Sobre Luis Cardoza y Aragón

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Por Marcos Solache

En 1936, tres años antes de la publicación de Muerte sin fin; el guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, dio a la luz el poema Soledad de la fisiología.

Es difícil saber si Gorostiza leyó este poema antes de escribir el propio, lo que es cierto es que existe una clara conexión entre ambos.

Cardoza y Aragón siempre estuvo relacionado con México; vivió aquí varios años, tuvo cargos diplomáticos correspondientes de su nación hacia la nuestra, y en general estuvo muy cerca del medio literario poético de la época.

Aunque era de la edad de Gorostiza, Cardoza representó más bien un puente de acercamiento entre los jóvenes y los consagrados; quizá porque nunca gozó de una fama abrumadora, aunque tampoco pasó desapercibido.

Antes de comenzar el breve comentario sobre este poema, paralelo en algunos aspectos a Muerte sin fin, debo incluir una frase que define la visión de Cardoza y Aragón sobre la poesía:

“La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre”.

Frase contundente, entre lo alentador y lo pesimista, no absoluta, sesgada al gusto; pero tampoco negable lo asertiva en el aspecto de que cualquier arte puede llegar a imprimir un toque concreto en la eternidad.

Ahora bien, en términos generales, “Soledad de la fisiología” es un poema hecho, meditado, bien estructurado, en partes demasiado cargado, en otras figurativo, en muy pocas falto de precisión, como en algunas más enmendado, extraño; por supuesto hay versos sobresalientes, y un final alentador.

La idea de concepción es buena, y diría que está bien congregado en ella; aunque creo que el punto que le sobra de lenguaje poético, le falta en condensación, precisamente sobre el tema principal: la soledad. El comentario que haré se divide en las cinco partes mayúsculas del poema: Yo he visto, sí, yo he visto

Esta primera parte, que va de la primera estrofa a la quinta, es una inspección exterior e interior, organoléptica mayor y menor de cómo reaccionan nuestro organismo y sentidos, al encuentro con la soledad.

            (…)

            y todo gime o canta, mas con tristeza siempre

            (…)

La inmortalidad de la tristeza, aquella que se mira en las rocas, los inviernos, los acasos y los nuncas; esa tristeza que siempre es silenciosa, es la misma con la que el poeta mira sus pies y humildes huesos.

Un detalle que resalta desde estas primeras estrofas, es el encuentro con la mujer; sobresaliendo en esta ocasión, su primera mención.

            (…)

            sobre tu piedra cierta de eternos sacrificios,

            (…)

No es nuevo el acotar al sexo femenino como espacio de sacrificios, lo que tiene de sangre y placer, la colocan prontamente como lugar de rito para cualquier hombre. Quizá lo que tiene de sobresaliente es que los versos posteriores, inmediatamente congelan el calor ganado.

 

            (…)

            buscando nieves que besar, cristales,

            (…)

Muestro este verso, no solamente por la contraposición mencionada, sino por el sumo parecido que alcanza con uno de los últimos en este poema; lo que reitera la hermosa imagen del principio del hombre, buscando a la mujer en los pasos entre la nieve.

En la siguiente estrofa se nos muestra una descripción física, aunque ambigua, de lo que es la soledad.

            (…)

            Esas masas opacas de pústulas y podres,

            nocturnos lodos hondos, turbias materias mudas,

            de máculas y oprobios, (…)

 Esta descripción fermentada de sombra, es la que será referente para el resto de la composición; escenario que claramente se ve cerrado en el penúltimo verso de todo el poema.

La soledad es un fantasma que acaba con todo, a un ritmo de mar contra playa, geométrico y exacto; termina por quemar ojos y bocas, aunque se revistan en trajes de palabras.

            (…)

            Con terquedad hermosa y amplia,

            he sentido en mi cuerpo golpear tu propio cuerpo

            (…)

Esa misma consistencia que tiene la soledad, también la poseen las relaciones amorosas, que finalmente, y como se verá en una estrofa posterior, son las que materializan con mayor voracidad el sentimiento más cruel del abandono.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Lo que hay de divino en el trigo

La segunda parte comienza con una enumeración muy contrastante, de lo macro a lo microcósmico, de la suavidad de la flor, a la dureza del zafiro.

            (…)

            lo cantan las entrañas con sus voces sin rumbo

            de sordomudos ángeles rebeldes,

            (…)

A diferencia de la primera parte, que podría catalogarse como humana, esta segunda sección tiene un acercamiento entre lo vegetal y mineral, que igualmente corresponde a la oscura sombra que aparece en las entrañas sin voz de luz sepulta y forma olvidada.

