Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal - Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Apocapitalismo: Rive Díaz Bernal en Liliput

Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal - Fotografía por Jessica Tirado Camacho
Apocapitalismo, de Rive Díaz Bernal – Fotografía por Jessica Tirado Camacho

por Jessica Tirado

Pocas veces una exposición puede conectar tan orgánicamente con quién la mira como sucede con las piezas que ahora se exhiben en la Galería Experimental Liliput, y es que estamos acostumbrados a que el arte es algo conceptual que, si bien es provocativo, tiende a ser algo un tanto alejado del espectador: grandes obras que pueden quedar marcadas en quien las admira pero que no van más allá de, precisamente, la admiración; sin embargo, Rive Díaz Bernal no sólo usa su experiencia para crear la obra, sino que convierte sus objetos personales en la obra, haciendo de Apocapitalismo una experiencia artística e íntima en varios niveles.

*Lo efímero

En la primera parte hay piezas de fotografía que contienen experimentos realizados por el autor. En un objeto que representa la tecnología pasada de moda, como puede ser un celular o un VHS, cultiva plantas que tienen un periodo de vida corto, por ejemplo. Estando frente a la obra nos encontramos dos realidades: la primera es la fotografía en sí misma, un objeto que puede durar mucho tiempo, tendrá una caducidad en algún momento el papel fotográfico y la impresión pero durará más que lo fotografiado, y eso nos lleva a la segunda realidad, pues no sólo las plantas que germinan en estos objetos tienen una vida corta, los propios objetos son desechos de la sociedad de consumo. Rive Díaz Bernal nos platica que para una de las piezas fotografió su propio celular, que utilizó hasta que la máquina dejó de funcionar y no cuando la sociedad le dijo que lo cambiara porque ya no estaba de moda, es ahí donde el plano personal empieza a ganar terreno sobre el del arte de aparador.

*La memoria

En la exposición hay un interesante libro que está a lado del de visitas, es una introducción a la obra general del artista en palabras de estudiosos del arte; ahí vemos un esbozo de la riqueza de la obra. Una de la piezas comentadas en dicho libro es un disco duro, un objeto común que muchos hemos llegado a tener (o al menos un dispositivo de memoria electrónico), es ahí donde la conexión artista-espectador se fija, la historia de este disco duro comienza desde que Rive Díaz Bernal guarda ahí registro de sus obras y algunas de sus piezas en electrónico. Podríamos decir que la información está segura, pero en realidad no sabemos qué pasa ni en qué parte específica de ese aparato se encuentran nuestros datos; un día el disco dura empieza a fallar, hace ruidos extraños, la computadora no lo reconoce y el artista busca ayuda, pasado el tiempo, como todo dispositivo deja de funcionar, entonces toda esa información se queda atrapada, la memoria se petrifica, no hay forma de acceder a ella y se vuelve un objeto que contiene arte y recuerdos.

*El consumismo innecesario

Hay una pieza muy interesante que se presenta como normalmente veríamos expuestos, en la casa de un cazador, ejemplares de caza. Rive Díaz Bernal toma el formato de exihibición y lo transforma, los objetos exóticos que él nos muestra son aparatos que en algún momento fueron los primeros en su tipo en interactuar con la sociedad. Reafirmando un poco la idea de la memoria, encontramos objetos que en los 90´s eran realmente deseados. Quién no quería tener un celular, aunque fuera un armatoste enorme y las posibilidades de comunicación fueran limitadas, o por ejemplo, los beepers que en sus inicios fueron más populares entre doctores y empresarios y luego la gente los quiso usar en la vida cotidiana, los jóvenes de esos años obtenían un estatus social un paso más arriba si tenían un walkman, pero justo en esta pieza nos encontramos objetos más modernos que conviven perfectamente con esta idea, el primer iPod, un iPhone 3, que son muy superiores a esos objetos del siglo pasado pero que también su época ya fue, la gente quiere lo nuevo, los cambia tan fácil y rápido que no se da cuenta que en ellos va dejando una parte de su memoria y de su vida.

Las piezas de esta exposición pueden tener estas y muchas otras lecturas, pero algo que es innegable es que el visitante puede encontrarse a sí mismo a través de ellas, es cuando visitar galerías como Liliput se vuelve algo trascendente y absolutamente personal, no van a salir indiferentes de ese lugar, disfruten mucho Apocapitalismo.

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