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Animaciones, sueños, narraciones: entrevista a Ricardo Bernal

La semana pasada, por invitación de la Secretaría de Cultura y Turismo del Estado, el Mtro. Ricardo Bernal impartió el curso Animaciones del mundo; tuvimos la oportunidad de conversar con él y esto nos dijo:

José Luis Dávila: ¿Cómo es que pasaste  de  escribir a interesarte por la animación?

Ricardo Bernal: En realidad no es que haya pasado, no es que haya dicho ahora voy a pasar, es lo que se dio solito. Yo siempre he visto caricaturas, desde chavo -soy generación Tío Gamboín, ya sabes-, y hace como seis o siete años me dieron una invitación a un sitio que se llama Patio de butacas, es una escuelita de cine donde puedes bajar cosas, de ahí empecé a bajar animaciones y a verlas, recordé unas cosas que yo había visto de Japón y a juntarlas, armar discos y rolárselas a mis amigos; empecé a llenar mis horas de ver animaciones y me clavé. En Guadalajara, antes, cada año me invitaban a dar un curso de literatura: de terror, literatura fantástica mexicana, etc., entonces me hablaron y me pidieron dar un curso y dije: “¿por qué no te organizo una presentación de animaciones?” Por primera vez di Animaciones del mundo; fueron nueve semanas, un día a la semana, tres horas, y les encantó. Además, siendo profesor del Claustro Sor Juana, ahí empecé a dar cursos de las animaciones aparte de mis clases, e incluso mis clases de literatura las he estado aderezando con animaciones. Ahorita doy una materia en la escuela de escritores que se llama Introducción a los géneros narrativos y en los temas de pronto les digo que nos toca caricatura y los alumnos están felices, ¿por qué se conectan? Porque para que haya una buena animación tiene que haber una buena narrativa. En el caso de las animaciones no es como en el cine que filmas y puedes tener mucho material para editar, en la animación hacer un minuto es mucho, entonces la historia tiene que estar perfecta, tiene que estar bien cuidada.

JLD: ¿Cómo ha influido esta idea de la narrativa de la animación en tu misma obra?

RB: Tiene un rato que no escribo, pero tengo una bitácora en la que, cuando me acuerdo y cuando me da tiempo, escribo mis sueños. De pronto me dicen “¿A poco sueñas eso?” ¡Yo siempre he soñado así!, yo veo la vida como caricaturas, con todo respeto. Creo que el género narrativo más antiguo de todos son los sueños, es anterior a todo, entonces sí creo que haya una influencia porque a veces sueño caricaturas, sueño pantallas, sueño personajes. Ahorita estoy en eso, en la escritura de sueños. Pero si me pongo a ver mis propios cuentos y mi poesía, siempre hay mucha imagen, siempre hay cosas que creo que ya estaban desde antes.

Animaciones del mundo, póster
Animaciones del mundo, póster

JLD: En este sentido, ya hablando del curso de Animaciones del mundo, ¿cómo fue que recopilaste todo esto y cómo hiciste la selección para hacer este extracto que traes aquí?

RB: Lo primero fue escoger los países; ayer, por ejemplo, vimos Estados Unidos, Canadá y nada más, para Europa pues escogí las que más me gustan, hoy vamos a ver Suiza, de pronto cuando doy el curso le dedico a Francia una clase de cuatro horas, ahorita no nos va a dar tiempo de ver Francia más que unos veinte minutos, entonces lo más difícil para mí no es qué pongo sino qué quito; pienso “¡Chín! No van a ver esto”. Creo que lo que traigo son joyas, esto hace que el curso sea muchísimo más preciso y no tan extenso. Obviamente tuve que dejar fuera países; Argentina, España, ¡Japón!, que es todo un universo. Di un curso el año pasado que se llama Animaciones selectas de Japón, tenía entre mis alumnos, ya sabes, puro otaku; se quedaron así de “¿apoco esto se hace en Japón?” “¡Claro!” Esta vez voy a terminar con algo que a mí me encanta: una selección de comerciales animados; muchos dicen que la publicidad no es un arte pero concentrar en 10, 30 o 60 segundos toda una historia y toda una trama con atractivo visual para que la gente compre un producto es interesantísimo.

JLD: ¿Has considerado dentro de todo tu curso la idea de la animación comercial que vemos regularmente en cine?

RB: Sí, ayer vimos a Tex Avery, que eran animaciones que salían en el cine en los años cuarenta, y cerramos ayer con una de Pixar, pero lo voy mezclando porque a mí lo que me interesa es ver la animación independiente. Por ejemplo, John Humble y su mujer que empezaron a hacer animación experimental desde los cincuenta y de pronto eso hizo que esta influencia llegara a Disney; otro por ejemplo es UPA, que es un estudio norteamericano que empezó a buscar más cuestiones artísticas, de pronto influye a Disney, y tú ves La noche de las narices frías, como se llamó acá 101 Dálmatas, tiene una estética que Disney no había hecho en ese momento, si ves El libro de la selva, es una película bien hippie, que se estaban haciendo todas estas cosas en la animación independiente. Entonces sí hay un intercambio, Disney no era muy innovador pero era bueno para mejorar lo que ya estaba lo mejoraba y eso es bien interesante, porque ya que sabes de otra animación, incluso la animación comercial la puedes ver diferente.

Ricardo Bernal y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Ricardo Bernal y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Tú crees que la animación como texto narrativo de alguna manera tiene un valor literario?

RB: ¡Por supuesto!, igual que en el cine, de un buen guión puedes hacer una buena o una mala película pero de un mal guión no puedes hacer una buena película nunca, igual pasa con las animaciones. A mí no me gusta hablar de literatura, a mí me gusta hablar de narrativa, creo que la narrativa abarca más lo que yo busco en mis clases y todo porque la literatura como que encasilla mucho, todo es narración, los sueños son narrativos también.

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Rondalles Mallorquines No. 7: Dos rondallitas cortitas

por Antoni Maria Acover i Sureda

Traducción de María Mañogil

He elegido, para esta quincena, dos breves cuentos. Como siempre sacados de la literatura popular balear, y que llevan cada uno de ellos una moraleja que Jordi d’es Racó supo una vez más escuchar, entender y plasmar finalmente en su obra. Deseo saber traslucirlos de la mejor manera posible, y que no se me escape nada entre el mallorquín y el castellano, ni al trasladar el lenguaje de aquel tiempo al de éste. Espero que disfrutéis de estas dos rondallitas.

