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Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

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Animaciones, sueños, narraciones: entrevista a Ricardo Bernal

La semana pasada, por invitación de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado, el Mtro. Ricardo Bernal impartió el curso Animaciones del mundo; tuvimos la oportunidad de conversar con él y esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo es que pasaste  de  escribir a interesarte por la animación?

Ricardo Bernal: En realidad no es que haya pasado, no es que haya dicho ahora voy a pasar, es lo que se dio solito. Yo siempre he visto caricaturas, desde chavo -soy generación Tío Gamboín, ya sabes-, y hace como seis o siete años me dieron una invitación a un sitio que se llama Patio de butacas, es una escuelita de cine donde puedes bajar cosas, de ahí empecé a bajar animaciones y a verlas, recordé unas cosas que yo había visto de Japón y a juntarlas, armar discos y rolárselas a mis amigos; empecé a llenar mis horas de ver animaciones y me clavé. En Guadalajara, antes, cada año me invitaban a dar un curso de literatura: de terror, literatura fantástica mexicana, etc., entonces me hablaron y me pidieron dar un curso y dije: “¿por qué no te organizo una presentación de animaciones?” Por primera vez di Animaciones del mundo; fueron nueve semanas, un día a la semana, tres horas, y les encantó. Además, siendo profesor del Claustro Sor Juana, ahí empecé a dar cursos de las animaciones aparte de mis clases, e incluso mis clases de literatura las he estado aderezando con animaciones. Ahorita doy una materia en la escuela de escritores que se llama Introducción a los géneros narrativos y en los temas de pronto les digo que nos toca caricatura y los alumnos están felices, ¿por qué se conectan? Porque para que haya una buena animación tiene que haber una buena narrativa. En el caso de las animaciones no es como en el cine que filmas y puedes tener mucho material para editar, en la animación hacer un minuto es mucho, entonces la historia tiene que estar perfecta, tiene que estar bien cuidada.

JLD: ¿Cómo ha influido esta idea de la narrativa de la animación en tu misma obra?

RB: Tiene un rato que no escribo, pero tengo una bitácora en la que, cuando me acuerdo y cuando me da tiempo, escribo mis sueños. De pronto me dicen “¿A poco sueñas eso?” ¡Yo siempre he soñado así!, yo veo la vida como caricaturas, con todo respeto. Creo que el género narrativo más antiguo de todos son los sueños, es anterior a todo, entonces sí creo que haya una influencia porque a veces sueño caricaturas, sueño pantallas, sueño personajes. Ahorita estoy en eso, en la escritura de sueños. Pero si me pongo a ver mis propios cuentos y mi poesía, siempre hay mucha imagen, siempre hay cosas que creo que ya estaban desde antes.

Animaciones del mundo, póster
Animaciones del mundo, póster

JLD: En este sentido, ya hablando del curso de Animaciones del mundo, ¿cómo fue que recopilaste todo esto y cómo hiciste la selección para hacer este extracto que traes aquí?

RB: Lo primero fue escoger los países; ayer, por ejemplo, vimos Estados Unidos, Canadá y nada más, para Europa pues escogí las que más me gustan, hoy vamos a ver Suiza, de pronto cuando doy el curso le dedico a Francia una clase de cuatro horas, ahorita no nos va a dar tiempo de ver Francia más que unos veinte minutos, entonces lo más difícil para mí no es qué pongo sino qué quito; pienso “¡Chín! No van a ver esto”. Creo que lo que traigo son joyas, esto hace que el curso sea muchísimo más preciso y no tan extenso. Obviamente tuve que dejar fuera países; Argentina, España, ¡Japón!, que es todo un universo. Di un curso el año pasado que se llama Animaciones selectas de Japón, tenía entre mis alumnos, ya sabes, puro otaku; se quedaron así de “¿apoco esto se hace en Japón?” “¡Claro!” Esta vez voy a terminar con algo que a mí me encanta: una selección de comerciales animados; muchos dicen que la publicidad no es un arte pero concentrar en 10, 30 o 60 segundos toda una historia y toda una trama con atractivo visual para que la gente compre un producto es interesantísimo.

JLD: ¿Has considerado dentro de todo tu curso la idea de la animación comercial que vemos regularmente en cine?

RB: Sí, ayer vimos a Tex Avery, que eran animaciones que salían en el cine en los años cuarenta, y cerramos ayer con una de Pixar, pero lo voy mezclando porque a mí lo que me interesa es ver la animación independiente. Por ejemplo, John Humble y su mujer que empezaron a hacer animación experimental desde los cincuenta y de pronto eso hizo que esta influencia llegara a Disney; otro por ejemplo es UPA, que es un estudio norteamericano que empezó a buscar más cuestiones artísticas, de pronto influye a Disney, y tú ves La noche de las narices frías, como se llamó acá 101 Dálmatas, tiene una estética que Disney no había hecho en ese momento, si ves El libro de la selva, es una película bien hippie, que se estaban haciendo todas estas cosas en la animación independiente. Entonces sí hay un intercambio, Disney no era muy innovador pero era bueno para mejorar lo que ya estaba lo mejoraba y eso es bien interesante, porque ya que sabes de otra animación, incluso la animación comercial la puedes ver diferente.

