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Es espera de la muerte roja

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Por Andrea Garza Carbajal

La peste hace varios años dejó de ser amenaza para las personas. Las epidemias continúan, aunque son lejanas las épocas en que consumían la mitad de Europa o exterminaban a nuestras poblaciones nativas, incapaces de generar defensas contra los virus de sus colonizadores. Los estragos han disminuido, al menos, en el mundo globalizado. Pero a veces, cuando los gobiernos dan voz de alerta porque algunos pollos están contaminados con una gripe mortal, o comer ciertas vacas puede ser letal, o un aparente resfriado es capaz de provocar rápidamente la muerte, esa vieja memoria inherente a nosotros pero que no es nuestra, como si una vieja cicatriz fuera heredada, nos susurra una advertencia desagradable; que eso que amenaza ya pasó muchos años atrás, y podría repetirse. Entonces quizá pensemos en muros sinuosos y extraños salones de colorido extravagante, en bizarras fiestas. Una fortaleza de diversiones extrañas. Una fortaleza de salud y dicha donde no tendríamos lugar, pues sería reducto de poderosos y ricos. La contemplaríamos desde afuera, sufriendo con el resto, los estragos de la muerte roja.

La muerte roja presenta los siguientes síntomas:

–          Dolores intensos

–          Mareos

–          Sangre emanando de los poros

–          Manchas púrpuras en rostro y cuerpo

–          La disolución del Ser

Para cualquiera que presente estos síntomas no habrá salvación, en media hora estará muerto, pero sabrá, entre los estertores, cuál fue la causa. Si esta idea no es capaz de sobrecoger a quien la lea, tal vez la imagen de una siniestra figura, en la fiesta de disfraces más bizarra, atravesando cada salón ante los ojos de atemorizados asistentes, lo sea. O probablemente no. En realidad, para que algo así pueda llegar a generar terror se necesitaría transitar por los salones de anormal iluminación, escuchar el delirante tañido del reloj de ébano, asistir a una fiesta de disfraces demenciales, para que la última aparición adquiriese el cariz más perturbador. Eso es algo que Edgar Allan Poe entendía bien y dominaba

Durante algún tiempo, la visión de sufrimiento y miseria, acompañó el gusto por la obra de Poe. Delirante por el alcohol, con ataques nerviosos, añorando a su fallecida esposa y muriendo en circunstancias poco claras, parece un personaje romántico, cuya vida y obra marchan en perfecta concordancia. Sin embargo, el conocer su vida no parece necesario para apreciar su obra. Después de todo, lo hechos más conocidos de cualquier personaje, a veces son complementados por suposiciones o difuminados por la idealización. En ocasiones, tergiversados deliberadamente. Poco después de su muerte, Poe fue bastante desacreditado por Griswold, el editor encargado de difundir su obra, en la especie de biografía que prologaba la misma. Se dice que en ella presentó una versión exagerada en partes y totalmente falsa en otras de disipación y mezquindad en la vida de Poe, por la animadversión que sentía hacia el escritor, originada muchos años atrás por una crítica hecha a su trabajo de editor y compilador. Se ignora por qué alguien que sentía tal enemistad hacia Poe sería elegido como su albacea literario.

MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA
MÁSCARA ROJA-IMAGEN PÚBLICA

Baudelaire lo defenderá de forma exaltada, tratando de mostrar su calidad humana y disipar la versión de Griswold por la que sus compatriotas norteamericanos parecían juzgarlo más que por la calidad de su obra

Tal vez podamos entenderlo, en esta época, en ciertos estratos donde la frivolidad rezuma por los poros (como una peste), se trata de tener trascendencia más por el estilo de vida que por las obras generadas. Tal vez conozcamos muchos ejemplos al respecto. Todos ellos, a la larga, olvidables. Se quiso desacreditar la obra de Poe a través de su vida. El efecto fue contrario, y la atención llegó con la morbosidad. Después, cuando esas ediciones fueron sustituidas por otras, y la vida de Poe fue contada sin la intención de desprestigio, una visión romántica y misteriosa incrementó el atractivo de su obra. Hay vicios que no se quitan, no importa los años que pasen. Desde luego, la vida de los escritores puede ser apasionante, sus traspiés y debilidades, algo capaz de conmovernos, sus aciertos y talento, un ejemplo. Encontrar en sus obras huellas de esa vida, no cambiaría su valor, aunque tal vez modificaría nuestra apreciación. La admiración o el gusto, por no decir enamoramiento, es lo que a veces genera la mitificada figura de Poe. Entonces, nos parecemos a lo que tanto criticó Baudelaire, a los contemporáneos que juzgaban su obra a través de su vida. Ello se repetirá, de manera contagiosa, con otros escritores y artistas. 

EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA
EDGAR ALLAN POE-IMAGEN PÚBLICA

Es innecesario hablar de la vida de Poe, para apreciar su manejo del relato corto. En “La máscara de la muerte roja”, a través de breves descripciones va creando la atmósfera (clave del relato) que culminará con la aparición final. Las descripciones son imágenes poderosas, que además de crear atmósfera y generar tensión en el lector, cumplen una función más. Es por ellas que conocemos la personalidad del príncipe Próspero. La decoración elegida por él, refleja una mente poblada por los mismos pasillos torcidos e iluminación siniestra. La atmósfera se vuelve una extensión de la mente del príncipe. Sin necesidad de descripciones profusas o detalladas. No son necesarias para incidir en el miedo de las personas. A la mención inicial del príncipe como “feliz, intrépido y sagaz”  sigue su decisión de abandonar a un pueblo agonizante para encerrarse en una fortaleza donde la peste no lo alcance a él ni a sus amigos y puedan entregarse a licenciosas diversiones. El tono irónico, que hace hincapié en la  naturaleza del príncipe, se vuelve fundamental para el resto de los sucesos.

