y, una vez más, fui recibido con calidez, gracia y amor. Y comencé: “Eh, escucha, he estado limpio por…” Creo que ni siquiera terminé el enunciado; recibí un gran abrazo. “Lo sabía. Sabía que lo harías. Sabía que saldrías de ello”. Siento calosfríos nada más pensar en eso ahora. Fue otro momento muy importante en mi vida.

No creí que hubiésemos llegado al final. Se siente como la pérdida de un mentor, una figura paterna, alguien que cuidaba de ti, que te recordaba que, en un mundo donde la barra parece estar cada vez más abajo, donde la estupidez ha echado raíces, hay espacio para la excelencia y la visión intransigente.

Lightning para Louis Vuitton

Traducción por E. J. Valdés

El mundo de la moda es espacio de toda clase de excentricidades, y una de las más recientes corresponde a la firma francesa Louis Vuitton que, a finales de 2015, presentó a Lightning, la heroína de los videojuegos Final Fantasy XIII y Lightning Returns, como el rostro de la más reciente colección de bolsos diseñados por Nicolas Ghesquière. De esta manera, el aclamado personaje de Square-Enix se ha convertido en el primero que incursiona en este terreno para sorpresa de críticos y consumidores. Las reacciones de la comunidad gamer, sobre todo de quienes siguen con entusiasmo una de las más exitosas franquicias de RPG’s, no se hizo esperar y ha sido bastante dividida: algunos han aplaudido la arriesgada e inusual campaña publicitaria y otros (quizá la mayoría) rechazan la banalización de uno de los personajes más queridos de la serie.

En lo personal, me parece una jugada un tanto absurda de parte de las dos empresas; ¿quiere Square-Enix acercar sus videojuegos a los opulentos clientes de LV o quieren éstos llevar sus carísimos productos a los jugadores? Si me lo preguntan, es como echar una bola de helado encima de un pollo rostizado; una cosa no va con la otra. Al mismo tiempo, creo que es una interesante manifestación del poder y alcance que ostenta actualmente la industria del videojuego, la cual se ha posicionado como la más lucrativa en la esfera del entretenimiento, incluso por encima de la música y el cine. Hace veinte años una marca de lujo como Louis Vuitton jamás hubiera tomado una decisión así; ¿significará esto que en adelante veremos a Mario ofreciéndonos el nuevo Toyota, a Link diciéndonos cuál es el mejor pan del supermercado, o a Sonic recomendando que nos inscribamos a un gimnasio? Francamente, espero que no, y deseo también que no ocurran cosas como la que informaré a continuación.

Aprovechando el ardid mediático en torno a esta “modelo virtual”, el Daily Telegraph publicó en su portal una entrevista realizada a Lightning por su editora de modas, Olivia Lidbury, en la cual la heroína de FFXIII habla de lo bien que se siente utilizando ropa y accesorios de cientos y hasta miles de euros. Bien amerita un facepalm, ¿no? Aquí la tienen traducida en su totalidad:

¿Es esta tu primera campaña? ¿Cómo te sientes siendo parte de la familia de la moda junto con Jennifer Connely, Michelle Williams y Alicia Vikander?

Ellas están en un mundo completamente distinto. Me siento parte de la familia, pero tengo mucho qué aprender para alcanzar a estas mujeres radiantes que están a años luz de donde me encuentro. Espero que algún día podamos compartir el mismo escenario, que diferentes mundos puedan unirse. Pero, ¿quién sabe? Quizá eso es ambicioso incluso para mí. Por fortuna, no me doy por vencida. Una de mis fortalezas es la experiencia. No soy ajena a superar retos y terminar lo que me he propuesto. Puedo encarar cualquier tipo de prueba siempre y cuando recuerde las siguientes palabras: “no es cuestión de poder o no poder. Algunas cosas en la vida sencillamente las haces”.

¿Qué piensas de la visión de Nicolas Ghesquière y sus colecciones? ¿Te identificas en sus creaciones?

Aunque su estilo era nuevo para mí, en el momento que puse los ojos en su colección sentí que como si me golpeara un relámpago. Supe que con aquello la gente podía cambiar. Que yo podía cambiar. Resultó que tenía razón. Su colección me llena de una sensación de orgullo y serenidad. Todo este tiempo creí que el único estilo que iba conmigo era el que reflejaba quién soy: dura y fuerte. Pero me equivoqué: él cambió la manera en que me veo a mí misma. Quizá finalmente estoy aprendiendo quién soy en realidad.

¿Qué se siente convertirse en una embajadora de Louis Vuitton?

