Archivo de la categoría: Variaciones

Mis diez canciones favoritas

por José Luis Dávila

The Crystal Ship, de The Doors

El desapego a la realidad, la ansiedad por la pérdida, el dolor de las partidas, todo en una lluvia de palabras y notas que entierran a las sensaciones. La voz de Morrison, el teclado de Manzarek. Eran los 60’s trascendiendo en una canción. Krieger y Densmore en el fondo, sosteniendo la pieza. Como un vals por la finitud, sobre la marea de las emociones.

Sorted for E’s and whiz, de Pulp

¿Quién no ha cometido excesos? Las personas suelen ser descuidadas, impulsivas e inconscientes al menos una vez en la vida. Y luego avanzan, luego se cuestionan por qué actuaban así. Esta canción es sobre perderse en la inestabilidad, en el frenesí de una salida por la noche, con amigos, a consumir cualquier cosa que se tenga a la mano, porque cuando llegue la mañana habrá desaparecido la juventud. Habrá desaparecido la música que alentaba, las conversaciones sinceras, el brillo incierto del futuro se convertirá en la realidad pesada del presente. Pero mientras eso pasa, queda seguir girando entre todo lo demás.

N.I.B., de Black Sabbath

Un clásico, eso. ¿Habrá algo más para decir? Es pasión hecha música. Es muerte y vida dibujadas sobre el pentagrama. Imposible no emocionarse desde el inicio. Imposible no gritar “Oh,yeah”. Imposible no sentir.

Sway, de Dean Martin

Una canción de otra época, de un tiempo en que la idea del amor no estaba encarcelada por la aspiración a la vida marital feliz, sino que obedecía a sí misma, al amor por el amor, como el arte por el arte. Para resumir, un tiempo en que el tiempo del amor era la duración de una pieza musical bailada por dos, esos dos que estaban siendo realmente uno en el otro mientras a su alrededor la pista seguía girando a causa de los pasos que daban todos los demás. La profunda voz de Dean Martin narrando el amor como un encuentro fortuito, elegante, significativo, y no como una búsqueda patética, desesperada, frustrante.

Ocean breathes salty, de Modest Mouse

That is that and this is this, eso dice el coro de esta canción, aprender a aplicarlo es complicado pero no imposible, es como decir “acá lo que se queda, y acá lo que se va”, echar al cesto de la basura lo que deba ser echado y guardar lo que vale la pena; pero saber hacerlo, saber elegir es siempre un reto.

When the levee breaks, por Led Zeppelin

La original, esa con Joe McCoy y Memphis Minnie, fue escrita en 1929, dos años después de que se hubiera desbordado el Misisipi y cientos de familias quedaran bajo el agua. Esta de la que quiero hablar, grabada en 1971 por Zeppelin, es otra y es la misma. Así pasa con los covers, al menos con los buenos covers. Existe en sus notas el eco de la primera pero va más allá, se explora a sí misma, se interpreta distinto no sólo por el cambio de época o la instrumentación. Hay algo que la cambia, la hace dejar de ser un homenaje a las víctimas de una tragedia para convertirla en un viaje por dentro de sí mismo, como si lo que se desbordara en esa cadencia hipnótica que logran fuera el río emocional que todos llevamos dentro, inundando quienes somos de quienes verdaderamente somos.

Start a war, de The National

Como una canción de cuna, un arrullo luego de la pesadez del día, la voz de Matt Berninger declarando la guerra a las ilusiones perdidas, bombardeándolas hasta convertirlas en ruinas sobre las cuales poder reconstruirse uno mismo. Las expectativas, ciegas y sordas por el estruendo de las detonaciones, se quedan inertes ante la inmensidad de los pequeños versos y las aún más pequeñas notas. Una canción hecha para entender que a veces la guerra con el otro es también la guerra contra sí.

Ready to start, de Arcade Fire

Desde el inicio de su carrera, Arcade Fire ha sido una banda humana. Su cúspide es esta: Ready to start sube y baja de ritmo, lleva de la mano al escucha, lo deja plantearse un juego de sombras que es imposible ganar. Si el mundo te aplasta, qué más da, empiezas de nuevo, pase lo que pase, perder no es el fin sino el inicio de otra cosa, porque uno tampoco es un santo para creer que se merece siempre llegar a buen fin en cada intento que haga. Todo está abierto porque las posibilidades son infinitas, por eso la canción termina como termina, abierta en una exclamación: now, I’m ready, aunque no se sepa todavía para qué y, de cualquier modo, qué importa saberlo.

Under the bridge, de Red Hot Chili Peppers

Esta es una forma de cuestionarse la soledad, su falta o su exceso. Todos hemos sentido eso, el aire golpearnos mientras caminamos por las calles de nuestra ciudad, la ciudad que sea pero que podamos llamarla “nuestra”, como si toda la vida hubiéramos estado conectados a ella por intravenosa, como si nos llenara con un suero para combatir la necesidad de decirnos ante otros, de decirnos con otros. Todos tenemos un lugar preferido para estar en esa ciudad que es nuestra, donde no hay soledad aunque estemos solos.

Nothing from nothing, de Billy Preston

Billy Preston, maldito y genial, y espectacular, y todos-los-adjetivos-que-sean-necesarios, Billy Preston. Son menos de tres minutos en los que él inunda de funk las bocinas. Quizá sea exagerar, pero Nothing from nothing debería ser considerada como el himno de los 70’s. Es potente, es divertida, es profunda y superficial, se disfruta por igual en una pista de baile o sentado en un sillón. Devela, para mí, una de las grandes verdades de la vida: algo es algo.

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27 palabras

 Palabras - Imagen pública
Palabras – Imagen pública

por José Luis Dávila

Arte: Una de las pocas formas de la felicidad; no está supeditado a nada pero sí es susceptible de estar relacionado con todo. Va de lo bello a lo grotesco, de lo sublime a lo patético, pero sea como sea provoca un movimiento en el interior de quien lo observa, escucha, lee, siente. Esta definición es incompleta porque la cualidad más importante del arte es que supera las definiciones.

