Sor Juana Inés de la Cruz - Imagen Pública

Yo, la peor de todas

Sor Juana Inés de la Cruz - Imagen Pública
Sor Juana Inés de la Cruz – Imagen Pública

Por Marcos Solache

Introducción

De Sor Juana, muchas cosas, pero casi nada. Como afirma Octavio Paz en uno de sus mejores ensayos: la biografía de Sor Juana está por escribirse.1  Lo que realmente debe decirse es que la biografía de Sor Juana nunca se va escribir, al menos no como lo pensaba Paz y muchos otros admiradores y fieles devotos de la monja jerónima.

Precisamente porque el enigma de Sor Juana radica en que se conoce, digamos, algo considerable de su obra y vida, mas eso considerable hace que los historiadores, poetas y demás interesados, queden insatisfechos y propensos a una búsqueda complicada.

Sor Juana es una joya caleidoscópica que siempre mostrará algo nuevo y distinto, mas nunca completo ni absoluto, tal como cualquier ser humano. En esta primera aproximación a Sor Juana, comentaré brevemente tres sonetos.

Sobre la clasificación y recopilación de su obra, valdría la pena apoyarse en la hecha por Alfonso Méndez Plancarte; mas dejo en el lector la libertad de encontrar en una simple búsqueda la compilación que agrade.

En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?

Las circunstancias de vida, su amor y pasión al conocimiento, obligaron a Juana Inés a tomar un único camino para sobrevivir y sobrepasar un poco su necesidad intelectual.

El convertirse en monja, fue el singular modo que vio como posible y digno, para hacer lo que hizo. Sin embargo, el precio no fue barato; sufrió, se humilló, y al final de su vida, sin fuerza para un levantamiento más, cedió a la muerte.

Este soneto es un claro discurso de su condición, y precisamente, de la persecución que siempre implantó el mundo en ella; especialmente, el sexo masculino católico.

La juzgaban por se monja y no cumplir con cabalidad la regla, realizando lo que ni siquiera una mujer casada podría hacer libremente en casa.

Pero cuál era la ofensa, si todo lo que hacía Sor Juana era puramente artístico. Cuál era la grosería y altivez, si solamente era menester:

            (…)

            poner bellezas en mi entendimiento

            y no mi entendimiento en bellezas?

            (…)

Este modo de invertir el razonamiento lógico, fue muy común en su poesía, yo diría que en más ocasiones intelectual que sensible.

Aunque Sor Juana en su tiempo de madurez conventual, gozó de una solvencia económica desahogada; siempre hizo caridad, compró libros o artefactos científicos especiales de época, nunca tuvo, lo que se podría denominar, riqueza, pues tampoco la buscó, al menos no la material.

            (…)

            Yo no estimo tesoro ni riquezas,

            (…)

Este soneto, como dije, es más bien una justificación puesta en rima y metro; no posé variación alguna en composición, diría mejor, se lee de un solo respiro, hilado y cadente.

Los tercetos finales rematan sus gustos personales, por los cuales reclama al mundo, y de los cuales siempre se apoya en una justificación o desprendimiento de la moral católica, que permanentemente se ha revestido de rigurosidad externa, y laxitud interna. Como en este verso que deshecha a la hermosura por ser:

            (…)

            (es) despojo civil de las edades,

            (…)

 

                                                           *el paréntesis en el verso anterior, lo he colocado únicamente para hilar la lectura.

Remata muy en acuerdo con aquello de que la belleza es vanidad, afirmando que prefiere:

            (…)

            consumir vanidades de la vida

            que consumir la vida en vanidades.

Par de versos, a propósito, aparentemente hechos para cerrar, de nueva cuenta, como razonamiento inverso lógico. Que por cierto, si esto fuera una confesión jurada, no permitirían que la monja jerónima saliera muy bien librada ni justificada en su empeño reclamo de persecución.

Como conclusión entonces, se podría decir que Sor Juana, como casi el total de los seres humanos, vivió frustrada, haciendo lo que quería, mas no del modo que deseaba. No debió de haber sido monja, pero si no lo hubiera sido, quién puede saber si de ella hubiéramos tenido algo.

No queda más que agradecer al hábito, y bajo esta aprensión de vida, tratar de entender un poco más su obra.

Detente sombra de mi bien esquivo

Sobre el paso de Sor Juana en la corte virreinal, y lo que se especula como el tiempo en el que seguramente tuvo serios pretendientes masculinos; que sin embargo nunca prosperaron por su pobre condición de dote, aunque ciertamente nunca vio en ello camino para consagrarse al estudio y conocimiento, quizá de ahí su determinación temprana a ser monja.

Aquel momento entonces, fue seguramente su primer encuentro serio con el amor personal, que sin duda, años después redefiniría con la Condesa de Paredes, “Lysi”, con la que llegó a una conclusión preponderante:

            “Las almas no tienen sexo”.1

Sin embargo este soneto no toca el amor homosexual, que por demás solamente se ondea en las piezas dedicadas a la dicha Marquesa de la Laguna. En este aborde, más bien se sobaja a la mujer en la relación encantada y guiada por el hombre.

            (…)

            imagen del hechizo que mas quiero

            bella ilusión por quien alegre muero,

            dulce ficción por quien celosa vivo.

            (…)

Versos cadentes, serios y sufridos, hechos en el espejo del encantamiento amoroso; terreno destino en el cual todos colocamos las experiencias transhumanas.

