Archivo de la categoría: ¿y la nariz de la esfinge?

Personal Yisus

MONJAS-IMAGEN PÚBLICA
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por Carolina Vargas

A Mont y su magnífica amistad e incomparable complicidad.

A los placeres carnales, sin ustedes seríamos nadie.

No soy una persona religiosa. Durante años me formaron dentro de la fe católica, cursé ocho años de instrucción escolar en un colegio de monjas, estuve en el coro de la iglesia, he ido a retiros espirituales y de acuerdo con la fe que me inculcaron tengo casi todos los sacramentos –me faltan el matrimonio y la extremaunción- por lo que según mi abuela soy una apóstata irredenta.

Pese a que no abrazo ninguna institución religiosa, ni soy una persona de fe, tengo mi lado espiritual, de vez en cuando medito y trato de conectarme conmigo misma, y no…no soy budista de clóset. Vamos que en términos más sencillos no creo en Dios.

Sin embargo, soy tolerante con las creencias de otros. Yo me crié en una familia católica, mi madre es cristiana, tengo amigos protestantes, mormones, testigos de Jehová, conozco judíos, musulmanes y por ahí uno que otro agnóstico. No tengo problema con la fe de otros, creo que lo más importante y lo que debe estar por encima  de cualquier etiqueta, es el respeto hacia el otro y más importante aún, hacia uno mismo. Pasando por la congruencia, la tolerancia, si pudiera nombrar una fe en la que sí  creo, sin duda esa sería la amistad.

¿Y a qué se debe todo este cursi preámbulo? Muy sencillo, como ya dije en la columna anterior, las mejores cosas salen sin planearlas. Así que mi aventura semanal surgió de esa forma.

Estaba nuevamente arranada en mi escritorio cuando mi querida amiga –la misma del relato anterior- me llamó para que la acompañara esa tarde a hacer varias cosas. Como siempre no tenía nada mejor que hacer el resto de la tarde, así que después de terminar lo que sea que estuviera haciendo en ese momento, me dirigí al sitio habitual de los encuentros fortuitos.

Después del saludo habitual, comenzó nuestro parloteo, pasaron unos cuantos minutos y yo todavía no sabía concretamente que era lo que íbamos a hacer. Así que caminamos, caminamos y parloteábamos alegremente hasta que llegamos a un edificio grande, de muros infranqueables y una puerta en la que se concentraba toda la energía del mundo exterior –sin duda una carga pesada-. Llamamos por el aparato intercomunicador y una molesta chicharra nos dio la bienvenida al convento de las Carmelitas Descalzas de San José y Santa Teresa. Efectivamente, estábamos en un monasterio de clausura.

MONJAS-IMAGEN PÚBLICA
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Nuestra visita no obedecía a un propósito espiritual, vaya que estábamos ahí por otra razón. Iban a presentar un libro sobre la vida de Santa Teresa, o algo así. Mi amiga es historiadora y durante muchos años ha trabajado sobre el arte sacro. Así que nuestra visita era de fines académicos exclusivamente.

Por lo que me explicaron las órdenes religiosas que habitan los conventos de clausura se dedican fundamentalmente a tres cosas: rezar, sacrificarse y amar. En teoría se supone que esas son sus principales labores, desde luego que realizan otras actividades, trabajan, leen y como en este caso, abren las puertas de su convento a los fieles.

 “Arrancan de Dios a base de mucha oración, de mucho contacto con él, de sacrificios, enormes sacrificios, esas gracias que necesitamos todos. 

En medio de una vida de oración, de silencio, de recogimiento, de trabajo manual y físico, de penitencias corporales,… estas almas van adentrándose en el corazón de Dios y gracias a ese intimidad con Él, van haciendo de este mundo un mundo más humano y más de Dios.”

Catholic.net  -sobre los conventos de clausura

Sinceramente esperábamos otra cosa muy distinta a la que ocurrió en el evento. Para resumir, no hubo tal presentación de libro, una mujer de la que no sabíamos nada, se la pasó cantando por más de media hora, sus aires de protagonismo eran chocantes y bastante molestos, por lo que abandonamos el lugar apresuradamente y fieles a nuestra costumbre cada vez que nos vemos, terminamos echando chínguere en el lugar de siempre.

Todo esto me llevó a reflexionar varias cosas. La primera y creo yo más importante de todas ¿Qué es lo que motiva a las personas a recluirse en esa vida de contemplación y recogimiento absoluto? Francamente yo no podría hacerlo y quizá por eso me cuesta tanto trabajo entender esa vocación. Creo que el mundo y yo nos llevamos bien a pesar de todo, no podría vivir completamente sustraída de él.

Quizá es una cuestión de búsqueda y cada quien tenemos procesos y preguntas distintas. Hay quienes nunca encuentran la respuesta pero eligen algún camino que las acerca más a ella. Otros andan dando tumbos porque saben escogieron no el mejor sendero, pero sí el que de inicio creyeron sería el más fácil. El resto nunca se ha cuestionado absolutamente nada y transitan por el mundo felices en su ignorancia, a este grupo creo pertenece la mayoría.

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No soy buena para este tipo de reflexiones, creo que de todas maneras la única que cuenta es la personal, la que se motiva desde adentro. Sea cual sea la fe que se abrace lo importante es que esta nos lleve al enriquecimiento espiritual, a ser mejores personas y sobre todo mucho más tolerantes.

Resumiendo, no cambiaría mi forma de vida, ni mi relación con otras personas sencillamente porque el encierro no es lo mío, y no, tampoco vivo encerrada en mí misma, soy una simple mortal a la que le toco vivir en el mundo y disfruta hacerlo. Es admirable conocer a personas con pasión y vocaciones bien definidas, su determinación es digna de aplauso, pero sin duda alguna, aunque yo deambule confundida y sin rumbo, no cambiaría por nada el enorme placer que siento cuando alguien ya sea accidental o intencionalmente me pellizca una nalga.

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Los Godínez llegaron ya…

GODÍNEZ-IMAGEN PÚBLICA
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por Carolina Vargas

Siempre he creído que las mejores cosas ocurren cuando menos las esperas y los mejores encuentros surgen cuando no se planean, ese elemento sorpresa que inyecta vitaminas a la cotidianidad. Hace un par de días me encontraba arranada en mi escritorio, intentando concluir un artículo por el cual recibí una paga muy generosa, por desgracia para mí, el cerebro en ese momento no me daba para más y comencé a divagar, de pronto sonó mi teléfono y era una amiga quien me pedía nos viéramos entre otras cosas para acompañarla a hacer unas diligencias, comer algo y ponernos al día.

 Nos encontramos en los cines del boulevard, caminamos algunas calles, la acompañe en lo que ella tenía que hacer y una hora después estábamos ordenando el menú del día en el Burguer King del portal. Tomamos una mesa e inmediatamente comenzó la plática.

Había mucho que contar,  la última vez que salimos fue también de manera casual hacía poco más de un mes, tratamos de ponernos al día con celeridad, para profundizar en asuntos de mayor relevancia. Entre otras cosas, mi amiga me contaba sobre su nuevo trabajo y las vicisitudes que implicaba ser una persona eficiente y propositiva.

Curiosamente la última vez que la vi fue cuando recién había iniciado labores en ese lugar, ahora a poco más de un mes después de todo aquello, me encuentro a mi querida amiga entusiasmada por su proyecto. Pero como siempre pasa, el cansancio era evidente en su mirada y sus palabras, entre otras cosas tenía que lidiar con el retraso de su cheque, una jefa histérica y lo peor de todo: sus compañeros de trabajo, un ejército de entes mucho más peligroso que un grupo de gremlins rabiosos; gnomos que se agazapan en el anonimato, mustios pululan por la vida navegando con bandera de bajo perfil…pero son peligrosos, nocivos, tóxicos, una amenaza, si usted amable lector ve uno de estos personajes, huya, aléjese lo más lejos posible, para mi amiga ya es tarde, pero usted sálvese, porque bajo la apariencia inofensiva de estos seres se esconde un cáncer social, adivinan de lo que hablo…por supuesto que otra cosa podía ser, hablo de todos los Godínez del mundo que se propagan como la peste y tal parece que no podremos detenerlos.

GODÍNEZ-IMAGEN PÚBLICA
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Al principio de su relato no me sorprendió en lo más mínimo que sus compañeros de trabajo tuvieran esas características, no es extraño encontrar a estos seres pululando por oficinas, transporte público, calles principales, estadios, centros comerciales y supermercados. ¿Por qué son peligrosos? La respuesta es evidente y muy compleja. Verán el Godínez común deja huella en todo lo que toca, su conformismo y mediocridad impregnan nuestra vida de una manera apabullante he aquí varios ejemplos:

