Los condenados de la tierra/el mundo otro - Fotografía por Jessica Tirado Camacho

Coleccionismo y memoria: sobre Los condenados de la tierra/el mundo otro

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El arte posee una cualidad explicita que muchos no ven en los objetos cotidianos y que aún así existe: es contenedor de la memoria, fuente para la recurrencia a ella, para la vuelta atrás estratégica. Cuando el arte pertenece a una colección privada, ésta cualidad es incluso más visible; el coleccionista tiene un doble punto de vista, lo quiera o no. Nunca se hace con algo que no le guste, algo que no le represente a él. Al mismo tiempo, eso que siente cuando ve la obra, lo que le llama a adquirirla, con el tiempo será una huella de su época, de lo que se vivía en su entorno; todo ello quizá sin que lo sepa.

Este sábado siete de febrero se ha inaugurado en el Museo Amparo la exposición Los condenados de la tierra/el mundo otro, que se compone de las obras más representativas de la colección Carrillo Gil, seleccionadas por el curador Carlos Palacios. Esta muestra se encuentra bajo la premisa “Ese mundo en compartimentos, ese mundo cortado en dos está habitado por especies diferentes.”, la manera en la cual Frantz Fanon nos describe el mundo colonial en su libro “Los condenados de la tierra”. Los problemas que dejan el colonialismo y los que acarrean incluso los consecuentes procesos de descolonización son también palpables en el México que perciben y plasman Siqueiros y Orozco –un México por demás brutal, desigual y yermo para aquellos que no nacieron en el estrato social correcto. Asimmismo, como colección, todas las obras que la componen son un claro trabajo de interiorización por parte del Dr. Alvar Carrillo Gil, quien a inicios de la segunda mitad del siglo XX se dedicó a impulsar el arte mexicano, una labor que lo llevó a convertirse en toda una figura para la cultura nacional. Secretamente, Los condenados de la tierra/el mundo otro es una forma de entender al país por medio del arte, y cómo es que ha ido evolucionando, dejando una impronta tanto de los pintores como del mismo Carrillo Gil.

A lo largo de las tres salas que el Amparo destinó para ella, la exposición deja apreciar desde el naturalismo mexicano en su máxima expresión a través de las obras de Siqueiros y Orozco -la violencia ejercida desde arriba en El Mayordomo, el doble carácter de las masas: su postración sin protesta en Los Agachados y su carácter reivindicador en la Primera nota temática para el mural de Chapultepec– hasta la experimentación cubista de Rivera y el abstraccionismo de Gunther Gerzso, con cuya obra Spaciale se constituye un final que cierra, pero que no guillotina.

por José Luis Dávila  y Alejandro Vázquez

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