Archivo de la categoría: Crítica

El museo como su espacio propio. Sobre Toujours en el Museo Amparo

por José Luis Dávila 

A veces uno se pregunta de qué están hechos los museos, esos edificios donde se muestra aquello que llamamos arte. La mayoría los ve como una especie de archivo, un lugar en el cual se resguarda la memoria del pensamiento de otros, el lugar en el que se exhiben las experiencias convertidas en objetos con el fin de evocar las experiencias de los visitantes, proceso que, a su vez, es en sí una experiencia provocada por éstos. Un poco redundante, circular, pero inevitable si se parte de esa concepción primaria que, por supuesto, no es errada pero tampoco es la única.

Creo que los museos son espacios de creación de espacio, una suerte de meta-sitios en constante transformación, la cual está en relación al uso que se le da para cada exposición y que también depende de la mirada con la que se entra a él. Así, cualquier museo no es sólo ese museo, sino que es uno distinto cada vez. Desde la fachada hasta las salas, el espacio se construye en el momento en que se le enfrenta con la subjetividad de las obras y espectadores.

En ese sentido, la muestra denominada Toujours, el museo como testigo, presentada en el Museo Amparo, es un repaso de los espacios artísticos que han sido parte del CAPC, musée d’art contemporain de Bordeaux desde su fundación en 1973, destacando las etapas y artistas que los han llevado a consolidarse como un referente mundial para el arte contemporáneo.

Lo relevante de esta exposición es la idea de emplazar al museo dentro de una memoria creada para ello desde la selección y curaduría de las piezas que se han trasladado, siendo tales un modo de destellos esenciales que dan cuenta de lo que ha sido la evolución del lugar francés, el cual tenía como fin propio de su diseño y construcción ser un almacén de inicios del siglo XIX, lo que es una muestra más de la adaptabilidad que el arte hace de los espacios.

Toujours es, de este modo, una forma de explorar el museo desde la historia que afianza su identidad como museo, una exposición sobre el espacio que fue, es y será, y que, a la vez, crea un espacio al interior de otro museo.

¿Por qué Deadpool merece un OSCAR?

por José Luis Dávila

Tengo esta tendencia la pantalla desde muy pequeño, en especifico, de cuando fui por primera vez al cine y vi el Batman de Val Kilmer; y con los años me he convertido, creo, en lo que Patton Oswalt denomina como un silver screen fiend, la cual es una forma genial de llamar a aquél que se entretiene con las películas al tiempo que las ve como una vía del arte, incidente en su vida, como una expresión de la experiencia que se retransmite. Esto sin importar de qué película se trate, pues todas poseen un valor intrínseco, ya sea The room con Tommy Wiseau o Citizen Kane con Orson Welles, ambos casos en los que una misma persona produce, dirige y protagoniza una cinta pero con resultados completamente diferentes.

Sin embargo, existe aún en la crítica especializada, cualquiera lo puede leer, una tendencia a la segregación soterrada de las ideas de entretenimiento y arte. Las películas que vemos comercialmente son películas que poco se consideran –a veces hasta por quienes están involucrados en ellas– como fuente de arte. No digo que todo deba entrar en esa categoría, pero sí que hay una subordinación implícita en el imaginario de las personas que ejercen opiniones profesionalmente y que califican a las cintas, esto sumado a que en últimos años las entregas de premios cinematográficos –y, en realidad, las premiaciones de cualquier índole– se ven afectadas por el fantasma de lo político y lo moral, cuestiones que el arte trata pero que para su apreciación no deberían influir mas que como contexto, pues, de otro modo, suelen construir una cerca que limita al tiempo que obstruye la vista.

Deadpool Movie Set - Imagen pública
Deadpool Movie Set – Imagen pública

Lo anterior también repercute al modo en que el público recibe las cintas y las consume. En el párrafo anterior uso la palabra “comercialmente” para referirme a aquellas que se exhiben bajo los estándares de entretenimiento pero toda producción cinematográfica es comercial por sí misma, y al contrario, toda cinta que se tache de comercial es susceptible de ser arte en cierto grado. En todo caso, la diferencia tendría que sostenerse entre lo artesanal y lo artístico, algo que me parece mucho más acertado.

Así, si las cintas fueran valoradas realmente por los méritos propios a cada cual, las votaciones en los premios serían más justas, pues muchas veces una película no es considerada para recibir reconocimiento tan sólo por no pertenecer al ala seria del arte de la filmación. Como ejemplo, el año pasado, entrando en febrero, se estrenó Deadpool, la cual podría ser considerada como una cinta más provocada por la moda de los superhéroes, sin embargo, prestando atención a ella, quizá haya que entenderla de otro modo.

Deadpool - Imagen pública
Deadpool – Imagen pública

Deadpool, independientemente de cualquier etiqueta que se le quiera imponer, es un paso adelante en la forma de narrar dentro del cine mal llamado “comercial”; desde el sencillo ejercicio de analepsis y prolepsis en el que gasta poco más de una hora, hasta darnos cuenta de que aquello que cuenta transita de forma extraordinaria entre el drama, la comedia y la acción. Efectivamente, muchos films de héroes integran dichos elementos, el cambio estriba en el cómo: para la mayoría de esas películas los incidentes dramáticos son motivaciones, pero en Deadpool son parte de la historia que se cuenta, no sólo del contexto del protagonista enfrentando al problema. Esto ocurre en otras películas icónicas que han sido culturalmente trascendentes, como Die Hard o, incluso, John Wick. El guión es, pues, una joya narrativa.

