La divina comedia - Imagen Pública

Poesía transgresora

Homero - Imagen Pública
Homero – Imagen Pública

por Marcos Solache

Transgresión

El cambio es el elemento primario y vital de la creación.

A base de cambios se crea el mundo, nos creamos nosotros, y por lo tanto el Universo entero.

Este mundo y nosotros mismos, no seríamos nada sin esos intentos, que hoy podemos llamar evolutivos, de cambios y modificaciones.

Mas los cambios, como todo el mundo, presenta una dicotomía; entre buenos y malos.

Juzgamiento muy complejo, en el cual no deseo ahondar, mas sí aplicar el uso popular; por lo tanto decir que si el cambio es malo, se le llama transgresión, de lo contrario progresión.

Sobre estas palabras, muy acomodadas a lo social e interés político, deben decirse al menos dos cosas:

La primera es que por definición el progreso es avance, mas este avance precisa su origen en una transgresión.

La segunda es el estigma que se le ha colocado a la palabra transgredir, que precisamente viene de su definición:

            “Quebrantar, violar un precepto, ley o estatuto.”1

Queda muy claro que el discurso actual, no espera transgresiones, porque directamente falsearían, tal como lo indica la definición: preceptos, leyes o estatutos.

Mas los discursos cambian, lo que ahora se acepta como una reforma, o concordancia al margen, primero y sobretodo, fue una transgresión.

Ordenaría entonces lo previamente dicho, afirmando y arriesgando mi credibilidad con lo siguiente:

El origen de todo cambio, por lo tanto de la vida, es una trasgresión a la existencia misma.

Trasladando un poco la teoría astrofísica del “Big Bang”, debería decir que por sí misma es una enorme transgresión al orden que imperaba en el Universo previo; por lo tanto y concluyente a todo esto, nuestro primer segundo de existencia universal, aquella explosión, fue sin duda, una transgresión.

La divina comedia - Imagen Pública
La divina comedia – Imagen Pública

Poesía

De la poesía, quizá lo más certero que se sabe, es que es un intento.

Un tratado entre este mundo y el otro, el yo y el otro, un camino hacia el portal sin marco de la otredad.

Hay que decir también que su propósito más ambicioso es ser el puente deformado que conduce a la verdad auténtica y desconocida, que por supuesto, está inmersa en la paradoja de la inefabilidad.

Aunque quizá el poder creativo y recreativo de la poesía, reside en que precisamente no se puede capturar su total autenticidad.

Es una persecución, correr tras la palabra, aquella que contunde, que abarca y dice todas las palabras; esa lapidante respuesta que le dio la zarza ardiendo a Moisés:

            YO SOY EL QUE SOY.

                        Fragmento del Éxodo III, 14.

Por lo tanto, también se podría decir que la poesía es huir de la palabra.

Ignorar para ignorarse, y así encontrarse ante la nada, reflejo traslúcido del ser mismo y completo; aquella entera anulación que se logra, justamente entre la palabra uno y la dos, el hasta finales del siglo XIX, pequeño espacio en blanco.

Ahora la poesía intenta ser más espacio, palabra más significada, ser dupla de las palabras de Yahvé:

SER lo que ES, un encuentro con la nada.

Individuo

Aunque lo siguiente se lea como una oración egoísta, poco fraterna, y en contra de lo que parece el único propósito leal humano, que es el dar; debo escribirla porque creo en ella.

El ser humano es individual.

Ser individuo en medio de una sociedad, valdría toda la extensión y profundidad de la palabra; que me parece, sin temor apostarlo todo, sería realmente y en síntesis, el superhombre de Nietzsche.

Y si un individuo lo es todo, todas las etiquetas de filosofía, ciencia, arte o poesía, quedan muy superfluas, y casi inservibles.

Porque ese individuo auténtico, estaría, aunque inmerso en el mundo social, al mismo tiempo en una vacuidad, lo suficientemente abierta a tendencias actuales y pasadas, como también estoica en lo auténtico original.

Ante esto, y bajo estrictos conceptos formativos de la palabra, este ser presenta una dualidad de enfoques indivisibles:

El primero es estar en constante y permanente recreación hacia sí mismo.

