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La posibilidad de detenerse: entrevista a Juan Fernando Herrán

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán, se encuentra en el Museo Amparo y durante la inauguración tuvimos la oportunidad de platicar con el artista sobre sus obras y el sentido social y reflexivo que contienen.

José Luis Dávila: Después de ver la exposición surgen muchas preguntas, de entre ellas la que resalta es si para ti, como artista, el arte es, hacia la violencia, un vehículo de denuncia o un punto de reflexión.

Juan Fernando Herrán: Punto de reflexión. Es importante, mi obra no trata sobre la violencia. Si uno se da cuenta hay cosas que pueden estar vinculadas con hechos de violencia pero no trata de esos hechos. La obra de las cruces, por ejemplo, a lo que se refiere realmente es la manera cómo un conglomerado social se apropia de una vivencia, reflexiona a partir de ella y asume una actitud de construcción hacia sí. Ese es el tema, no es realmente los treinta mil muertos al año o algo así. Me interesan los fenómenos que llevan a un país a ciertas circunstancias o que repercuten en la violencia, poderlos ver para entender mejor qué hay detrás. En la obra de La vuelta, por ejemplo, para mí era muy importante escuchar a esta gente que siempre han estado escondidos o que han sido reconocidos simplemente por sus hechos de violencia pero nunca se les ha oído qué buscaban, qué hacía, por qué, qué emociones los movían. Cuando uno los escucha, primero ve que hay una persona detrás, no una máquina, y que su condición es muy compleja, que lo que terminaron haciendo es el reflejo de una sociedad donde no había opciones, donde no tenían posibilidades de mejorar socialmente, económicamente, una situación que no les ofrece nada, y ante eso la gente termina haciendo lo que cree que puede hacer o con lo que obtiene una gratificación, económica o emocional. Siento que el arte es un espacio de reflexión y entendimiento que le plantea al espectador opciones para verse a sí mismo y para entender el contexto donde vive. Y dentro de un mundo tan veloz como el de hoy en día, el arte y otras manifestaciones, le dan la posibilidad de detenerse un poco y no simplemente de consumir, sino de interpretar.

JLD: Hablando de eso, cómo problematizas al espectador en tus obras

JFH: Quisiera pensar que le estoy exigiendo atención y tiempo. Si ves a una persona que entre a una exposición y sale rápido, no tuvo contacto con lo que hay allí, pero con determinados guiños quiero capturar a ese espectador y que se detenga. En la obra de Cajas fucsia, por ejemplo, esos textos son, por curiosidad, muy atractivos porque son muy pequeños y cuando cambias de una actitud pública, de una actitud en la que estás con todo el mundo, y te sumerges en un texto pequeño, de pronto ya tienes una relación íntima, y mi idea es que esa persona pueda estar leyendo varios textos y que la obra te capture. Lo mismo con el vídeo; es un trabajo de veinticinco minutos, normalmente la gente no está dispuesta a gastar veinticinco minutos frente a una obra, pero creo que la dinámica del vídeo, la forma en que empiezan a suceder los relatos, puede seducir al espectador. Trabajé mucho en ese aspecto, cómo ir dando información de una forma ligera, porque la pieza tiene unos contenidos muy pesados pero no te los boto así, sino como un relato, una serie de charlas, de documentaciones que te empiezan a capturar y creo que lo hace bien. Los comentarios de mucha gente son “yo empecé a verlo y se me olvidó el tiempo, me quedé mirando porque cada escena me llevan a algo más”, y eso puede ser valioso de la pieza.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Ni héroes, ni mártires, esta exposición que presentas, se encuentra en el marco del ciclo Encuentros latinoamericanos, ¿crees que el arte que se produce ahora en Latinoamérica refleja alguna realidad?

JFH: Creo que hay varias vertientes del arte latinoamericano, clarísimo. Creo que hay, incluso, muchos artistas latinoamericanos que pueden estar resintiendo el hecho de que el arte latinoamericano sea siempre un reflejo de la realidad. Lo que yo hago tiene mucho de reflejo de la realidad, pero hay que ser muy conscientes de cómo lo hacemos, cómo interpretamos lo que compartimos, cómo interpretamos los contextos y qué le damos al espectador. Desde ese punto de vista, la realidad es el anclaje común, entonces creería que sigue siendo muy importante. Ahora, otros artistas que están más interesados en un lenguaje del arte por el arte, hay otras vertientes más comerciales, obras que impactan rápidamente, que son atractivas, y están las que son de una denuncia más cruda. Hay muchas opciones.

Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán - Fotografía por Job Melamed
Ni héroes, ni mártires, de Juan Fernando Herrán – Fotografía por Job Melamed

JLD: Finalmente, ¿cuál crees que el punto más álgido o de interés en Ni héroes, ni mártires?

JFH: Creo que el mérito de la exposición son los vínculos que se crean entre las obras. Puede que haya unas piezas que por su dimensión sean más atractivas, más visibles. Sería un error decir “no se pierdan esta obra”, porque el tamaño de la muestra es bastante cómodo para ver, no es una exposición de treinta obras, son ocho obras y vale la pena insistir en que el público las vea todas.

Historietas e identidad latinoamericana: entrevista a Nava

Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons - Fotografía por Job Melamed
Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons – Fotografía por Job Melamed

Durante la inauguración de Taco de ojo: Tlacuilo Latino Toons, en Museo Amparo, una exposición que aborda la cultura de la historieta en entrecruzamiento con el imaginario y la  iconografía de las culturas originarias de América Latina, tuvimos la oportunidad de platicar con Nava, curador y editor de este proyecto.

José Luis Dávila: ¿Cómo fue el proceso para juntar a los artistas?

Nava: Llevamos con taco de ojo tres años y medio, más o menos, y la idea es publicar a autores latinoamericanos que ya trabajan en la auto publicación, dicho de otra forma, todos son fanzineros. Taco de ojo se fundó con Marco Tóxico, de Bolivia, Ernán Cirianni, de Argentina, Tomás Ives, de Chile, Jorge Pérez Ruibal, de Perú, y, en México, Mr. Glaubitz y yo, como editor. Entonces, yo iba invitado a una feria del libro y decidí hacer una revista en un mes; para eso les pedí ocho páginas por cada país latinoamericano a mandar colaboraciones. Después de esa presentación más gente se acercó y se formó el colectivo tal cual, donde podemos decir “vamos a hacer una temática sobre los pueblos originarios y vamos a trabajar con esta perspectiva durante un rato”. Y lo otro es que imprimir en risograph define la estética. Aquí no hay trabajos que tengan un look de superhéroes porque, no sólo no nos interesa el tema, pero ese estilo de aerógrafo no se reproduce bien en risograph, sino más bien aquí hay plastas, línea, hay tramas para generar colores, y eso está más cercano al grabado y la gráfica.