Entonces regresamos a ser meros espectadores de la fortaleza del príncipe Próspero, esperando la llegada de la muerte roja. Y la ficción, pareciera un presagio de inverosímiles futuros. Pero no hay de qué preocuparse, nosotros no conocemos la muerte roja. Podemos olvidarnos de cuestiones tan desagradables como la sangre y el fin inesperado, substraernos del sufrimiento, del miedo que significa la continua amenaza, las reacciones violentas, el peligro inminente. La desesperación y  el exterminio. Así es, ese tipo de terror no es el que nos corresponde, permanece muy lejano, como una pintoresca pesadilla y un buen relato.

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Volando en descenso

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

por Andrea Garza Carbajal

Es la época en que la aristocracia inglesa no tiene mayor preocupación que invitar y ser invitado a lujosas y enormes casas de campo los fines de semana para descansar de la ajetreada Londres. Es 1900, año en que Alas rotas de Henry James será publicado. El autor, testigo cercano de dichos ambientes, comenzará su relato en una de estas reuniones, donde los asistentes pertenecen a la alta sociedad, pero donde también caben las excepciones. En esta casa, dos personajes, las excepciones, tratan de evitarse. No hay un evidente motivo para ello. No sienten animadversión entre sí, todo lo contrario, son viejos conocidos que se profesan algo más que simpatía. Además tienen algunas cosas en común. Una de ellas es que son artistas y ambos, de alguna forma, están solos dentro de la concurrencia. El pintor se mantiene constantemente apartado del resto de las personas. Siente no tener cabida en un sitio así, tampoco lo debería tener ella, se dice a sí mismo, pero por momentos parece lo contrario y esto acaba por disuadirlo de acercarse. Por su parte, la soledad de ella, la escritora, radica en la simulación constante a la que debe recurrir para conservar la apariencia de prosperidad. El distanciamiento se mantendrá durante toda la reunión. Pero los personajes se reencontrarán después y de esta forma reiniciarán la posibilidad que años atrás habían descartado.

 El amor. Del tipo que aparece  en el momento de quebrantamiento, cuando a la persona le queda poca esperanza, y lo que parecía un tropiezo se ha convertido en una larga caída; el amor entonces, podría convertirse en su asidero, una oportunidad para retomar el rumbo… pero eso se vuelve difícil, cuando su sostén, el objeto de su amor, lleva la misma dirección en descenso. Entonces, la caída no se evita, se comparte. Este descenso no  hace alusión a ningún tipo de corrupción o el inicio de un padecimiento mental, en realidad, se refiere al fracaso. Al insuperable, al permanente (su certeza), al que se asimila con dificultad cuando aparece después del éxito y el reconocimiento. El amor se posibilita gracias a ello y, con todo, no significa un triunfo ni un final feliz, simplemente un destino que deja de ser solitario.

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

Conforme el relato avanza, los personajes se revelarán el estar en la misma situación precaria, (Una idea latente: El éxito cosechado demasiado pronto a veces resulta peligroso, pues amenaza con la fugacidad y un cese tan estrepitoso como su inicio) mientras las apariencias se derrumban la empatía crece, hay una plena identificación; la idealización del otro, que produjo un distanciamiento de varios años, desaparece y da pie para aceptar la realidad: Ambos están en el declive de sus carreras.

En Alas rotas, la imposibilidad del amor radica en una visión distorsionada de las cosas, cuyos fundamentos son desconocidos. El tratar de aparentar éxito frente al otro, con tal de hacerlo creer que está a su nivel es también una cuestión de orgullo. Renunciar a ese amor por sentir que el otro lo considera insuficiente cuando en realidad piensa lo contrario, parece más de la imaginación, una interpretación incorrecta de la realidad. Desde el inicio, se deja ver un poco de esta distorsión cuando el pintor, dispuesto a saludar a su amiga y creyéndola sola, la encuentra acompañada por un embajador y decide no hablarle, piensa que está en una situación ventajosa en la que él no tiene lugar. Por su parte la escritora, se siente decepcionada por haber sido ignorada por el pintor durante la reunión, y tiene la certeza de que la cree poca cosa para él. Diez años de incomunicación y conclusiones precipitadas, meras suposiciones que se convierten en las razones presentes. La imposibilidad del amor no surge por circunstancias adversas, simplemente por interpretaciones libres de la circunstancia del otro.

Henry James-Imagen Pública
Henry James-Imagen Pública

 Finalmente está el otro lado, la alta sociedad en la que los artistas deben desenvolverse. Cubrir las apariencias para seguir en el círculo de los amigos acaudalados, en estos donde la escritora está acostumbrada a ser elogiada por haber escrito gran cantidad de libros, pero no a que alguien mencione haber leído uno de ellos. Relaciones superficiales en las que el interés por el otro radica en una mera cuestión de estatus para ambas partes, porque ni el pintor ni la escritora mejoran su situación económica en esos círculos (todo lo contrario), como tampoco sus amigos adinerados enriquecen lo intelectual. Los personajes dirán que los ricos no sólo afectan su economía, también agotan su imaginación. Lo que les queda a los personajes es hacer una nueva interpretación de las cosas, ahora que el amor es posible, y el fracaso más tangible.

