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Mujeres, literatura y fútbol

Por E. J. Valdés

Nunca he sido fan del futbol. No sigo ninguna liga, no puedo decir que apoyo a un equipo y asistir al estadio se me antoja como una de las actividades menos placenteras de la vida. Soy bastante crítico de este deporte por los estereotipos que genera y los antivalores que promueve (especialmente en la juventud), así como por la obvia corrupción al interior de la FIFA; no se salvan algunos jugadores y personajes asociados con la “cultura” del deporte más visto y redituable del planeta.

Si mis amigos me invitan a ver un partido, acaso con botana y cervezas como es la costumbre, puedo hacerlo, y a lo mejor hasta me divierto, y aunque he visto las finales de los últimos cuatro mundiales, para mí el fútbol se termina al momento de apagar el televisor, cambiar el canal o ponerme a hacer otra cosa.

Francamente no entiendo a aquellas personas que se apasionan al borde de la euforia o el llanto por un equipo, ni a aquellas que sienten aversión por una persona que viste la camiseta del rival y que incluso llegan a agredirlas por este simple hecho (uno de los motivos por los cuales Borges detestaba este deporte). Y en definitiva jamás armaría un alboroto porque no salió victoriosa la escuadra a la que apoyaba ni celebraría en el Ángel de la Independencia una victoria de la selección (mucho menos en eliminatorias, como les encanta hacer). Muy a pesar de todo esto, hoy les escribo para contarles de un libro que recientemente llegó a mis manos, que disfruté y con el que reflexioné buen rato: Las que aman el futbol y otras que no tanto, colección de textos recopilados por Elvira Hernández Carballido y publicada por Editorial Elementum en su colección Creativa Independiente.

Las que aman el futbol y otras que no tanto reúne veintisiete reflexiones y relatos en torno a este deporte, escritos por mujeres desde perspectivas de lo más variadas; lo mismo se puede leer a aquellas que lo aborrecen por ser altamente sesgado a favor del hombre, con todas las connotaciones negativas que ello conlleva, como a aquellas que lo practican o practicaron y miran con entusiasmo la creciente participación de las mujeres en el futbol, que ha dado como resultado la creación de equipos y ligas profesionales y ha arrojado jugadoras reconocidas internacionalmente como Maribel Domínguez.

Sin embargo, hay un término que embruja las páginas del libro de principio a fin, el cual hace las veces de común denominador en estos textos: “el juego del hombre”. En la mayoría de los casos, éste nos recuerda que, desde su concepción en Inglaterra a mediados del siglo XIX, el futbol ha dejado poco espacio a la mujer, a quien incluso se llegó a prohibir practicarlo por motivos tan variados como absurdos. Las autoras señalan, entre otras cosas, que no tiene ni dos décadas que la FIFA instauró el mundial femenil y que éste, al igual que todos los encuentros protagonizados por mujeres, no recibe ni una centésima parte de la atención, presupuesto y cobertura mediática que el de los hombres (si evocan dónde o cuándo fueron los dos últimos califican como eruditos en el tema). Otros textos hablan de las dificultades que enfrenta la mujer al momento de comenzar a patear el balón, ya sea que lo hagan de niñas, adolescentes o adultas, comenzando con los prejuicios sociales (evoco el caso de una chica que dejó de practicarlo por presiones de su propia familia), reforzados por un machismo histórico y por el lugar que la misma industria ha asignado a la mujer en el futbol durante décadas, siendo los casos más citados/criticados en estas páginas los de las reporteras y comentaristas que son más adorno y atractivo visual que fuente de información y observaciones perspicaces (aunque por ahí leí un par de datos sobre Inés Sainz que ni me imaginaba).

La situación no es difícil para la mujer solamente como jugadora, sino también como aficionada o periodista; el futbol, se lo vea por donde se lo vea, le ha dado un lugar no de segunda, sino de tercera, y aunque no soy fan de este deporte, encuentro admirable que muchos de los espacios y logros que la mujer ha tenido en él los ha abierto por su cuenta, sobreponiéndose a adversidades como las descritas aquí y otras que las autoras nos comparten en sus textos.

Los trabajos que conforman Las que aman el futbol y otras que no tanto son breves y están redactados a modo de artículos de opinión, ensayo breve o anécdota, y aunque yo lo leí poco a poquito por aquello de que no es un tema que me quite el sueño (ni me lo provoca, que es lo peor) los encontré interesantes en su mayoría y como excelente material de reflexión. Lo recomiendo incluso si no gustan del futbol como yo, pues tiene un enorme valor de análisis y comentario social que nos hace ver que las mujeres viven el futbol de manera muy distinta, ya sea que lo amen o no tanto.

