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Cuando privatizaron la gravedad

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

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Gravedad – Imagen pública

A fuerza de gastar el campo gravitatorio de la Tierra, la fuerza de atracción se desgastó como el dobladillo de un vestido de gala que se ha usado en numerosos bailes. El proceso fue lento, como suelen ser los eventos que marcan el Cosmos.

Pronto los pequeños objetos como las cucharas y las monedas se elevaban con la pericia de una anciana sobre las cabezas que miraban impertérritas el curioso efecto. Los objetos más grandes se vieron afectados posteriormente por el mismo fenómeno, se soltaban de las manos, de los estantes, se desligaban de la costumbre ancestral de la gravedad para subir como burbujas. Fue incómodo al principio, pero pronto nos habituamos.

Y ya no nos sorprendía que la mitad de la taza de café se encontrara danzando en el vacío. Aumentó conforme pasaban las semanas, los meses y los años. Nos la ingeniamos con imanes, con recipientes sellados, con clavos y lazos, con un poco de pegamento fijábamos los muebles de la sala, crucificamos los relojes a las paredes, pero al poco tiempo los científicos, recluidos en oscuros laboratorios inventaron dispositivos que proporcionaban efectivos campos gravitatorios, lo suficientemente fuertes como para que todo volviera a la anormalidad normal del mundo. Se fijaron a perpetuidad a la Tierra los lagos y los rayos y las montañas y los animales y los edificios de forma gratuita y universal.

La esencia del hombre es siempre volátil, y ello quizá explica por qué los científicos no lograron fijarnos a la Tierra de una vez por todas. Había que renovar el proceso gravitatorio y esto era caro. Surgieron compañías que proporcionaban éste servicio, y casi todas ellas se nacionalizaron, casi todas. Pero había ciertos países en los que no fue así, digamos que no se pudo fijar precios estables, había corporaciones que promocionaban un proceso gravitatorio durante un año, otras en las que sólo pagabas por la gravedad que quisieras usar, en fin, las compañías aseguradoras incluían en su lista pagos por objetos perdidos en la infinitud del espacio o para aquellos cuyo proveedor de gravedad no cumplía con el servicio requerido.

Hubo demandas, demasiadas, contra aquellas compañías que no lograban proporcionar un servicio completo, uno podía estar en la calle caminando tranquilamente o sentado en la terraza de algún restaurante cuando sentía un temblor de pies, un picor en la nariz y comenzaba a flotar con la gracia de una nutria, como un globo de helio que renuncia a la seguridad de las manos de un niño, uno veía como se alejaba perezosamente del suelo y admiraba como su cuerpo adoptaba una postura fetal.

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Gravedad – Imagen pública

El proceso de captura era bien difícil, uno no siempre estaba seguro de que lo habrían de capturar antes de llegar a la estratósfera. Fue en estos días cuando se hizo famoso el oficio de pescador de hombres, ellos se servían de arpones de plástico, de salvavidas morados, de largas cuerdas de cáñamo y poleas automáticas, la pesca de hombres era un oficio que exigía la misma fuerza de brazos que la que tiene cualquier marino ballenero y la agilidad de un acróbata ruso. Los procesos de captura no siempre eran efectivos y no siempre se tenía la seguridad de tener a un pescador a la mano. Cualquier persona que se encontrara sola, cualquiera que rondara solitario por los prados y sufría un proceso de ingravidez tenía una muerte segura, con mucha tristeza veíamos en los noticieros como las personas se alejaban de la faz de la Tierra, las cámaras de los satélites mostraban impotentes la recepción de cualquier persona a la oscuridad del espacio.

Pasaron los años, se hicieron reformas, se incluyó en la Declaración de los Derechos Humanos el derecho a la gravitación universal. Pero no todo fue así, las compañías pagaban concesiones a los países para seguir trabajando. No estuvimos exentos de huelgas, de marchas que exigían el derecho innato de caminar sobre el suelo, pero todo esto tuvo resultados inciertos, o más bien ambiguos, nunca queda claro el lenguaje de los legisladores, de haber sido claro ya habríamos demolido los palacios de justicia. Bajaron las tarifas, subieron las tarifas, inflaron las tarifas, impusieron las tarifas de forma lenta, de forma callada y paciente como sólo puede hacerlo un hongo en un gran árbol.