Al mundo olvida, por el mundo olvidada

Abelardo y Eloísa-Especial
Abelardo y Eloísa-Especial

por Andrea Garza Carbajal

No es nada nuevo. Un hombre brillante, un filósofo y teólogo, se enamora. La joven no es sólo atractiva físicamente, se distingue por su inteligencia y un grado de preparación poco común para las mujeres de la época. Ella es custodiada por un tío, al que el filósofo engaña, pidiéndole una habitación en su casa con diversos pretextos y ofreciendo a cambio, además de la renta, servir como tutor de su sobrina; su verdadera intención es seducirla. El tío no sospecha, es bien conocida la continencia que guarda este filósofo/teólogo, que para su profesión no es forzoso pero se considera correcto. Ello no impide que inicie un intenso romance con la joven. La pasión se vuelve el centro de sus vidas. Ella se embaraza. Se celebra un matrimonio secreto. Pero tras algunas confusiones, el tío que aún se siente agraviado, decide vengarse mandando a castrar al filósofo. Éste le pide a su esposa que tome los hábitos, y él, de la misma forma ingresa a un monasterio. Tras la abrupta separación lo que queda para ellos es una escasa correspondencia y los recuerdos que vagan entres sombríos espacios de monasterios y el solitario y penoso camino de quien busca la trascendencia y rectitud.

No  pertenece a la ficción. Los amores de estos dos personajes se sitúan en la Francia del siglo XII. Las aportaciones que pudiera haber dado el protagonista a la filosofía y teología a veces resultan menos célebres que la historia de amor, que al haber sido truncada, resulta más impactante. No sólo por la imposibilidad de estar juntos. La renuncia fue casi total. El amor, la maternidad, la sexualidad, el prestigio. De las pocas cosas que a ambos les quedó como refugio de problemas y soledades, más allá del estudio y la devoción religiosa, fueron los recuerdos de aquellas horas en que Abelardo era para Eloísa y Eloísa para Abelardo.

Eloísa amaba a Abelardo. La gran admiración que le despertaba, hizo insistir de manera fervientemente en que no se casasen a pesar del embarazo. Quería conservar la  buena fama de Abelardo y sentir además, que su amor era auténtico y no un deber como se le representaba el matrimonio. Creía que la vida conyugal no era propia de un filósofo y que la relación no se desgastaría al permanecer en el papel de concubina. La joven estaba dispuesta a cualquier tipo de sacrificio. Por lo único que accedió a tomar los hábitos fue para complacer a su esposo, pues sentía una gran devoción por él.

Abelardo y Eloísa-Especial
Abelardo y Eloísa-Especial

Las cartas de Eloísa sirvieron de inspiración para un poema creado algunos siglos después por Alexander Pope titulado Eloisa to Abelard. En él, Eloísa recurre a los recuerdos constantemente anhelando a su vez, el olvido. Los momentos de romance que tuvieron en contraste con la separación brutal, la promesa de amor que aún prevalece, las dudas de si es correspondida o no, son una constante en ambos textos. Quizá lo que más impactó al poeta sea la honestidad y la elocuencia para referir su amor. Fue escrita únicamente para Abelardo, la intimidad y sinceridad estremece al lector, que se vuelve un intruso,  pero que a la vez, confidente e incluso reflejo de cualquiera de las circunstancias que refiere, porque quién no amó alguna vez con tal intensidad o sintió su amor amenazado, quién no recurre a veces a los recuerdos de un buen amor cuando necesita refugiarse en algo, quién no ha dudado alguna vez de éste, o si nada de ello ha ocurrido, entonces a quién no le gustaría amar y ser amado de esa manera. Una o varias circunstancias se sienten vivamente como las escribe Eloísa, por ello quizá sean sus cartas las que más conmueven a Pope  para componer el poema. De éste un fragmento:

“How happy is the blameless vestal’s lot

The world forgetting, by the world forgot

Eternal sunshine of the spotless mind!

Each pray’r accepted, and each wish resign’d”

 

“¡Que dichosa es la suerte de la vestal inocente!

Al mundo olvida, por el mundo es olvidada

¡Eterno resplandor de una mente sin recuerdos!

Cada plegaria aceptada, y cada deseo abandonado”

Alexander Pope

Estos versos que pueden resultar conocidos, son usados en el filme Eterno resplandor de una mente sin recuerdos del cual se habló en la columna anterior. En ellos hay una continuidad, los versos citados en una película del siglo XXI son de un poema del siglo XVIII, inspirados en una epístola de seis siglos atrás. De esta forma la carta de Eloísa escrita en los solitarios recintos de un convento, sigue influyendo a quien escribe este texto, el espectador de una película, el lector de un poema, rebasando el efecto causado al destinatario original de la carta. Tan sólo Abelardo supo lo que sentía en aquellos momentos en que leía esas líneas, tan sólo él podría entender en su entera dimensión lo que era ser Abelardo, el esposo castrado de Eloísa, y ser amado por ella de esa manera. Por nuestra cuenta, conociendo su historia, leyendo las cartas, tal vez nos conmovamos, pero nunca podrá ser completamente entendible la perspectiva de ambos, será una nueva, la nuestra, la que despierte emociones con sus particularidades y los elementos comunes a todos.