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El día que Batman guardó silencio

Por E. J. Valdés

Si me pidieran recomendarles una novela gráfica de Batman no pensaría dos veces antes de mencionar The Long Halloween, que se serializó entre 1996 y 1997 y fue una de las principales fuentes de inspiración de Christopher Nolan y David S. Goyer para la trilogía The Dark Knight. Pero si acaso me dijeran que ya la leyeron, con la misma seguridad mencionaría Batman: Hush, que se publicó entre 2002 y 2003 y tiene un común denominador con la primera: ambas fueron escritas por Jeph Loeb (actual responsable de la rama televisiva de Marvel). Y, si quieren otro dato interesante, Hush influyó en otra importante adaptación del hombre murciélago: la saga de video juegos Arkham.

Batman: Hush es una suerte de secuela espiritual a The Long Halloween y nos presenta al caballero obscuro en la cúspide de su carrera, dotado ya de toda clase de equipo, habituado a patear los traseros del mismo elenco de villanos con cierta periodicidad y apoyado por Barbara Gordon en el papel de Oracle, Dick Grayson convertido en Nightwing y el tercer Robin, Tim Drake. ¡Oh! Y Alfred, pero él siempre viene en el paquete. El caso (o juego) comienza con el rescate de un niño raptado por Killer Croc, crimen que al murciélago resulta inusual pues no considera que Croc tenga la inteligencia para orquestar un golpe con tantas variables que pueden salir de control. Esto lo lleva a sospechar que alguien más —alguien astuto, sigiloso y bien informado— está detrás de ello, y la subsecuente investigación lo lleva, muy al estilo de Knightfall, a enfrentar uno a uno a villanos como Posion Ivy, Harley Quinn y Joker, al mismo tiempo que reaparecen en su vida Thomas Elliot, amigo de la infancia de Bruce Wayne, Talia Al-Ghul y Catwoman, con quien Batman (¡por fin!) comienza un romance. Todos estos personajes y los eventos que se suscitan en torno a ellos llevarán al encapuchado de Gotham a Metropolis y de vuelta sin descanso, mientras golpe a golpe y verso a verso intenta descubrir quién es la figura que conspira para destruirle.

Hush es una historia muy intensa y cargada de acción, la cual atrapa desde el comienzo y hace que uno quiera apresurar la lectura para adentrarse más y más en un misterio que trae consigo revelaciones tan inesperadas que una espalda rota sería una picazón en comparación. El reparto de personajes está de lujo, muy bien explotado y pone a Batman en uno de los aprietos más interesantes de su historia. Su relación con Catwoman, y la de sus respectivos alter egos, va más allá del fan service y explora cómo evoluciona la confianza entre dos personas que desconfían de todos y la reacción de los batiamigos al descubrir que el hombre murciélago por fin tiene novia.

Además de la narrativa, el arte gráfico también es digno de aplaudirse, siendo los responsables de los logradísimos cuadros el ilustrador Jim Lee y el colorista Alex Sinclair. Y vaya, cuando uno lee Hush no puede sino estar de acuerdo con algo que Loeb señala muy puntualmente en el prólogo: Jim Lee hace maravillas con la anatomía femenina.

En fin. Batman: Hush es un título que todo fan del caballero obscuro debe tener por obligación. Y aquellos que no son fanáticos, también.

O’Malley antes de Scott

Por E. J. Valdés

La cuarta de forros es muy clara: “If you’ve ever been eighteen, or confused, or both, maybe you should read this book”. Y es cierto. Lost at Sea fue la primera novela gráfica de Bryan Lee O’Malley, a quienes la mayoría ubicarán como el creador de Scott Pilgrim (de hecho, si solamente han visto la película mejor échenle un ojo a las novelas) y, a diferencia de lo que vino después, es una historia melancólica, obscura e introspectiva, con mucho menor influencia del manga (aunque algo hay, sin duda), los video juegos y otros elementos pop. Leerla conociendo Scott Pilgrim es como echar un ojo a una suerte de prototipo, como jugar Mega Man 1 luego de terminar Mega Man 2. Y es una cosa bastante interesante.

El argumento es el siguiente: Raleigh es una chica canadiense de 18 años que viaja por carretera desde California hacia Vancouver con otros tres chicos, Ian, Dave y Stephen, a quienes no conoce pero por alguna razón va con ellos de todas maneras. Raleigh es sumamente introvertida y poco a poco permite que lectores y tripulantes del automóvil asomen a un pasado en el cual hacen eco palabras como “divorcio”, “mejor amigo” y “ex novio”. Y digo ecos porque eso es realmente lo que son: fragmentos de una historia que ella misma no quiere acabar de contar. Asimismo, revela que ella asume su timidez y frialdad al hecho de que no tiene alma, pues ésta huyó de su cuerpo en la forma de un gato y, desde entonces, su vida está llena de vacío. De hecho, el único motivo por el cual viaja con los chicos es porque espera encontrar en el camino tanto su alma como el propósito de su vida.

Lost at Sea es una historia breve de autodescubrimiento en la cual O’Malley presenta de manera muy convincente los miedos, angustias y ansiedades de una chica que no tiene del todo claro quién es, qué quiere y a dónde se dirige (cuestiones con las cuales muchos lectores nos sentiremos identificados). Quizá el único detalle negativo que señalaría es que la narrativa llega a sentirse desordenada a ratos, como si uno entrase a una habitación llena de calcetines regados y tuviera que acomodarlos por pares y ponerlos en su lugar. Esta novela puede encontrarse entre los títulos de Oni Press, solamente en inglés.

