Invader Zim, o la inesperada virtud de la locura

por E. J. Valdés

¿Se acuerdan de Invader Zim? ¡Volvió! ¡En forma de cómics!

Pocas caricaturas gozan de un mayor culto y añoranza que Invader Zim, que se transmitió en Nickelodeon entre 2001 y 2002 y fue cancelada entre reclamos aquel mismo año. Reclamos de fans y de creadores, y es que la salida de Zim del aire fue tan inesperada como polémica: Nickelodeon encargó la serie a Jhonen Vasquez como un producto dirigido a adolescentes y le dio cierta licencia creativa con la que luego los jefes no estuvieron muy contentos; pese a ser un éxito crítico y establecerse como lo más diferente que había en Nicktoons (y en la oferta animada en general), la cadena argumentó que era una caricatura muy escandalosa, que sus ratings eran bajos y la producción demasiado costosa (esto último era cierto; el presupuesto destinado a la animación se nota) y la canceló antes que se terminara de transmitir la segunda temporada. Incluso, los últimos episodios no salieron al aire en Estados Unidos hasta el año 2006 (en México los vimos antes, por ilógico que pueda resultar).

Luego que Nickelodeon echara la serie abajo, Vasquez se pronunció fastidiado de trabajar en la televisión y regresó a las sombras comiqueras de donde había salido, mientras que el resto del equipo de producción se desbandó. Desde el principio del fin quedó claro que, sin importar cuánto nos quejásemos los fans, Zim no volvería. Pero su culto sobrevivió: a la fecha, la mercancía de Invader Zim se vende como pan caliente en las tiendas de Hot Topic, y cuando la serie se retransmitió en 2010 como parte de la barra de Nicktoons, fue la segunda más vista de la temporada.

Así, Invader Zim se sostuvo como toda una leyenda de la animación contemporánea hasta que, a principios de 2015, Oni Press, la editorial que nos trajo a Scott Pilgrim hace unos años, anunció que había llegado a un acuerdo con Vasquez y Nickelodeon y que la serie reviviría en los cómics con todo y algunos de los colaboradores originales, como Eric Trueheart, Aaron Alexovich y Rikki Simons, quien además de colorista fue la voz de GIR.

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El cómic se estrenó en julio de 2015 y hasta ahora se ha publicado de manera mensual con excelentes resultados. Y lo que me trae a escribir esto es el hecho de que hace unos días, por casual casualidad, me topé con el primer volumen recopilatorio de Invader Zim, que reúne los primeros cinco ejemplares en una muy bien lograda edición. No miento: cuando lo vi en la tienda corrí hacia él, lo aferré entre mis brazos y lo resguardé cual cruzado que ha encontrado el Santo Grial. Una vez en casa, no me pude contener: arrojé cuanto llevaba en las manos y lo abrí para comenzar a leer. A continuación la pregunta obligada: ¿valió la pena esperar el regreso de Zim durante trece años? Por toda respuesta diré que: ¡Sí! ¡Jodida madre que sí! El Examiner opina que “there is so much perfection in this book you cannot do it justice without reading it for yourself”, y estas letras están embarradas de verdad. Este cómic es tan divertido, absurdo y escandaloso como la serie original; tanto que da la impresión de que apenas ha transcurrido una semana desde la transmisión del último episodio.

Cuando Invader Zim arranca, el personaje titular ha desaparecido y Dib ha pasado tanto tiempo buscando algún rastro suyo, seguro que algo se trae entre manos, que se convirtió en una apestosa masa de obesidad, su trasero su fusionó con su silla por no levantarse, y perdió la noción de sí mismo (aunque, vaya, eso ya había sucedido en la serie). Entonces, en un día cualquiera, a una hora cualquiera, Zim aparece en el patio de su casa tras permanecer oculto en el retrete por un tiempo indefinido sólo para fastidiar a Dib y que éste perdiera la motivación y las fuerzas para perseguirlo (si lo piensan, es de las idea más brillantes que ha tenido). Luego, el caótico idilio de estos dos continúa donde se quedó. Y es que el cómic es eso: una continuación; no es un reinicio ni pierde tiempo en explicar de dónde vienen los personajes o dónde estaban la última vez que los vimos, sino que va directo a la acción. Todos los personajes están de vuelta (y Gaz es más adorable que nunca). En ese aspecto podemos decir que éste es un título hecho para los fans, y los fans no hemos olvidado lo que tanto nos gustaba de la serie; tengan por seguro que todo eso sigue presente. Invader Zim no es pretencioso: no intenta ser nada que no fuera antes, y eso se agradece con el alma. Si son de aquellos que temían que el cómic pisoteara nuestros bellos recuerdos de la caricatura, pueden respirar aliviados.

Invader Zim es un título hermoso y lleno de vitalidad. No tengo palabras suficientes para recomendárselos. De hecho, voy a dejar este comentario aquí para ir a releerlo. Bien lo vale. Y tengan por seguro que estaré al pendiente del segundo volumen recopilatorio; lo conseguiré, lectores, y no se los prestaré porque los quiero con todo mi squeedlyspooch.

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