El tema del olvido trasciende los versos, rebasa a las epístolas volviéndose ambiguo. El sentimiento es captado en nuevas formas porque el contexto cambia. A veces es rastreado, a veces no. Para efectos del filme, el poema no podría ocupar el papel central a pesar de darle el título porque el contexto es diferente y tan sólo se puede extraer un parte o adaptarlo para hacerlo encajar en la historia sin desvíos, aunque los paralelismos podrían enriquecer la visión del espectador. El poema, por su parte, es una forma bastante más cercana al origen. Sin embargo, el lector podría quedarse únicamente en éste, al igual que en el filme y ello no restaría valor a la apreciación de cualquiera de los dos. Al estar en nuevos contextos, el original podría ser olvidado, ya que tan sólo se consideraría al referente más inmediato. De esta forma, la epístola de Eloísa, sus sentimientos más honestamente expresados serían tapados por producciones no menos valiosas, pero que a fin de cuentas, podrían lanzarla al olvido.

Tumba de Abelardo y Eloísa
Tumba de Abelardo y Eloísa

O por el contrario, cada uno de estos nuevos contextos estaría remitiendo constantemente al original, volviéndose fácil para el espectador o lector acudir a éste. Con cada nueva forma, la historia de la pareja, las epístolas de Eloísa, serían enriquecidas perpetuando su vigencia, volviéndose imposible olvidar. Es cuestión de perspectiva. Pero pareciera que olvido y recuerdo estuviesen en una constante oscilación ocupando sus lugares respectivos, acrecentando, disminuyendo o complementándose.

No es nada nuevo. Muchos siglos atrás, la monja de un convento apartado, recuerda sacrificios hechos por amor, refugiándose en el breve tiempo de la dicha vivida. Aún entonces, ese amor no ha desaparecido y sigue tan intenso como siempre, llenando las horas necesarias, pero esta vez, mezclado con angustia, porque sabe que aquellos  momentos no regresarán jamás.

El olvido

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos-Especial
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos-Especial

por Andrea Garza Carbajal

Siguiendo el río Aqueronte en lo profundo del Hades, por donde la barca de Caronte, el que guía las almas de los muertos transita, hay una desviación, un brazo del río que adquiere un nombre y función diferente, Leteo, el río del olvido. Sumergirse en sus aguas significa olvidar todo lo pasado,  una vida borrada en un momento. A estas aguas mitológicas sólo tienen acceso las sombras de los muertos griegos, para los vivos está vedado. Sólo aquellos cuya vida está acabada se sumergen  para emerger a un nuevo inicio. Pero si algún Hércules o un Sísifo pudieran traer del inframundo un vaso de aguas de Leteo para el que se dijera más desdichado y con una existencia llena de desventuras, ¿lo tomaría?

El olvido total no parece algo deseable; aquellos que sufren pérdida de memoria también pierden la identidad, y eso difícilmente alguien lo aceptaría de forma voluntaria. A muchos de nosotros nos gustan los inicios, pero una nueva vida sin memorias no podría representar ninguna ventaja sobre la anterior ya que se carecería de referentes o aprendizaje.

Nadie podría afirmar que todas sus memorias son malas y por tanto merezcan ser borradas. Pero tal vez sí estaría dispuesto a deshacerse de algún momento traumático o simplemente desagradable. Eso significaría ahorrarse horas de psiquiatras, psicólogos, medicamentos, pesadillas, etc., no existiría ningún tipo de cicatriz emocional y habría una sociedad utópicamente sana aunque olvidadiza. Pero si tal opción estuviera en las posibilidades de todas las personas, buena parte de ellas elegiría borrar sus recuerdos de la forma más estúpida y visceral. Así sería porque muchas de nuestras decisiones están guiadas meramente por algo tan inestable como los sentimientos pasionales.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos2-Especial
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos2-Especial

En la película de Charlie Kaufman: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, un hombre que ha tenido una fuerte discusión con su novia, la busca para reconciliarse, pero ella parece no reconocerlo, después se enterará que ella ha ido a una clínica especializada en borrar recuerdos y lo ha borrado de su memoria, él, dolido e incrédulo acude a la clínica para someterse al mismo tratamiento y olvidarla. El protagonista transitará por cada una de las memorias con ella, como en un largo sueño, y poco a poco revalorará la relación sin saber si su arrepentimiento llega demasiado tarde para un proceso que ya no es reversible. El mensaje es claro, construimos memorias con aquellos que amamos, pero en algún punto, esta unión rebasa recuerdos u olvidos.

Si el olvido voluntario fuera posible, sería tentador pero innecesario, porque lo cierto es que las relaciones intrascendentes poco a poco se van difuminando y las que en algún momento parecieron lo más importante, el tiempo se encarga de desmentirlo, los nuevos inicios se encuentran sin necesidad de tomar aguas para olvidar o asistir a clínicas especializadas. Sin embargo, las memorias de un amor interrumpido abruptamente siempre son dolorosas y, a veces, olvidarlas parece demasiado largo.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos3-Especial
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos3-Especial

En el filme, mientras se olvida crece el arrepentimiento por hacerlo, una mala decisión fabricada en un momento de despecho, además, ¿de qué servirían las experiencias si no serán recordadas? y si pudiéramos olvidar voluntariamente, tal vez  aquello que olvidemos, algún sitio recóndito de nosotros lo echará de menos, aunque sea para que no nos volvamos a topar con ello en un futuro o por el contrario, lo hagamos de nuevo, eso depende de cada quién.