JLD: ¿Cuál es la distinción entre el trabajo que se tiene aquí y el de un cómic tradicional, como en el que muchos de los artistas de aquí han trabajado?

N: Todos siguen auto publicando sus fanzines, y hay festivales independientes de historieta donde se presentan las publicaciones. Sin embargo, la antología y la muestra de Taco de ojo es un esfuerzo colectivo y queremos que la gente responda en otros lugares, como en Argentina, donde dicen que no hay tantos pueblos indígenas pero la historieta de Edu Molina crítica esa visión simplista de ser un país conquistado donde ya no hay gente indígena.

JLD: ¿Cómo fue traer a personas de la ilustración o el diseño a hacer arte en forma?

N: Lo que pasa es que se está revalorizando la historieta en general, tal vez no por la historieta comercial, sino por la historieta underground que ganó aceptación y ahora se reconoce la novela gráfica como un género propio. Yo doy el diplomado de novela gráfica en San Carlos, antes daba clases en la Casa de Francia, antes en otra universidad, siempre con un perfil latinoamericanista, e invito a los que son buenos dibujantes a probar su mano y contar historias que tengan un pie en identidad latinoamericana, porque muchas veces tenemos esa alienación presente de ser como tercermundistas pero “ay, los tercermundistas son más abajo”, y yo no creo que sea así, más bien hay mucho en común y viéndolo en conjunto se puede apreciar que hay una relación real. Hacer cómics así es una forma de expresar mucho en poco espacio; es más difícil que la simple ilustración y tiene esa narrativa, y de manejo de tiempos está complejo. Nos tardó medio año hacer la de Mictlán en pixel; el códice del Popol Vuh también fue muy largo el proceso para hacer pocas páginas, no es lo mismo que una revista vaquera que, según dice, se producía veinticuatro páginas en un día.

JLD: Respecto a eso, hablamos de narrativa en cada una de las piezas, pero como curador, ¿cómo armaste la narrativa de la sala?

N: La narrativa de la sala pretende reflejar zonas geográficas e impulsos que ya se registran en los colores; si los colores en las historietas no son arbitrarios, sino simbólicos, relacionados a cierta cosa, sólito se organiza. El Taco de ojo, cuando saqué la primera publicación, era sólo rojo y negro, entonces intercalábamos rojo, negro, luego una sección roja y negra, para dar el deleite, y se repetía así, por una lógica de imprenta. Ahora, en la sala hay un muro de la vida y un muro de la muerte que se contraponen y generan tensión; hay una obra de grabado en medio que se llama Un mundo donde quepan todos los mundos, para generar esa noción de centro y diversidad; hay un muro que se enfoca a Brasil, a la amazonia como tema, otro que es el desierto, el norte de Chile, Bolivia, y un lado que se enfoca a los peruanos. Las figuras arriba tienen que ver como si fueran dioses o ejes que jalen a la narrativa hacia allá: hay un perro, una serpiente y un puma, un poco reflejan en el pensamiento que siempre había un predador de una zona, el alto, el valle o el cielo, que gobernaba, y, en este caso, la calavera en el subsuelo. Hay una parte humor, de cosas más ligeras, hay otra que es de terror. Creo que se resolvió. Esperamos que la gente saque sus propias conclusiones y que interprete porque, si bien no todas las historietas tienen texto, eso no quiere decir que sean mudas, al contrario.

JLD: ¿Qué sigue en el proyecto?

N: Se convoca al cuarto Taco de ojo que abordaría el tema de los migrantes; queremos invitar a la gente a pasar anécdotas, escritos, gráfica, y vamos a tratar de hacer un libro grande sobre la migración, que es Taco de ojo: Caminante. Y la otra es que esta muestra siga circulando, que se vea en distintos lados para recibir impresiones de la gente y que pueda llegar a comunidades más inaccesibles para que ellos nos compartan sus impresiones.

Che Guevara es una figura vigente y cíclica: entrevista a José Hernández

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Por Carlos Morales Galicia

  1. Se te conoce más por tu trabajo como caricaturista, ¿cómo surge esta novela gráfica?

Desde el comienzo,  Jon Lee Anderson y yo pensamos la historia del personaje desde el punto de vista dramático, más que histórico. Él estaba preocupado porque existiera fidelidad con su investigación, pero entendía que al novelizar debía tener ciertas licencias: inventar diálogos y soluciones narrativas que no son propias de un texto histórico. Afortunadamente, me dio mucha libertad para trabajar. Este es el segundo libro que se publica. Primero fue el libro dos: la historia del Che en Cuba desde que llega a la isla hasta que se va al Congo. Ahora es el libro uno. Cuando Ernesto Guevara, muy joven, sale de Argentina y viaja por Sudamérica. Llega a Guatemala y vive la experiencia con un gobierno que se enfrenta a los Estados Unidos; después sucede el golpe de Estado, se va a México y conoce a Fidel. Entonces fui trabajando esto. Enviaba las páginas a Jon y me hacía una serie de sugerencias y observaciones que yo incorporaba o, bien, lo discutíamos para llegar a un punto de acuerdo.

  1. ¿Cómo es para José Hernández la relación entre texto e imagen?

La primera vez que me enfrenté a hacer una historieta de largo aliento fue en el 2003, con un libro sobre la historia del terremoto del 85, que hice con Fabrizio Mejía. Me costaba trabajo porque estaba mal acostumbrado a la caricatura. Un tipo de dibujo totalmente distinto. Soluciones distintas. La caricatura es un golpe de vista, tiene que ser  muy sintético. Como lector de cómic nunca me ha gustado que me describan lo que estoy viendo ni ver lo que me están describiendo. Eso es lo que tenía claro cuando comenzaba a trabajar la novela gráfica. Esa fue la premisa para decidir qué contar con letras y qué contar  con imágenes. Al ser un género gráfico, le di prioridad a la imagen para que fuera contando cosas. Aprovechando que estudié en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, aunque nunca hice cine propiamente, usé las herramientas que aprendí en la escuela (guión, fotografía, realización) para ir armando historias de la manera más visual posible, pero usando los textos.