Otra de las fortalezas de Deadpool reside en dar a cada personaje, pese al poco tiempo que aparezca en pantalla, la tridimensionalidad necesaria para desarrollarse y ser parte de la narración; todos llegan a ser memorables a su modo, hasta el villano, quien resulta más interesante que muchos de los villanos que se nos han presentado en las películas de este corte y sobre los cuales siempre se hace el señalamiento de resultar desechables, y es que lo interesante reside en que precisamente es (y tiene que ser) desechable para funcionar en este relato.

Deadpool - Imagen pública
Deadpool – Imagen pública

Se podrían enlistar y detallar todas las inesperadas virtudes –para usar un título que a la AMPAS le pareció premiable hace un par de años– de Deadpool, y argumentar de manera irrefutable, pero, la verdad es que por más que se le defienda, históricamente las cintas como ésta suelen ser restringidas en nominaciones al OSCAR dentro de los rubros de efectos especiales o, si bien les va, banda sonora y maquillaje, lo cual es decepcionante. Este año seguramente veremos títulos como Moonlight, Manchester by the sea o Fences en las nominaciones (La La Land, por supuesto, es la favorita de muchos), cintas que se instalan en el drama. Sin embargo, me cuestiono profundamente por qué. ¿Es la necesidad de demostrar que el cine puede ser serio pese a sus raíces en el entretenimiento puro? ¿Es porque se tiende a sacralizar el sufrimiento en vez de celebrar el arte desde el desenfado?

He visto la mayoría de las películas que se rumorean para ganar la estatuilla y ninguna me resulta mejor que Deadpool –si acaso, podría considerar a Hell or highwater o Train to Busan, y esta última pertenece a Corea por lo que no será tomada en cuenta para la entrega principal–, pues como guión, adaptación y realización es una invención realmente situada en el cuidado de lo artístico a lo que aspira el contar historias desde un proyector sin importar nada más que el hecho mismo de lo que se cuenta. Además, para la época de higienización discursiva en que vivimos necesitamos que la cultura se abra en vez de implosionar por la repetitividad y tedio de tópicos que aportan ideas gastadas y formulas tan obvias que College Humor da una guía básica de pasos infalibles para ganar.

Ryan Reynolds y Tim Miller (y la FOX) hicieron un gran trabajo y merecen ser reconocidos, merecen hacer historia y acabar con las reverencias a un arte que tuvo desde su concepción el fin de llegar al público en toda su extensión, sin segregar entendidos de pasajeros despistados, conmover a cualquiera, alegrar a cualquiera, y, aceptémoslo, Deadpool es jodidamente perfecta para ello.

Arte y experiencia: sobre Entramados, Sin límite y La unción de Mercurio

por José Luis Dávila

Una de las grandes preguntas que esta década nos pide responder es por qué apreciamos el arte contemporáneo, la cual es, en principio, algo sencillo de resolver, pues en la actualidad ponemos al gusto fuera del circuito para centrarnos en el mensaje, es decir, apreciamos el arte contemporáneo debido a la fuerza de lo que transmite, a aquello que evidencia, a lo que retrata y expone; a fin de cuentas lo que valoramos es la explicación de la imagen por sobre la imagen misma, y ésta sólo es un vehículo para la información.

Por supuesto, el párrafo anterior podría resultar ofensivo para muchas personas, sobre todo para artistas, y sin embargo, no hay otra manera de expresarlo. La práctica del arte contemporáneo está viciada por el querer pertenecer a un discurso, y mientras más social mejor. Claro que esto no es malo; históricamente, el arte ha sido un referente de los cambios sociales y expresado diversas situaciones que ocurren en los entornos que se desarrolla, pero, al menos personalmente, considero que se debe hacer una distinción que al arte de nuestros tiempos se le ha olvidado y que antes era evidente: la tendencia y el compromiso.

De un lado, la tendencia aspira a ser vista, no hace caso de las formas, pone la esencia estética al servicio de lo que quiere decir para poder hacer ruido. Mientras, el compromiso está en la obra consigo misma, en el artista y sus intereses, lo cual provoca el cuidado de lo bello implícito, un “bello” entendido por el gusto y no por la estandarización.

Recientemente, cuando en San Pedro Museo de Arte se inauguraron Sin límite, de Patricia Fabre, La unción de Mercurio, de Jorge Llaca, y la colectiva Entramados de la pintura en Puebla, me puse a pensar en todo lo anterior, y es que al pasar por las salas que albergan las obras tuve la necesidad de cuestionarme frente a las producciones cómo es que estamos leyéndolas, si las valoramos por lo que son o por lo que dicen, si las entendemos realmente, o si de verdad tenemos que entenderlas.

Cada una de las piezas presentadas en San Pedro es una maravilla de la técnica artística. Y cada una es una experiencia diferente: Patricia Fabre nos narra un camino al autodescubrimiento, una senda marcada de inconsistencias íntimas entre las líneas y la dualidad de los colores; Llaca propone una interpretación a la espiritualidad de la razón, una instalación díptica que realza el conflicto entre el hacer y el contemplar, pero más allá, un uso del espacio y su historia para generar un tema; finalmente, Entramados se define por su título, un compendio de alto valor histórico y artístico en el cual encontrar piezas que demuestran cómo evoluciona una sociedad en su arte, cómo se ve a sí misma y el modo de apropiarse de ella por las miradas creativas que viven en ella.

Pero lo dicho no es algo que todos deban pensar, es algo que pienso yo. Como dije, una “experiencia”, misma que no se puede tener por otros, y por ello me cuestiono aún la pertinencia de apreciar al arte contemporáneo por su mensaje. Por supuesto, tener la explicación del artista y el curador resulta enriquecedor, pero lo que verdaderamente necesitamos es la opinión del espectador, pues al final es lo que hace al arte y no lo otro. El gusto elidido es un pecado que no deberíamos permitir en las galerías de nuestra ciudad a favor de la explicación cerrada, y mucho menos en muestras como las que ahora menciono, ya que al arte contemporáneo le falta la validación de esa experiencia personal e íntima que cada quien le otorga y le sobra la admiración de sus pares.