Ricardo Bernal y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Ricardo Bernal y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Tú crees que la animación como texto narrativo de alguna manera tiene un valor literario?

RB: ¡Por supuesto!, igual que en el cine, de un buen guión puedes hacer una buena o una mala película pero de un mal guión no puedes hacer una buena película nunca, igual pasa con las animaciones. A mí no me gusta hablar de literatura, a mí me gusta hablar de narrativa, creo que la narrativa abarca más lo que yo busco en mis clases y todo porque la literatura como que encasilla mucho, todo es narración, los sueños son narrativos también.

Generosity, regresar a la naturaleza: entrevista a Dulce Pinzón

En la terraza del Museo Amparo se encuentra la intervención Generosity, de Dulce Pinzón, y pudimos conversar con ella al respecto. Aquí pueden leer todo lo que nos dijo.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

José Luis Dávila: ¿Por qué el nombre de Generosity?

Dulce Pinzón: El nombre viene de una lectura que hice hace algunos meses que habla sobre una tribu en Sudáfrica en donde tienen una dinámica acerca de su concepto sobre el crimen y la justicia: ellos hablan de una persona que comete una falta en la sociedad, se le confina en soledad por una semana y todos los integrantes de la tribu pasan uno por uno y le dicen las cosas positivas que recuerdan sobre esta persona, por ejemplo “¡qué bonitos ojos tienes!”, “ recuerdo que bailas muy bien”, “tú alguna vez me ayudaste a cargar la bolsa”, cosas así; entonces, es como regenerar la parte de la dignidad de la persona y reincorporarlo a la sociedad. Me recuerda un poco como a la parte que tiene la naturaleza con nosotros, pero no la que nosotros tenemos con ella, en donde ella se empecina en darnos, digamos, sentido de regeneración, sentido de bondad y nosotros tenemos esta relación quebrantada, enferma y, sobre todo, violenta con la naturaleza. Entonces de ahí surge la palabra generosidad y estos actos que hago a manera de instalaciones artísticas, de instalaciones públicas que hablan justamente sobre eso: reinstaurar esta gratitud que me gustaría que todos como seres humanos ejerciéramos hacia la naturaleza por todos los millones de años que nos ha permitido no sólo estar en ella, sino continuar en ella. El proyecto nace en varias fases, esta primera fase es hacer estas frases, que primero fueron ideadas a manera clandestina pero ahora las estamos haciendo alojadas en instituciones como museos, galerías, espacios públicos que tengan una audiencia ya asidua, crear estas frases con un tono un poco irreverente sobre el uso desmedido de ciertos materiales como el pet, el unicel, los popotes, el plástico en general. Esta pieza que hicimos en conjunto, porque el proyecto se trata de que las piezas se hagan en comunidad para crear esta reflexión de manera colectiva, es con unos vasos que están hechos de almidón de papa y botánicas que se degradan entre 90 y 240 días, es la materia prima con la que nosotros escribimos la frase, insertándolos en una malla ciclónica y creamos estas frases que justamente aluden al desuso del unicel.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Mencionas varias cosas interesantes, pero me llama la atención esta parte en la que lo artístico se vuelve clandestino dentro de la misma idea del proyecto, ¿qué tan irreverente llega a ser cuando es clandestino a cuando es alojado por una institución?

DP: La idea inicial es que fuera clandestino, justamente por el lenguaje, porque yo quería hacerlos en espacios públicos en donde estuviera la pieza expuesta al público en general y, de hecho, que el público mismo interviniera la pieza con diferentes mecanismos pero al darnos cuenta que no funcionaba, pensamos en espacios empáticos que están abiertos a expresiones artísticas como estos. Digamos que lo fuerte de la pieza es el tono en que las piezas están escritas: “wey”, “puto”, como en lenguaje coloquial, porque al final es una llamada de atención fuerte. En otros lugares en donde se va a hacer, como en Estados Unidos habrá un “fuck”o un“what the hell”, que a la gente le llame la atención, en principio, el lenguaje y después se cuestione más allá. Además, queremos que la gente vea la biodegradacion de las piezas y lleguemos a esta metáfora que habla sobre cómo los seres humanos no ejercemos esta sabiduría de la naturaleza.

JLD: Se pretende que Generosity tenga una incidencia social, ¿cómo consideras lo artístico para generar esta incidencia?

DP: Yo creo que el arte es uno de los mecanismos más efectivos que puede haber para crear conciencia de todo tipo: conciencia social, conciencia ecológica, conciencia en todos los ámbitos que todos nosotros quisiéramos como artistas incidir. Creo que al ser tan benevolente, digamos que también como tan metafórico y a la vez como tan sutil, hace que el arte nos cree formas de reflexión que quizás en otras formas no lo hay, además, esa forma de emparejar con otras disciplinas y emparejar con otros ámbitos, por ejemplo, esta pieza que va de lo artístico a lo político, pues que logre también filtrarse en otras esferas.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Esta idea del fin político de Generosity, ¿cómo lo piensas desarrollar, cuáles son los pasos a seguir después de tener todas las intervenciones, o cuántas planeas?