  1. Tomando en cuenta que has dedicado gran parte de tu obra al ámbito político, ¿por qué es necesario no olvidar a Ernesto Guevara?

El Che Guevara es una figura vigente y cíclica, en ciertas coyunturas se vuelve a revisar. Se hacen documentales y películas. Pienso en Diarios de motocicleta o las dos cintas con Benicio del Toro. A raíz de su muerte, se convirtió en el símbolo de la rebeldía a nivel mundial. Fue un personaje que participó en una revolución triunfante, en las barbas de los Estados Unidos. Formó parte de un gobierno revolucionario. Teniendo la vida resuelta, decidió renunciar a todo para seguir peleando por las cosas que creía. Una figura consciente de la misión revolucionaria, desde su punto de vista. Esto crea un personaje con los elementos suficientes para convertirse en un símbolo de la rebeldía. Curiosamente se ha tratado, y se ha logrado a veces, darle la vuelta y comercializarlo. Su idealismo, llevado al extremo de morir por él. Su congruencia absoluta, pues era incapaz de exigir a sus hombres algo que no fuera a hacer. Es un personaje difícil de encontrar en estos tiempos, sobre todo con gente de poder. Lo vimos con Fidel Castro al no renunciar a sus privilegios. Se sienten a gusto en el poder y llegan a olvidar por lo que pelearon. En cambio, Che Guevara siempre se sintió a disgusto en el poder. Siguió combatiendo por lo que pensaba, estuviera equivocado o no. Hay muchas cosas que le admiro y otras que no comparto.

  1. Con frecuencia escuchamos que a Che Guevara “hay que superarlo”. ¿Hay un tipo de lector que te gustaría se acercara al libro y al personaje?

No quiero pensar en un perfil específico. Me gustaría que lo leyeran personas de cualquier edad. Ya sea que estén interesados en conocer una parte del siglo XX o, bien, una historia. Si alguien se acerca al libro pensando que va a tener una clase historiográfica, puede decepcionarse. Aquí hay una historia personal de un joven argentino con un deseo de encontrar una razón para dedicar su vida y que no la encuentra. Cómo poco a poco la va descubriendo. Un destino incluso fatal. Es la historia de un personaje que pudo ser cierta o tal vez no. No es un libro de Historia o periodismo. Hay un prejuicio hacia la novela gráfica porque “sólo es para jóvenes”. Creo que es una puerta de entrada para que los lectores conozcan al personaje y quizás, después vayan al libro de Jon Lee Anderson y lo lean. Se dice “hay que superarlo”, pero conocer una historia y personajes como este nunca es algo que se deba superar. Sobre todo en estos momentos donde hay una promoción del individualismo, donde el capitalismo salvaje campea en todo el mundo. En Estados Unidos tenemos a un personaje que representa todo lo contrario al Che. Revisar la historia de un personaje con el idealismo que tenía es importante. Me parece deseable que, tanto idealismo como congruencia, pudiéramos verlos con personajes públicos. Al único que encuentro cercano a la congruencia y la austeridad -que sí tenía el Che– es al ex presidente de Uruguay, José Mujica. Realmente no veo personajes de poder, en todo el mundo, que se le acerquen.

  1. ¿Hay una intención de mostrar un lado que no se conocía de Che Guevara, con todo lo que se ha escrito en torno a él?

Es difícil lograr presentar un Che que no se hubiera conocido antes. El libro de Jon Lee Anderson es el más documentado. Es tan importante que gracias a su investigación se logró encontrar el cuerpo de Guevara en Bolivia. Mi intención fue encontrar el lado literario de la vida de este personaje, no su importancia histórica. Es decir: buscar en las motivaciones más personales. Creo que las razones por las que el Che pasa a la Historia -por como se ve a cincuenta años de su muerte- son independientes a él y de lo que quería.

Cuando Jon escribió el libro, en el noventa y siete, dijo que quería entender por qué un joven de la burguesía argentina, teniendo todo resuelto, decide dejarlo y buscar una razón de vida. Yo también quise irme en esa búsqueda. No sólo aquel joven médico argentino, sino por qué un funcionario que participó en una revolución triunfante, decide renunciar a esposa, hijos, cargos en el gobierno y hasta la nacionalidad cubana adquirida, para seguir peleando por lo que quería. Esto es lo que más llamó mi atención. Si en algún momento rescato algo que se conoce poco, entonces es un logro afortunado. En el libro uno viene la parte de México que nos puede interesar. Saber qué pasó con él cuando estuvo en este país. Creo que es algo que se ha contado poco. No hay una película del Che en México. Es la primera novela que versa sobre esta parte. Revisé novelas gráficas sobre él y generalmente lo platican en dos páginas. Lo considero importante porque aquí fue cuando se decepciona del gobierno guatemalteco, pues esperaba que diera armas al pueblo para enfrentar a los Estados Unidos. Se decepciona tanto de Jacobo Árbenz que cuando llega a México y conoce a Fidel, se da cuenta que no son iguales. Por eso decide irse con él. Es un punto de inflexión para su aventura cubana.

Poesía documental: Entrevista a Mat Jacob

El pasado 21 de enero se inauguró, en el Museo Amparo, la exposición de Mat Jacob llamada Chiapas, insurrección zapatista en México, 1995-2013, un  trabajo que retrata la amalgama de sociedad e ideología en las comunidades que han sido parte de los conflictos políticos en la zona sur del país. Al respecto, entrevistamos al mismo Jacob, y aquí lo que nos dijo.

José Luis Dávila: ¿Por qué interesarte por el movimiento zapatista?

Mat Jacob: Empezó el 2 de enero de 1994, como todo el mundo; supe por la prensa sobre Chiapas y fue interesante, pero yo pasé a otra cosa. Unos meses después, leí el libro de Marcos, que se llama Ya basta, donde hay textos que combinan comunicados militares y de historia, por ejemplo, que mezcla la cultura indígena y la cultura mexicana, que está muy bien escrito y también que me parece dice cosas importantes. Entonces, algunos meses después yo decido venir aquí para fotografiar, documentar, ver lo que pasaba aquí.

