Archivo de la categoría: Columnas

Nadie

por Robert Walser
Traducción de E. J. Valdés

Érase una vez alguien llamado Nadie. Era miembro de una cofradía de ladrones, tenía una alegre predisposición para ordenar los asuntos financieros de los demás y al momento de robar era un maestro infalible. Podría decirse que entendía el robo de raíz y que su ocupación favorita era la limpieza. Su principal virtud era en una inusual predilección por visitar a los ricos a media noche. Él sentía un peculiar interés por aquellos que forcejeaban con el tamaño de sus ingresos. Su más constante preocupación era aliviarlos de la tremenda carga, de modo que a través de sus prácticas aminoraba sus molestias, les quitaba un peso de encima y disminuía su sufrimiento. La distribución equitativa era su ideal. Había un tal señor Lovengood a quien Nadie hizo una amable y muy exitosa visita. Con ella menguó sus problemas y le ayudó a respirar más tranquilo. Pero el señor Lovengood no sabía apreciar una broma como ésa; él conocía la identidad del ladrón y acudió de inmediato a la jefatura de policía para reportarlo. “Anoche”, dijo, “entraron a mi casa. Fue Nadie. Lo sé”. “Bien”, le contestaron, “si nadie lo hizo no podemos ayudarle. ¿Por qué acudió a nosotros si nadie entró a su casa?”. El señor Lovengood, presa de un considerable alivio tras ser despojado de toda suerte de preocupaciones financieras, tuvo que retraerse. “Nadie estuvo en mi casa. Nadie me robó, estoy seguro de ello”, repitió una y otra vez, pero nada consiguió con todo ese parloteo. Puesto que él mismo dijo que nadie le había robado, así debía ser, por ende todo estaba en orden. El señor Lovengood quedó bastante indignado, aunque cuando menos debía sentirse satisfecho. El ladrón disimuló sus carcajadas tras la manga, no obstante, en una ocasión lo aprehendieron, por así decirlo, y lo encerraron. Entonces su risa se desvaneció.

(1917)

Robert Walser - Imagen pública
Robert Walser – Imagen pública

¡Santos contadores públicos, Batman!

por E. J. Valdés

Este artículo contiene spoilers

Luego de ver en el cine The Accountant, el más reciente largometraje estelarizado por Ben Affleck, mi amigo, el señor Álvarez, señaló que el personaje de Christian Wolff era un mejor Batman que el de Batman v Superman y Suicide Squad, interpretado también por Ben Affleck (el New York Times acaba de incluir estos dos filmes en su lista de los diez peores de 2016, por cierto). Pienso que este comentario fue de lo más acertado, y es que el personaje principal de la película de Gavin O’Connor y Bill Dubuque posee un buen número de tratos propios del Hombre Murciélago, como listaré a continuación.

La identidad secreta

Tras presenciar el asesinato de sus padres cuando era un niño, Bruce Wayne decidió enfrentar al crimen de Gotham y al crecer se convirtió en Batman, cuyas actividades de vigilantismo oculta tras la fachada del millonario, playboy y filántropo consentido de la ciudad. Christian Wolff por igual lleva una doble vida: detrás del contador público que presta sus servicios en un pequeño despacho de Illinois se oculta el misterioso asesor fiscal de emporios criminales. Según nos revela la película, Wolff ha utilizado antes otros nombres para evitar ser detectado, todos en homenaje a genios matemáticos.

The Accountant - Imagen pública
The Accountant – Imagen pública

El entrenamiento superior

Bruce Wayne se preparó durante años para alcanzar un nivel físico y mental casi sobrehumano, cualidad también presente en Christian Wolff, a quien su padre entrenó en distintos estilos de combate desde la niñez y cuyo autismo altamente funcional le confirió un intelecto prodigioso. Así, lo vemos neutralizar a una docena de hombres armados sin un rasguño como el hombre murciélago ha hecho en cómics, películas y videojuegos.

La guarida secreta

Batman utiliza como base de operaciones la Baticueva, construida en los cimientos de la Mansión Wayne; las historietas y sus numerosas adaptaciones nos muestran que allí guarda sus vehículos, artefactos, equipo de cómputo y otras curiosidades. Christian Wolff también tiene un lugar secreto en donde almacena su arsenal y otros objetos de valor, como documentos, divisas y hasta arte: un remolque oculto en un conjunto de bodegas como suelen haberlos en muchas ciudades de los Estados Unidos.

El aliado en la policía

Uno de los principales aliados de Bruce Wayne en su cruzada contra el hampa es el comisionado James Gordon del GCPD, a quien a menudo provee inteligencia que le permite estar un paso adelante de los villanos y ponerlos tras las rejas. Christian Wolff hace prácticamente lo mismo con Raymond King (J.K. Simmons), un agente de la Red de Control de Crímenes Financieros (FinCEN) a quien, en secreto, suministra información de sus clientes. Gracias a ello, King asciende hasta el puesto de director tras asestar importantes golpes al crimen organizado, y así como en algunas de sus encarnaciones Gordon aparenta una cruzada para detener a Batman, King persigue al Contador sin la intención de detenerlo, sino de asegurarse de que su sucesora sea capaz de aprovechar ese cuestionable nexo.