DP: Yo no creo que tiene que haber un número específico, nosotros estamos abiertos a las invitaciones de instituciones y de cualquiera, ahorita por ejemplo nos están abriendo las puertas escuelas y colaboraciones múltiples, lo cual me parece de verdad, haciendo una redundancia sobre la frase, que es esta generosidad misma de la pieza que hace que otros espacios empaticen con el mismo mecanismo de la dinámica. Las fases son varias, esta es la primera fase porque me parece que es la más fácil y la más viable de instaurar pero después vendrán otras que tienen que ver con vídeo, con recoger basura a forma de metáfora, vídeos más artísticos en donde intervendré yo con mis hijos y otras hacer cabildeo político. De las fases finales en donde, como comunidad que hemos reflexionado sobre algo especifico, llevemos estas propuestas a la cámara de diputados, de senadores, digamos que un poco como empoderándonos como comunidad, revirtiendo un poco todo lo que hemos cedido a las corporaciones en cuanto al poder que ellos tienen sobre nosotros y cómo de alguna forma nosotros también somos cómplices de lo que sucede en el mecanismo de la economía y llevar planes de acción concretos a esferas mayores para poder, de una forma más contundente, frenar lo que está pasando con el planeta.

 

El secreto de Gorco: entrevista a Abdiel Degollado

Cada fin de semana se presenta El secreto de Gorco, una puesta en escena de Pasajeros de Caronte en el Foro Escénico El Nicho, una obra de teatro que presenta el conflicto del amor joven. Tuvimos oportunidad de platicar con Abdiel Degollado, director del proyecto.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

José Luis Dávila: ¿Por qué representar esta obra de Alberto Chimal?

Abdiel Degollado: Yo ya había hecho esta obra antes. Me gusta. La obra ganó un premio de teatro juvenil hace como 10 años. A mí, en particular, me gusta este teatro ligero, que de repente puede venir todo mundo. No todos buscan dramas, algunas personas le huyen. Está pensado en toda la familia, aunque siempre que hemos intentado obras así, como para niños, quienes menos vienen son niños, siempre vienen personas entre 18 y 30 años. Pero la idea es una obra corta, probada, ligera, en esta idea de divertirte; obviamente, tiene su mensaje, moraleja, la idea es poner algo para todos.

JLD: ¿Qué tan complicado fue montarla?

AD: Fue bastante fácil, creo que es la obra que hemos montado más rápido, en aproximadamente diez ensayos. El equipo es muy comprometido, que ya hay algún suplente y esperamos tener todos suplentes. A la primera, me gustó cómo quedó. Creo que cuando una obra está bien escrita es mucho más sencilla ponerla en escena, y esta obra está muy bien escrita. De repente, por cuestiones logísticas, por el espacio, cortamos, porque originalmente Chimal propone como 8 o 10 personajes, entonces, cortamos algunas cosas o las resolvemos de otra manera. Pero, teniendo el texto, que probablemente fue lo más difícil, lo demás se fue dando de manera intuitiva. Algo que podemos presumir, es que como grupo estamos acoplados, nos conocemos bien, y eso facilita las cosas: ya sabemos cómo somos, sabemos cual podría ser el fuerte de cada quién, y entre todos nos apoyamos para que salga.

JLD: ¿Chimal ha venido a ver la obra?

AD: No la ha venido a ver todavía, espero que venga pronto. Nos dio, rápidamente y sin ningún problema el permiso, la única condición que nos puso fue que le mandáramos fotos, ya le cumplimos, le mandamos algunas fotos. Él está invitadísimo. Además, la idea es estar aquí en El Nicho todo julio, en Cuarto Acto en Cholula, y de ahí irnos a Catemaco; queremos moverla en diferentes espacios, tanto en la ciudad de Puebla, en el estado y viajar por la República.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

JLD: ¿Cómo ha sido programar sido la itinerancia de la obra?

AD: Estamos empezando, esta es nuestra función número seis. Seguramente será complicado, pero es parte de la gestión, hay que buscar apoyos, espacios. Es la segunda obra que llevamos a Cuarto Acto, pero nos ha ido bien. Es no quitar el dedo del renglón. Hacer teatro es difícil en muchos sentidos, pero perseverar tiene sus recompensas, eso está probado.

JLD: ¿Qué tan larga te gustaría que sea la temporada?

AD: Originalmente la pensamos corta, dos meses. Hay quien hace temporadas mucho más cortas. Y digo corta porque estamos acostumbrados a hacer temporadas de 30, mínimo, 50 si se puede. Y a veces muchas más. Esta la pensamos corta porque cambia la dinámica de grupo cuando ya tenemos un espacio donde tenemos que proponer, porque el público busca más cosas. Cuando no eres parte del espacio, sino que pones la obra y hay otras personas, no estás tan comprometido; aquí nos sentimos con ese compromiso de tener diferentes propuestas para los diferentes públicos, en ese sentido, pensamos una temporada corta, al menos en este espacio, al menos por ahora. Seguramente lo dejaremos descansar un tiempo y regresaremos. La idea es más bien presentarla en otros espacios de Puebla.

Alicia en escena: Entrevista a Marco Polo Rodríguez

El sábado pasado se estrenó Alicia en el País de las Maravillas, en el foro Interiores de Espacio 1900, una puesta en escena que devuelve al clásico de Carroll interpretado por talleristas que están en la línea teatral bajo el cargo del reconocido actor y director Marco Polo Rodríguez, a quien pudimos entrevistar.

José Luis Dávila: ¿Por qué regresar a Alicia en el país de las maravillas, en específico para un grupo de taller de teatro?

