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La sangre devota

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

por Marcos Solache

En el piélago veleidoso.

Empecemos al poeta jerezano, Ramón López Velarde, con uno de los poemas que seguramente lo inspiró para determinar la necesidad de compilar, en “La Sangre Devota”, lo que con apenas 28 años, no sería más que el inicio del destellante y fugaz incendio de su corta, pero bastante sustanciosa, poesía.

En la primera parada, Velarde nos da una pista, de la suma influencia que tuvo el poeta de Les Fleursdu Mal, al usar el galicismo veleidad.

No solamente era la moda leer a Baudelaire, sino el gusto por la poesía del dolor y el sentimiento expuesto.

Aun la corriente, el Mexicano no se ata, y más bien se convierte en un veleidoso literario; ya que sería su costumbre jugar con el diccionario, a veces siendo el provinciano despistado, y otras un draconiano Gongorino.

Aunque siempre poniendo de enfrente el sentimiento, la imaginación, el dolor, y por supuesto, el amor.

Lo anterior sin dejar atrás, lo católico, hogareño, y a veces rompiendo la leal práctica, con la funesta exageración.

Si bien tiene algunos poemas de mediana extensión, digamos que, como en este, descubrimos a un poeta sucinto.

Lo que pueden decir las palabras precisas, no tienen porque hacerlo las cuartillas engorrosas.

Dos estrofas de ocho versos cada una, conforman, quizá el poema más abstracto en escenario del poemario en cuestión.

No voy a detallar metro ni rima, ya que en lo personal no lo creo corazón de ningún estilo de poesía.

Aunque sí voy a mencionar su puntuación y espacio.

Comenzando así con una experimentación.

Acorta el primer respiro de cada estrofa, inclusive con tres puntos la primera, para contundir la idea.

Estira algunos versos, al no puntuar su final, para enfatizar acciones principales.

Aunque en lo personal creo que es un mal uso de la puntuación, ya que parece que aprieta las sílabas para remarcar la rima, aunque no lo asfixia, porque libera un poco el metro.

En cada estrofa hay un punto y aparte, que no pasaría nada si divide el poema en cuatro estrofas.

De nuevo subrayo su placer por el número cabalístico con que tiene que cerrar cada intervención.

 Aun mis pequeñas anotaciones, debo confesar que este es el primer poema que da una cadencia escalonada, a su acostumbrada y eterna formación vertical.

Ahora menciono, su mayor importancia, el simbolismo metafórico del que está lleno este viaje al piélago.

A esta edad ya se consideraba un poeta petulante, pero dada su formación católica, siempre reculó al arrepentimiento y la humillación.

Aunque pirata, perdió el flanco de plata de la última sirena.

Navegación sin barco, anacrónica, producto de un devaneo, que pronto confesará como un real mareo; nos hacen concluir la triste bella mentira del poema.

Lo veremos al final como un naufrago sin isla, arraigado a la nostalgia de la silenciada Fuensanta, y a la invisible Cruz.

Retoca previo al final, con abstracción pura:

 (…)

Mas no guardo rencor

            a la inestable eternidad de espuma

            y efímeros espejos.

            (…)

 Y concluye en la misma línea imaginaria:

 

(…)

me sentí, en alta mar,

            más de viaje que nunca y más fincado

            en la palma de aquella mano impar.

           

 Pensar que la espuma es eterna, como la ola del mar, es tan cierto como asegurarla una huella inestable, que viene y se va.

 Efímero espejo.

 El viaje termina, aunque veleidoso, siempre en el fondo del mar.

Es pues el coloso salado, quien absorbe al poeta, lo lleva a fincarse en su pasión, que desarrolla con la mano impar.

Aquí me aventuro a pensar que Velarde era zurdo. Aventura he dicho, porque no encontré que fuera diestro, ni lo contrario.

Si lo anterior parece muy vano, también vale pensar que la mano impar es porque siempre cargará con la frustración de haber sido capellán y no poeta, creyéndose un impuro, izquierdo, no par con la única católica creencia.

La Sangre Devota
LA SANGRE DEVOTA – IMAGEN PÚBLICA

 Boca flexible, ávida…

 Estamos frente a un poema que fue parteaguas en el estilo poético Velardeano. Sobretodo porque seguramente fue parte de la semilla que sembrará el impulso del siguiente y último libro en vida, “Zozobra”.

Aunque en la siguiente entrega se hablará de él, por ahora puedo decir que “Zozobra”, está consagrado de principio a fin, a la figura mística de la mujer, sea Margarita, o sea Josefa, o Genoveva, o María, o sea cualquier otra escondida.

 Hablemos aquí, de uno de los más grandes amores del Zacatecano.

Fuensanta, como él poetiza a Josefa de los Ríos. Dicho sea de paso, muere justamente poco después de la publicación de “La Sangre Devota”, y precisamente la segunda edición de 1917, la dedicará no solamente a los espíritus iniciales a quien está consagrada la obra, sean Gutiérrez Nájera y Othón, sino a la peculiar, delicada, refinada, y enfermiza Fuensanta.

Ocho años mayor que el poeta, no serán losa para que el capellán frustrado, como él se denomina, la coloque como un amor profano, igualando su existencia con la de la Virgen María, o más grave aún, como una epifanía cristológica.

En “Boca flexible, ávida…”, somos transportados a su hogar, Jerez.

Estamos en el acontecimiento más importante de la semana, la Liturgia cenital de los Domingos.

De pronto, y continuando la secuencia del Evangelio, aparece el agudo perfil, la cabellera tormentosa, la boca flexible, ávida de lo concienzudo.

Aquí rescatar la figura de Fuensanta como una mujer extremadamente piadosa, al grado de imitar en lo primeriza a Santa Teresa de Ávila, el llanto sobre la Palabra, o sobre la figura en la Pasión.

Este poema es pues, un descriptivo de cómo el fallido amoroso poeta, retrata lo que para él vale el encuentro religioso.

Los labios de aquella mujer serán los articuladores de los besos prolijos, o de la sílaba lenta de un minucioso idilio.

Llevará hasta la muerte esta creencia, olvidándose de los sacerdotes que son los únicos facultados para otorgar la extremaunción, y será ella, Fuensanta, la única quien pueda persuadirlo en la agonía, a que diga Amén.