JLD: Todo este trabajo de fotografía, de estar en las comunidades, obviamente te dejó un trabajo artístico impresionante, pero, ¿qué te dejó como persona?

MJ: Fue muy fuerte porque no conocía la cultura mexicana, la cultura indígena, no conocía este país, entonces descubrí la cultura indígena, fui a las regiones de la selva lacandona, donde hay tojolabal, y descubrí la manera de pasar, la manera de vivir y el contacto con la gente fue muy fuerte. Regresé a los mismos lugares un año después y había algo fuerte; ellos me piden muchas cosas sobre mi cultura sobre mi país: había un intercambio interesante.

JLD: ¿Cómo hiciste la selección para lo que se presenta aquí?

MT: Lo que me importa es hacer una selección para narrar, para decir las cosas sobre lo que pasó en Chiapas desde hace veinte años, y la otra cosa, decirlo con el máximo de poesía; es como una cosa que puede pasar en todas las culturas,por ejemplo, la gente aquí me dice que el grado de relación es muy fuerte y es una forma de impresión que gusta mucho, le habla a la gente de poesía. Entonces elegí las fotografías entre lo que es importante de decir y lo que es el idioma de la poesía.

JLD: Después de todos estos años que han pasado desde el zapatismo y tu trabajo, ¿qué es lo que te interesa ahora como temas para tus futuros proyectos?

MJ: Todo lo que toca el ser humano es lo que me interesa, no importa el país, me interesa lo que pasa en la madre tierra; es muy importante.

El museo como espacio de transporte: entrevista a G. T. Pellizzi

En el vestíbulo del Museo Amparo se encuentra el proyecto de G. T. Pellizzi, titulado Yo trasnporto, el cual indaga la relación de la pieza del arte con su proceso de embalaje y metaforiza esta parte del proceso museográfico para exponer al espectador cómo se transita el espacio que son las obras.

Al respecto, pudimos entrevistar al autor de esta instalación.

José Luis Dávila: ¿Por qué Yo transporto, por qué ese título?

G. T. Pellizzi: El título viene del griego “Μεταφέρω” (metaféro, significa “yo transporto”, de ahí viene la palabra que nosotros usamos “metáfora”, que en griego significa transporte, digamos el transporte público se llama metáfora. Y a mí me interesó mucho la idea de que los museos y las obras de arte son vehículos de transporte para sus públicos, que cuando entras en un museo eres transportado a otras culturas, a otros tiempos en la historia, otras formas de pensar, otras maneras de relacionarte con objetos y las cosas de la vida cotidiana, entonces de ahí sale la idea de Yo transporto.

JLD: ¿Qué tan difícil fue llegar a concretar este proyecto? Imagino que ha de haber sido un largo tramo para esto.

GTP: Sí, el proceso de conseguir y producir la pieza fue muy largo, requirió de la colaboración de muchísima gente: arquitectos, carpinteros, maquetistas, Todo el equipo de Córdova Plaza, todo el equipo de museo, de la sala se Siqueiros. Fue una colaboración entre muchas personas y fue una producción bastante intensiva, tardó como tres o cuatro meses de tiempo completo.

G. T. Pellizzi y José Luis Dávila - Fotografía de Ricardo Torres Zepdea
G. T. Pellizzi y José Luis Dávila – Fotografía de Ricardo Torres Zepdea

JLD: En la producción artística actual, ¿cómo consideras que se inserta tu obra, en qué corrientes podría estar, cómo crees que se vería a través del público?

GTP: Yo no quiero obligar ninguna lectura, ninguna experiencia, digamos que es importante que el público pueda tener su propia relación personal con las cosas que experimentan en la vida y en los museos. Yo no les puedo exigir nada, pero para mí tiene relevancia e importancia en mis curiosidades sobre qué es el espacio de exhibición, cómo nos relacionamos con el espacio de exhibición, cómo es que funcionan los museos es también una manera de poder reflexionar, como una mirada detrás de la cortina, de cómo funcionan y operan los museos, de cómo circulan las obras, cómo llegan a ser expuestas en las paredes donde las vemos nosotros. O sea, toda la parte que no se ve como público, entonces eso y también espero que disfruten de sentarse y estar en el espacio, echarse, revolcarse, lo que quieran.

Yo transporto - Imagen pública
Yo transporto – Imagen pública

JLD: La idea del espacio ha sido muy utilizada en el arte contemporáneo, ¿tú cómo consideras que el espacio está construyéndose dentro de un museo e incluso desde tu pieza Yo transporto que es toda una poética de esto?

GTP: Yo creo que es un espacio pedagógico educativo; yo creo que la educación es lo más importante para el mundo, para que sobrevivamos nosotros los humanos en el mundo, para que sobreviva la civilización, para que tenga conciencia de la historia y el bienestar del planeta creo que está en las manos de la educación y yo creo que los museos son parte de eso, son muy importantes en ese sentido, son un punto de encuentro social, todo lo demás para investigación, todas las humanidades como letras, filosofía, arte, son como caminos para entendernos como seres humanos con cultura, entonces es muy importante reflexionar sobre nosotros a través de la educación.

La carga estética del diseño: entrevista con Ana Elena Mallet

Algo dentro de los objetos late como otra función, una vida nueva y secreta que se devela cuando la primera de sus existencias muere. Es lo que sigue un significado que se construye desde lo artificial de la mirada, un significado que encaja dentro de una categoría estética y se redefine por su forma y finitud material al servicio de las ideas que provoca.

Retomar, reunificar y reubicar: el arte como diseño o el diseño como arte –depende de cómo se le quiera concebir, tomando en cuenta que se entrelazan pero difieren– está concentrado en esos tres movimientos. Así se enmarca la muestra Nuevos Territorios, albergada por el Museo Amparo, y sobre la cual Ana Elena Mallet, quien es parte del equipo curatorial responsable, nos dio una entrevista.

Nuevos territorios, exposición en Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Nuevos territorios, exposición en Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Ricardo Torres: Dinos, ¿cuál sería la importancia del diseño en la actualidad?