Todos estamos condenados a lo mismo, en nuestra muerte, aunque de una forma gradual, nuestra memoria será olvidada, no por nosotros, sino por aquellos que nos conocieron y que también irán desapareciendo hasta que el testimonio de una generación completa se desvanezca, y quizá todos esos recuerdos de vidas pasadas, con sentimientos y vivencias que ahora nada significan, se hallen en el inframundo mezclándose entre las aguas de un río al que todos en algún momento, nos sumergiremos.

Los amantes del bosque boreal

El mal de la taiga-Especial
El mal de la taiga-Especial

Cristina Rivera Garza El mal de la taiga. Tusquets editores, 2012.

por Andrea Garza Carbajal

Hacia los confines del mundo, quizá un poco más lejos, los amantes avanzan. Es incierto hasta dónde es necesario llegar o si existe alguna finalidad; su marcha no se detiene, por cielo, mar, tierra… bosque, la taiga. El bosque boreal que limita con la tundra, de diversidad inexistente, territorio de coníferas, paisaje homogéneo, continuo y solitario. El refugio de los amantes, el lugar de la locura. Último reducto de la pasión, el frío de la taiga.

A las personas que habitan la taiga, dirá el hombre de la prominente manzana de Adán, la locura les hará caminar grandes distancias para tratar de salir del bosque, siendo imposible por la extensión y desorientación experimentada, produciendo que sólo se adentren más. Su esposa parece ser víctima de este mal, ha escapado con su amante sin establecerse en algún punto fijo, tan sólo alejándose hacia ese lugar incierto. Por ello encarga a una detective que la encuentre y traiga de regreso.

Un pasado de investigaciones fracasadas ha provocado que la detective, narradora de la historia, abandone su ocupación, convirtiéndose en escritora anónima de novelas negras tomando de inspiración los antiguos casos que jamás resolvió. Por ello aceptará con ciertas reticencias hacerse cargo del asunto, viajando a esta región acompañada de un traductor. En la cabaña que huele a muerte, la investigadora y el traductor duermen sobre el mismo colchón de plumas sucio en donde la pareja durmió antes, la detective puede imaginar a la mujer sobre el trampolín de la alberca en medio de la taiga y percibir a la pareja en la noria. Como si la presencia de los amantes pudiera sentirse a través de los lugares donde estuvieron, pero principalmente las imágenes aisladas del diario de la mujer son recreadas por la detective. Aún así, es difícil conocerlos o saber los alcances de esta pasión, su presencia es tan vaga como constante, algo que se siente intangible, a punto de esfumarse por el horizonte. Sólo un rastro de migajas dispersas o telegramas inciertos, cada vez más lejanos, cada vez más cercanos a la taiga.

Cristina Rivera Garza-Especial
Cristina Rivera Garza-Especial

El mal de la taiga es el libro más reciente de Cristina Rivera Garza, publicado en 2012 por Tusquets editores. Al igual que otras de sus novelas, la narrativa no ofrece una respuesta simple, aunque la prosa no es complicada, las frases encierran ideas profundas que muchas veces no serán expresadas explícitamente y el lector deberá interpretar de forma reflexiva. Como se ha dicho en numerosas reseñas, la narración versa entre el thriller y los cuentos de hadas, encerrando una metáfora sobre la naturaleza de la pasión. Así, como explica uno de los personajes, cuando habla de los primeros relatos de Caperucita roja y Hansel y Gretel, “antes de que la lección moral se volviera un imperativo”, de la misma manera, sin los atenuantes de las versiones más modernas, en esta narración, crueldad, amor y pasión son representadas primigeniamente, volviendo el entorno de los personajes cada vez más irreal, ¿A quién le pertenece este cuento de hadas? 

Dispersa en el norte de Europa, Alaska, Canadá, Rusia… no podría decirse el lugar preciso donde la detective busca, el país de los amantes es incierto, un lugar de mito.  “Todos llevamos un bosque dentro” dirá la investigadora y en sus palabras conjunta las historias, no sólo de los amantes que sigue, también la del traductor, el esposo y ella misma, hasta llegar a los límites de la ficción o tal vez un poco más lejos.

Cristina Rivera Garza-El mal de la taiga-Especial
Cristina Rivera Garza-El mal de la taiga-Especial

El libro, además, adquiere un carácter visual y sonoro que rebasa la mera descripción. Los dibujos de Carlos Maiques, al igual que las melodías del playlist que se ofrecen casi al final, son una narrativa en sí que a su modo cuentan la misma historia. La historia de un mal. Así, adentrarse tanto al conjunto de estas tres narrativas como en su forma individual, podría provocar que la atmósfera gélida, incierta y mítica de la taiga haga sentir un poco más de frío y algunas ganas de echarse a caminar, de preferencia a algún lugar de coníferas o quizá hacia los confines, ¿de qué?, eso dependerá del lector.

