Demasiada felicidad, de Alice Munro

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Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Cuando en 2013 la escritora canadiense Alice Munro ganó el nobel de literatura me sentí atraído a explorar su obra, en parte por ser una cuentista, cuyos relatos han sido equiparados con los de Chéjov y por ser llamada por muchos críticos como una de las mejores narradoras en lengua inglesa. Después de casi dos años me decidí adquirir uno de sus libros más populares: Demasiada felicidad, su título delicado y la imagen de una escritora canadiense que escribe sobre la vida cotidiana no me prepararon para lo que encontraría entre sus páginas.

Las historias de Munro en un principio parecen ser sencillas, casi anécdotas curiosas sobre la vida cotidiana en pueblos o pequeñas ciudades de Canadá, sus protagonistas son hombres y mujeres y comunes, en apariencia. Poco a poco la prosa de Munro nos comienza a envolver; la descripción de ambientes caseros, de conversaciones triviales sobre la familia, sobre los amigos, nada parece suceder dentro de sus relatos, en parte nos desconcierta y creemos que no hay nada extraordinario. Sin embargo, el talento de Munro, que en mucho se familiariza con la prosa de Chéjov, calla más de lo que se puede contar. Conforme seguimos con la lectura los ambientes se tornan turbios, por momentos casi irreales pero con la tranquilidad ilusoria de lo mórbido, la atención del lector es llevada por varios focos hasta el final contundente, como un gancho al hígado.

Desde el primer relato, “Dimensiones”, podemos ver esa profundidad amarga que lleva el tono general del libro: secretos no dichos, confesiones contenidas en un par de palabras, culpas con la forma de una sonrisa cotidiana, un mundo de seres solitarios, independientes pero sujetos por una frágil fatalidad que ellos mismos son incapaces de deshacer. Munro no da concesiones, no es una escritora amable, nunca sabemos de dónde vendrá el siguiente golpe.

Los temas de Munro son variados, desde el ciego amor maternal en “Cara”, el absurdo de las ambiciones en “Madera”, la crueldad infantil en “Juego de niños”, o la soledad inminente en el último cuento “Demasiada felicidad”, que retrata un fragmento de la vida de Sofia Kovalenski, matemática rusa que vivió a mediados del siglo XIX. Munro sabe cómo sorprender a sus lectores, es una escritora que sirve veneno en delicadas tazas de porcelana.

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