En fin, vayan y vean las obras por ustedes mismos, y pregúntense “qué veo yo” y no “qué debería ver”.

¡Santos contadores públicos, Batman!

por E. J. Valdés

Este artículo contiene spoilers

Luego de ver en el cine The Accountant, el más reciente largometraje estelarizado por Ben Affleck, mi amigo, el señor Álvarez, señaló que el personaje de Christian Wolff era un mejor Batman que el de Batman v Superman y Suicide Squad, interpretado también por Ben Affleck (el New York Times acaba de incluir estos dos filmes en su lista de los diez peores de 2016, por cierto). Pienso que este comentario fue de lo más acertado, y es que el personaje principal de la película de Gavin O’Connor y Bill Dubuque posee un buen número de tratos propios del Hombre Murciélago, como listaré a continuación.

La identidad secreta

Tras presenciar el asesinato de sus padres cuando era un niño, Bruce Wayne decidió enfrentar al crimen de Gotham y al crecer se convirtió en Batman, cuyas actividades de vigilantismo oculta tras la fachada del millonario, playboy y filántropo consentido de la ciudad. Christian Wolff por igual lleva una doble vida: detrás del contador público que presta sus servicios en un pequeño despacho de Illinois se oculta el misterioso asesor fiscal de emporios criminales. Según nos revela la película, Wolff ha utilizado antes otros nombres para evitar ser detectado, todos en homenaje a genios matemáticos.

The Accountant - Imagen pública
The Accountant – Imagen pública

El entrenamiento superior

Bruce Wayne se preparó durante años para alcanzar un nivel físico y mental casi sobrehumano, cualidad también presente en Christian Wolff, a quien su padre entrenó en distintos estilos de combate desde la niñez y cuyo autismo altamente funcional le confirió un intelecto prodigioso. Así, lo vemos neutralizar a una docena de hombres armados sin un rasguño como el hombre murciélago ha hecho en cómics, películas y videojuegos.

La guarida secreta

Batman utiliza como base de operaciones la Baticueva, construida en los cimientos de la Mansión Wayne; las historietas y sus numerosas adaptaciones nos muestran que allí guarda sus vehículos, artefactos, equipo de cómputo y otras curiosidades. Christian Wolff también tiene un lugar secreto en donde almacena su arsenal y otros objetos de valor, como documentos, divisas y hasta arte: un remolque oculto en un conjunto de bodegas como suelen haberlos en muchas ciudades de los Estados Unidos.

El aliado en la policía

Uno de los principales aliados de Bruce Wayne en su cruzada contra el hampa es el comisionado James Gordon del GCPD, a quien a menudo provee inteligencia que le permite estar un paso adelante de los villanos y ponerlos tras las rejas. Christian Wolff hace prácticamente lo mismo con Raymond King (J.K. Simmons), un agente de la Red de Control de Crímenes Financieros (FinCEN) a quien, en secreto, suministra información de sus clientes. Gracias a ello, King asciende hasta el puesto de director tras asestar importantes golpes al crimen organizado, y así como en algunas de sus encarnaciones Gordon aparenta una cruzada para detener a Batman, King persigue al Contador sin la intención de detenerlo, sino de asegurarse de que su sucesora sea capaz de aprovechar ese cuestionable nexo.

The Accountant - Imagen pública
The Accountant – Imagen pública

El oráculo

En el imaginario de Batman, Barbara Gordon se vio forzada a dejar el rol de Batgirl tras ser baleada por el Joker y quedar paralítica. No obstante, ella permaneció activa en la defensa de Gotham gracias a su genio informático y se convirtió en Oracle, quien al lado de Alfred provee a Batman con inteligencia y labores de espionaje cibernético. En los últimos años, la serie de videojuegos Arkham la presentó como el aliado más valioso del encapotado. No hay que ser un genio para darse cuenta de que Justine (Alison Wright), la chica a quien Christian conoce en el Instituto Harbor cuando es niño, juega un papel idéntico como “La Voz”. El paralelismo con Barbara es tal que las dos están confinadas a una silla de rudas y operan computadoras con tecnología de punta desde locaciones remotas.

El amor imposible

Bueno, en el caso de Batman valdría expresarlo en plural: a lo largo de su historia, se ha vinculado al Hombre Murciélago con varias mujeres sin que en realidad llegue a tener una relación estable con alguna de ellas; Bruce Wayne sabe que en su línea de trabajo eso no es posible. Christian Wolff parece tener una convicción similar, pues aunque es claro que se identifica con Dana (Anna Kendrick),se siente atraído por ella e incluso pone en riesgo su identidad —y la operación entera— con tal de protegerla, decide dejarla atrás luego de resolver lo de Living Robotics. Como nota personal: ese fue uno de los pocos puntos de la historia que rompieron con las películas de acción convencionales, en las que el héroe siempre se queda con la chica.

El aliado perdido

Quizá este punto ya sea un tanto exagerado, pero pienso que Braxton (Jon Bernthal), el hermano de Christian, se equipara un poco a Jason Todd, el segundo Robin que tras una serie de eventos desafortunados se convirtió en Red Hood. Christian y Braxton crecieron y entrenaron juntos, y aunque es visible que las habilidades del primero son superiores, el segundo cierra la brecha con frialdad y agresividad. En algún punto de su historia, los dos tomaron caminos distintos y no supieron el uno del otro hasta el clímax de la película. El momento en el que Christian descubre que el matón al servicio de Lithgow es su hermano perdido me recordó aquella escena en Arkham Knight en la que Batman, tras mucho tormento, descubre que Jason Todd está vivo (aunque estos reencuentros culminan de maneras muy distintas).