Billar: Deporte extremo. Una mesa tapizada, 15 bolas (aunque depende del estilo que se vaya a jugar), dos tacos. Cervezas. Botanas. Curiosos que con el paso de la partida se vuelven verdaderos espectadores y cronistas. El peligro está en quedar como un ridículo ante el público al demostrar ineptitud. Su variación más arriesgada: Tres bandas.

Concierto: Heterotopía del sonido. Un lugar sin lugar en el cual sucede la conjunción de música e imagen. Todos están y no están: La música no se produce en quien la toca sino en quien la percibe, como si todas las gargantas fueran una, la que está al frente. Como si todos los que están al frente estuvieran entre los que gritan desde abajo del escenario. Sólo se existe en las notas, en los acordes, en el ritmo. Un concierto que no provoca pasión, no es concierto.

Danza: Cuerpo en movimiento, escritura en el aire, trazos con tinta invisible pero permanente en el espectador. No es para que todos la practiquen, y mucho menos con cualquier música. Una cosa es danza y otra es baile. El baile es una forma social, la danza se eleva en otros ritmos. Yo no danzo ni bailo, pero me he visto obligado a lo segundo y creo que no lo hago tan mal.

Encuentro: Acercamiento, fortuito o buscado, a una persona u objeto, aunque los objetos suelen ser menos huidizos. Los mejores encuentros son los que dejan una sensación satisfactoria pese a las complicaciones que puedan acarrear. Mis mejores encuentros: con el arte y unas muy contadas personas.

Filosofía: Una forma de apropiarse de la vida y pensarse; un punto de vista forjado desde la reflexión. Lamentablemente, de los filósofos que tengo cerca muy pocos expresan sus ideas a través palabras propias, suelen usar las de otros ya reconocidos por la historia. Yo no estudio filosofía, pero la leo, la entiendo y me gusta pensar que la trato de hacer de alguna manera.

Gatos: Útiles animales domésticos. Si algo va mal, las mujeres los suelen abrazar para tener cariño. Conozco muchas mujeres que tienen gatos y los tratan mejor de lo que tratan a sus parejas. Algunas otras no tienen un gato, pero tratan a su pareja como uno. Y a otras les hace falta uno, urgentemente.

Palabras - Imagen pública
Palabras – Imagen pública

Hojas: Las de los árboles cuando caen tienen una belleza excepcional. Van hacia el suelo con cadencias distintas, a merced de la gravedad, del viento y, a veces, a alguien se le ocurre atrapar una antes de que llegue a su destino, interrumpiendo un ciclo pero dándole un nuevo significado: cualquier caída puede ser detenida por la mano correcta.

Interiores: Somos una casa por nosotros mismos: tenemos patio, fachada e interiores. Éstos últimos son los más difíciles, ya que aunque se les quiera tener en óptimas condiciones, al final resulta que limpiar no es lo nuestro o que tenemos todo en orden pero dejamos entrar a alguien que termina por romper algo. Todos han pasado o pasarán por cualquiera de los dos casos. Yo trato de limpiar, pero sólo por encimita. Debajo de los muebles ni a mí me interesa ver qué hay.

Juegos: Hay de muchos tipos. Los que más me gustan son los de mesa, los de video y los de poder. Las apuestas son fundamentales para dar sabor a cualquiera de ellos, sobre todo a los de mesa porque apostar en un juego de video es poco atractivo y en los de poder la apuesta va implícita.

Kafka: No me gusta su obra, pero fue la única palabra con esta letra que me gusta. “Kafka”, un apellido que suena bien para un escritor de cualquier época, porque parte de la fama está en el nombre y su capacidad de ser recordado.

Libros: Uno nunca compra libros de forma azarosa, siempre hay algo en ellos que, aunque no sepamos de qué tratan, nos llama. Los libros se le prestan sólo a las personas que apreciamos, porque sabemos que volverán. Una cita de David Mitchell sobre los libros: “Un libro leído a medias es una aventura amorosa incompleta”; me empiezo a preguntar si eso aplica en términos contrarios.

Música: La música está construida en una dualidad: mezcla de sonido y silencio. Remedio y mal, a la vez. Hay muchos tipos de música y a todos hay que prestarles atención, incluso a los géneros contra los que se tengan prejuicios; pueden no gustarnos, pero eso no significa que se les niegue la oportunidad de existir y de ser en otras voces. La música no es el mundo, pero se le acerca.

Negar: Es la acción que despunta el deseo. Uno niega y se revela al tiempo que lo hace. Cuando se le niega algo a otro, ese otro lo busca con mayor pasión, aunque a veces es una pasión muy estúpida. La negación, en ambos casos, es un espejo, bien cóncavo o convexo, que nos muestra hacia adentro o hacia afuera según sea el caso.

Ñoñez: Atributo de las personas que no saben equilibrar su tiempo entre los distintos aspectos de la vida y sólo dan importancia a uno. No se ciñe estrictamente, como muchos pensarían, a quien se entrega sólo a lo académico aunque es cierto que son de los más fastidiosos. La condición del ñoño es la marginalidad, como es marginal aquél que vive de fiesta en fiesta para los que estudian cada noche; ese tipo de ñoñez es la más triste.

Oposición: La vida está hecha de esto. Una oposición no es una negación porque coexiste con su otra posibilidad. Ni una cosa ni la otra, sino las dos a la vez en el mismo tiempo y lugar; las oposiciones se explican a sí mismas y mutuamente. Se necesitan oposiciones para que el mundo siga girando, para que no se vuelva aburrido.

Pulp: Banda de Sheffield, Inglaterra. Letrero en neón morado, parpadeante. No hay música como la de ellos, ni la habrá. Las letras, los sonidos, la imagen, todo coordinado en casi perfección. Siempre recordaré la primera y única vez que han dado un concierto en México. Estuve ahí, me siento orgulloso de ello porque fue un concierto en toda la extensión de la palabra (Véase: Concierto)

Quizá: Indicador de posibilidades. Un “quizá” bien puesto en una oración cierra tanto como abre puertas y ventanas; a veces, el mejor lugar para el “quizá” es al final de la frase, porque así se salva uno de asegurar todo lo anterior. No es un retractarse cobardemente, es una forma de explicar que, como dice el Jacques de Kundera, nadie nunca sabe nada.

