La soledad de los amigos

Por Raúl Picazo

Me imagino a estos tipos solitarios, encerrados en sus cuartos, viendo porno y en el espejo su decadencia al mismo tiempo, con el gusto que se dan los sibaritas disfrutar su anonimato. El sedentarismo se convierte en  yugo por no tener lazos de sociabilidad, no los imaginan, no se quieren integrar. Ser solitario es sentirse único, sujetos que piensan  practican el ascetismo. Al final, el egoísmo  irrumpe y se manifiesta, trastorna. Esto es lo que pensé de los personajes solitarios que salen de su cuarto: su amado cuarto, para ir en busca de un par de vídeos que contienen escenas sugestivas para su moral caída. Es la droga con la cual se sentirán satisfechos, excitados. Me los imagino con algún defecto que los marcó en su niñez, de ahí la inseguridad, pienso. Quizá sus ojos tristes que no muestra el narrador, podría llevarnos a una idea distinta de lo que fue y es su vida.

Un solitario siempre está a la espera de un encuentro, no desea que alguien lo salve, pero un encuentro fortuito siempre  reconforta, vuelve a tener certeza de por qué se encuentra solo. Estos tipos quizá se volvieron solitarios porque en su familia no se fomentó la unidad, o porque no la tienen o si la tienen no les importa porque no conocen la reciprocidad. Es de esperarse que se estos tipos no tengan múltiples y reales motivaciones.

El ser solitario es una decisión que se de debe valorar, no es presunción o gloria, ni un camino a la iluminación.

Los personajes del cuento “Somos unos solitarios” retratados en Entropía, de Iván Farías, muestran una historia desgarradora y trágica; una muestra de locura, decadencia del ser y hastío de vivir.

Primero vemos a dos personajes que salen a la tienda por refrescos, caminan por la calle y platican de la sociedad que los desprecia, de la vida y sus múltiples vertientes, del trabajo, del vídeo, del amigo que se encuentra esperándolos en casa, y de  una mujer que lo hace muy feliz. Es una conversación que trata de ser interesante, pero que no engancha al hombre que busca la famosa cinta, porque no le interesa lo que le suceda a su amigo. Lo que desea es tener la certeza de que obtendrá su primerio, para llegar a su casa y solazarse a gusto.

Cuando uno se encuentra solo, se piensa y ese pensamiento se traduce en acciones, pero el pensamiento casi siempre  se convierte en una nube negra. ¿Qué se hace en soledad, a quién se trasgrede sino al propio cuerpo? Cuando estás solo no tienes nada en que pensar más que en la tragedia del yo, cuando se esta solo se piensa en el suicidio como un medio para salir por la ventana. Cuando uno está solo, desarraigado y el odio a la sociedad lo sumerge en tenebrosas ideas.

Lo que pensó el hombre que estaba dentro de la casa esperando a sus amigos, tiene que ver justamente con lo que hizo, no es posible que se rompa la ceremonia de los días, donde la amistad es lo que importa y no la degradación del ser,  pero si lo hizo fue por deseo, la libertad que lo guió a realizar esa acción fue producto de la soledad, de ese sentimiento de poseerlo todo.

Cuando llegaron de la tienda los tipos solitarios que iban platicando en la calle, el anfitrión iba comentándole a su amigo sobre su nuevo trabajo como guardia de seguridad, estaba muy contento porque en su nuevo empleo tenía permiso de cargar  una pistola que lo hacía parecer un poco interesante, pero sobre todo seguro. Ningún accidente debe suceder si el arma se encuentra con la persona correcta, la cual se usará prudentemente en caso de sentirse amenazado en sus principios.

De haber seguido su curso normal, la historia habría terminado con los tres hombres degustando de su pomo, y yo me sentiría igual de satisfecho, porque saber a tres hombres solitarios charlando alrededor de una mesa, sería  gratificante, pero no fue así, aquí, el escritor se vale de todo su talento y   presenta la emoción que fragmenta los nervios.

Los amigos que  venían platicando sobre la calle, se encuentran con el tercer solitario, el cual espera paciente la llegada del alcohol.

La muñeca, la mujer de látex, el depósito de semen se encuentra desnuda, su respiración extenuante se deja escuchar en el cuarto. Como buen voyerista, el hombre que espera a sus amigos se acerca lentamente hasta donde escucha el ruido, los gemidos que lo invitan a tomar las riendas. Quizá su amigo había dejado puesta alguna película porno, piensa antes de asomarse, pero al ver la muñeca que se toca lascivamente, entra y obedece. La soledad le impuso ese castigo, no podría desperdiciar esa gran oportunidad. Al fin y al cabo es una muñeca, no tiene sentimientos, piensa, y se abalanza como una fiera en busca de su presa, le hinca el diente.

Afuera se escuchan pasos, son los amigos que ha llegado.

Por un comentario  desatinado e hipotético del buscador de vídeos,  el portador del arma sube rápidamente las escaleras. Grita el nombre de la muñeca:  ¡Marta! dónde chingados estás.  Se acerca a la puerta de su cuarto y escucha gemidos provenientes del interior, abre, es su amigo y su novia, la muñeca inflable,  el amor de su vida. No lo puede creer. El hombre le dice una frase memorable:

-¡Qué poca madre, cabrón! Vienes a mi casa, te tomas mi ron y te coges a mi vieja”.

Saca el arma, apunta, blande el cañón ante los ojos de ese degenerado mal amigo y algo sucede.  Algo pasa por la mente de ese ser solitario, los cables se le cruzan, o quizá su cerebro quizá no tiene cables, sino plástico fundido.

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