Desconozco qué tan consciente esté Bill Dubuque de estos paralelismos, pero me sería difícil creer que se tratara de graciosas coincidencias. ¿Quizá era su deseo explorar el legendario de Batman desde otro ángulo, aterrizarlo en otro contexto? Es probable que nunca lo sepamos. Sin embargo, lo que sí sabemos es que The Accountant tuvo una recepción crítica bastante tibia, y es que a pesar de que la historia y la ejecución tienen cierto encanto, termina sintiéndose como un producto mediocre. Por supuesto que la intención de O’Connor era explotar el actual estatus de Ben Affleck como Batman (hasta los afiches se parecen), pero pienso que buena parte de las malas críticas que obtuvo esta cinta las debe a la asociación de Affleck con un Hombre Murciélago que no convenció dos veces en el mismo año; muchos entraron a esta película predispuestos a odiarla. Creo que Anna Kendrick lo hace incluso peor (en general me parece una pésima actriz). ¿Habría funcionado mejor con otro elenco? Pienso que sí, aunque no cambiaría ni a Simmons ni a Bernthal, pues son geniales. ¿Veremos una secuela de The Accountant? Aunque yo desearía que no, la película hizo dinero, y ya saben que con eso baila el perro.

Isaac Julien: el capital y sus divertimentos

por José Luis Dávila

El acelerado ritmo de los inversionistas, los banqueros, los corredores de bolsa, contadores, rings de teléfonos, papeleo, montañas de papeleo, todos ellos en esfuerzo conjunto para hacer real al dinero, para hacerlo también virtual; generar y desaparecer, un vaiven, casi tan bien armado como una pieza de Morricone, o mejor aún, un ensamble de jazz en un club nocturno de New York, donde al final del día se toma una copa, se respira, se dejan los pies fuera de los tacones y las corbatas liberan el cuello. Pero a la mañana siguiente, todo de nuevo. Y nosotros, en verdad creemos ser sólo espectadores, creemos que estamos fuera del juego. Pero no. También marchamos en sus términos. Somos una sociedad encadenada, para bien y para mal –sin que uno sea contrario realmente del otro–, a los valores económicos. Al capital y sus divertimentos.

Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Kapital, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

La anterior es una premisa casi burda en comparación  a cómo lo expone Isaac Julien con sus films Playtime y Kapital, presentados a modo de díptico en las salas del Museo Amparo. Julien propone la exploración cinematográfica como un medio para el entendimiento de cuestiones que llevan más de siglo y medio desarrollándose en conceptos formadores de los sistemas políticos y comerciales del mundo. Conceptos que han provocado tanto épocas de abundancia como guerras y divisiones sociales. Conceptos que ahora se muestran y usan indiscriminadamente, restándoles su significado original, al tiempo que adquieren otros que se les atan ya por honestos errores, ya por malinterpretaciones premeditadas.

Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo - Fotografía por Jessica Tirado
Playtime, de Isaac Julien, en el Museo Amparo – Fotografía por Jessica Tirado

El trabajo de este artista es una forma de acceder a la experiencia audiovisual de problemáticas que parecen lejanas, pero si se reflexionan, son aplicables a hechos que nos conciernen como parte de eso que se suele denominar “aldea global”, en la cual estamos sin que nadie nos pidiera opinión, pero de la que nos beneficiamos también. Julien expone, pues, el mundo de matices que referencian la actividad económica actual, e invita a una introspección de ese mundo, un análisis propio (y creativo) del rumbo socioeconómico en el cual nos encontramos.

Suicide Squad/Disaster Squad

por E. J. Valdés

Este comentario contiene spoilers, ¿pero a quién le importa?

Cuando fui a ver Batman V Superman salí encabronado del cine. De Suicide Squad salí disgustado solamente; eso ya es ganancia.

Suicide Squad es escrita y dirigida por David Ayer y cuenta con un reparto de ensamble en el cual destacan Margot Robbie, Will Smith, Jared Leto Joel Kinnaman y Viola Davis. La crítica ya lo ha dicho hasta el cansancio: la tercera entrega del universo cinematográfico de DC no es precisamente la peor, aunque padece de los mismos males que su antecesora: un exceso de personajes sin desarrollo, argumentos secundarios que no van a ninguna parte, mala narrativa y ejecución sub par. El público ha sido mucho más benevolente, y antes de que comenzara la proyección pensé que saldría convencido, como muchos de ellos, de que la prensa fue demasiado dura; que todo mundo amó odiar Batman v Superman y que, como consecuencia, deseaba odiar esta película también. Pero no fue el caso: si el anticlimático duelo entre el último hijo de Krypton y el murciélago de Gotham merecía un 3/10, esta nueva aventura amerita, cuando mucho, un 5/10.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

La premisa ya nos la sabemos: tras la “muerte” de Superman, el gobierno de los Estados Unidos está preocupado por la existencia de otras amenazas sobrehumanas y decide conformar un equipo que sirva como plan de contingencia y chivo expiatorio; un equipo de talentosos villanos que pueda meter las manos donde las autoridades no y asumir la responsabilidad si algo sale mal. Así, Amanda Waller (Davis) propone la creación de la Fuerza de Tarea X y recluta a algunos de los criminales más peligrosos que tiene a la mano, como Harley Quinn (Robbie), Deadshot (Smith), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), El Diablo (Jay Hernandez), Captain Boomerang (Jai Courtney) y Enchantress (Cara Delevingne), quienes quedan a las órdenes de Rick Flag (Kinnaman), un militar top-notch especializado en… seguir las instrucciones de Waller, supongo. Este peculiar escuadrón deberá enfrentar una amenaza que el propio gobierno ha traído, sin querer, sobre sí mismo, mientras el Joker (Leto) persigue su propia agenda de manera simultánea.

