Parque Industrial, de Daniel Alcalá - Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Parque Industrial, una exposición de Daniel Alcalá sobre los paisajes urbanos

Amanece en la ciudad, cualquier ciudad, y el sol destella sobre la convergencia de dos palabras que relucen sobre el acero del cual está construida. Es inevitable pensar en cómo estamos tan acostumbrados a que los términos dispares se asocien casi naturalmente, sin siquiera parar un momento a repensarlos. Creemos que así como las cosas están, así han sido y serán, no tomando en cuenta que somos parte de un proceso donde la mayor parte del tiempo tenemos el papel de engranes menores, partes no tan imprescindibles pero funcionales de lo que es el entorno en que residimos.

Con Parque Industrial, albergada por San Pedro Museo de Arte, Daniel Alcalá pone de manifiesto que ese entorno poco a poco nos consume, que como parte del paisaje urbano interiorizamos los espacios más difusos nombrándolos por medio de contradicciones semánticas. El mismo título de la propuesta es parte de la obra: un parque en su acepción primaria es un lugar de áreas verdes, una zona natural con propósito del recreo dentro de las ciudades; de este modo, Alcalá propone un juego con base a ese sentido original en contrapunto de la idea de industrialización, deconstruyendo las imágenes provenientes de los vastos terrenos de las empresas, con las chimeneas despidiendo humo como fumadores fuera de las puertas de un hospital, los cables que llevan corriente eléctrica cortando el pedazos el cielo para repartir las rebanadas entre niños que aún se asombran al preguntarse por qué es azul, las naves llenas de trabajadores y maquinarias como transatlánticos volcados por las olas y varados en islas vírgenes, todo esto dándole su propia interpretación, sacándolas de contexto, mostrándolas como partes móviles de un diorama dentro del cual vivimos.

La experiencia de esta exposición abre la vista que se tiene sobre las calles que caminan, haciendo que poco a poco nosotros también empecemos a recomponer el rompecabezas que se nos presenta en la imagen de la caja urbana como el canon, resultando en derivaciones como las de Alcalá, quien demuestra el poder de transgredir la semántica citadina para entender al crecimiento infraestructural de los lugares como un paso a la ironía del lenguaje que concibe esas mencionadas contradicciones conceptuales para poder nombrar al mundo mientras va cambiando, eliminando los límites entre lo natural y lo artificial.

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