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La mirada a la soledad de Ortíz Bretón

Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón - Fotografía por Job Melamed
Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De pronto nos damos cuenta, habitamos no-lugares que antes parecían atestados y ahora se sienten fuertemente solos. Estamos ahí, en medio, en el lado oscuro de la colectividad, ese lado que es consciente de los otros en contraposición -decir “contra posición” es quizá más entendible- a uno mismo, a ese que se ve naufragado en el océano de ojos y bocas, que es arrastrado por la corriente tropical de las respiraciones y la nórdica de los pasos, cuando da el verde del semáforo y seguimos en la ciudad, gris, enorme e inconclusa. Una ciudad lista para recibir a alguien más, para mostrarle su verdad, la de la ciudad y la de sí, porque es en la crisis ante la vastedad de las estructuras que nos encontramos con nuestra propiedad, con eso que podemos ser en medio de todos al tiempo que en soledad. Así justo se siente la obra de Eugenio Ortíz Bretón, una introspección e introyección de una etapa que todos hemos surcado de una u otra manera.

Bajo el título de Multitud, soledad y verdad, la exposición que se muestra en La Galería Lazcarro es una oportunidad para entender ese sentimiento que salta cuando, de a poco, nos damos cuenta del falso imperio que es el acompañamiento fortuito del ruido en las calles y las personas que la cruzan; en otras palabras, de establecer el momento en que nos cuestionamos cómo vemos al otro y cómo el otro nos ve en ese contexto salvaje que es la multitud.

Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón - Fotografía por Job Melamed
Multitus, soledad y verdad, exposición de Eugenio Ortíz Bretón – Fotografía por Job Melamed

Así pues, las obras de Ortíz Bretón son un punto de inflexión que vale la pena revisar en este sentido, exploran su respuesta y su visión personalísima respecto al problema del sí rodeado por aquello de lo que forma parte pero en lo que su inclusión se presume como un atisbo de inercia en tensión, a punto de reventarse para dar paso al ser que se asume como parte individualmente del grupo, y no solamente como agente del mismo.

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¡Pedazo de Zombie!

traducción de E. J. Valdés

En 2016, John Carpenter sostuvo una charla con estudiantes de la New York Film Academy y una chica no pudo evitar preguntarle su opinión sobre los remakes de cintas de horror, entre ellos el que Rob Zombie hizo de su aclamada Halloween en 2007. La respuesta del director fue breve (y un poco dispersa) pero también interesante. Sobre todo hacia el final…

Les comparto mi traducción de este momento.

Mi pregunta es: ¿cómo se siente respecto a la tendencia en Hollywood de rehacer películas de horror y sobre la adaptación que Rob Zombie hizo de su película, Halloween? ¿Le gustó?

¡Oh, Dios mío! Esas son buenas preguntas. En primer lugar, los remakes en general son populares dada la cantidad de dinero que los estudios necesitan gastar para que la gente vaya al cine. Una manera de sortear la maraña de publicidad allá afuera es tomar un título que persista en la memoria reciente. Por ejemplo, todos los remakes de horror. La lógica es: “quizá la viste con tu hermano cuando eras joven, en video o en televisión; bueno, vamos a actualizarla”. Así que de antemano hay un conocimiento, y eso es justo lo que se pretende: que la gente sepa que tu película está allá afuera, en los cines. Y por eso están rehaciendo cine de horror. El horror es… Permítanme decirles algo sobre el horror: el horror ha acompañado a la cinematografía desde el comienzo. Creció a la par con el cine y siempre estará con nosotros; es uno de los géneros más populares de todos los tiempos, y también es un género multipropósito, pues cambia de manera constante. Con cada cultura, con cada periodo de tiempo se transforma, se convierte en algo más, absorbe las sensibilidades de la época en la que se lo crea. Eso es fabuloso. Frankenstein, Dracula. Bride of Frankenstein o las películas de Karloff fueron hechas por [Universal] en los años 30, en la Depresión. Son películas de la Depresión; le hablan a aquellos públicos. Ahora, si miramos películas de arte moderno, bueno, les hablan a ustedes, los jóvenes, y traen consigo sensibilidades con las que ustedes están familiarizados y que ustedes quieren ver en un filme…
Y —¡Dios, el Alzheimer me ha cogido!—, ¿qué más me preguntaste…? ¡Oh, la película de Rob Zombie! Bien, diría cosas buenas sobre él pero sucede que hicimos esta cosa… Algo que, creí, sería interesante para el History Channel, o el Biography Channel, qué se yo, sobre Halloween. Yo pensé “cielos, será genial”, hasta que me percaté de que habían hecho un programa similar sobre Caddyshack. Entonces pensé: “Dios, ¿qué es esto?”.