Ana Elena Mallet: Yo creo que hay una parte muy importante del diseño, entendido como una herramienta social, que funciona así para resolver problemas, como lo habíamos pensado antes, pero también para generar bienestar, para generar desarrollo, como una herramienta de crecimiento social y humano.

RT: Aunado a esto, ¿el entrecruzamiento de arte y diseño ha generado una nueva categoría estética o puede estar en camino hacia esta categoría estética?

AEM: Pues, no sé si una nueva categoría estética; creo que los diálogos son cada vez más evidentes y este borramiento de las fronteras es cada vez más común. No sé si hablaría de algo completamente nuevo porque siempre ha habido estos diálogos, quizá hoy son más marcados y son mucho más evidentes. Pero creo que estamos en un camino interesante porque hay menos reglas y las menos reglas permiten más experimentación y mejores resultados.

RT: La globalización, ¿crees que sea parte importante de esto y que haga evidente esto?

AEM: Yo creo que definitivamente por la globalización se borraron las fronteras para convertirse en un sólo mundo, y creo que eso ayudó a que parte de la realidad se trasladara al arte y se rompieran también estas fronteras. Y creo que la globalización también ha ayudado a hacer un diseño menos nacionalista y que le hable a todas las poblaciones del planeta.

RT: Eso es algo que se nota mucho en esta exposición, como tú mencionabas sí son trabajos que se hacen locales pero que son de muchas partes, son diseñadores europeos, asiáticos…

AEM: Así es, diseñadores latinoamericanos que de alguna manera viajan, viven en otros lados, regresan, producen y ahí hay una parte bien interesante, de hablar de esta globalización y de pensar “¿es diseño venezolano el que hace un inglés, que nació en Venezuela pero creció y vive en Londres o es diseño inglés?”

Ana Elena Mallet y Ricardo Torres - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Ana Elena Mallet y Ricardo Torres – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

RT: ¿Cómo esta exposición repercute en la forma de entender el diseño como arte?

AEM: Yo creo que no hay que entender el diseño como arte, hay que entender que diseño y arte dialogan y se complementan, y que el diseño es una expresión cultural y como tal tiene que ser considerada también en los terrenos académicos y en los museos, porque antes se hablaba de muebles coloniales, bueno, aquí en Puebla vemos una casa Bello con muebles coloniales espectaculares, y por qué el diseño que hacemos hoy en día no puede estar en un museo cuando al final son piezas hechas a mano que hablan de un momento cultural importante y de ciertas expresiones de una sociedad.

RT: Algo que llama mucho la atención de esta exposición y de la mayoría de las obras es la funcionalidad de las mismas, ¿eso sería la parte fundamental del diseño, como la columna principal?, ¿qué tanto la funcionalidad influye a la hora de querer producir?

AEM: Yo creo que hay una parte importante del diseño que para que sea diseño tiene que ser siempre funcional, pero para que sea un diseño importante, relevante, necesita ser un diseño que tenga una alta carga estética, yo creo que es un poco lo que se ve en esta exposición, que lo estético no deja de lado lo funcional.

RT: Vemos que muchas de estas obras los artistas las venden en galerías, en sus propias páginas web, ¿qué tanto perdería esto su valor estético si se vuelve una producción masiva?

AEM: Yo creo que muchas de estas piezas son difíciles de producir de manera industrial pero yo creo que no, el diseño al final no pierde; su naturaleza es la reproducción múltiple, entonces yo no creo que pierda su valor, al contrario, realmente el que sea de reproducción masiva, de reproducción múltiple, ayuda a que su naturaleza se difunda.

Jazz y libertad: entrevista a Edward Simon

El viernes pasado se presentó el pianista Edward Simon con su trío, en el Auditorio de la Reforma, bajo el ciclo New York Jazz All Stars, organizado por el CECAP y DeQuinta Producciones. Tras el concierto, pudimos entrevistarlo; esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Por qué escoger el jazz como tu música, como tu medio de expresión?

Edward Simon: Bueno, el jazz es uno de los géneros que desde el primer momento en que lo escuché me di cuenta que te transmite una libertad sumamente grande, realmente no conozco ningún otro género musical que te permita el mismo tipo de libertad de cambiar la música, de expresar cómo te sientes en el momento. Cuando estás tocando música clásica, por ejemplo, tienes todo muy premeditado, muy especificado y el jazz es muy generoso en ese aspecto, te da mucha libertad de interpretar la pieza, a dar tu voz, y no solamente tu voz sino que tu voz en cada momento, en cada noche es diferente. El reto es hacerlo diferente cada noche, no debe sonar igual.

Edward Simon Trio - Fotografía por Jessica Tirado Camcho
Edward Simon Trio – Fotografía por Jessica Tirado Camcho

JLD: Y tú nos has demostrado eso, en la noche de hoy fue maravilloso como tocaste, eres un gran pianista, pero ¿cómo has logrado destacar en el mundo del jazz, siendo que a veces es tan peleado y tan menospreciado por muchas personas?

ES: Bueno, me he lanzado de cabeza, por decir; me he decidido dedicar a ello. Me mudé a Estados Unidos a estudiar música cuando tenía 15 años de edad y ya sabía en aquel entonces que lo que quería era hacer música de jazz aunque estudiara música clásica en la escuela, porque reconozco que eso es una formación muy importante también, pero siempre desde una temprana edad sabía que lo que quería hacer profesionalmente era ser jazzista. Luego me mudé a Nueva York y todos los jazzistas que fui conociendo en Filadelfia, que fue en un lugar público donde llegué cuando me mudé allá a los quince años, me decían que si quería realmente formar una carrera como jazzista debería mudarme a Nueva York y fue lo que hice, seguí el consejo de ellos, en el 88 me mudé a esa ciudad y tuve una gran suerte de conocer a grandes músicos que me dieron oportunidades muy buenas que me permitieron desarrollarme como pianista, como jazzista. Te hablo de artistas como el maestro Paquito de Rivera, Kevin Eubanks, un guitarrista con el que toqué, uno de los primeros con quien comencé a grabar discos, Greg Osby, un saxofonista muy importante, grabé varios discos con ellos y poco tiempo después ya mudándome a Nueva York ya comencé a trabajar como músico de jazz, esas oportunidades me permitieron crecer como jazzista.

