Kurt Cobain: un montaje basura

Por Gerson Tovar

Kurt Cobain, la voz de una generación, regresa de la manera más deshonrosa posible. En las siguientes líneas desearía expresar una breve opinión sobre el documental de HBO Kurt Cobain: Montage of Heck. Sé que nadie me la pidió, ¡pero qué diablos! La traducción del título sería algo así como Un montaje del diablo. Aún no me familiarizo bien con la expresión, pero si le diera un significado sería de lo más peyorativo. ¿A qué me refiero?

Hace unas semanas, un amigo me dio la noticiada de que se estrenaría un documental sobre Kurt y recordé el bien logrado 20,000 Days on the Earth en donde Nick Cave demuestra su grandeza musical y literaria. Un recorrido fílmico elegante que aborda fragmentos de su memoria y su vida. El documental es casi exclusivo para fans aguerridos del australiano. Hasta ese momento no era fanboy de Cave pero disfrute su documental además de permitirme ver a 20,000 días como un concepto ideal en el terreno de los documentales.

Regresando a Cobain, la producción de HBO es única y exclusivamente para sacar dinero y está lejos de la elegancia que nos entregó Cave. No me malinterpreten. Nirvana marcó un antes y después en mi vida. El enojo en sus letras y el frenetismo de su música lo hace una fórmula ganadora, y si a eso le sumamos problemas familiares y esa época oscura llena de cambios conocida como pubertad, lo que tenemos ante notros no sólo es aire fresco sino unos nuevos pulmones. Y es decepcionante que la rebeldía que logró Cobain y Nirvana en su momento ahora se nos presente como una mercancía barata. Tampoco es que en su tiempo la industria musical no intentara hacer lo mismo, pero hay que tener un poco de respeto hacia los muertos.

Más que documental, lo podríamos definir como un Talk Show con interludios musicales y crestomatías animadas. Nos presentan a familiares y amigos con anécdotas muy personales que exhiben a un Kurt inmaduro, paranoico, necio y adicto, colmado de conflictos debido a una familia disfuncional que lo rechazó. El líder de la mítica banda Nirvana es despojado de todo misticismo y se despliega ante nosotros como un hombre frágil física y mentalmente. ¿Y si lo era, qué importa? El filme omite muchos pasajes de su vida, que bien se pudieron centrarse en su producción artística o resaltar su humanidad. Pero no, sólo se enfocan en intentar conmover a nueva generación de consumidores de la cultura alternativa y revivir el mito del músico de rock.

Tengo que resaltar que el director Brett Morgen no tiene claro qué hacer con este documental. La forma en que nos lo presenta va de la clásica entrevista al empleo de materiales audiovisuales pasando por diferentes tipos de animaciones. Y esto último es su mayor problema. En su afán de experimentar y verse novedoso, pagó un precio alto: dejó al film sin una identidad.  Lo más patético es la aparición de Courtney Love. En las partes finales, el filme se dedicada a consagrar su imagen como compañera y madre abnegada que a pesar de las adiciones y conflictos siguió con su vida. Parece que la honestidad no cabe en el vocabulario de esta mujer.

Pero basta de mierda. ¿Qué podemos rescatar de dos horas de documental? A mi parecer algo valioso que aporta la producción es la recopilación de diarios, periódicos y material audiovisual que aportó la familia. La primera parte del documental, que es la más consistente,  rescata muy bien estos materiales. Líneas arriba mencioné que la animación es uno de los puntos más flojos del documental; pero hay una escena que explica el proceso creativo de la primera etapa de Cobain. Ésta es la mejor en la película, mezcla una grabación de audio del mismo Kurt mientras la animación corre y va mostrando actividades que realizaba mientas estaba solo, como ver televisión todo el día,  practicar con su guitarra, grabar audios de su voz o escribir la letra de una canción. Actividades que parecerían inútiles pero que son interesantes para apreciar el vínculo existente entre creatividad, pereza y soledad. Y así podría seguir y seguir con ideas que tengo en la mente sobre este montaje basura.

En fin, estas son mis conclusiones: 1) Si eres fan casual, lo disfrutarás, pero si eres fan de verdad te sentirás ofendido; y si no eres fan, ni lo veas no hay nada nuevo bajo el sol. 2) Es un documental que busca generar un mercado en el público joven. 3) A los muertos se les puede seguir sacando lana. 4) Courtney Love por más que intente limpiar su nombre siempre será una perra que se aprovecha de la fama de alguien más.

Quizás exagere y el impacto no sea evidente en México ni el mundo, pero de que aumentará las ventas de su música, no me cabe la menor duda. Temporalmente, este público no sólo está lejos de la propuesta de rebeldía y libertad de Nirvana, sino también de R.E.M., Faith no more, Alice in Chains o Pearl Jam, y en general del grunge –la última gran ola del rock creativo y rebelde–  y que me disculpe mi estimado J. L. Dávila, pero Blur, Oasis, Radiohead y demás son putitos y sólo vinieron re-matar el ya de por sí podrido cadáver del rock.

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