Como toda película, Suicide Squad tiene sus pros y sus contras. Comenzaré con los pros. Primero que nada, el personaje más valioso de este título (no por nada casi toda la publicidad giró en torno suyo) es Harley Quinn; Margot Robbie hace un estupendo papel dando vida a la psiquiatra convertida en secuaz del Joker y nos brinda una interpretación que a todos nos recordará a esa atractiva, ingenua y peligrosa chica de la serie animada de los 90 y de la saga de videojuegos Arkham (aunque se extraña la vocecilla chillona de Tara Strong). Will Smith también hace un buen trabajo como Deadshot, y no pudieron elegir una mejor actriz para hacer a Amanda Waller que Viola Davis. Estos tres personajes son, por mucho, los mejor escritos de toda la película. El guión es bastante más humoroso que el de Batman v Superman, y eso se agradece después de una película que fracasó en su intento de ser más oscura que Watchmen y la trilogía de The Dark Knight juntas. Hay también algunos guiños hacia la siguiente entrega de este universo (Justice League), mucho mejor ejecutados que las grabaciones que tenía Lex Luthor en su computadora; esta película sí se siente como parte de algo más grande.

Y eso es todo lo bueno que puedo decir al respecto.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Ahora lo malo. Primero que nada: Batfleck. El mismo Batman burdo y torpe está de regreso, y aunque su participación es muy breve, el guión no le ayuda para nada: dos segundos después de que aparece, Deadshot ya le pegó un tiro y lo tiene en el suelo, a su merced. ¡Una niñita tiene que pararse frente a él para salvarlo de otro disparo! Así que va la misma queja que en BvS: Batman no atacaría a un hombre armado de frente, y mucho menos cuando hay un menor a menos de un metro de distancia. ¿De verdad no se le ocurrió otra cosa que llegar y decir: “Eh, Deadshot, estás bajo arresto”? ¡Qué patético! Y luego esa escena en donde persigue a Harley y Joker por las calles de Gotham; en la película anterior no tuvo ningún reparo en utilizar el arsenal del batimóvil para hacer estallar los vehículos de Lexcorp (con lo cual seguro mató a los tripulantes), ¿pero aquí le faltaron los baticojones para hacer lo mismo contra su archienemigo? ¿Ese hombre que estuvo a un instante de aniquilar a Superman quiso asegurarse de a atrapar con vida al asesino de JasonTodd? ¡No se los compro ni aunque lo metan a una caja de FrootLoops!

Eso me lleva a mi segunda queja: Joker. Jared Leto no me parece un mal actor, pero desde que vi su caracterización (para la cual seguro le dieron libertad absoluta) presentí que no me iba a gustar. Mi pronóstico se cumplió. Chris Stuckmann dice que hasta ahora no existe un Joker deficiente en el cine, pero considero que éste es el que más se ha acercado a ese adjetivo; al verlo no encuentro al payaso rey del crimen por ninguna parte, sino a un gánster con una pose de estrella de hip-hop y más joyería encima que Mr. T; un espantoso híbrido entre el Joker de Heath Ledger y el de Mark Hamill; un Joker que no me transmite absolutamente nada con sus escuetas carcajadas.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

¿Se dan cuenta de lo terrible que se lee eso? En una película en donde aparecen Joker y Batman, ellos están entre los elementos más flojos.

Y si hemos de continuar con los personajes, el resto del escuadrón suicida se antoja gratuito: quita a Killer Croc y Captain Boomerang de la película y no pasa nada. ¿Katana? Lo mismo. ¿Slipknot? ¡Con razón ni se molestaron en incluirlo en la publicidad! En una película cuyo objetivo es hacer que el público sienta empatía por un grupo de villanos, la mayoría de ellos son irrelevantes. Es increíble que entre este elenco menor sólo El Diablo tenga una historia que nos diga quién es, de dónde viene y por qué busca redimirse. En el caso de Enchantress, da la impresión que se pasa media proyección haciendo hula-hula, a su hermano también pudimos ahorrárnoslo, y Rick Flag es opacado por Deadshot como una linterna de mano pierde su haz bajo los rayos del sol.

Eso me lleva a hablar del conjunto de todos estos personajes: el Escuadrón Suicida es como la Liga de la Justicia de los villanos, pero en ningún momento se siente como un equipo; no hay cohesión, no hay vínculos, no se forman lazos de ninguna índole. Incluso, cuando llega la hora del combate final, da la impresión de que son un puñado de personas que no se conocen, no se agradan entre sí y que preferirían estar en cualquier otro lugar y no volver a verse nunca. Sí, ya sé que son los tipos malos, pero no consiguen que se me antoje verlos juntos en otra aventura; denme una película en solitario de Harley Quinn, una de Katana si quieren, e incluso una secuela más de Ocean’s Eleven, pero no me traigan Suicide Squad 2.