  1. Invade su sitio de trabajo con su lonchera Tupperware apestando la oficina con la suave fragancia de las sardinas Dolores y las saladitas que desde luego son horneadas.
  2. Espera con fruición los días de quincena porque casi todos los Godínez quieren vivir pagando todo en cómodas mensualidades ya que su salario no les permite solventar todos sus gastos, se ven en la necesidad de meterse a cuanta tanda les ofrezcan, o pedir algún préstamo en Compartamos Banco.
  3. Relacionado al punto anterior, un sueldo Godínez es imposible para sostener a una familia, la dieta y estilo de vida Godínez es difícil de sostener. Es muy común encontrar en sus centros de trabajo un sinnúmero de productos ofertados por los mismos compañeros, desde las tortas o los desayunos, la comida corrida, zapatos, ropa, maquillaje o cualquier otra cosa que se pueda vender por catálogo, esto es un medio muy útil para hacer negocios para un Godínez promedio.
  4. Es muy fácil reconocer a un espécimen de estos en el transporte público, en el caso de las ladies Godínez es fácil identificarlas porque por lo regular usan zapatos de piso ya sean flats, flexi o crocs para desplazarse a su centro de trabajo en cuanto se bajen del autobús o del metro, las zapatillas las llevan muy bien guardadas en una bolsa de supermercado para poder cambiarse en las jardineras de la oficina. En el caso de un lord Godínez es fácil reconocerlo por su traje brilloso, pantalones color caqui y el estigma inconfundible: la mancha de guacamole en la corbata.
  5. Los festejos Godínez siempre son en el sitio de trabajo, se hace la coperacha de rigor para comprar un modesto pero sabroso pastel de merengue, refrescos de tres litros, platos, vasos y cubiertos desechables. Que sería de estas simpáticas reuniones si no fueran amenizadas por el Godínez musical, el clásico wey que se sabe tres acordes y siempre quiere cantar alguna de José José cuando lo único que tiene en común con él es el gusto por la bebida, además de esto siempre se puede contar con algún reproductor MP3 comprado en abonos y que en sus innumerables piezas musicales podemos encontrar los éxitos de Los Ángeles Azules, Bachata, Pit Bull, Margarita la diosa de la cumbia…entre otras invaluables joyas.
  6. Un Godinez que se respete se mantiene informado sobre los temas de actualidad, emitiendo sentencias y juicios categóricos. Por supuesto que generará controversia y las acaloradas discusiones las realizara en tres lugares estratégicos: la cafetera de la oficina, la fotocopiadora y el garrafón de agua. Entre los temas más discutidos se encuentran, las reformas gubernamentales, chismes sindicales, romances entre compañeros, partidos de futbol, reality shows, telenovelas y tweet stars.
  7. El escritorio/cubículo es el santuario personal de los Godínez, es el espacio en el que pasan ocho horas diarias y lógicamente se rodearán de todas las comodidades para soportar sus largas y extenuantes horas de trabajo jugando solitario. Entre los artilugios que podemos encontrar destacan las fotos familiares bellamente colocadas por debajo del vidrio del escritorio, los recuerditos de las últimas vacaciones casi siempre llaveritos o portalápices que se robaron del hotel Grillos Verdes en Guayabitos (por poner un ejemplo), una taza de tamaño descomunal que probablemente también es robada de algún trabajo anterior o es regalo publicitario ningún Godínez en el mundo llevará un artículo propio a la oficina, el calendario/agenda, el almanaque triangular con el mismo paisaje en todos los meses, el reloj de péndulo, el sacapuntas fijo, el santo patrono al cual se encomiendan casi siempre la virgencita de Guadalupe, en estampita o en bulto da lo mismo  y la servilleta arrugada de la torta que se acaban de comer. Con las ladies existe la variante del florerito de plástico y las postales que les regaló el novio, amante o marido también colocadas debajo del vidrio del escritorio. Todos estos objetos son venerados con absoluta devoción por el Godinez promedio y si alguien osara llevarse alguno de ellos, recibirá una maldición peor que la de Tutankamón.
  8. Recibir un regalo Godínez no es cualquier cosa, tomemos en cuenta del gran esfuerzo –y del adelanto de la tanda- que implica a este zombie contemporáneo tomarse dos minutos de su trayecto ya sea de ida o de vuelta al trabajo para comprar el detallito y no quedar mal ante los compañeros, casi siempre es un sencillo pero bonito –y barato- portarretratos, un certificado de regalo, alguna chacharita de importaciones mundiales, calcetines, MP3 con clásicos del ayer, películas clon piratas de 3×40, corbatas para los varones, perfumes Fraiché para las ladies…
  9. La jornada laboral oficial de un Godínez es de 2 horas diarias de trabajo efectivo, las 6 horas restantes se dividen en múltiples ocupaciones, todas igual de importantes aunque puede variar si es que alguien cumple años o es día festivo, en ese caso la oficina se paraliza y todo vale madre. Su hora de llegada siempre es registrada con la impecable puntualidad Godínez 15 minutos después del límite, luego viene la hora del desayuno que casi siempre dura dos horas o dos horas y media, el resto del tiempo varía entre cobrar los abonos, las tandas, el café, las idas al baño, los videojuegos en línea, las llamadas personales y si transmiten algún evento deportivo televisado en vivo ocurre los mismo que con los cumpleaños y los días festivos.
  10. Los Godínez también lloran, es decir también tienen su corazoncito. Parece casi imposible creer que pueden enamorarse entre ellos pero ocurre seguido. El lord Godínez es un romántico empedernido corteja a sus víctimas con flores de crucero, muñecos de peluche de manufactura china, chocolates de 3×10 comprados en el metro, entre las doncellas más codiciadas por estos galanes se encuentra Marthita la secretaria del jefe, la que curiosamente también se acuesta con él. Por su parte las ladies aspiran a poder encamarse al contador general o al jefe de personal para poder triunfar por su culitito esfuerzo.

Ser un Godínez no es cosa fácil, porque básicamente es ser un zombie, haberse despojado del entusiasmo por la vida, ilusiones, sueños, la falta de objetivos sustituidos por deseos inmediatos. El mundo se godiniza y no podemos evitarlo, es un apocalipsis, la crónica de una decadencia anunciada, lo único que nos queda es vacunarnos, evitar que nos muerdan los talones y nos licúen el cerebro. Tenga cuidado porque es algo altamente contagioso y durante el día nos relacionamos con al menos 6 de ellos, tome precauciones.

GODÍNEZ-IMAGEN PÚBLICA
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Y aquí vale la pena citar un verso de la oxidada poetisa Pita Amor que puede servirnos como mantra protector contra estos hombrecitos:

La aritmética alarmante/ la matemática fría/ la distante geografía/ el álgebra desquiciante/ la alquimia desconcertante/ la glacial filosofía/ la celeste astronomía/ la teología enajenante/ el ajedrez silencioso/ el dominó misterioso/ el deporte de la lumbre/ que es de los juegos la cumbre/ nunca podrán igualar al deporte de pensar. 

Flaco, ojeroso, cansado y sin ilusiones

HOMBRE SOLITARIO-IMAGEN PÚBLICA
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por Carolina Vargas

Voy a dejar este cuentito por aquí, a ver qué les parece…y recuerden que los personajes y situaciones que a continuación se presentan son enteramente producto de la ficción, el ocio, una laptop y mucha pero mucha nicotina. Acompáñenlo con frutas y verduras…

No sé ni cómo empezar, han pasado meses y sigo creyendo que todo aquello fue ilusión, producto del hartazgo en el que he estado inmerso toda mi vida.

Vaya quizá no fue la gran cosa, pero nunca me ha ocurrido nada relevante y tal vez por esa razón cualquier anécdota que se salga de mi rutina es digna de ser contada. Admito que el recuerdo lo he ido nutriendo de anhelos personales para hacer más memorable aquel momento, repito, no estoy muy seguro si lo soñé o si en verdad ocurrió, lo cierto es que desde entonces no he vuelto a ser el mismo.

Aquel día me desperté temprano, un crimen contra la humanidad madrugar en domingo, pero así eran las cosas. Veinte años resumidos en una cadena de fracasos, un matrimonio al vapor sumido en la rutina y el hastío, una ex esposa histérica e histórica, dos hijos cuya manutención cada vez era más sofocante, una mujer con la que me acostaba de vez en cuando y para quien el sexo ya era insuficiente.

Repartidor de pizzas, a mis 38 años, un empleo que siendo adolescente rechace infinidad de veces por considerarlo para pobres diablos; y no me equivoqué, ahora que lo pienso, la dignidad y la lozanía se fugaron de mi vida hace mucho tiempo. Como todos, tuve ilusiones, sueños, juventud e irresponsabilidad, carne y pubertad son una pésima combinación, embaracé a mi novia en turno, el precio de su virginidad fue el matrimonio y me obligaron a pagarlo. “Que no se diga que mi hijo es un poco hombre” fueron las palabras de mi viejo cuando me llevo casi a rastras a la boda civil. Era mi deber, siempre he tenido que cumplir con algo o con alguien, menos conmigo mismo.

Ella se aburrió pronto, perdió la figura y las ganas de vivir, y de haber sido el culo más deseado del barrio, se convirtió en una vieja prematura, llena de estrías y reproches, primero contra ella, por habérselas aflojado al primer pendejo –en este caso yo- que le lavó el cerebro y le ensalivo la oreja; y después contra mí por no haber tenido huevos para convertirme en hombre. Lo admito era un pendejo, adolescente, caliente e irresponsable. Quiso reformarme pero nunca pudo, ni los dos hijos que tuvimos, ni el intento de changarro que montamos lo lograron. Así que me dejo, la relación terminó de la misma manera en que comenzó, en un arrebato en el que las palabras sobraron y así sin más me quedé sin mujer. Estúpidamente creí que viviría más tranquilo, pero no fue así, el divorcio me volvió proveedor, ni los ruegos de mi madre, ni el hambre de mis hijos o las múltiples mentadas de mi ex mujer lograron que me pusiera las pilas y fuera “el hombre de la casa”. O me mochaba o iba a dar al bote…vale madre.

Huevón y sin estudios, lógicamente nunca pude conseguir un buen empleo, siempre conté con la buena voluntad de amigos y parientes que siempre vieron en mí un caso perdido.

Irresponsable y loco me volví a amarrar otra vieja más histérica que la anterior, con mejores nalgas y muchas más ganas de coger. A esta la tenía más conforme, hasta que empezó con sus mamadas de querer tener hijos, la ilusión se convirtió en reproche, la relación se volvió un infierno; pero esta salió más cabrona que mi ex y supo que la mejor forma de darme en la madre era quedarse conmigo, con su “amor” y “devoción” bajo la máscara del chantaje y la sumisión me tenía –me tiene- amarrado de los huevos.

Así que entre mi ex mujer, mi mujer y una operadora de radiotaxis que me ando picando tres veces por semana, se me han ido 20 años de vida. He sido taxista, talachero, tendero, cobrador de Elektra, padrote, herrero, mecánico y de cada empleo salía peor que del anterior, que trabajen los jodidos…al menos eso era lo que yo pensaba, hasta que mi hijo el mayor cometió la misma mamada que yo y ni hablar tuve que chingarle para ayudarlo, el cabrón salió más pendejo que su padre.

HOMBRE SOLITARIO-IMAGEN PÚBLICA
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Así que el cansancio por mi vida, librarme de mis viejas y las idioteces de mi vástago me llevaron a tomar un empleo como repartidor de pizzas…debería existir un círculo en el infierno para los reclutadores de la agencia de colocación.

Pero ya divague mucho, aquel domingo me desperté temprano, la pizzería abría hasta mediodía pero yo tenía que ganarme una lana extra y por esa razón llegue a un acuerdo con el dueño, así que además de repartir pizzas y flyers publicitarios, mi chamba consistía en hacer la limpieza del comedor, la cocina y la bodega del restaurante, apersonarme desde las ocho de la mañana para que ese pinche hueco mantecoso, de quinta categoría, ubicado en una colonia refundida en el culo del diablo luciera medianamente decente.

Para el mediodía, mi jornada laboral era amenizada con la misma sinfonía que escucho a diario, los insultos del jefe de producción, el repicar de la caja registradora y mi favorito, la chicharra que suena cuando alguien ordena una pizza a domicilio, así deben zumbarle los oídos a esos pobres cabrones que condenan a la silla eléctrica, ese sonido solo se puede interpretar de una sola manera: ya valiste madre.

La tarde pintaba para ser simplemente eso, una como tantas que he tenido.  El sopor hacía que el tiempo se desplazara montado en un caracol reumático. Esto está de la chingada, llevaba más de ocho horas rompiéndome la madre en ese pinche local, 20 pesos de propina en todo el puto día, ni para una caguama, un buen caguamón helado como las nalgas de un muerto, el único placer que podía darme, hasta que el pendejo de mi hijo salió con sus mamadas de querer casarse y sentar cabeza. Ahí valió madre mis pocas satisfacciones, sin alcohol, sin coger bien, intentando mantener a mis dos viejas, mis hijos, mi futuro nieto…

Rrrrrriiiiinnnggg,  sonó la jodida chicharra, el pendejo operador nuevamente no es capaz de tomar un pedido sin cagarla tres veces, por culpa de ese ogete hijo de la chingada hemos tenido que pagar todas las pizzas gratis que resultan de su incompetencia por no escribir bien las direcciones.