Antes de comentar la estructura de dicho poema, remarcaré la atención que para el poeta es primordial; mezclar la experiencia amorosa, con la religiosa.

Lo anterior, a la vista discreta pero nada subjetiva, lo convierte en el profano más arrepentido, pero también menos temeroso y en extremo comprometido con su palabra y experiencia.

En lo personal puedo resumir el crecimiento poético de Velarde, como la negación de su catolicismo.

Algunos lo definen como un poeta católico. Yo creo que es un anticristo muy sutil para la Iglesia.

De ahí su constante sufrimiento, inestabilidad emocional; pero gracias a eso funesto, su gran poesía.

Comentando la estructura, tenemos dos estrofas irregulares.

Aquí no hay metro, aunque no puede resistir a la rima consonante que lo caracteriza.

Parecido a “En el piélago veleidoso”, en cuanto al manejo de puntuación.

De nuevo acorta versos sin puntuación gráfica con el propósito de resaltar una acción.

Innova con el punto y coma que hila descripciones, y alarga el final del poema, uniendo un enunciado a tres puntos, que cualquiera daría como final de un verso.

Tomo la muy interesante sección de los versos 14 al 18, como un gran ejemplo de un hueco poético, ya que esta parte está desfasada en espacio y tema con la concurrencia mágica anterior; a continuación transcrita:

 (…)

Figura cortante y esbelta, escapada

            de una asamblea de oblongos vitrales

            o de la redoma de un alquimista:

            (…)

Resalto que la sección mencionada, está flanqueada por dos puntos y un punto y coma. Lo que sin duda apoyan mi comentario sobre el sentido fuera de espacio y tema de la sección.

Como detalle quisquilloso, este es el primer lugar en que utiliza la palabra zozobra. Que sin duda será la significación que le dé a su encuentro con la mujer.

 (…)

            al ver, con zozobra,

            tus ojos nublados en una secuencia

            de Evangelio, (…)

 Para terminar tomaré de nuevo el tema del final de este poema, que como en “El piélago veleidoso”, ya anticipo que son muy característicos, al punto de ser abstractos a lo más, incluso desfasados completos de la composición primigenia de cada poema.

            (…) Como los dedos rosados

            de un párvulo para la torre baldía

            de naipes o de dados.

Se sabe que es la mujer, inocente, párvula, quien aniquila su filosofía petulante, pero también conciente de lo baldía que es aquella torre de conocimiento en que está expuesto el sumo saber del que alardea.

Por eso concluye que cae, los dedos rosados, tiran toda posible convicción en pensamiento.

Como anotación quisquillosa, creo que termina por colocar la palabra dados, únicamente para cerrar la doble rima tanto con dedos como con rosados.

De nuevo se olvidó del sentido del poema, para poder completar las injustas normas poéticas.

Tanto Ramón, como el que se considere el más grande poeta, serán primero humanos, estilos que deben criticarse, y deben saberse como nuca satisfactorios para todos.

Aunque si cumplen con el primer propósito de la poesía, que es perturbar, habrán de permanecer tranquilos en la eternidad.

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

 

 

¿Qué será lo que espero?

La presencia inmanente de Fuensanta, en “¿Qué será lo que espero?”, es innegable.

Ahora tenemos un recuerdo de momentos que quizá pasaron juntos.

Sabiendo que en las vacaciones Ramón regresaba a Jerez, y en ese aire vacacional, puede invocar al objeto de devoción, a veces mirándolo, escuchándolo, pero la mayor parte, seguramente, en ficciones y palabras, que pronto después se convertirán en poemas.

Tal vez, este poema sea, en la colección de “La Sangre Devota”, el más largo conservando el tono poético, ya que hay otros de mayor extensión que parecen narraciones en verso.

Aquí tenemos cinco estrofas. Todas ellas de metro variable, sobretodo sorprende la segunda, ya que es considerablemente amplia en comparación con las otras.

Repite la importancia de la rima en su composición, así como la manutención de tipo consonante, aunque experimenta en pares especiales la inclusión de rima asonante.

En puntuación el poeta no ha evolucionado, mantiene los puntos y comas que realmente evidencian las pausas.

Aunque lo que no sigue siendo muy acorde, es por qué termina versos que cortan idea con el sucesivo.

Ramón definía su búsqueda poética, como una búsqueda de quimeras.

Voces espectrales que recibía a susurros de la mujer, quién es la guía de su misticismo.

La frágil Fuensanta, y el recuerdo del terruño, hacen imperdible el camino al seno de la mujer, que tanto, y tan bien, inspiró al poeta.

Pero entre este mundo ficticio, hay un golpe de realidad, ya que el poeta se pregunta y en modo de tranquilidad, autosupone un par de posibilidades.

Toda la cuestión es si sus esperanzas, en realidad esperan algo de ella. O como sintetiza el título, ¿Qué será lo que espero?.

 Las suposiciones no son muy alentadoras.

           (…) Quizá el suspiro

            de tu propio existir; quizá la vaga

            anunciación penosa de tu rostro;

            la cadencia balsámica

            que eres tú misma, incienso y voz de armónium

            en la tarde llovida y encalmada…

            (…)

 Como vemos, está detallada la etereidad del ser perseguido. Al punto, como antes ya se dijo, de otorgarle matices de religiosidad suprema.

 (…)

            Si vas dentro de mí, como una inerme

            doncella por la zona devastada

            en que ruge el pecado, y si las fieras

            atónitas se echan cuando pasas;

            (…)

Los primeros dos versos de la sección anterior, denotan la eterna relación del pecado y lo purificador. La sencillez de la doncella al estar desarmada, pero aun así con la plena posibilidad de enclavar sanación en la zona que ruge el pecado.

Los últimos versos de la parte transcrita, quizá con un tono más bíblico.

Recuerdan el pasaje del profeta Daniel encerrado en la jaula con los leones a sus pies. O más perturbador aún, la escena del Apocalipsis en que la Virgen somete al demonio.

Definitivamente la mujer siempre fue una imagen para Velarde. Estuvo muy alejado de la experiencia real, de sobreponer la carne con la carne de ella.

De ahí que su erotismo sea prácticamente nulo.