EL REY Y UN CARBONERO*

Una vez el rey, cazando cazando por dentro de un bosque, encontró a un carbonerito que bregaba en una pequeña fosa, y le dice:

-¿Y con esta miseria de carbón que podéis conseguir os ganáis la vida?
-Sí, señor; y más le diré: pago deudas, presto dineros con interés y hasta los tiro por la ventana.
-¿Y cómo puede ser esto? -decía el rey sin poderse avenir-. Veamos, explicaros.
-Ya os explicaré, ya -dice el carbonerito-. Mirad, yo mantengo a mi padre y a mi madre, que ya no pueden trabajar de viejos que son, y con esto pago la deuda que tengo con ellos de cuando era pequeño y me sustentaron tantos años sin yo hacer nada. Además mantengo a dos niños pequeños que tenemos, con la confianza que ellos me mantendrán a mí cuando sea viejo; y a esto le digo prestar dineros con interés, con la idea de que algún día me los devolverán. También tengo una hija soltera, que mañana o pasado mañana se casará, y los dineros que me gasto en ella digo que los tiro por la ventana, porque al casarse se irá, y quien sacará provecho será su marido.

El rey se quedó sin palabras al percibir la agudeza de aquel carbonerito: le pone un puñado de doblers** de veinte en la mano y se va a seguir con su caza.

*Me la contó mi madre. (Nota del autor).
** El dobler es una moneda de cobre equivalente a dos dineros, que se utilizaba en las Baleares creo que allá por el siglo XVI. (Nota de la traductora).

Imagen pública
Imagen pública

LA PENITENCIA DE LA BEATA*

Esto era una beata que se fue a confesar. Debía haber hecho alguna de bien gorda porque el confesor le dice:

-Como penitencia ayunarás mañana.
-Que me lo dé por escrito, pues -dice ella-, porque soy corta de memoria y entonces no lo recordaré.

El confesor le escribe en un papel: “Ayunarás mañana”, y se lo da.
Ella se lo pone dentro del bolsillo y se va a su casa. Al día siguiente, al salir de misa, aborda a un hombre y lo embiste con el papel.

-¿Sabes leer, hermanito?
-Sí sé.
-Hazme el favor de mirar qué dice esto.

Aquel hombre agarra el papel y lee: “Ayunarás mañana”.

-¿Mañana? -dice la beata-. Mañana no es hoy. Hoy puedo comer.
Y se mete un almuerzo con todas las de la ley.

Al siguiente día, cuando salía de la misa, vuelve a dar el papelito a leer, y ya lo creo que también se lo leyeron: “Ayunarás mañana”.

-¡Y pues! Ya veremos mañana -dice ella.
Y se vuelve a pegar un atracón hasta atiborrarse.

Cada día hacía lo mismo de dar a leer el papelito a alguien, y al escucharlo siempre decía:

-Hoy no es mañana.
¡Y venga una buena comilona!

Así se libró de hacer la penitencia que le habían impuesto.

* Me la contó mi padre. (Nota del autor).

Irredenta, teatro del anhelo

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

por José Luis Dávila

Estamos siempre a la caza de aquello que anhelamos; ya en nuestros sueños o nuestras acciones, buscamos que el mundo se configure de tal modo que logremos estar cada vez más cerca de las metas que nos planteamos y con ese fin solemos confiar en ilusiones que nosotros mismos provocamos, ilusiones que se rompen tan fácil que no da tiempo para entender dónde quedó el error, por eso volvemos a caer en ellas. Estamos a la caza, pues, de lo mismo a lo que le servimos como presa. Un círculo vicioso en toda forma.

Poco a poco esa situación nos lleva a límites incomprensibles, a situaciones de riesgo que ni siquiera notamos, y entonces se presentan las dos opciones básicas que todos tienen: seguir avanzando o vivir aferrados. Simple, ¿no?

Hace unas semanas vi Irredenta, una obra que se presenta en Rekámara, teatro íntimo, y que me dejó cuestionarme las aspiraciones que tengo respecto al exterior, a mi entorno y las personas que están en él. Creo que todos hemos pasado por etapas en las cuales existe desesperación y nos anulamos para no sentirla, momentos que preferimos dejar bajo la alfombra con tal de que no nos lastimen, o peor, de que no vean los demás que algo nos lástima porque la debilidad es algo que no nos permitimos.

Iredenta, tierra de nadie
Iredenta, tierra de nadie

Irredenta trata, me parece, de esto mismo, el proceso por el cual alguien evade aquello que tiene y busca eso que no podrá alcanzar, lo hace a través de cuatro miradas distintas, cuatro prostitutas que al avanzar la trama se vuelven entrañables y cercanas, no sólo por la manufactura del guión sino por el ambiente establecido y bien logrado por la dirección, guiada hacia la empatía del público.

Esta obra es una recomendación absoluta, necesaria, que provoca reflexión partiendo de temas que quizá ya se han tocado en otras piezas teatrales, e incluso otros formatos, pero que tiene un toque especial gracias al trabajo actoral, sabiendo retratar los conflictos internos de los personajes y estableciendo los problemas para ser pensados al salir de la función, cuando las emociones se asienten de nuevo en el espectador.

Generosity, regresar a la naturaleza: entrevista a Dulce Pinzón

En la terraza del Museo Amparo se encuentra la intervención Generosity, de Dulce Pinzón, y pudimos conversar con ella al respecto. Aquí pueden leer todo lo que nos dijo.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

José Luis Dávila: ¿Por qué el nombre de Generosity?