Paquete uno, la pizza de la casa, una guarnición y refresco grande, San Marino #17 entre Ángel y Arcángel, pagarán la cantidad justa, casa de una planta de color verde con vivos en blanco. Me subí a la motocicleta, me coloque el casco, le di nuevamente una leída a las indicaciones del pedido, no conocía la calle ni las señas, pero como los frenos no servían era preferible tomarse las cosas con calma, no sería la primera vez que alguien se quejara de mi impuntualidad y francamente en ese momento no era algo que me importara, excepto por el hecho irrefutable de tener que pagar el puto pedido si el pendejo del mostrador una vez más la cagara con la dirección incorrecta. 5:40 p.m. a más tardar debo llegar a las 6:10 p.m. con la puta pizza.

Salí por la avenida principal rumbo a la calle del Ángel, una calzada bastante amplia y conocida, pero ni idea en donde estaba la San Marino y tampoco me importaba, yo iba pensando en el chantaje que me esperaba al llegar a casa ante la falta de propinas, ilusiones y sobre todo de huevos.

Mientras me decía a mí mismo “Que chingue a su madre mi vieja, mis hijos y la pendeja que me ando picando, estoy hasta la madre de todos ustedes” ahí justo en ese momento de revelación como señalando el camino que debía seguir de ahora en adelante, apareció el letrero que anunciaba mi destino “San Marino”. Di vuelta a la derecha y disminuí –aún más- la velocidad de la moto buscando la casa verde de una planta marcada cabalísticamente con el número #17. Vi mi reloj 6:00 p.m. un tiempo record, en tres años jamás había tenido diez minutos de sobra.

Me baje de la moto, tome todas las chingaderas que venían con la pizza y me encamine hacia la puerta principal. Al principio creí que me habían visto la cara de pendejo, algún cabrón escuincle sin nada mejor que hacer. La casa no se veía habitable por ningún lado, no había cortinas en ninguna de las ventanas, estaban cubiertas de periódicos, el césped del jardín estaba quemado y crecido, las paredes trasminadas de humedad, grietas, olvido y telarañas por todos lados, ninguna señal de cotidianidad invitaba a llamar a la puerta, aun así quise salir de dudas, timbré dos veces…y nada, a la tercera va la vencida, insistí y al fondo de lo que supongo era un pasillo largo escuché un débil rumor, que poco a poco fue aumentando de volumen. Ya voy…pude escuchar claramente la voz afilada de una mujer.

Yo seguía de pie frente a la puerta, empezaba a oscurecer y la temperatura iba bajando, ahí estaba yo hecho un pendejo esperando a que la Llorona me abriera y poder irme a chingar a mi madre. Solo un campanero jorobado o un científico loco podían vivir en aquel lugar, cuando escuché una voz de mujer, confieso que se alimentó mi curiosidad, una vieja loca rodeada de gatos que me animara un poco la tarde, me entusiasmó la idea de conocer a alguien mucho más solo e infeliz que yo.

HOMBRE SOLITARIO-IMAGEN PÚBLICA
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Ya voy. Repetía la voz desde adentro era una voz demasiado armónica para pertenecer a una vieja. Se abrió la puerta y hasta ese instante supe que había llegado al paraíso. Lo que vi no tuvo madre, a menos de medio metro de distancia, estaba frente a mí una diosa encarnada vistiendo únicamente ropa interior. Era muy joven, pero ya toda una mujer, altiva, su cabello en mechones rebeldes le enmarcaban el  rostro, el cuello era una torre de plata flanqueada por dos serpenteantes clavículas, de los hombros redondeados y audaces se desprendían los brazos largos, tersos coronados por manos pequeñas, ágiles. Su cuerpo era un banquete, la lencería era el mantel perfecto, ese juego de encajes y listones que le cubrían lo necesario para beberla y comerla siempre, su cuerpo estaba delineado de una manera exquisita. Los senos pequeños y firmes, formaban un discreto corazón por encima del sostén, ese par de almohadillas sobre las que yo pediría a gritos que me dieran en la madre siempre y cuando pudiera morir abrazado a ellas, al hueco de sus axilas bajo las que seguramente se escondían sus hermosas alas, el borde de sus costillas era la escalera al tobogán de su silueta su apretada cintura, sus caderas firmes y generosas, el ombligo tímido, el sexo estrecho, escondiéndose por debajo de los encajes color piel…del color de su piel, no podía dejar de imaginarme de rodillas besando su vientre hecho de arcilla aferrándome a la plenitud de sus nalgas, acariciando sus piernas, esas columnas firmes, trémulas e inquebrantables, sus pies largos y huesudos, pies para andar y dejar huella. Admito que la impresión de verla casi desnuda me dejó sin palabras pero verla directo a la cara me dejo bien pendejo, quedé fulminado ante sus ojos, tenía una mirada profunda, inocente, sonreía cada vez que pestañeaba con esos hilos larguísimos y negros que le enmarcaban los parpados. Sus labios carnosos y sus dientes de azúcar balbucearon alguna especie de excusa a su tardanza, a mí me valía madre, no podía dejar de imaginarme el sabor de esa boca, el olor fresco de su piel, la suavidad de su coño. No era solo lujuria, me he cogido a muchas viejas en la vida y basta con quitarles los calzones para picarlas; ella era algo mucho más hermoso era una mujer para admirarse, no bastaba con bombearla a mamarle las tetas, había que embriagarse de ella y disfrutarla toda porque jamás en mi pinche vida podré aspirar a una mujer como esa, a una mujer de verdad.

Su voz era metálica, cortante, aunque de tono amable. Su mirada indiferente me dejo tieso el corazón y el pito, porque para ella la pizza que ordenó era mucho más importante que yo, de buenas maneras me preguntó cuánto era lo que debía, me apresuré a decir que iba por cuenta de la casa, habían pasado los treinta minutos que era el tiempo límite de entrega –desde luego mentí-me dedicó una sonrisa tímida pero muy sincera. Gracias, y ese gracias quedó suspendido en el aire mientras su lengua paladeaba cada una de las letras y las iba hilvanando una por una, hasta formar una exquisita seda fonética. Dio media vuelta y pude ver los bordes de su espalda, los huecos de las piernas, su fragilidad y la redondez de sus nalgas que asomaban por sus bragas cacheteras, estaba yo como pendejo imaginando que lamía el hueco que le recorría la espalda hasta el culo, cuando de su cartera sacó unas monedas y me las ofrecía como propina, no pude aceptarlas…me disculpé por haber hecho la entrega a destiempo, giro sus ojos en señal de indiferencia, me cerró la puerta en la jeta y ahí me quedé parado hasta que perdí la noción del tiempo estaba embriagado con su cuerpo y su olor a vainilla.

El frío me empezó a taladrar en la nuca y me dí cuenta que ya habían pasado 15 minutos. Fue un desmadre subirse a la moto con el pito parado, pero me resistí a perder mi erección, era algo de ella y mío, no podía dejar que se me fuera así como así.

Llegue al hueco donde trabajo y para sorpresa de todos, yo estaba de buen humor y anuncie lleno de orgullo que debían descontarme mi última entrega. Nadie daba crédito a mi actitud. Nunca se lo dije a nadie, no quería compartirla con nadie, ella es mía y así permanecerá. Aunque nunca me lo coja, aunque nunca la vuelva a ver, aunque para ella no sea más que otro pendejo pizzero que se quedó pendejo frente a sus tetas, no sé cómo se llama ¿ por qué tendría que saberlo? Con más razón puedo adueñarme de ella, nombrarla, recordarla y cogérmela a través de otras,  pensar en la tersura de su cuerpo, el filo de su mirada, el olor de su piel; con mis viejas no he dejado de coger y es por ella que me las cojo con más ganas aunque me encuentre más insatisfecho que antes.

Jamás volví por aquella casa, para qué, probablemente sea casada o se la esté cogiendo algún cabrón excéntrico en ese cuchitril, y como dije, nunca he cumplido conmigo mismo, nunca he disfrutado de nada que sea únicamente para mí, solo a ella he podido disfrutarla en soledad, vive en mi memoria, junto con todas las puñetas que me he hecho en su honor y que se abra la tierra y me trague si miento cuando digo que nunca me había venido tan rico, solo cuando me la sobo pensando en ella.

Aquella noche llegue a mi casa más jodido de como salí, pero con una enorme sonrisa y un brillo en los ojos que no había tenido nunca. Mi esposa indiferente como siempre no me notó nada raro, me dio de cenar, me paso una enorme lista de cosas pendientes por comprar, deudas que pagar, cosas que reparar y la pregunta de todas las noches respecto al desayuno del día siguiente. Me hizo el reproche de siempre por la falta de dinero, por las deducciones que me iban a hacer, pero que esperaba, se casó con un huevón que vale madre, hasta una completa desconocida me miró con desdén, como si por esas ventanas que tiene por ojos pudiera ver la mamada que es mi vida. Espere a que mi mujer se durmiera, agarre mis tres trapos y me largué de la casa, no he regresado desde entonces, me di cuenta que aunque mediocre mi vida merece ser más llevadera y de vez en cuando el destino puede darme pequeños placeres, todavía sigo disfrutando del recuerdo de ella…pero más allá del placer que me provoca, es la sensación de estar vivo lo que disfruto tanto.

Mandé a mi familia a chingar a su madre, vivo solo en un cuarto de azotea, compré una hielera en la que a diario me espera una cerveza fría como recompensa a las chingas que me pongo en el trabajo. Contrario a lo que esperé, ni mi mujer ni mis hijos se tomaron tan mal el hecho de que ya no les doy un peso para absolutamente nada, creo que era tan poco lo que les daba que realmente no hay diferencia.

Cada quien se rasca con sus uñas y de padre pasé a ser abuelo irresponsable, chaquetero y solo, pero por primera vez en mi vida soy feliz y eso se lo debo a ella. Aunque realmente no sé si la conocí o la soñé…

Cero que me influye

SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA
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por Carolina Vargas

Soy una persona simple ¿ya se los había dicho? No me tiro para que me levanten, es la realidad. Me cuesta trabajo todo lo que tenga la leyenda “abre fácil” en su etiqueta, mi computadora tiene al menos 6 programas de reproducción de audio y video que nunca he utilizado, de vez en cuando envío cartas personales por correo regular para asombro e incredulidad de los empleados de la oficina postal, camino para no tomar el autobús, un cono de Mc Donald’s me levanta el ánimo sin importar lo mal que me sienta y creo que en términos generales conservo una sana capacidad de asombro. Sin embargo esta simplicidad me ha traído un par de inconvenientes.

Hace un par de días descargue una película en mi computadora, descargar música o videos no es algo que acostumbre, prefiero hacerlo todo en línea; sin embargo me vi en la necesidad de romper ese esquema y fue justo ahí donde comenzaron mis problemas.