Lo anterior no demerita su coordinación espiritual, y repito, el posicionamiento de la mujer terrenal, como un rehacimiento de la Asunción.

 (…)

            si mi voto es que vivas dentro de una

            virginidad perenne y aromática,

            (…)

Esto será porque la mujer siempre fue un recuerdo de lo que persiguió en el Seminario de Guadalupe.

(…)

            Y de ti y de la escuela

            pido el cristal, pido las notas llanas,

            (…)

No basta repetir que los finales de los poemas Velardeanos, siempre caen en el desconcierto.

Me aventuro a decir que le costaba bastante esfuerzo cerrar sus obras, o al menos en algunos de ellos se nota claramente.

 Este, aunque muestra un desfasamiento, agrada mucho la invocación vocal.

            (…)

            ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda,

            fragancia casta y ácida!

 En primera instancia recuerdan una letanía acompañada por el armónium mencionado.

 Lo cual remarca de manera increíble, la retentiva en la memoria religiosa/mujeril del poeta.

Sobretodo por la palabra ara, que la coloca como espacio noble de sacrificio.

 Un último apunte que hasta el momento había extraviado.

Es recurrente en los poemas de Velarde, el uso de las siguiente imágenes: naranjo, azahar, limón, cítrico, ácido en este caso, como escenario olfativo o visual del Paraíso.

De ahí que no sorprenda que la fragancia de Fuensanta, que emana del pecho, sea de limón, casta y ácida.

 

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LÓPEZ VELARDE – IMAGEN PÚBLICA

 

Y pensar que pudimos…

No puedo negar el placer que siento al leer este poema.

Sin duda no sólo es mi favorito de la recopilación en “La Sangre Devota”, sino también un ejemplo de diligencia y cariño del poeta mismo.

 Revisando un poco el taller de creación Velardeano, me encuentro con que “Y pensar que pudimos…” de 1916, tuvo su génesis con “Rumbo al olvido” de 1912.

Habrá que comentar de este primer ensayo, la manutención de versos completos, pero sobretodo, la eliminación de estrofas, que bien ahora, me parecen de más.

Así como decir, que prácticamente el poema en cuestión, se encuentra embebido en su totalidad, en el anterior.

Repito; la cuestión primaria poética fue eliminar lo que abruptamente ejecuta a la salida de la línea conductora.

Lo que no se puede discutir, es que el tema y sentimiento del olvido, del creer que pudieron ser algo más, o algo realmente, está presente y muy afianzado, para poder ser destilado posteriormente.

El poema cuenta con cuatro estrofas.

Las primeras tres, iguales en composición; pero la última con tres versos más.

La adición forzada de la mencionada última estrofa, se da en el cuatro verso con la inclusión de la conjunción copulativa “y”.

En lo personal disgrega la simetría y desequilibra notablemente el poema.

Situación realmente puesta por el gusto de la última frase, más que por la norma a que muchas veces se sometió el poeta.

Las últimas tres estrofas, inician con “Y pensar que pudimos”.

Lo que en realidad convierte al poema en un sinóptico del mismo sentimiento.

De manera análoga podríamos decir que es como si hubiese puesto la idea de lo perdido en el centro, y reflejarla en cuatro espejos.

En puntuación podemos resaltar que todas las estrofas terminan con tres puntos, lo que refuerza mi comentario sobre que cada una es en realidad sinóptica del olvido.

La vida amorosa de José Ramón Modesto López Velarde Berumen, siempre se suscitó en un plano ideal, fuera del mundo físico.

Quizá la estrofa más representativa de esto, es la primera.

 Y pensar que extraviamos

            la senda milagrosa

            en que se hubiera abierto

            nuestra ilusión, como perenne rosa…

            (…)

Sin duda es la expresión de una oportunidad perdida, de un recuerdo que por más que trate de soslayar, no podrá evitar la frustración de que tuvo en frente, el espacio y la persona, para poder:

(…), deslizarnos,

            valsando un vals sin fin, por el planeta…

            (…)

Como lo menciona en “El piélago veleidoso”, su vida se puede resumir en nostalgia y arraigo a la misma.

Poniendo seriamente el ejemplo de Velarde, creo que la única diferencia entre una persona que no escribe con la pasión que lo hace un poeta, no es la falta de experiencia o vida, sino simplemente el valor o el miedo, a no aceptar que somos solamente nostalgia y arraigo a ella.

Para no prefigurar los finales de los poemas de Velarde, habrá que decir que en este más que un desfasamiento, hay un capricho.

Sentía tan necesario y útil el colocar lo siguiente:

            (…) y en una suave

            conjunción de existencias,

            ver las cintilaciones del Zodíaco

            sobre la sombra de nuestras conciencias.

Habrá que decir, que parte de su revolución interna contra de la Iglesia Católica, se da por su afición a la Astrología, corriente bien sabida como condenada por el dogma católico.

Aún así, y como un pecador, el nacido bajo el signo de Géminis, según la carta, muy buen tiempo para el artista o el inventor, lanza un deseo subconsciente.

Existir bajo la luz de las cintilaciones del Zodíaco, aunque esto no parezca presente, sino más bien, como él siempre lo deseó, un sueño sin tiempo.

 

 

Bibliografía:

 

Ramón López Velarde, compilado por José Luis Martínez. (1994). Obras. México: Fondo de Cultura Económica.Serie de Literatura Moderna, Pensamiento y Acción.

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Kritik

Corte de Roma - Imagen Pública
Corte de Roma – Imagen Pública

por Marcos Solache

Importancia

La razón es una consecuencia del acto intelectual más importante de la mente humana: criticar.

Con lo anterior no se pretende manifestar una inclinación juiciosa, pero sí subrayar que el acto de filosofar, que para comenzar debe dudar, no es el progreso de la experiencia en el análisis, o la síntesis de particulares en ideas generales.

El filosofar puramente, es mirar sin mente, ni experiencia, la vida.

Primeramente debe puntualizarse, que la importancia de Kritik der reihen Vernunft, no es la solución a la duda primigenia, o la estructuración perfecta de cómo la mente encontrará el conocimiento puro, ni siquiera el intento por resolver algo que se sabe de antemano, no posee una solución lógica.

Quizá más adelantada al empirismo que al propio postulado del criticismo.