The Accountant - Imagen pública
The Accountant – Imagen pública

El oráculo

En el imaginario de Batman, Barbara Gordon se vio forzada a dejar el rol de Batgirl tras ser baleada por el Joker y quedar paralítica. No obstante, ella permaneció activa en la defensa de Gotham gracias a su genio informático y se convirtió en Oracle, quien al lado de Alfred provee a Batman con inteligencia y labores de espionaje cibernético. En los últimos años, la serie de videojuegos Arkham la presentó como el aliado más valioso del encapotado. No hay que ser un genio para darse cuenta de que Justine (Alison Wright), la chica a quien Christian conoce en el Instituto Harbor cuando es niño, juega un papel idéntico como “La Voz”. El paralelismo con Barbara es tal que las dos están confinadas a una silla de rudas y operan computadoras con tecnología de punta desde locaciones remotas.

El amor imposible

Bueno, en el caso de Batman valdría expresarlo en plural: a lo largo de su historia, se ha vinculado al Hombre Murciélago con varias mujeres sin que en realidad llegue a tener una relación estable con alguna de ellas; Bruce Wayne sabe que en su línea de trabajo eso no es posible. Christian Wolff parece tener una convicción similar, pues aunque es claro que se identifica con Dana (Anna Kendrick),se siente atraído por ella e incluso pone en riesgo su identidad —y la operación entera— con tal de protegerla, decide dejarla atrás luego de resolver lo de Living Robotics. Como nota personal: ese fue uno de los pocos puntos de la historia que rompieron con las películas de acción convencionales, en las que el héroe siempre se queda con la chica.

El aliado perdido

Quizá este punto ya sea un tanto exagerado, pero pienso que Braxton (Jon Bernthal), el hermano de Christian, se equipara un poco a Jason Todd, el segundo Robin que tras una serie de eventos desafortunados se convirtió en Red Hood. Christian y Braxton crecieron y entrenaron juntos, y aunque es visible que las habilidades del primero son superiores, el segundo cierra la brecha con frialdad y agresividad. En algún punto de su historia, los dos tomaron caminos distintos y no supieron el uno del otro hasta el clímax de la película. El momento en el que Christian descubre que el matón al servicio de Lithgow es su hermano perdido me recordó aquella escena en Arkham Knight en la que Batman, tras mucho tormento, descubre que Jason Todd está vivo (aunque estos reencuentros culminan de maneras muy distintas).

Desconozco qué tan consciente esté Bill Dubuque de estos paralelismos, pero me sería difícil creer que se tratara de graciosas coincidencias. ¿Quizá era su deseo explorar el legendario de Batman desde otro ángulo, aterrizarlo en otro contexto? Es probable que nunca lo sepamos. Sin embargo, lo que sí sabemos es que The Accountant tuvo una recepción crítica bastante tibia, y es que a pesar de que la historia y la ejecución tienen cierto encanto, termina sintiéndose como un producto mediocre. Por supuesto que la intención de O’Connor era explotar el actual estatus de Ben Affleck como Batman (hasta los afiches se parecen), pero pienso que buena parte de las malas críticas que obtuvo esta cinta las debe a la asociación de Affleck con un Hombre Murciélago que no convenció dos veces en el mismo año; muchos entraron a esta película predispuestos a odiarla. Creo que Anna Kendrick lo hace incluso peor (en general me parece una pésima actriz). ¿Habría funcionado mejor con otro elenco? Pienso que sí, aunque no cambiaría ni a Simmons ni a Bernthal, pues son geniales. ¿Veremos una secuela de The Accountant? Aunque yo desearía que no, la película hizo dinero, y ya saben que con eso baila el perro.

Éter

por Alejandro Vázquez

Tal parece que el tema ya ha sido tocado en este mismo espacio hace ya más de un año. Pero la verdad, el asunto que me concierne no radica simplemente en ejemplificar posts patéticos, por más divertido que sea.

Ahora no sólo se trata de las fotos de los hijos mal atendidos de tus antiguos compañeros, de hacerse los chingones o de presumir consumos o experiencias: Se trata de los likes, pero no de los likes como simple suerte de fetiche digital, sino como parámetro de la validación propia ante los otros.

Empecemos por donde comienza todo: El post. Un post no soy simplemente yo “compartiendo” un pensamiento o una ubicación: Soy yo queriendo hacerles ver a los demás que existo: Que hago cosas, que voy a lugares, que mis chistes son tan pendejos que son geniales… und so, und so. Y este punto es, en mi opinión, bastante obvio.