Mi ropa no era más que una armadura que me mantenía con vida; “arreglarse” era un concepto que no conocía. Quizá eso me hacía una improbable opción de embajadora. Pero esta experiencia me ha abierto los ojos. La moda no es algo que te brinden o te enseñen; viene de tu propio gusto y tus propias elecciones. Proyecta la esencia de quién eres a las personas que te rodean. Me emociona; es una sensación similar a cuando me aventuro en tierras desconocidas. Es un estremecimiento que yo, que he enfrentado mi parte de peligro, jamás había experimentado. Louis Vuitton es una nueva aventura —una nueva fantasía— que disfrutaré desde el fondo de mi corazón.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora estoy descansando tras una larga aventura. Mis días son pacíficos; lo que siempre he soñado. Espero que sean así un largo tiempo. Pero siempre busco dar más de mí, superarme. A veces siento el impulso de jugarme la vida de nuevo y probar mis límites. Un día no muy lejano estaré allá afuera de nuevo, en un mundo de contienda. Pero no seré la misma persona que era antes. Volveré a mis orígenes, como una banda de Möbius, pero seré una nueva yo, una que haya evolucionado. Ansío el día en que nos volvamos a encontrar.

***

Cabe señalar que ésta no es la primera vez que Square intenta llevar a uno de sus personajes más allá de los videojuegos, pues en 2001 quisieron hacer de Aki Ross, la protagonista del largometraje Final Fantasy: The Spirits Within, la primera “actriz virtual”, es decir, que interpretara diversos papeles en cintas animadas. Aquel mismo año, Aki posó para una edición de Maxim, y en 2002 obtuvo el que sería su primer rol fuera del universo de Final Fantasy en el corto Final Flight of the Osiris, producido para la colección The Animatrix. Puesto que Square suprimió su división de películas tras el pobre desempeño en taquilla de The Spirits Within, los productores terminaron por utilizar a un personaje más o menos parecido llamado Jun y la doctora Aki Ross quedó solamente en el recuerdo.

¿Le deparará el destino algo parecido a Lightning?

Del reverendo para Bowie

traducción por E. J. Valdes

De entre las muchas manifestaciones de pesar que saturaron el Internet luego que se hiciera pública la muerte de Davidó Bowie a los 69 años, una de las que más me ha gustado es la que escribió Marilyn Manson para la revista Rolling Stone. A continuación me tomo el atrevimiento de traducirla a nuestro querido y confiable castellano para los lectores de Cinco Centros y todos los cibernautas allá afuera.

David Bowie - Imagen pública
David Bowie – Imagen pública

Mi primer acercamiento a David Bowie fue cuando vi “Ashes to Ashes” en MTV. Quedé confundido y cautivado.

Pero no fue hasta mi primer estancia real en Los Ángeles, alrededor de 1997, que alguien me dijo que me tomara un momento para escuchar otra cosa que no fuera Ziggy Stardust, Aladdin Sane y Hunky Dory. Así que me lancé en un vertiginoso paseo en auto a través de Hollywood Hills y escuché Diamond Dogs.

Toda mi nostalgia de inmediato se convirtió en temor. Estaba escuchándolo cantar sobre la ficción como una máscara para mostrar su alma desnuda. Esto cambió mi vida para siempre.

Para mí, cada una de sus canciones era una manera de comunicarme con los demás. Era un sedante. Una incitación. Una carta de amor que yo jamás podría haber escrito.

Se ha convertido y permanece como la banda sonora de una película que él pintó con su voz y su guitarra.

Cantaba: “Hope, it’s a cheap thing”.

No necesito esperanza para saber que ha hallado su camino al lugar que iguala su belleza intocable, genial y camaleónica. La estrella negra en el espacio a la que sólo él pertenece.

Este aplastante momento de miedo y pérdida solamente puede ser tratado de la manera en que su música ha afectado a todo aquel que tuvo la fortuna suficiente de escucharla y amarla.

Jamás dejemos ir lo que nos dio.

Marilyn Manson

Manson y Bowie jamás colaboraron musicalmente, pero el primero dejó sentir la influencia del segundo en la imagen personal que ostentó durante la era de Mechanical Animals, reminiscente de Ziggy Stardust, además de grabar para ese mismo álbum un cover de la canción “Golden Years” que ultimadamente fue descartado.