Recuerdos: Estamos hechos de memoria; nuestros cuerpos son una estructuración sobre los recuerdos de lo que eran. Los recuerdos son remanencias dejadas por los objetos y las personas que se integran a nuestras memorias en forma de moldes llamados ausencias. Un recuerdo ejemplar: la K9 en D menor de Scarlatti.

Sueños: Los sueños que valen más son los que se tienen despiertos; los otros, los que se producen en las horas que estamos dormidos, son meras pistas para conocer el cúmulo de traumas que nos provocamos por no saber manejarnos ni expresarnos hacia los demás. Los sueños (los que se revelan cuando tenemos los ojos abiertos) se cumplen cuando se trabaja por ellos; el primer paso es no contenerlos, muy al contrario, deben ser dichos en el momento en que nacen, incluso si nadie está alrededor. Hay quienes los confunden con objetivos o metas, pero ¿acaso no existe en el cumplimiento de éstas algo de ensoñación primigenia? ¿No son parte de algo mayor como, digamos, un camino de pequeños rasgos oníricos, como miguitas en el bosque, conduciendo hacia el sueño principal, ese gran sueño íntimo que tenemos la esperanza de ver concretado?

Palabras - Imagen pública
Palabras – Imagen pública

Tejido: Cada texto es un tejido. Hilvanamos un poco de nosotros con cada palabra que escribimos y decimos. El tejido es la forma de la interconexión, de la vinculación. Todos somos un tejido, desde lo físico hasta lo psicológico, y como tejidos nos comportamos. Eso es lo que nos permite a todos ser texto, y en este sentido, somos productos y productores: hipotextos e hipertextos unos de otros, por la necesidad del contacto constante con los otros. Ser social es ser parte de un tejido, lo cual es inevitable.

Umbral: Un umbral no es entrada ni salida, es transición. Se puede estar a las puertas de una casa, pero no al umbral porque no es un lugar. Se puede atravesar el umbral pero no detenerse en él, porque entonces no tendría sentido su función de vínculo entre dos espacios y dos miradas. Quienes se quedan atascados en el umbral no saben a quién dan la espalda ni pueden conocer por completo lo que está frente a ellos, además de que se le estorba el paso a los otros.

Victoria: Sobrevalorado resultado de toda actividad que implica competencia con alguien o algo más. Una victoria no está completa nunca, es nada más como dice Élmer Mendoza: unas veces se pierde y otras se deja de ganar. La victoria, sin embargo, brinda esa falsa alegría de que se ha alcanzado un objetivo, pero casi de inmediato debe buscarse otro para no caer en el aburrimiento de estancarse. Ante esto, uno se preguntaría si de verdad se gana cuando se gana y qué se pierde al tiempo que se gana, así como qué se pierde cuando se pierde y qué se gana cuando se pierde.

Woody (Allen): Director de dramas tan apegados a la realidad que parecen comedias. Sus films son eso que permanece y aflora en el sujeto de cuando en cuando pero que no se logra traducir en palabras: a veces una derrota lírica inundada de risa y una risa desbordada en el llanto, justo como la vida misma. He llegado a pensar por momentos que él dirige la vida de todos; quizá el suyo sea otro de los nombres de dios.

Xanadu: Canción (y mal lograda película) de ese viejo símbolo que fue Olivia Newton-John, instalada en el nacimiento de los 80’s del siglo pasado, cuando el neón era una idea romántica y los colores de la ropa entre más llamativos mejor. Al decir esto, “siglo pasado”, siento que la edad está por alcanzarme. Newton-John era la rubia del cine que mi padre adoraba. Yo también tengo una rubia preferida (Scarlett Johansson) y una Olivia (Wilde). Al parecer, para acercarse a lo que provocaban antes las mujeres se necesitan dos de las modernas.

Yo: Persona de toda oración; sin un “yo” no hay un “tú” ni un “ellos”, ni cualquier otro pronombre. El “yo” es algo que cargamos irremediablemente, para bien o para mal. Decir “yo” es mal visto por todas las personas a las cuales les gustaría que sólo se les hiciera casos a sus “yoes”. Cuando yo digo “yo” también digo al otro, como Rimbaud.

Zafio: A veces no se puede evitar ser uno. Un zafio no se da cuenta de lo que acontece alrededor y por ello se comporta como tal. La insensibilidad para lo políticamente correcto es algo que bien puede definir al zafio. No es irreverencia o sarcasmo, sólo es tosquedad, grosería sin ápice de gracia o ingenio. No es malo serlo, es sólo inaceptable para algunas personas. Un zafio entrañable: Tom Waits.

Malas razones para dejar de fumar

Fumar - Imagen pública
Fumar – Imagen pública

por José Luis Dávila

1. Porque te lo pide tu pareja

Sí, te lo dice por tu bien, te lo dice con cariño, se preocupa por ti, quiere que estés sano, que nunca te pase nada. Todas esas cosas son las que terminan por convencerte de que quizá necesitas ese cambio, que tus pulmones merecen aire fresco en vez de alquitrán. Pero, ¿a quién quieres engañar? No lo haces realmente porque tú lo quieras, sino porque quieres dejar de escuchar esas peticiones que se convierten en reclamos después de un tiempo. Además, si no están casados, no te conviene seguir con alguien que no respeta tus vicios. Y si lo están, y esperó todo este tiempo para pedirte algo así, revelando su verdadera naturaleza, existe el divorcio; aunque, en caso de que no le quieras dejar, de que le ames aunque no te comprenda, pues ve y fuma como cobarde, a escondidas, avergonzándote de un hábito sencillo que con tu actitud estás criminalizando.

