Rondalles mallorquines

Rondalles Mallorquines No. 1: LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

por Antoni Maria Alcover I Sureda

Traducción de María Mañogil

Las rondallas son una pieza importante en la literatura balear, ya que nos abre las puertas, de generación en generación, al fantástico mundo de la superposición de leyendas, cuentos, chismes y demás invenciones populares y la más aplastante realidad, donde no se diferencia la linea en la que acaba la ficción y empiezan los hechos verídicos, entremezclados y transmitidos de boca en boca por la gente humilde de los pueblos de Mallorca, aunque el origen de ninguno de estos relatos se puede situar en un lugar determinado, ni siquiera en un tiempo concreto de nuestra historia.

Si bien el autor quiso recopilar estas rondallas añadiendo en cada una de ellas el nombre de quien se lo contó, en verdad pertenecen a todo un conjunto de voces rurales que, con toda seguridad, modificaron o exageraron su contenido original, transformándolas así en eternamente anónimas y patrimonio y riqueza de todos los que nacimos en esta cálida isla del archipiélago balear.

Con mucho gusto iré traduciendo una de ellas cada quincena, para que todos podáis conocer un poco más de nuestra cultura y de nuestra literatura.

Rondalles mallorquines
Rondalles mallorquines

LOS TRES HERMANOS PEREZOSOS

Había una vez un padre que tenía tres hijos. Cierto día cayó enfermo, y estando en su lecho de muerte llamó a un notario para hacer el testamento.

Compareció el notario y dijo:

-Veamos cómo queréis el testamento.

-Yo se lo diré- dijo el enfermo-. No tengo nada más que un asno y tres hijos, y quiero que el animalito sea para el más perezoso, porque tienes que creerme si te digo que lo son con ganas y quiero que se compruebe cuál de ellos lo es más.

Se murió aquel hombrecito, Dios lo haya perdonado, así como todos los difuntos, amén; pero ninguno de los tres hijos se molestó en aclarar lo del testamento.

Al saberlo el alcalde del pueblo, compareció ante ellos y les dijo:

-¿Pero qué clase de burros sois? ¡Vuestro padre os hace herederos y tendréis tanta pachorra que no os preocupareis de ver qué es lo que os toca! Veamos el testamento qué dice.

No hubo más remedio que mostrárselo.

Cuando el alcalde acabó de leerlo exclamó:

-Sí que os conocía bien de cerca vuestro padre. Nada, tenemos que hacer las pruebas para ver quién es el más perezoso de los tres.

Se gira hacia el mayor y le suelta ésta:

-Veamos qué pruebas das tú de tu pereza. Se me hace que no estás demasiado apurado por darme muchas.

-¡Fu!- dice aquel-, ¿y ahora tengo que sacar cosas pasadas?

-Y deprisa- dice el alcalde-, si no quieres dormir en prisión esta noche.

Cuando escuchó algo de prisión, cambió de golpe y soltó ésta:

-Así pues, debe creer y pensar y pensar y creer, señor alcalde, que un día me cayó una brasa ardiendo dentro del zapato, y si no me la sacan, me habría quemado entero, de la pereza que me daba sacudírmela

-¡Bestia, más que bestia!- dijo el alcalde-. Tu suerte fue que yo no estuviese allí. De haber estado, no habría consentido que te sacasen la brasa, para ver hasta donde llegaba tu tozudez.

-¡Hala, tú!- le dice al segundo-, veamos qué proezas has hecho de vago.

-¿Y también me mandará a prisión, si no abro boca?

-Y deprisa- dijo el alcalde-. Y una vez en prisión, ni el demonio, que es demonio, te sacará. ¿Qué te has creído?

-Nada, pues- dice aquel-, diré algo. Dicho esto, señor alcalde, debe pensar y creer y creer y pensar que un día, por desgracia, me caí al mar, y enseguida me entró tal pereza que no tuve ganas de moverme ni de hacer nada para salir. Tuve suerte porque pasó una barca y los marineros me vieron y me sacaron del agua.

-Tu fortuna- dijo el alcalde- fue que yo no estuviera en esa barca, porque no habría consentido que te tocasen de haber reparado en que no estabas haciendo nada para salvarte.

– ¿Y qué quiere que le diga, señor alcalde?- dijo aquel.

-No importa que digas nada, no- dijo el alcalde-, para ver lo vago que eres.

Se gira hacia el último y le dice:

-¡Hala, tú! Veamos qué fantasías has hecho como perezoso. Veamos si aún resultará que lo eres más que los otros dos hermanos, y si te lo llevarás tú ,al asno.

-Señor alcalde- dijo el último-, métame en prisión, haga lo que quiera, pero yo me aflojo del asno para no tener que hablar.

En ese momento el alcalde exclamó:

-No hay duda. Tú eres el más perezoso. Toma el asno.

Y si no están muertos es que siguen vivos, y si no están vivos es que ya han muerto, y en el cielo nos veremos todos juntos.

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA
ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nota sobre el autor

ANTONI MARIA ALCOVER I SUREDA

Nació el 2 de febrero de 1862 en Manacor (Mallorca), en una familia rural, de costumbres tradicionales y religiosas. En su adolescencia se trasladó a Palma para realizar sus estudios en el Seminario, donde fue nombrado Catedrático de Historia Eclesiástica, y más tarde, ya licenciado en Teología, Vicario General y Canónigo. Muy dotado para la escritura, se relacionó con personas muy importantes de su época en el mundo de las letras.

Cabe decir sobre él que fue reconocido como uno de los mejores investigadores sobre la filología románica en Europa y que, junto a Francesc de Borja Moll, creó el diccionario Català-valencià-balear, una obra única en la que se recoge el léxico de las tres lenguas. Para publicar la recopilación de rondallas, llamada L’Aplec de Rondalles Mallorquines, en 1886 y que consta de más de cuatrocientas historias, utilizó el seudónimo de Jordi des Racó.

Falleció en 1932 en Palma, dejándonos un inestimable legado literario.

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