Flores sin Sol

 

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Por E. J. Valdés

Flores sin Sol es el debut literario de María Elena Ortega, escritora hidalguense. La autora estrenó la colección Los Elementales, dedicada a la ficción, en la Editorial Elementum. Este esbelto encuadernado reúne diez relatos que tienen como común denominador a personajes cuyas vidas se han marchitado, que viven en el abandono, a la sombra de los demás, o condenados a existir como instrumentos de terceros.

Se trata de un libro de narrativa bien lograda que nos lleva a antiguas casas ensombrecidas por altos y modernos edificios, a habitaciones donde duermen los embaucados por el misticismo, a vecindades donde se aglomeran la culpa y los secretos, a restaurantes donde se reúne la falsa aristocracia, a oficinas donde el chisme es el pan de la burocracia, a departamentos donde los perros nunca paran de ladrar, y a las vidas que iluminan —pero, sobre todo, ensombrecen— estos y otros lugares. Y asomar y deambular por estos senderos de letras es una experiencia de lo más grata toda vez que la pluma de la autora es de esas que con muy poco nos dicen mucho; de esas que en un enunciado proyectan dónde, con quién y en qué circunstancias nos encontramos, o que con una metáfora o la revelación de un detalle lo pueden cambiar todo. Y eso se agradece.

Flores sin Sol presenta historias breves pero bien escritas, con personajes y ambientes tan texturizados que, de pronto, uno comparte la desolación que embarga a los moradores de estas páginas. Destacan los relatos “Malas vibras” y “Curiosidad femenina”, ambos de finales imprevistos que dan tremendos giros a la lectura.

Les recomiendo ampliamente éste y el resto de los títulos de Elementum; los dejarán con un muy buen sabor de boca (y quizá con un poco de hambre literaria).

¡Whiplash!

Whiplash - Imagen Pública
Whiplash – Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Hasta hace unos meses muchos de nosotros conocíamos a J. K. Simmons por su interpretación de J. Jonah Jameson en la trilogía de Spider-Man de Sam Raimi, pero a partir de febrero pasado todos le recordaremos sin falta por el papel de Terence Fletcher en Whiplash, el cual le ganó un merecidísimo Academy Award como mejor actor de reparto, entre otros galardones, y que a mí me trajo a la memoria al sargento Hartman de Full Metal Jacket.

Whiplash fue escrita y dirigida por Damien Chazelle y forma parte de la filmografía estadounidense de 2014 que llegó tarde a México (como Boyhood, Fury o Wild) y a mí me tocó verla después de la entrega de los premios Oscar y de haber leído y escuchado toda clase de buenos comentarios sobre ella en Internet. Y la verdad es que la cinta no tiene el más mínimo desperdicio de principio a fin, siendo las actuaciones de los actores principales, Miles Teller y J. K. Simmons, lo más atractivo de este drama que nos cuenta la historia de Andrew Nieman (Teller), un estudiante de nuevo ingreso en el prestigioso conservatorio de Shaffer en Nueva York (basado realmente en el de Princeton), quien aspira a la grandeza y logra ingresar a Studio Band, uno de los conjuntos estudiantiles de jazz más reconocidos del ámbito. Esta oportunidad, sin embargo, resulta no ser tan idílica como se pudiera pensar, pues el director, Terence Fletcher (Simmons), es un reverendo hijo de la chingada (bueno, es “sumamente exigente”) con sus músicos, llegando al grado de abusar física y verbalmente de ellos, burlándose de ellos, insultándolos, abofeteándolos y arrojándoles sillas, aunque eso sí, todo en nombre de la música y el desarrollo personal. Así, el pobre Andrew pasa las de Judas no sólo bajo la batuta de Fletcher, sino luchando contra sus limitaciones técnicas y personales en busca de ser no solamente bueno, sino legendario.

Whiplash - Imagen Pública
Whiplash – Imagen Pública

Whiplash fue un éxito crítico y comercial durante su exhibición en Estados Unidos durante octubre de 2014 y dio mucho de qué hablar no solamente por el desempeño de los actores, sino por la relación entre los personajes de Andrew y Fletcher, la cual nos lleva a preguntarnos “how much is too much” en lo que refiere al desarrollo personal y el alcance de las metas que nos ponemos; si bien Fletcher es severo con sus músicos, esto se refleja en una gran disciplina durante los ensayos, un elevado nivel de ejecución y la obtención de resultados, que a fin de cuentas es lo que ellos buscan; al ver la película uno puede decir que los chicos que están en el conjunto saben por qué y para qué están allí, así como a lo que se atienen (como esperar horas a que el baterista coja el tempo con las manos ensangrentadas). Y el hecho de que Fletcher prácticamente atormente a Andrew pasa a segundo plano cuando se toma en cuenta que él mismo tiene una pasión masoquista por lo que hace, así que en realidad lo que vemos es a dos extremistas que se topan frente a frente y que, igual que las mujeres, podrían hacerse pedazos pero jamás hacerse daño.