La narrativa es un desastre como lo fue en el caso de Batman v Superman: se siente apresurada y muy mal presentada; un segundo tienes a Enchantress y Rick Flag en un apartamento y al siguiente están en las vías del subterráneo sin que te sugieran, cuando menos, que la explicación vendrá después; el escuadrón es recibido por una horda de violentas criaturas tan pronto asoma a Midway City, y poco más tarde entra a tomar un trago a un bar que se encuentra a sólo unas cuadras de una amenaza sobrenatural…

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Por último, me parece inverosímil que únicamente la troupe de Amanda Waller haya atendido la emergencia en Midway City; cuando Zod decidió convertir a la Tierra en el nuevo Krypton, Bruce Wayne viajó a Metropolis tan aprisa que olvidó el batitraje en casa; cuando LexLuthor hizo su propia abominación kryptoniana (a Doomsday, pues), Diana Prince dejó el retiro voluntario para esgrimir espada y escudo junto a Batman y Superman; pero cuando una antigua hechicera convierte a civiles inocentes en su ejército de zombis y amenaza con subyugar a todo el planeta, sólo la Fuerza de Tarea X se presenta. Me pregunto qué estarían haciendo Batman, Wonder Woman y Flash en ese momento… En definitiva, no estaban tratando de convencer a Aquaman de que se uniera a su club…

Juro que no entré al cine con la intención de odiar Suicide Squad, pero no puedo pasar por alto el hecho de que es una película un poquito menos mediocre que Batman v Superman. DC tiene planes para su universo cinematográfico los siguientes cuatro años; si Wonder Woman y Justice League resultan igual de malas, quizá esos planes no lleguen tan lejos. ¿Y saben? Lo curioso es que en el terreno de animación sucede justo lo contrario: sus producciones son muy bien recibidas, mientras que las de Marvel son espantosas (basta ver ese horrendo anime de los Avengers). Batman: Assault on Arkham fue todo lo que Suicide Squad debió ser; ¿por qué cintas como ésa, como Justice League vs. Teen Titans, e incluso The Killing Joke —cintas que sí dan resultados— no han de llegar más allá del formato casero? ¿Por qué la necedad de imitar lo que Marvel hace cuando le llevan una increíble ventaja en otro terreno, cuando podrían hacer algo diferente?

No lo entiendo.

Reseña: Suicide Squad

por Juanito Pereira

Después de la decepción que le causó a más de uno Batman v Superman, esta nueva entrega, basada en los comics DC, me resultó bastante entretenida. Suicide Squad es una película divertida, con un buen soundtrack y una mezcla rara pero funcional entre tantos nuevos personajes. El show se lo roban Margot Robbie, Will Smith y Viola Davis en sus papeles de Harley Quinn, Deadshot y Amanda Waller, respectivamente.

Margot Robbie le dio al clavo con su interpretación de una Harley Quinn maliciosa, loca y perdidamente enamorada del Guasón, muy cercana a su versión de la serie animada. Will Smith a sus 47 años sigue siendo relevante, gracioso y a todas leguas se nota que se divirtió como enano haciendo esta película. Y si queremos hablar de un personaje imponente, poderoso, vicioso y controlador, Viola Davis. ¡Qué pedazo de actriz! Nunca me pude imaginar ver a una Amanda Waller en la vida real, pero esta señora la encarnó a la perfección.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Ahora, esta película no es perfecta, no lo intenta ser, y si esperan ir a ver una película tan bien estructurada como Captain America: Civil War, están en el lugar equivocado. Suicide Squad sufre al tener que presentar y desarrollar a tantos personajes en la pantalla grande. La mejor manera de ver esta película es hacer la tarea de leer un poco de la historia de cada personaje antes de pisar la sala del cine. Ya con algo de contexto de antemano, entonces la experiencia es diferente y creo que es la mejor manera de disfrutar 2hrs de puro entretenimiento.

Acerca de los antagonistas de la película no hay mucho que decir, creo que son el punto más débil de esta película y en ningún momento representan un grave peligro para nuestros personajes principales. Creo que la industria de producir películas de superhéroes ha llegado a un punto en el que debería de haber un mejor enfoque en el desarrollo del papel del villano. Tomemos al general Zod de la película Man of Steel como ejemplo: uno tal vez no puede apoyar las acciones de dicho personaje pero, hasta cierto grado, puede entender por qué es como es y por qué hace lo que hace. Los escritores tienen que hacer que nos interese y nos importe el villano tanto como el superhéroe, eso crea una historia en la que uno puedo interesarse.

Suicide Squad - Poster
Suicide Squad – Poster

Para finalizar, hablaré poco de Jared Letto y su encarnación del Guasón. Miren, en primer lugar sale muy poco en la película, pero me gustó la dirección en la que el señor Letto quiere llevar a este personaje. En Suicide Squad el Guasón parece más un jefe de la mafia que un villano demente. Sería injusto compararlo con otros Guasones, dado que Jack Nicholson y Heath Ledger fueron el principal foco de atención en sus respectivas apariciones en contra del caballero de la noche. Auguro un buen futuro pero, hasta no verlo pelear mano a mano por dos horas contra Batman, el jurado seguirá en deliberación.

Como ya lo dije antes, Suicide Squad no es perfecta y mucho menos es la salvación del universo extendido de películas de DC, pero en verdad que vale la pena su tiempo si lo que quieren es ir a ver una película entretenida, con buen humor, algo de acción, y muchos, pero muchos personajes basados en personajes de los comics.

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

por Lo Hiancia Pez

Las leyendas tradicionales australianas (donde no faltan dragones, ciénegas tenebrosas, ambientes enrarecidos), la fe católica anglicana familiar (redención y condena, carnalidad y espiritualidad, etc.) y la cultura libresca de sus padres (él, profesor de literatura; ella, bibliotecaria), fueron el fertilizante para la imaginación poderosa, deshinibida, arriesgada, inclemente, lúcida, de un joven rockero amante de las historias, de un adulto escritor de relatos colmados de imaginería (Y el asno vio al ángel, La muerte de Bunny Munro, novelas), acostumbrado por carácter a beber con intensidad los detalles de la vida de veras (paisaje, música, figuraciones, gente, aburrimiento, emociones, drogas, amistad, sacralidad, pérdida, amores, charlas, hijos, trabajo, comida).