El segundo cuarteto, que continúa en el mismo tono de sometimiento a la posesión del amado, aborda un elemento innovador en la época: el magnetismo.

            (…)

            Si el imán de tus gracias atractivo

            sirve mi pecho de obediente acero,

            (…)

Este cuarteto termina con la desilusión de la amada, burlada por un deseo fugitivo.

Sobre los tercetos, vale la pena decir el descompás que se siente en el salto del primero al segundo, que bien podría ser un cuarteto.

Sin embargo, y con lo rígida que es la forma del soneto, aparece esta pausa espacial, que no está en acuerdo con la continuidad de los versos; situación que deja muy en claro que en aquel tiempo el espacio en blanco no tenía ningún valor, cosa que sí, las ahora casi absurdas, formas canónicas.

Aun con lo anterior, este soneto, que es uno de los más famosos, concluye bien y nunca cae, aunque tampoco asciende.

Finalmente retoma el tema de los primeros versos, y con la fantasía en la que se labra prisión el amor fugado, cierra a un amarre distante de brazos y pecho, con el siempre presente: hechizo del amor.

Verde embeleso de la vida humana

La poesía de Sor Juana no es armoniosa, no como lo entendemos hoy, y bajo la justificación de que casi toda la poesía barroca no lo es, que bien se puede distinguir por lo culto y profano hecho bajo la cúpula religiosa.

Irónico es, que los dos poetas más importantes de la época, y quizá del virreinato, hallan sido, primeramente, mujer y hombre de congregaciones religiosas.

Mas de nuevo tendríamos que poner cada una de sus obras en época, para poder dilucidarlas un poco mejor.

En este soneto, confieso uno de los mejores a mi gusto; Sor Juana toca de manera muy sutil y elegante, un tema eterno, la esperanza humana. Que apropósito, la viste de verde en quietud, y de dorado en frenesí.

En la reclusión del convento, Sor Juana cultivó y fomentó valores preponderantes para una poeta, como lo son la quietud, soledad, y algo de introversión.

Aunque tuvo una vida social muy importante y activa, es obvio que Sor Juana, en su celda, siempre se sintió sola y huérfana. El haber sido “hija natural”,  quizá la hizo ver el mundo de una manera más cruda, y por qué no decirlo, real.

En este soneto, precisamente coloca a la esperanza como un sueño reiterativo, alma del mundo, hábito viejo que siempre se siente lozano y fresco. El fracasar no tendría justificación si no deseáramos volver a intentar, y así un día triunfar, si no al menos justificar el alcance de las posibilidades.

Sin embargo, la poeta bien sabe que todas estas suspicacias, no harán que el mundo deje de creer en ella, y es por eso que en el primer terceto empieza partir camino.

            (…)

            siga tu sombra en busca de tu día

            (…)

Panorama que con dejo, abandona en la oscuridad, autojustificándose como una excelsitud el no tener esperanza, y mirar la vida sin los verdes vidrios por anteojos.

La tesis de la carta atenagórica, que valdría un comentario aparte, se desprende de la desesperanza, afirmando que la mayor fineza de Cristo, sea Dios, es respetar a cabalidad del libre albedrío; es decir, apartar completamente el hecho esperanzador y extraordinario en el cual únicamente puede intervenir el Ser Supremo.

El último terceto, como se espera, después de apabullar a la noble esperanza, dibuja la cota personal, muy apropósito en cambio de ritmo, bien hecho a nueva y última estrofa, con lo siguiente:

            (…)

            que yo, más cuerda en la fantasía mía,

            tengo en entre ambas manos, ambos ojos

            y solamente lo que toco veo.

Estos versos son muy generosos; comenzando con una contradicción, ya que aunque el poema versa de ser un develo cruel hacia la esperanza, ella misma se constituye en su propia fantasía, de la cual se diría que no hay alguna que no goce de esperanza, ya que ambas se cultivan en la vega de la ficción. Eso, aunado a que la labor de poeta, como su distinguido caso, siempre es una abstracción de lo real, aquello que dice que toca con los ojos.

Linda figura retórica, que podría bien sonar a moderna, o incluso surrealista; pero eso no es lo más destacado del par final, sino que en este breve espacio deja muy en claro la contraposición de su sentido poético, frente a su sentido científico.

Sor Juana, como los antiguos y verdaderos filósofos, abarcó, o al menos ese fue su intento, muchas ciencias: astrología, matemáticas, física, química, música, etc. En todas sobresaliente, debido a su dedicación y por supuesto enorme intelecto; sin embargo, siempre supo que lo mejor de ella, era su poesía. Por eso, este gran soneto, cae en lo circular y casi imperfectible.

Una buena, y última pregunta sobre esta ocasión sería: ¿cómo realiza, por medio de una visión seria, lógica y estructurada, el acaparamiento de un tema tan mundano, a través de un lenguaje florido y metafórico, justificando a su vez, y finalmente, su doble visión; la poética y la científica?

Este poema, y gran parte de su obra, reúne partes que en un ser humano cualquiera, pueden parecer inconciliables o incluso irreconocibles. Sin embargo, la gran alma de un ser extraordinario puede eso, y como lo dejó en claro, pudo mucho más.

Bibliografía:

Octavio Paz. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe. Seix Barral. México. 1998.

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