2. Porque estás enfermo

Si es una EPOC, no importa realmente, de todos modos ya estás jodido. Para una enfermedad cardíaca, lo peor es estresarte; entonces por qué te piden que dejes de fumar, ¿no saben que dejar una adicción causa mucho estrés?, en ese proceso de desintoxicación te puede dar una crisis nerviosa y luego un infarto. Así, puede haber muchos más ejemplos que demuestran que si de todos modos no vas a durar mucho, al menos disfruta ver el humo saliendo de tu boca, construyendo figuras en el aire, tanto como puedas.

Fumar - Imagen pública
Fumar – Imagen pública

3. Porque un anuncio antitabaco te hizo sentir mal

Sinceramente, si le haces caso a estos anuncios es que en verdad cualquiera te puede manipular. No es que no sean verdades lo que expongan, es que la manera en que las muestran es demasiado perversa. Si es una imagen, está saturada de posturas horribles, de entrañas expuestas, pornografía del horror, digna de una película gore que dirijan Svankmajer y Carpenter juntos. En algún punto, si tienes una pizca de criticidad, sabrás que la composición es tan falsa que más bien da risa. Y peor, cuando usan de forma despiadada a los niños, con sus caritas tristes, con sus enfermedades “causadas por sus padres”. Eso no es inculcar sentido de responsabilidad con la propia salud, ni sembrar miedo ante las posibles consecuencias, es meramente inducir culpa para lograr un propósito, es sencillamente malvado.

Bogart en Casa Blanca - Fotograma
Bogart en Casa Blanca – Fotograma

4. Porque ya en ningún lugar se puede fumar

Dice Jim Jeffereis que si hay letreros de “No fumar” por todas partes, debajo de aquellos debería haber algunos otros que dijeran “Y no viole a los niños”. El poder que se le ha dado a los no fumadores es intimidante, se apropian de todo como una plaga; intolerantes, nazis del estilo de vida saludable, se quejan y esperan que en cada establecimiento se les separe de quienes disfrutan llenar sus pulmones con tóxicos, como si se tratara de leprosos. Y, saben, no habría problema en respetar espacios para unos y otros, los fumadores somos personas que se preocupan por no molestar a quienes no fuman, sin embargo, lo que causa molestia es que quienes no fuman se sienten moral e ideológicamente superiores, por algo como “cuidar su salud”, y dan sermones, reclaman, ponen cara de desaprobación; no entienden que el respeto a los vicios ajenos es la paz.

Marilyn Monroe - Imagen pública
Marilyn Monroe – Imagen pública

5. Porque te dicen que fumas solamente para generar una apariencia social

Y si es así, ¿qué? Generalmente, el sabor no es una de esas razones por las que se empieza a fumar –aunque con el paso del tiempo se va aprendiendo a apreciar el sabor del tabaco. Hay quienes fuman por ansiedad, para controlarse; hay quienes fuman para pertenecer, para sentirse parte de un grupo; hay los que fuman por el placer de sentirse llenos aunque sea de algo tan efímero como el humo, de ver sus ideas incinerarse cada que se inhala. Si alguien se quiere ver bien con un cigarro entre los dedos, o en la boca, ¿cuál es el problema? Si Bogart no hubiera tenido una cajetilla en la bolsa de la chaqueta, ¿sería la figura que recordamos? ¿El lunar de Marilyn sería el mismo sin el cigarrillo entre los labios? Fumar a veces es parte de la esencia de una persona, dejarlo es dejar de ser uno mismo.

Yo creo

Música - Imagen pública
Música – Imagen pública

por José Luis Dávila

Yo creo, por sobre todas las cosas, en la música. Creo en ese instante desfasado del mundo en el que sumergen las notas, creo en cada pliegue del sonido que envuelve como manta de infancia a quien escucha con atención, creo que las sirenas existen en las voces de otros y por eso el que canta se apasiona, no escucha la propia existencia sino la de los demás en su boca, ya sea que esté cantando para un público o cante siendo el público, da igual, porque no es una vía sentido univoco, es una pista de un solo carril para ir y venir a la vez, para que choquen las subjetividades en estruendo, que se incendien los vehículos que son las notas.

De forma regular, paso al menos dos horas al día escuchando música nueva, reciente o pasada, y mis actividades las ambiento siempre con algo que les vaya acorde: si me toca hacer labores de limpieza, entonces algo de LCD Soundsystem queda perfecto; si voy a leer, Have A Nice Life o Civil Wars; si salgo a caminar tengo un playlist especial, si voy a escribir, dependiendo del tema que lo vaya a hacer, selecciono algo relacionado. No es que las música ayude a realizar estas actividades, pero las hace mucho más placenteras.

El silencio también me gusta para muchas cosas, pero como todo lo demás, tiene sus situaciones especificas en las que se reproduce mejor.

Concierto - Imagen pública
Concierto – Imagen pública

Justo ahora que escuchaba el nuevo disco de The Used, le he puesto pausa para leer lo que estoy redactando, así darme cuenta de si es coherente o si debería borrar todo y comenzar de nuevo. Tal vez ya lo comencé de nuevo, le cambié algo que no me gustaba, tal vez es un texto muy distinto del que quería escribir. Tal vez.

Si escribo todo esto es porque la música poco a poco ha dejado de tener creyentes y ahora solamente tiene espectadores, escuchas que la toman del lado más funcional posible, y esto también se refleja en quienes la producen. La música es tan orgánica que se adapta a los cambios del gusto, pero el gusto ahora parece ser solamente un producto plastificado, ready-made, con fecha de caducidad, que se expende para crear mercados nuevos entorno a figuras y no a la música; y de esto hay en todos los géneros. Así mismo, no es que todos deban gustar de lo mismo, pero todos deberíamos aprender a apreciar la belleza de la música, independiente de un factor de segregación como es el género, por poner un ejemplo, pues la música es una ideología incluyente.

Partitura - Imagen pública
Partitura – Imagen pública

Yo creo en la música, y creo en que quienes escuchan música, la música que sea, sabrán apreciarla en todas sus gamas. Se tiene derecho de no ser partidario de un tipo de música, pero no de descalificarla por ello. Creo en la música, porque al final, más allá de las imágenes o las letras, es la única que no necesita traducción para ser sentida.