Dulce Pinzón: El nombre viene de una lectura que hice hace algunos meses que habla sobre una tribu en Sudáfrica en donde tienen una dinámica acerca de su concepto sobre el crimen y la justicia: ellos hablan de una persona que comete una falta en la sociedad, se le confina en soledad por una semana y todos los integrantes de la tribu pasan uno por uno y le dicen las cosas positivas que recuerdan sobre esta persona, por ejemplo “¡qué bonitos ojos tienes!”, “ recuerdo que bailas muy bien”, “tú alguna vez me ayudaste a cargar la bolsa”, cosas así; entonces, es como regenerar la parte de la dignidad de la persona y reincorporarlo a la sociedad. Me recuerda un poco como a la parte que tiene la naturaleza con nosotros, pero no la que nosotros tenemos con ella, en donde ella se empecina en darnos, digamos, sentido de regeneración, sentido de bondad y nosotros tenemos esta relación quebrantada, enferma y, sobre todo, violenta con la naturaleza. Entonces de ahí surge la palabra generosidad y estos actos que hago a manera de instalaciones artísticas, de instalaciones públicas que hablan justamente sobre eso: reinstaurar esta gratitud que me gustaría que todos como seres humanos ejerciéramos hacia la naturaleza por todos los millones de años que nos ha permitido no sólo estar en ella, sino continuar en ella. El proyecto nace en varias fases, esta primera fase es hacer estas frases, que primero fueron ideadas a manera clandestina pero ahora las estamos haciendo alojadas en instituciones como museos, galerías, espacios públicos que tengan una audiencia ya asidua, crear estas frases con un tono un poco irreverente sobre el uso desmedido de ciertos materiales como el pet, el unicel, los popotes, el plástico en general. Esta pieza que hicimos en conjunto, porque el proyecto se trata de que las piezas se hagan en comunidad para crear esta reflexión de manera colectiva, es con unos vasos que están hechos de almidón de papa y botánicas que se degradan entre 90 y 240 días, es la materia prima con la que nosotros escribimos la frase, insertándolos en una malla ciclónica y creamos estas frases que justamente aluden al desuso del unicel.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Mencionas varias cosas interesantes, pero me llama la atención esta parte en la que lo artístico se vuelve clandestino dentro de la misma idea del proyecto, ¿qué tan irreverente llega a ser cuando es clandestino a cuando es alojado por una institución?

DP: La idea inicial es que fuera clandestino, justamente por el lenguaje, porque yo quería hacerlos en espacios públicos en donde estuviera la pieza expuesta al público en general y, de hecho, que el público mismo interviniera la pieza con diferentes mecanismos pero al darnos cuenta que no funcionaba, pensamos en espacios empáticos que están abiertos a expresiones artísticas como estos. Digamos que lo fuerte de la pieza es el tono en que las piezas están escritas: “wey”, “puto”, como en lenguaje coloquial, porque al final es una llamada de atención fuerte. En otros lugares en donde se va a hacer, como en Estados Unidos habrá un “fuck”o un“what the hell”, que a la gente le llame la atención, en principio, el lenguaje y después se cuestione más allá. Además, queremos que la gente vea la biodegradacion de las piezas y lleguemos a esta metáfora que habla sobre cómo los seres humanos no ejercemos esta sabiduría de la naturaleza.

JLD: Se pretende que Generosity tenga una incidencia social, ¿cómo consideras lo artístico para generar esta incidencia?

DP: Yo creo que el arte es uno de los mecanismos más efectivos que puede haber para crear conciencia de todo tipo: conciencia social, conciencia ecológica, conciencia en todos los ámbitos que todos nosotros quisiéramos como artistas incidir. Creo que al ser tan benevolente, digamos que también como tan metafórico y a la vez como tan sutil, hace que el arte nos cree formas de reflexión que quizás en otras formas no lo hay, además, esa forma de emparejar con otras disciplinas y emparejar con otros ámbitos, por ejemplo, esta pieza que va de lo artístico a lo político, pues que logre también filtrarse en otras esferas.

Generosity, de Dulce Pinzón - Fotografía por Job Melamed
Generosity, de Dulce Pinzón – Fotografía por Job Melamed

JLD: Esta idea del fin político de Generosity, ¿cómo lo piensas desarrollar, cuáles son los pasos a seguir después de tener todas las intervenciones, o cuántas planeas?

DP: Yo no creo que tiene que haber un número específico, nosotros estamos abiertos a las invitaciones de instituciones y de cualquiera, ahorita por ejemplo nos están abriendo las puertas escuelas y colaboraciones múltiples, lo cual me parece de verdad, haciendo una redundancia sobre la frase, que es esta generosidad misma de la pieza que hace que otros espacios empaticen con el mismo mecanismo de la dinámica. Las fases son varias, esta es la primera fase porque me parece que es la más fácil y la más viable de instaurar pero después vendrán otras que tienen que ver con vídeo, con recoger basura a forma de metáfora, vídeos más artísticos en donde intervendré yo con mis hijos y otras hacer cabildeo político. De las fases finales en donde, como comunidad que hemos reflexionado sobre algo especifico, llevemos estas propuestas a la cámara de diputados, de senadores, digamos que un poco como empoderándonos como comunidad, revirtiendo un poco todo lo que hemos cedido a las corporaciones en cuanto al poder que ellos tienen sobre nosotros y cómo de alguna forma nosotros también somos cómplices de lo que sucede en el mecanismo de la economía y llevar planes de acción concretos a esferas mayores para poder, de una forma más contundente, frenar lo que está pasando con el planeta.

 

Rondalles Mallorquines no. 6: La hija y la hijastra del molinero

por Antoni Maria Alcover i Sureda.

Traducción de María Mañogil

Prosigo mi viaje a través de la literatura de Mallorca -la bella isla mediterránea donde nací-, acompañada y guiada por la mano de Jordi d’es Racó. Esta vez con una historia que le contó doña Catalina, de Campanet, y que él decidió inmortalizar en uno de los veinticuatro tomos de los que está compuesta su obra, Aplec de Rondalles Mallorquines. Espero que os guste o que os disguste, especialmente a las Catalinas, a quienes mando un afectuoso saludo.

Es fangar, Campanet - Imagen pública
Es fangar, Campanet – Imagen pública

LA HIJA Y LA HIJASTRA DEL MOLINERO

Esto era y no era un molinero de Sa Pobla que tenía una hija, a la que habían llamado Catalineta, bien graciosa, bonita e ingeniosa. El molinero cayó viudo y se volvió a casar con una viuda que tenía una hija que se llamaba Catalinota, grosera, arisca y cascaciruelas. El molinero le dijo un día a Catalineta:

-¡Catalineta, devuelve la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar!