Antes de abonar el marco general de la obra pilar de Immanuel Kant, habrá que capitalizar la auténtica importancia de esta obra.

Dicho sea de paso, concluye con un panorama negativo y pesimista, augurando la verdadera pureza, como un estado imposible e imperceptible para la razón humana.

Aquí el parteaguas de dicha obra.

DA UN PASO HACIA ATRÁS

Lo anterior es importantísimo, no alienta un paso de progreso positivo, por el simple y auténtico hecho de que en el plano racional, no hay veredas puras que nos guíen a la verdad.

Para quedar bien parados ante este coloso ideario, deben de apuntalarse firmemente, cuatro conceptos que rodean de manera inherente, la común existencia.

Los primeros dos son el tiempo y el espacio, que han sido antes un tema filosófico que físico.

En esto no hay novedad, experimentamos una dimensión en la que sensiblemente hay un concepto de inclusión física, así como la hay temporal, experimentado la transformación paulatina y eventual de cualquier fenómeno.

Antes de abundar en la última palabra, debemos de jugar un tiro de suerte, al creer que Einstein leyó Kritik der reihen Vernunft.

Aunque claramente no hay rastros científicos en la obra, me aventuró con el anterior enunciado, afirmando que sí hay un postulado interesantísimo sobre la relatividad del tiempo y el espacio.

Ambos co-fenómenos post-existentes.

Si la vida es un fenómeno, la naturaleza es el espacio, y su permanencia transformante, el tiempo de la misma. Eso es entendible y aceptable, porque es perceptible.

Lo interesante de esta opinión, es sobre el fenómeno de la creación del Universo. Y aquí menciono lo otros dos conceptos, si bien hilados a los anteriores, también lo son particulares.

La materia y la forma para la intuición más elemental, esto sin el paréntesis físico contemporáneo sobre la definición de materia, aseguraría que la forma aparece en la materia.

Y si damos el famoso paso hacia atrás, por un instante anulamos el tiempo, aparecemos la nada y conjugamos el espacio en la forma, tenemos materia en el tiempo.

El segundo cero, el impulso eléctrico de Dios, el origen de todo lo cognoscible.

Efectivamente el tiempo y el espacio son el escenario de la intuición, que después es razón y finalmente concepto.

Así llegamos, aunque Einstein y toda la física del siglo XX se encargarán de expander, más que refutar los postulados de Kant sobre el espacio y el tiempo, al concepto puro trascendental.

Aquellos cimientos a priori, que más adelante llamaré invisibles. 

Razón

La construcción del edificio del conocimiento humano, tiene tanta historia, como el humano mismo; pero esa historia no es el edificio completo.

Es quizá los primeros pisos.

A esta historia, se une la experiencia a tiempo presente, que puede ser una reafirmación pasada o presente.

Siempre vivencial, ahuecada en el cuarto del empirismo. Y siempre también sistemática, por mencionar el principio por el cual construye, embona y empalma, la mente humana.

La arquitectura de este edificio, rompe al cielo, porque lo que no se puede experimentar, se puede imaginar o deducir.

Estamos entrando a otras alturas, donde el aire es más fino, donde el edificio parece etéreo; pero no, es roca translúcida, de pensamientos obtenidos de un análisis, en el mejor de los casos, racional.

Se vuela muy alto en esta esfera, y es que para el hombre basta ver el cielo, cuando debería de ver sobre qué está fundado el suelo.

Veamos dónde está el fundamento, lo trascendental, es gran paso atrás que nadie se atreve a encontrar.

Si bien, todo lo anterior está obtusamente relacionado con objetos producto de una percepción sensible, sea el primer caso, o fenómenos, sea el posterior.

Nada de esto es trascendental porque tiene un paso conciente.

Con esto quiero extender la Crítica, y abrir una puerta hacia el sub-conciente, como una posibilidad de adquisición de conocimiento a priori .

Aquí se abre el camino, y antes de llegar al fundamento del edificio, debemos de mirar la ventana bifurcada en el análisis o en la síntesis.

En lo a posteriori o a priori.

Abrimos el juicio, y encontramos que el tiempo (conocimiento a priori), se desfasa a posteriori en intuición y  entendimiento, mientras que el conocimiento ligado por la razón, está fundado a priori.

Aunque el enunciado pasado es correcto, habrá que decir que en una relación lineal temporal, la adquisición del conocimiento a priori es realmente posterior a los subrayados a posteriori.

Esto reburuja el edificio, pero no su composición, ya que en realidad la razón pura, engrane del conocimiento a priori, está en los cimientos.

Situación extraña en la que nos encontramos al preguntar; cómo es que el conocimiento matemático, (mathema), se mantiene como un conocimiento a priori, si para empezar está en los pisos elevados del edificio, y no en el fundamento.

Aunque esto se criticara después, por ahora podemos trasgredir la fina línea que separa aquello puro y trascendental, y hasta me atrevo a decir básico, de lo compuesto, pero también puro y trascendental.

Y esa suave línea no puede ser otra cosa, que la misma existencia.

Si esto no parece lógico, es porque no está ahuecado en la lógica general, sino en la trascendental, la cual, dicho sea de paso, deroga la dialéctica general.

Aquí aparece otra contradicción, pero por ahora hagamos un acto de fe, y continuemos.

Una losa de piso, es al mismo tiempo, una losa de techo.

Bastará pensar que la comunicación del edificio entre niveles, es contigua y relativa.

Efectivamente podemos decir que la escala de conexión, puede comenzar por la sensibilidad, continuar con el entendimiento y terminar con la razón.

Todo los elementos anteriores ligas de unión en el conocimiento final, sea general o trascendental.

A posteriori a priori

Esta clasificación escalar, es categórica, lo que nos indica que los espacios del edificio pueden estar vacíos, si en ellos no se presenta objeto o fenómeno.

Los dichos, revelados por la intuición, de lo contrario, imperceptibles para la escala final: la razón.

Aquí encontramos un hueco negativo en la Crítica, que si bien nunca será revertido, sí ahondado.

Todo lo anterior concluye contradicción.

Este principio es un fundamento básico para aprobar el conocimiento general, más nunca el trascendental,ya que este último no debe de tener contradicción, al ser universal, unitario y simple.