Nunca he sido una fanática de la tecnología, como lo dije al principio tengo programas instalados en mi computadora que no sé para qué sirven, lo mismo sucede con mi teléfono. Hace años aprendí un poco de programación pero ya era obsoleta incluso para esa época, la tecnología no es lo mío. Tenía muchas ganas de compartir esa película con alguien a quien quiero mucho, pero la opción de verla en línea es complicada, así que decidí bajarla, es una película francesa por lo cual los subtítulos también eran descarga obligada; cuando por fin se completó la descarga de la peli y según yo le añadí los subtítulos, corrí la cinta y me di cuenta que estos últimos no estaban, lo intenté varias veces y no pasaba nada; vi algunos tutoriales por internet para agregarlos, descargue programas para edición y nada, algo tan sencillo y aún no puedo conseguirlo.

Me decepcioné un poco de mi falta de pericia y me avergüenza reconocerme incapaz de hacer una cosa tan sencilla. Le conté a un amigo mi triste experiencia y de manera muy amable quedó de ayudarme con eso un día de estos, así que sigo sin poder ver la cinta en compañía de mi otro amigo el cual cree que lo estoy cuenteando y que se me olvidó descargar la película que le prometí.

SOUTH PARK-IMAGEN PÚBLICA
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Quizá la respuesta sea mucho más sencilla de lo que parece y lo que realmente necesito es desconectarme de la tecnología un buen rato, meses, años o toda la vida. Vale ya sé que no es para tanto, pero muchísima gente vive perfectamente bien sin tener acceso a internet, tablets, celulares, etc. Yo no puedo ausentarme una semana de Facebook sin que me envíen un par de patrullas y a MP para saber si sigo viva –ver entrada anterior “Facepuke”- pero la verdad es que ahorita daría lo que fuera por deshacerme de la frustración de una película sin compartir, una computadora con un virus producto de mi descarga fallida que además de poner pendeja a mi compu no me permitía utilizar el navegador de internet, y la cerecita del ciberpastel es que el ventilador de la lap agoniza y hay que darle su terapia de choque…qué mamadas. Lo del virus ya pude resolverlo pero de nada sirvió porque no entendí la mitad del dictamen que me dio el técnico sobra decir la cara de pendeja que puse.

Una cosa como esa no debería tener mayores consecuencias en mi vida, hay talentos o habilidades que nos están negados, quizá mi frustración se debe a que, mientras veía un sinfín de tutoriales lo hacían ver tan sencillo que me creí capaz de hacerlo, pero no fue así. Tengo poca tolerancia hacia la frustración, sentirme torpe es algo que me desespera  y me deprime, creo que esto se lo debo a mis altas dosis de neurosis adquiridas desde la infancia.

Torpe, me siento torpe, más allá de no poder descargar unos subtítulos, me siento torpe cuando cualquier cosa por muy pequeña que sea se me sale de control y me vulnera, sentirme como perro lampareado en el periférico es algo que a nadie le gusta pero la diferencia es que muchas personas pueden manejar bien esa situación, a mí me cuesta más trabajo porque no soy un perro cualquiera, soy un perro de aguas que puede mearse con el sonido de un carrito de camotes.

Facepuke

Usuarios de Facebook  Imagen pública
Usuarios de Facebook Imagen pública

por Carolina Vargas

En el año 2009, después de mucho resistir, sucumbí a la tentación de las redes sociales y abrí una cuenta en Facebook. Debo decir que durante años recibí en mi correo infinidad de invitaciones para unirme a Myspace, Hi5, Metroflog y otros nombres intrascendentes que llevan años borrándose de mi recuerdo.

Al principio no entendí muy bien el furor que causaban las redes, o mejor dicho, no sabía muy bien que rollo con ellas. La verdad es que tampoco me detuve a reflexionarlo mucho tiempo, y un día me dije “¿por qué no?”.

Desde el principio tuve muy claro que debía defender a como diera lugar mi privacidad, sin importar lo que me dijeran, jamás usaría mi nombre real, así que me fabriqué un avatar, adopté una nueva identidad, llené el formulario y unos cuantos clicks después ya era un militante más de la larga lista del apocalipsis zombiefacebookero.

Recuerdo que por aquel entonces mandaba regalitos a los muros de mis amigos, frases, test, aplicaciones variopintas, en fin, la industria del ocio cibernético en todo su esplendor. Lo admito, me divertía mucho, pero creo que el secreto para poder sobrellevar dos identidades, es que al menos una de ellas no me la tomo en serio, a diferencia de mi yo real que resulta muy dramática para casi todo. Mi avatar en Facebook tiene casi 800 amigos, 5 stalkers confesos, varias relaciones filiales nacidas más por el cariño que por el parentesco o la sangre; mi avatar vive en Corleone, habla esperanto y en algún momento de su vida trabajó como ángel de Victoria’sSecret, tiene apasionados romances con David Gandy, Marlon Moreno, Jean Dujardin, Sergio Rubini, RomainDuris, Brad Pitt, Robert Downey Jr. Dita Von Teese, MonicaBelucci y Scarlett Johansson.

Facebook - Imagen pública
Facebook – Imagen pública

Yo no tengo tantos amigos, me sobran dedos para contarlos, lo cual agradezco profundamente porque creo que para ser buen amigo hay que darlo todo, por esa razón mi círculo es muy pequeño; stalkers inconfesos tengo muchos más de los que pensaba, hermanos del alma sólo uno, prefiero los juegos en solitario sobre todo si se necesita lápiz y papel; amoríos virtuales ¡ja! qué cosa tan absurda, prefiero mil veces un roce de manos, una sonrisa y la calidez de unos labios honestos que la foto más hot de David Gandy. En pocas palabras, prefiero mi vida real, así la pase rascándome la panza todo el día, acostada boca arriba, mirando el techo, comiendo galletas, pensando en la inmortalidad del cangrejo y amenizando el momento alguna invaluable joya de mi acervo musical.

A estas alturas de la columna la mayoría se preguntará: ¿y eso a mí que me importa? Un debraye más de una adicta a las redes sociales… ¡Que profundidad! La verdad es que mi cibercorazón se rompió hace unos días, cuando la Kurá revisó su bandeja de entrada y tenía como 10 inbox, con recados de amigos y familiares, en los que se me reclamaba, entre otras cosas, por no haberme conectado durante días a Facebook. De ahí me surgieron varias dudas razonables, la primera, ¿desde cuándo tengo que pasar lista de asistencia con Mark Zuckerberg? Segunda, ¿realmente soy tan predecible y patética como para que mi vida gire alrededor de lo que Kurá hace, dice o postea? Tercera, ¿Kurápani Technicolor ya se comió a su alter ego? ¿La actividad cibernética de Kurá es lo único que vale en mí día a día?

Me sorprendió mucho que se me asumiera de esa forma, supongo que yo tengo la culpa, por qué efectivamente, Kurá revolotea demasiado por el ciberespacio, y aquí hay que aclarar una cosa, si bien es cierto que mi cuenta en Facebook tiene mucha actividad, yo nunca me la he tomado en serio, así como la hice la puedo desaparecer, pero ir al súper, lavar ropa, cocinar, limpiar el piso, escribir esta columna, dedicar tiempo a mis lecturas, escribir, reseñar, atender mis citas en el juzgado, salir con amigos, mis largos paseos por el jardín de San Francisco y los portales, las chelas en el barrio del artista, las tardes con Jano, mis horas de entrega a ver cine de culto, escribir para mi hijo y las largas charlas con su retrato, rascarme la panza, hacer memes, las fotos, mirar la ciudad nacer y morir desde la azotea, las mañanas de Skype con mi mamá, el whatsapeo, las visitas a las librerías, las noches de café y vino tinto mientras escucho boleros, los tangos, las espirales de mis cigarrillos, el Tesoreo intenso, el Periquita style, los sábados vagabundeando en los Sapos…todo eso no puede, ni debe desaparecer de mi vida, por eso no me explico la razón del asombro que mi ausencia en Facebook produjo en muchos de mis amigos, de los reales, y en un tanto más de parientes y contactos.

Facebook - Imagen pública
Facebook – Imagen pública

Así que aclaremos, soy una persona con responsabilidades, vicios, ocio y esa sana costumbre de la procrastinación tan propia de nuestra especie, tengo una vida y aunque no lo parezca también una agenda que debo cumplir, plazos que llegan y fechas que se cumplen, todo eso mucho más importante que cualquier tontería que tenga yo que postear. Para todos aquellos que quieran verme 24/7 lamento decirles que es imposible, pero no me cierro ante la idea de ir por un café, una llamada telefónica, beber una cerveza en los balcones de Yelao o simplemente planear un encuentro en cualquier calle de esta ciudad, a horas adecuadas, por supuesto, porque no tengo coche y el transporte público es pésimo. Si alguien verdaderamente quiere saber de mí, me puede llamar y es bienvenido a mi humilde cueva en conocida y transitada avenida del centro de esta ciudad, de la misma manera que yo, cuando quiera saber de alguno de ustedes, probablemente se lleven una grata sorpresa al atender el teléfono y descubrir que les estoy llamando. Con esto no digo que deje en el olvido a mi querida Kurá, sencillamente ella tiene su espacio y yo el mío, y últimamente yo he necesitado mucho más hacerlo efectivo. Si no me ven en línea, no se preocupen, estoy bien y respiro, quizá por esta última razón es que Kurá se va de vacaciones un tiempo, para despejarse de mí. Por mi parte, seguiré como hasta ahora, llevando una existencia de bajo perfil para poder diluirme en las mieles del anonimato peatonal.

Por supuesto que Kurápani Technicolor y yo tenemos muchas cosas en común, pero ella existirá hasta que yo quiera, me aburra de la red o deje de pagar la cuenta telefónica y/o elimine el programa de mi celular. A la Kurá le debo miles de máscaras que he tenido que usar para seguir manteniendo el anonimato de mi vida y bajo perfil, porque como lo he dicho antes, soy una persona simple.

So Kitsch me (tercera parte)

TIENDA KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
TIENDA KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

Para Jano, que después de leer esto creo que no volverá a hablarme en su vida.

Es preciso abrirme de capa y sincerarme, ante mi pequeño pero fiel grupo de lectores en este generoso espacio que Cinco Centros me concede semana tras semana…sin ustedes sería nadie, por eso me debo un voto de honestidad ante mi humilde persona y ante ustedes. Yo, la más ruin y canalla de las cínicas, principal detractora de los leggins, Rigo Tovar, el peluche en el tablero y el claxon con la melodía de la lambada.

Yo confieso ante Coco Chanel toda elegancia y sofisticación y ante ustedes queridos hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y creación. Por mi culpa, por mi culpa por mi gran culpa, por eso ruego a Cervantes, a Kubrick y las musas para que intercedan por mí ante Atenea, por los siglos de los siglos, santos amén. Y que Dior se apiade de mi alma… quien esté libre de nacadas, que arroje el primer Tv y Novelas…

La última y más indigna de las mujeres. Ante ustedes mi lista de pecados:

10. La sonora Dinamita: No hay nada más irresistible para mis caderas que la combinación de timbales, bajo y trompetas, para buscar la cadenita que Carmen tan generosamente me regaló, ser el errante trovador que anda de picaflor y la mejor declaración de amor en los bailes de quince años con todo y cilindros de gas a los costados esa bella sentencia de “Te deseo a morir”.

SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA
SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA

9. Bisutería de fantasía: Coco Chanel alguna vez dijo que no entendía la obsesión de algunas mujeres por lucir como cajas fuertes ambulantes, desdeñaba el uso de joyas excesivamente llamativas y costosas por considerarlas innecesarias y de mal gusto. Tiempo después, en la década de los veinte Coco incursionó en el diseño de joyas inspirada en las constelaciones y el esoterismo, por supuesto las piezas estaban hechas con diamantes, en palabras de Chanel era el material compacto, pequeño, discreto y elegante más valioso que existe. La realidad es que los diamantes son hermosos pero totalmente fuera de mis posibilidades, así que en mi alhajero cuento con una vasta colección de accesorios de plástico y metal, de todos los colores y tamaños porque no me gusta andar sin adornarme y creo que esos pequeños detalles realzan el look de cualquiera. Porque no hay nada más elegante que las plumas del pavorreal, ¡Claro que sí!

BISUTERÍA-IMAGEN PÚBLICA
BISUTERÍA-IMAGEN PÚBLICA

8. Doña Lucha: Porque una como quiera…pero las creaturas. Esta frase ha sido repetida generación tras generación por un ejército de madres sufridas y abnegadas, esas que usan el ojo Remi y el chantaje para salirse siempre con la suya, porque el amor de una madre no tiene límites y eso queda más que claro con las 14 horas de trabajo de parto sin anestesia que nuestras sacrosantas madrecitas tuvieron que soportar para parirnos. Una madre haría lo que fuera desde una  sopa de cominos hasta librarnos de cualquier chacal o de cualquier lagartona, porque nadie, absolutamente  nadie, es digno para sus retoños.

DOÑA LUCHA-IMAGEN PÚBLICA
DOÑA LUCHA-IMAGEN PÚBLICA

7. Las revistas de chismes: Aquí sí es algo en lo que todos hemos caído, y por una razón muy simple, todos hemos ido a cortarnos el pelo, al dentista, al médico o perder tiempo en alguna sala de espera, y lo reconozcan o no ese TvNotas del 2002 que está sobre la mesita de centro guiñándonos el ojo para ser abierto y quedar atrapado entre sus páginas rebosantes de inmensa sabiduría farandulera, porque en este país para salir en televisión no es necesario haber terminado la primaria, cualquier pelagatos sale por canal 2 en horario estelar, ya sea por interés, curiosidad o puro morbo, todos hemos caído en la tentación de enterarnos de la vida ajena, de burlarnos de la tragedia humana o simplemente meternos en donde no nos importa. El morbo creo yo es el principal detonante de la actitud kitsch.

TV NOTAS-IMAGEN PÚBLICA
TV NOTAS-IMAGEN PÚBLICA

6. Los memes: Invadieron la red y se volvieron virales, dicen que una imagen vale más que mil palabras y yo estoy más que convencida de que así es. Tengo una importante colección de memes que encierran enormes lecciones de sabiduría popular, cada uno más cagado que el anterior, algunos los he sacado de internet y otros más han sido de mi creación porque hay cosas que necesitan ser dichas y para muchas de ellas no hay nada mejor que un meme.

MEME WILLY WONKA-IMAGEN PÚBLICA
MEME WILLY WONKA-IMAGEN PÚBLICA

5. La lucha libre: Circo maroma y teatro, sentarme en la porra ruda, sacar mi repertorio de palabras soeces y corte de mangas, para amenizar el combate cuerpo a cuerpo de dos hombres en mallitas. Sentarme en medio de la porra ruda y mentarle la madre a los técnicos, gritar como energúmeno es una de las sensaciones más liberadoras que he experimentado en la vida. Nuevamente el morbo y el cavernícola que llevo dentro me hacen disfrutar de un espectáculo violento y mamador que al menos por un momento me remite al circo romano, ahora ya no se sacrifican vidas, se sacrifican la dignidad y la vergüenza, le guiñamos el ojo a la muerte mientras le damos un bello recordatorio familiar. Pinches técnicos la porra los saluda…

LUCHA LIBRE-IMAGEN PÚBLICA
LUCHA LIBRE-IMAGEN PÚBLICA

4. Culebrones: Mi infancia transcurrió frente a la televisión, el melodrama fue mi oso de peluche y la dramatización fue mi nana, eso me trajo muchísimas neurosis en mi vida de adulta. Para mi sorpresa descubrí que no soy la única dañada por eso. Las telenovelas son la culminación de lo kitsch, escenografías y actuaciones acartonadas, damas de sociedad ataviadas con estolas de plumas y maquillaje de tres pesos, mustias de wonderbra y galancetes de octava mentalmente castrados por síndromes infumables –Otelo y Edipo los más comunes-. Yo vibre con Catalina Creel y su muerte apoteósica en la que nos demostró que se puede ser cabrona hasta en el último momento, reí y llore con Bety la Fea  y un cachito de mi corazón se rompió junto con el suyo, no supe decidir entre Dos mujeres y un camino, detesté a la maldita lisiada y hasta la fecha mi corazón se acelera con el eterno soundtrack del suspenso cuando están a punto de revelar la más amarga de todas las verdades “Luke…yo soy tu padre”…

CATALINA CREEL-IMAGEN PÚBLICA
CATALINA CREEL-IMAGEN PÚBLICA

3. El cine de ficheras: Angélica Chaín, LynMay, Meche Carreño, Leticia Perdigón,  Marcia Bell y la reina de todas, la fichera de ficheras, mi consentida: Sasha Montenegro; todas ellas mariposillas de medianoche, todas ellas reinas del talón y de la noche, cabareteras de tanga fácil, se hacían acompañar de un séquito de irresistibles galanes: Alberto Rojas “el Caballo”, Rafael Inclán, Jorge “Ropero”, Andrés García, Choforo y el master supremo, únicamente superado por Mauricio Garcés, el garañón de garañones Alfonso Zayas. Que habría sido de la industria del cine en la década de los 70’s, sin este extraño fenómeno de sexicomedias de bajo presupuesto y hartas encueradas. El cine de ficheras marcó todo un hito en la cinematografía nacional, evidencio el gusto y el criterio de la sociedad de aquella época y su doble moral –porque una nunca es suficiente- ganancias millonarias, fama y excesos para los productores y los involucrados,  escándalos presidenciales, drogas y personajes que automáticamente se colaron en la cultura popular y se volvieron de culto. Hasta el día de hoy somos un nutrido grupo de seguidores que disfrutamos de estas historias, simples y de mucha pobreza narrativa, pero de una riqueza cultural impresionante en donde el albur, la música arrabalera, la moda, el cabaret y el humo del cigarro convergen para presentar un producto 100% mexicano inigualable, amado por muchos odiado por otros, pero de una valía innegable, nos guste o no, es parte de nuestro imaginario actual, porque en cada esquina del barrio existe el peladito que se siente galán, la jotita closetera y cala machos, la mustia buenona de la cuadra, la putona que ha desvirgado a tres generaciones de calenturientos, la teporochita que se anda cayendo en cada esquina y nos remite a la entrañable “Corcholata”.

LAS FICHERAS-IMAGEN PÚBLICA
LAS FICHERAS-IMAGEN PÚBLICA

2. Tropicalísimo Apache: Llorá corazón llorá, llorá corazón llorá que tu lagunero no vuelve más, ya se va tu lagunero negra se va para no volver…” Ya olvidé la cantidad de veces que he cantado esta canción, cada vez que me he ido de mi tierra lo hago. Yo nací y crecí en la polvosa y bien amada Comarca Lagunera, de niña escuchaba la música de mis mayores, casi toda la deseché al llegar a la adolescencia, renegué de la escasa educación musical que me dieron y adopté gustos propios, sin embargo hubo una pequeña gloria local llamada Tropicalísimo Apache que por más que lo intenté no pude dejarlos atrás y hasta la fecha forma parte mi playlist. Este grupo musical adapto cumbias colombianas al léxico e imaginario no solo mexicano, sino lagunero, sus ritmos y letras eran la mejor crónica de lo que pasaba y se vivía en la Laguna en aquellos dorados años 80’s. Ahora a mucho tiempo y distancia de aquellos años, recuerdo las tardes en las que mis tías en aquel entonces adolescentes, ponían sus cassettes de Apache y bailaban cumbia lagunera mientras limpiaban la sala. Y como pequeña anécdota sentimental, hace un par de meses al abordar un microbús no pude evitar derramar un par de lágrimas cuando en las bocinas de la unidad comenzó a sonar la melodía de mi niñez, el recuerdo de mis primeros años y de las primeras canciones que aprendí de memoria, me emocioné muchísimo al sentir un pedacito de la Laguna tan cerca, su mayor gloria local después del equipo de fútbol, en estas latitudes en las que nadie los conoce y no significan nada.

TROPICALÍSIMO APACHE-IMAGEN PÚBLICA
TROPICALÍSIMO APACHE-IMAGEN PÚBLICA

1. Mis vidas adoradas, tesorotes, chacalones y mis mujeres engañadas. Ya llegó su majestad la cumbia,  la Tesorito, el Huracán Tabasqueño, saquen un Tv y Novelas por si no saben quién soy mendigas.Rebeca Valderraín no sería nadie sin Laura León (o cualquiera de sus vestidas), su carisma e inigualable estilo han hecho de ella un referente cultural único e irrepetible. Adorada por la comunidad LGBT y uno que otra jota-dependiente como yo, Laura León es la señora buena onda, la tía vulgarzona y cariñosa que todos tenemos. El personaje se comió a la mujer y valía reside justamente en eso, en el personaje que construyó de sí misma, sus ostentosos vestidos, medias de nylon, vestidos de lamé, plumas, chaquirones, pelucas platinadas, su actitud positiva, la miel que escurre cada vez que habla y mi elemento favorito que me hace adorarla profundamente: su falsete y el dramatismo que le pone a todo lo que hace. Laura León es una de las personalidades que más admiro por su autenticidad, su naquez es algo secundario, ella es toda actitud y para eso se necesitan huevos; al fin y al cabo “es caramelo, tesoro, caramelo, papawww…”

LA TESORITO-IMAGEN PÚBLICA
LA TESORITO-IMAGEN PÚBLICA

So Kitsch me (segunda parte)

KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

“El kitsch se muestra vigoroso durante la promoción de la cultura burguesa, en el momento en que esta cultura asume el carácter de opulenta, es decir de exceso de los medios respecto de las necesidades, por lo tanto de una gratuidad limitada, y en cierto momento de ésta, cuando la burguesía impone sus normas a la producción artística. El kitsch por eso nace con cachetes de amorcillo, de bebedor tirolés, de Monalisa impresa en un plato.”  – Abraham Moles

Abarrotamiento, acumulación, sinestesia, mediocridad, confort, denominadores comunes de la vulgaridad y la cartonería poética, el adorno fácil y barato para evocar distinción y aristocracia, un espejismo barato, como una bandeja de plata repleta de galletas de animalitos, nada valioso pero altamente disfrutable. Esto queridos lectores son solo algunas de las características de la actitud kitsch.