Es Fangar es una posesión de Sa Pobla hacia Campanet, a pie de montaña. En aquel tiempo, en una cueva de esa posesión habitaba un pelotón de gigantes que vivía de lo que cazaba. Eran unos gigantes muy buena gente que no se metían con nadie mientras no se metiesen con ellos. Ya lo sabían pobleros, campaneteros y bellacos, por eso nadie los incordiaba y los dejaban tranquilos. Llevaban el trigo a aquel molinero, que lo molía y les devolvía la harina, eso sí, después de bien y bien molido. El molinero tenía un recadero y éste solía llevarles la harina a los gigantes de la cueva de Es Fangar, pero justamente ese día el recadero estaba enfermo y enviaron a Catalineta: cargaron el saco sobre el caballo y amarraron a la muchachita encima, le dieron el ronzal, dijeron ¡arre!, y aquel caballo hacia la cueva de Es Fangar. Cuando estuvo frente a la cueva, el corcel se detiene, Catalineta desmonta y entra en la cueva, grita que grita:

-¿Quién hay en la casa de Dios?, ¿quién hay aquí? ¡Salid, que os traigo la harina!

Bien que voceó la chica, pero nadie le respondió. ¿Y qué hace ella? Así como puede descarga el saco, lo mete en la cueva, se percata de que todo está un poco sucio y desordenado; y barre y sacude y avía, y al momento lo deja todo limpio y engalanado. De pronto ¡tac!, llegan los gigantes, reparan en todo cuanto acababa de hacer Catalineta por ahí adentro y quedan tan agradecidos y satisfechos que se reúnen y dice el cabecilla del grupo:

-Se merece esta muchacha que le demos un don; bastante que se lo ha ganado.
-¡Bien pensado! ¡Bien pensado! -dicen todos-. El jefe que diga cuál ha de ser ese don.
-¡Ya lo diré, ya! -dice aquél-. El don ha de ser que, al abrir la boca Catalineta, por cada palabra que salga de ella, le brote una peseta.-¡Aprobado! ¡Aprobado! -aplaudieron todos los gigantes.
-¡Muchas gracias! -dice Catalineta, y ¡zas!, le cayeron de la boca dos pesetas por las dos palabras que acababa de pronunciar.

Catalineta recoge aquellas dos pesetas, se las embolsa, se sube al caballo y ¡hacia el molino! Cuando su padre, su madrastra y su hermanastra se dieron cuenta de que, al decir Catalineta cualquier palabra, de pronto le caía una peseta de la boca, imaginaos cómo se quedaron de pasmados. Su padre estaba contentísimo; en cambio, la madrastra y la hermanastra no lo podían soportar, la envidia les corroía. Catalineta, como era tan buena chica, todas las pesetas que le brotaban de la boca, tantas como palabras decía, se las entregaba a su padre, y su padre que daba saltos de alegría, y la madrastra y la hermanastra que se encrespaban y se las llevaban los demonios., hasta que un día la madrastra le dice al molinero:

-¿Y qué no volvemos a tener grano para moler, de los gigantes de la cueva de Es Fangar?
-Sí que tenemos- contesta el hombre.
-¡Pues ve a molerlo! -suelta la madrastra-, y mi Catalina les llevará la harina.
-¿Y por qué? -dice el molinero- ¿Para ver si regresa de la cueva así como regresó mi Catalineta, que al decir cualquier palabra, le cae de la boca una peseta?
-¡Veo que me entiendes! -asiente la molinera-. ¿Y qué no te gustaría?
-¡De acuerdo, de acuerdo! -responde él- ¡Hala, pues! Hagamos la harina de los gigantes de la cueva de Es Fangar.

Vierten el grano en el molino y al poco tiempo estuvo molido. El molinero maquila, llena el saco, lo asienta sobre el caballo, llama a la hijastra y le dice:

-¡Hala, Catalina, arreando! ¡Veamos si vuelves como la otra Catalina!
-¡Haré todo lo posible! -dice la groserota.

Se sienta a horcajadas sobre el animal y ¡hacia la cueva de Es Fangar! Pronto llega allí, desmonta pegando un bote, se mete dentro de la cueva, grita que grita:

-¡Hala,vosotros de aquí adentro! ¡Salid deprisa que os traigo la harina! ¡Venga, zánganos, salid ya! ¿O queréis que os lo entre yo, el saco? ¡Si no salís lo tiro al suelo y me voy!

En esto, los gigantes vuelven de cazar; y ella, toda inquieta, se pone a sermonearlos sin ningún miramiento ni respeto. Los gigantes descargan el saco y se lo llevan dentro de la tahona, desoyendo a Catalinota, viendo que era tan insolente, desabrida y descarada. ¿Y qué me diréis? Cuando ella vio que los gigantes se largaban sin intención de concederle el don con que habían agraciado a Catalineta, les suelta:

-¡Ueep, so tacaños! ¿Y así me despacháis? ¿Qué me tengo que ir, así como vine?

Los gigantes, al escucharla, se miran entre ellos y dicen:

-¡Oh, qué chica tan estúpida, pedante y maleducada! Ahora querría que le otorgásemos el mismo don que a Catalineta. ¡El premio es para quien se lo gana! ¡Catalineta se lo mereció; ésta no! Para que no regrese así como ha venido, plantémosle una trompa detrás, y que cada vez que abra la boca le haga: ¡brraah! ¡brraah!

-Nada, pues -dice el cabecilla-. Que le salga esa trompa y que al decir cada palabra, le suene ipso facto: ¡brraah! ¡brraah!

A Catalinota, viendo que los gigantes no asomaban, se le acabó la paciencia, se sube de un salto al caballo y ¡hacia el molino!, toda ofendida y enfurruñada. Y lo gracioso fue cuando llegó a su casa, que a la primera palabra que dice la trompa le hace de pronto: ¡brraah! ¡brraah! Y tantas palabras como pronunciaba, venga a hacerle la trompa: ¡brraah! ¡brraah! Imaginaos la rabia que les debió entrar a ella y a su madre, y la risa que debía entrarles a los otros cuando escuchaban aquel barritar de la trompa que llevaba enganchada detrás. Incluso el molinero se reía, y Catalineta se encerraba en su habitación porque no podía aguantar las carcajadas ante tal extraño espectáculo, y no quería que la madrastra la sorprendiera con la risotada en la boca. La molinera estaba hecha una furia al ver a su hija de aquella manera, y lo que la angustiaba más era que, como Catalinota cortejaba, cuando viniera su pretendiente y escuchase el brraah, brraah, que nunca paraba al pronunciar la chica cualquier palabra, él se lo tomaría mal y no volvería a aparecer por la casa. ¿Y qué hace ella? Se va al pretendiente de la niña y le suelta:

-Mira, tú. Mi Catalina ha ido a confesarse y el cura le ha puesto por penitencia que no ha de decir palabra hasta que se case.