A todo uno se acostumbra. Pagamos por la gravedad como uno paga por el pan que come y el transporte que lo lleva a casa todos los días. Olvidamos todo este lío y nos tragamos la sopa de que siempre pagamos por la gravedad, que no existió Newton y que lo primero que hizo la primera ciudad de Mesopotamia fue pagar a las compañías gravitatorias por su ración anual de gravedad.

Había grupos disidentes, ¡claro que los había!, se llamaban los ingrávidos y no volverían a tocar el suelo hasta que el sistema de gravitación se volviera universal y gratuito para todos, muchos los tacharon de socialistas, de sibaritas, de estoicos, de demagogos, de quijotes, de absurdos y de locos. Pero sabían ingeniárselas bien, al principio fue difícil, pero pronto aprendieron a andar con largas cuerdas que se extendían metros y metros a manera de cordones umbilicales y con mecanismos propios de una caña de pescar. Extendieron su imperio de cuerdas y travesaños por encima de nuestras cabezas que rara vez se alzaban para mirar al cielo. Unos cometieron errores fatales, accidentes que terminaban en los cables de alta tensión, pero pronto conocieron la forma de evitarlos. Andaban con paso cuidadoso sobre las cuerdas colocadas entre los balcones de las casas, caminaban con el paso de funambulista, de equilibrista inverso, adquirieron fama en los circos, eran hábiles carteros, limpiadores de ventanas de rascacielos e instaladores de antenas televisivas.

Un día se presentaron resignados en todas las plazas, vestidos de blanco y con alas de pájaro coloridas, eran los suficientes como para ocultar el cielo nebuloso. En medio del silencio expectante decidieron abandonar sus cuerdas, se liberaban de la Tierra plácidamente, pronto los vimos surcar los aires, vimos que movían sus alas como en otro día lo hicieron Dédalo e Ícaro, pero esta vez eran más. Y las señoras salían a sus balcones para ver cómo se confundían con el blanco de las nubes, su salida era silenciosa, incluso puede decirse que fue feliz, nadie se preocupó por pescarlos, nadie se sintió tentado a detener su caída inversa, todos los mirábamos y se perdían lentamente y flotaban libres como las cipselas de un diente de león, como los copos de una tormenta de nieve en plena primavera. Nos hubiera gustado saber qué pensaban mientras se extraviaban entre las nubes, pero sí supimos de inmediato que ese era el suicidio más hermoso del mundo. Entonces quisimos acompañarlos, deseamos volar y extender nuestras alas artificiales, ¡carajo!, huir del ruido, de la plasta en que se volvía el mundo, pero nos dimos cuenta demasiado tarde de que habíamos pagado para estar atados a la Tierra.

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En tierras bajas

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

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En tierras bajas – imagen pública

Silencio. Hay que acallar los pensamientos. Silencio. Tenemos que aprender a escuchar el desolador lenguaje del tiempo. Silencio. La melancólica prosa de Herta Müller exige enmudecer el mundo para adentrarnos al pueblo de los desposeídos, a la aldea gris de la inocencia olvidada. Silencio. Hay que descender a las tierras bajas donde el sol no penetra y nuestra carreta ya no puede avanzar por el camino cubierto de lodo…

Son quince los cuentos que recoge Herta Müller en su libro titulado En tierras bajas, que publica en el año de 1984. Las narraciones son de extensión breve, a excepción del cuento En tierras bajas que ocupa más de la mitad de la extensión del volumen. Son narraciones sin narración, el hecho tratado se asoma tímidamente en el yermo bosque de una descripción lenta y poética. La prosa posee un fuerte sabor a poesía que modela el tono general del texto. Oraciones pausadas, limpias y que parecen entenderse simultáneamente como versos. Las imágenes que se nos comparten son de intenso carácter onírico:

“Papá es nuestra alma muerta. Papá tiene hoy su día de fiesta y pasa bailando a la orilla del pueblo. […] Papá pega sus muslos contra una nube de damasco negro mientras baila un tango opresivo”. (pág. 146)

Su prosa ultiliza recursos estilísticos de la poesía, como la repetición de palabras y oraciones, uso constante de la metáfora en una estructura minimalista que implica también una personificación de la vida rural en la que viven los personajes.