Si es conocimiento empírico podemos subrayar la necesidad y la contradicción. Hablamos del tiempo como un concepto a priori, fundado en la existencia perceptible a posteriori, debido a los objetos y fenómenos. Por lo tanto, el tiempo fue antes del Universo, pero solamente apreciado posterior y presente en Él. Con este correr del reloj, nacen otras creaciones, no tan leales como las del espacio o el tiempo. Dicho sea un refuerzo; no podemos imaginar, ni mucho menos pensar el Universo, sin los conceptos a priori.

 

Odiseo en la corte de Alcínoo - Imagen Pública
Odiseo en la corte de Alcínoo – Imagen Pública

 Dios

Así llegamos a otra creación, quizá más trascendental que las anteriores; Dios.

Ante hecho tan importante, valdrá la pena remarcar la definición de razón pura.

Como ya vimos, es el puente que une el concepto proveniente de la razón, sea sintético y a priori, con lo ahuecado en la pureza o lo trascendental.

Sintetizando lo anterior, tenemos que Dios existió antes del tiempo, con aquellos conceptos puros a priori, aunque solamente pudo ser puesto en la cruz, hasta que alguna intuición (no razón), lo mantuvo, incluso después de haber percibido (no intelectualizado) el tiempo y el espacio.

Sobre un contorno sin espacio, sin tiempo, y por supuesto sin forma, por lo tanto sin materia.

Esta presencia atemporal, aespacial, amorfa e inmaterial, solamente remarcan la definición sin definición de Dios.

La dialéctica nos ha vuelto a dejar embrollados, y sin una luz fija.

De lo anterior, ya se pueden razonar varias cosas; como que Dios es un concepto subjetivo, objetivizado para poder ser alabado.

Como también que proviene de un concepto que hasta el momento no habíamos tocado; el alma.

El alma cumple con las elementos para poder categorizarse como pura; es universal, unitaria y simple.

Siendo así entonces, que si Dios tiene una relación pura con el hombre, debe ser a través del alma, aquello también puro y conectivo con Él.

Surgen conclusiones al pie instantáneas; el cuerpo es el mayor impedimento del hombre para no poder tener unión con Dios.

El cuerpo no es un concepto universal, ni mucho menos simple; por lo tanto nunca trascendental ni puro.

Esto nos deja con un panorama estable en cuanto a la Crítica, pero poco positivo en cuanto a nuestras pretensiones de encontrar a Dios.

Ante esto queda muy claro que el papel del ser humano, nacido del alma, materializado en la imaginación e intuición, es el de limitar el concepto de Dios por medio de la razón, ya que es ella quien tiene la capacidad intelectual para acotar el alcance de Él.

En la razón (por supuesto no pura), Dios es indefinido.

Es lo mismo decir que Dios es infinito a que si lo es indefinido. Absolutamente cierto. Solamente es una manera de accionar la dialéctica fundamental y la imaginativa.

Sabemos que ninguna de las tres palabras anteriores tiene un fundamento real a posteriori.

A priori podemos dudarlo, y ante eso, criticarlo, que es realmente el objetivo primario de la obra de Kant.

No podemos dejar este comentario, sin mencionar la teología, que sea definida como la ciencia que asegura una relación con Dios.

Si es final, llámese teleología. Menciono lo anterior, porque todas las religiones formales del mundo, no solamente aseguran una relación con Dios, sino que esta será final, absoluta y eterna.

Así auguramos un resquicio para tomar de la mano a Dios, y caminar por siempre con Él.

A base de fe, rieles que guían los subjetivos dogmas, y abrazan la paciencia como entendimiento, y sintetizan todo intento de la razón en un desvío a la sinrazón.

A base de lo que sea, siempre trataremos de acercarnos a Dios, y trataremos de encontrar sus huellas empíricamente, en éxtasis o en fervor.

Así trataremos de sacar del mote de noúmeno a Dios, y lo intentaremos colocar como un fenómeno racional y palpable, tanto como la vida misma.

Por supuesto que es un fenómeno y no un objeto vacío de concepto, o peor aún, un concepto sin objeto.

Dios está vivo, está con nosotros, creemos y vamos hacia Él.

Kant sería más equilibrado sobre estas últimas palabras, pero sin duda afirmaría que Dios existe, pero sin saber la razón por la cual lo hace.

 

Escuela de Atenas - Rafael
Escuela de Atenas – Rafael

Crítica

El propósito de cualquier filosofía, no es explicar o establecer por absoluto cualquier modo de pensamiento, sino el integrar en la vida del lector, escucha o pensante, el acto mismo de filosofar.

La Crítica tiene como primer propósito el desatar el sentido crítico en sus lectores.

Por lo tanto, este texto sería vano, si no intento criticar algunos conceptos en él expuestos.

Comenzaré por precisar que la Crítica en estructura general, me parece equilibrada, sosiega y promotora de lo que propone en cuanto a la razón pura. Sin embargo, en ciertas cuestiones particulares, es ambigua y aventurada.

El propósito principal de la Crítica no es construir una nueva doctrina, y me parece muchos más alejada de serlo una ciencia.

Si no es lo anterior, es porque su propósito es destruir las filosofías hechas y profundamente establecidas en el tiempo.

Denoto la palabra destruir, para recordar el analógico de que el pensamiento se caracteriza por ser un sistema arquitectónico.

Lo anterior nos deja con una perspectiva bastante negativa en cuanto al fundamento de cada concepto.

Kant afirma que cada concepto se construye in individuo no in sistema.

Si lo anterior es cierto, estaríamos afirmando que no hay una estructura social de pensamiento, sino individual y particular en cada persona.

Definitivamente niego esta postura por la vía empírica, porque es cierto que no hay ser humano lo suficientemente auténtico y puro, como para decir que no posee principios sociales, no digamos universales.

Bien habrá que delimitar, por ejemplo, que la moral se construye socialmente. Obviamente esta dependerá de la sociedad en específico, pero sea afirmándola o negándola, se sabrá que se sigue.

Surgido el tema, debo rematarlo con otra afirmación del filósofo prusiano, en la que encamina su dialéctica a aceptar que la moral es la base individual independiente para poder ser libres, y así felices.

Bien se sabe, que de manera medianamente subliminal, Kant intenta destruir los fundamentos teológicos de la Iglesia Católica.