El novio, que era un poco memo y no había encontrado a ninguna otra muchacha que lo quisiera, con la esperanza de que Catalinota tendría alguna cosa porque los de aquel molino parecían gente pudiente, se resignó a casarse con aquella arpía. Disponen la cosa y a los ocho días se casan, sin que Catalinota abriese boca hasta que al fin estuvo casada. Pero lo bueno fue al salir de la iglesia, cuando todos les daban la enhorabuena, y ella ¡boca lacrada!, sin hablar ni chistar, por miedo a lo que pasara. El marido, ya un poco molesto, le dice:

-¡Vaya, mujer, a ver si hablas! ¡Que Cristo hablaba y estaba en la cruz! Si el cura te puso por penitencia que no podías abrir boca hasta estar casada, ahora ya lo estás. ¡Así que habla!

La esposa se vio tan presionada que no tuvo más remedio que responder agradeciendo las felicitaciones, ¡pero buena la hizo! La trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le plantaron detrás, empieza a sonar: ¡brraah! ¡brraah!, por cada palabra que decía la taruga. Aquello fue un escándalo: todo el mundo se echó a reír, y ríe que ríe, y el novio y toda su familia más avergonzados que no sé qué deciros. Y la molinera hecha un demonio, al igual que la novia. Y el molinero todo abochornado y con un miedo horrible a echarse a reír también.

Y la cosa acabó tan mal que la novia se desmayó y se la tuvieron que llevar en una parihuela hasta su casa y encamarla; y el novio dijo que allí había habido un medio engaño y que daba por nulo el casamiento. Devolvió al molino el ajuar de ella y todos los demás bártulos y no quiso saber nunca más nada de Catalinota, quien no supo desprenderse nunca de aquel demonio de trompa que los gigantes de la cueva de Es Fangar le habían plantado detrás, y que no dejaba nunca de hacer ¡brraah! ¡brraah!, al pronunciar la majadera cualquier palabra.

Y pues, ¡no hubiese sido tan grosera, colérica y pedante! ¡Más se merecía! Tomad ejemplo, muchachitas que esto leéis sobre Catalineta y Catalinota, si no queréis salir escaldadas.

Lectura sobre Lecturas: Arte contemporáneo mexicano en el Museo Amparo

Lecturas de un territorio fracturado - Fotografía por Job Melamed
Lecturas de un territorio fracturado – Fotografía por Job Melamed

por José Luis Dávila

De a poco, desde hace años, me fui inmiscuyendo en el arte contemporáneo a modo de espectador y, más tarde, cuando consideré haber adquirido el conocimiento mínimo necesario para pasar a la acción de expresar las razones de mi gusto, empecé a escribir sobre los museos que visitaba, los artistas, las experiencias con la pieza y las personalísimas reflexiones que, aunque redunde, me provocaban las reflexiones de los otros. Y mientras más veía, más quería pensarlo, comentarlo, apropiarlo. Porque, en gran medida, para eso es el arte: entender en uno algo que se genera desde la obra con el fin de cuestionar lo que nos rodea y establecernos desde un punto crítico.

Quizá esa sea la razón que más me atrajo. Mucho más cuando hay arte mexicano que se ocupa de desarrollar ese tipo de cuestionamientos sobre la identidad, la violencia, las convenciones sociales y morales, las creencias religiosas, o incluso del mismo acto creativo. El arte contemporáneo mexicano es una geografía híbrida que debe ser explorada a fondo, meticulosamente, con el interés que merece. Por ello, creo que es un gran logro la nueva muestra Lecturas de un territorio fracturado, la cual expone parte de la colección del Museo Amparo en un esfuerzo por dilucidar los cómos y qués que provienen desde la década de los 90’s y se topan con la actualidad.

Lecturas, curada por Amanda de la Garza y Cecilia Delgado, encuentra su hilo conductor en la concatenación de estilos y crea pasajes que se cuentan a sí mismos dentro de las salas, puentes que se establecen no para conectar tiempos ni lugares, sino ideas que se concretan en la experiencia de aquél que los recorre.

Es, pues, un ensayo hecho exposición, una argumentación sobre las preguntas que el arte arroja en México y posibilita conclusiones latentes, aunque no unívocas, que buscan ser desentrañadas. Una exposición para debatir y comentar, para acercarse al arte contemporáneo mexicano con la curiosidad justa que me recordó los motivos por los cuales me he quedado en esta línea de gusto estético y que, estoy seguro, despertará el gusto de todos los que se acerquen a ella.

El secreto de Gorco: entrevista a Abdiel Degollado

Cada fin de semana se presenta El secreto de Gorco, una puesta en escena de Pasajeros de Caronte en el Foro Escénico El Nicho, una obra de teatro que presenta el conflicto del amor joven. Tuvimos oportunidad de platicar con Abdiel Degollado, director del proyecto.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

José Luis Dávila: ¿Por qué representar esta obra de Alberto Chimal?

Abdiel Degollado: Yo ya había hecho esta obra antes. Me gusta. La obra ganó un premio de teatro juvenil hace como 10 años. A mí, en particular, me gusta este teatro ligero, que de repente puede venir todo mundo. No todos buscan dramas, algunas personas le huyen. Está pensado en toda la familia, aunque siempre que hemos intentado obras así, como para niños, quienes menos vienen son niños, siempre vienen personas entre 18 y 30 años. Pero la idea es una obra corta, probada, ligera, en esta idea de divertirte; obviamente, tiene su mensaje, moraleja, la idea es poner algo para todos.

JLD: ¿Qué tan complicado fue montarla?

AD: Fue bastante fácil, creo que es la obra que hemos montado más rápido, en aproximadamente diez ensayos. El equipo es muy comprometido, que ya hay algún suplente y esperamos tener todos suplentes. A la primera, me gustó cómo quedó. Creo que cuando una obra está bien escrita es mucho más sencilla ponerla en escena, y esta obra está muy bien escrita. De repente, por cuestiones logísticas, por el espacio, cortamos, porque originalmente Chimal propone como 8 o 10 personajes, entonces, cortamos algunas cosas o las resolvemos de otra manera. Pero, teniendo el texto, que probablemente fue lo más difícil, lo demás se fue dando de manera intuitiva. Algo que podemos presumir, es que como grupo estamos acoplados, nos conocemos bien, y eso facilita las cosas: ya sabemos cómo somos, sabemos cual podría ser el fuerte de cada quién, y entre todos nos apoyamos para que salga.