John Carpenter - Imagen pública
John Carpenter – Imagen pública

En fin, lo entrevistaron en aquello del Biography Channel y mintió sobre mí: dijo que fui frío cuando me informó que haría la película. Eso no podría ser más falso. Le dije: “Haz tu propia película, hombre. Esto ahora es tuyo. No te preocupes por mí”. Lo apoyé. ¿Por qué ese pedazo de mierda mintió? No lo sé. No tenía motivo. ¿Por qué lo hizo?

Así que, para ser franco, eso matizará mi respuesta a la película: creo que arrebató a la historia su misticismo al explicar demasiado sobre el tipo [Michael Myers]. Eso no me interesa. Se supone que él sea una fuerza de la naturaleza, algo casi sobrenatural. El saber sobre ello… ¡Y además era demasiado grande! Eso no era normal.
En fin…

Adicional al remake de Halloween, Rob Zombie escribió y dirigió una secuela muy mal recibida por el público y la crítica (en realidad su carrera como cineasta nunca ha despegado del todo). Sin embargo, sus reinterpretaciones de la historia no son las únicas que han sufrido la cólera de Carpenter: él tampoco es un gran admirador del montón de secuelas que su magnum opus generó y actualmente trabaja como productor de una cinta que romperá con todas ellas, pues retomará la historia de Michael Myers justo después de la original. Su estreno está previsto para 2018 y se sabe que Jamie Lee Curtis hará de nuevo a Laurie Strode…
Suena bien, ¿no?

La charla con John Carpenter de donde tomé este fragmento puede verse completa aquí: https://www.youtube.com/watch?v=E4twMPO7FzA

Paz Errázuriz: una mirada sobre la identidad

por José Luis Dávila

Empezar diciendo algo como “Pocas veces en la vida” es un cliché, sin embargo, en esta ocasión me resulta preciso, ya que pocas veces en la vida uno se topa con una obra sencilla y potente, una producción fotográfica sensible estética y socialmente,  que en esencia transmite la visión de lo que una época quiso ocultar. Paz Errázuriz, con el nombre de la artista se halla la cohesión de todas las salas que componen esta muestra albergada en el Museo Amparo, y de sus palabras, en esta entrevista ella nos cuenta su perspectiva al respecto.

José Luis Dávila: La pregunta fundamental, que creo es necesaria después de ver las fotografías, es ¿por qué te interesan tanto los rostros de las personas? ¿Qué encuentras en los rostros?

Paz Errázuriz: En realidad es la persona la que me interesa, lo que puedo realizar de alguna manera después de ese encuentro es esta fotografía que inevitablemente se puede convertir en un rostro, pero a mí me interesa mucho la persona; en el fondo siempre me di cuenta tarde de esta búsqueda mía sobre la identidad, este rostro donde me siento muy reflejada yo también. Es como siempre estar en una búsqueda de algo mío, como mi propia huella, o la del otro, lo que estoy buscando.

JLD: ¿Qué tan difícil fue esta búsqueda, artística e identitaria, en un contexto dictatorial? Chile pasó momentos muy álgidos en esas décadas.

PE: Yo creo que esta búsqueda todavía, creerás, la continúo. Por supuesto, en tiempos de una dictadura tan feroz como fue la de Pinochet, y tantos países hermanos que han tenido otras dictaduras, nosotros aprendimos a sortear estos caminos buscando la forma para ser lo que uno quiere, puede ser más fácil en algún momento y a otro más difícil, pero mientras tú lo vas haciendo como que las dificultades las vas sorteando, las vas dejando atrás también. Entonces no podría ver cuándo es más fácil o más difícil porque es tu propia energía la que te lleva, te da fuerza. Mientras tú sepas manejar esa propia energía, la puedes perder o tener en los momentos difíciles o menos difíciles, pero estar más atento siempre al otro, eso es lo que me interesa.

Paz Errázuriz y José Luis Dávila - Fotografía por Ricardo Torres
Paz Errázuriz y José Luis Dávila – Fotografía por Ricardo Torres

JLD: Hablando sobre la dictadura y su represión, ¿qué tan difícil fue para ti como artista que tu obra se reconociera antes afuera de tu país?