Imagen pública
Imagen pública

Y los demás responden con un like: Incluso, si el hecho social lo dicta así pueden incluso responder con un “me divierte” o un “me entristece”. Y es bonito poder compartir cosas y comentar porque qué chingón es vivir en la era de la comunicación y blablá.

Pero hay un problema: La cosa no se queda ahí.

Con el tiempo – o simplemente catalizando prejuicios e ideas sobre la aprobación de los otros -, los posts se tornan en algo en parte triste, en parte siniestro, que podría resumirse en la siguiente frase:

Si sucede en los muros, sucede en las vidas.

Todos nos volcamos hacia la vorágine que representa el post gracioso de alguien más: Todos queremos dar like, comentar de manera “personal” y de compartir. No dudo que en ocasiones con un like se pretenda dar a entender que algo fue, simple y llanamente, gustado. Pero seamos sinceros: Al volcarnos hacia las mil y un maneras de reaccionar ante un post, no solamente decimos lo que literalmente decimos al reaccionar como reaccionamos – lo que en el núcleo está contenido es el ansia de hacerle saber a los demás que nosotros también encontramos gracioso; que nosotros encontramos triste; que estuvimos ahí para darle “me encanta” a un post feliz; que nos dolimos con un “me entristece” ante un post afligido.

Pero al salir de nuestro bello, protegido y amiguero mundo blanquiazul no demostramos ni una mierda de encanto, tristeza o empatía.

Las vidas reales parecen quedar volando ingrávidas e inmóviles si no encuentran su alter ego en sus respectivos timelines.

Imagen pública
Imagen pública

Y al final, la conclusión de la columna no ha cambiado en lo más básico con respecto a la de hace más de dos años: Podemos comunicar muchísimas cosas por Facebook, pero las vidas, las acciones y los otros que verdaderamente importan están allá afuera, más allá de la pantalla – pensar que expresar algo con respecto a otro algo o alguien en la red equivale a hacerlo en vivo sería engañarnos a nosotros mismos.

Allá quien quiera ser una vida por nada.

Suicide Squad/Disaster Squad

por E. J. Valdés

Este comentario contiene spoilers, ¿pero a quién le importa?

Cuando fui a ver Batman V Superman salí encabronado del cine. De Suicide Squad salí disgustado solamente; eso ya es ganancia.

Suicide Squad es escrita y dirigida por David Ayer y cuenta con un reparto de ensamble en el cual destacan Margot Robbie, Will Smith, Jared Leto Joel Kinnaman y Viola Davis. La crítica ya lo ha dicho hasta el cansancio: la tercera entrega del universo cinematográfico de DC no es precisamente la peor, aunque padece de los mismos males que su antecesora: un exceso de personajes sin desarrollo, argumentos secundarios que no van a ninguna parte, mala narrativa y ejecución sub par. El público ha sido mucho más benevolente, y antes de que comenzara la proyección pensé que saldría convencido, como muchos de ellos, de que la prensa fue demasiado dura; que todo mundo amó odiar Batman v Superman y que, como consecuencia, deseaba odiar esta película también. Pero no fue el caso: si el anticlimático duelo entre el último hijo de Krypton y el murciélago de Gotham merecía un 3/10, esta nueva aventura amerita, cuando mucho, un 5/10.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

La premisa ya nos la sabemos: tras la “muerte” de Superman, el gobierno de los Estados Unidos está preocupado por la existencia de otras amenazas sobrehumanas y decide conformar un equipo que sirva como plan de contingencia y chivo expiatorio; un equipo de talentosos villanos que pueda meter las manos donde las autoridades no y asumir la responsabilidad si algo sale mal. Así, Amanda Waller (Davis) propone la creación de la Fuerza de Tarea X y recluta a algunos de los criminales más peligrosos que tiene a la mano, como Harley Quinn (Robbie), Deadshot (Smith), Killer Croc (Adewale Akinnuoye-Agbaje), El Diablo (Jay Hernandez), Captain Boomerang (Jai Courtney) y Enchantress (Cara Delevingne), quienes quedan a las órdenes de Rick Flag (Kinnaman), un militar top-notch especializado en… seguir las instrucciones de Waller, supongo. Este peculiar escuadrón deberá enfrentar una amenaza que el propio gobierno ha traído, sin querer, sobre sí mismo, mientras el Joker (Leto) persigue su propia agenda de manera simultánea.

Como toda película, Suicide Squad tiene sus pros y sus contras. Comenzaré con los pros. Primero que nada, el personaje más valioso de este título (no por nada casi toda la publicidad giró en torno suyo) es Harley Quinn; Margot Robbie hace un estupendo papel dando vida a la psiquiatra convertida en secuaz del Joker y nos brinda una interpretación que a todos nos recordará a esa atractiva, ingenua y peligrosa chica de la serie animada de los 90 y de la saga de videojuegos Arkham (aunque se extraña la vocecilla chillona de Tara Strong). Will Smith también hace un buen trabajo como Deadshot, y no pudieron elegir una mejor actriz para hacer a Amanda Waller que Viola Davis. Estos tres personajes son, por mucho, los mejor escritos de toda la película. El guión es bastante más humoroso que el de Batman v Superman, y eso se agradece después de una película que fracasó en su intento de ser más oscura que Watchmen y la trilogía de The Dark Knight juntas. Hay también algunos guiños hacia la siguiente entrega de este universo (Justice League), mucho mejor ejecutados que las grabaciones que tenía Lex Luthor en su computadora; esta película sí se siente como parte de algo más grande.