A finales del siglo XIX el auge en la industria, la colonización y el pujante nuevo siglo llenó a Europa de muchísimos “nuevos ricos” quienes buscaron a toda costa un lugar dentro de la decadente burguesía, estas personas elevaron notablemente su calidad de vida, gracias a su cambio de “estatus social” y para poder ser aceptados de manera oficial dentro del armatoste burgués, los nuevos ricos dieron rienda suelta a su nueva capacidad de consumo “adoptando” el estilo de la gente rica, para demostrarle a los odiosos riquillos que ellos ahora eran tanto o más pudientes. El resultado, como era de esperarse fue desastroso, llevaron la opulencia a términos excesivos abusando de espacios, texturas e intención, el consumo prevaleció por encima del valor estético producto de la idealización del lujo, la comodidad y sobre todo el poder. Fue así como surgió el término kitsch, que es una derivación del verbo alemán kitschen que básicamente se refiere a la mugre callejera, lo vulgar o que te den gato por liebre, en pocas palabras: aparentar. Quizá lo que rescata un poco a esta forma de consumo en el arte, es su dignidad, el eterno sentimentalismo y la ternura que provoca ver el reloj cucú colgado de la pared. Admitámoslo todos tenemos un lado cursi y añejo que se niega a morir.

La realidad es que todos vivimos de apariencia y de nostalgia, lo queramos o no, hasta los más duros tiene su lado flaco y arrabalero, nunca he conocido a nadie que no disfrute de un café de cadena –que en sí mismo ya es una grosería- mientras va rumbo a la escuela u oficina en una camión destartalado y sin suspensión trasera, quejándose del costo del pasaje cuando el espresso que se viene tomando cuesta de 4 a 5 veces más. El deslumbramiento por el lujo, el estatus y la sensación de poder que brinda esa agenda con una ilustración de Van Gogh en la portada, el espejo con el gatito guiñando un ojo, el llaverito de la Torre Eiffel, todos son absurdos, no tienen ningún sentido, en realidad su adorno no sirve para nada, un cuaderno mientras funcione para lo que inicialmente fue diseñado no necesita de mayores adornos, pero claro ¿Por qué conformarse? ¿Por qué tomar lo simple, si se puede tener una planilla de calcomanías que jamás usaremos y que automáticamente aumenta el precio de la libreta, agenda o directorio en cuestión?

ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Cada día nos vemos invadidos por más y más artículos de consumo innecesario, de apariencia vistosa, “retro”, rellenos de nostalgia y pastelosidad que nos remiten a esa rancia idea de “todo tiempo pasado fue mejor” y solo por eso hay que tenerlo. El principal problema al que nos enfrentamos es esa delgada línea entre el precio y el valor, las chácharas son baratas, pero el problema es que en casa de todos –y ahí si no nos hagamos pendejos- hay por lo menos un vitrina rellena de chingaderitas sin valor pero de harto contenido sentimental, desde los recuerditos de la boda, bautizo, XV años, los payasitos de lladro, el retablo de la última cena en repujado que hizo la tía Teresita en sus clases del DIF…y así podemos enumerar montones de mugreros arrecholados en la vitrina imitación Luis XV comprada en las rebajas de El Palacio de Hierro y se pagó en 18 cómodas mensualidades sin intereses que llevaron a la señora de la casa directo al buró de crédito, pero ¿qué importa? Es la envidia de todas sus amigas, cuñadas y comadres cuando al llegar a su comedor ven la flamante vitrina repleta de invaluables joyas de colección.

El consumo, la nostalgia, la apariencia y la pretensión todos pecamos de eso, no únicamente con lo que adornamos nuestra casa, también en lo que vestimos, comemos y escuchamos. El arte kitsch tiene múltiples manifestaciones y no somos inmunes a ellas.

El arte kitsch y sus manifestaciones son extensas, pero me gustaría cerrar estas líneas con uno de los teóricos más importantes sobre el tema: Milan Kundera.

 “Kitsch. Cuando escribía La insoportable levedad del ser, estaba un poco inquieto por haber hecho de la palabra kitsch una de las palabras pilares de la novela. Efectivamente, hasta hace poco esta palabra era casi desconocida en Francia o conocida en un sentido muy empobrecido. En la versión francesa del célebre ensayo de HermannBroch, se tradujo la palabra kitsch por ‘arte de pacotilla’. Un contrasentido, porque Broch demuestra que el kitsch es algo más que una simple obra de mal gusto. Está la actitud kitsch. El comportamiento kitsch. La necesidad kitsch del “hombre kitsch” (Kitschmensch): es la necesidad de mirarse en el espejo del engaño embellecedor y reconocerse en él con emocionada satisfacción. Para Broch, el kitsch está ligado históricamente al romanticismo sentimental del siglo XIX. Y como en Alemania y en Europa central el siglo XIX era mucho más romántico (y mucho menos realista) que en otras partes, fue allá donde el kitsch se extendió en mayor medida, allá donde nació la palabra kitsch, donde se sigue utilizando corrientemente. En Praga vimos en el kitsch al enemigo principal del arte. No en Francia. Aquí al arte se le contrapone el divertimento. Al arte de gran calidad, el arte ligero, menor. Pero en lo que a mí respecta, ¡nunca me han molestado las novelas policíacas de Agatha Christie! Por el contrario, Tchaikovski, Rachmaninov, Horowitz al piano, las grandes películas de Hollywood, Kramer contra KramerDoctor Zivago (¡oh, pobre Pasternak!), eso sí lo detesto profundamente, sinceramente. Y cada vez me siento más irritado por el espíritu del kitsch presente en obras cuya forma pretende ser modernista. (Añado: la aversión que Nietzsche sintió por las ‘bellas palabras’ y por los ‘abrigos ostentosos’ de Víctor Hugo fue un rechazo anticipado del kitsch)”

“De eso se desprende que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser es un mundo en el que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama kitsch. Es una palabra alemana que se extendió después da todos los idiomas. Pero la frecuencia del uso dejó borroso su original sentido metafísico, es decir: el kitsch es la negación absoluta de la mierda; en sentido literal y figurado: el kitsch elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable”*

ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
ESTILO KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Estoy en casa, escuchando un mix en YouTube de éxitos ochenteros, cada uno más chafa que el anterior, sin embargo tecleo estas notas con una sonrisa en el rostro, mientras mis dedos bailan al ritmo de la música, como mi rebanada de pizza congelada y me doy cuenta de la larga lista de cosas que me hacen ser una recoge basura consumada…pero eso la semana que viene.

Continuará…

*Las definiciones de Kundera aquí citadas han sido extraídas de La insoportable levedad del ser (traducción del checo de Fernando de Valenzuela) y de El arte de la novela (traducción del francés de Fernando de Valenzuela y María Victoria Villaverde)

So Kitsch me

DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
DECORACIÓN KITSCH-IMAGEN PÚBLICA

Por Carolina Vargas

“But you  remember nobody’s perfect and you done will that, maybe one hundred things you gonna have but true love never in the life” – Albertano Santacruz

Tengo la enorme fortuna de vivir en un lugar muy apropiado y estratégico, es raro que utilice el transporte público para desplazarme, la mayoría de los lugares que frecuento o donde quedo para reunirme con mis amigos es muy cerca de casa y si me veo en la necesidad de hacerlo prefiero caminar, a menos que la distancia exceda los seis kilómetros, porque en ese caso uso el transporte público. Era la mañana de un viernes cualquiera, como ciudadana de a pie y después de una incursión medianamente exitosa al sur de esta ciudad, decidí regresar a mi casa tomando una de las “muchas” rutas que te llevan desde el punto en el que yo estaba hacia el centro.

Tomé un autobús como cualquier otro, de esos con motor a propulsión de güiro que no jalan si el chofer no pone alguna cumbia, sonidero o una que otra rola del hit parade del canal grupero. Iba como siempre en la luna, viendo por la ventana puesto que no me gusta platicar con los extraños en el autobús, iba como la mayoría, ocupándome de lo mío cuando de repente, por las potentes bocinas, comenzó a escucharse una tonadita de la que sobresalía el sonido de un teclado Mi Alegría, acompañado de percusiones guitarra y bajo, dando lugar a una voz medio nasal, un tanto desafinada y evidentemente limitada, que decía más o menos así:

♪♫♪“Te vas amor

Si así lo quieres que le voy a hacer

Tu vanidad no te deja entender

que en la pobreza se sabe querer…”♪♫♪

Básicamente su vieja lo mandó al demonio por estar jodido, la canción en un tono melodramático nos da una interpretación libre de aquel dicho que reza “aunque la jaula sea de oro no deja de ser prisión”.

Sí, queridos lectores, iba montada en un bus destartalado, con pocos pasajeros y un chofer que era fan del Buki; fue justo en ese momento cuando la canción llegaba al estribillo, que el señor conductor subió el volumen para que todos nos colmáramos con la “sublime melodía” que nos estaba compartiendo, o quiero pensar que eso fue lo que le pasó por la mente.

EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA
EL BUKI-IMAGEN PÚBLICA

Nunca me ha gustado el Buki, nunca he entendido que es lo que sus fans encuentran tan genial en ese hombre, quizá sea el parecido con Yisus, la caspa o tal vez la orzuela de su cabello, realmente no lo sé. Luego de escuchar como 3 o 4 éxitos gruperos en la radio, me puse a observar detenidamente el ambiente dentro del autobús: éramos pocos pasajeros,  si acaso unos 10 o 12, de los cuales más de la mitad se emocionó con la música que veníamos escuchando, el resto de nosotros nos pareció algo irrelevante aunque no faltó quien se quejara del mal gusto musical del conductor –juro que no fui yo, lo pensé pero no lo dije, no me gusta hablar con extraños en el autobús–, la cosa fue que de mis observaciones pude concluir un par de cosas. La primera, la oferta musical en la radio es de una pobreza extrema, tan es así que veníamos escuchando una canción que fácil tiene como 25 años y que la hemos escuchado en todos lados porque nos la han metido con calzador. La segunda, al usar el transporte público asumí que los que estábamos ahí éramos de clase media hacia abajo, como yo, ciudadanos de a pie pero lo curioso es que muchos de ellos se empeñaban en demostrar lo contrario. Explico el por qué:

Las damas, señoras muy probablemente oficinistas o empleadas, de aspecto común pero usando bolsos imitación de Michael Kors y Hermes, ese tipo de bolsos de imitación (no piratería) cuestan más de mil pesos, el costo medio de un original MK es de aproximadamente $328 US unos  $4,378.31 M.N. mientras que el costo medio del bolso Hermes original está por encima de los 1300€ así que hagan las cuentas, supongo que su imitación será igual de cara. ¿Por qué motivo una mujer necesitaría un bolso de esos, que además se ve tan corriente y mal hecho, a leguas se ve que es una copia de muy mal gusto? Lo más seguro es que no sea el único que posean y con toda esa lana fácil se abrían podido comprar un vocho o una bicicleta y evitarse la molestia de seguir utilizando transporte público.

