Desventura norteña

por Eduardo Villaraldo

Treviño y Zapata echaban volados con Garza y Tovar para decidir quiénes se quedarían de guardia durante el partido de los Tigres contra el Monterrey cuando una voz salió del radio de la oficina. El secretario del Fiscal les avisó que habían reportado un bulto tirado en la avenida Constitución. Ante la afluencia de la carretera y la importancia del día (sábado: día de futbol, día del clásico regio, inauguración de la temporada de béisbol), el fiscal ordenó, mandó a decir que los cuatro comandantes se hicieran cargo del asunto y que dejaran a dos de sus hombres de más confianza al frente de la comisaria.

Treviño y Zapata decidieron dejar al Macho Prieto y a la Muñeca, al frente. Y mientras Tovar fue a mear, Garza (que se había criado en Culiacán) le dijo al Guatemala que fuera por los muebles. El Guatemala era de Chiapas y tenía una semana de haber entrado a la policía ministerial y tres de haber llegado a Nuevo León. Nunca antes había traído una pistola al cinto y por esa razón sólo lo ocupaban para mandarlo a comprar café al Oxxo y disolver en él cápsulas verdes. El Guatemala no entendió a qué se refirió Garza y le llevó dos cajones de un escritorio que se había podrido y en los que almacenaban retratos de narcotraficantes. Garza se cagó de risa cuando vio al Guatemala cargar las maderas. «No seas pendejo», le dijo, le puso un chiricuaso y le dio las llaves de las dos camionetas. «Son las trocas», concluyó.

Se subieron a las dos F150. El sol hacia humear los cofres de las camionetas. Las cabinas eran un horno de leña. Aun así Treviño, Zapata, Garza y Tovar evitaron beber una birra en el camino a la avenida, también declinaron sacar el polvo de las guanteras, hacer dos líneas sobre sus tarjetas de presentación e inhalarlas, pues temían que ante la orden comunicada por el secretario, el Fiscal –que era un gran hijo de puta– pudiera llegar al lugar de los hechos, se diera cuenta (por un comentario errado, un mal movimiento, la inyección excesiva de sangre en los ojos) que estaban bajo la influencia de alguna sustancia y les cortara los huevos con todo y verga.

Convoy
Convoy

Diez kilómetros antes de que llegaran al destino un convoy de militares, que traía música disco a todo volumen (pensando que un convoy de sicarios los estuviera esperando para darles un atorón con una emboscada), les dieron alcance y les dijeron que bajarán la velocidad. El soldado que iba sentado en el lugar del copiloto del DN-XI que lideraba el convoy bajó el volumen de la música y les dijo que, además de los bultos reportados, se había acabado de voltear un tráiler que transportaba bebidas. Garza y Tovar se extrañaron porque a ellos sólo les reportaron un bulto, no “bultos”, como dijo el sardo. Tovar, que era el copiloto de Garza, avisó por radio a Zapata y Treviño del tráiler siniestrado. Hecho esto, los guachos volvieron a subir el volumen de la música y dejaron atrás las dos F150.

Cuando las dos trocas llegaron el lugar, este ya había sido acordonado por los militares. Sin embargo no habían registrado los bultos (que no eran más que bolsas de basura), porque estaban ocupados acaparando la bebida del tráiler volteado que resultó ser propiedad de la cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma, aunque la justificación que dieron a los ministeriales fue que estaban esperando a los forenses. Los cuatro ministeriales, al ver de qué se trataba el tráiler, sintieron un vacío en el estómago que les subió al esófago y luego bajó con la fuerza de una plomada de albañil hasta sus intestinos:desearon estar sentados en un váter. Un tráiler cargado de puras Carta Blanca no era cualquier cosa, era el orgullo, el sol radiante de la Sultana. El ver desperdiciados así tantos litros de cebada les infundió, también, síntomas pasajeros de un ataque de ansiedad.