Marco Polo Rodríguez: Me parece que es un texto provocador, y además de que es un clásico, porque a todo mundo nos gusta y es uno de los textos consentidos, resulta un reto para cualquier actor o actriz que intente acercarse al escenario, o a una puesta en escena semiprofesional. Ciertamente hay un trabajo constante, en el escenario hay que estar entrenando todos los días. Las tablas también se logran representando, y creo que en ese sentido es afortunado el montaje. Por otro lado, independientemente de los detalles que todavía trabajaremos, también es estimulante para los actores ir hacia un texto que resulta un desafío, porque, bueno, cero escenografía, nos vamos con vestuario, música, y así; creo que cada uno de ellos está haciendo su mejor esfuerzo.

Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Qué dificultades encontraste para la preparación de la obra?

MPR: En realidad, la mayoría no tiene mucha experiencia o ha sido nula. De la mayoría de los actores y actrices que vimos, hoy es su primera experiencia teatral, y creo que eso es muy importante porque te marca para toda la vida. Aquí el desafío es trabajar con disciplina, con compromiso, como siempre nos lo han enseñado nuestros grandes maestros, con disposición, porque sabemos que teniendo este elemento podemos hacer todo. Están en una búsqueda constante de trabajar, no solamente para el escenario sino para la vida, que es algo que siempre les he tratado de inculcar y mantener a flote.

JLD: Precisamente, en esa cuestión, ¿qué valor tiene para ellos, para su formación, ser parte de este taller?

MPR: Principalmente, romper con nuestros paradigmas, las estructuras que traemos, los vicios que como personas venimos arrastrando desde la familia, desde que nacemos. Y entonces encontrar otra posibilidad de expresión, una manera distinta de pensar, de ver el mundo, y también de cambiar tu propia vida, porque el teatro te transforma, te trastoca desde el interior, y creo que ese trabajo, al final, se ve en la puesta en escena. El desafío es constante, es cotidiano. No se termina nunca. Incluso los actores que tenemos varios años trabajando seguimos sin quitar el dedo del renglón y pensando que la creación es el acto más importante del artista.

JLD: ¿Cuál es el futuro que te gustaría para este taller?

MPR: Llegar un montaje profesional en un tiempo en que resulta crucial, sobre todo en Puebla, mostrar diversidad de propuestas. El reto es llegar con un texto más arriesgado y que implique verdaderamente un trabajo actoral.

La posibilidad de detenerse: entrevista a Juan Fernando Herrán

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán, se encuentra en el Museo Amparo y durante la inauguración tuvimos la oportunidad de platicar con el artista sobre sus obras y el sentido social y reflexivo que contienen.

José Luis Dávila: Después de ver la exposición surgen muchas preguntas, de entre ellas la que resalta es si para ti, como artista, el arte es, hacia la violencia, un vehículo de denuncia o un punto de reflexión.

Juan Fernando Herrán: Punto de reflexión. Es importante, mi obra no trata sobre la violencia. Si uno se da cuenta hay cosas que pueden estar vinculadas con hechos de violencia pero no trata de esos hechos. La obra de las cruces, por ejemplo, a lo que se refiere realmente es la manera cómo un conglomerado social se apropia de una vivencia, reflexiona a partir de ella y asume una actitud de construcción hacia sí. Ese es el tema, no es realmente los treinta mil muertos al año o algo así. Me interesan los fenómenos que llevan a un país a ciertas circunstancias o que repercuten en la violencia, poderlos ver para entender mejor qué hay detrás. En la obra de La vuelta, por ejemplo, para mí era muy importante escuchar a esta gente que siempre han estado escondidos o que han sido reconocidos simplemente por sus hechos de violencia pero nunca se les ha oído qué buscaban, qué hacía, por qué, qué emociones los movían. Cuando uno los escucha, primero ve que hay una persona detrás, no una máquina, y que su condición es muy compleja, que lo que terminaron haciendo es el reflejo de una sociedad donde no había opciones, donde no tenían posibilidades de mejorar socialmente, económicamente, una situación que no les ofrece nada, y ante eso la gente termina haciendo lo que cree que puede hacer o con lo que obtiene una gratificación, económica o emocional. Siento que el arte es un espacio de reflexión y entendimiento que le plantea al espectador opciones para verse a sí mismo y para entender el contexto donde vive. Y dentro de un mundo tan veloz como el de hoy en día, el arte y otras manifestaciones, le dan la posibilidad de detenerse un poco y no simplemente de consumir, sino de interpretar.