Amor y tragedia

Francisco Goldman y Aura Estrada-Especial
Francisco Goldman y Aura Estrada-Especial

por Andrea Garza Carbajal

Dos colaboradores de esta revista y el editor estuvimos en la presentación del libro Di su nombre en Profética casa de la lectura, a mediados de enero de este año. Los tres leímos la misma novela y hemos escrito al respecto. En esta revista han sido publicadas una reseña de la novela y una entrevista con el autor que para mí fueron algunas de las primeras referencias tras la presentación, despertando inquietudes sobre la novela tan sólo acrecentadas luego de su lectura y que buscaría mitigar a través de reflexiones sobre el amor, la pérdida y la muerte. Las pláticas reiterativas que sostuve al respecto con la gente más cercana supongo que a la larga se les hubiera vuelto tediosas, así que para frenar razonamientos que peligraban con perder significado convirtiéndose en un montón de vaguedades sin enfoque, escribo al respecto tratando de darles forma. 

Tras largos años de desazón y desesperanza un hombre encuentra repentinamente el amor. Ama con anhelante incredulidad y es correspondido.  Después de algunos años de dicha sufre la pérdida, haciendo reaparecer una casi olvidada soledad que se ha vuelto más difícil de subsanar.

Una joven con un futuro promisorio muere justo cuando ha comenzado a dominar sus inseguridades y perfilar su talento, cuando se ha enamorado y está por formar una familia como la anhelada. Muere en el sinsentido.

El hombre decide narrar la historia de la mujer, su relación amorosa y su vida después de ella…. ¿Cuáles son las razones que llevan a este hombre a querer hacer una novela al respecto?

Los destinos trágicos encierran un gran misterio, muchas veces carecen de sentido o justicia. Cuando culminan con la muerte parece cerrarse una historia que a riesgo de caer en el olvido tan sólo ciertas manifestaciones pueden perpetuar, una de ellas es la narración. El que narra escoge los momentos que para su finalidad resulten más trascendentes. Lo que trate de transmitir y su habilidad para hacerlo determinará la naturaleza de la narración. Las razones o sentimientos de quien escribe trascienden lo que podría ser mera entrega de información

A pesar de jamás haber conocido a Aura Estrada, partes de su vida, lo que vino después, lo anterior, la primera novela no escrita, la juventud truncada, se me vuelven como lector, eventos significativos. ¿Es el personaje de una novela o la verdadera Aura quien me conmueve? ¿Parte de la ficción o lo real? Preguntas irremediables y una respuesta involuntaria: Transgrediendo la realidad Aura Estrada se sublima en la ficción. Los fragmentos de su  vida narrados por alguien que amó su existencia, que le importa auténticamente lo que hizo y lo que queda inacabado, se distancian del tiempo y el espacio volviéndose una historia independiente.

Boda-Especial
Boda-Especial

La perspectiva filtra la naturaleza de las cosas haciendo que la percepción de la realidad se vuelva subjetiva. En este caso, es la perspectiva la que logra precisar, detallar y extraer lo particular de una vida y una relación. El autor esperaba que el nombre de Aura Estrada se volviera reconocido por méritos propios. Pero antes se dio el reconocimiento íntimo de un humano a otro. Este conocimiento único, inicialmente entendible sólo para una persona, al saber transmitirlo y volverlo comprensible a los demás tras la pérdida es una forma de sublimar la realidad, en la cual ambos protagonistas buscaron, planearon y alcanzaron, hasta ser frenada en un punto de oclusión. En la novela tal punto está subordinado a los recuerdos, de vida o duelo, dejando una abertura constante por un continuo de amor. Más allá de la búsqueda de razones o motivaciones, el amor se vuelve el inicio y continuación, el antes y el después.

Uno de los principios básicos de la tragedia acorde a los cánones aristotélicos es la conmiseración, cuando el espectador se identifica con el héroe trágico por saberlo con vicios y virtudes al igual que él, se da cuenta de que ese destino desfavorable podría ser el suyo, que aquello perteneciente a la ficción está separado por una barrera muy frágil de su realidad. Quizá en la novela se cumpla este lineamiento. Pero, aunque necesariamente ligado, rebasando los hechos, es la intención que se percibe en las palabras lo que produce la impresión más profunda. Esta impresión ya no se origina en la tragedia, alimentada por la rememoración, donde el dolor puede ocupar la conciencia, los actos y la esencia. Se origina en un espacio impenetrable que yace entre el sufrimiento. En él reside el  amor que es percibido en cada frase, oscureciendo a la tragedia y logrando finalmente conmover al lector.

Inadaptación novelada

El guardián entre el centeno-Especial
El guardián entre el centeno-Especial

por Andrea Garza Carbajal

En 2010, a los 91 años de edad J.D. Salinger moría por causas naturales en un pequeño poblado de los Estados Unidos, tras vivir casi 50 de encierro voluntario en su casa. Escritor que causó revuelo en los años cincuentas, que marcó a una generación de adolescentes provocando su admiración y el repudio de los sectores más conservadores… ¿Qué lo motivaría a permanecer aislado el resto de su vida? Quizá el encontrarse en una sociedad a la que le resultaba imposible adaptarse.

