Nulo y vacío

traducción de E. J. Valdés

Ha poco tuve la oportunidad de tener entre las manos una copia de Zero: The Biography of a Dangerous Idea, de Charles Seife. Si bien no sé gran cosa de matemáticas ni de ciencia, eché un vistazo a sus primeras páginas, a su introducción denominada “capítulo cero”, y me pareció en sumo interesante. De hecho, me gustó tanto que decidí copiarlo y traducirlo para que ustedes también puedan disfrutar de él. Aquí lo tienen.

Capítulo 0
Nulo y vacío

El cero golpeó al USS Yorktown cual si fuera un torpedo.

El 21 de septiembre de 1997, mientras navegaba cerca de la costa de Virginia, el crucero de misiles de un billón de dólares se detuvo. El Yorktown había muerto en las aguas.

Los buques de guerra están diseñados para soportar el impacto de un torpedo o la explosión de una mina, y pese a que estaba protegido contra tales armas, nadie pensó en proteger al Yorktown del cero. Un grave error.

Las computadoras del Yorktown recién habían recibido un nuevo software que controlaba los motores. Por desgracia, nadie se percató de la bomba de tiempo que acechaba en la programación: un cero que los ingenieros debían remover mientras instalaban el software. Por algún motivo, ese cero pasó desapercibido y permaneció oculto en el código. Oculto, sí, hasta que el software lo trajo a su memoria y se ahogó.

Cuando la computadora del Yorktown intentó dividir entre cero, los ochenta mil caballos de fuerza de inmediato se volvieron inservibles. Tomó casi tres horas conectar controles de emergencia a los motores, y después el Yorktown cojeó de regreso al puerto. Los ingenieros pasaron dos días deshaciéndose del cero, reparando los motores y poniendo al Yorktown en condiciones de combate.

USS Yorktown - Imagen pública
USS Yorktown – Imagen pública

Ningún otro número puede hacer tanto daño. Los errores de computadora como el que afectó al Yorktown son solamente una débil sombra del poder del cero. Culturas se han ceñido en su contra y filosofías se han derrumbado bajo su influencia, pues el cero es distinto de los otros números. Permite vislumbrar lo efable y lo infinito. Es por eso que ha sido temido, odiado y prohibido.

Ésta es la historia del cero. Desde su nacimiento en tiempos antiguos hasta su crecimiento y cultivo en el Este, su lucha por ser aceptado en Europa, su ascenso en el Oeste y su sempiterna amenaza a la física moderna. Ésta es la historia de la gente que luchó sobre el significado del misterioso número —los académicos, místicos, científicos y religiosos— y que trató de entenderlo. Ésta es la historia de los intentos del mundo occidental por escudarse sin éxito (y en ocasiones con violencia) de una idea oriental. Y ésta es la historia de las paradojas que posó un número en apariencia inocente, y que sacudieron incluso a las mentes más brillantes de este siglo y amenazaron con desenmarañar el marco entero del método científico.

El cero estuvo en el corazón de la batalla entre oriente y occidente. El cero estuvo en el centro de la lucha entre ciencia y religión. El cero se volvió el lenguaje de la naturaleza y la herramienta más importante de las matemáticas. Los más profundos problemas de la física —el obscuro centro de un agujero negro y el brillante flash del Big Bang— son esfuerzos por derrotar al cero.

Mas a través de su historia, y pese al rechazo y el exilio, el cero siempre ha derrotado a sus opositores. La humanidad jamás podrá obligarlo a encajar en sus filosofías. En su lugar, el cero dio forma a la visión que el hombre tiene del universo —y de Dios—.

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