Y eso es todo lo bueno que puedo decir al respecto.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Ahora lo malo. Primero que nada: Batfleck. El mismo Batman burdo y torpe está de regreso, y aunque su participación es muy breve, el guión no le ayuda para nada: dos segundos después de que aparece, Deadshot ya le pegó un tiro y lo tiene en el suelo, a su merced. ¡Una niñita tiene que pararse frente a él para salvarlo de otro disparo! Así que va la misma queja que en BvS: Batman no atacaría a un hombre armado de frente, y mucho menos cuando hay un menor a menos de un metro de distancia. ¿De verdad no se le ocurrió otra cosa que llegar y decir: “Eh, Deadshot, estás bajo arresto”? ¡Qué patético! Y luego esa escena en donde persigue a Harley y Joker por las calles de Gotham; en la película anterior no tuvo ningún reparo en utilizar el arsenal del batimóvil para hacer estallar los vehículos de Lexcorp (con lo cual seguro mató a los tripulantes), ¿pero aquí le faltaron los baticojones para hacer lo mismo contra su archienemigo? ¿Ese hombre que estuvo a un instante de aniquilar a Superman quiso asegurarse de a atrapar con vida al asesino de JasonTodd? ¡No se los compro ni aunque lo metan a una caja de FrootLoops!

Eso me lleva a mi segunda queja: Joker. Jared Leto no me parece un mal actor, pero desde que vi su caracterización (para la cual seguro le dieron libertad absoluta) presentí que no me iba a gustar. Mi pronóstico se cumplió. Chris Stuckmann dice que hasta ahora no existe un Joker deficiente en el cine, pero considero que éste es el que más se ha acercado a ese adjetivo; al verlo no encuentro al payaso rey del crimen por ninguna parte, sino a un gánster con una pose de estrella de hip-hop y más joyería encima que Mr. T; un espantoso híbrido entre el Joker de Heath Ledger y el de Mark Hamill; un Joker que no me transmite absolutamente nada con sus escuetas carcajadas.

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

¿Se dan cuenta de lo terrible que se lee eso? En una película en donde aparecen Joker y Batman, ellos están entre los elementos más flojos.

Y si hemos de continuar con los personajes, el resto del escuadrón suicida se antoja gratuito: quita a Killer Croc y Captain Boomerang de la película y no pasa nada. ¿Katana? Lo mismo. ¿Slipknot? ¡Con razón ni se molestaron en incluirlo en la publicidad! En una película cuyo objetivo es hacer que el público sienta empatía por un grupo de villanos, la mayoría de ellos son irrelevantes. Es increíble que entre este elenco menor sólo El Diablo tenga una historia que nos diga quién es, de dónde viene y por qué busca redimirse. En el caso de Enchantress, da la impresión que se pasa media proyección haciendo hula-hula, a su hermano también pudimos ahorrárnoslo, y Rick Flag es opacado por Deadshot como una linterna de mano pierde su haz bajo los rayos del sol.

Eso me lleva a hablar del conjunto de todos estos personajes: el Escuadrón Suicida es como la Liga de la Justicia de los villanos, pero en ningún momento se siente como un equipo; no hay cohesión, no hay vínculos, no se forman lazos de ninguna índole. Incluso, cuando llega la hora del combate final, da la impresión de que son un puñado de personas que no se conocen, no se agradan entre sí y que preferirían estar en cualquier otro lugar y no volver a verse nunca. Sí, ya sé que son los tipos malos, pero no consiguen que se me antoje verlos juntos en otra aventura; denme una película en solitario de Harley Quinn, una de Katana si quieren, e incluso una secuela más de Ocean’s Eleven, pero no me traigan Suicide Squad 2.

La narrativa es un desastre como lo fue en el caso de Batman v Superman: se siente apresurada y muy mal presentada; un segundo tienes a Enchantress y Rick Flag en un apartamento y al siguiente están en las vías del subterráneo sin que te sugieran, cuando menos, que la explicación vendrá después; el escuadrón es recibido por una horda de violentas criaturas tan pronto asoma a Midway City, y poco más tarde entra a tomar un trago a un bar que se encuentra a sólo unas cuadras de una amenaza sobrenatural…