“¡El verdadero artista es el sueño comunicartivo!
¡El artista carroñero es la pesadilla que te contacta!
¡El verdadero artista está en el presente y es del presente!
¡El artista carroñero vive en la memoria y en la historia!”

A los 58 años Nick Cave exhibe una energía exhuberante, un ego sosegado, una sensibilidad que le ayuda a empatar con el público. Es adorado como dios del rock, conoce las posibilidades de su genio a más de 40 años de carrera en la música y la literatura, se sabe un sobreviviente de los excesos. De gira, de una ciudad a otra, está acostumbrado a las asociaciones mentales entre conciertos, con apenas oportunidad para pequeños paseos por calles y alrededores en los que reelabora el pasado, ensaya temores, recrea extrañamientos (“soy una casa encantada que aúlla y jadea llena de recuerdos”). Se permite correr para llegar a tiempo al camerino donde lo entrañable (su cotidiano) se solidifica y transparenta al shokear con la evanescencia del ensueño realista (las divagaciones) en que se transportaba hacía unos minutos; de recoger una pequeña dragoncita moribunda bajo un puente; de enviar pensamientos apasionados y crueles a su esposa al otro lado del mundo; de idear una nueva canción de la que enorgullecido sabe criticar los dislates —las obsesiones que los críticos y fans exaltados magnifican; divertimentos, oficio y modo de vida; su vida de veras está en otra parte, podemos verla y oírla en pantalla, leerla en el libro…

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave - Portada
La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave – Portada

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015) fue lanzado paralelamente al documental 20,000 days on Earth, ambos compuestos de biografía y ficción; es una especie de diario, cuentario y crónica de gira donde le habla también a su público con la sencillez de quien ha sabido perseverar en la parábola de su niñez: “No se avergüencen de su necesidad de crear, es la parte más bonita de sus corazones. El mito es la verdadera historia. No dejen que les digan que no hay monstruos. No dejen que los hagan sentir idiotas porque son felices jugando con su linterna en la oscuridad.”

Capítulos unitarios componen el libro de pastas duras, hojas gruesas y coloridas con el facsímil de las bolsas para el mareo donde Cave escribió los borradores. Los textos, breves, son mezlca de motivos o impulsos inmediatos (la habitación, un malestar físico, el día de descanso) con asociaciones más o menos afortunadas (“me chernobileó el traje hasta el punto de provocarme náuseas”), siempre enriquecidos por el temple equilibrado con rudeza punk y refinamiento de artista culto; el autor aparece mediante vivencias reales o creadas y la reminiscencia de alguien cercano a él (padres, esposa, compañeros de su legendaria banda); surge la emoción, la inercia es imparable, un clímax inesperado y preciso antes del final.

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

Pocas semanas después de la presentación del libro y el documental en la Ciudad de México, a mediados de julio de 2015, un hijo gemelo de Cave murió al caer por un acantilado en Brighton, Inglaterra. Inexperto, traía dentro una dosis de LSD. Su padre es un veterano retirado del consumo de heroína. Un recuerdo en el documental y en el libro atribuido a sus padres (la memoria comunitaria, el tono de leyenda o de presagio) resulta tremendo: “sobre el niño que había muerto saltando desde el puente del tren. […] Sobre todo me acuerdo de eso.”

Leer este libro con fondo de las canciones de Nick Cave and The Bad Seeds (de preferencia I the best… My favorite songs) en espera de que ocurra la coincidencia, el milagro…

Ghostbusters (2016): El innecesario remake

por Juanito Pereira

Seamos realistas, esta película desde su anuncio estaba destinada al fracaso. Esto no tiene nada que ver con el casting, pudieron haber puesto a cuatro personajes principales totalmente distintos y de cualquier manera esta película no hubiera sido buena. ¿Por qué? Pues porque la película original ha tenido más de 30 años para ganar adeptos – muchos la hemos visto una y otra y otra vez – al igual que todos recordamos a Bill Murray, Dan Aykroyd y compañía, en infinidad de roles que los han convertido en parte de nuestros actores favoritos. Ghostbusters (2016) no es una película buena, pero tampoco puedo decir que sea mala. Dicho esto, la trama de este intento de remake no me terminó de convencer. Es bastante enredado, aburrida a veces, y se traba mucho queriendo utilizar terminología ‘fantasmologica’ con un disque enfoque científico, que en lugar de ser chistoso, resulta bastante tedioso, pues es usado hasta el cansancio.

La primera hora de la película no me resultó aburrida, aunque trata de copiar muchas cosas que la original hizo, esta no termina por dar explicación a preguntas como: ¿De dónde sacan el dinero para sus inventos, para la renta, para pagarle al recepcionista, etc? -Porque he de decirles que en toda la película, sólo atrapan a un maldito fantasma y ni le cobran al dueño del lugar. – ¿¡Material radioactivo para los proton-packs!? -¡Claro, en 2016 debe ser muy fácil conseguir plutonio en la tienda de conveniencia más cercana!-

Ghostbusters (2016) abusa del uso de las Imágenes Generadas por Computadora (CGI siglas en inglés). Termina cayendo en el mismo error cometido por películas tales como Independence Day: Resurgence y Jurassic World. ¿Acaso los cineastas no han entendido que para que una película luzca de lo más lindo, deben de combinar efectos prácticos con CGI? J.J. Abrams nos enseñó en Star Wars episodio VII que la mezcla de ambas es la que da los mejores resultados, y deja satisfecha a la audiencia. Los fantasmas no dan miedo, se ven muy para niños por todos los colores tan burdamente brillantes que utilizaron para crearlos. Es como ver a Electro, de The Amazing Spiderman 2, una y otra y otra vez. Pero al ver que Sony produce este film, no me sorprende en lo más mínimo.