Adaptación: idealmente todos deberíamos hacerlo en algún momento para integrarnos a la sociedad y procurar su funcionamiento. En la adolescencia las personas lo intentan, ajustando su personalidad a las demandas sociales, tratando de evitar el aislamiento. Pero en esta transición surge la rebeldía y el cuestionamiento, algo inherente a la edad, y por tanto obedece más al instinto que a la razón, volviéndose la mayoría de las veces, una rebeldía desechable, mal enfocada e impersonal, perteneciente a una conciencia colectiva y homogénea. Este colectivo adolescente pocas veces llega a rebelarse ante algo que no ataña directamente a su pequeño egocéntrico mundo. ¿Pero que pasaría si un adolescente, antes de intentar siquiera adaptarse, primero cuestionara su entorno de una forma inteligente y crítica? Bueno, probablemente ese adolescente se llamaría Holden Caulfield y sería el personaje creado por Salinger en El guardián entre el centeno.

Publicada en 1951, la novela inicia con la expulsión de Holden de un exclusivo colegio particular a causa del desinterés que siente hacia casi todas las materias. Antes de llegar a casa de sus padres con la noticia, decide tomarse unos días por su cuenta abandonando la escuela antes de tiempo para pasear por Nueva York. De una forma irreverente y sarcástica, Holden irá relatando sus experiencias, criticando siempre la frivolidad, hipocresía y mezquindad de sus congéneres, profesores y demás personas con las que se topa, volviendo su escapada una triste y deprimente revelación de estar inmerso en una sociedad putrefacta. Sin embargo, será la persona menos esperada quien le dé a su visión pesimista un enfoque más alentador. 

JD Salinger-Portrait Session
JD Salinger-Portrait Session

La obra fue recibida con diferentes reacciones en su época. Para algunos, la típica forma adolescente de hablar del protagonista (quien realiza toda la narración) resultó inmoral, por las palabras altisonantes, referencias sexuales, sarcasmos, etc. Pero lo que más ofendió fue su constante crítica hecha con un tono irreverente y retador. Entonces se volvió un éxito entre la juventud norteamericana y continúa siéndolo, además de una lectura obligada en las escuelas públicas. Resultó un paradigma, ya que daba una voz a los adolescentes, reflejando su confusión e inconformidad. Pero más allá de eso, la novela muestra una profunda decepción hacia la sociedad de la época.

El personaje idealmente representaría a los valores adolescentes. Es un joven de gran inteligencia al que le gusta leer y posee cierto grado de instrucción. Sin embargo no es académico, pues su propia rebeldía le hace cuestionar a las exclusivas instituciones a las que ha pertenecido y  a aquellos que las encabezan. Cuestiona a los valores adultos tanto como a sus congéneres. No desperdicia su rebeldía con motivaciones absurdas, sino que busca con desesperación aquello que lo saque de la corrupción de la que se ve rodeado. En este proceso dará traspiés, se desesperará, tendrá la urgencia de abandonarlo todo con una clara necesidad de evasión. Holden resulta un adolescente atípico, pero a fin de cuentas adolescente. Su constante confusión por tratar de entender al mundo, su repulsión ante lo que le representa, vuelven muy difícil su adaptación. ¿Pero qué pasará cuando este periodo termine y el joven Holden se convierta en adulto? Tal vez su adolescencia termine cuando olvide todas sus dudas y se adhiera al resto del mundo o quizá cuando acepte que es imposible encajar en una sociedad sin futuro, y que la única opción es mantenerse alejado de ella.

Salinger, algunos años después de la publicación de su polémica y exitosa novela, poco a poco fue recluyéndose, perdiendo contacto con el resto del mundo. De vivir en un céntrico apartamento en Nueva York, se mudó a una casa de un pequeño poblado. Las entrevistas que concedía se comenzaron a volver más esporádicas al igual que la publicación de sus libros, las visitas dejaron de ser frecuentes hasta que aparentemente, se cansó del mundo y decidió excluirse de él. A pesar del interés que generaba entre los periodistas, que trataban de saber si aún escribía o los detalles de su vida privada, Salinger los alejó, permaneciendo en el mutismo hasta su muerte.

JD Salinger by Antony Di Gesu
JD Salinger by Antony Di Gesu

Hay diferentes clases de inadaptación, este es del tipo inofensivo para la sociedad pero que condena a quien lo padece. El futuro de Holden, tal como se lo pronosticará un personaje, podrá resultar en frustración y mediocridad o la elevación de sus fortalezas. Dependerá hacia dónde dirija los sentimientos que le aquejan. Entonces, ¿Cuál será su destino? Bien, elucubrar sobre el porvenir de un personaje resulta aún más ocioso que hacerlo sobre una persona. Mejor quedarse con el adolescente creado por Salinger, aún incapaz de adaptarse al mundo y con la incertidumbre de  poder hacerlo, pero que no deja de ser crítico con su entorno, en la constante búsqueda de algo mejor. 

El látigo auto flagelante

Capote por Bresson
Capote por Bresson

por Andrea Garza Carbajal

Hace algunos años, después de entrar a la carrera de Literatura, conocí a un joven que se presentaba a sí mismo, sin vacilar, como escritor. Pensé que escribiría todo el día, pero no era así, en realidad, la mayor parte del tiempo dormía (incluso en clases); decía muy serio que en sus sueños fraguaba la trama de sus relatos, en su cabeza llevaba media novela hecha y estaba seguro que en cuanto la terminara podría escribirla para que fuera publicada. Creí que estaba tratando con una especie de genio, un genio que prefería no leer porque su escritura podría verse mal influenciada por personas que nada tenían en común con él. Extraña forma de pensar para sus pretensiones, aunque jamás supe si decía la verdad. Antes de poder comprobar cualquier cosa, desapareció. Mi hipótesis es que murió ahogado entre el alcohol, la inconsciencia y su almohada, por la mala costumbre de dormir siempre boca abajo, que ya le había causado otras veces principios de asfixia etílica.