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Herta Müller

El ambiente onírico se alterna con una descripción precisa y fría de la vida en el campo. Un ambiente íntimo y familiar sirve de marco para cada cuento, en el cual se desarrolla el drama cotidiano de los pequeños hombres sin voz, de los pobladores de un país en medio de la posguerra. La voz de la mujer está siempre presente, es notoria y expresiva, desgarradora y distante. Casi todas son narradoras, en muchas de ellas son niñas que se mueven en un mundo extraño donde cada paso es una revelación, vislumbre de una realidad fragmentada.

Los críticos han insistido en que los campesinos de Müller son los de la dictadura de Ceaucescu en Rumanía, pero lo cierto es que las narraciones (salvo quizá “La oración fúnebre) se encuentran libres de manifestaciones políticas explícitas. Por lo tanto los temas, puede decirse, son de carácter universal. Nos encontramos ante retratos desencarnados y honestos de una sociedad marchita desde la raíz:

“Jugamos a marido y mujer. Yo me meto los dos ovillos de lana verde debajo de la blusa, y Wendel se pega su bigote de lana de oveja verde. Jugamos. Yo lo riño porque está borracho, porque no trae dinero a casa, porque la vaca no tiene pienso, y le digo que es un grandul y un cerdo y un vagabundo y un borracho y un inútil y un granuja y un puñetero y un cabrón. Así es el juego. Me divierte y es fácil jugar. Wendel se queda en silencio”. (pág. 120)

Pese a esto los cuentos no caen en la sátira o en la alegoría de denuncia, su estilo poético refleja una constante exploración del lenguaje y una preocupación sobre la manera adecuada de contar una historia, de pintar una escena.

El libro fue censurado en Rumanía, pero vio a la luz de forma íntegra en Alemania debido a las fuertes críticas que recibió el cuento “El baño suabo”. No nos extraña, no es un libro que resulte cómodo por su honestidad incluso cínica, pero no por ello lo podemos desvalorizar, Herta es una escritora de gran sensibilidad poética que puede pintar obras maestras con sólo un poco de gris y silencio.

Entrevista con Katerina Kolozova

Traducido por Victoria Sandoval

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Katerina Kolozova – imagen pública

Katerina Kolozova es la directora e investigadora superior del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades (Institute of Social Sciences and Humanitie – Skopje), profesora de filosofía, estudios de género y teoría sociológica en la University American College-Skopje, es también profesora de estudios de realidad, medios globales y cultura en la facultad de medios y comunicación en Belgrado. Tiene un doctorado en filosofía y también enseña en varias universidades en lo que antes era Yugoslavia y Bulgaria (Universidades de Skopje, Sarajevo, Belgrado y Sofia).

Durante 2009 – 2009 Katerina Kolozova daba clases en el departamento de retórica, programa de teoría crítica de la Universidad de california – Berkeley. Es la autora de The Lived Revolution: Solidarity with the Body in Pain as the New Political Universal” (2010), “The Real and ‘I’: On the Limit and the Self” (2006), “Conversations with Judith Butler: The Crisis of the Subject” con Judith Butler y Zarko Trajanovski (2002), “The Death and the Greeks: On Tragic Concepts of Death from Antiquity to Modernity” (2000) y editora de numerosos libros en los campos de estudios de género y teoría feminista, entre los cuales se encuentra uno co-editado con Svetlana Slapshak y Jelisaveta Blagojevic “Gender and Identity: Theories from/on Southeastern Europe,” Belgrade: Belgrade Women’s Studies and Gender Research Center and Athena Network, (2006). También es Editora en jefe de el diario de política, ciencia y cultura “Identities,” miembro de la Sociedad no-filosófica (ONPHI), de AOIFE y de la Red europea de gérero y estudios de la mujer -ATHENA.

¿Cómo decidiste convertirte en profesora de universidad? 