Whiplash - Imagen Pública
Whiplash – Imagen Pública

Si no la han visto se las recomiendo mucho; Whiplash es visceral, cruda, ruda, dramática, motivadora, divertida, conmovedora a ratos y vengativa con V de venganza, así que échenle un ojo cuando salga en formato casero, pues en cines ya está difícil que la encuentren (no la compren pirata porque la piratería hace llorar al niño Dios). Por cierto, la banda sonora está padrísima y el solo de batería hacia el final de la película no tiene madre… A mí, baterista autodidacta, hasta me subió la presión y me bajó la autoestima.

The Interview: un viaje inesperado

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Aunque ya son tres meses de su estreno tanto en Estados Unidos como en México, apenas vi The Interview en la única función que ofrece el cine que la proyecta, en el remedo de ciudad en la que vivo.

Mucho se ha hablado respecto a esta comedia estelarizada por Seth Rogen y James Franco, la cual generó una expectativa tremenda luego del conflicto entre Columbia Pictures, distribuidora del filme, y el gobierno de Corea del Norte que retrasó y, de hecho, limitó considerablemente su lanzamiento (algo que, en lo personal, me pareció una señal de debilidad por parte de la que presume ser la nación más poderosa y libre del planeta).

Pero, dado que vivimos en la era del Internet, The Interview comenzó a circular en Internet (y en los tianguis) a finales de 2014 y el pasado diciembre llegó por fin a los cines, y una pregunta que, sé, muchos se hicieron antes de verla fue: “¿de verdad valía tanto escándalo la película?”. En la semana siguiente a sus primeras proyecciones públicas me topé con comentarios y reseñas desde muy frías hasta cálidas —tibias la gran mayoría— pero, si mi opinión les vale de algo, les diré que la película está chingonsísima.

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

 

The Interview es la segunda colaboración directorial de Evan Goldberg y Seth Rogen (la primera fue la poco difundida pero muy celebrada This is the End) y cuenta entre su elenco a Lizzy Caplan, Diana Bang y Randall Park como Kim Jong-Un. Esta sátira política nos presenta a Dave Skylark (Franco), un carismático periodista con gran éxito en la televisión de Estados Unidos pero al mismo tiempo despreciado por su gremio, quien, en un intento por reivindicar tanto su figura como su programa, idea y logra una entrevista con Kim Jong-Un, presidente de la República Popular Democrática de Corea, tras enterarse que el “gran líder” es un ferviente admirador de su trabajo. Sin querer, Skylark y su productor, Aaron Rapoport (Rogen), se ven inmiscuidos en una conspiración de la CIA para asesinar a Kim, lo cual conlleva una serie de embrollos que hace un rato tenían a la sala revolcándose de la risa en las butacas. El guión es muy inteligente y bastante fresco, plagado de un humor ácido, sucio, ingenuo, perverso, viscoso y bajo —acaso vulgar—, y las interpretaciones tanto de Franco como de Park son las chispas de chocolate que adornan el pastel (qué actuación la del primero, en serio).

¿Tenía razón el gobierno norcoreano en buscar la censura de esta cinta a como diera lugar? Aunque The Interview parodia y se mofa durante casi dos horas de las extravagancias de Kim Jong-Un, pienso que fue una reacción de lo más exagerada tomando en cuenta que el largometraje no muestra nada que no haya dicho la prensa sobre la lujosa vida del dictador, así como de la manera en que se busca ocultar las atrocidades ocasionadas por el régimen familiar mediante una muy meticulosa simulación (si quieren darse una mejor idea de cómo sucede esto en la vida real, los invito a leer sobre el pueblo de Kijong-Dong).

The interview - Imagen Pública
The interview – Imagen Pública

 

La cinta presta especial atención al culto de personalidad que los Kim se han forjado (el cual incluso abarca poderes sobrenaturales) y a su irónico amor por productos estadounidenses y “capitalistas” como la música pop, los automóviles de lujo, la televisión, las bebidas alcohólicas, los video juegos y el básquetbol, deporte al cual el actual “gran líder” es muy aficionado (se sabe que ha conocido, cuando menos, a Kobe Bryant, Toni Kukoc y Dennis Rodman).

Les recomiendo mucho le echen un ojo si se la topan en el cine o en formato casero, ya sea que les haya llamado la atención en su momento o no, pero si disfrutaron otros filmes con Seth Rogen y James Franco como Pineapple Express y This is the End esta película en definitiva es para ustedes, sin mencionar que los fans de The Lord of the Rings encontrarán muy divertidas referencias a las novelas de Tolkien y sus adaptaciones al cine.

