Vida de una mujer amorosa, de Ihara Saikaku

Por Emanuel Bravo Gutiérrez

Durante la época Edo, la nación del sol naciente cerró sus puertas a las intervenciones extranjeras, lo que dio como resultado un periodo considerable de tiempo, donde la cultura japonesa pudo desarrollarse sin alteración alguna. Es en la época Edo donde comenzó el florecimiento de muchos de los aspectos por los cuales Japón es conocido: el kabuki, el bunraku, las geishas y por supuesto el Ukiyo o también llamado “mundo flotante”. El Ukiyo es el término con el cual se le denominó al estilo de vida consagrada a la belleza y al placer. Existe un género de literatura que nos describe este mundo de cortesanas, geishas y fiestas de sake, el cual es conocido como ukiyo-zōshi.

Ihara Saikaku es uno de los mejores exponentes del género de la literatura del mundo flotante. Una de sus novelas más conocidas es Vida de una mujer amorosa (Kōshoku Ichidai Onna). Publicada a finales del siglo XVII, la novela explora el largo relato de la vida de una mujer consagrada al amor.  Construida a partir de pequeños episodios, la novela posee una estructura que constituye un curioso parecido con la novela picaresca española de los Siglos de oro.

Las andanzas de nuestra protagonista, cuyo nombre nunca conocemos, nos mostrarán la vida secreta de las cortesanas. Con un estilo refinado y sutil, contemplaremos las glorias y miserias de un mundo basado en la apariencia, en la imagen, en el culto eterno a la belleza y la sensualidad.

“Si tiene manchas de nacimiento, hará todo lo posible por ocultarlas. Si sus tobillos son gruesos, lo cubrirá con un kimono de faldas largas. Si tiene la boca grande, fruncirá los labios o preferirá guardar silencio”. (Pág. 106)

El extenso recorrido de nuestra heroína le hará comprender en conjunto toda la sociedad de la época Edo. Desde los grandes señores que no tienen ningún pero en gastar cientos de monedas de oro en cortesanas espléndidas, las costumbres inmorales de los sacerdotes budistas, los matrimonios arreglados, la vida miserable de los pescadores, las rudas costumbres de los campesinos hasta el decadente fin de las cortesanas de más bajo nivel.

Aunque la época no sea para nosotros del todo familiar, y en ocasiones muchas de las descripciones sean para los occidentales, difíciles de comprender,  la narración y el tono general de la novela es fácil de comprender, sólo exige una apertura de la sensibilidad del lector. Existen pasajes que exploran también el interior de la vida de las cortesanas, estos quizá sean los que ofrecen un tono universal y que consolidan la vigencia de la obra:

“Al coser las mangas de los kosode, pensaba en los hombres a los que había amado. Habían sido tantos que no alcanzaba a contarlos. Al mirar en mi interior sentí un amargo remordimiento y reconsiderando las innumerables relaciones de mi pasado, me prometí dominar en lo sucesivo mis deseos.

Pronto llegó la aurora. Mi compañera, cuya almohada estaba colocada al lado de la mía, se despertó también, plegó la ropa de cama y la guardó. Como me impacientaba esperando mi go de arroz, busqué el tizón que se consumía desde la tarde anterior y fumé de manera descontrolada” (pág.145).

La edición que corre a cargo de la editorial Sexto Piso en colaboración con CONACULTA y Japan Foundation, presenta un texto para acercarse al núcleo de una cultura fascinante. La novela está acompañada de numerosos grabados que acompañaron el texto en su versión original y que constituye otro tema del cual podríamos hablar posteriormente.

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