Vida y destino, de Vasili Grossman

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Durante la época de la Unión Soviética muchos libros fueron censurados. Cientos de ellos se perdieron para siempre, no sabemos qué líneas desaparecieron en medio de la vista inquisidora de sus férreos lectores, cientos de novelas, cientos de poemas nunca vieron la luz; sin embargo existe una curiosa excepción. Para nuestra gran fortuna, una de las más grandes novelas del siglo XX escapó de un terrible destino, me refiero a la novela del escritor Vasili Grossman, Vida y destino.

Nos situamos en la época de la Segunda Guerra Mundial, los nazis avanzan sobre la Unión Soviética. Hitler alienta a sus ejércitos a conquistar Europa. Los campos de concentración se vuelven gradualmente campos de exterminio. La población soviética sufre el terror desenfrenado de Stalin. Los gulags se llenan de prisioneros y mientras tanto las tropas continúan su avance hasta llegar a una ciudad situada a las orillas del Volga y cuyo nombre resonaría con la fuerza de un huracán en la historia del siglo XX: Stalingrado. Sobre esta ciudad se decidirá el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, sobre esta ciudad se librará la batalla más grande de la Historia de la humanidad.

En este gran escenario, Vasili Grossman desarrolla la épica de un pueblo construido a partir de decenas de historias. Me es difícil resumir un solo argumento, ya que en esta novela existen demasiados; son cientos los héroes que circulan por estas páginas. Soldados, generales, amas de casa, viudas hacinadas en diminutos departamentos, ancianas campesinas que viven en condiciones miserables en medio de la estepa calmuca, escritores confinados en campos de trabajo forzados, locos, científicos empeñados en encontrar respuestas atemporales, jóvenes enamorados con ese amor fatal y trágico que sólo existe en la guerra, padres preocupados por sus hijas, niños y ancianos. La novela de Vasili Grossman parece querer plasmar entre sus páginas a todos los personajes implicados en este gran drama.

El tema de la novela es la vida, la vida en sus condiciones más extremas, la vida como manifestación de la libertad frente a los totalitarismos, sea el fascismo o el régimen estalinista que en aquel momento sufría la Unión Soviética. Leemos entre sus páginas fragmentos como el siguiente:

“Cada día, cada hora, año tras año, es necesario librar una lucha por el derecho de ser un hombre, ser bueno y puro. Y en esa lucha no debe haber lugar para el orgullo ni la soberbia, sólo para la humildad. Y si en un momento terrible llega la hora desesperada, no se debe temer a la muerte, no se debe temer si se quiere ser un hombre”.

Ante todo, la novela de Grossman es un sorprendente canto a la vida, al destino, a la libertad de ser un hombre en medio de las condiciones más despiadadas, más inhumanas, más crueles. Esta idea moldea la novela en cada uno de sus numerosos capítulos, episodios donde se constata esa vida poderosa incapaz de ser aniquilada.

Vasili Grossman une la fuerza de una crónica con la belleza del relato. No sólo es la novela épica de una época, no sólo es la epopeya de un pueblo en lucha por su libertad, también es un relato íntimo del alma humana. No sólo se nos relatan la gloria de las batallas, el pensamiento de los estrategas o el valor de los soldados, Grossman, al igual que Chejov o Dostoievski, nos hace sumergirnos en la mente y vida de sus creaciones. Desde la madre que ve impotente la tumba anónima de su hijo. El niño que nos lleva de la mano hasta el final de una cámara de gas. El honesto amor de un general nazi por una anónima mujer rusa. La anciana que ve pasar las generaciones entre sus manos o el dolor impotente de un hombre que no puede estar con la mujer que ama.

Al igual que Tolstoi, Grossman hace latir la vida misma entre las páginas de su obra, pues los grandes dramas se hilvanan de cientos de historias, de pequeños momentos. No es extraño que esta novela se le considere La Guerra y Paz del siglo XX.

Parafraseando a Antonio Muñoz Molina, existen obras que “nos devuelve la conciencia del poderío de la novela como forma suprema de narración del mundo”. Éstas parecen contarnos todo, de tal manera que no dejan en paz al lector hasta que su lectura está concluida, que a pesar de estar poblado de cientos de personajes, cada una de sus historias nos deja huella. Un profesor me habló de ella como una obra “excesiva”, y en efecto lo es, porque parece desbordarse dentro de sus líneas y atisbar a través de ellas como se entretejen la vida y el destino de todos los hombres.

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