Tiempo después me di cuenta de que al talento excepcional, el verdadero, le precede una técnica. Lo más común es encontrar técnicas bien desarrolladas en talentos mediocres, también existen los talentos perezosos, brillantes por naturaleza pero que jamás se desarrollarán manteniendo su estado de comodidad y sobreviviendo de sus pequeños aciertos, pero lo menos común, es el talento nato cuya trascendencia se acompaña de una técnica depurada.

Además de las lecturas constantes y,  a palabras del autor, cinco horas diarias de práctica desde los ocho años, llevarían a Truman Capote a ser un escritor consumado a los diecisiete. Se sabía talentoso, se sospechaba genio. Jamás dejó de buscar nuevos caminos para mejorar su estilo porque sabía que difícilmente encontraría un límite para la evolución de su talento.

Reconocido por la crítica, redituable para las editoriales y para sí mismo, capaz de capturar un buen número de lectores sin comprometer su estilo, y con la personalidad necesaria para escandalizar a veces o causar polémica, se volvió el escritor de moda. No sólo entre los lectores ordinarios. Penetró en los círculos de la farándula y la alta sociedad, y en algún punto, ello influyó en su escritura.

Truman Capote 1973-Especial
Truman Capote 1973-Especial

Quería retratar la realidad, no sólo escribiendo bien, sino buscando el “arte verdadero”. Así, después de la publicación de sus obras más reconocidas, ideó escribir una novela que proyectó como su obra cumbre. Un retrato irreverente de una parte de la alta sociedad europea y estadounidense, la parte que él conocía. Publicó los primeros capítulos en la revista Esquire convencido de que sería un éxito. Sin embargo, la reacción más notoria y que definiría el avance de su obra, la obtuvo de varios de sus amigos, aquellos que al verse retratados en las páginas, con  algunos de sus íntimos secretos revelados, lo excluyeron de sus círculos y le dieron la espalda. Capote diría tiempo después que fue lícito, quizá reprochable, pero lícito para un escritor que tomaba como punto de inspiración la realidad que lo circundaba. Sin embargo, tras estas primeras reacciones cesó la escritura de su obra por algunos años.

En Música para camaleones, anunciaría la reescritura y continuación de su novela, pues revisando sus escritos había tenido una revelación. Se dio cuenta de que no había utilizado todas sus capacidades como escritor en lo anteriormente publicado, simplemente le parecía insuficiente. Ahora proyectaba para esta novela utilizar todas las técnicas aprendidas como escritor, evolucionar hasta los más altos niveles y crear algo novedoso. Continuó hablando de sus avances los siguientes años con su editor y amigos, hasta su muerte, momento en que acorde a los diferentes intereses, se buscaron exhaustivamente los capítulos escritos. Nada fue encontrado. A pesar de que Capote solía guardar todos sus manuscritos, no se encontraron indicios de que éstos hubieran existido alguna vez.

Capote decía ser un genio. En sus publicaciones se revela un gran talento y una magnífica técnica además de una evolución estilística. Pero no estaba satisfecho, creía poder hacer más, un proyecto tan ambicioso que le llevaría cerca de quince años no concretarlo. No se sabe lo que ocurrió. Si después de la publicación de A sangre fría, cuya escritura lo afectó anímicamente, el repudio de antiguos amigos por las revelaciones publicadas y otros factores personales, pudieron frenar su inspiración, o que en efecto escribió una obra magnífica, tal y como él la vislumbraba y por razones desconocidas decidió destruirla sin que nadie lo supiese nunca. Existe una tercera opción,  a la que probablemente ningún escritor quisiera enfrentarse, tal vez sus ambiciones fueron más grandes que la capacidad para escribir la obra que imaginaba y la frustración le hizo abandonar su elaboración.

Truman Capote-Especial
Truman Capote-Especial

Quizá el talento verdadero tiene en efecto un límite y peligrosamente, cada creador que inquiera en el suyo podría caer en la frustración o el desengaño, pero no hacerlo, no indagar  sería más perjudicial, significaría el estancamiento del talento y el estilo, y la comodidad de la autocomplacencia. Llegar hasta donde se pueda considerar aceptable, pero jamás arriesgarse por temor a no hallar lo deseado. Desde luego, esto rebasa por completo el primer caso, aquél de mantenerse siempre a raya y jamás sumergirse en la realidad que suele rebasar siempre a los sueños. Creerse un creador sin haber creado nada, dejará un vacío más lamentable que el  intentarlo hasta los propios límites, donde algunos evolucionarán y seguirán adelante, y otros, al conocerlos, buscarán otros caminos. Tal como lo dijo Capote:  “When God hands you a gift, he also hands you a whip; and the whip is intended for self-flagellation solely.” (Cuando Dios te da un don, también te entrega un látigo, y el látigo es únicamente para auto flagelarse).