Michael le dijo a Donald

Traducción de E. J. Valdés

El pasado 16 de diciembre, como un acto de protesta contra la cada vez más probable candidatura de Donald Trump hacia la presidencia de los Estados Unidos, el cineasta y activista Michael Moore fue a plantarse fuera de Trump Tower, en Nueva York, con una pancarta que rezaba “we are all muslim”. Según explicó, con este acto buscaba expresar su rechazo hacia el discurso racista y de odio que el magnate ha cultivado en aras de incrementar su popularidad, particularmente contra los musulmanes y los latinoamericanos. Moore estuvo parado allí, con su anuncio, hasta que se presentó la policía y le pidió retirarse. Más tarde hizo pública a través de Facebook una carta dirigida a Trump, la cual me tomo el atrevimiento de traducir al castellano para todos los lectores del ciberespacio.

Michael Moore - Imagen pública
Michael Moore – Imagen pública

Querido Donald Trump:

Quizá recuerdes (seguro que sí, después de todo, posees una “memoria perfecta”) que nos conocimos en noviembre de 1998 en el cuarto verde de un programa de entrevistas en el que los dos íbamos a aparecer una tarde. Pero justo antes de salir fui retenido por una productora del programa quien dijo que tú estabas “nervioso” de estar en el set conmigo. Dijo que no deseabas ser “hecho trizas” y que querías estar seguro de que “no iría a por ti”.

“¿Acaso piensa que lo voy a taclear y estrangular?”, pregunté, desconcertado.

“No”, respondió la productora, “solamente parece estar ansioso a causa tuya”.

“Eh, nunca he conocido al tipo. No hay motivo para que esté asustado”, dije. “Realmente no sé mucho acerca de él más allá de que parece gustarle poner su nombre en cosas. Hablaré con él si así lo desean”.

Y, como recordarás, lo hice. Subí y me presenté contigo. “La productora dice que te preocupa que pueda decirte o hacerte algo durante el programa. Eh, no te ofendas, pero apenas sé quién eres. Soy de Michigan. Por favor no te preocupes; ¡nos llevaremos bien!”.
Parecías aliviado. Luego te acercaste y me dijiste: “es sólo que no quiero problemas allá afuera y quería asegurarme que, tú sabes, nos lleváramos bien. Que no fueras a meterte conmigo por algo ridículo”.

“¿Meterme contigo?”, pensé. “¿Dónde estamos, en el tercer grado?”. Me llamó la atención que tú, un autoproclamado tipo duro de Queens, parecieras un gato asustado.

Salimos a hacer el show. Nada adverso sucedió entre nosotros. No te jalé el cabello ni pegué goma de mascar en tu asiento. “Vaya cobarde”, es todo lo que recuerdo haber pensado cuando dejé el set.

Y ahora henos aquí, en 2015, y tú, como tantos blancos molestos, estás asustado de un espanto decidido a atraparte. Ese espanto, en tu mente, son los musulmanes. No solamente lo que han matado, sino todos los musulmanes.

Por fortuna, Donald, tú y tus simpatizantes no reflejan a los Estados Unidos como son hoy día. No somos un país de blancos molestos. He aquí una estadística que hará que el cabello te dé vueltas: 81 % del electorado que votará por el próximo presidente consta de mujeres, personas de color y jóvenes de entre 18 y 35 años de edad. En otras palabras: ni de ti ni de las personas que quieren que dirijas su país.

Así que, presa de la locura y la desesperación, pides que se prohíba a todo musulmán la entrada a este país. Fui criado para creer que todos somos el hermano o hermana de los demás sin importar su raza, credo o color. Eso significa que si quieres prohibir a los musulmanes primero tendrás que prohibirme a mí. Y a todos los demás.

Todos somos musulmanes.

Lo mismo que todos somos mexicanos, somos católicos, judíos, blancos, negros y todos los colores en el medio. Somos hijos de Dios (o de la naturaleza o de lo que sea que creas), parte de la familia humana, y nada que puedas decir o hacer cambiará ese hecho. Si no te gusta vivir bajo estas reglas te convendría retirarte a tomar un descanso a cualquiera de tus torres, tomar asiento y pensar en lo que has dicho.

Y déjanos tranquilos a los demás para que podamos elegir a un verdadero presidente que sea tan fuerte como compasivo —al menos lo suficiente como para no intimidarse por un tipo de Michigan sentado junto a él en un programa de entrevistas. No eres tan duro, Donny, y me da gusto haber visto al verdadero tú, de cerca y en persona, hace tantos años.

Todos somos musulmanes. Acéptalo.

Los mejores deseos,
Michael Moore

Lee el texto original aquí

Lukather vs. la música

Steve Lukather - Imagen pública
Steve Lukather – Imagen pública

traducción por E. J. Valdés

En esta época en que pareciera que el futuro de la música es el Internet tanto en creación, comercialización y monetización, y en el que Taylor Swift pareciera pelear por el artista como lo hacía Tron por el usuario, Steve Lukather, fundador de Toto y actual guitarrista de Ringo Starr & his All Starr Band, opina distinto. A través de su página de Facebook publicó el siguiente comentario, que me he tomado la libertad de traducir para los lectores de Cinco Centros. A ver qué opinan ustedes.