JLD: Hablando de eso, cómo problematizas al espectador en tus obras

JFH: Quisiera pensar que le estoy exigiendo atención y tiempo. Si ves a una persona que entre a una exposición y sale rápido, no tuvo contacto con lo que hay allí, pero con determinados guiños quiero capturar a ese espectador y que se detenga. En la obra de Cajas fucsia, por ejemplo, esos textos son, por curiosidad, muy atractivos porque son muy pequeños y cuando cambias de una actitud pública, de una actitud en la que estás con todo el mundo, y te sumerges en un texto pequeño, de pronto ya tienes una relación íntima, y mi idea es que esa persona pueda estar leyendo varios textos y que la obra te capture. Lo mismo con el vídeo; es un trabajo de veinticinco minutos, normalmente la gente no está dispuesta a gastar veinticinco minutos frente a una obra, pero creo que la dinámica del vídeo, la forma en que empiezan a suceder los relatos, puede seducir al espectador. Trabajé mucho en ese aspecto, cómo ir dando información de una forma ligera, porque la pieza tiene unos contenidos muy pesados pero no te los boto así, sino como un relato, una serie de charlas, de documentaciones que te empiezan a capturar y creo que lo hace bien. Los comentarios de mucha gente son “yo empecé a verlo y se me olvidó el tiempo, me quedé mirando porque cada escena me llevan a algo más”, y eso puede ser valioso de la pieza.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Ni héroes, ni mártires, esta exposición que presentas, se encuentra en el marco del ciclo Encuentros latinoamericanos, ¿crees que el arte que se produce ahora en Latinoamérica refleja alguna realidad?

JFH: Creo que hay varias vertientes del arte latinoamericano, clarísimo. Creo que hay, incluso, muchos artistas latinoamericanos que pueden estar resintiendo el hecho de que el arte latinoamericano sea siempre un reflejo de la realidad. Lo que yo hago tiene mucho de reflejo de la realidad, pero hay que ser muy conscientes de cómo lo hacemos, cómo interpretamos lo que compartimos, cómo interpretamos los contextos y qué le damos al espectador. Desde ese punto de vista, la realidad es el anclaje común, entonces creería que sigue siendo muy importante. Ahora, otros artistas que están más interesados en un lenguaje del arte por el arte, hay otras vertientes más comerciales, obras que impactan rápidamente, que son atractivas, y están las que son de una denuncia más cruda. Hay muchas opciones.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Finalmente, ¿cuál crees que el punto más álgido o de interés en Ni héroes, ni mártires?

JFH: Creo que el mérito de la exposición son los vínculos que se crean entre las obras. Puede que haya unas piezas que por su dimensión sean más atractivas, más visibles. Sería un error decir “no se pierdan esta obra”, porque el tamaño de la muestra es bastante cómodo para ver, no es una exposición de treinta obras, son ocho obras y vale la pena insistir en que el público las vea todas.

Historietas e identidad latinoamericana: entrevista a Nava

Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons - Fotografía por Job Melamed
Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons – Fotografía por Job Melamed

Durante la inauguración de Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons, en Museo Amparo, una exposición que aborda la cultura de la historieta en entrecruzamiento con el imaginario y la  iconografía de las culturas originarias de América Latina, tuvimos la oportunidad de platicar con Nava, curador y editor de este proyecto.

José Luis Dávila: ¿Cómo fue el proceso para juntar a los artistas?

Nava: Llevamos con taco de ojo tres años y medio, más o menos, y la idea es publicar a autores latinoamericanos que ya trabajan en la auto publicación, dicho de otra forma, todos son fanzineros. Taco de ojo se fundó con Marco Tóxico, de Bolivia, Ernán Cirianni, de Argentina, Tomás Ives, de Chile, Jorge Pérez Ruibal, de Perú, y, en México, Mr. Glaubitz y yo, como editor. Entonces, yo iba invitado a una feria del libro y decidí hacer una revista en un mes; para eso les pedí ocho páginas por cada país latinoamericano a mandar colaboraciones. Después de esa presentación más gente se acercó y se formó el colectivo tal cual, donde podemos decir “vamos a hacer una temática sobre los pueblos originarios y vamos a trabajar con esta perspectiva durante un rato”. Y lo otro es que imprimir en risograph define la estética. Aquí no hay trabajos que tengan un look de superhéroes porque, no sólo no nos interesa el tema, pero ese estilo de aerógrafo no se reproduce bien en risograph, sino más bien aquí hay plastas, línea, hay tramas para generar colores, y eso está más cercano al grabado y la gráfica.

JLD: ¿Cuál es la distinción entre el trabajo que se tiene aquí y el de un cómic tradicional, como en el que muchos de los artistas de aquí han trabajado?

N: Todos siguen auto publicando sus fanzines, y hay festivales independientes de historieta donde se presentan las publicaciones. Sin embargo, la antología y la muestra de Taco de ojo es un esfuerzo colectivo y queremos que la gente responda en otros lugares, como en Argentina, donde dicen que no hay tantos pueblos indígenas pero la historieta de Edu Molina crítica esa visión simplista de ser un país conquistado donde ya no hay gente indígena.

JLD: ¿Cómo fue traer a personas de la ilustración o el diseño a hacer arte en forma?

N: Lo que pasa es que se está revalorizando la historieta en general, tal vez no por la historieta comercial, sino por la historieta underground que ganó aceptación y ahora se reconoce la novela gráfica como un género propio. Yo doy el diplomado de novela gráfica en San Carlos, antes daba clases en la Casa de Francia, antes en otra universidad, siempre con un perfil latinoamericanista, e invito a los que son buenos dibujantes a probar su mano y contar historias que tengan un pie en identidad latinoamericana, porque muchas veces tenemos esa alienación presente de ser como tercermundistas pero “ay, los tercermundistas son más abajo”, y yo no creo que sea así, más bien hay mucho en común y viéndolo en conjunto se puede apreciar que hay una relación real. Hacer cómics así es una forma de expresar mucho en poco espacio; es más difícil que la simple ilustración y tiene esa narrativa, y de manejo de tiempos está complejo. Nos tardó medio año hacer la de Mictlán en pixel; el códice del Popol Vuh también fue muy largo el proceso para hacer pocas páginas, no es lo mismo que una revista vaquera que, según dice, se producía veinticuatro páginas en un día.