JLD: ¿Cómo es que integras tus raíces latinas a este jazz que es como más cosmopolita, como más neoyorkino?

ES: Mira, es un proceso bastante natural porque esas raíces están dentro de mí, las llevo en la sangre y fue mi primera formación musical, yo comencé tocando música latinoamericana, al comienzo cuando comencé lo que tocaba era música popular latinoamericana de todo el Caribe, de las Américas. Luego, cuando sabía que lo que quería era ser jazzista, me centré mucho en eso y me adentré en ese tema y me sumergí muy profundamente; me tomó varios años poder comenzar a consolidar esas dos corrientes: mis raíces latinas con el lenguaje del jazz, porque al comienzo estaban como fragmentadas; hacía una cosa o la otra, me tomó un tiempo consolidar esas dos raíces, esos dos lenguajes porque son dos lenguajes musicales diferentes, de una forma más holística que se oiga balanceado.

Edward Simon Trio - Fotografía por Jessica Tirado Camcho
Edward Simon Trio – Fotografía por Jessica Tirado Camcho

JLD: Para seguir con eso, esas raíces de encontrar tu estilo te han llevado a grandes cosas, por ejemplo estás en un ciclo que se llama Ney York Jazz AllStars, ¿tú te consideras una estrella?

ES: No realmente. El jazz es un círculo muy pequeño, dentro de ese círculo la gente me conoce. Tengo respeto de mis colegas y me siento muy dichoso de estar participando en proyectos muy importantes de hoy, como es el Jazz Colective, pero tanto como una estrella del jazz no, yo no me considero ninguna estrella del jazz (Ríe).

JLD: Finalmente, ¿cuáles son tus proyectos a futuro, cómo te ves dentro de unos cincuenta años, por ejemplo, cómo ves a tu música, tus composiciones?

ES: Me da satisfacción, por ejemplo, hoy en día saber que hay músicos en diferentes partes del mundo que están tocando algunas piezas mías, que les gustan, eso me da mucha satisfacción. A mí me gusta componer, entonces pienso que eso definitivamente va a ser una forma de dejar la legacía atrás. Está por verse qué tanto, como pianista, qué tanto llegaría a influenciar a otros pianistas, eso habría que preguntárselo a la nueva generación. definitivamente los otros pianistas que han venido de Venezuela, por ejemplo, sí puedo escuchar que han aprendido, quizás me ven a mí como una persona que abarcó tanto. Ven la posibilidad de que ser músico de jazz es posible y sé que muchos han escuchado mis discos y eso es natural, yo también lo hice. Es la forma en cómo aprendemos, primero imitando, es importante que tengamos ídolos o mentores. Ahora, con respecto a mis próximos proyectos, este disco que he grabado a trio que se llama Latinamerican songbook o Cancionero latinoamericano en el que participa Adam y otro bajista que se llama Joe Martin, saldrá en Sunny Side Records en agosto. Luego, estoy componiendo una pieza nueva que me encargó una organización de música de cámara en Estados Unidos que se llama Chamber Music America, es una pieza que es para un cuarteto de jazz que co-lidero con David Binney, un saxofonista con el que llevo muchos años colaborando, músico compositor y saxofonista muy bueno que ha participado mucho en mis discos y ahí tocan también Brian Blade en la batería, Scott Colley en el bajo, somos un cuarteto y la pieza está escrita para ese cuarteto más un quinteto de vientos, vamos a colaborar con el quinteto más importante de hoy en Estados Unidos que se llama Imani Winds, es un quinteto de vientos bastante nombrado en Estados Unidos. Vamos a dar en septiembre dos conciertos, uno en Caifornia y otro en Michigan, en Western Michigan University y luego en marzo del 2017 tocaremos en el Walton Art Center en Fayetteville en Arkansas. Entonces esos son mis proyectos principales aparte del SF Jazz Collective que nos reunimos nuevamente para formar un nuevo repertorio e irnos de gira en octubre.

El inconsistente Batfleck

por E. J. Valdés

Si bien ya dejé saber a todo mundo que detesté Batman V Superman en la reseña que grabamos el profesor Dávila y yo para este mismo espacio, y tengo la certeza de que será recordada como la peor cinta de superhéroes de 2016, también advertí que, a pesar de mi desagrado, escribiría harto al respecto. Y heme aquí: sentado frente al ordenador para despotricar otro poco contra ese Batman chubby interpretado por Ben Affleck, y es que las fallas e inconsistencias del personaje son mucho más cuantiosas y evidentes cuando se le analiza tiempo después, con la cabeza fría cual cerveza. A continuación listaré algunas de las que más me molestaron.

 Bruce Wayne en la gala

Durante la gala que ofrece LexLuthor en su edificio, Mercy Graves sorprende a Bruce Wayne merodeando el cuarto de servidores. Al verse descubierto, éste argumenta que ha bebido mucho y que se perdió camino al sanitario. ¿De verdad? ¿Éste fue el mejor pretexto que se le ocurrió a dos escritores? ¡Cualquier persona en uso pleno de sus facultades mentales habría llamado a seguridad en ese momento!

Batfleck - Imagen pública
Batfleck – Imagen pública

 La gabardina

Una de las secuencias de Batfleck que más ha dado de qué hablar, para bien y para mal, es la del sueño donde ve a Superman convertido en villano, muy al estilo de Injustice. Si bien la principal queja de este segmento es que vemos a Batman disparar armas de fuego, mi conflicto es con la gabardina. Leyeron bien: la gabardina. ¿Para qué necesita Batman una jodida gabardina? ¿Para ocultar su identidad como las Tortugas Ninja en la película de 1990? Luce espantoso y se advierte como un intento por venderle a los niños un muñeco de acción.

 Los metahumanos

Batfleck vive en el mismo universo de Suicide Squad y tiene veinte años de carrera; él ya ha enfrentado a toda su galería de villanos, entre ellos a El Diablo, un pandillero capaz de manipular el fuego, a Enchantress, una hechicera, y a Killer Croc, un asesino deforme con súper fuerza. Es muy probable que también conozca a Talia al Ghul y a su padre en esta continuidad. No hay motivo para que le sorprenda la existencia de metahumanos como Flash, Wonder Woman o Aquaman.