PE: Claro, imagínate la indiferencia absoluta que tuvo mi trabajo. Pero mira, a mí no me importaba porque yo nunca pensé, ni siquiera sabía yo la posibilidad de tener apoyo financiero. ¡imagínate conseguir alguna beca! Eso fue muy tarde después. ¡Como que uno cree que así es la vida! (Ríe) Sí, así es la vida. Después, claro, suceden cosas tan tarde y es una sorpresa en realidad que se reconozca; es una bonita sorpresa porque yo ya no soy joven y entonces como ¡va! ¡Mira lo que sucedió con lo que he hecho!

JLD:  Que siga manteniendo el trabajo tu fuerza…

PE: Sí, y que eso mismo te ayuda; yo estoy con muchos proyectos.

JLD: En estos proyectos hay temas con bastante fuerza artística todavía, ¿qué es lo que buscarás ahora? ¿Vas a seguir sobre lo mismo o a explorar algo más?

PE: Mira, yo creo que he hecho siempre lo mismo (ríe), pienso que por mucho que cambie, digamos la faceta o lo exterior, pero siempre estoy en lo mismo. Es como que sin querer vuelvo a lo mismo, no es que me tropiece sino que intencionalmente me tiro otra vez a lo mismo.

Jaque, jaque, jaque mate

por Gabriel Burgos 

“Hay que eliminar la hojarasca del tablero”
José Raúl Capablanca

Los alcohólicos en rehabilitación tienen doce pasos a realizar para salir del hoyo, y hoy descubrí que en el caso del TOC es un poco más complicado, no digo que aquellos que van a AA la tengan más fácil, pero al menos ellos sí saben cuántos pasos deben seguir, certeza que no existe con el TOC, el número de pasos para alguien con TOC es siempre un misterio numérico, pues tenemos que:

• Primer paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.
• Segundo paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.
• Tercer paso para superar el TOC: admite que tienes TOC.

Repite las veces necesarias en caso de que tu TOC requiera un número especial para cumplir con tus tareas diarias, si tienes una secuencia numérica específica usa la siguiente fórmula (X+1= Paso 2)* para tener la certeza de que puedes pasar al siguiente escalón; en caso de que tu TOC no sea numérico pasa directamente al paso 2, a menos claro, que hacerlo sin comprobar el paso 1 te enloquezca de ansiedad, en cuyo caso no aplicaste bien el primer paso.

A estas alturas, sobre todo si leíste la nota al pie de página, seguro te repites a ti mismo, “exageras, realmente tener una rutina no implica que tenga TOC” y podrías tener razón, porque son necesarias para funcionar como seres sociales, de lo contrario, el caos se impondría; estoy seguro que sin el rutinario papeleo del contador, tú no cobras y entonces tienes otro problema además del TOC.

Hace un par de años, después de jugar una partida de ajedrez contra un hombre bastante gentil, éste me preguntó por mi trabajo, a lo cual le respondí que soy profesor de literatura y español, él sonrió y me pidió leerle unos pasajes de un librito que sacó de sabe dios donde, y como no me quitaba nada, lo hice. El párrafo que leí hablaba en general sobre ser responsable de uno mismo y de no herir a otros, algo bastante justo a mi parecer, luego me pidió leer otro poco más, cosa que hice sin problemas; así estuvimos cerca de media hora, yo le leía y él me preguntaba que entendía sobre el texto, y ahora que escribo esto, acabo de recordar que me preguntó ¿qué sientes?, pregunta que se me escapó por completo ese día.

Ajedrez - Imagen pública
Ajedrez – Imagen pública

El gentil hombre se levantó después de escucharme y se sentó sobre la mesa donde jugamos hace unos momentos y me contó como perdió todo por el alcoholismo: familia, dinero, trabajo, amigos, pero que ese librito junto con el apoyo de AA lo sacaron adelante, de eso hace ya ocho años -diez, si sigue sobrio al día que escribo- y yo le sonreí con cortesía porque pensé, seguro necesita contarle su historia a un desconocido que jamás volverá a ver y por lo tanto su juicio importa menos que un peón bloqueado.

Cual sería mi sorpresa cuando él me dijo que, si necesitaba hablar con alguien, siempre podía recordar lo que acabamos de leer y me recitó los 12 pasos de AA, de los cuales el primero es el que se grabó en mi memoria. Sonreí, sorprendido y sin enojo, y antes de despedirse me mostró una ficha de plástico la cual indica el número de años que lleva sobrio, noté cierta amargura más que orgullo cuando lo hizo y entonces se fue y me dejó con mi tablero tal cual habíamos terminado la partida.

