Yo sí le tengo envidia a Sean Penn

por José Luis Dávila

Yo sí hubiera querido entrevistar a El Chapo en su tiempo prófugo. Pero antes de que me insulten, de que descalifiquen mi opinión, de que intenten agredirme, o que lleguen realmente a hacerlo, quiero aclarar algo: me gusta considerarme una persona crítica y honesta, y me gusta la imprudencia que eso me permite. No creo en las correcciones políticas porque no creo en las tendencias políticas, pues son sólo eso, tendencias, como de la moda, como del espectáculo. Creo que todos estamos inmersos en un sistema, y que ese sistema apesta, pero no por eso creo en las instituciones extremo-izquierdistas falaces y pseudocomprometidas con el pueblo, porque todos sabemos que no lo están; todos sabemos que son la misma basura contra la que disputan aquello que llaman poder, pero que en realidad podríamos llamar solamente posición social. Porque el poder se ejerce, y ellos no saben cómo. Mucho menos tengo ideas partidarias de la derecha, porque históricamente ha demostrado ser el fracaso idealista de una clase fundamentada en abstracciones económicas. Por todo eso me puedo permitir repetir: yo sí hubiera querido entrevistar a El Chapo en su tiempo prófugo.

Sean Penn y El Chapo - Imagen pública
Sean Penn y El Chapo – Imagen pública

Es más, yo hubiera estado contento de conocerlo. De poder sentarme frente a él y pedirle la libertad de hacerle las preguntas que tengo rondando mi cabeza. Y hay que aceptar esto: todos tienen preguntas para ese hombre. Desde el por qué lo hace, pasando por el posible sentimiento de culpa, hasta la pregunta que creo fundamental para un traficante, es decir, cómo es su día laboral, su cotidianidad. Hay que ser muy imbécil para tragarse la romántica visión del druglord siempre en sus aposentos, rodeado de mujeres y sin hacer más en todo el día que mandar a matar a unos cuantos. Quiero decir, los tipos como él son unos criminales, marginados de toda la sociedad, buscados por todas las fuerzas policiales, y aún así Joaquín Guzmán Loera se las arregló para ser amado por demasiadas personas que en un mundo menos cínico deberían haber ayudado desde el inicio a capturarlo. Estar siempre escapando, siempre escondiendo lo que haces, debe ser cansado, incluso si tienes comprada a la policía. Qué fastidio tener que cerrar un restaurant sólo porque nadie te debe ver. Qué porquería de vida tener que pagarle a las personas de un pueblo entero para que puedas caminar un rato por la calle y tomar un poco de aire fresco.

¿Es lo que podemos decir una “mala persona”? Por supuesto. ¿Merece un castigo? Claro. No estoy en contra de su captura y no le tengo compasión. Ha hecho cosas terribles, y se han hecho cosas terribles en su nombre (dos posturas que son completamente distintas), pero no por eso todo lo que le rodea es su culpa.

El Chapo, Sean Penn y Kate del Castillo - Imagen pública
El Chapo, Sean Penn y Kate del Castillo – Imagen pública

El grueso de las personas que conozco han alzado un grito de indignación al saber que Sean Penn y Kate del Castillo lo entrevistaron secretamente en octubre, pero también estoy seguro de que la mayoría de esa mayoría tan sólo se han quedado con la información que traducen los diarios mexicanos, que sabemos están igual de vendidos al gobierno que el gobierno a los narcos, o peor aún, opinan solamente desde el conocimiento de los titulares. Pocos deben ser los que han ido al artículo original. Y si es el caso contrario, me disculpo, pero las aseveraciones que hago, deben comprender, están fundadas en que como pueblo hemos dado pie a que se hagan ese tipo de conjeturas. Estamos acostumbrados a la falta de reflexividad de nuestros semejantes porque sus actitudes se centran en la instantaneidad de las cosas, en buscar la comodidad antes de la humanidad, y eso lo vemos reflejado en las licenciaturas que más se estudian y el concepto cultural que se tiene de cada una de ellas. Como sea, ese no es el punto. La reacción ante esa entrevista publicada por la Rolling Stone ha sido de insultos y desaprobación no sólo por la población común, sino que muchos líderes de opinión se han manifestado en contra de ambos actores, a quienes incluso se les ha tratado de culpar por encubrimiento de información. Siento estar en contra de ello, pero realmente hay que tratar de ser un poco más abiertos al respecto. Sean cuales sean los motivos que los llevaron a realizar la entrevista (porque aquí estamos hablando únicamente del hecho de la entrevista y no de posibles relaciones interpersonales entre los actores y El Chapo, algo que realmente no nos compete porque no podemos determinarlo de primera mano) hay que ponerse a pensar en que, como producto, ha dado un artículo periodístico de gran valor cultural que en próximos años tendrá relevancia histórica. Además, y de mayor importancia, a pesar de ser actores, el ejercicio periodístico no se limita a quienes hayan estudiado o ejerzan como forma de vida la profesión, por lo que tampoco se limita la practica ética de la misma, y entonces es cuando el derecho de la fuente a permanecer en secreto tiene que ser respetado, sobre todo siendo que dicha entrevista da un panorama objetivo de la situación de Guzmán Loera y no incurre en apologizar su figura delictiva. Pero aquellos que los acusan de aliarse con la delincuencia, y muchos de ellos se hacen llamar periodistas, entienden esta cuestión desde un sistema moral sin tomar en cuenta lo mencionado.

Tweet - Imagen pública
Tweet – Imagen pública

En esa última línea va todo el asunto real: la moral que les hace considerar a Penn y del Castillo como traidores a la justicia, casi como adeptos del delincuente más buscado, parte de una sociedad que ve normal escuchar corridos en los que se hace de los narcotraficantes unos héroes, en los que se implica a la mujer (casi siempre) como un artículo desechable o la causante de la desgracia amorosa, de una economía que no genera estabilidad para nadie, orillando a muchos a emplearse justo en la delincuencia organizada, y de una cultura en la que la corrupción en cualquier estrato llega a la naturalidad. Estamos jodidos como nación debido a esa moral mercenaria que nos hace considerar a los otros como el mal pero no podemos ver lo que hay de mal en nosotros; queremos culpar a dos personas que hicieron una entrevista a un narco, investigándolos desde la PGR, cuando, del otro lado, ni siquiera parece que alguien los haya amenazado por el arresto del jefe (de lo contrario, estoy convencido, ya lo habrían hecho público ellos mismos, mínimo por seguridad). Lo más ridículo es que todos ahora están pidiendo y aplaudiendo tal investigación a un gobierno en el cual se supone que no confían –that’s just retarded– y contra el que por mucho tiempo han pedido que se abran juicios y los altos cargos renuncien. Son unos hipócritas. Sí, así de jodidos estamos; aunque todavía queda la esperanza de buscar una solución a esta contradicción que es México, una solución que sea viable y aplicable, una solución que parta de lo individual y pueda contagiar a todos. Hay que esforzarse en encontrarla, supongo.

Y no, las marchas no resuelven nada, por si estaban pensando en esa gran idea.

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