Suicide Squad - Imagen pública
Suicide Squad – Imagen pública

Por último, me parece inverosímil que únicamente la troupe de Amanda Waller haya atendido la emergencia en Midway City; cuando Zod decidió convertir a la Tierra en el nuevo Krypton, Bruce Wayne viajó a Metropolis tan aprisa que olvidó el batitraje en casa; cuando LexLuthor hizo su propia abominación kryptoniana (a Doomsday, pues), Diana Prince dejó el retiro voluntario para esgrimir espada y escudo junto a Batman y Superman; pero cuando una antigua hechicera convierte a civiles inocentes en su ejército de zombis y amenaza con subyugar a todo el planeta, sólo la Fuerza de Tarea X se presenta. Me pregunto qué estarían haciendo Batman, Wonder Woman y Flash en ese momento… En definitiva, no estaban tratando de convencer a Aquaman de que se uniera a su club…

Juro que no entré al cine con la intención de odiar Suicide Squad, pero no puedo pasar por alto el hecho de que es una película un poquito menos mediocre que Batman v Superman. DC tiene planes para su universo cinematográfico los siguientes cuatro años; si Wonder Woman y Justice League resultan igual de malas, quizá esos planes no lleguen tan lejos. ¿Y saben? Lo curioso es que en el terreno de animación sucede justo lo contrario: sus producciones son muy bien recibidas, mientras que las de Marvel son espantosas (basta ver ese horrendo anime de los Avengers). Batman: Assault on Arkham fue todo lo que Suicide Squad debió ser; ¿por qué cintas como ésa, como Justice League vs. Teen Titans, e incluso The Killing Joke —cintas que sí dan resultados— no han de llegar más allá del formato casero? ¿Por qué la necedad de imitar lo que Marvel hace cuando le llevan una increíble ventaja en otro terreno, cuando podrían hacer algo diferente?

No lo entiendo.

Personajes

Por María Mañogil

Los personajes de un relato no son el escritor. Pueden parecerse a él porque son sus creaciones. O pueden no parecérsele en nada, tal y como sucede con un hijo al que engendras. Llevan también algo de cada ser que los contempla. Ya sean dibujos escritos a renglones sobre un papel o garabatos incompletos a los que les falta alma. El alma la aporta quien los imagina, quien los proyecta fuera del libro donde descansan y son arrancados de él. La responsabilidad en lo que hacen esos personajes, de cómo se comportan y de lo que sienten, es a partes iguales del lector y de quien los ha creado.

He visto cómo algunos escritores han sido definidos, de una u otra manera, a través de sus personajes; rebatidos y corregidos desde la crítica por quienes gustan de adaptar el guión del libro a la vida cotidiana. Creo que se han olvidado de lo que les corresponde hacer a ellos mismos cuando deciden leer, que no es otra cosa que permitir trasladar  a los personajes del libro hacia el mundo exterior.

Leer no es repetir mentalmente las frases ya escritas. Es también entrelazar lo escrito con lo no escrito, extraer de cada página todo cuanto hay en ella y mezclarlo con el aire que se respira, con la vida terrenal, con la realidad.

He entendido introducirme en un mundo irreal a través de los cuentos como una forma de explicar que estoy involucrada de lleno en la lectura. Ahora sé que no es así y lo estoy desaprendiendo, porque lo que leo no puede moverse si yo no lo muevo a través de mis ojos. Si yo no camino, todo cuanto se encuentre impreso se quedará allí, atrapado en el fondo blanco de su mundo de dos dimensiones.

Por eso cuando leo me llevo ese mundo al mío. Porque la única forma de asegurarme de que he leído es mostrarle la vida a los hijos del escritor, que ahora también los míos. Liberarlos de entre las páginas y dejar que me acompañen durante mi estancia en la Tierra. Hacer que sientan lo que yo siento, compartir con ellos el tiempo y amarles por quienes son. Enseñarles otro universo que no conocen, permitir que aprendan de él y devolverlos después al cuento, más maduros que cuando los saqué de él.

He comprobado lo poco que se involucra uno en la historia si se limita a introducirse de manera superficial. Los personajes, los lugares, e incluso el tiempo en el que acontece, deben ser transportados hacia afuera y convertirse en nuestros compañeros inseparables a cada momento. Hasta que demos por finalizada la lectura y cerremos el libro para volver a vivir nuestra vida, en solitario. Así funciona leer. Lo demás es sólo repasar letras ya impresas con el puntero invisible de nuestra conciencia.

Ghostbusters y la absurda obligación de ser incluyente

por E. J. Valdés

Ya es por todos sabido que la nueva cinta de Ghostbusters, a estrenarse en julio, ha atraído un odio como no se había visto en los años recientes del cine. Hoy por hoy, el primer avance que mostrara Columbia Pictures es el más denostado de cuantos se pueden encontrar en YouTube, y la conversación en torno al mismo está tan caliente como las llamas del infierno: los detractores, por un lado, dan por hecho que la película será un fiasco, e incluso youtubers como James Rofle han llamado a boicotearla, mientras que otros tantos usuarios afirman que no se puede juzgar la calidad del producto por un avance y que hay que esperar a verla para emitir un veredicto.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

También se ha dicho bastante sobre la decisión de los productores de relanzar la franquicia con un equipo conformado por mujeres, y es justo este punto el que me trae a escribir estas líneas: muchos defensores de la cinta sostienen que la reacción al avance ha sido machista, que todo aquel al que le desagrada es un misógino que no tolera ver a un cuarteto de féminas hacerse de los uniformes y los proton packs. Absurdo; a todos ellos les diría que antes ya hubo una chica en las filas de los Cazafantasmas: Kylie Griffin, en la serie animada Extreme Ghostbusters (la cual, por cierto, sí servía como secuela a las dos cintas originales).