Los caballeros, aquí el rango de edad era un poco más diverso porque había chicos muy jóvenes y señores, probablemente la mayoría trabajadores a excepción de tres chicos que traían el uniforme de una preparatoria, empezando por el chofer que traía conectado su iPod a unas bocinas de alcance y potencia muy cabrona (hasta ese momento me percaté que veníamos escuchando un iPod conectado a un sintonizador FM, WTF), el tablero pimpeado con luces de neón y su asiento tapizado en cuero, eso sí, las condiciones del motor y del autobús en general eran lastimosas pero el señor se veía muy cómodo desde su sitio. Con mis compañeros pasajeros la cosa no era muy distinta, de los 6 varones que iban, 5 de ellos usaban tenis, las marcas son lo de menos porque eran varias, pero les puedo asegurar que no eran nada baratos puesto que además usaban como accesorios cintas luminosas, los tres estudiantes a bordo iban metidos en sus tablets, una de ellas sí era de la manzanita; y el caballero restante, quien por cierto iba a un asiento de distancia del mío, estaba ricamente ataviado con botas y cinto piteado, sombrero de mil X como dijera Polo Polo, camisa y pantalones vaqueros, cadena de oro con un águila de alas desplegadas, entre otros accesorios igual de llamativos, a él pude verlo con un poco más de atención porque en algún punto del trayecto recibí una llamada y el sonido de mi teléfono llamo su atención, por lo que volteo a verme, yo le devolví la mirada con un gesto de extrañeza –tampoco me gusta hacer contacto visual con extraños–, lo observaba de reojo y disimuladamente me di cuenta que era un hombre avejentado prematuramente,no tendría más de 40 años pero su aspecto era de un hombre mucho mayor, moreno y de manos callosas contrastando con lo llamativo de sus anillos dorados.

BOLSAS KITSCH-IMAGEN PÚBLICA
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Ok, es cierto, a mí no me importa en qué se gaste la gente su dinero, va, pero confieso que esa pequeña muestra me llamó la atención, porque no son casos aislados; pretender algo, aspirar un lujo, aunque sea menor, fingir un estatus distinto al propio y al mismo tiempo emocionarse escuchando una canción ramplona, de acordes elementales y de una pobreza lírica absoluta. Querer ajustarse al llamado “buen gusto” con el salario mínimo, con un trabajo infame y esclavizante que te chupa el alma, adornar el exterior llamativa y “costosamente” para disfrazar la miseria interior, para salir al mundo con sonrisa Colgate y corear la última canción de Romeo Santos porque “está retebonita la letra”, dice la lady Godínez que va tres asientos adelante, mientras se va comiendo una torta de jamón con la servilleta pegada al pan, torta que previamente fue sacada de su bolso imitación MK de aproximadamente $1,500 M.N. Come y tararea mientras se imagina que Mr. Recuros Humanos le hace la “propuesta indecente” y se funden en un apasionado beso de lengua junto al garrafón de agua del pasillo. Vale, que igual la vida amorosa de los otros tampoco me incumbe, pero admitan que ustedes también se cagaron de risa con la imagen.

♪♫♪”en tan pocos días no puedes amarlo
regresa conmigo tienes que intentarlo
agarra tus cosas déjale un escrito
en donde le digas no te necesito”
♪♫♪

Sonaba esa canción en el iPod del conductor, ahora sí como parte su playlist porque el programa de “étsitos del ayer” de la radio había terminado un par de canciones atrás. Pedí mi parada con varias cuadras de anticipación porque el señor conductor iba tan inspirado y casi al borde de las lágrimas cantando, que supuse que a este también lo dejó su vieja y que obvio me iba a bajar donde le diera su gana, porque iba más en la pendeja que yo. Me bajé en una conocida y transitada calle que atraviesa el centro y caminé unas calles hasta llegar a mi casa, nada en el buzón para mí, avanzo unos pasos hacia la escalera y del fondo del patio de la vecindad en la que vivo me llega una melodía familiar:

♪♫♪”Carmen, pero me queda tu retrato,
el lindo pañuelito blanco,
y el rizo de tus cabellos, Carmen,
y el rizo de tus cabellos,
y el rizo de tus cabellos”
♪♫♪

En menos de tres segundos estoy cerrando los ojos y dejándome llevar por el ritmo tropical de la Sonora Dinamita y llevando muy dentro de mi pecho a Carmen, a ella  y al nazareno. La canción se mete a la médula de mis huesos y los obliga a moverse al ritmo cadencioso y repetitivo de la trompeta, el bajo y el bongó; sacando a la chacha que llevo dentro me pongo a bailar mientras subo las escaleras y abro la puerta de mi casa, avanzo y la melodía se desvanece, pero admito que la experiencia me pone de buenas, por un instante se me olvida la razón de mi visita al sur de la ciudad, la indiferencia y la frialdad con la que me trataron en ese lugar después de dos meses de no verme y ni siquiera invitarme a pasar las fiestas de diciembre “en familia”. Bloqueo esa imagen de mi cabeza y la felicidad instantánea que me ofrece la cumbia me desconecta de más cuestionamientos, excepto quizá el que me plantee en el autobús ¿Qué le pasa a toda ese gente que se evade con soluciones y respuestas fáciles?

SONORA DINAMITA-IMAGEN PÚBLICA
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Continuará… 

Anuarios y clichés gringos que no funcionan en mexicanos

ANUARIO-IMAGEN PÚBLICA
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Por Carolina Vargas

Para Lydia

Permítanme ponerme un poco sentimental y es que todo se debe a un sueño que tuve; quiero contarlo porque rara vez recuerdo lo que sueño y aprovecho este espacio para inmortalizarlo un poco ahora que todavía lo tengo claro.

Tenía de nuevo 28 años, porque en mi sueño todo lo que ocurría era un recuerdo de mi yo cougar y como es común en los sueños, vivencias, personas y situaciones se mezclan para formar una realidad completamente diferente en este caso un reencuentro de ex alumnos y en esta reunión ficticia confluyeron algunos de mis ex compañeros de secundaria, mi grupo de amigos de la prepa y uno que otro de la universidad, detalle curioso, al igual que en las películas mexicanas en mi sueño también está involucrado uno de los Bichir.

Todo giraba alrededor de mi reencuentro con mi grupo de ex amigos, porque desde hace años –y esto es una realidad- no los veo, incluso a casi todos les he perdido un poco la pista ni siquiera por Facebook, quizá con la única persona de ese grupo –al que amo tanto- con la que siempre he estado en un contacto relativamente constante es mi amiga Lydia, quien ahora está viviendo en Hamburgo, Alemania, y sobre ella puedo hablar tanto pero lo que más tengo que agradecerle es que fue la primera amiga en un sentido más amplio que tuve –y que tengo-; mi grupo de amigos es muy pequeño la mayoría son hombres nunca me he llevado muy bien con mi género, porque entre mujeres somos medio perras y envidiosas entre nosotras, con Lydia se rompió esa regla.

La cosa es que estaba ahí, sola, esperando ver alguna cara más que conocida, un rostro amado, ahí comenzó un freak show de malos recuerdos, de anécdotas, reencuentros y una declaración amorosa totalmente inesperada –ahí entra el sujeto Bichir-, me enfrenté al hecho fundamental de contestar esa incómoda pregunta ¿Soy la persona que esperaba ser hace diez años? La respuesta es POR SUPUESTO QUE NO, porque nadie proyecta lo malo y porque cuando idealizamos un futuro nos olvidamos un poco del presente y de las personas que pueden influir lo queramos o no en nuestras vidas, si tomáramos un poco en cuenta estos pequeños detalles quizá y solo quizá, la proyección de nuestro futuro sería ligeramente parecida a la que nos toca en la realidad, pero advierto…es solo una pequeña probabilidad. En mi caso muchas de las personas con las que me involucré hace 13 años, fecha en la que inicié la preparatoria, ya están más que fuera de mi vida, así que consideren el factor humano dentro de sus proyecciones y luego me cuentan que tal les fue.

Me dio gusto ver tantos rostros queridos, saber que en mi subconsciente siguen vivos, gratamente recordados y siguen siendo muy amados.

CHAT FACEBOOK-IMAGEN PÚBLICA
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Pero se acabó el momento cursi y vayamos a lo realmente importante y el motivo por el que escribo esto. Al momento de despertar y quedarme con la sensación de los recuerdos y de alguna manera esa sensación del reencuentro, mi primer pensamiento fue WTF? Si bien es cierto que me dio gusto ver a mis amigos y a algunos conocidos, también vi a mucha gente indeseable que me siguen provocando las mismas nauseas que en aquel entonces y que me escupo a mí misma por darle tanta importancia a tanto hígado indeseable.

Pero vayamos por partes, primero ¿Qué diablos es una reunión de exalumnos? Les cuento, el lugar donde el morbo por la miseria humana se muestra de forma vil y descarada, muchos sacan su lado hipócrita o les da solo por mentir, eso es lo que me han contado y porque no decirlo también es parte del cliché, porque les confieso, nunca he ido a una reunión de esas, las evito a toda costa porque no me gusta fingir. Pero partiendo de mi experiencia ficticia, les puedo decir que no me quedaron ganas de experimentarla de nuevo, ya sea de manera real o de mentiras ¡NO parfavar!

Les cuento, vas a que todo mundo te haga preguntas incómodas y anacrónicas porque claro, como son personas a las que hace años no ves y con las que nunca te llevaste no tienen idea de tu vida y obvio no hay empatía ni tema de conversación eso por un lado; por el otro darte cuenta de lo que siempre supiste y te negaste a aceptar: el niño que te encantaba en la secu era un loser, estaba horrible y a la fecha ves que sigue igual, con el aderezo de unos 30 kilos de más varios hijos con diferente mamá y un empleo que tú no hubieras aceptado ni a los 17 años y sorpresa ya tenemos casi 30. Por otro lado ves a las flacas engordar, a las gordas adelgazar, a los losers más losers, a los nerds como subempleados, ejércitos de Godínez, amas de casa frustradas y el clásico “como hemos cambiado” lo cual es mentira porque te das cuenta que de ser los chamaquitos pendejos y desubicados pasamos a ser los adultos escatológicos y locochones cercanos a la transición del cambio de dígito.

Matrimonios, divorcios, hijos, solteros, graduados, fracasados, freelancers y patas de perro, pero en definitiva el denominador común de todos, es que ni en nuestros más locos debrayes nos habríamos imaginado lo que hoy por hoy somos.

