El cuento del cortador de bambú / El cuento de la princesa Kaguya

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

En esta ocasión haré una doble reseña, me refiero a El cuento del cortador de bambú, libro que felizmente encontré entre mis visitas a la biblioteca, en una maravillosa edición de Pliegos Trotta de Oriente UNESCO y de la adaptación animada del estudio Ghibli de este cuento, dirigida por Isao Takahata.

El cuento del cortador de bambú o Taketori no Monogatari es el nombre de uno de los cuentos más populares de la tradición japonesa que se remonta a la época Heian, la primera época de esplendor nipón.

Este relato nos narra la historia de un anciano que en una de sus visitas al bosque encuentra a un diminuto ser en el tallo de un bambú al que decide criar como si fuera una hija. El nombre de este ser será el de Kaguya-hime. Este ser que presenta características celestiales se convierte en una hermosa princesa que logra llamar la atención de los hombres más acaudalados y poderosos del Japón. La princesa renuente a tener que casarse y perder su libertad impondrá a sus pretendientes los más difíciles retos para poder conseguir su mano.

La traducción a cargo de Kayoko Takagi nos presenta un texto delicado, a través de sus palabras nos logra transmitir la belleza y poesía de la primera literatura japonesa. La historia es también un mural de la sociedad de la época, una sociedad llena de protocolos y normas de comportamiento, profundamente delicada y obsesionada con la belleza de la poesía. Los pretendientes no pueden ver a la fantástica princesa, la única oportunidad para acercarse a ella es a través a su habilidad en la escritura de versos.

Conforme avanza la historia de la princesa Kaguya, el texto abandona el estilo fantástico e infantil de los primeros capítulos, se vuelve oscuro y dramático. Pese a haber sido escrito hace ya varios siglos, la honestidad y belleza con la que fue escrito nos es transmitida, cualidad única de las obras destinadas a convertirse en clásicos.

Ahora bien, en el año 2013 la famosa productora de animación Ghibli decidió adaptar este cuento con la dirección de Isao Takahata y con la música del compositor Joe Hisaishi.

El estilo de animación usado por Takahata recurre al uso de las acuarelas. Este estilo ya lo había utilizado anteriormente en su película Mis vecinos los Yamada.

La película es poesía pura. No soy exagerado al hacer tal afirmación. Plasma toda la poesía contenida en el relato, así como los delicados paisajes rurales del país del Sol naciente: la fauna, la vida sencilla de los campesinos, la sofisticada sociedad Heian, los palacios y los jardines de cerezos. Muchas veces la animación nos hace recordar la delicadeza de los ukiyo-e.

De la misma manera que el relato, la película explora las emociones del alma en contacto con lo divino, retrata la sociedad de su tiempo y también denuncia su hipocresía, su frivolidad vacía. Ghibli nos demuestra nuevamente que la animación es una obra de arte. El cuento de la princesa Kaguya es una gran apuesta por la animación tradicional, recupera el antiguo folklor nipón con una narrativa ágil, atractiva y con personajes entrañables. Es el tipo de películas cuyo mensaje logra abarcar todas las edades y que logra transformarse de manera inmediata en un clásico de la animación.

La música de Hisaishi es un gran acierto, ya que nos presenta los instrumentos musicales tradicionales de la época, como lo es el koto, La melodía celestial es particularmente deliciosa.

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