No, el coraje de los fans hacia esta nueva producción no tiene que ver con un conflicto de género, sino con lo que el estudio y el director han hecho con una de la franquicias más queridas del cine y la animación; Ghostbusters y su secuela de 1989 fueron comedias brillantes, mientras que la nueva… Vaya, parece cualquier otra película de Melissa McCarthy, con un humor tan burdo y simplón que hasta da pena.

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Sin embargo, ha poco me topé con un comentario que sí denosta al elenco femenino, y éste fue escrito por una mujer. Pero no se emocionen, pues la que pudiera escucharse una opinión interesante es en realidad una de las más estúpidas que me he topado al respecto: Janessa Robinson, de The Guardian, afirma que la cinta no es incluyente porque no hay mujeres latinas, asiáticas y nativas americanas en el equipo. También señala racismo implícito en el personaje de Leslie Jones, pues no sólo es la única Cazafantasmas afroamericana, sino que es la única que no tiene un grado académico. Me queda claro que Robinson no ha visto las películas anteriores, pues, si no me falla la memoria, en el equipo original también había un solo integrante afroamericano (Ernie Hudson) y éste, a diferencia de sus compañeros, no era un científico. Y tengo la certeza de que nadie llamó racistas a Dan Aykroyd ni a Harlod Ramis, ni les reclamó la ausencia de Cazafantasmas filipinos, iraquíes o salvadoreños. Y eso fue porque ellos escribieron así a los personajes. Punto. Tal parece que hoy toda película debe tener una cuota de minorías para ser socialmente aceptable.

Según lo razona Robinson, era obligación de los escritores inventar a una Cazafantasmas latina, a una Cazafantasmas asiática, a una Cazafantasmas india, a una Cazafantasmas lesbiana, a una Cazafantasmas musulmana, a una Cazafantasmas madre soltera, a una Cazafantasmas adolescente embarazada, a una Cazafantasmas vegana y a una Cazafantasmas transgénero para que todos se vieran representados. ¡Qué estupidez!

Ghostbusters - Imagen pública
Ghostbusters – Imagen pública

Lo peor del asunto es que tal parece que opiniones como la suya son las que ahora regulan a Hollywood, pues no sólo una queja de Will Smith puso en jaque la última ceremonia de los Academy Awards, sino que ahora hay movimientos que pujan porque el siguiente James Bond sea interpretado por una mujer o porque en la próxima entrega de Star Wars se revele que Poe Dameron es homosexual. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cuál es el problema con aceptar a los personajes como los escribieron sus creadores? Considero que ellos no tienen la obligación de dar gusto a todo mundo, porque si así fuera, yo quiero que revivan Beverly Hills Cop con un actor blanco en lugar de Eddie Murphy, o que hagan de nuevo The Fresh Prince of Bel-Air con una chica rubia en lugar de Will Smith. ¿Cuánto apostamos a que eso no sería llamado inclusión?

Quiera Júpiter que esta Era del absurdo en el cine en pos de la inclusión termine antes de que nos llegue el remake de El Padrino con una afroamericana lesbiana en el papel de Vito Corleone, o la nueva biografía de Rosa Parks con Woody Harrelson en el papel estelar.

Las ciudades invisibles, de Italo Calvino

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Hace unos meses me di la tarea de comenzar a aprender italiano, en parte por la relativa facilidad que presenta el aprendizaje de este idioma y en parte para poder leer a uno de mis autores favoritos en su idioma original: Italo Calvino.

Me di así a la tarea de volver una de sus obras más célebres Le città invisibili o Las ciudades invisibles. Calvino toma como base para su argumento la vida del célebre viajero Marco Polo. En la obra, el mercader veneciano se encuentra en las cortes de Kublai Khan para realizar una crónica de las ciudades que ha visto, pero que el soberano sólo cree intuir puesto que nunca ha abandonado los límites de su palacio.

Las ciudades relatadas por Marco Polo son compendios de otras ciudades, ciudades hechas de otras ciudades, pasadas y futuras, ciudades posibles, soñadas o sólo imaginarias. El libro las agrupa en distintas clases de acuerdo a los principios bajo las cuales fueron concebidas: la memoria, los signos, el deseo, la muerte, el cielo, los nombres o el intercambio.