Somethingness

Ser alguien
Ser alguien

por José Luis Dávila

Las personas se preocupan demasiado por ser algo en la vida. Mi generación no está exenta de eso. Aún en esta época hay quienes desarrollan su seguridad a través de encontrar grandes cosas en la vida que resulta que son realmente pequeñas comparadas con lo que debería importar. No digo que no sea necesario, por ejemplo, conseguir un trabajo que provea del dinero suficiente para sobrellevar la existencia dentro del modelo económico que tenemos, pero ¿acaso no es clave la palabra ‘suficiente’? Hay veces que si ganas un montón de dinero, desperdicias un montón de vida. Esa inversión resulta bastante funcional para muchos, y debería funcionar para mí, por lo que algunas personas que me rodean me han dicho, sin embargo, no me sentiría cómodo.

Recién cumplí un año más. Hace tiempo que extrañaba cumplir años. Resulta que es algo que se puede hacer, incluso con la cantidad enorme de inconvenientes producto de la era que enfrentamos, tan llena de cosas que hacen que el tiempo empiece a devaluarse en cuanto a paso de crecimiento, pero gane terreno en la idea de pérdida. Eso de cumplir años para demasiados es escabroso porque se hacen viejos, porque se les van entre las manos las oportunidades de hacer algo con su vida, de ser, como inicié diciendo, algo en la vida. Yo creo, por el contrario, que cumplir años, envejecer, si bien conduce a un inevitable final como es la muerte –el cual, personalmente, detesto tener que admitir como natural. Qué no daría por poder vivir en la eternidad, si quieren en el olvido que ello implicaría, pero con la curiosidad siempre viva por saber más de todo lo que existe en mi entorno–, también da paso a enorme cantidad de crear oportunidades para uno mismo y para todos los que estén dispuestos a participar en ellas.

Somethingness
Somethingness

Si lo piensan un poco, aquellos que diferencian ser algo con ser alguien, están igual de equivocados, porque, vamos, de todos modos se está tratando al sujeto como un objeto que necesita completar una serie de requerimientos para poder ser. Lo patético es que son ellos mismos quienes se lo imponen. Esos estándares tan brumosos sobre quién es algo o alguien en la vida no caben en mi forma de concebir el mundo: para mí, yo no necesito ser algo o alguien, simplemente dejo ser y me dejo ser. Como sea que sea, como sean todos. No espero que alguien más pueda pensar de esta manera, porque entonces faltaría a mi propio principio, y si hay algo con lo que se debe ser fiel es con los propios principios.

Tal vez, como se da por proclamar, el futuro es incierto. Tal vez, lo que ahora pienso pueda ser considerado un destello de imbecilidad, de estar fuera de la norma a la que todos terminan obedeciendo. Pero yo creo que no. Creo que soy lo suficientemente viejo como para ser coherente con lo que pienso y lo que hago. Como en el ejemplo del comienzo, se debe tener un trabajo, por supuesto, pero tal vez se puede encontrar uno que se disfrute y permita hacer lo que se quiera hacer. Puede que no vaya a ser el trabajo mejor pagado, pero será un trabajo suficiente que deje ser lo que uno es, sin exigir ser algo o alguien más. Es nada más una forma de ver las cosas, una perspectiva errónea, quizá, pero mucho más alentadora que la mayoría con las que se cuenta en estos días.

Tres signos de puntuación

por José Luis Dávila

Puntos suspensivos - Imagen pública
Puntos suspensivos – Imagen pública

ζPuntos suspensivos

Los puntos suspensivos son de mis favoritos, siempre me traen la idea de la continuidad. No son un quiebre ni una pausa común, cómo lo serían si incluso tienen su propio tiempo, distinto al tiempo de todos los otros signos de puntuación.

También gozan de crear espacio entre palabras, espacio que no está vacío como cualquier otro espacio entre palabras. Es un espacio con fondo, un espacio que no marca límites ni corta caminos, en todo caso son puentes entre oraciones, entre ideas.

Unen a la vez que separan. Son estructuras complejas contenidas en tres simples e ínfimos puntitos. Pero también pueden ser más, muchos más; nada me impide formar decenas de ellos entre dos palabras, o sin palabras en los extremos (como esos puentes colgantes en medio de las sierras, o de cualquier zona atestada de naturaleza, que cruzan ríos y acantilados, comunicando a los pequeños poblados que están más allá, muchos kilómetros al fondo, nunca cerca del inicio o el fin de los puentes), simplemente dejarlos ahí, uniendo la nada, significando el silencio.

Comillas - Imagen pública
Comillas – Imagen pública

ζComillas

“Nos vemos en la noche” se escriben, pero no se ven. Pero sí. Es complicado, más bien. Porque de verse lo que se dice “verse”, es decir, de percibirse como cuerpos, tangibles el uno al otro, pues no.

Pero hay otra percepción, una que podemos llamar más profunda. Es ese “verse” que no necesita de la vista. Un “verse” que es “leerse”. Y luego solamente es leerse, sin comillas porque sin comillas es cómo la palabra pasa de la teoría a la acción. Después de todo, incluso sin leerse, se saben ahí. “Ahí” es otra palabra para la que no necesitan un referente, porque el “ahí” de uno es el “aquí” del otro, y el “aquí” del otro es el “ahí” del primero, y todo es un mismo lugar que al final son los dos como espacio dónde se desarrolla una historia que no es de nadie más, que es autre espace que no pertenece al plano en que existen sino al que quisieran existir.

Por eso es que se dicen (lo dicen pues su voz va en su escritura): “Nos vemos en la noche” y se ven porque están juntos y no “juntos” como podrían pensar los que no creen en sus palabras sin comillas.

Paréntesis - Imagen pública
Paréntesis – Imagen pública

ζParéntesis

Mi más grande obsesión son los paréntesis. No lo que va en ellos, sino ellos. Porque lo que va es alteridad del discurso aun si es una alteridad intrascendente.

