Jean-Marie G. Le Clézio

El africano, de Jean-Marie G. Le Clézio

Por Emanuel Bravo

El río de los recuerdos siempre es el más transitado, el más fascinante, el más profundo que haya atravesado hombre alguno, sabemos qué nos encontraremos, conocemos sus manglares, sus costas melancólicas y a pesar de ello, sentimos siempre que lo surcamos por primera vez, su superficie se vuelve agitada o tersa de acuerdo a la naturaleza de nuestra piel, una conclusión –y miles más- podemos sacar de esta travesía: no volvemos iguales, sus aguas nos bautizan con un nuevo nombre, su agua nos transforma en cada visita.

El escritor francés y ganador del Premio Nobel de la Literatura en 2008 Jean-Marie G. Le Clézio publicó en 2004 el libro de memorias titulado El africano. El autor recoge su infancia transcurrida en el continente africano y con ello extiende sus recuerdos a su padre, el cual sirvió como médico rural del Imperio Británico. El libro bien podría dividirse en los recuerdos de su padre antes de su nacimiento y sus memorias de niño, las dos conviven en perfecta simbiosis.

Le Clézio nos presenta un mundo salvaje, de una libertad infinita que duele, que consume los pulmones con sus raudos vientos, que fatiga los pies en las planicies inabarcables con la vista, en medio de pueblos con nombres de hechizos: “Kengawmeri, Mbiami, Tanya, Ntim, Wapiri, Ntem, Wanté, Mbam, Mfo, Yang, Ngonkar, Ngom, Ngu” y tantos otros. Las descripciones casi artesanales nos invitan a explorar un mundo casi virgen, no idealizado, ni mitificado, pero si recubierto de la fresca cal con la que se recubren los recuerdos.

No por ello, este libro se vuelve en un libro que explora el exotismo del continente africano, sino que es un libro sobre la formación, sobre el crecimiento, a lo cual Le Clézio es bastante claro: “Para mí, esos objetos, esas maderas esculpidas y esas máscaras colgadas en las paredes en absoluto eran exóticas. Eran mi parte africana, prolongaban mi vida y, de cierta manera, la explicaban. Y antes de mi vida, hablaban del tiempo en que mi padre y mi  madre habían vivido allí, en ese otro mundo donde habían sido felices…”

Leemos un África cercana, llena de vida que no es tan distinta a la nuestra. Más aún, la postura del autor no es en absoluto superior sobre su condición de europeo colonial. África no es un lugar extraño, es un hogar arrebatado, tanto para el padre del autor como para Le Clézio mismo. Por ello, su prosa está tan llena de vida para su primer hogar: “Todo está tan lejos y tan cerca. Una simple pared fina como un espejo separa el mundo de hoy del mundo de ayer. No hablo de nostalgia. Esa pena desamparada nunca me causó placer. Hablo de sustancia, de sensaciones, de la parte más lógica de mi vida”.

Una obra que vale la pena leer y releer, sus palabras despiden un aliento orgánico y húmedo que contagia fácilmente al lector. El libro cuenta además con varias fotografías tomadas por el padre del autor en su recorrido por el continente, sin duda alguna, los mejores años de su vida.

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