Calvino se preocupa por cada una de las palabras que usa en su prosa, ello confiere una gran capacidad de síntesis en un texto que a pesar de su brevedad logra encerrar universos enteros. Las descripciones del autor no muestran, evocan y trazan significados como calles que pueden recorrerse una y otra vez hasta multiplicarse en nuestra memoria.

El lector se pone en el papel del Khan para escuchar el relato de Marco Polo sin lograr adivinar el mecanismo de sus palabras:

El Gran Khan descifraba los signos, pero el nexo entre éstos y los lugares visitados seguía siendo incierto: no sabía nunca si Marco quería representar una aventura que le había sucedido durante el viaje, una hazaña del fundador de la ciudad, la profecía de un astrólogo, un acertijo o una charada para indicar un nombre. Pero por manifiesto u oscuro que fuese, todo lo que Marco mostraba tenía el poder de los emblemas, que una vez vistos no se pueden olvidar ni confundir. (p.37)

El Khan de la misma manera que el lector se da cuenta que es imposible conocer del todo las ciudades, incluso toda una vida no basta para conocer una, sólo a través de los emblemas, de signos ambiguos, de libros como este nos hacen acercarnos a un misterio que existió antes que nosotros y continuará su existencia ya sea más allá de la muerte o de nuestros sueños.

Lightning para Louis Vuitton

Traducción por E. J. Valdés

El mundo de la moda es espacio de toda clase de excentricidades, y una de las más recientes corresponde a la firma francesa Louis Vuitton que, a finales de 2015, presentó a Lightning, la heroína de los videojuegos Final Fantasy XIII y Lightning Returns, como el rostro de la más reciente colección de bolsos diseñados por Nicolas Ghesquière. De esta manera, el aclamado personaje de Square-Enix se ha convertido en el primero que incursiona en este terreno para sorpresa de críticos y consumidores. Las reacciones de la comunidad gamer, sobre todo de quienes siguen con entusiasmo una de las más exitosas franquicias de RPG’s, no se hizo esperar y ha sido bastante dividida: algunos han aplaudido la arriesgada e inusual campaña publicitaria y otros (quizá la mayoría) rechazan la banalización de uno de los personajes más queridos de la serie.

En lo personal, me parece una jugada un tanto absurda de parte de las dos empresas; ¿quiere Square-Enix acercar sus videojuegos a los opulentos clientes de LV o quieren éstos llevar sus carísimos productos a los jugadores? Si me lo preguntan, es como echar una bola de helado encima de un pollo rostizado; una cosa no va con la otra. Al mismo tiempo, creo que es una interesante manifestación del poder y alcance que ostenta actualmente la industria del videojuego, la cual se ha posicionado como la más lucrativa en la esfera del entretenimiento, incluso por encima de la música y el cine. Hace veinte años una marca de lujo como Louis Vuitton jamás hubiera tomado una decisión así; ¿significará esto que en adelante veremos a Mario ofreciéndonos el nuevo Toyota, a Link diciéndonos cuál es el mejor pan del supermercado, o a Sonic recomendando que nos inscribamos a un gimnasio? Francamente, espero que no, y deseo también que no ocurran cosas como la que informaré a continuación.

Aprovechando el ardid mediático en torno a esta “modelo virtual”, el Daily Telegraph publicó en su portal una entrevista realizada a Lightning por su editora de modas, Olivia Lidbury, en la cual la heroína de FFXIII habla de lo bien que se siente utilizando ropa y accesorios de cientos y hasta miles de euros. Bien amerita un facepalm, ¿no? Aquí la tienen traducida en su totalidad:

¿Es esta tu primera campaña? ¿Cómo te sientes siendo parte de la familia de la moda junto con Jennifer Connely, Michelle Williams y Alicia Vikander?

Ellas están en un mundo completamente distinto. Me siento parte de la familia, pero tengo mucho qué aprender para alcanzar a estas mujeres radiantes que están a años luz de donde me encuentro. Espero que algún día podamos compartir el mismo escenario, que diferentes mundos puedan unirse. Pero, ¿quién sabe? Quizá eso es ambicioso incluso para mí. Por fortuna, no me doy por vencida. Una de mis fortalezas es la experiencia. No soy ajena a superar retos y terminar lo que me he propuesto. Puedo encarar cualquier tipo de prueba siempre y cuando recuerde las siguientes palabras: “no es cuestión de poder o no poder. Algunas cosas en la vida sencillamente las haces”.

¿Qué piensas de la visión de Nicolas Ghesquière y sus colecciones? ¿Te identificas en sus creaciones?

Aunque su estilo era nuevo para mí, en el momento que puse los ojos en su colección sentí que como si me golpeara un relámpago. Supe que con aquello la gente podía cambiar. Que yo podía cambiar. Resultó que tenía razón. Su colección me llena de una sensación de orgullo y serenidad. Todo este tiempo creí que el único estilo que iba conmigo era el que reflejaba quién soy: dura y fuerte. Pero me equivoqué: él cambió la manera en que me veo a mí misma. Quizá finalmente estoy aprendiendo quién soy en realidad.