Lo segundo es lo contrario, estar en constante y perpetua transgresión, valga la paradójica y dual indivisión, social.

Un ser humano de estas características, no se apegaría a corrientes artísticas ni partidos políticos, parecería un completo desentendido de toda obligación civil.

Sin embargo, me parece que su mayor aportación comunitaria, sería propiamente la nula intromisión directa social.

Que no debe confundirse con la ignorancia, ni con la oposición; ya que de la primera nunca estará en parte, como de la segunda será factor preponderantemente activo .

Encontramos entonces, bajo características pilares, al individuo, aquel conocido, pero con fundamentos subversivos suficientes como para ser ignorado.

Ser indivisible, y aunque invisible, inconfundible y siempre resonante.

Nietzsche - Imagen Pública
Nietzsche – Imagen Pública

ÉL / LA —-Individuo—- Poeta—-Transgresor/A

Si no se escribiese lo que se dice que es poesía; la poesía, por sí misma, existiría.

Definitivamente no nos necesita, y aunque parezca obvio que nosotros sí la necesitamos, tampoco es cierto.

La razón, muy sencilla, no sabemos lo qué es poesía, no sabemos, ni estamos, ni estaremos seguros, si lo que hacemos, es realmente o no, simple y compleja poesía.

Si no la intentamos, andaremos con un hueco, un sabor que nos conduzca a intentarla una y otra vez; pero sí la hacemos concientes o creyentes, seguramente también percibiremos el mismo hueco que nos deje completamente insatisfechos.

Porque la poesía no es una finalidad, es como nosotros ante ella, un medio, un paso para otro estado, que no se me ocurre nada más, residente de la absoluta y completa luz y paz.

El mundo de los hombres, ha intentado ceñirla, acotarla a una hoja, una cuenta de sílabas, y una paridad de consonantes o vocales.

Mas la poesía no es sonetos ni romances; ni tampoco me acomodaría para decir que es una expresión profunda del sentimiento humano, ya que sería igual de inútil.

Qué en el humano es profundo, y qué vano.

Ya mencioné que para mí la poesía es un intento, pero no un intento sobre ella, sino sobre uno mismo.

El intento, y retomando otro punto del texto, es individual, por ende imposible de exponer, ya que la fuerza y existencia del arte poético es únicamente momentánea e intransferible.

El empezar, corregir y rehacer un poema, esos momentos efímeros de lectura pausada que duran menos de un minuto, eso es lo que hace y nos da la poesía, como un momento humano eterno.

No las palabras de Homero o Virgilio a través de los siglos, sino ese síncope ínfimo de tranquilidad, en el cual sabemos que lo que hemos escrito puede y debe estar mejor, pero de una manera que desconocemos.

Nos sucede una revelación, al estilo de las religiosas, porque valga la comparación; la poesía también es religión, aunque diría más bien que es espiritualidad religiosa.

Solamente por un momento, nos muestra un jirón de velo; y con ese pedacito de tela quedamos maravillados y conectados a su encanto y belleza insostenibles.

¿Cuál es el camino entonces?

Sin duda la ruta es la transgresión.

Esa vitalidad que se gana con el cambio, no con la destrucción, sino con la reconstrucción.

Esa pujanza que no se dará en la palabra moteada como poética, sino sobre el individuo apalabrado poéticamente.

Esa poesía transgresora se está haciendo, y si se publica o no, es secundario, porque antes ha cumplido con lo que etimológicamente es el arte:

Se ha hecho y creado.

En el momento ha transgredido los fundamentos que se creían más esenciales para considerar algo como tal o cual.

A partir de todo, ha creado algo, no diferente, pero sí auténtico.

Valga la palabra, el individuo se ha poetizado un instante no repetido, más por otros igualmente hecho, por lo tanto sí recreado, pero no abolido, sino colocados, los verdaderos, en la misma estela traslúcida del Universo.

Recurso en línea:

1.- Diccionario en línea de la Real Academia Española. Definición de “transgredir”. Disponible en http://lema.rae.es/drae/?val=transgredir . Diciembre 2014.

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