El retrato de Adele

Por E. J. Valdés

Navegando por los títulos de Netflix me topé con Woman in Gold, película estelarizada por Helen Mirren,  Ryan Reynolds y Daniel Brühl. Dirigida por Simon Curtis, la cinta está inspirada en la historia real de Maria Altmann, quien luchó durante seis años contra el gobierno de Austria para recuperar la colección de pinturas que los nazis robaron a su familia durante la Segunda Guerra Mundial.

La trama se ubica en el año de 1939, cuando la Alemania nazi se anexó Austria y comenzó la persecución de los judíos en aquel país, haciendo especial énfasis en los allanamientos perpetrados a viviendas de las más prósperas familias y los subsecuentes saqueos de toda clase de objetos valiosos. La familia de Maria, los Bloch-Bauer, es puesta bajo arresto domiciliario por la Gestapo dada su posición económica y su importante colección de arte y joyas. Sabedores de los tiempos difíciles que se avecinan, la familia planea el escape de Maria y su esposo, Fritz Altmann, quienes se ven obligados a dejar atrás el mundo que conocen para comenzar una nueva vida en Estados Unidos. Sesenta años después, Maria (Mirren) vive en California y, tras la muerte de su hermana, se entera que las pinturas que los nazis robaron a su familia están en manos del gobierno austriaco y que numerosas víctimas del saqueo luchan por recuperar sus pertenencias. Con más curiosidad que esperanza, Maria contrata al joven e inexperto abogado Randol Schoenberg (Reynolds) para que lleve su caso, dando inicio a una larga y controvertida pugna por el Retrato de Adele Bloch-Bauer.

La película, considero, es bastante agradable y contiene su buena dosis de emoción y drama; lo interesante es que el público conozca la historia de uno de los cuadros más valiosos del último siglo (uno de mis favoritos, por cierto). Sin embargo, atribuyo la recepción tibia que la película tuvo en los Estados Unidos a algunos detalles que la producción pasó por alto, no sé si accidental o deliberadamente, comenzando por las libertades que se tomaron con la historia de Maria Altmann, pues no abandonó a su padre en Viena, sino que huyó hasta que él hubo muerto, y quien no solamente peleaba la propiedad del Retrato de Adele-Bloch Bauer, sino de otros paisajes de Klimt que ni siquiera se mencionan.

Asimismo, en su afán por legitimar el esfuerzo de Altmann y Schoenberg, el director demoniza al gobierno de Austria, mientras que el de los Estados Unidos se nos presenta como el juez sabio que ve por las causas de los desvalidos (a esas alturas, Altmann no era una mujer precisamente pobre aunque vivía con modestia). Mirren y Reynolds hacen un buen trabajo con sus personajes, aunque hay algo en ella que me desconcertó; desconozco cómo hablara la verdadera Maria Altmann, pero es difícil creer que una mujer que creció hablando alemán y posteriormente pasó seis décadas en California tenga un marcado acento británico.

Woman in Gold es un filme menospreciado al que yo les recomendaría darle una oportunidad, así como a la historia de Maria Altmann y la magnífica obra de Gustav Klimt.

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