JLD: ¿Chimal ha venido a ver la obra?

AD: No la ha venido a ver todavía, espero que venga pronto. Nos dio, rápidamente y sin ningún problema el permiso, la única condición que nos puso fue que le mandáramos fotos, ya le cumplimos, le mandamos algunas fotos. Él está invitadísimo. Además, la idea es estar aquí en El Nicho todo julio, en Cuarto Acto en Cholula, y de ahí irnos a Catemaco; queremos moverla en diferentes espacios, tanto en la ciudad de Puebla, en el estado y viajar por la República.

El secreto de Gorco
El secreto de Gorco

JLD: ¿Cómo ha sido programar sido la itinerancia de la obra?

AD: Estamos empezando, esta es nuestra función número seis. Seguramente será complicado, pero es parte de la gestión, hay que buscar apoyos, espacios. Es la segunda obra que llevamos a Cuarto Acto, pero nos ha ido bien. Es no quitar el dedo del renglón. Hacer teatro es difícil en muchos sentidos, pero perseverar tiene sus recompensas, eso está probado.

JLD: ¿Qué tan larga te gustaría que sea la temporada?

AD: Originalmente la pensamos corta, dos meses. Hay quien hace temporadas mucho más cortas. Y digo corta porque estamos acostumbrados a hacer temporadas de 30, mínimo, 50 si se puede. Y a veces muchas más. Esta la pensamos corta porque cambia la dinámica de grupo cuando ya tenemos un espacio donde tenemos que proponer, porque el público busca más cosas. Cuando no eres parte del espacio, sino que pones la obra y hay otras personas, no estás tan comprometido; aquí nos sentimos con ese compromiso de tener diferentes propuestas para los diferentes públicos, en ese sentido, pensamos una temporada corta, al menos en este espacio, al menos por ahora. Seguramente lo dejaremos descansar un tiempo y regresaremos. La idea es más bien presentarla en otros espacios de Puebla.

Rondalles Mallorquines No. 5: Las piernas de los concejales de Porreres

por Antoni Maria Alcover i Sureda

traducción de María Mañogil

Encontré, en mi paseo por la literatura balear, esta rondalla que Jordi des Racó rescató de la voz popular de su época, hace más de un siglo, e inmortalizó en su Aplec de rondalles mallorquines. Me pareció divertida. Y esta vez le tocó a Porreres, un entrañable pueblecito en el centro de Mallorca. Espero que os guste.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

LAS PIERNAS DE LOS CONCEJALES DE PORRERES

En aquel tiempo en que los animales hablaban -como las rocas ahora-, hubo un concejal de Porreres que vino a la ciudad un día de fiesta y acudió a la misa en la Catedral.

Estaba todo el ayuntamiento sentado en su banco.  El porrerense se les quedó mirando, y os aseguro que no les quitaba el ojo de encima. Le vino muy de sorpresa que tantos concejales fuesen vestidos de la misma manera. El hombre no podía creer que todos vistiesen igual.

Vuelve a Porreres y se lo cuenta a los otros concejales de allá.

-En serio -decía-, os aseguro que si no fuese por los rostros y por la estatura, no seríais capaces de saber quién es uno y quién es otro. El vestuario es bien bien igual.
-Y debe lucir guapo -decían los otros-, ese arsenal de hombres con la misma indumentaria.
-¡Y tanto que sí- exclamaba él.

Así que resolvieron, nemine discrepante, hacerse todos un mismo traje, igual igual, y ponérselo el primer día que tuviesen que ir a misa. Y así hicieron. En la siguiente festividad que se celebra se presentan en la iglesia todos vestidos igual, sin más diferencias que la cara, la estatura y la talla.. Y ya lo creo que la gente no hacía más que mirarlos: no les quitaban la vista de encima, embelesados.

Comienza la misa. Todos se arrodillan, pero ni alcalde ni concejales se mueven ni se inmutan, sentados en su banco como estatuas. Leen el Evangelio. Todo el mundo se levanta, pero alcalde y concejales, bien alerta a moverse y bien sentados.

Porreres - Imagen pública
Porreres – Imagen pública

-¿Qué será esto? -decía la gente-. ¿Y no se han enterado de que la misa ya ha comenzado? Porque los ojos los tienen bien abiertos.

¡Y vaya si los tenían! Y bien que miraban a todas partes.

Llega el momento del Salmo y todos se arrodillan, todos menos los del ayuntamiento, que no se mueven, sólo meneaban los ojos.

-¿Pero qué demonios le pasa hoy al ayuntamiento? ¿Deben tener calambres por todo el cuerpo, el alcalde y los concejales?

Empezó el cura a leer el último Evangelio, y tampoco se movieron éstos. Todo el mundo se hacía cruces, y todo era un bisbís dentro de la iglesia. Se acabó la misa y la gente empezaba a escampar; y los del ayuntamiento clavados al banco. Aquí ya hubo muchos que no salieron para ver cómo acabaría aquello. El monaguillo, al percatarse, se va a los del ayuntamiento y les dice:

-Y bien, ¿a quién esperáis?
-Esperar, no esperamos a nadie -dice el alcalde-. Pero, hombre de Dios, debes creer y pensar que como nos hemos hecho estos trajes todos iguales, que uno no se distingue del otro, sentados en este banco tenemos las piernas mezcladas, y ahora no sabemos cuáles son de uno y cuáles son de otro. ¿No has notado que no nos hemos levantado en los Evangelios ni nos hemos arrodillado al comenzar el Salmo?
-¡Y tanto que lo he notado!, ¡y todos los demás, que se hacen cruces! ¡Aún así, habéis hecho una buena marranada!
-¿Y qué podíamos hacer nosotros, si no sabíamos distinguir las piernas? Por eso no nos hemos movido, para que no hubiese una desgracia al confundirlas.
-Y bien -dice el monaguillo-, ¿y ahora os tenéis que pudrir en este banco?
-Éste es nuestro quebradero de cabeza -dijeron todos los concejales-. ¿No nos darías una solución tú?