Situación difícil de lograr, principalmente porque sus propuestas están muy alejadas y grandiosamente estructuradas, como para ser accesibles en el rubro intelectual de la masa.

Aún así, Kant se para de frente y afirma que la única manera de obtener el único propósito leal de este Universo, valdrá colocarlo en mayúsculas, ES EL DE SER UNIVERSALMENTE FELICES.

Por lo tanto, más que una negación, apoyo el camino que da el filósofo, al suponer que lo que no nos hace libres, es el pensamiento construido en la moral in sistema, cuando debería ser, auténticamente in individuo.

Con esto niego mi comentario anterior en particular, pero vuelvo al primero subrayando que en general es acertada.

El gran dilema de la Crítica, es que los conceptos a priori solamente pueden ser adquiridos por medio de la razón, lo cual, de forma inmediata anula la posibilidad de que sean puros, al menos de que sean sintéticos y no analíticos.

Siendo entonces que los conceptos trascendentales, son imposibles de adquirir por medio de la razón, al menos que sea pura.

Aunque hasta ahora no se ha podido encontrar esa razón que nos lleve a los cimientos invisibles del edificio.

Esto nos lleva directamente a pensar en la mayor prohibición adquisitiva; Dios.

Si Dios no puede ser acertado por la razón, debe de serlo por medio de la intuición.

Lo cual inmediatamente lo aparta de poder ser un concepto puro, más bien empírico a posteriori. Lo cual inmediatamente lo contamina, y regresa al ciclo de concepto vago.

Si lo anterior es cierto, no valdría mayor palabra, que todo fundamente lógico religioso, es completa y absolutamente falso.

Así como toda revelación o mensaje profético, producto de éxtasis o liberaciones mentales, no es más que falsedad.

Lo anterior sostenido en la interpretación, no en el momento puro de expresión desfasado en tiempo y espacio; ya que la interpretación siempre será sesgada hacia el concepto racional establecido, sea dogmático o analítico teológico.

Con esto queda clarísimo que Dios, no tiene cabida ontológica, ni teológica-física, ni cosmológica, y ni mucho menos psicológica .

Esto, en cuanto a la Crítica, más que un avance, es un retroceso.

Afirma que todo en nosotros debe de estar predispuesto al cambio, sea este, como en el caso de Dios, ex nihilo, o sea, en el caso más alentador, crítico.

A manera de finalizar esta opinión, debo de retomar el principio interesantísimo de contradicción, y abonarlo con mi propia crítica.

Kant afirma, desde una postura muy positiva, que el no, individualmente, no existe.

Quizá el infinito es el no de los límites intuidos empíricamente, pero establecido por la razón. Por lo tanto no anulado, sino más bien indefinido sintéticamente a priori.

De lo anterior, el infinito no es ni uno, ni múltiple, como él afirma, sino simplemente indefinido.

Así entonces, toda existencia pura que cumpla con las características de universal, unitaria y simple, no debe de ser contradictoria.

Aceptando esto, tenemos que todo concepto real, no puede ser puro, porque debe de tener su contraparte.

Aquí dicto los siguientes; la luz es un concepto a posteriori por ser un objeto vacío, ya que es inmaterial, y el infinito y el vacío son conceptos (fenómenos) sintéticos a priori, más ninguno de los anteriores son puros.

Entendido lo anterior, tenemos que la primera conclusión que puede ser trascendental, es que para hacer a Dios puro, debemos de quitarle su contraparte, sea cual sea.

Dios es universal, uno y simple.

Tal como nuestra alma.

El Cid en Babel

Estatua del Cid - Imagen Pública
Estatua del Cid – Imagen Pública

por Marcos Solache

Las lenguas están implacablemente fundidas en las sociedades; aunque como es sabido, no hay una sociedad universal, por lo tanto no hay una lengua universal, pero sí ambición humana que desee imponerla.

El latín fue el idioma erudito, y el único formal con el escribían los Reyes y Papas. Con esto queda muy claro, que en aquella época, cualquier otro intento escrito, sería vano, plebeyo y de tal impulcritud, que ningún entendido lo aceptaría.

Conocido es que los cambios son difíciles de aceptar, las transiciones requieren enormes lapsos de tiempo para afianzar la singularidad de algo innovador.

Así debemos de imaginar a los campesinos del siglo IX, haciendo mofa de los dictados omnipotentes del Rey de Castilla, resonando en la misma clase social en el Reino de Navarra o de Aragón.

Se estaba gestando una lucha imperiosa de lenguas, tomando la viveza del todos los días, las pasiones de expresar los problemas con el arado o el ganado.

Estaba pariendo la sociedad, una lengua baja, propia, no de los estudiosos, ni mucho menos de los nobles. Una lengua que tomaba prestado algún influjo del latín, pero sobre todo que iba germinándose en la imaginación del pueblo.

Los juglares fueron los conciliadores verbales de esta pujanza efervescente. De pueblo en pueblo, iban contando las grandes hazañas, las notificaciones importantes, historias inventadas; todo lo prudente y jactancioso que debía saber la masa.

Así fue avanzando y retrocediendo el castellano, dicho sea de paso, que alcanza formalidad hasta que la clase noble, ve en esta ingesta popular, un designo útil para comenzar la dura independencia patriarcal del latín y sus poderosos representantes.

Aunque hay vestigios anteriores y muy puntuales de esta revolución, no es hasta que Ruy Díaz de Vivar, toma su lanza, escudo, espolea a Babieca, y baja de la Torre de Babel.

Trae una tirada de versos, no importa si cuentan sus más importantes hazañas, no importa si Per Abbat fue el amanuense medieval a quien debemos la primera transcripción, ni mucho menos importa si fue el moro jurista Abu-l-Walid al Waqqashi quien se lanzó a importunar al Reino y crear una historia para el pueblo.

Realmente no importa mucho lo anterior, lo que importa es que El Cid, Nuestro Cid, Mío Cid, se impone como el primer intento formal, por hacer crecer una lengua, nuestra lengua.

Estatua del Cid - Imagen Pública
Estatua del Cid – Imagen Pública

 

El Cid y la lira

Un poema, un cantar, una tirada de versos sin pausas modernas, sólo aquella mayúscula inicial en cada nueva estrofa.