Make my day, sniper

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Comenzaré diciendo que lo primero que pensé cuando vi los avances de American Sniper fue: “esto pinta bastante prometedor”. Ahora que la he visto debo decir que no me ha decepcionado en absoluto y que, a sus 84 años, Clint Eastwood sigue demostrando que sabe hacer películas ya sea frente a las cámaras o detrás de ellas. Para este proyecto, en apariencia pequeño, se agenció a Bradley Cooper, uno de los actores más carismáticos que ha visto Hollywood en años recientes, y a Sienna Miller, quien sigue estando bien guapa.

American Sniper cuenta más o menos con fidelidad la historia de Chris Kyle, ex SEAL en la Marina de los Estados Unidos celebrado como el francotirador más letal en la historia militar de dicho país con ciento sesenta muertes confirmadas y quizá otro ciento en estatus de “a lo mejor”. Al comienzo de la cinta descubrimos cómo es que Kyle, el hijo mayor de un matrimonio estricto y conservador, pasa de ser la estrella de un rodeo itinerante en Texas a miembro de la fuerza élite de la milicia estadounidense inspirado por los ataques terroristas a embajadas del tío Sam en Medio Oriente y, posteriormente, por los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Durante cuatro incursiones en Irak participa en misiones para aprehender a miembros de alta jerarquía de Al Qaeda y su eficacia con el rifle le gana no solamente el mote “la leyenda”, sino que lleva a la resistencia local a poner un elevado precio a su cabeza. Además de mostrar las faceta heroica y nacionalista de Kyle, la cinta profundiza en su deterioro humano al mostrar el distanciamiento que tres años en el frente provocan entre él, su esposa y sus hijos y los problemas que enfrenta para readaptarse a la vida civil una vez vuelve a casa, más o menos como le sucedió al pobre Rambo después de Vietnam.

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

En lo personal me pareció una película atrapante que a ratos te tiene con las uñas clavadas en la butaca y al final te deja cavilando en los dilemas que una persona en la posición de Kyle debe afrontar ya sea para proteger a sus compañeros o en nombre de un ideal más que cuestionable. Las nominaciones que obtuvo en los Academy Awards, incluyendo mejor largometraje y mejor actor para Cooper, me parecieron más que merecidas, aunque realmente no la veía como ganadora en ninguna de estas dos categorías; de hecho, en la escala de la filmografía dirigida por Clint Eastwood me sigue gustando más Gran Torino. Pienso que el punto más fuerte de American Sniper es la actuación de Bradley Cooper quien, al puro estilo de Christian Bale, ganó considerables peso y musculatura para el papel y proyecta con gran realismo lo que su personaje piensa y siente al asomar por la mira y toparse con encrucijadas que a cualquiera le harían dudar al momento de tirar del gatillo. Otro factor poderoso es que Eastwood es un director que presta especial atención a los detalles y en este título los hay tan minúsculos como importantes (si no me creen chequen los codos de Kyle a través de la proyección).

American Sniper- Imagen Pública
American Sniper- Imagen Pública

Ahora, si he de señalar las debilidades de esta película, comparto (aunque sólo parcialmente) la opinión de numerosos críticos que han acusado a Eastwood de producir un filme de propaganda que glorifica (y justifica) sobremanera la incursión de Estados Unidos en Irak y representa a los habitantes de aquellos lares como salvajes sedientos de sangre y netamente malignos (Fury, con Brad Pitt, es una cinta mucho más “justa con el enemigo”). Encuentro muy interesante (aunque igual muy tenue) la manera en que la narrativa equipara a Kyle con su némesis árabe, “Mustafa”, quien también tiene una mujer y un bebé esperándole en casa, convencidos de que papá está haciendo lo correcto, y eso me lleva a hablar del guión, al cual se ha acusado de tomar considerables libertades respecto a la “autobiografía asistida” de Kyle, embelleciendo e inventando situaciones y personajes, aunque esto no me consta porque no he leído dicho material.

Si han disfrutado las cintas anteriores de Clint Eastwood (o si les gustan los thrillers de guerra como Full Metal Jacket, Platoon y todos esos) les recomiendo mucho echar un ojo a American Sniper, pero si son de esas personas que odian cuanto tenga que ver con Estados Unidos, “el imperio” y su intervención en Medio Oriente mejor aléjense y cuéntenle a la Chilindrina o a quien más confianza le tengan porque es probable que salgan del cine mentando madres.

Cincuenta sombras a la basura

E. L. James - Imagen Pública
E. L. James – Imagen Pública

Por E. J. Valdés

Fifty Shades of Grey no es un libro malo… es un libro malísimo. No exagero cuando digo que es una de las peores porquerías que he leído en la vida, y que cuando llegué a la última página sentí que había perdido toda la dignidad que podía poseer como lector pero, cual cordero que quita el pecado del mundo, me di a la tarea de recorrer sus horripilantes páginas para que ustedes, y todos los internautas que lleguen a esta reseña no tengan que hacerlo nunca.