Batfleck y Snyder - Imagen pública
Batfleck y Snyder – Imagen pública

Batman en Lexcorp

La incursión de Batman en Lexcorp para robar el trozo de kryptonita pudo ser la oportunidad perfecta para mostrar a Batfleck en acción en un escenario que lo ameritara, no como en la bodega de los muelles. En lugar de una pelea espectacular, Zack Snyder nos obsequió un batarang. Además, ¿por qué se sorprendió tanto Lex al descubrir que fue Batman quien robó su potencial arma? ¿Su laboratorio no contaba con un circuito de video vigilancia y una alarma que le advirtieran de la presencia del murciélago en su propiedad?

 ¿Headshot?

Durante la pelea con los malosos que tienen como rehén a Martha Kent (secuencia en la que, se supone, debe impresionarnos lo hábil y brutal que es el murciélago para el combate), Batfleck recibe no uno, sino dos tiros a quemarropa justo en la nuca. Éstos ni siquiera lo perturban, pues su capucha y sus guantes están blindados. Para mí, ése fue el momento preciso en el que me convencí de que esta encarnación de Batman era una mierda, pues él no necesita un traje blindado para protegerse de esta clase de disparos porque sencillamente no da ocasión a que sucedan. ¡Es Batman, por el amor de Dios! Además, ¿qué clase de estrategia es ésa de entrar rompiendo huesos cuando en la habitación contigua hay un rehén? Si su estilo de combate de verdad estuviera inspirado en los videojuegos de la serie Arkham, como algunos amantes de la película afirman, él habría entrado con sigilo, cual depredador, para neutralizar la amenaza sin poner en peligro a Martha Kent. ¡El hampón bien pudo haberla ejecutado tan pronto lo escuchó entrar!

Batfleck - Imagen pública
Batfleck – Imagen pública

 El rescate de Martha

Luego de incapacitar a los hombres que tienen cautiva a Martha Kent, Batfleck encara al último de ellos, armado con un lanzallamas que apunta directo a la mujer. Cuando éste amenaza con incinerarla, el encapuchado dispara al tanque de gas para hacerlo estallar y librar a Martha del peligro. Yo me pregunto: si Batlfeck estaba tan seguro de que el matón cumpliría su amenaza y de todas maneras le iba a disparar, ¿por qué coño no lo hizo en la cabeza? ¿Por qué en el tanque, cuya explosión bien pudo herir a Martha?

¿Matar a Superman pero no al Joker?

Batfleck estaba decidido a matar a Superman, un hombre que, dos años atrás, salvó al mundo de una amenaza que ni siquiera él hubiese podido enfrentar. Si su frontera moral está tan desdibujada, ¿por qué no ha matado a Joker? Ronda el internet una teoría que afirma que el Joker de Suicide Squad está muerto, y que las escenas donde le han mostrado son en realidad flashbacks; aunque no es mala idea, dudo mucho que sea el caso. Además, durante su primer encuentro con Clark Kent, Bruce Wayne comenta que Gotham ya ha tenido suficientes problemas con fenómenos vestidos como payasos; el Joker de Jared Leto no parece un payaso, sino una estrella de rock.

“Perdóname, Supes”

Durante el entierro de Clark Kent en Smallville, Batfleck dice a Wonder Woman: “Le fallé en vida”. Esto no tiene sentido porque Superman no era su amigo: escasas 48 horas antes estaba convencido de que era una amenaza para el mundo y quería asesinarlo a como diera lugar. No tuvieron tiempo para compaginar porque Superman murió de todas maneras minutos después, y lo único que tenían en común eran las capas y el hecho de que las madres de ambos se llamaran Martha.

El jazz, Monk y ser uno mismo: entrevista a Clarence Penn

El pasado viernes 13 de mayo se presentó Clarence Penn, como parte del ciclo New York Jazz All Stars, organizado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla y De Quinta Producciones. El afamado baterista presentó con su banda, Penn Station, el disco tributo a Thelonious Monk que elaboraron recientemente.

Tras el concierto pudimos conversar el Penn, esto fue lo que nos comentó.

José Luis Dávila: ¿Cómo te sientes respecto al show de esta noche, respecto a la audiencia mexicana?

Clarence Penn: La audiencia mexicana ha sido muy simpática, han sido muy entusiastas, cálidos, acogedores; parece que en verdad disfrutan la música y eso me hace muy feliz.

JLD: Sobre lo que nos presentaste esta noche, tengo esta pregunta, ¿por qué hacer un disco sobre Thelonious Monk?

CP: Porque Thelonious Monk no tenía miedo de ser distinto, así que eso es una forma muy global de ver las cosas. Yo creo que si más de nosotros no tuviéramos miedo de ser nosotros mismos entonces podríamos tener música más emocionante, probablemente más inventos. Yo creo que el mundo podría ser un lugar mejor si todos no trataran de encajar todo el tiempo en una categoría. Así que cuando yo miro a Thelonious Monk y pienso en él, cuando pienso en su música, él nunca tuvo miedo a ser distinto. Eso me dio el valor de tocar la batería como yo toco, yo toco un poco distinto que otros bateristas; me ha dado confianza.

Clarence Penn y José Luis Dávila - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Clarence Penn y José Luis Dávila – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

JLD: ¿Cómo crees que el jazz encaja en ese mundo que mencionas?

CP: Yo creo que encaja acercando a la gente. La música de jazz es en realidad todos los estilos de música envueltos en uno solo; por ejemplo, el pop es muy aparte, el rock, el r&b, son muy distantes, pero el jazz tiene un poco de cada elemento. Entonces, en mi opinión, sería genial si todo el mundo se pudiera mezclar y compartir las cosas, así es como creo que el jazz encaja en el mundo.

JLD: Es difícil estar en el mundo de jazz ahora, ¿qué piensas respecto a eso, respecto al mercado?

CP: El mercado en Europa y Asia es mucho mejor y la mayor parte del año vamos de tour en Europa y Asia; me encantaría ver que tiene más reconocimiento en los Estados Unidos. De hecho, me sorprendió mucho ver que tienen algo así en México. Estuvimos tocando en seis ciudades diferentes y hay tanta gente asistiendo que me da esperanza para que más gente aprenda sobre el jazz. Sólo espero que la gente salga y soporte al jazz, porque también es una forma de arte vivo. ¿Sabes?, cuando ves a una banda de rock o de pop sólo ves al vocalista porque es la estrella pero en el jazz a todos les toca ser la estrella porque ves como todas las partes se unen.