Mientras guardaba las piezas me pregunté ¿acaso luzco como un alcohólico? Es cierto que ese día la barba y la ropa informal me daban un aspecto descuidado, pero no creí que fuese para tanto. No imaginaba qué podría haber visto en mí ese hombre y no le di mayor importancia hasta hace un mes, cuando mi TOC me explotó en la cara y tuve que admitir, en los brazos de un buen amigo, que necesitaba ayuda. Nunca había sentido un gancho al hígado hasta que entendí que el gentil hombre se reconoció en mí, un tipo en medio de una red de mate incapaz de ver que ya era hora de rendir al rey, estrechar la mano del oponente e iniciar una nueva partida.

_______________________________                                                                                            *Si estás leyendo esto, amigo, tienes TOC, la fórmula sólo fue un anzuelo para probar mi punto y de paso sonreír al imaginar tu cara.

Estructuras de identidad, miradas que construyen

por José Luis Dávila

De pequeño tenía esta costumbre, quizá entonces poco orientada pero sí bastante necia, de juntar imágenes; ponerlas todas en una caja de zapatos para verlas de cuando en cuando, imaginar cosas sobre ellas, de la polaroid en la boda de mi tío al accidente recortado del periódico, momentos propios y ajenos que me resultaban de particular interés, pues a partir de éstos lograba pasar horas determinando cómo estaban hechos, qué tenían dentro, cómo habían sido tomados. Mi breve colección se perdió en los años de la adolescencia por cuestión de una inadvertida limpieza materna que los pensó más bien como papeles inservibles, rescatando sólo las fotos que le parecieron importantes. Su mirada, pues, argumentó contra la mía; ella buscaba pragmatismo mnemotécnico mientras que yo estaba asentándome desde una orilla mucho más estética, buscando una identidad propia en los rostros de los desconocidos que guardaba.

Estructuras de identidad, colección Walter - Fotografía por Job Melamed
Estructuras de identidad, colección Walter – Fotografía por Job Melamed

Pensé en todo esto al verme frente a Estructuras de identidad, en el Museo Amparo, una exposición que surge de revisar profundamente la colección Walter para presentarnos salas armadas en torno a la idea de quién se es, de cómo se es, de qué lugares habitamos y qué tipo de espacio construimos en ellos. Su valor se encuentra, creo, en la manera de concatenar diversas miradas sobre un mismo tema, miradas que cuentan a los demás desde sus cuerpos y poses pero, sobre todo, cuentan un dentro-fuera de la imagen que hace cuestionar la apropiación de la identidad en el contexto de cada una, de la toma natural en el metro a la impostura de una sesión específica.

Quizá sea esta una de las exposiciones más interesantes que pueda haber antes de terminar el año, ya que apela al descubrimiento de uno mismo en el otro que se encuentra retratado, impulsa a preguntarse de sí las técnicas que se tienen para ser y no ser, para construirse en medio del ruido que aterra a cualquiera cuando se está buscando en imágenes ajenas, que se está coleccionando de a poco y entendiéndose cada que abre la caja de zapatos que es la memoria.

Carta a los muertos, petición a los vivos

por Gilberto Blanco

Tláhuac, Ciudad de México, 2 de noviembre de 2017.

Hoy, en su día, le escribo a mis muertos, pero también a los muertos de mis amigos —los pocos que me quedan—, a los de mis conocidos y al resto de muertos que hoy vendrán a buscar comida a la ciudad.

A los míos quiero decirles que espero les guste la comida que les hemos dejado en la ofrenda. Este año les hemos dejado fruta, agua, unos platos de pollo enchilado con espagueti y velas pa’ que no se pierdan. También sus macetitas de cempoalxochitl. La verdad es que, como ustedes mismos lo pueden ver, la ofrenda no es tan elaborada como solíamos hacerla en años pasados, y debo culpar a los pocos ánimos que hay en la casa después de todo lo que pasó; por eso es que le escribo a mis muertos y a los de los demás, para decirles que doy gracias de que ya no estén aquí, no por grosería ni porque deseara su muerte, sino para que no vieran lo que nos toca ver a los que aquí seguimos.

Coapa sigue caída. Cuando estuve pasando por ahí por culpa de la fallida línea 12, no veía otra cosa que edificios destruidos y sueños tan rotos como sus cimientos, lo mismo con la del Mar. Aquí, en mi Tlahuita, se siguen rompiendo tuberías, y la luz, tanto eléctrica como espiritual, sigue inestable. Las calles siguen rotas y la gente sigue durmiendo a la intemperie, y cada vez hay menos ayuda en esas zonas en que, durante todo septiembre (desde el 19) y buena parte de octubre, estaba lleno de manos y voces de esperanza. Y no sólo aquí, sino en muchas partes de la ciudad, del país.