Los uso con placer. Siempre hay algo que queda bien entre paréntesis, sea una aclaración, sea una duda, sea una conversación imbuida en otra, sea lo que sea. Y en último termino, todo es susceptible de ir entre paréntesis. Una vida puede ser interrumpida con ellos, y se pone dentro otra; las relaciones a veces se ponen entre paréntesis y a veces son interrumpidas por paréntesis.

Todos en algún momento hemos puesto algo o a alguien entre paréntesis.

Tal vez, al escribir, se puedan asimilar a un paciente en coma -más bien sería un discurso en coma- que duerme en su cama, y los paréntesis encierran el sueño, mientras todo lo otro gira en el exterior.

Ex’s

Ex's - Imagen pública
Ex’s – Imagen pública

por José Luis Dávila

Todas mis ex han terminado por tratar de omitir mi existencia. No creo que eso esté mal, es quizá parte de un proceso de duelo necesario para poder pasar a algo nuevo, a lo que sigue, para poder desprenderse de todas aquellas cosas que ataban sus sentimientos, evitando que lograran una vida plena en ese “después de” que todo rompimiento implica. Es algo que todos llegamos a necesitar. Sin embargo, es curioso que ninguna de ellas deja de lado a ningún otro ex, por mal que las haya tratado, o al menos no dejan de lado a la mayoría de sus ex. Dos o tres casos hay en los que se llevan perfectamente bien con todos aquellos hombres con los que algo tuvieron que ver, pero no conmigo.

Sí, me hace sentir muy bien. Resulta que de poco en poco, mi ego se alimenta de ese tipo de cosas, aunque sé bien que no es lo ideal. Debería sentirme mal por saber que la gente trata de elidirme, de arrancarme de su experiencia como se arranca una costra. La cosa es que la costra de todos modos deja una marca que tarda demasiado en borrarse, e incluso hay marcas que nunca se borran.

¿Es pretencioso escribir sobre esto? Definitivamente. Lo es, no lo niego, como no niego que tampoco es el punto de lo que quiero aclarar, pero es un inicio. Así como les pasa a mis ex, nos pasa a todos, que buscamos el modo para matar algo en nosotros sin la necesidad de matarnos nosotros. Momentos vergonzosos, heridas emocionales, eventos traumáticos, conversaciones estúpidas, errores que nos ponen como unos tontos frente a otros. Muchas cosas existen de las que uno se llega a arrepentir.

Ex's - Imagen pública
Ex’s – Imagen pública

La clave, dicen algunos, es que nunca hay que arrepentirse de lo que se ha hecho, sino de lo que uno se queda con las ganas de hacer. Hace unos meses conocí a la mesera de un restaurante de comida china, se me acercó a conversar sobre el libro que notó en mi mesa. Oye, disculpa, ¿me dejas ver tu libro?, me dijo, iniciando una charla sobre la literatura y el crimen organizado. Me terminó recomendando Zero zero zero, de Roberto Saviano. Lo había leído en italiano y le encantó. En el reverso del papel en que me anotó el título y autor, estaba su número de celular. Era bonita, no deslumbrante, pero seguro que merecía una llamada. Y no lo hice, a pesar de tener ganas de saber que pasaría. Me di el argumento más sencillo del mundo: tengo novia, no debería estar saliendo con otras chicas si sé que no es algo de mera amistad. Puedo ser capaz de muchas cosas, pero hay que tener uno o dos principios en la vida. Recientemente vi que se ha publicado una traducción de ese libro, y cuando leí al respecto, recordé a la chica, a la nota, a la posibilidad que no exploré. No me siento arrepentido de ello, no creo que haya ninguna lógica aceptable que pueda hacerme sentir arrepentido por no haberle llamado, aun cuando mes y medio luego de conocer a esa chica mi relación había terminado. Y es que, por qué arrepentirse de lo que no se hace, si por lo general hay motivos muy válidos para no hacerlo.

Así como no creo necesario arrepentirse de este tipo de cosas, tampoco creo que sea necesario tratar de evadir la realidad de la experiencia que hemos vivido. Digo, el ejemplo de mis ex es bastante práctico para estos fines: al tiempo que niegan a la persona con la que compartieron diversos momentos de su vida, niegan entonces lo que aprendieron en el camino. No es que yo sea alguien de quien se pueda aprender mucho, pero estoy seguro de que algo aporté a sus perspectivas. Mi más reciente ex coincide con todas las anteriores en que soy el Anticristo, para ellas lo soy porque manipulo a las personas. Todas me han acusado de esto, pero sé bien como defenderme, demostrando algo muy sencillo. Todos influimos unos en otros, somos permeables a las miradas de quienes nos rodean, por lo que nos vamos moldeando de acuerdo a qué tanto de influencia gotea sobre las cabezas de nuestros inconscientes, cuando tratan de dormir y ese sonido molesto los hace tener que levantarse para arreglar el problema como se arregla casi siempre, colocando un balde debajo de la filtración, un balde que se llenará y desparramará. Lo que ellas llaman “manipulación”, lo conozco como un simple contacto humano. Si alguien se expone a radiación, el daño será más grave a mayor tiempo de exposición, es obvio.

Entretejimiento de miradas - Imagen pública
Entretejimiento de miradas – Imagen pública

Hay que tomar todo esto de manera sencilla. Somos seres intertextuales, incidiendo unos en otros, entretejiéndonos, hilvanándonos, bordándonos con las imágenes que recuperamos de lo vivido. Cuando nos damos cuenta de ello, tenemos la posibilidad de aceptarlo como un proceso natural o espantarnos y salir corriendo, considerarlo una invasión de los demás en nuestro espacio privado, lo cual genera muchos malentendidos.

Me gusta pensar que, entonces, no soy un manipulador, sino que por el contrario, todas mis relaciones han sido de provecho, pues tanto hubo de entendimiento entre ambas partes, que al final se hicieron insostenibles por los dos lados debido al espanto que es saberse influidos de esa manera por alguien, pues pocas veces aceptamos que otro llega a ser parte de nosotros.