El monaguillo piensa un poco y dice:

-Ahora mismo.

Se va a la sacristía, coge un cordel de cáñamo que guardaba para uno de estos casos, lo dobla seis o siete veces, se lo ata por un cabo a una mano, se presenta frente al banco de los del ayuntamiento y ¡cordelazo va cordelazo viene contra las piernas de los concejales! Los heridos, tan pronto como sentían el vergajazo, gritaban con todas sus fuerzas:

-¡Aaay!
-Éstas son las tuyas -decía el monaguillo-. Y buenos cordelazos a las piernas de los concejales que veía quietas.
Y cada vez que escuchaba ¡ay!, decía:
-Éstas son las tuyas. Cógelas.

Así pues, con un gimoteo, ya no quedó ni una de las piernas de los concejales, delante del banco, porque todos escamparon bien deprisa, sin mirar si se llevaban sus piernas o las de otro. Lo que querían era huir del cordel del monaguillo, que tenía un arrebato del demonio.

-¡Este demonio de hombre! -decían ellos cuando estuvieron fuera-. ¡Esto es un demonio! ¡Nos las habría triturado, las piernas, si no nos hubiésemos dado prisa en escapar! ¡Pero lo que es suyo, dádselo! ¡Desliarnos las piernas, nos las ha desliado, sí!

No os digo nada de las risas que hubo en Porreres de esta anécdota de los concejales, que se acordaron toda la vida de la leccioncita del monaguillo.

¡Menos mal si uno se aprovecha de las lecciones que recibe!

Alicia en escena: Entrevista a Marco Polo Rodríguez

El sábado pasado se estrenó Alicia en el País de las Maravillas, en el foro Interiores de Espacio 1900, una puesta en escena que devuelve al clásico de Carroll interpretado por talleristas que están en la línea teatral bajo el cargo del reconocido actor y director Marco Polo Rodríguez, a quien pudimos entrevistar.

José Luis Dávila: ¿Por qué regresar a Alicia en el país de las maravillas, en específico para un grupo de taller de teatro?

Marco Polo Rodríguez: Me parece que es un texto provocador, y además de que es un clásico, porque a todo mundo nos gusta y es uno de los textos consentidos, resulta un reto para cualquier actor o actriz que intente acercarse al escenario, o a una puesta en escena semiprofesional. Ciertamente hay un trabajo constante, en el escenario hay que estar entrenando todos los días. Las tablas también se logran representando, y creo que en ese sentido es afortunado el montaje. Por otro lado, independientemente de los detalles que todavía trabajaremos, también es estimulante para los actores ir hacia un texto que resulta un desafío, porque, bueno, cero escenografía, nos vamos con vestuario, música, y así; creo que cada uno de ellos está haciendo su mejor esfuerzo.

Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila - Fotografía por Job Melamed
Marco Polo Rodríguez y José Luis Dávila – Fotografía por Job Melamed

JLD: ¿Qué dificultades encontraste para la preparación de la obra?

MPR: En realidad, la mayoría no tiene mucha experiencia o ha sido nula. De la mayoría de los actores y actrices que vimos, hoy es su primera experiencia teatral, y creo que eso es muy importante porque te marca para toda la vida. Aquí el desafío es trabajar con disciplina, con compromiso, como siempre nos lo han enseñado nuestros grandes maestros, con disposición, porque sabemos que teniendo este elemento podemos hacer todo. Están en una búsqueda constante de trabajar, no solamente para el escenario sino para la vida, que es algo que siempre les he tratado de inculcar y mantener a flote.

JLD: Precisamente, en esa cuestión, ¿qué valor tiene para ellos, para su formación, ser parte de este taller?

MPR: Principalmente, romper con nuestros paradigmas, las estructuras que traemos, los vicios que como personas venimos arrastrando desde la familia, desde que nacemos. Y entonces encontrar otra posibilidad de expresión, una manera distinta de pensar, de ver el mundo, y también de cambiar tu propia vida, porque el teatro te transforma, te trastoca desde el interior, y creo que ese trabajo, al final, se ve en la puesta en escena. El desafío es constante, es cotidiano. No se termina nunca. Incluso los actores que tenemos varios años trabajando seguimos sin quitar el dedo del renglón y pensando que la creación es el acto más importante del artista.

JLD: ¿Cuál es el futuro que te gustaría para este taller?

MPR: Llegar un montaje profesional en un tiempo en que resulta crucial, sobre todo en Puebla, mostrar diversidad de propuestas. El reto es llegar con un texto más arriesgado y que implique verdaderamente un trabajo actoral.

Float On

por E. J. Valdés

En mayo de 2012, Modest Mouse se presentó en Cholula, Puebla, como parte de la primera y última edición del Festival 72810. En punto de las ocho de la noche el grueso de los asistentes se aglomeró frente al escenario oeste para esperar a la banda, que salió puntual y abrió su repertorio con “Dashboard”. Hacia la mitad de su intervención tocaron “Float On”. Los primeros acordes de la guitarra arrancaron al público un grito jubiloso, y aquellos que no saltaron bailaron, y quienes no bailaron cuando menos cabecearon. Nadie pudo quedarse quieto, y alrededor de ochocientas voces hicieron eco al coro, extáticas. Entonces, al concluir la canción, ocurrió lo inesperado: la gente comenzó a retirarse. La banda no se detuvo —continuó casi de inmediato con “Bukowski”— pero el público se esfumó, veloz, en pos del escenario este, en donde, cuarenta minutos más tarde, se presentaría Public Enemy (¿quién en su sano juicio deja un concierto de Modest Mouse para esperar a Public Enemy?). A nadie pasó desapercibida la mirada que intercambiaron Isaac Brock y Tom Peloso, extrañados de que dos terceras partes de su audiencia dieran la media vuelta para alejarse. Peor aún: durante el resto de las canciones el público se redujo más y más, y hacia el final de su acto tocaban —no miento— para un máximo de cien personas. Brock lucía molesto, y en cuanto terminaron dejó su guitarra y salió del escenario sin decir una palabra, de modo que fue Peloso quien tuvo que despedirse y agradecer a los pocos que tuvieron el genuino interés de escucharlos.

