¿La libre expresión te ofende?

por Greg Lukianoff

Traducción de E. J. Valdés

No soy partidario de la corrección política. Sostengo que es una tendencia que hace del mundo un lugar cada vez más pusilánime y que en el largo plazo ocasionará gran daño a la civilización occidental. En México sus males no son tan visibles como en Estados Unidos…Todavía. Aunque es un hecho que ya se nos obliga a tener opiniones favorables hacia ciertos grupos sociales, en nuestras universidades aún no hay “zonas seguras” (espacios en donde los alumnos pertenecientes a grupos minoritarios pueden expresarse y desenvolverse libres de interacciones personales no deseadas) o, en su defecto, catálogos de “micro agresiones” como el de la Universidad de Arizona, que prohíbe a los alumnos, entre otras cosas, decir “bless you” (salud) a quien estornuda. Esto último es verídico. Temo, no obstante, que este pensamiento no tarde en llegar a nuestro país, tan propenso a seguir los malos ejemplos de su vecino del norte.

En uno de mis prolongados paseos por YouTube me topé con un comentario que Greg Lukianoff, presidente de la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación, grabó para el canal de Prager University (que en realidad no es una universidad, sino un espacio de opinión administrado por el periodista Dennis Prager), mismo que encapsula mucho de lo que pienso respecto a la corrección política y la manera en que ésta coarta la libertad de expresión. Comparto a continuación la opinión de Lukianoff traducida al español. Al final del artículo encontrarán el enlace al video original, fechado el 31 de agosto de 2015.

Libertad de expresión. La habilidad de expresarte. Es una idea valiosa, justo como debería serlo. La mayoría de quienes vivimos en democracias occidentales liberales la consideramos un derecho humano fundamental. Personas han luchado y muerto por ella. Sin embargo, hoy corremos el riesgo de perderla. La amenaza no viene de fuera, de enemigos externos, sino desde dentro. A toda una generación se le está enseñando a no creer en la libertad de expresión, sino en que deben estar libres de dicha expresión; de toda expresión que les disguste. Esto es una amenaza para la pluralidad y la democracia misma. Vemos esto en Europa, donde la censura basada en la sensibilidad intenta vetar todo aquello que se considere odioso o meramente hiriente y prohíbe la crítica religiosa, en especial del Islam. Pero los Estados Unidos, a pesar de sus fuertes garantías constitucionales en la Carta de Derechos, no es inmune a la creciente tendencia de supresión de expresión, o aquello a veces denominado “corrección política”. Esto es en particular cierto en los colegios y universidades estadounidenses, los lugares en donde se educa a nuestros futuros líderes y en donde uno esperaría que la expresión fuera en sumo libre. Los códigos de expresión altamente restrictivos son la norma en los campus hoy en día. De acuerdo con un estudio de mi organización, la Fundación para los Derechos Individuales en la Educación [1] (FIRE por sus siglas en inglés), el 54 % de las universidades públicas y el 59 % de las privadas impone códigos de expresión políticamente correcta a sus alumnos, y gracias a recientes directrices del Departamento de Educación, el 100% de los colegios podrían adoptar esos códigos en los años siguientes.

Greg Lukianoff | Imagen pública
Greg Lukianoff | Imagen pública

¿Cuán malo es esto? El Día de la Constitución de 2013, un campus público de California dijo a un estudiante, quien al mismo tiempo es un condecorado veterano militar, que no podía repartir copias de la Constitución a sus compañeros. La objeción de la universidad no era ideológica, sino una burocracia fuera de control que impuso un límite a su libertad de expresión. Ese mismo día, a otro estudiante de nivel profesional en ese mismo estado le prohibieron protestar contra el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad [2] (NSA) fuera de una pequeña “zona de libre expresión”, un área que abarca únicamente el 1.37 % de la instalaciones. Meses después, a dos estudiantes universitarios de Hawaii se les dijo que no podían repartir copias de la Constitución, ni quejarse de las prácticas de la NSA fuera de la “zona de libre expresión” de la escuela. FIRE llevó a estas universidades a la corte, pero el sólo hecho de que tuviéramos que hacerlo demuestra cuán mal se han puesto las cosas.

Últimamente, alumnos y docentes han unido fuerzas para excluir de sus campus a conferencistas con cuyas opiniones no comulgan. En FIRE le llamamos la “temporada de desinvitación”; una temporada que dura el año entero. Desde 2009 se ha suscitado un aumento considerable en los esfuerzos de estudiantes y académicos para retirar las invitaciones a personajes que no les agradan. Estos personajes incluyen a la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice, a la feminista somalí y crítica del Islam Ayaan Hirsi Ali, y a Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional. Y ésa es solamente la parte obvia del problema de las “desinvitaciones”. Pocos conferencistas conservadores son invitados a presentarse en universidades so riesgo de tener que retirarles la invitación posteriormente.

La más reciente amenaza a la libertad de expresión son las llamadas “trigger warnings” o “advertencias de activación”: alertas que advierten a los alumnos que están a punto de leer o escuchar algo que puede detonar una respuesta emocional negativa. Un artículo del New York Times de 2014 citó el caso de un alumno de Rutgers quien solicitaba incluir estas advertencias en la clásica novela norteamericana El Gran Gatsby porque “contiene una variedad de escenas que hacen referencia a abuso y violencia misógina”. Hace poco, el Colegio Oberlin intentó establecer una política que instaba a los profesores a evitar temas difíciles y utilizar “advertencias de activación” para hacer las aulas “más seguras”. La seguridad se ha rebajado a un mero derecho de siempre sentirse a gusto. La demanda de advertencias de activación se ha disparado en las universidades de todo el país. A esto hay que añadir las populares teorías académicas que invitan a los alumnos a escudriñar “micro agresiones” en el lenguaje: cualquier declaración que pueda interpretarse como racialmente insensible, clasista, sexista o políticamente incorrecta. Es claro que los campus enseñan a sus estudiantes a supervisar lo que dicen. Esto es justo lo opuesto de lo que hace falta. Nuestra sociedad necesita franqueza y libertad de expresión, no exención de expresión. La comodidad intelectual no es un derecho. Nunca debe serlo. No si queremos que la libertad de expresión —o acaso la misma libertad— sobreviva.

Video original:

https://www.youtube.com/watch?v=9vVohGWhMWs

[1] Foundationfor Individual Rights in Education (N del T).

[2] National Security Agency (N del T).

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