Cuando era estudiante, lo que quería hacer (y seguí queriendo después de graduarme) era simplemente convertirme en estudiosa, dedicarme al estudio de la filosofía, idiomas y lingüística, psicoanálisis y religión. No tenía planes precisos en términos de una carrera que cumpliera con ese deseo, pero no cabía duda de que necesitaba encontrar un trabajo en la academia para poder ser capaz de buscar una beca. Detesté el hecho de que, para legitimizar una beca de trabajo, ésta debía ser profesionalizada y ser dirigida a un profesor o investigador de una universidad, que tuviera un puesto en la institución académica. Pese a ello, yo supe que debía convertirme en académica para asegurar que mi trabajo “contara”, en el sentido en que pudiera recibir voz y visibilidad. Es sabido que el acceso a becas, a buenas bibliotecas, a la interacción con estudiosos que te importan, son todos “privilegios”, no simplemente derechos, condicionados a ser parte de una institución de educación superior, ya sea como estudiante o como profesor. Esto significaba que yo debía perseguir una carrera como profesora universitaria. De cualquier forma, en mi juventud yo no me veía como una futura profesora, más bien me imaginaba como investigadora y escritora. Yo deseaba poder trabajar como una estudiosa independiente en vez de una afiliada a una institución de educación superior.

¿Quién ha sido la mayor influencia o el mentor que has tenido dentro de tu trabajo y tu carrera?

He tenido la suerte de conocer y de trabajar, tanto formal como informalmente, con personas que han sido las mayores influencias en mi vida y en mi carrera. Cuando tenía 26 años fui alumna, en el doctorado, de Jean Pierre Vernant (como mi supervisor de tesis) quien fue y aún es una de mis más grandes influencias en el campo de estudios de la Grecia antigua y, en particular, tragedia y filosofía. Éste fue mi segundo doctorado, parte de un programa establecido entre ISH-Ljubljana y EHESS-Paris (Centre Louis Gernet). Nunca terminé aquél segundo doctorado (fue formalmente transformado en un “programa de investigación doctoral” y yo continué como estudiosa interina en el EHESS-CLG y el Colegio de Francia). Pero lo que importa es que tuve el privilegio de trabajar bajo la supervisión de Jean Pierre Vernant. Mi segunda supervisora de la misma tesis fue Svetlana Slapsak del ISH-Ljubljana, quien ha sido una de mis mentoras en el área de estudios de género y estudios Balcánicos. En 2009 hice un post-doctorado bajo la supervisión de Judith Butler en la Universidad de california UC-Berkley, Judith ha sido una de las más grandes influencias filosóficas en mi trabajo y una de las personas más inspiradoras que he conocido. Finalmente, y durante los últimos diez años, François Laruelle ha sido mi mentor, mi amigo, y mi modelo intelectual y filosófico a seguir. Él ha tenido un rol más “pasivo” en mi formación, en otras palabras, se ha puesto a mi disposición en términos de intercambiar ideas y proveer apoyo sin la pretensión de enseñarme.

¿Qué efecto tiene la era de la información en la universidad y en la pedagogía?

Yo comencé mi carrera en la “era de la información” y no puedo concebirla de otra forma. También conduje mi investigación de graduada a finales de los 90’s, lo que implica el uso del internet. Supongo que la era de la información puede democratizar el conocimiento radicalmente y crear espacios y formas de autoridad intelectual, mismos que no deben ser necesariamente instituciones de educación superior. Este potencial aún está lejos de ser actualizado.

¿Cuál es el estatus de las disciplinas hoy? ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de los estudios interdisciplinarios?

Creo firmemente en la interdisciplinariedad, o más bien: no creo en las especializaciones disciplinarias. Creo que una disciplina académica es un producto político-económico de las instituciones académicas y que se imponen fronteras estrictas por razones institucionales.

¿En qué te encuentras trabajando actualmente?

Estoy trabajando en una lectura cerrada de los textos de Marx, trato de expandir la idea de radicalización de los conceptos que se encuentran en algunos trabajos de Francois Laruelle.

En Lo real y yo usas el trabajo de Francois Laruelle como punto de partida para producir un trabajo que toca la política y la teoría feminista. ¿Puedes explicar por qué Laruelle es importante para ti? 

