La bestia de París y otros relatos, de Marie–Luise Scherer

por Lo Hiancia Pez

Una de las características de las historias contadas por el periodismo es la forma. De lo anterior depende el interés que provoquen las acciones realizadas por los individuos y las masas: los motivos, las consecuencias, etc. Es fundamental saber escribir todo eso, es decir, narrar la historia, aludir lo probable —no lo posible—, tomar una postura. En muchas ocasiones la ficción ayuda, pero en otras no.

Las historias periodísticas de Marie–Luise Scherer difícilmente inducen sensaciones o emociones sino hasta que están muy avanzadas. Al llegar a este punto, intrigan, estimulan, seducen, generan una opinión; confrontan. ¿Qué pensar de la vida frívola, increíble, sin duda casi perfecta para sí mismo, de Thierry Paulin, el mataviejitas francés que puso en evidencia las deficiencias de la policía parisina? ¿Qué del surrealismo de André Breton —cuya eficacia como déspota generó una idea snob adorada todavía— frente a la garra vanguardista de Philippe Soupault —genio desencantado y solitario fiel a una forma de arte—? ¿Cómo comprender que el gran proyecto de llevar al cine el primer tomo de En busca del tiempo perdido tenga detrás un andar soso acompasado por los descendientes de aquella aristocracia? ¿Quién puede despreciar o respetarla moda que “ofrece el pretexto para un nuevo tema de conversación?”

En La bestia de París y otros relatos, la documentación, la historia, la entrevista y la crónica apenas son visibles. Schereres es una maestra en el uso de la retrospectiva, el resumen y el testimonio. Casi nunca entrecomilla ni reproduce diálogos. Es capaz de la reflexión no pedante y la especulación inteligente, impropias para el periodista poco dotado a la hora de narrar: “Alice Benaïm es la que sufre la muerte más cruel.[…] parece que los asesinos, aparte de la fría determinación, hubieran tenido intenciones de vengarse. Tal vez […] se pusiera a murmurar algo, quejándose de la invasión de gente de color”.

La autora domina las herramientas como la mejor de las modistas: “El creador de moda tiene el mismo problema que el diseñador de una cuchara. Necesita siempre un mango y un cuenco”.

El libro fue editado por Sexto Piso, en su serie “Realidades”, y traducido por José Aníbal Campos.

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