Horas más tarde, cuando el staff ya había empacado sus cosas, la banda solicitó reunirse con los organizadores del festival, y aunque no fueron los únicos que se quejaron de la baja asistencia, sí fueron los que más se hicieron escuchar (a ello contribuyó la personalidad explosiva de Brock).

Modest Mouse
Modest Mouse

El Festival 72810 se extinguió aquella misma noche, pero para Modest Mouse apenas comenzaba la gira por Latinoamérica. Su siguiente parada fue en San José, Costa Rica, y aunque en esa ocasión no formaron parte de un cartel colectivo, Brock aún no superaba lo acontecido en México y estaba malhumorado e insoportable. Cuando salieron a tocar arrancaron de nuevo con “Dashboard”, como indicaba la lista de canciones, sin embargo, tras interpretar otro par de éxitos, Brock se acercó a Jeremiah Green y le pidió que diera la entrada para “Float On”. Esto extrañó al baterista, pues aún debían repasar otra decena de temas antes, pero el vocal, irritado, les gritó a él y al resto de la banda que cerraran la boca e hicieran como les mandaba. No muy convencido, Green contó con sus baquetas, dio unos golpes a los tambores y Brock se incorporó con los primeros acordes de la canción. El público aulló y los siguientes tres minutos y medio fueron una auténtica locura. Al concluir el último coro una ovación inundó el lugar. La banda prosiguió con “Ocean Breathes Salty”, pero hacia la mitad se percataron de que, tal como ocurriera en México, algunas personas ya se marchaban. De nuevo Brock intercambió una mirada con Peloso; poco a poco los asientos se vaciaban y les restaban, cuando menos, otros cincuenta minutos en el escenario. Los completaron, pero fue evidente que terminaron el concierto con mucha menos gente de la que iniciaron y que Brock no estaba para nada contento con ello. En el camerino, abrió una cerveza que arrojó contra la pared tras sólo un par de tragos. Nadie se atrevió a dirigirle la palabra el resto de la noche.

Volaron a Bogotá. Allí, Brock instigó al desorden cuando ordenó tocar “Float On” entre las primeras canciones de la noche una vez más. Dados los últimos acontecimientos, la banda no estuvo muy de acuerdo pero la voluntad del vocal terminó por imponerse; menos de quince minutos después de comenzar el concierto enfrentaron el mismo escenario de las dos presentaciones previas. Al menos la mitad de los asistentes se marchó, y por supuesto que Brock no se guardó la rabieta. Viajaron después a Lima y Peloso hizo cuanto pudo para convencerlo de que reservaran “Float On” para el final de la velada, moción que el resto de los músicos apoyó. Sus palabras, sin embargo, cayeron en oídos sordos y, para horror de todos, aquella noche Brock quiso tocar “Float On” tan pronto pusieron pie en el escenario. El público se regocijó, por supuesto, pero eso no previno el silencioso éxodo hacia afuera del auditorio minutos después.

Para la banda aquello fue demasiado. Después del concierto encararon a Brock cual tripulación amotinada ante el capitán pero al final de la noche prevaleció su cabeza dura: así terminaran cada presentación ante un montón de asientos vacíos, “Float On” se quedaba al inicio del repertorio. La subsecuente discusión fue larga, acalorada y fútil.

Llegaron a Santiago con la moral hecha polvo. Nadie deseaba hablar con Brock y él, a su vez, no tenía interés en dirigirle la palabra a los demás. Pasaron el día cada quién por su cuenta y durante la prueba de sonido, un par de horas antes del concierto, el aire se respiraba tenso. Hacia la hora del evento, el teatro estaba lleno. Peloso asomó por entre las cortinas y no pudo sino lamentar el hecho de que en cuestión de minutos muchas de esas butacas se desocuparían. Brock no dijo una palabra. Poco después de las nueve salieron al escenario y un estruendoso aplauso los recibió, mismo que cobró intensidad cuando los acordes de “Float On” resonaron por los altavoces. Gritos, aullidos y silbidos los recompensaron, y aunque la lista de canciones indicaba que “Dashboard” era la siguiente, Brock los detuvo a todos antes de que comenzaran con ella.

—“Float On” —ordenó.

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Los músicos se miraron entre sí. ¿Habían escuchado todos lo mismo? ¿De verdad les estaba pidiendo que tocaran “Float On” otra vez?

Peloso se acercó a preguntarle si acaso bromeaba, mas no tardó en convencerse de que no era así: sin consultar a nadie, Brock tocó los acordes de “Float On” y a los demás no les quedó sino sumarse. La confusión también corrió entre el público pero pronto se disipó entre una marejada de éxtasis, pues aquella segunda interpretación fue mucho mejor recibida que la primera. Todos bailaron con mayor ímpetu, saltaron más alto y cantaron más fuerte. Sobre el escenario, nadie salvo Brock daba crédito a ello. El ánimo de la banda mejoró y creció de manera exponencial junto con la euforia del público conforme tocaron “Float On” una tercera, cuarta y quinta ocasión. Para todos fue una noche como ninguna otra: interpretaron el mismo tema durante una hora y media frente a un teatro cada vez más emocionado. Nadie se quejó, nadie se aburrió y nadie dejó su lugar. Incluso, cuando Brock y los demás salieron del escenario la gente pedía a gritos que tocaran “Float On” una vez más, y eso fue justo lo que hicieron.

El inusual concierto de Modest Mouse fue muy comentado en los medios: ninguna banda antes que ellos había enloquecido a dos mil personas con casi cien minutos de la misma canción. En opinión de algunos comentaristas, aquello había sentado un precedente importante para actos considerados one-hit wonders, aunque a decir de otros se trató de un acto deplorable y estrafalario, de una burla a la industria y a quienes pagaron un boleto por entrar a escucharlos. Como fuera, la expectativa por las siguientes fechas de la gira, todas ellas en Brasil y Argentina, fue tal que las entradas restantes se agotaron y el precio de reventa se disparó. Modest Mouse, sin embargo, no repitió la hazaña: “Float On” se interpretó una sola vez por noche para beneplácito de quienes deseaban escuchar todo su repertorio y horror de quienes no. Lo cierto fue que nadie en el público dejó su lugar, y los lamentables escenarios de México, Costa Rica, Lima y Perú no se repitieron. Para los chicos fue como si una maldición se hubiese roto.

Las cosas a veces resultan bien.