JLD: Respecto a eso, hablamos de narrativa en cada una de las piezas, pero como curador, ¿cómo armaste la narrativa de la sala?

N: La narrativa de la sala pretende reflejar zonas geográficas e impulsos que ya se registran en los colores; si los colores en las historietas no son arbitrarios, sino simbólicos, relacionados a cierta cosa, sólito se organiza. El Taco de ojo, cuando saqué la primera publicación, era sólo rojo y negro, entonces intercalábamos rojo, negro, luego una sección roja y negra, para dar el deleite, y se repetía así, por una lógica de imprenta. Ahora, en la sala hay un muro de la vida y un muro de la muerte que se contraponen y generan tensión; hay una obra de grabado en medio que se llama Un mundo donde quepan todos los mundos, para generar esa noción de centro y diversidad; hay un muro que se enfoca a Brasil, a la amazonia como tema, otro que es el desierto, el norte de Chile, Bolivia, y un lado que se enfoca a los peruanos. Las figuras arriba tienen que ver como si fueran dioses o ejes que jalen a la narrativa hacia allá: hay un perro, una serpiente y un puma, un poco reflejan en el pensamiento que siempre había un predador de una zona, el alto, el valle o el cielo, que gobernaba, y, en este caso, la calavera en el subsuelo. Hay una parte humor, de cosas más ligeras, hay otra que es de terror. Creo que se resolvió. Esperamos que la gente saque sus propias conclusiones y que interprete porque, si bien no todas las historietas tienen texto, eso no quiere decir que sean mudas, al contrario.

JLD: ¿Qué sigue en el proyecto?

N: Se convoca al cuarto Taco de ojo que abordaría el tema de los migrantes; queremos invitar a la gente a pasar anécdotas, escritos, gráfica, y vamos a tratar de hacer un libro grande sobre la migración, que es Taco de ojo: Caminante. Y la otra es que esta muestra siga circulando, que se vea en distintos lados para recibir impresiones de la gente y que pueda llegar a comunidades más inaccesibles para que ellos nos compartan sus impresiones.

Che Guevara es una figura vigente y cíclica: entrevista a José Hernández

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Por Carlos Morales Galicia

  1. Se te conoce más por tu trabajo como caricaturista, ¿cómo surge esta novela gráfica?

Desde el comienzo,  Jon Lee Anderson y yo pensamos la historia del personaje desde el punto de vista dramático, más que histórico. Él estaba preocupado porque existiera fidelidad con su investigación, pero entendía que al novelizar debía tener ciertas licencias: inventar diálogos y soluciones narrativas que no son propias de un texto histórico. Afortunadamente, me dio mucha libertad para trabajar. Este es el segundo libro que se publica. Primero fue el libro dos: la historia del Che en Cuba desde que llega a la isla hasta que se va al Congo. Ahora es el libro uno. Cuando Ernesto Guevara, muy joven, sale de Argentina y viaja por Sudamérica. Llega a Guatemala y vive la experiencia con un gobierno que se enfrenta a los Estados Unidos; después sucede el golpe de Estado, se va a México y conoce a Fidel. Entonces fui trabajando esto. Enviaba las páginas a Jon y me hacía una serie de sugerencias y observaciones que yo incorporaba o, bien, lo discutíamos para llegar a un punto de acuerdo.

  1. ¿Cómo es para José Hernández la relación entre texto e imagen?

La primera vez que me enfrenté a hacer una historieta de largo aliento fue en el 2003, con un libro sobre la historia del terremoto del 85, que hice con Fabrizio Mejía. Me costaba trabajo porque estaba mal acostumbrado a la caricatura. Un tipo de dibujo totalmente distinto. Soluciones distintas. La caricatura es un golpe de vista, tiene que ser  muy sintético. Como lector de cómic nunca me ha gustado que me describan lo que estoy viendo ni ver lo que me están describiendo. Eso es lo que tenía claro cuando comenzaba a trabajar la novela gráfica. Esa fue la premisa para decidir qué contar con letras y qué contar  con imágenes. Al ser un género gráfico, le di prioridad a la imagen para que fuera contando cosas. Aprovechando que estudié en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, aunque nunca hice cine propiamente, usé las herramientas que aprendí en la escuela (guión, fotografía, realización) para ir armando historias de la manera más visual posible, pero usando los textos.

  1. Tomando en cuenta que has dedicado gran parte de tu obra al ámbito político, ¿por qué es necesario no olvidar a Ernesto Guevara?