Laruelle me provee de posibilidades conceptuales o metodológicas de producir trabajo teórico sin adherirme a ningún legado filosófico en particular, me permite hacerlo sin ser arbitraria o voluntariosa. Su filosofía no estandarizada le permite a uno usar como recurso material derivado de filosofía que no tenga la aprobación de un marco explícito que crea una escuela filosófica o una autoridad para los conceptos que en ella se manejan. Esta no-filosofía ofrece métodos para pensar rigurosamente en realidades y discutir ideas filosóficas. Los métodos de esta cuestión son similares a los de la ciencia por la virtud de ser “tradicionalmente empobrecidos” y también por la virtud de sucumbir a la autoridad de lo real en vez de a la autoridad de la enseñanza o a una gran figura filosófica. La estancia de la teoría no filosófica me ha permitido pensar en la filosofía feminista postestructuralista en formas que pueden considerarse heréticas respecto a lo que se ha desarrollado en su metafísica (aunque en la forma de anti metafísica): la creencia en la dedicación reverente a la idea de multiplicidad (que precede a cualquier relevancia al intento de pensar en términos de singularidad), cancelando fuera de la real o absoluta imaginarización de la realidad, el rechazo de la posibilidad de cualquier forma de estabilidad y desintegración fundamental de el ser. Con la ayuda de la postulación crítica no filosófica de pensamiento he sido capaz de revelar lo que me parece radicalmente productivo en el pensamiento de  Judith Butler, Irigaray y otros filósofos feministas mientras rechazo las interpretaciones dominantes de académicos postestructuralistas o su ortodoxia doctrinal. Yo creo que la postura no filosófica de pensamiento y las posibilidades metodológicas que ésta informa me ha permitido identificar y teoricamente construir y expandir el potencial de una lectura realista de algunos conceptos centrales en los trabajos de los filósofos feministas que se discuten en el libro. 

Fuente:

http://figureground.ca/katerina-kolozova/

Mientras borro mi nombre: Missing (una investigación)

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Porque somos forasteros y peregrinos delante de ti,

como lo fueron todos nuestros padres;

como una sombra son nuestros

días sobre la tierra, y

no hay esperanza

1ª Crónicas 29:15

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Portada de Missing (una investigación) – imagen pública

Uno solamente puede perderse cuando anteriormente se había encontrado, cuando había estado en un lugar al cual pertenecía aunque este lugar sea sólo metafísico, incluso si lo hemos  olvidado. Esto nos plantea Alberto Fuguet en su novela titulada Missing (Una investigación).

    La novela se estructura en distintas partes que le otorgan un carácter polifónico al texto, pero no desigual, aunque sí asimétrico. Estamos ante una “novela” que inserta novela policiaca, saga familiar, epistolar, poesía,  un bildugnsroman y más, un texto total que se escribe desde la percepción del otro, desde el margen para poder construirse y comprender mejor la situación que nos narra.

    ¿Qué es lo que se nos narra? La búsqueda de un familiar desaparecido: Carlos Patricio Fuguet García, el cual un día desapareció sin más y lo más interesante es que lo haya hecho Aún más interesante es que su familia no lo haya buscado, ni el menor interés se le da a este hecho. Alberto Fuguet construye su novela a partir de esta búsqueda, de esta novela de carretera, para encontrar un sentido a la existencia de su tío y también a su propia existencia, para comprender motivos que quizá también Carlos eliminó tras su huida, ¿huida de qué?, ¿huida de quién?

    Podría parecernos más una novela de interrogantes que de respuestas, pero no es así. En cada capítulo el escritor nos ofrece una hipótesis, una teoría. Y la maestría del escritor está ahí, porque vemos cómo toda solución parece ser insatisfactoria y fallida, cada salida nos mete más aún en el laberinto y cada ventana abierta nos sume más en la oscuridad.

    Fuguet plantea esta fuga, esta búsqueda que nos aleja del centro necesariamente, pero que ofrece la satisfacción de la libertad y de la levedad que plantea Milan Kundera. Las palabras de Carlos nos dicen: “When you are on your own, when you can’t call anyone, when you can’t ask for help, you die or you live”. (cuando estás solo, cuando no puedes llamar a nadie, cuando no puedes pedir ayuda, o mueres o vives).

Freud en su ensayo “El malestar en la cultura” plantea que: “El yo se desliga del mundo exterior, aunque más correcto sería decir: originalmente el yo lo incluye todo; luego, desprende de sí un mundo exterior”. Y si renunciamos al mundo exterior sólo nos quedamos con nosotros mismos, en la soledad en la que intentamos comprender todo, en la que torpemente intentamos darle sentido a nuestra existencia.

BIBLIOGRAFÍA:

Freud, Sigmund. (1982). El malestar en la cultura y otros ensayos. Madrid. Editorial Alianza.

Fuguet, Alberto. (2011). Missing (Una investigación). México. Editorial Alfaguara.