Esto me recuerda que el pensamiento humano no es un hilo, sino un telar que se teje por partes separadas. Empezando por la estructura y composición, el Cantar no intenta innovar, sino mantener la tradición francesa, incluso sin preocuparse demasiado, como la moda lo exigía, por la rima y el metro.

Así podemos decir que el Cantar, aunque dividido en tres cantos, dicho sea de esta división una influencia moderna de algunas pausas visibles a las que responde la historia, no tiene más que versos variables, en los que se distingue, en muchos de ellos, la formación de hemistiquios, sea esto en la mayoría de los casos por refuerzos significativos o pares de sinónimos.

Diría entonces, que es una estructura, en términos generales, plana, formal, que si bien tiene cambios abruptos, estos se suavizan con las divisiones modernas del Canto; sin olvidar que la formación primaria responde a la intención principal de la épica, que es resaltar, por medio de la determinada extensión del verso, a partir de la repetición, la heroicidad y valentía de sus personajes.

En la lingüística, podemos decir, que aunque no hay lengua afianzada, ni mucho menos determinante, es interesante el encontrar los vestigios de la evolución, como por ejemplo, los cambios propios del “ai” donde posteriormente hay una “e”, así como señales clásicas, como la “f” por la “h”, o las sibilantes.

Así también hay que mencionar el influjo de arabismos, esto por puntualizar geográficamente la historia del Cid en la costa Suroeste Ibérica; sin dejar los ya mencionados cultismos y los destellos de los futuros pilares, ahora neologismos.

De manera enfática creo que valdría la pena repetir la importancia, más lingüística que estructural, del Cantar; esto porque se percibe el instinto, la duda, los cambios, pero sobre todo se saborea la súbita independencia de una lengua.

Estatua del Cid - Imagen Pública
Estatua del Cid – Imagen Pública

El Cid, el toro, la cruz, y el profeta

Si bien, de buenas fuentes se sabe que los dos primeros cantares, están fidedignamente basados en acontecimientos puntuales reales; valdrá la pena remarcar los adosados modos a los personajes, y algunos hechos precisos, completamente ficticios.

Tales son algunos, como la construcción psicológica del Cid, la existencia como mano derecha del caballero Minaya Álvar Fañéz, o aquél pasaje en que Martín Antolínez juega una treta a los judíos con arcas llenas de arena.

Sean así varias cosas más; aunque debe de subrayarse que no hay otra forma para construir a un hombre leyenda, sino es entre la realidad y la ficción.

Rodrigo Díaz de Vivar, es una imagen que representa la lucha y el éxito, por alcanzar la mayor honra y bienestar, encumbrándose en la clase noble española.

Es el símbolo de un infanzón para algunos, para otros de media cuna, pero siempre con el espacio abierto para poder ganar tantos bienes, mientras la Gracia de Jesucristo y la fidelidad al Rey, lo permitan.

Un hombre en la letra de palabra, valentía, coraje, templanza, sabiduría, respeto, patriotismo. Una serie de valores que por los siglos venideros, el Español tendrá como ideal personalidad a seguir.

Esa enjundia de torero, la misericordia de católico, el respeto por el moro importante, pero la lucha a muerte con el pagano corriente, lo convierten en un ser prudentísimo, equilibrado, sin que alguna pasión lo perturbe en su accionar. Con tantas cualidades, cualquier nación lo querría tener como modelo a imitar. Es un héroe fantástico.

Porque dicha sea la verdad, no existió ese Cid. Rodrigo Díaz fue ciertamente un hombre ambiciosos, pero con todas las cualidades de un soldado; avaro, violento, belicoso. Un hombre que fue no más que el reflejo de la guerra, los anhelos mundanos; atropellando a cualquiera a mañas descaradas, y para ser un líder de la violenta masa, apasionado y fervoroso por cualquier placer.

Esto sin duda lo convierte en un completo imprudente desequilibrado. El Cid es un fiasco. En el siglo XIX, unos seiscientos años después de la muerte de Rodrigo Díaz de Vivar, el Rey Felipe II intentó por medio de don Diego Hurtado de Mendoza, canonizar al héroe1.

San Rodrigo Díaz diría el mausoleo del convento de San Pedro de Cardeña. Quizá más ad hoc a como fue la vida literaria del hombre, que si no pidió que fuera fantaseada su vida, alguien le hizo el favor de inmortalizarlo como una bella mentira.

Estatua del Cid - Imagen Pública
Estatua del Cid – Imagen Pública

El Cid y Babieca

Cualquier ser humano idealiza su vida. Sueña con ser recordado de alguna honrosa manera, tener en presente tantos bienes, que solamente se preocupe por encontrar quien los mire; legar un buen apellido y dejar un hito de vida en las generaciones venideras.

Una vida ideal en el pensamiento e imaginación. En la mayoría de los casos, la vida termina siendo una coladera en la que vemos como llegan los años, y la paciencia y esperanza se van.

Para una vida frustrada y la muerte, no hay remedio; pero sí lo hay para cambiar el completo curso de nuestro recuerdo. La literatura es entonces, la bola de cerilla que no permite escuchar a bien, si lo que nos cuentan, es verdad o mentira. Escribimos, o hacemos que escriban, otra versión de la historia de nuestra vida, esta sí ideal y valerosa.

El Cid se continúo y continúa escribiendo. La historia no terminó cuando sus hijas son señoras de Navarra y Aragón, y se emparientan con los Reyes de España.

La historia hoy continúa en partes arraigadas en cada Español; es el espíritu del caballero quien guía en los momentos cruciales, en los instantes en los que se requiere sosiego y determinación.

El Cid está en cada precisa palabra para salir avante de cualquier adversidad. El Cid es hoy y siempre, el valor de cualquier hombre.

No basta mencionar su importancia lingüística, ética, ni literaria. El Cid y su Cantar se irán rehaciendo con los años, hasta que el castellano desaparezca; y aún ahí, en el supuesto rincón olvidado, de entre las telarañas y los polvos acumulados, resonará Babieca de nuevo, relucirán la Tizona y la Colada, todo para hacer más heroica, la victoria de siempre, del siempre eterno, Mío Cid Ruy Díaz de Vivar.