Quizá lo más duro es enfrentar lo evidente, ya no somos niños ni adolescentes, somos adultos y lidiar con esos viejos sentimientos de amor, odio, rencor envidia o lo que sea es absurdo, añejo, humano e inevitable, por eso cuando ves a la tipa que tanto te cagaba en la prepa y darle ese “hola” cargado de hipocresía es una de las escenas más absurdas, y creo que en eso se definen esta clase de reuniones ¿Para qué sirven? No tienen ningún sentido, tus amigos serán tus amigos siempre y podrás estar en contacto con ellos de alguna manera, pero si nunca fuimos amigos ni tuvimos nada en común, independientemente si me caían bien o no ¿Cuál es el punto de reunirte con fantasmas del pasado? ¿Por qué nos aferramos tanto al pasado? Situaciones y épocas que ya no volverán, quizá de aquí parten muchas de nuestras neurosis, revivir lo que no pudimos, vencer la inseguridad y el miedo que nos dio nuestra edad e inmadurez y que a la distancia lo vemos como torpeza, cuando es algo perfectamente normal ser torpe y estúpido cuando no se tiene mucha experiencia, aferrarse a otros tiempos que se nos antojan mejores por el simple hecho de evadir el presente. Les tengo noticias el mejor tiempo es hoy porque es sobre el único que tenemos cierto control, buscar revivir viejos tiempos, sean mejores o no,  es la raíz de nuestro melodrama como sociedad…el eterno síndrome del conquistado ampliamente conocido y que no tiene caso tocar.

CRISTO DE LAS NOAS-IMAGEN PÚBLICA
CRISTO DE LAS NOAS-IMAGEN PÚBLICA

Para cerrar esto me gustaría decir que efectivamente guardo bellos recuerdos de mi adolescencia, que hay personas muy queridas y amigos entrañables que me acompañan desde esos tiempos, que por circunstancias muy pero muy personales me aleje de mis amigos y es algo de lo que todavía  me cuesta mucho trabajo hablar, por lo mal que maneje las cosas. A mis ex compañeros de la Técnica #1 en Torreón, mis amigos en LUZAC, a la generación ’03-’08 de la Facultad de medicina de la UA de C con ustedes crecí y una parte de mi vida se formó, mentiría si dijera que me acuerdo de todos, de la misma manera en la que muchos de ellos no se acuerdan de mí, pero para la gente de la que tuve la fortuna de conocer y de llegar a querer, les digo: jamás me inviten a una reunión de ex alumnos, si quieren que nos veamos mejor vamos por un café o algo así, evítenme la pena de decirles a la cara que no, el resto, no sé ni quienes son así que pueden ahorrarse la molestia…de nada.

Periquita style

Venta de ropa-Imagen Pública
Venta de ropa-Imagen Pública

por Carolina Vargas

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en su último informe “The State of Food and Agriculture 2013” basado en estadísticas del 2008, ubicó a México como el país con más obesidad en el mundo, con un porcentaje de 32.8% de adultos con este problema, arriba de Estados Unidos con un 31.8%.

El informe revela que por lo menos un 70% de los mexicanos adultos tienen sobrepeso, y el 32.8% padece obesidad. Lo anterior se origina entre otras cosas, pues a nivel nacional casi la mitad de la población es inactiva según Samantha Villaseñor, especialista en temas de nutrición.

*PIJAMASURF – 17/07/2013 A LAS 13:07:38

Para muchos, vestirse es solo cosa de pudor así como para otros comer es cuestión de combustible para el cuerpo, en mi caso considero a dichas actividades como un arte.

Quizá esto que voy a decir suene muy frívolo, pero la forma en la que nos vestimos dice mucho de nuestros procesos mentales, lo que has leído, vivido, tu identidad y eso que te hace ser tú se refleja al momento de vestir.

No me considero una autoridad en el tema y reconozco que en el momento tan crítico por el que atravesamos, hablar de ropa es una nimiedad pero en el fondo también tiene mucho que ver con las políticas de salud en nuestro país, explico el por qué. Soy una mexicana de 28 años, 1.70 de estatura y pertenezco a ese 70% de la población que tiene sobrepeso, estoy sobrada como de 8 kilos más o menos, no son muchos pero me encana el suadero.

Hace un par de días me vi en la penosa necesidad de ir a comprar ropa, concretamente una chamarra, porque el frío me había estado castigando un poco, así que con todo el dolor de mi corazón y de mi bolsillo fui a la tienda a aprovechar las liquidaciones por fin de temporada, cosa absurda tomando en cuenta que el invierno no va ni a la mitad. Al llegar a la tienda comprobé, como siempre, que todo lo que lleve la palabra “liquidación” es puro embuste, ya que dichos descuentos no existen o no lo valen.

Tienda de ropa-Imagen pública
Tienda de ropa-Imagen pública

Primer problema de la noche: encontrar la prenda. Tarea difícil si tomamos en cuenta que nunca he seguido las tendencias de la moda –concepto que me resulta un poco abstracto y difícil de definir- además soy alta y chubby lo que complica aún más la búsqueda, sobre todo si tomamos en cuenta que los fabricantes –ni siquiera diseñadores- todo lo hacen en una sola medida llamada “unitalla” aunque también tenemos a los hipócritas que con su CH, M, G engañan a los cándidos incautos que no se dan cuenta que las prendas miden exactamente lo mismo, aunque la diferencia en algunos casos entre la talla chica y la grande es de un centímetro y medio aproximadamente –les juro que no miento, yo misma tomé la medida-.

La oferta en prendas no era muy buena, telas corrientes, diseños vulgares, precios excesivos, copias del mismo modelo n cantidad de veces, la maldición unitalla queriendo uniformarnos a todos, enfundándonos en diseños que nada tienen que ver con la gente real, que hay un montón de dimensiones de estilos, estaturas y pesos, que la situación actual de muchos de nosotros no nos permite comprarnos una blusa de $600 o jeans de más de mil y aclaro, no fui a una tienda “elegante”, acudí, digamos, a algo de clasemedieros tirándole a jodidos.

Pensé que era la tienda la que tenía una oferta pobre, pero no, me di a la tarea de darme una vuelta por varios establecimientos de ropa, lugares de todo tipo, tianguis, tiendas departamentales, almacenes de cadena, supermercados,  lo lamentable es que en todos esos lugares la oferta es la misma, ropa vulgar, excesiva, telas corrientes o sintéticas y lo más preocupante es el costo excesivo para las prendas; así sea ropa de tianguis, creo que los precios son una grosería para el producto que ofrecen, pero en este país ya todo está carísimo y vestir es algo de primera necesidad, desgraciadamente a los ciudadanos de a pie no nos dejan muchas opciones, entre elegir la ropa de brillitos, los leggins, los jeans de dudosa procedencia que  pierden el color a la primera lavada, todo nos empuja hacia lo vulgar y lo corriente, la ropa hecha en serie y carente de concepto.

Por otro lado, tenemos las prendas de diseñador, que si bien es cierto hay una ligera mejoría en la calidad de las telas, los diseños son una cochinada, es ropa que nadie se pondría ni para una fiesta de Halloween de yonquis. La verdad es que no me imagino el clóset de alguien realmente capaz de usar esos disfraces, en el caso de las mujeres las blusas de gasa con pedrería, los pantalones de látex, animal print y vestidos hechos con tela y brocados del año uno antes de Cristo. Y para los varones: pantalones tan ajustados que hay que ponérselos con calzador y quitarlos con pelapapas, no me detendré a hablar de los sombreros y las corbatas de pajarita que son una cosa espeluznante. Hombres de México, solo Indiana Jones se ve sexy con sombrero…de nada.

No sigo la moda, no me llevo bien con ella, para empezar ni siquiera se diseña para mujeres de mi talla, me cuesta trabajo encontrar ropa linda, sobria y accesible. Por eso desde hace un tiempo opté por un estilo mucho más clásico y atemporal, algo que realmente diga “esta soy yo, una mujer grandota, que no usa ropa entallada, ni extravagante y aun así es cool” algo que sabiamente pude nombrar en colaboración con mi mejor amiga como el “Periquita Style” quizá es algo ñoño, pero las blusas con voladitos, botones y mangas coquetas son lo que mejor nos va, todo antes de embutirnos en una vestido brilloso que ni la más slutty de las coristas en Las Vegas se pondría, porque una cosa es usar vestidos llamativos y otra muy distinta es parecer espectacular del Time Square.

Pasarela de moda-Imagen Pública
Pasarela de moda-Imagen Pública

Vivir es muy caro y yo todavía tengo la enorme fortuna de poder comprar ropa nueva aunque encontrarla de mi talla es difícil, bajar de peso es más que cosa de voluntad, aquí lo preocupante es que con el paso del tiempo la sociedad se vuelve cada vez más excluyente. Te empujan hacia lo común, homogeinizan a las personas bajo conceptos tan burdos como la perversa unitalla y la vulgaridad de un estilo muy bajo que aplica para todo, ropa, música, contenido televisivo, te lo revientas porque en muchas ocasiones no tienes otra opción.

Al final del día pude comprar mi chamarra, buscaba algo sencillo que me sirviera para soportar el frío, sin muchas pretensiones porque insisto…soy una persona simple, que vive sorprendida que en el país con más obesos en el mundo se venda ropa para flacos, que el cuerpo sea considerado prácticamente un gancho en donde lo que importa es el lucimiento de la prenda y no la comodidad de quien la usa, lo que me parece un terrible error, porque al sentirte cómodo proyectas seguridad y eso mejora muchísimo tu actitud y la forma en que te percibes a ti mismo y es quizá esa dosis de confianza la que nos hace falta como sociedad, tal vez para muchos esto sea una banalidad pero no suena del todo descabellado si se analiza detenidamente, porque la cara que damos al mundo es solo una pequeña parte de nuestra realidad interior.

Nunca seré talla cero, eso es definitivo, ni mi complexión ni mi estatura me lo permiten, en este momento me cuido de  no subir ni bajar mucho de peso, más allá de la cuestión estética o de salud lo hago por economizar, porque tendría que comprarme ropa nueva y es imposible, pero me llama mucho la atención que un problema de salud pública tan grave como lo es la obesidad sea tratado con tanto prejuicio por la Secretaría de Salud y la sociedad en general, que se nos vea como ciudadanos de segunda y que estar pasadito de peso muchas veces sea sinónimo de descuido y holgazanería y se vea como una simple compulsión por comer, cuando es algo mucho más complejo que eso.

Me quedo con aquello de “Todos somos iguales a pesar de ser tan diferentes” cada persona es a su manera y tratar de homologarlas es terrible, por eso renuncio a seguir las tendencias y que se me siga discriminando por mi peso, al carajo sus cánones, mientras haya gordos, flacos, altos, chaparros, términos medios, existirán posibilidades infinitas en la creación de estilos, eso es lo que me parece maravilloso, aceptarte como un todo y que el cuerpo sea un instrumento no un aparador. Encuentra tu estilo y grítales a todos quien eres.