¿Por qué buscamos amor?

Amour/Love - Imagen pública
Amour/Love – Imagen pública

por José Luis Dávila

Me cuesta trabajo pensar que muchas personas de mi edad, o contemporáneas, todavía piensan en las relaciones de pareja como un factor de peso para el éxito en la vida. Me hace preguntarme si de verdad vale la pena todo el esfuerzo que requiere sostener emocionalmente a otra persona. No digo que no sea importante tener una pareja, alguien con quien compartir la vida de forma profunda, más profunda de lo que la amistad se limita, alguien en quien depositar confianza, seguridad, paz mental, todo eso que se suele depositar. Yo lo he hecho, con frecuencia. Y he dejado que lo hagan conmigo. No estoy en contra de que se busque tener una vida en pareja, aun cuando todas mis relaciones se puedan clasificar como patrones de conducta, según algunos de mis amigos, que llegarían siempre al mismo fin. Desastres anticipados, pues.

Si no estoy contra ello, entonces ¿por qué me resulta extraño que las personas busquen amor? El asunto es que hay algo que nos inculcan desde pequeños, algo en las personas que nos rodean: parte de la felicidad viene de la vida en pareja, lo vemos con nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros tíos, lo vemos en todas las personas mayores que nos rodean, y mientras vamos creciendo, tendemos a crear un ideal al respecto, uno propio en la mayoría de los casos, aunque haya quien culpe a los medios por dar falsas ideas del amor, diciendo que, por ejemplo, todas esas historias felices en las que los problemas de la pareja principal siempre se resuelven al final, afectan a los modelos que proyectamos para nuestra vida, pero creo que quienes afirman eso están tratando de evadir la responsabilidad que tienen ellos y sus circunstancias en sus fracasos amorosos.

500 days of Summer - Imagen pública
500 days of Summer – Imagen pública

Asimismo, evadimos que esas personas que vimos amarse mientras crecíamos, también tenían problemas en sus relaciones, muchos más problemas de los que alcanzamos a ver. De suerte que cuando empezamos a acercarnos a otros con la intención de tener una relación, estamos ya negando la posibilidad del fracaso. Bueno, a nadie le gusta fracasar, pero hay veces en las que fracasar es otra de las formas del triunfo; una forma retorcida, si se quiere. Es cliché decir que cada fracaso es un paso de experiencia. La practica hace al maestro, errar es de humanos, toda esa basura que nos creemos para sentirnos mejor. La verdad es que no, que el triunfo no está en aprender de la relación, porque aprender de una relación es ensimismar la experiencia, es decir, no se puede aprender nada de una situación en la que se es parte activa y contemplativa al mismo tiempo, porque inevitablemente, cuando una relación termina, tratamos de justificarnos, desbordar en el otro algunas de las fallas propias, o exagerar los defectos ajenos. El triunfo está en haber aprendido de la pareja (o ex pareja en este punto), en saber que aparte de todo lo que pudo representar sentimentalmente, también es un individuo que al estar tan en contacto con nosotros, nos dejó ser parte de cómo experiencia el mundo, y tener la capacidad de respetar esas perspectivas, y sumarlas a la polifonía que de por sí ya somos –porque lo quieran o no, somos el conjunto resultante de otras voces filtras en nuestra voz–, es verdaderamente valioso.

Eso último es algo que no solemos atender. Por una u otra razón, termínanos haciendo lo primero, evitando la responsabilidad, alejándonos todo lo posible de la experiencia, esperando que llegue una nueva oportunidad con alguien más, en quien confiaremos que haga las cosas bien porque, obvio, nosotros siempre nos esforzamos en ser lo mejor que se pudo encontrar en la vida. Entonces es una buena pregunta, ¿por qué buscamos amor? Si no lo sabemos manejar, no queremos asumir las consecuencias que provienen de él, no nos gustan las obligaciones que se contraen cuando se tiene. “Lo buscamos por lo que nos hace sentir”, podría decirse, pero una respuesta en ese tono quizá no sea muy sincera, tomando en cuenta que las más de las veces no se sabe lo que se siente. A todo esto, antes de ponernos a buscarlo, ¿acaso sabemos lo que es el amor?, ¿en verdad buscamos amor? Veo que lo que en verdad estamos cazando es la pasión, los instantes en los que las emociones se disparan. Si eso es lo que entendemos por amor, tal vez estemos equivocados, porque entonces no queremos compartir ni ser para alguien más, ni que se otro comparte o sea para nosotros, sino que sea de nosotros, y ser de esa persona, que significa algo completamente distinto, pero sin duda es más fácil de controlar. Puede ser que el amor es tan aterrador que elegimos ponerle ese nombre a esta otra experiencia, para engañarnos un poco, para no darnos cuenta que a veces por más que se busque algo, simplemente no seremos capaces de encontrarlo. Al menos no como lo queremos que sea.

Venezuela, mon amour

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

por José Luis Dávila

¿Existen aún las dictaduras? Quienes se preguntan por esto resuelven las más de las veces que sí, que eso que llaman “democracia” los países cien por ciento capitalistas y neoliberales, o los que están en la lucha por maquillarse tan bien que puedan pasar por uno de ellos –como es el caso de México–, no es otra cosa que una forma de dictadura basada en la blanquitud (término acuñado por uno de los más influyentes marxistas de los siglos XX y XXI, Bolívar Echeverría) de las clases sociales, es decir, una dictadura del poder adquisitivo; y quizá tengan razón, quizá este modelo socioeconómico que vivimos en las naciones apegadas a las políticas globalizadoras sea un error.

Sin embargo, quienes aseveran que las prácticas neoliberales son dañinas y que los modelos nacientes de una ideología de “izquierda” (habría que ver antes si realmente saben porque se les denomina de izquierda) están mejor plantados para encarar las necesidades de sus poblaciones y satisfacerlas, no admiten los males que padece tal forma de pensar.