La siguiente estrofa, que es la última de esta segunda parte, sirve más bien de nexo y total complemento de escenario, en el que el poeta se dispone a congregar la soledad en una suave y cruel imagen de niña helándose.

            (…)

            que casi es una niña debajo de la nieve

            soportando en la frente, herida y humillada,

            el peso de la vida y la ingrávida muerte.

            (…)

De nuevo aparece la imagen de la fémina y la nieve, aunque esta vez no se presenta como escena fija, sino como auxiliar para describir otro rodeo; el dolor dulce que en realidad sangra, de todo aquello en donde está lo divino.

Minucioso engranaje de lodo que medita

La tercera parte, como se espera en posición de núcleo, es la de mayor extensión y también pretensión, ya que finalmente envuelve el mundo entero, sea menor o mayor, en negrura soledad.

            (…)

            de lágrimas fatales no vertidas,

            de gloria y de inmundicia, (…)

Algo que sobresale, aparte de la contraposición entre la estrella amarga y el gusano rastrero, es que no solamente aquella tristeza va del silencio a la aurora, sino también de la gloria a la rosa mustia; es decir, tarde o temprano, en donde quiera que se esté, sea un estado de felicidad o aliento, ahí llegará la imperdonable soledad.

La estrofa que sigue podría resumirse en aquello que anhelamos, pero que por decenas de circunstancias desconocidas, no logramos.

            (…)

            Matrices infecundas sin lucero,

            (…)

            yerta su pasión que germinó en el trigo,

            (…)

            y sueño bajo la cal de la frente.

            (…)

Antes de esto había matices de oscuridad, pero ahora es explícito que la noche es tan cerrada como la del borborigmo. Esa negra y profunda oscuridad, es la que arrebata la pasión, la fecundidad, y el sueño que se gesta bajo la cal de la frente.

Con las rodillas vencidas, las manos naufragadas, la feroz impaciencia de estar solos porque los ángeles y las estrellas acaban de marcharse; solamente desemboca en una vista opaca en medio de llantos y sollozos.

            (…)

            Muda materia opaca, sin forma ni sollozo,

            (…)

            con memoria de muerte, y de vida y muerte nuevamente,

            (…)

            En mis manos os veo dividiros,

            más allá de los dedos y su tacto,

            (…)

            Aquí aparece una similitud innegable con “Muerte sin fin”.

Aunque la idea de la muerte como estado intermitente entre la vida, no sorprende en ninguno de los dos poemas, sí decir que en Cardoza no es eje como lo es en Gorostiza.

 Que dicho sea un poco más, y de nuevo remarcando el parentesco con la obra del mexicano, sobre esta misma estrofa, pero al final, encontramos lo inasible del mundo al sentido del tacto; eso que parece veda el vaso, aquí también se intenta, auque tampoco se consigue; entonces se mira como lejano, más allá de las uñas y miradas.

Esta tercera parte termina redondeando el frío e imposible escenario que crea la soledad.

            (…)

            final como la noche maciza de los muertos,

            dura noche sin límites de párpados,

            han germinado en mí su soledad de piedra,

            me han cubierto de ciprés enlutado.

            (…)

Antes fue el ruiseñor y el sapo, la pasión sin medida, el fuego y la locura; ahora son inmóviles y estupefactos los paisajes que rodean con solemnidad y cantidad de ojos, la enorme negra soledad.

 A propósito, y aunque sea un poco reiterativo, “Muerte sin fin” también se desenvuelve en el enigma de la noche; pero esto es muy poco para considerarlos parientes.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

En mis brazos tu soledad en fiesta    

En simetría adecuada, esta cuarta sección debió de abordar la perspectiva desde la inmensidad y variedad de la segunda sección; sin embargo se va desencadenando desde la figura humana, con una serie que termina por ser más diversa y variada que las anteriores.

Podría decirse que a partir de ahora, la composición toma una perspectiva caleidoscópica, mucho menos rígida de cómo se lee en las secciones pasadas.

 

            (…)

            sus hiedras confundiendo, su saliva y sus sueños,

            (…)

La primera estrofa marca muy claramente la frontera entre secciones, como también regresa al tema de los cuerpos enamorados, la profunda soledad que provocan al fundirse desde la saliva y sueños, como alientos anonadados por esta vida que llegará a muerte.