La novela fue concebida alrededor del año 2010 por Erika Leonard James, una señora cuarentona que trabajaba en una emisora de televisión regional de Inglaterra y quien, sin experiencia alguna en el ámbito literario (pienso que también sin ser lectora asidua), se dio a la tarea de escribir una ficción derivada de la trilogía Twilight, de Stephenie Meyer. Los personajes principales: Bella Swan y Edward Cullen eran una tímida estudiante de literatura y un joven y acaudalado magnate, respectivamente. Quienes emprendían un romance igual de superficial y anticlimático que en los libros originales, con el “valor agregado” de que esta encarnación de Edward tenía una ridícula fijación por el BDSM.

Una vez que Leonard completó su historia la dividió en tres partes (de manera muy aleatoria, presumo, dado el final de la primera novela) y cambió las identidades de los personajes por Anastasia Steele y Christian Grey, por aquello de los derechos de autor. Esta trilogía cuasi-improvisada comenzó a difundirse en 2011 a través de un portal para escritores amateur de Australia que permitía a sus usuarios comprar los textos en formato electrónico o impreso bajo pedido. Y estas novelas tan bobas y mal escritas tuvieron tal éxito que en 2012 Vintage Books, del Reino Unido, compra los derechos e imprime millones de libros que se venden por todo el mundo en ocho idiomas distintos.

50 sombras de Grey - Imagen pública
50 sombras de Grey – Imagen pública

Esto me resulta más inexplicable que sorprendente, pues lo primero que salta al momento de leerlos es la pobreza de su prosa, saturada de descripciones tan exageradas como innecesarias, metáforas absurdas como que el sexo “es como bailar merengue con movimientos de salsa” o comparar un orgasmo con el ciclo de una lavadora (en serio), pasajes de relleno, diálogos que no van a ninguna parte y tal cantidad de huecos e inconsistencias que uno se pregunta si el texto de verdad pasó por un corrector de estilo (y si así fue, merece el infierno).

Lo segundo que se percibe al leer esto es que la autora quiso hacer una copia al carbón de Twilight; la chica insegura que se enamora de un hombre ridículamente perfecto que, casual e inexplicablemente, corresponde sus afectos al mismo tiempo que le advierte se aleje de él pues oculta una obscura y peligrosa realidad. Lo único que le falta a Anastasia Steele para ser Bella Swan es llamarse Bella Swan, y uno se pregunta constantemente en qué momento se nos revelará que Christian Grey es un vampiro que brilla a la luz del sol. No exagero. Pero eso no es todo: así como Bella y Edward tienen a su manzana de la discordia étnicamente distinta (Jacob, el hombre-lobo nativo americano), Anastasia y Christian tienen a José Rodríguez, un moreno y musculoso fotógrafo mexicano que habla como si estuviera cortando fruta en el campo tejano:

—“Ay, Dios mío, Ana, I’m so sorry”.

Y yo, que también leí Twilight para la salvación de todos los lectores, les puedo decir una cosa: este libro es exponencialmente más absurdo y literariamente hueco que aquél que lo inspiró. Todo lo que se dice sobre su contenido explícito y “erótico” no son sino exageraciones de señoras y chicas de secundaria que nunca han tenido novio; los encuentros sexuales apenas rayan en el porno barato, y las situaciones que llevan a ellos son tan sosas y burdas que hacen ver a Moteles de la Roma, vol. 3 como La Lista de Schindler.

50 sombras de Grey - Imagen pública
50 sombras de Grey – Imagen pública

El problema número uno de la novela es Anastasia Steele y el número dos Christian Grey; ella se siente fea y ordinaria pese a describirse tan atractiva que todos los hombres del libro andan tras de ella, incluyendo al hermano de su jefe que estudia en Princeton (pues en este mundo todos son pudientes y exitosos); él, a sus veintisiete años, es el dueño único de un emporio billonario donde trabajan solamente afroditas y adonis; ella no acepta regalos porque la hacen sentir “barata” y por eso considera la laptop y los libros de colección que le envía Christian “préstamos indefinidos”; él tiene una “habitación roja del dolor” con cadenas y parafernalia bondage en un apartamento al que su madre entra libremente; ella encuentra muy normal —casi heroico— amanecer en la cama de un hombre que la sacó ebria de un bar a donde la siguió rastreando su celular; él advierte a la chica que quiere conquistar que él no hace el amor, que él “coge, y duro”; ella es una chica de veintitrés años que no sabe que existen los sueños eróticos y que la noche que pierde su virginidad se comporta como una (disque) diosa del sexo; él es el “dominante” en una relación masoquista pero hace todo lo que Anastasia le dice, al grado de estar a su merced; ella, en pleno siglo XXI, se comunica con él por correo electrónico pese a tener el número de su celular; él exige que ella firme un contrato de confidencialidad sobre la naturaleza de la relación donde le especifica qué vestir y qué comer… Podría seguir contando todo lo que está mal con este libro durante páginas, pero estoy seguro que tienen cosas mejores que hacer.