Día de muertos / Imagen pública
Día de muertos / Imagen pública

De verdad doy las gracias de que no estén aquí, de que no hayan vivido otro 19 de septiembre, en caso de que vivieran ya el del 85; o que no les tocara conocer el saurópsido movimiento que ese día trae, en caso de que no estuvieran ni aquella vez, ni ésta.

Les escribo a todos para decirles que aquí todo sigue mal. Y no pinta para mejorar. Poco es lo que se habla ya al respecto en la televisión y las únicas cosas que dicen es que “inició la demolición aquí”, o “están barriendo los escombros allá”. Pero nada de que la tristeza sigue aquí, ni la miseria allá. Eso ya no importa.

A mis muertos quiero decirles que, en la familia, fuera de que varios se quedaron sin casa, no tuvimos pérdidas. Aunque todo cambió. Mamá entró en una depresión más al ver a sus hermanos en la situación en que están, y al ver a esa casa en la que tantos años estuvo contigo, abuelita, tan destruida, tan insalvable. La verdad es que a mí también me deprime ver cómo literalmente mis recuerdos de infancia se vinieron abajo llevándose de paso las casas de mis tíos. Es triste a pesar de que, desde que te fuiste, esa casa ya se había derrumbado espiritualmente.

A mis muertos quiero decirles que me perdonen por no haber hecho un mayor esfuerzo para darles una recepción más digna de ustedes, pero que, a pesar de que no tuvimos pérdidas directas, con lo que me tocó vivir, sentir y mirar aquél día, siento que ya nada es lo mismo; y yo, tan amante de esta ciudad suicida, no termino de reponerme de la vieja herida que, literalmente, se abrió.

Día de muertos / Imagen pública
Día de muertos / Imagen pública

A los muertos que no son míos, quiero decirles que este Día de muertos somos nosotros los que necesitamos apapacho, que quisiéramos tenerlos aquí—si bien agradecemos que no fuera así— y que muchos casi envidiamos su comodidad en el Mictlan. Por lo que ustedes ya deben saber, por medio de aquellos que no sobrevivieron a las fauces del cocodrilo, cuando vengan en su caminata anual, verán todo cambiado y espero no se sorprendan tanto.

A todos los muertos, los míos y los ajenos, espero que nuestras ofrendas conmemorativas sean de su agrado y disfruten de los alimentos que les hemos dejado; a cambio les pido que nos dejen una huella de esperanza, de lucha, una guía sobre cómo seguir, sobre cómo levantarnos de nuestras cenizas tal como ustedes lo hacen desde tan lejos para venir aquí… a comer sin boca, a beber sin lengua, a visitar sin en realidad estar. A todos los muertos, hoy en su día, quiero decirles que hoy hay gente que se siente más muerta que ustedes, aunque se vea obligada a llevar oxígeno a sus pulmones.

Y por eso también le escribo a mis hermanos, los que aquí seguimos —para bien o para mal—, que no se olviden de los que están muertos en pie y que no se olviden de los que nos necesitan; que en este día de muertos, no sólo recordemos a los que vienen del Mictlan, sino también a los muertos que, sin embargo, aún tienen que vivir.

Nulo y vacío

traducción de E. J. Valdés

Ha poco tuve la oportunidad de tener entre las manos una copia de Zero: The Biography of a Dangerous Idea, de Charles Seife. Si bien no sé gran cosa de matemáticas ni de ciencia, eché un vistazo a sus primeras páginas, a su introducción denominada “capítulo cero”, y me pareció en sumo interesante. De hecho, me gustó tanto que decidí copiarlo y traducirlo para que ustedes también puedan disfrutar de él. Aquí lo tienen.

Capítulo 0
Nulo y vacío

El cero golpeó al USS Yorktown cual si fuera un torpedo.

El 21 de septiembre de 1997, mientras navegaba cerca de la costa de Virginia, el crucero de misiles de un billón de dólares se detuvo. El Yorktown había muerto en las aguas.

Los buques de guerra están diseñados para soportar el impacto de un torpedo o la explosión de una mina, y pese a que estaba protegido contra tales armas, nadie pensó en proteger al Yorktown del cero. Un grave error.

Las computadoras del Yorktown recién habían recibido un nuevo software que controlaba los motores. Por desgracia, nadie se percató de la bomba de tiempo que acechaba en la programación: un cero que los ingenieros debían remover mientras instalaban el software. Por algún motivo, ese cero pasó desapercibido y permaneció oculto en el código. Oculto, sí, hasta que el software lo trajo a su memoria y se ahogó.