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Ninguno de los personajes resulta ser ampliamente chistoso. Los roles que interpretan las actrices Kate McKinnon y Leslie Jones son los más destacables. Sin embargo, los avances de la película nos entregan las mejores bromas y esto termina por afectar el flujo de la película. Melissa McCarthy no me convence como una actriz de comedia, siempre parece que sobreactúa sus papeles. ¿Quieren ver una película donde es chistosa? Vean St. Vincent, donde aparece al lado de Bill Murray, en esa película su rol no es el de ser una mujer graciosa, sino seria, pero al ser un film bien escrito, el resultado es positivo.

No hay mucho más que pueda decir de Ghostbusters (2016). Es una película innecesaria, con actuaciones muy planas, sobrecargada de efectos especiales, y con cameos de los actores de la película original que resultan ser una desgracia y una vergüenza. Si no tuviera una subscripción mensual al cine que me deja ir a ver cuántas películas yo quiera, creo que no pagaría por haberla visto. Denle tal vez una checada cuando salga en Blu-Ray o formato digital. Mejor vayan a ver Finding Dory, esa sí es una secuela entretenida.

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Ghostbusters y la absurda obligación de ser incluyente

por E. J. Valdés

Ya es por todos sabido que la nueva cinta de Ghostbusters, a estrenarse en julio, ha atraído un odio como no se había visto en los años recientes del cine. Hoy por hoy, el primer avance que mostrara Columbia Pictures es el más denostado de cuantos se pueden encontrar en YouTube, y la conversación en torno al mismo está tan caliente como las llamas del infierno: los detractores, por un lado, dan por hecho que la película será un fiasco, e incluso youtubers como James Rofle han llamado a boicotearla, mientras que otros tantos usuarios afirman que no se puede juzgar la calidad del producto por un avance y que hay que esperar a verla para emitir un veredicto.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

También se ha dicho bastante sobre la decisión de los productores de relanzar la franquicia con un equipo conformado por mujeres, y es justo este punto el que me trae a escribir estas líneas: muchos defensores de la cinta sostienen que la reacción al avance ha sido machista, que todo aquel al que le desagrada es un misógino que no tolera ver a un cuarteto de féminas hacerse de los uniformes y los proton packs. Absurdo; a todos ellos les diría que antes ya hubo una chica en las filas de los Cazafantasmas: Kylie Griffin, en la serie animada Extreme Ghostbusters (la cual, por cierto, sí servía como secuela a las dos cintas originales).

No, el coraje de los fans hacia esta nueva producción no tiene que ver con un conflicto de género, sino con lo que el estudio y el director han hecho con una de la franquicias más queridas del cine y la animación; Ghostbusters y su secuela de 1989 fueron comedias brillantes, mientras que la nueva… Vaya, parece cualquier otra película de Melissa McCarthy, con un humor tan burdo y simplón que hasta da pena.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Sin embargo, ha poco me topé con un comentario que sí denosta al elenco femenino, y éste fue escrito por una mujer. Pero no se emocionen, pues la que pudiera escucharse una opinión interesante es en realidad una de las más estúpidas que me he topado al respecto: Janessa Robinson, de The Guardian, afirma que la cinta no es incluyente porque no hay mujeres latinas, asiáticas y nativas americanas en el equipo. También señala racismo implícito en el personaje de Leslie Jones, pues no sólo es la única Cazafantasmas afroamericana, sino que es la única que no tiene un grado académico. Me queda claro que Robinson no ha visto las películas anteriores, pues, si no me falla la memoria, en el equipo original también había un solo integrante afroamericano (Ernie Hudson) y éste, a diferencia de sus compañeros, no era un científico. Y tengo la certeza de que nadie llamó racistas a Dan Aykroyd ni a Harlod Ramis, ni les reclamó la ausencia de Cazafantasmas filipinos, iraquíes o salvadoreños. Y eso fue porque ellos escribieron así a los personajes. Punto. Tal parece que hoy toda película debe tener una cuota de minorías para ser socialmente aceptable.

Según lo razona Robinson, era obligación de los escritores inventar a una Cazafantasmas latina, a una Cazafantasmas asiática, a una Cazafantasmas india, a una Cazafantasmas lesbiana, a una Cazafantasmas musulmana, a una Cazafantasmas madre soltera, a una Cazafantasmas adolescente embarazada, a una Cazafantasmas vegana y a una Cazafantasmas transgénero para que todos se vieran representados. ¡Qué estupidez!

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Lo peor del asunto es que tal parece que opiniones como la suya son las que ahora regulan a Hollywood, pues no sólo una queja de Will Smith puso en jaque la última ceremonia de los Academy Awards, sino que ahora hay movimientos que pujan porque el siguiente James Bond sea interpretado por una mujer o porque en la próxima entrega de Star Wars se revele que Poe Dameron es homosexual. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál es el problema con aceptar a los personajes como los escribieron sus creadores? Considero que ellos no tienen la obligación de dar gusto a todo mundo, porque si así fuera, yo quiero que revivan Beverly Hills Cop con un actor blanco en lugar de Eddie Murphy, o que hagan de nuevo The Fresh Prince of Bel-Air con una chica rubia en lugar de Will Smith. ¿Cuánto apostamos a que eso no sería llamado inclusión?

Quiera Júpiter que esta Era del absurdo en el cine en pos de la inclusión termine antes de que nos llegue el remake de El Padrino con una afroamericana lesbiana en el papel de Vito Corleone, o la nueva biografía de Rosa Parks con Woody Harrelson en el papel estelar.