Adictos a ser los primeros en tener información fresca, cruzaron el área acordonada y colocaron su mano en el cinto de pita, en el lado en que estaban las Glock 17. Por los rastros de sangre impresa en el pavimento los cuatro pensaron que eran los torsos de personas y que, además, habían sido ejecutadas hace no mucho tiempo. Treviño pateó una bolsa y sólo logró que más sangre se escurriera por las uniones del hule. El olor de una carne asada los hizo voltear a todos lados, pensaron que era parte de su imaginación, pero luego vieron un humo azul ascender a las nubes. En la euforia del olor, y pensando que aún podían decidir quiénes irían al partido de los Tigres contra el Monterrey y quiénes se quedarían en la oficina a comer discada, Tovar se hincó y dejó que uno de sus dedos se llenara de sangre, luego lo llevó a su nariz y a su lengua, pero no pudo distinguir nada. Entonces desató el bulto y si con las cervezas desearon estar sentados en un váter, al ver el contenido, los cuatro, sintieron que sus esfínteres se relajaban por completo y que no eran dueños de su cuerpo ni de su alma, pues dentro de la bolsa había sendos paquetes de longaniza, arrachera y diezmillo. Se empezaban a tornar de un color verdoso porque empezaban a descomponerse por el calor del sol. Abrieron los tres bultos restantes y en dos encontraron los mismos paquetes, en otro encontraron cebollas de cambray, limones, rábanos, jitomates, cilantro y aguacates. Llamaron a uno de los militares que resguardaba la zona y le enseñaron el contenido, luego le dijeron que le avisara a su jefe que no había necesidad de que estuvieran allí, que iban a cancelar la llegada de los forenses y que con la carne trataran de buscar algunos cortes comestibles y se los llevaran y si no servía nada se la echaran a los perros de los municipales o a los perros de su zona militar (esto último, lo de los perros, lo dijo Treviño con unas lágrimas que suprimió pero que al subirse a la camioneta dejó brotar sin hacer ruido ni comentarios).

Camino a la comisaria hablaron por radio a los forenses para decirles que ya no eran necesarios sin darles mayor explicación.

Afuera de la comisaria estaba el Guatemala prendiendo, con dificultad, el carbón de una parrilla. Treviño, Zapata, Garza y Tovar se apearon de las trocas y se quedaron recargados en los cofres. Su vista apuntaba al Guatemala, pero era claro que sus ojos no observaban nada. Hasta ese momento se dieron cuenta que estaban pálidos.

Esa tarde el humo de la parrilla, que minutos después logró prender el Guatemala,picó como nunca antes, como si en lugar de carbón le hubiera echado fuego a un puñado de chiles habaneros. En el clásico Tigres no alineó a Gignac. Al medio tiempo se fue la luz en el nuevo estadio del Monterrey y ya no se pudo jugar. La música de los Cadetes salía desafinada de los autoestéreos de todas las trocas de la ciudad. Se corrió el rumor de que el acordeonista de Los Ramones de Nuevo León (el grupo promesa de la música norteña), se había fracturado una mano y todas las presentaciones del año iban a quedar canceladas. Celso Piña no llegó a tocar a la inauguración de la temporada de béisbol. El dueño de los Sultanes de Monterrey hizo declaraciones endemoniadas a la prensa al terminar el juego, no contra Celso Piña por no cumplir con el contrato, mucho menos contra los jugadores pochos que habían jugado la temporada pasada con algunos equipos de la liga, sino contra el gobernador del Estado, porque en lo que iba del sexenio no había tenido la iniciativa de implementar un programa para el cuidado y transportación de la carne.

Queriendo distraerse de tan agüitante jornada laboral, en la noche, los cuatro fueron al Pilo´s Bar pero Dwayne Verheyden no tuvo público y hasta le gritaron: «pinche holandés de mierda» cuando no pronunció bien una palabra de la canción en turno. Pidieron una cerveza para tratar de dar paso a un estado de euforia pero las Carta Blanca que les llevaron, aunque frías, al igual que las putas que habían pasado a recoger, les supieron a modorra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s