Cuando la computadora del Yorktown intentó dividir entre cero, los ochenta mil caballos de fuerza de inmediato se volvieron inservibles. Tomó casi tres horas conectar controles de emergencia a los motores, y después el Yorktown cojeó de regreso al puerto. Los ingenieros pasaron dos días deshaciéndose del cero, reparando los motores y poniendo al Yorktown en condiciones de combate.

USS Yorktown - Imagen pública
USS Yorktown – Imagen pública

Ningún otro número puede hacer tanto daño. Los errores de computadora como el que afectó al Yorktown son solamente una débil sombra del poder del cero. Culturas se han ceñido en su contra y filosofías se han derrumbado bajo su influencia, pues el cero es distinto de los otros números. Permite vislumbrar lo efable y lo infinito. Es por eso que ha sido temido, odiado y prohibido.

Ésta es la historia del cero. Desde su nacimiento en tiempos antiguos hasta su crecimiento y cultivo en el Este, su lucha por ser aceptado en Europa, su ascenso en el Oeste y su sempiterna amenaza a la física moderna. Ésta es la historia de la gente que luchó sobre el significado del misterioso número —los académicos, místicos, científicos y religiosos— y que trató de entenderlo. Ésta es la historia de los intentos del mundo occidental por escudarse sin éxito (y en ocasiones con violencia) de una idea oriental. Y ésta es la historia de las paradojas que posó un número en apariencia inocente, y que sacudieron incluso a las mentes más brillantes de este siglo y amenazaron con desenmarañar el marco entero del método científico.

El cero estuvo en el corazón de la batalla entre oriente y occidente. El cero estuvo en el centro de la lucha entre ciencia y religión. El cero se volvió el lenguaje de la naturaleza y la herramienta más importante de las matemáticas. Los más profundos problemas de la física —el obscuro centro de un agujero negro y el brillante flash del Big Bang— son esfuerzos por derrotar al cero.

Mas a través de su historia, y pese al rechazo y el exilio, el cero siempre ha derrotado a sus opositores. La humanidad jamás podrá obligarlo a encajar en sus filosofías. En su lugar, el cero dio forma a la visión que el hombre tiene del universo —y de Dios—.

Animaciones, sueños, narraciones: entrevista a Ricardo Bernal

La semana pasada, por invitación de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado, el Mtro. Ricardo Bernal impartió el curso Animaciones del mundo; tuvimos la oportunidad de conversar con él y esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo es que pasaste  de  escribir a interesarte por la animación?

Ricardo Bernal: En realidad no es que haya pasado, no es que haya dicho ahora voy a pasar, es lo que se dio solito. Yo siempre he visto caricaturas, desde chavo -soy generación Tío Gamboín, ya sabes-, y hace como seis o siete años me dieron una invitación a un sitio que se llama Patio de butacas, es una escuelita de cine donde puedes bajar cosas, de ahí empecé a bajar animaciones y a verlas, recordé unas cosas que yo había visto de Japón y a juntarlas, armar discos y rolárselas a mis amigos; empecé a llenar mis horas de ver animaciones y me clavé. En Guadalajara, antes, cada año me invitaban a dar un curso de literatura: de terror, literatura fantástica mexicana, etc., entonces me hablaron y me pidieron dar un curso y dije: “¿por qué no te organizo una presentación de animaciones?” Por primera vez di Animaciones del mundo; fueron nueve semanas, un día a la semana, tres horas, y les encantó. Además, siendo profesor del Claustro Sor Juana, ahí empecé a dar cursos de las animaciones aparte de mis clases, e incluso mis clases de literatura las he estado aderezando con animaciones. Ahorita doy una materia en la escuela de escritores que se llama Introducción a los géneros narrativos y en los temas de pronto les digo que nos toca caricatura y los alumnos están felices, ¿por qué se conectan? Porque para que haya una buena animación tiene que haber una buena narrativa. En el caso de las animaciones no es como en el cine que filmas y puedes tener mucho material para editar, en la animación hacer un minuto es mucho, entonces la historia tiene que estar perfecta, tiene que estar bien cuidada.

JLD: ¿Cómo ha influido esta idea de la narrativa de la animación en tu misma obra?

RB: Tiene un rato que no escribo, pero tengo una bitácora en la que, cuando me acuerdo y cuando me da tiempo, escribo mis sueños. De pronto me dicen “¿A poco sueñas eso?” ¡Yo siempre he soñado así!, yo veo la vida como caricaturas, con todo respeto. Creo que el género narrativo más antiguo de todos son los sueños, es anterior a todo, entonces sí creo que haya una influencia porque a veces sueño caricaturas, sueño pantallas, sueño personajes. Ahorita estoy en eso, en la escritura de sueños. Pero si me pongo a ver mis propios cuentos y mi poesía, siempre hay mucha imagen, siempre hay cosas que creo que ya estaban desde antes.