En serio, no lean esta basura ni vean la película que, según he sabido, es igual de mala y trae una banda sonora que hace llorar al niño Dios. Créanme cuando les digo que con gusto quemaría la copia que me obsequiaron del libro de no ser porque la contaminación generada abriría un nuevo agujero en la capa de ozono. Eso sí: si algún día me topo a la autora le escupiré en la cara sin titubear, y habrán de darme los premios Nobel de literatura y de la paz por ello. Simultáneamente.

Postdata del horror: En 2012, E.L. James ganó los premios de ficción popular y libro del año en los National Book Awards del Reino Unido. También en 2012 Publishers Weekly la nombró autora del año. Hemos fracasado como especie.

Adiós a la Tierra Media

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

por E. J. Valdés

Con el estreno de The Battle of the Five Armies, la tercera entrega de la adaptación cinematográfica de The Hobbit, se termina una odisea que Peter Jackson comenzó hace trece años con The Fellowship of the Ring, y con ello puede vanagloriarse de ser el único cineasta en llevar con éxito (y mucha ambición) dos de las obras maestras de J.R.R. Tolkien, y de haber recortado y expandido dramáticamente su legendario mundo para horror de los fans más conservadores.

La tercera parte de The Hobbit cuenta con un reparto de estrellas encabezado por Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Orlando Bloom, Luke Evans y Evangeline Lilly, secundado en papeles menores por Benedict Cumberbatch (actor muy solicitado estos días), Ken Scott, Sylvester McCoy y Hugo Weaving, Ian Holm, Christopher Lee y Cate Blanchett en los roles que ya les conocíamos en The Lord of the Rings. Qué de nombres, ¿no? Muy tolkieniano.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

Bueno, The Battle of the Five Armies arranca donde The Desolation of Smaug se quedó y aborda los último capítulos de la novela, es decir, la derrota del dragón, la reconquista de Erebor y el subsecuente enfrentamiento al correrse la voz de que los tesoros de la Montaña Solitaria están en manos de los enanos. En el caso de la serie fílmica, también se retoman y concluyen historias paralelas como la querella entre Thorin y Azog, el descubrimiento de una fuerza malévola en las ruinas de Dol Guldur, y el flirteo entre Tauriel y Kili (que, pienso, fue lo más memorable de la segunda película). Con más de dos horas de duración, no es la entrega más larga de la saga pero, considero, es la segunda mejor de esta trilogía y una de las mejores logradas desde The Two Towers, sobre todo si disfrutan las batallas a gran a escala, pues más de la mitad de la cinta es combate, y combate sobre el combate.

Sin embargo, pese al festín de acción debo señalar que este largometraje pierde de vista un aspecto muy importante: The Hobbit es la aventura de Bilbo Baggins y sienta el precedente a los eventos que conforman The Lord of the Rings. Pero The Battle of the Five Armies se siente más como la película de Thorin, Gandalf, Legolas, Tauriel y Bard, con Bilbo como un invitado al que tuvieron que involucrar porque ya estaba allí. Se le siente como un personaje débil, aunque tampoco tan relegado como la media docena de enanos que no tienen una sola línea de diálogo en toda la película. Y, vaya, tampoco es como que en la novela hicieran gran cosa, pero Peter Jackson pudo dedicarles un poquito más de desarrollo en lugar de inventarse personajes de relleno como Alfrid. También fue muy pobre la participación de Radagast, tomando en cuenta que las dos primeras películas enfatizaron mucho su aparición.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

En fin, supongo que dentro de un tiempo lanzarán la trilogía extendida con todo lo que Jackson se quedó con ganas de mostrar (ojalá haya sido mucho). Por lo pronto, les digo que The Battle of the Five Armies es una cinta muy dinámica, llena de acción y aventura que cierra de manera satisfactoria la historia y la conecta con el mundo que ya vimos en The Lord of the Rings. Vayan a verla.

¿Que si me gustaría que Peter Jackson adaptara The Silmarillion? Francamente sí, aunque es el título menos popular de la saga y quizá Ian McKellen y Christopher Lee ya no regresarían como Gandalf y Saruman, sin mencionar que tengo entendido que Christopher Tolkien guarda con mucho recelo los derechos de ese libro en particular. No lo descarto, sin embargo, pues ocho años separaron las dos trilogías que ya vimos y podría suceder que en otros ocho escucháramos cantar a los Ainur. Mientras tanto, cuéntenme entre aquellos que echarán de menos la Tierra Media.

The Battle of the five armies - Imagen pública
The Battle of the five armies – Imagen pública

Exodus: de Batman a Moisés

Exodus - Imagen pública
Exodus – Imagen pública

Exodus – Imagen pública

por E. J. Valdés

Uno de los últimos grandes estrenos de 2014 es Exodus: Gods and Kings, el más reciente filme de Ridley Scott. Christian Bale y Joel Edgerton estelarizan esta aventura de dos horas y media, acompañados por John Turturro, Aaron Paul, Ben Mendelsohn, Ben Kingsley, SigourneyWeaver y la actriz española María Valverde, todos ellos en roles tan minúsculos que al final uno apenas se acuerda que estuvieron allí.