El Che Guevara es una figura vigente y cíclica, en ciertas coyunturas se vuelve a revisar. Se hacen documentales y películas. Pienso en Diarios de motocicleta o las dos cintas con Benicio del Toro. A raíz de su muerte, se convirtió en el símbolo de la rebeldía a nivel mundial. Fue un personaje que participó en una revolución triunfante, en las barbas de los Estados Unidos. Formó parte de un gobierno revolucionario. Teniendo la vida resuelta, decidió renunciar a todo para seguir peleando por las cosas que creía. Una figura consciente de la misión revolucionaria, desde su punto de vista. Esto crea un personaje con los elementos suficientes para convertirse en un símbolo de la rebeldía. Curiosamente se ha tratado, y se ha logrado a veces, darle la vuelta y comercializarlo. Su idealismo, llevado al extremo de morir por él. Su congruencia absoluta, pues era incapaz de exigir a sus hombres algo que no fuera a hacer. Es un personaje difícil de encontrar en estos tiempos, sobre todo con gente de poder. Lo vimos con Fidel Castro al no renunciar a sus privilegios. Se sienten a gusto en el poder y llegan a olvidar por lo que pelearon. En cambio, Che Guevara siempre se sintió a disgusto en el poder. Siguió combatiendo por lo que pensaba, estuviera equivocado o no. Hay muchas cosas que le admiro y otras que no comparto.

  1. Con frecuencia escuchamos que a Che Guevara “hay que superarlo”. ¿Hay un tipo de lector que te gustaría se acercara al libro y al personaje?

No quiero pensar en un perfil específico. Me gustaría que lo leyeran personas de cualquier edad. Ya sea que estén interesados en conocer una parte del siglo XX o, bien, una historia. Si alguien se acerca al libro pensando que va a tener una clase historiográfica, puede decepcionarse. Aquí hay una historia personal de un joven argentino con un deseo de encontrar una razón para dedicar su vida y que no la encuentra. Cómo poco a poco la va descubriendo. Un destino incluso fatal. Es la historia de un personaje que pudo ser cierta o tal vez no. No es un libro de Historia o periodismo. Hay un prejuicio hacia la novela gráfica porque “sólo es para jóvenes”. Creo que es una puerta de entrada para que los lectores conozcan al personaje y quizás, después vayan al libro de Jon Lee Anderson y lo lean. Se dice “hay que superarlo”, pero conocer una historia y personajes como este nunca es algo que se deba superar. Sobre todo en estos momentos donde hay una promoción del individualismo, donde el capitalismo salvaje campea en todo el mundo. En Estados Unidos tenemos a un personaje que representa todo lo contrario al Che. Revisar la historia de un personaje con el idealismo que tenía es importante. Me parece deseable que, tanto idealismo como congruencia, pudiéramos verlos con personajes públicos. Al único que encuentro cercano a la congruencia y la austeridad -que sí tenía el Che– es al ex presidente de Uruguay, José Mujica. Realmente no veo personajes de poder, en todo el mundo, que se le acerquen.

  1. ¿Hay una intención de mostrar un lado que no se conocía de Che Guevara, con todo lo que se ha escrito en torno a él?

Es difícil lograr presentar un Che que no se hubiera conocido antes. El libro de Jon Lee Anderson es el más documentado. Es tan importante que gracias a su investigación se logró encontrar el cuerpo de Guevara en Bolivia. Mi intención fue encontrar el lado literario de la vida de este personaje, no su importancia histórica. Es decir: buscar en las motivaciones más personales. Creo que las razones por las que el Che pasa a la Historia -por como se ve a cincuenta años de su muerte- son independientes a él y de lo que quería.

Cuando Jon escribió el libro, en el noventa y siete, dijo que quería entender por qué un joven de la burguesía argentina, teniendo todo resuelto, decide dejarlo y buscar una razón de vida. Yo también quise irme en esa búsqueda. No sólo aquel joven médico argentino, sino por qué un funcionario que participó en una revolución triunfante, decide renunciar a esposa, hijos, cargos en el gobierno y hasta la nacionalidad cubana adquirida, para seguir peleando por lo que quería. Esto es lo que más llamó mi atención. Si en algún momento rescato algo que se conoce poco, entonces es un logro afortunado. En el libro uno viene la parte de México que nos puede interesar. Saber qué pasó con él cuando estuvo en este país. Creo que es algo que se ha contado poco. No hay una película del Che en México. Es la primera novela que versa sobre esta parte. Revisé novelas gráficas sobre él y generalmente lo platican en dos páginas. Lo considero importante porque aquí fue cuando se decepciona del gobierno guatemalteco, pues esperaba que diera armas al pueblo para enfrentar a los Estados Unidos. Se decepciona tanto de Jacobo Árbenz que cuando llega a México y conoce a Fidel, se da cuenta que no son iguales. Por eso decide irse con él. Es un punto de inflexión para su aventura cubana.

Poesía documental: Entrevista a Mat Jacob

El pasado 21 de enero se inauguró, en el Museo Amparo, la exposición de Mat Jacob llamada Chiapas, insurrección zapatista en México, 1995-2013, un  trabajo que retrata la amalgama de sociedad e ideología en las comunidades que han sido parte de los conflictos políticos en la zona sur del país. Al respecto, entrevistamos al mismo Jacob, y aquí lo que nos dijo.

José Luis Dávila: ¿Por qué interesarte por el movimiento zapatista?

Mat Jacob: Empezó el 2 de enero de 1994, como todo el mundo; supe por la prensa sobre Chiapas y fue interesante, pero yo pasé a otra cosa. Unos meses después, leí el libro de Marcos, que se llama Ya basta, donde hay textos que combinan comunicados militares y de historia, por ejemplo, que mezcla la cultura indígena y la cultura mexicana, que está muy bien escrito y también que me parece dice cosas importantes. Entonces, algunos meses después yo decido venir aquí para fotografiar, documentar, ver lo que pasaba aquí.