 

1. Jack Weiner. (2001). El Poema de Mío Cid. El patriarca Rodrigo Díaz de Vivar transmite sus genes. España: Edition Reichenberg.

El dado en la sombra

Dados - Imagen pública
Dados – Imagen pública

por Marcos Solache de la Torre

Poco más de un año antes de morir, Sthépane Mallarmé realizó lo que tal vez nunca se convierta en la siguiente puerta de la poesía.

¿Por qué?.

Porque es absurdo. Es irracional el otorgar la última posibilidad de cualquier hecho o pensamiento, al azar, al fuera de control.

Porque es pesimista el restringir el libre albedrío, y el afirmar que la oposición al Cielo, es como vaciar al vacío, irrisorio, sin sentido.

Porque, nosotros, los humanos, necesitamos un Paraíso lleno de frondosos árboles y cascadas cristalinas, no noticias de parajes desolados, abismos de vorágine y cimas neutralizadas en simas.

Porque vemos en el blanco pureza y paz, no furia, ni rigidez, ni el color del fondo de un naufragio.

Porque creemos que el verso auténtico se posiciona en el espacio libre y superior.

Porque andamos púberes aún, pueriles perdidos sin alma, porque desde niños perdimos la sombra.

Porque esperamos la guía del a Virgen con trompetas y puntos sacros.

Porque controlamos el fuego, y de sus movimientos no escuchamos el destino que el leve viento nos insinúa.

“UN COUP DE DÉS” es la última obra de la que se tiene registro de Mallarmé.

Sentir la verdad es encontrar la muerte.

El dado en la mesa

Dados en la mesa - Imagen pública
Dados en la mesa – Imagen pública

por Marcos Solache de la Torre

Todo pensamiento humano tiene una estructura, aunque sea emitido por una tirada de dados.

Es vano decir que “UN COUP DE DÉS” aunque en principio parezca haber librado cualquier orden, y se defina como determinantemente experimental, no tenga una estructura o patrón de formación.

Ciertamente, como veremos,no es un orden común, y si lo asimilamos como un dado físico, veremos que sus vértices están devastados, al punto de dar la ilusión de que todo lado, en realidad forma parte de otros lados.

Consideraciones Generales.

-El poema tiene 4 tipos, claramente distintos, de tipografía. Aunado a que cuenta con 3 variantes de tamaños en específicos tipográficos.

-El poema tiene claramente 5 grandes pausas, que como nombré anteriormente, son los lados del Dado.

-Cada lado del poema, cuenta con pausas internas y externas.

-Las pausas internas se dividen en menores y mayores. Las menores son las propias de cada verso, entre palabras y enunciados. Mientras las mayores son conjuntos de palabras que se desfasan de la soltura que impone un espacio específico en cada lado.

-Las pausas externas, son los escalones en que claramente se divide cada intención peculiar dentro del lado.

-Como ya se mencionó en otro texto, este poema no cuenta con signos de puntuación.

El sexto lado del Dado, es un espacio peculiar que refleja ventanas a otros lados. Es decir, es un espacio independiente, intercalado entre algunos lados, por medio de reflexiones.

-Hablar de una temática en el poema es complicado, pero aún así, puedo mencionar que el centro del cual gira es, efectivamente, la probabilidad, el azar, y la negación de unpensamiento por muy razonado que se autoafirme, que no esté expuesto a esta fuerzaimposible de acotar.

Con lo anterior, solamente quiero aseverar que “UN COUP DE DÉS” no es un poema hecho en un instante, ni nacido de un impulso. Es un poema que tiene una estructura, si bien extraña ya que transgrede nuestra vista común de lo que es un poema, está ahí, bien cimentada, haciendo crecer el edificio de cristal.

El Dado en el Aire

Dados en el aire - Imagen pública
Dados en el aire – Imagen pública

por Marcos Solache de la Torre

Hoy en día, cualquier lengua que goce de un estructura formal está constituida por tres secciones: la palabra, el signo, y el espacio.

Este último, prácticamente irreconocible por el sentido menos atento; sobretodo por parecer algo inamovible, inalterable, aunque siempre esté ahí, urdiendo y dirigiendo el sentido

Presentando al espacio en términos gráficos, creo que no valdría más palabra que la de vacío.

El espacio es la discontinuidad, la coyuntura entre dos semejantes que no pueden contraponerse sobre sí mismos.

Por lo tanto, el espacio es el hilo invisible que sostiene a cualquier lengua.

En UN COUP DE DÉS, el espacio no solamente separa letras, palabras, párrafos, esto sin sobresaltar que hace la labor entera de puntuación, ya que en esta composición no solamente realiza la parte sustantiva, sino que se devela de manera generativa.

Genera el impulso del poema, la cadencia sin eslabones, los ritmos arrítmicos, los huecos profusos, los blancos que soslayan la nada; tantas tareas contrapuestas, que a primera vista, pareciera que en vez de generar, degenera.

Aunque es un poema con tantas posibilidades, que podríamos decir que el espacio, efectivamente, es quien tuerce y muestra las distintas caras del Dado.

El dado en la mano

Dados - Imagen pública
Dados – Imagen pública

por Marcos Solache de la Torre

En la historia, siempre hay antecesores y sucesores a cualquier hecho. Son importantes sin duda, pero no indispensables para consumar una época. Porque ciertamente, para abrir un nuevo tiempo, solamente se necesita una obra y un autor.

El caso de Mallarmé, y más específicamente de su “UN COUP DE DÉS”, es tan sobresaliente como aturdidor.

A palabras exactas, un verdadero poema, no tiene un propósito en papel, aparece, desaparece décadas, se entiende, se malentiende, pero no se escribe como proemio que tal poema es para embellecer tal o tal otro sentimiento.

La poesía verdadera no tiene sentido, y esa sinrazón es la que la une al más puro sentido.

Si la poesía sigue este camino, absurdo, completamente lanzada hacia el abismo, sin sentido, se une a la absurda, abismal y sin razón de ser, que es nuestra vida.

Si la poesía se une, por el patio de atrás, por donde nadie quiere entrar, a las auténticas, pero a la vez absurdas sinrazones de nuestra vida, la poesía se convierte en vida, y si se convierte en vida, lo es todo, es eterna, infinita, tal cual se propone cualquier poema auténtico.