La cinta es la más reciente adaptación del relato bíblico de Moisés y la salida de los judíos de Egipto, narrado en el Libro del Éxodo, uno de los textos más importantes de la Torah/Antiguo Testamento y del judaísmo en general. Esta reinterpretación arranca mostrándonos a Moisés (Bale) como un popular y orgulloso general del ejército del faraón Seti (Turturro), cuyo mando comparte con su primo Ramsés (Edgerton), heredero al trono. Luego de una expedición al pueblo de Pitón, donde los judíos se encuentran asentados en calidad de esclavos, Moisés descubre que él no es en realidad un noble egipcio, sino un judío que sobrevivió a una masacre de niños hebreos gracias a que su familia lo ocultó y fue eventualmente adoptado por una de las hijas del faraón. Esto no tarda en llegar a oídos del recién coronado —y muy resentido— Ramsés, quien ordena el destierro de Moisés, y es precisamente solo en el desierto que descubrirá la misión que el destino le tiene reservada para librar a los judíos del yugo egipcio.

Exodus - Imagen pública
Exodus – Imagen pública

Exodus es una cinta sumamente ambiciosa como lo han sido otros trabajos de corte histórico dirigidos por Scott, sin embargo, debo decir que esta película sale debiendo mucho si la ponemos en la balanza con la aclamada Gladiator y la no-tan-aclamada Kingdom of Heaven, empezando por un guión tan débil que a ratos deja la historia tambaleándose y está saturado de personajes sin desarrollo cuya ausencia no habría hecho diferencia alguna. Para ejemplo tómense los personajes de Josué (Paul) y Aarón (Mendelsohn); figuras clave en el relato bíblico que en el filme apenas y tienen cohesión con Moisés (yo diría que Josué sólo sirve para asomarse y poner cara de sorprendido).

Ben Kingsley también se siente sumamente desperdiciado, al igual que Sigourney Weaver, pero quienes más decepcionan son las estrellas de la función, Bale y Edgerton, el primero encarnando a un Moisés que no inspira, sin liderazgo, al que no veo capaz de mover a cuatrocientas mil personas por el desierto, y el segundo entregándonos a un villano frágil e inseguro cuyas amenazas no se sienten nada amenazadoras. En defensa de Edgerton diré que él llevaba a cuestas el papel más difícil, pero Bale, a quien uno no puede evitar recordar como el mejor Bruce Wayne que hemos visto hasta ahora, no acudirá como nominado a la siguiente edición de los AcademyAwards. Casi, casi se los firmo y se los cumplo. Lo que es de reconocerle es el talento y la disciplina para las transformaciones físicas: hace un año estaba calvo y panzón y ahora lo vemos en forma cual hombre murciélago.

Exodus - Imagen pública
Exodus – Imagen pública

Respecto a la manera en que Scott manejó al personaje de Dios en esta cinta, diré que al principio me pareció interesante y luego me perdió por completo al grado de considerarla ridícula; pienso que la voz divina que inspira a un hombre a desafiar toda autoridad y llevar a un pueblo al límite del sacrificio a cambio de su libertad debe ser la encarnación misma de la sabiduría, no de la arrogancia, la presunción y el berrinche.

Pero Exodus también tiene sus puntos fuertes, empezando por las caracterizaciones; ¡qué atuendos, armaduras y joyas las de los egipcios! En lo que a vestuario respecta vaya que se esmeraron, así como en ambientación, siendo la vista de la antigua Menfis espectacular salvo por la misma omisión que Scott cometió en Gladiator: si bien estamos habituados a mirar las ruinas en las tonalidades de la roca y la arena, las construcciones egipcias estaban cubiertas de intensos colores. Algo que también me gustó fue el tratamiento de Moisés como un líder militar (que, considerando su estatus social, es muy probable realmente lo fuera, o bien, una figura de poder religioso) y que no se convirtiera en un anciano tras su visión en el monte Horeb. Asimismo lo vemos como un personaje falible —humano— y no como el perfecto ejemplo de virtud de los puristas. Es también digno de mencionarse el episodio concerniente a las diez plagas, muy bien mostradas, así como la explicación que se propone al partimiento de las aguas del Mar Rojo (aunque esa última escena, con Moisés y Ramsés enfrentándose en medio del lecho vacío, no se las compro). La película visualmente está para recordarse; narrativamente no. Otra cosa que se agradece es que no se trata de un remake a la letra de Los Diez Mandamientos.

Exodus - Imagen pública
Exodus – Imagen pública

De los dos largometrajes bíblicos de este año (el otro fue Noah, de Darren Aronofsky) pienso que Exodus fue es más débil. Yo les diría que está pasable nada más; como para verla una vez y esperar a que nos la topemos por casualidad en la tele en un par de años. Si no están seguros de entrar a verla mejor no lo hagan. Se me ocurre que a media película podría irrumpir Maximus en la sala exclamando: “Are you not entertained?!” y uno le respondería torciendo los labios.