JLD: Todo este trabajo de fotografía, de estar en las comunidades, obviamente te dejó un trabajo artístico impresionante, pero, ¿qué te dejó como persona?

MJ: Fue muy fuerte porque no conocía la cultura mexicana, la cultura indígena, no conocía este país, entonces descubrí la cultura indígena, fui a las regiones de la selva lacandona, donde hay tojolabal, y descubrí la manera de pasar, la manera de vivir y el contacto con la gente fue muy fuerte. Regresé a los mismos lugares un año después y había algo fuerte; ellos me piden muchas cosas sobre mi cultura sobre mi país: había un intercambio interesante.

JLD: ¿Cómo hiciste la selección para lo que se presenta aquí?

MT: Lo que me importa es hacer una selección para narrar, para decir las cosas sobre lo que pasó en Chiapas desde hace veinte años, y la otra cosa, decirlo con el máximo de poesía; es como una cosa que puede pasar en todas las culturas,por ejemplo, la gente aquí me dice que el grado de relación es muy fuerte y es una forma de impresión que gusta mucho, le habla a la gente de poesía. Entonces elegí las fotografías entre lo que es importante de decir y lo que es el idioma de la poesía.

JLD: Después de todos estos años que han pasado desde el zapatismo y tu trabajo, ¿qué es lo que te interesa ahora como temas para tus futuros proyectos?

MJ: Todo lo que toca el ser humano es lo que me interesa, no importa el país, me interesa lo que pasa en la madre tierra; es muy importante.

El museo como espacio de transporte: entrevista a G. T. Pellizzi

En el vestíbulo del Museo Amparo se encuentra el proyecto de G. T. Pellizzi, titulado Yo trasnporto, el cual indaga la relación de la pieza del arte con su proceso de embalaje y metaforiza esta parte del proceso museográfico para exponer al espectador cómo se transita el espacio que son las obras.

Al respecto, pudimos entrevistar al autor de esta instalación.

José Luis Dávila: ¿Por qué Yo transporto, por qué ese título?

G. T. Pellizzi: El título viene del griego “Μεταφέρω” (metaféro, significa “yo transporto”, de ahí viene la palabra que nosotros usamos “metáfora”, que en griego significa transporte, digamos el transporte público se llama metáfora. Y a mí me interesó mucho la idea de que los museos y las obras de arte son vehículos de transporte para sus públicos, que cuando entras en un museo eres transportado a otras culturas, a otros tiempos en la historia, otras formas de pensar, otras maneras de relacionarte con objetos y las cosas de la vida cotidiana, entonces de ahí sale la idea de Yo transporto.

JLD: ¿Qué tan difícil fue llegar a concretar este proyecto? Imagino que ha de haber sido un largo tramo para esto.

GTP: Sí, el proceso de conseguir y producir la pieza fue muy largo, requirió de la colaboración de muchísima gente: arquitectos, carpinteros, maquetistas, Todo el equipo de Córdova Plaza, todo el equipo de museo, de la sala se Siqueiros. Fue una colaboración entre muchas personas y fue una producción bastante intensiva, tardó como tres o cuatro meses de tiempo completo.

G. T. Pellizzi y José Luis Dávila - Fotografía de Ricardo Torres Zepdea
G. T. Pellizzi y José Luis Dávila – Fotografía de Ricardo Torres Zepdea

JLD: En la producción artística actual, ¿cómo consideras que se inserta tu obra, en qué corrientes podría estar, cómo crees que se vería a través del público?

GTP: Yo no quiero obligar ninguna lectura, ninguna experiencia, digamos que es importante que el público pueda tener su propia relación personal con las cosas que experimentan en la vida y en los museos. Yo no les puedo exigir nada, pero para mí tiene relevancia e importancia en mis curiosidades sobre qué es el espacio de exhibición, cómo nos relacionamos con el espacio de exhibición, cómo es que funcionan los museos es también una manera de poder reflexionar, como una mirada detrás de la cortina, de cómo funcionan y operan los museos, de cómo circulan las obras, cómo llegan a ser expuestas en las paredes donde las vemos nosotros. O sea, toda la parte que no se ve como público, entonces eso y también espero que disfruten de sentarse y estar en el espacio, echarse, revolcarse, lo que quieran.

Yo transporto - Imagen pública
Yo transporto – Imagen pública

JLD: La idea del espacio ha sido muy utilizada en el arte contemporáneo, ¿tú cómo consideras que el espacio está construyéndose dentro de un museo e incluso desde tu pieza Yo transporto que es toda una poética de esto?

GTP: Yo creo que es un espacio pedagógico educativo; yo creo que la educación es lo más importante para el mundo, para que sobrevivamos nosotros los humanos en el mundo, para que sobreviva la civilización, para que tenga conciencia de la historia y el bienestar del planeta creo que está en las manos de la educación y yo creo que los museos son parte de eso, son muy importantes en ese sentido, son un punto de encuentro social, todo lo demás para investigación, todas las humanidades como letras, filosofía, arte, son como caminos para entendernos como seres humanos con cultura, entonces es muy importante reflexionar sobre nosotros a través de la educación.