Animaciones del mundo, póster
Animaciones del mundo, póster

JLD: En este sentido, ya hablando del curso de Animaciones del mundo, ¿cómo fue que recopilaste todo esto y cómo hiciste la selección para hacer este extracto que traes aquí?

RB: Lo primero fue escoger los países; ayer, por ejemplo, vimos Estados Unidos, Canadá y nada más, para Europa pues escogí las que más me gustan, hoy vamos a ver Suiza, de pronto cuando doy el curso le dedico a Francia una clase de cuatro horas, ahorita no nos va a dar tiempo de ver Francia más que unos veinte minutos, entonces lo más difícil para mí no es qué pongo sino qué quito; pienso “¡Chín! No van a ver esto”. Creo que lo que traigo son joyas, esto hace que el curso sea muchísimo más preciso y no tan extenso. Obviamente tuve que dejar fuera países; Argentina, España, ¡Japón!, que es todo un universo. Di un curso el año pasado que se llama Animaciones selectas de Japón, tenía entre mis alumnos, ya sabes, puro otaku; se quedaron así de “¿apoco esto se hace en Japón?” “¡Claro!” Esta vez voy a terminar con algo que a mí me encanta: una selección de comerciales animados; muchos dicen que la publicidad no es un arte pero concentrar en 10, 30 o 60 segundos toda una historia y toda una trama con atractivo visual para que la gente compre un producto es interesantísimo.

JLD: ¿Has considerado dentro de todo tu curso la idea de la animación comercial que vemos regularmente en cine?

RB: Sí, ayer vimos a Tex Avery, que eran animaciones que salían en el cine en los años cuarenta, y cerramos ayer con una de Pixar, pero lo voy mezclando porque a mí lo que me interesa es ver la animación independiente. Por ejemplo, John Humble y su mujer que empezaron a hacer animación experimental desde los cincuenta y de pronto eso hizo que esta influencia llegara a Disney; otro por ejemplo es UPA, que es un estudio norteamericano que empezó a buscar más cuestiones artísticas, de pronto influye a Disney, y tú ves La noche de las narices frías, como se llamó acá 101 Dálmatas, tiene una estética que Disney no había hecho en ese momento, si ves El libro de la selva, es una película bien hippie, que se estaban haciendo todas estas cosas en la animación independiente. Entonces sí hay un intercambio, Disney no era muy innovador pero era bueno para mejorar lo que ya estaba lo mejoraba y eso es bien interesante, porque ya que sabes de otra animación, incluso la animación comercial la puedes ver diferente.

Ricardo Bernal y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Ricardo Bernal y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Tú crees que la animación como texto narrativo de alguna manera tiene un valor literario?

RB: ¡Por supuesto!, igual que en el cine, de un buen guión puedes hacer una buena o una mala película pero de un mal guión no puedes hacer una buena película nunca, igual pasa con las animaciones. A mí no me gusta hablar de literatura, a mí me gusta hablar de narrativa, creo que la narrativa abarca más lo que yo busco en mis clases y todo porque la literatura como que encasilla mucho, todo es narración, los sueños son narrativos también.

Rondalles Mallorquines No. 7: Dos rondallitas cortitas

por Antoni Maria Acover i Sureda

Traducción de María Mañogil

He elegido, para esta quincena, dos breves cuentos. Como siempre sacados de la literatura popular balear, y que llevan cada uno de ellos una moraleja que Jordi d’es Racó supo una vez más escuchar, entender y plasmar finalmente en su obra. Deseo saber traslucirlos de la mejor manera posible, y que no se me escape nada entre el mallorquín y el castellano, ni al trasladar el lenguaje de aquel tiempo al de éste. Espero que disfrutéis de estas dos rondallitas.