En los últimos días hemos tenido acceso a información realmente desconcertante: en Venezuela, dónde Nicolás Maduro fue casi impuesto por el fallecido Hugo Chávez, existe un régimen “anticapitalista” y “anti-imperialista” que a pesar de funcionar como la nueva prueba de que la izquierda no solamente funciona en teoría, algo que el tambaleante caso cubano estaba empezando a aceptar tras más de 50 años de terquedad bajo el mando de los hermanos Castro, ha caído por su propio peso. En todo el mundo se ha podido apreciar la forma en que el gobierno “bolivariano” de Maduro hace uso de las mismas tácticas de represión que los gobiernos a los que ataca en sus discursos, incluso yendo en contra de los ideales implantados por su antecesor Chávez, quien, aunque tampoco era muy congruente con sus actos, al menos era consciente del poder que el pueblo tiene la capacidad de alcanzar.

Venezuela - Imagen pública
Venezuela – Imagen pública

Vídeos, fotografías, declaraciones y más han sido subidos a las redes sociales, y sobre ellos se han escrito varios artículos ya, la mayoría condenando la vileza, y es que no hay otra palabra para llamar a esto, de las acciones del gobierno venezolano para reprimir las marchas evidentemente pacificas de estudiantes y ciudadanos interesados en mejorar sus condiciones de vida.

Lo más preocupante del caso es que haya personas que aún viendo las imágenes de violencia innecesaria, y escuchando las justificaciones sacadas de la manga del presidente Maduro, crean en que esa es la vía para mejorar las cosas en cualquier país, haciendo deferencias ante su ideología, aceptando razones por demás estúpidas para actos despóticos y abiertamente dictatoriales, como hacer una comisión encargada de vigilar lo que se dice del gobierno en redes sociales en vez de enfrentar los problemas económicos por los que atraviesa su administración, o actos mesiánicos, como aseverar que el espíritu del comandante Chávez se manifiesta en las piedras con su imagen; si lo pensamos, un gobierno que se maneja así está a un paso de ser hitleriano.

Como él, en México también tenemos personalidades políticas que tienden hacia esa ideología. Andrés Manuel López Obrador encabeza la lista, seguido de Gerardo Fernández Noroña, y muchos otros que no sería el caso mencionar; y no es que tengamos el mejor gobierno en la actualidad, sino que es preferible tener un gobierno corrupto abiertamente del que ya se sabe su modo de operar y por eso mismo es posible encontrar fallos en el mismo que permitan acciones seguras de protesta, a uno que se autocalifique como patriótico, nacionalista y cercano a la gente, cuando por debajo de la mesa es quizá peor de lo que se puede imaginar, y del que no se puede predecir su reacción.

Nicolás Maduro - Imagen pública
Nicolás Maduro – Imagen pública

Entonces, ¿es Nicolás Maduro un dictador? Quizá no ahora, pero pronto, si en Venezuela no se hace nada para detener el proceso que ya está activo. Nicolás Maduro sería muy ingenuo si no supiera que los cambios se avecinan, que debe cambiar su forma de interactuar en público, porque lo que empezó como una risa ante sus ocurrencias e ignorancia en los primeros meses de administración, ahora es motivo de incomodidad y espanto.

P. D.: De un país derrotado a otro: no se rindan.

Soundtrack

Piano - Imagen pública
Piano – Imagen pública

por José Luis Dávila

Me gusta ser de esas personas que aprecian el silencio en la música, su función, el sentido que le da a toda composición un instante entre notas, entre movimientos, porque la duración de una pieza es el tiempo que transcurre mientras se toca hasta que se escucha: lo que sucede en ese intervalo es la apreciación, la contemplación estética. No nos damos cuenta porque muchas veces estamos tan encandilados de los sonidos que no entendemos que tales no existirían sin el ritmo que proviene de los espacios en blanco dentro del sonido mismo.

Pensar en todo esto es pensar obligadamente en John Cage y su 4”33, que no es otra cosa que la interpretación pura de la música; la música está ahí, donde el silencio se eleva para crear sensaciones en el acto de escuchar, entendiendo que ese mismo silencio es uno de los fragmentos más bellos que se pueden crear, porque sí, el silencio se crea, sobre todo en estos días que hay tanto ruido. Pero si Cage lo propone como una creación indirecta de la mirada –si vemos cómo se interpreta, no necesitamos escucharlo porque ya estamos escuchándolo al verlo ser interpretado–, en lo personal prefiero pensar que mirar no es necesario para nada, al menos con respecto a la música. Es decir, las imágenes que somos ya están en nosotros, basta con cerrar los ojos para percibir que siempre, en cada momento, se está interpretando ese silencio, y somos capaces de escucharlo.

4"33 - Imagen pública
4″33 – Imagen pública

A muchos he visto que les gustaría tener un soundtrack de su vida, una canción que suene en el momento exacto en que cobre sentido dentro de su narrativa cotidiana, y, vaya, ¡quién no quisiera algo así! Lamentablemente no podemos ir al cuarto de edición y agregar a los fotogramas que vivimos esas piezas que darían mayor fuerza a cada instante, sin embargo, lo que sí, lo que somos capaces de hacer, es entender a nuestra vida desde su música propia; al tiempo que atravesamos todo el barullo de la calle, podemos apreciar en sus silencios la forma que va tomando.

Acaso dirán que para eso existen los reproductores portátiles de música (en cualquiera de sus presentaciones), pero éstos cumplen con la función de envolver al escucha en el sonido de otros, abstrayéndolo al punto en que, como decía, ya no es capaz de experienciar al silencio como elemento fundamental para la música, sino como un vacío que da horror cuando se está frente a él.

Pentagrama - Imagen pública
Pentagrama – Imagen pública

En todo caso, esa es la gran ventaja del silencio: es un vacío que podemos intentar llenar, pero hay que saber hacerlo; no se puede solamente atestarlo, verter en él lo que se nos ocurra sólo porque sí, porque no nos gusten esos espacios que quedan, ya que las más de las veces son esos espacios restantes, donde nada aparente está, en los que nace todo.