Solamente quiero saber una cosa: toda esta pontificación de que Spotify y similares son la “respuesta” y cómo es que “se le paga a los artistas”, etc.

¿Cuánto? ¿En serio? ¿Quién lleva los tabuladores y números?

Tal vez sencillamente no tengo idea. Yo no recibo dinero alguno y tengo muchas cosas allá afuera, producto de más de treinta y cinco años grabando discos.

¿Alguna vez han hecho cuentas de cuánto recibe un artista por canción vendida en iTunes? Vergonzoso.

Ahora si acaso estás con una disquera es incluso peor, pues ellos se llevan una buena tajada; el residuo luego de que todo ha sido dicho y hecho son centavos.

Demasiadas personas pueden hacer discos. Punto.

Ya no surgen artistas de catálogo en estos tiempos. Abundan los one-hit wonders. Triste, realmente.

Discos - Imagen pública
Discos – Imagen pública

Ahora las disqueras no asignan presupuestos como los de antes, cuando se producían grandes títulos que costaban dinero. Quieren generar ganancias de la nada y ser dueñas tuyas de por vida y de todo aquello que un artista produzca. Puedes vender un millón de dólares y aún así deberles.

Mi hijo de 25 años tiene amigos que han ganado discos de platino y viven en un apartamento-estudio de una sola habitación. Quebrados.

Por supuesto, antes a las disqueras les importaba la música e invertían en artistas con carreras a largo plazo que generaban dinero a largo plazo.

Claro, ellos se quedaban la mayor parte, pero en ese entonces invertían en ellos, creían en ellos y los promovían, de modo que había una justificación.

Ahora todo se basa en descargas y cuánto impacto tienes en Facebook o YouTube, plataformas que o bien no generan dinero o generan una mierda a corto plazo sin que puedas contabilizarlo y que, de hecho, apestan.

¿Qué demonios? La gente quiere ser famosa, no talentosa.

Es muy sencillo jugar a la estrella pop de mentiras hoy en día. Con tanto artificio, auto-tune, corrección de tiempo, cortar y copiar, etc. Joder, la mayoría de los jóvenes no tienen idea de cómo interpretar una canción de principio a fin en un estudio, afinados, en tiempo y con sentimiento. Qué raro.

Estoy en los estudios todo el tiempo y escucho lo que dicen productores e ingenieros, y aún así a nadie le importa que tal o cual, quien vendió una montaña de discos, no sepa cantar o tocar un instrumento.

Fabrican “McDiscos” para gente que ni siquiera escucha. Es música de fondo para que la gente busque pareja o mueva la cabeza mientras textea, llama por Skype o hace otras cosas. Ruido ambiental para el multi-tareas.

Se han ido los días de amar, diseccionar y discutir los contenidos de un disco; sentarse en silencio mientras suena, mirando las notas de la producción y las pocas fotos que compartían desde el estudio; imaginando cuán mágico debe ser el lugar donde se produce la música.

Se han ido.

Ahora necesitas el ocular de un joyero para leer los créditos en un álbum, si es que a alguien le importa. A la mayoría ya no.

Así que si vas a culpar a los “viejos y anticuados” artistas, quienes son los únicos auténticos que quedan, y quienes pueden producir un gran álbum que probablemente pasará desapercibido porque a los medios les interesa más quién se está pegando carne en el cuerpo y otras mierdas y ridiculeces para llamar la atención, en lugar de prestar atención a la música producida, estamos en un lugar totalmente distinto.

Cuando éramos niños (sí, cumpliré 108 este año) había solamente un puñado de artistas que eran grandes porque tenían que serlo.

Puedes elegir no seguir a algunos, pero la mayoría se ganaban y merecían su éxito, y ninguno sonaba igual al otro. Ninguno.

Vivimos en un “McMundo” que se mueve demasiado rápido. Ahora incluso las drogas son un asco. Quiero decir, cuando era joven y las consumía nunca terminaba desnudo, salivando espuma, o intentaba comerme la cara de alguien más.

Hora de poner Dark Side of the Moon y relajarse.

Tengan un buen día y ojalá la buena música regrese a llenar nuestros oídos (hay cosas muy buenas, pero saben a lo que me refiero).

Música real interpretada por músicos reales. Están allá afuera, sólo que ya no reciben mucha atención de la prensa, o no la reciben como tal.

Luke