¿Qué se siente convertirse en una embajadora de Louis Vuitton?

Mi ropa no era más que una armadura que me mantenía con vida; “arreglarse” era un concepto que no conocía. Quizá eso me hacía una improbable opción de embajadora. Pero esta experiencia me ha abierto los ojos. La moda no es algo que te brinden o te enseñen; viene de tu propio gusto y tus propias elecciones. Proyecta la esencia de quién eres a las personas que te rodean. Me emociona; es una sensación similar a cuando me aventuro en tierras desconocidas. Es un estremecimiento que yo, que he enfrentado mi parte de peligro, jamás había experimentado. Louis Vuitton es una nueva aventura —una nueva fantasía— que disfrutaré desde el fondo de mi corazón.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora estoy descansando tras una larga aventura. Mis días son pacíficos; lo que siempre he soñado. Espero que sean así un largo tiempo. Pero siempre busco dar más de mí, superarme. A veces siento el impulso de jugarme la vida de nuevo y probar mis límites. Un día no muy lejano estaré allá afuera de nuevo, en un mundo de contienda. Pero no seré la misma persona que era antes. Volveré a mis orígenes, como una banda de Möbius, pero seré una nueva yo, una que haya evolucionado. Ansío el día en que nos volvamos a encontrar.

***

Cabe señalar que ésta no es la primera vez que Square intenta llevar a uno de sus personajes más allá de los videojuegos, pues en 2001 quisieron hacer de Aki Ross, la protagonista del largometraje Final Fantasy: The Spirits Within, la primera “actriz virtual”, es decir, que interpretara diversos papeles en cintas animadas. Aquel mismo año, Aki posó para una edición de Maxim, y en 2002 obtuvo el que sería su primer rol fuera del universo de Final Fantasy en el corto Final Flight of the Osiris, producido para la colección The Animatrix. Puesto que Square suprimió su división de películas tras el pobre desempeño en taquilla de The Spirits Within, los productores terminaron por utilizar a un personaje más o menos parecido llamado Jun y la doctora Aki Ross quedó solamente en el recuerdo.

¿Le deparará el destino algo parecido a Lightning?

Las tres de ley

por Gerson Tovar Carreón

No juegues limpio.
No idealices.
Ni esperes mucho.

No sé cómo escribir esto; en realidad, no sé escribir bien, tengo muchas faltas de ortografía y no siempre estructuro bien mis ideas. Los títulos de mis textos rara vez concuerdan con su contenido. Como en este momento, ya que lo que escribiré no tiene nada que ver con el título, simplemente me pareció uno bueno; pero no importa, porque existe tanta basura publicada y un poco más no hace daño.

Comenzaré entonces. Empecé a escribir hace dos años, pienso he adquirido un poco de experiencia en esto. Sólo un poco. Me gusta ordenar mis ideas, no siempre puedo; sin embargo, el escribir me ayuda. Recién leí un texto de B, no lo conozco bien, y pienso él sabe más que yo de “la palabra” y su implicación en el papel impreso y en el internet. Y no me gustó su texto, me pareció aburrido. No diré más, ese texto se describe con esa sola palabra. Esta es mi problemática… ¿importa mi opinión? ¿sirve de algo que le diga que su texto apesta cuando no tengo la experiencia de él? ¿alguien le dijo a Rulfo, Borges o Hemingway qué escribían mal, y mejor se dedicaran a la contaduría de una panadería? ¿B realmente es escritor o sólo le gusta recibir atención y becas? Por un lado, según la posmodernidad, todos tenemos la capacidad de opinar, y eso es lo malo. Basado en este argumento, mi opinión no importaría. Pero no me interesa, hablo y escribo porque sé que el otro está mal y odio dejar que su error no tenga alguna buena burla. Se lo merece.

Escritura - Imagen pública
Escritura – Imagen pública

Por otro lado, hay quienes confían en mis juicios como J. Él me ha pedido mi opinión un par de veces, y me gusta leer sus textos, me parecen brillantes, aunque no me gusta su exceso de palabras como: me caga, es pendejo, es estúpido, de la verga, pedo, culo, caca… exagero un poco al final de la lista, pero me parece que sus textos son honestos y reflejan lo jodido y gracioso de la vida. ¿A dónde voy con todo esto? La verdad no estoy seguro, sólo dejo que el ser se despliegue en las teclas. Intentaré ordenar mis ideas de nuevo. ¿Debería decirle a B que apesta su texto? ¿Servirá de algo? ¿Me dirá que coma popo? Correré el riesgo, iré con B y le diré: “Man, tu texto es una mierda, si la mierda estuviera escrita seria como ese cuento feo tuyo, la mierda huele mejor que tu texto” … Miraré a B a los ojos, sonreiré y daré la media vuelta. Me colocaré mis audífonos y escuchare Black Star de Bowie, no es un buen disco, pero fue el último. Te extrañaremos gran D.