Las siguientes estrofas parecen extrañas al tono de todo el poema, esto porque nunca antes se había prolongado un lenguaje romántico.

 

            (…)

            Isla de soledad, dolor y pasmo,

            muerta mi veces, mil, mil veces muerta,

            (…)

La isla de soledad es una alegoría del espacio entre los dos enamorados; que por cierto está rodeado de un silencio mudo de gemidos.

Más triste es saber que aunque nos encontremos frente al otro, nos sentiremos solos en el otro y en sí mismos, abandonados doblemente.

Continuando esta estrofa, de nueva cuenta aparece el ciclo repetido de la muerte, mil veces muertos. Esto sin duda recuerda “Muerte sin fin”, aunque no permaneciendo desde el fondo, sino otra vez como una similitud superficial.

            (…)

            nuestro sueño absoluto nos ha creado

            la soledad sin fin de nuestra mano.

            (…)

Para finalizar esta estrofa, y aparentando que desde aquí se toma toda la tesis del poema en comparativa; aparece una idea muy recurrente por la ficción, al afirmar que somos producto de un sueño absoluto, detectado por los sentidos, y en específico por la mano inútil, que no puede asir nada real; porque la extremidad ase la pura ausencia, lo que no es.

            (…)

            tangible crueldad sin penumbra!

            (…)

Después de manotear en un infinito vacío, termina esa estrofa en alto, con una contraposición de imágenes y sentimientos; ya que hasta ahora nada se veía en lo negro de la penumbra, y lo que se trataba de tocar no se tocaba.

Ahora a través de una luz que no se menciona, se toca la verdad: y qué cruel es.

La última estrofa de esta cuarta sección, es la descripción del final destructivo que ha propiciado la soledad; no basta la zanja que se ha abierto entre los enamorados, como entre uno mismo, sino que ahora caen las guirnaldas y las violetas.

            (…)

            solos en el asombro del gemido,

            dulce piedad de carne amontonada,

            entre el astro y la hierba, (…)

Un grito que no se escucha, las vísceras que se pensaban eternas, ahora se pudren, se descomponen como simple carne amontonada; pero lo más cruel es que hay piedad, hay esperanza entre todo este escenario desalentador; hay algo que pesará en la balanza hacia el amor, para que no nos perdamos en el olvido.

Luis Cardoza y Aragón
Luis Cardoza y Aragón

Mundos ancestrales anteriores al hombre

La última parte comienza con un escenario de recuento, colmado de viscosidades y sensaciones somnolientas.

            (…), de noche derretida,

            lejana, hacia futura presencia enamorada

            (…)

 Antes el mundo fue oscuridad obsesionada por una chispa, la luz que le diera vida; ahora es un recuerdo humano esperanzado en la progenie, esa futura presencia del amor que multiplica.

De esta espera que flotó en panoramas y se gastó como cantos rodados entre sueños y arena, de pronto y súbito, estalla el sol en la ciénega y aparece la figura esperada:

            (…)

            Alegría de los primeros pasos

            de mujer en la nieve!

            (…)

Como ya lo adelantaba, la imagen de la mujer en la nieve es un símbolo de génesis; que en este preciso caso no se refiere a uno material ni menos universal, sino al masculino.

La mujer es el centro y punto de creación del hombre; en donde se ve nuestra forma, el retorno a la patria y el ansia desbordada sin cristal ni medida.

            (…)

            la libertad total de su blancura.

            (…)

Una penúltima paradoja: el hombre se encontró ajeno a todo forma real, esa que se le escapa de los dedos, aquello que como resultado le provoca tristeza y melancolía.

Esa misma sensación es la que le hace buscar con esperanza, la luz entre las tinieblas, a la mujer, quien inevitablemente le retorna a una nostalgia material: de nuevo soledad.

El hombre ha muerto, sabiendo que lo que debía hacer para acercarse al infinito y despegarse de la cloaca oleosa y solitaria, no lo puede hacer, porque no puede despegarse del amor, que sería la flor de esta fatalidad.

            (…)

            esa montaña fétida en donde el lirio alza

            su pura, blanca llama!

Todo quedó en un grito o en un suspiro; más cerca del seno de la mujer y de la poma del paraíso, que del mismo Edén perfecto.

Nos quedamos aquí, sabiendo que lo que pasa en nuestra dimensión es fatal y solitario; sabiendo que habremos de tener una muerte sin fin, generación tras generación, muriendo sin ver el lirio alzado, prefiriendo morir en el amor, que conocer la eternidad.

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