JLD: Eres un gran músico, has hecho esa gran reinvención de la música de Thelonious Monk, pero, así como tú con Monk, ¿crees que en 50 años a partir de ahora haya una reinvención de la música de Clarence Penn?

CP: Eso espero, sí, eso espero. Este disco es Monk, el próximo va a ser completamente original, pero sí, espero dejar algún legado.

JLD: Ahora que lo dices, estando involucrado en un festival llamado New York Jazz All Stars, ¿piensas en ti mismo como una estrella?

CP: ¿Si pienso ser una estrella? No, pienso en mí mismo como un estudiante, aún tratando de aprender a tocar la batería, a componer música y a presentar música. Creo que para mí, y para muchos otros, si te puedes mantener humilde entonces siempre puedes aprender. Si yo me viera como una estrella entonces dejaría de aprender y simplemente pensaría que soy lo más importante, pero cada noche trato de tocar mejor. Tengo una hija de nueve años y un hijo de seis y cocino muy bien, tal vez mejor de lo que toco la batería; mi hija una vez me dijo, hay un show de TV que sale, me dijo “eres bueno, pero aún no estás listo para la tv”. Me hizo sentir, me hirió un poco pero aun así me sentí feliz de que ella tenga una idea de lo que es bueno. Así que no, no me creo una estrella, creo que he tenido mucha suerte de tocar con los grandes artistas del Jazz que ya no están con nosotros como Betty Carter, Joe Williams, muchos otros, tengo suerte por ello y espero poder tocar con más gente

La ruta en la geografía propia: entrevista a Mauricio Riveros

Mauricio Riveros
Mauricio Riveros

Con motivo de su nuevo poemario, Geografía en Llamas (Eme Erre Música/Lodelavoz Ediciones), en Cinco Centros tuvimos la oportunidad de entrevistar al cantautor chileno Mauricio Riveros, quien cuenta con una larga trayectoria, siendo que también ha publicado los poemarios Canciones en Defensa Propia (2010) y Desde Arriba Nadie Te Ve (2014), este último también se estrenó en formato de cortometraje, en que las líneas de Riveros fueron leídas por poetas de Italia, España y México.

Aquí tenemos lo que nos dijo:

Cinco Centros: ¿Por qué Geografía en llamas?, ¿Qué encontraremos cuando nos adentremos en ese título?

Mauricio Riveros: Geografía en Llamas hace referencia a mi propio mapa de emociones, dibujado por pasiones marcadas en la piel. Lo escribí durante los últimos dos años en los que viajé por muchos pueblos y ciudades mexicanas, mirando con ojos de forastero, y haciendo parte de mí todo lo que viví en esa temporada; por eso la geografía. También hay un capítulo dedicado a una pasión fuerte, de esas del enamoramiento, con todo lo que provoca y lo que inspira un cuerpo ardiendo, ahí es cuando hablaron las llamas.

CC: ¿Qué te ha hecho generar la transición de la música a la poesía?

MR: Para mi han ido de la mano desde siempre, desde que comencé a escribir canciones en la adolescencia. Luego pasé diez años cantando y escribiendo con, Truman, mi ex grupo, en que las letras fueron bien clave y marcaron nuestra carrera. Después de eso, y al convertirme en solista, publicar un primer libro fue un paso casi lógico, porque ya había puesto los pies en el terreno. Llevo seis años así, y tres libros publicados.

CC: Como cantautor y poeta, ¿consideras que hay una sobre-explotación de temas clichés en las letras actuales? ¿Cómo haces tú para evitar caer en ello?

MR: Pienso que es difícil encontrar buenos textos en la música en castellano que suena hoy en la radio. He oído algunas cosas livianas e incoherentes con mucha tribuna, entonces prefiero no estar atento a lo que está en boga. Tenemos una lengua tan exquisita y no sacarle provecho es un desperdicio. Sé que hay clichés en la cotidianeidad, en hacer letras de cosas simples, o en el amor a través del desamor. Por mi parte no es que evite caer en ellos, sólo es que no pienso en quien va a leerme cuando estoy escribiendo ni poesía o ni la letra de una canción. Creo que esa falta de propósito en el momento de la creación me da más libertad, porque no apunto en la misma dirección que un artista pop. Mi ruta está trazada por líneas más profundas, y afortunadamente se me relaciona con una escena iberoamericana que es mas de culto que popular.

Mauricio Riveros
Mauricio Riveros

CC: ¿Quiénes influencian en tu obra tanto literaria como musical?

MR: Soy de la generación que hoy está en sus treinta, la que creció entre libros, porque no teníamos esta tecnología de dos clicks, entonces las influencias nos calaban más hondo entonces. No leíamos ni mirábamos nada a la ligera, todo nos marcaba a fuego, porque entendimos que al tomar un libro viajábamos con la mente. Me he construido con influencias de mucho en la música y en las letras, y sigo llevando a mi biblioteca libros de poesía, Ciencia Ficción, y me encantan las biografías bien documentadas. Por todo eso, y por los años, fui dando con mi propia voz de escritor. Se me ha anunciado en varios encuentros literarios como alguien que viene de una tierra de poetas, pero yo creo que la poesía no es exclusiva de ninguna latitud.

CC: ¿Qué sigue para ti después del libro y el nuevo disco?

MR: Ahora me toca salir a mostrar estos dos trabajos, y por la proximidad con que fueron publicados, creo que tendrá que ser un show de manera conjunta, aunque ya me ha tocado presentar libros y discos de forma simultánea en el pasado. También estoy trabajando en otro proyecto, que es un volumen de cuentos, que me tiene bien entusiasmado, pues acabo de terminar una trilogía de poemarios y esto abre la puerta a otra manera de entregar un trabajo, algo que mezcle ficción y realidad, pero eso aún deberá esperar un poco más. De todos, lo más próximo es hacer lecturas de Geografía en Llamas y a tocar las canciones de “Los Tiempos de Ahora”, estoy muy ansioso de salir a hacerlo. Primero toca en México, después en Santiago de Chile, y ojalá también varias veces cerca del mar.