EL REY Y UN CARBONERO*

Una vez el rey, cazando cazando por dentro de un bosque, encontró a un carbonerito que bregaba en una pequeña fosa, y le dice:

-¿Y con esta miseria de carbón que podéis conseguir os ganáis la vida?
-Sí, señor; y más le diré: pago deudas, presto dineros con interés y hasta los tiro por la ventana.
-¿Y cómo puede ser esto? -decía el rey sin poderse avenir-. Veamos, explicaros.
-Ya os explicaré, ya -dice el carbonerito-. Mirad, yo mantengo a mi padre y a mi madre, que ya no pueden trabajar de viejos que son, y con esto pago la deuda que tengo con ellos de cuando era pequeño y me sustentaron tantos años sin yo hacer nada. Además mantengo a dos niños pequeños que tenemos, con la confianza que ellos me mantendrán a mí cuando sea viejo; y a esto le digo prestar dineros con interés, con la idea de que algún día me los devolverán. También tengo una hija soltera, que mañana o pasado mañana se casará, y los dineros que me gasto en ella digo que los tiro por la ventana, porque al casarse se irá, y quien sacará provecho será su marido.

El rey se quedó sin palabras al percibir la agudeza de aquel carbonerito: le pone un puñado de doblers** de veinte en la mano y se va a seguir con su caza.

*Me la contó mi madre. (Nota del autor).
** El dobler es una moneda de cobre equivalente a dos dineros, que se utilizaba en las Baleares creo que allá por el siglo XVI. (Nota de la traductora).

Imagen pública
Imagen pública

LA PENITENCIA DE LA BEATA*

Esto era una beata que se fue a confesar. Debía haber hecho alguna de bien gorda porque el confesor le dice:

-Como penitencia ayunarás mañana.
-Que me lo dé por escrito, pues -dice ella-, porque soy corta de memoria y entonces no lo recordaré.

El confesor le escribe en un papel: “Ayunarás mañana”, y se lo da.
Ella se lo pone dentro del bolsillo y se va a su casa. Al día siguiente, al salir de misa, aborda a un hombre y lo embiste con el papel.

-¿Sabes leer, hermanito?
-Sí sé.
-Hazme el favor de mirar qué dice esto.

Aquel hombre agarra el papel y lee: “Ayunarás mañana”.

-¿Mañana? -dice la beata-. Mañana no es hoy. Hoy puedo comer.
Y se mete un almuerzo con todas las de la ley.

Al siguiente día, cuando salía de la misa, vuelve a dar el papelito a leer, y ya lo creo que también se lo leyeron: “Ayunarás mañana”.

-¡Y pues! Ya veremos mañana -dice ella.
Y se vuelve a pegar un atracón hasta atiborrarse.

Cada día hacía lo mismo de dar a leer el papelito a alguien, y al escucharlo siempre decía:

-Hoy no es mañana.
¡Y venga una buena comilona!

Así se libró de hacer la penitencia que le habían impuesto.

* Me la contó mi padre. (Nota del autor).

Irredenta, teatro del anhelo

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

por José Luis Dávila

Estamos siempre a la caza de aquello que anhelamos; ya en nuestros sueños o nuestras acciones, buscamos que el mundo se configure de tal modo que logremos estar cada vez más cerca de las metas que nos planteamos y con ese fin solemos confiar en ilusiones que nosotros mismos provocamos, ilusiones que se rompen tan fácil que no da tiempo para entender dónde quedó el error, por eso volvemos a caer en ellas. Estamos a la caza, pues, de lo mismo a lo que le servimos como presa. Un círculo vicioso en toda forma.

Poco a poco esa situación nos lleva a límites incomprensibles, a situaciones de riesgo que ni siquiera notamos, y entonces se presentan las dos opciones básicas que todos tienen: seguir avanzando o vivir aferrados. Simple, ¿no?

Hace unas semanas vi Irredenta, una obra que se presenta en Rekámara, teatro íntimo, y que me dejó cuestionarme las aspiraciones que tengo respecto al exterior, a mi entorno y las personas que están en él. Creo que todos hemos pasado por etapas en las cuales existe desesperación y nos anulamos para no sentirla, momentos que preferimos dejar bajo la alfombra con tal de que no nos lastimen, o peor, de que no vean los demás que algo nos lástima porque la debilidad es algo que no nos permitimos.

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

Irredenta trata, me parece, de esto mismo, el proceso por el cual alguien evade aquello que tiene y busca eso que no podrá alcanzar, lo hace a través de cuatro miradas distintas, cuatro prostitutas que al avanzar la trama se vuelven entrañables y cercanas, no sólo por la manufactura del guión sino por el ambiente establecido y bien logrado por la dirección, guiada hacia la empatía del público.

Esta obra es una recomendación absoluta, necesaria, que provoca reflexión partiendo de temas que quizá ya se han tocado en otras piezas teatrales, e incluso otros formatos, pero que tiene un toque especial gracias al trabajo actoral, sabiendo retratar los conflictos internos de los personajes y estableciendo los problemas para ser pensados al salir de la función, cuando las emociones se asienten de nuevo en el espectador.