La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave - Imagen pública

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

por Lo Hiancia Pez

Las leyendas tradicionales australianas (donde no faltan dragones, ciénegas tenebrosas, ambientes enrarecidos), la fe católica anglicana familiar (redención y condena, carnalidad y espiritualidad, etc.) y la cultura libresca de sus padres (él, profesor de literatura; ella, bibliotecaria), fueron el fertilizante para la imaginación poderosa, deshinibida, arriesgada, inclemente, lúcida, de un joven rockero amante de las historias, de un adulto escritor de relatos colmados de imaginería (Y el asno vio al ángel, La muerte de Bunny Munro, novelas), acostumbrado por carácter a beber con intensidad los detalles de la vida de veras (paisaje, música, figuraciones, gente, aburrimiento, emociones, drogas, amistad, sacralidad, pérdida, amores, charlas, hijos, trabajo, comida).

“¡El verdadero artista es el sueño comunicartivo!
¡El artista carroñero es la pesadilla que te contacta!
¡El verdadero artista está en el presente y es del presente!
¡El artista carroñero vive en la memoria y en la historia!”

A los 58 años Nick Cave exhibe una energía exhuberante, un ego sosegado, una sensibilidad que le ayuda a empatar con el público. Es adorado como dios del rock, conoce las posibilidades de su genio a más de 40 años de carrera en la música y la literatura, se sabe un sobreviviente de los excesos. De gira, de una ciudad a otra, está acostumbrado a las asociaciones mentales entre conciertos, con apenas oportunidad para pequeños paseos por calles y alrededores en los que reelabora el pasado, ensaya temores, recrea extrañamientos (“soy una casa encantada que aúlla y jadea llena de recuerdos”). Se permite correr para llegar a tiempo al camerino donde lo entrañable (su cotidiano) se solidifica y transparenta al shokear con la evanescencia del ensueño realista (las divagaciones) en que se transportaba hacía unos minutos; de recoger una pequeña dragoncita moribunda bajo un puente; de enviar pensamientos apasionados y crueles a su esposa al otro lado del mundo; de idear una nueva canción de la que enorgullecido sabe criticar los dislates —las obsesiones que los críticos y fans exaltados magnifican; divertimentos, oficio y modo de vida; su vida de veras está en otra parte, podemos verla y oírla en pantalla, leerla en el libro…

La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave - Portada
La canción de la bolsa para el mareo, de Nick Cave – Portada

La canción de la bolsa para el mareo (Sexto Piso, 2015) fue lanzado paralelamente al documental 20,000 days on Earth, ambos compuestos de biografía y ficción; es una especie de diario, cuentario y crónica de gira donde le habla también a su público con la sencillez de quien ha sabido perseverar en la parábola de su niñez: “No se avergüencen de su necesidad de crear, es la parte más bonita de sus corazones. El mito es la verdadera historia. No dejen que les digan que no hay monstruos. No dejen que los hagan sentir idiotas porque son felices jugando con su linterna en la oscuridad.”

Capítulos unitarios componen el libro de pastas duras, hojas gruesas y coloridas con el facsímil de las bolsas para el mareo donde Cave escribió los borradores. Los textos, breves, son mezlca de motivos o impulsos inmediatos (la habitación, un malestar físico, el día de descanso) con asociaciones más o menos afortunadas (“me chernobileó el traje hasta el punto de provocarme náuseas”), siempre enriquecidos por el temple equilibrado con rudeza punk y refinamiento de artista culto; el autor aparece mediante vivencias reales o creadas y la reminiscencia de alguien cercano a él (padres, esposa, compañeros de su legendaria banda); surge la emoción, la inercia es imparable, un clímax inesperado y preciso antes del final.

Nick Cave - Imagen pública
Nick Cave – Imagen pública

Pocas semanas después de la presentación del libro y el documental en la Ciudad de México, a mediados de julio de 2015, un hijo gemelo de Cave murió al caer por un acantilado en Brighton, Inglaterra. Inexperto, traía dentro una dosis de LSD. Su padre es un veterano retirado del consumo de heroína. Un recuerdo en el documental y en el libro atribuido a sus padres (la memoria comunitaria, el tono de leyenda o de presagio) resulta tremendo: “sobre el niño que había muerto saltando desde el puente del tren. […] Sobre todo me acuerdo de eso.”

Leer este libro con fondo de las canciones de Nick Cave and The Bad Seeds (de preferencia I the best… My favorite songs) en espera de que ocurra la coincidencia, el milagro…

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