Exodus: de Batman a Moisés

Exodus - Imagen pública
Exodus – Imagen pública

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por E. J. Valdés

Uno de los últimos grandes estrenos de 2014 es Exodus: Gods and Kings, el más reciente filme de Ridley Scott. Christian Bale y Joel Edgerton estelarizan esta aventura de dos horas y media, acompañados por John Turturro, Aaron Paul, Ben Mendelsohn, Ben Kingsley, SigourneyWeaver y la actriz española María Valverde, todos ellos en roles tan minúsculos que al final uno apenas se acuerda que estuvieron allí.

La cinta es la más reciente adaptación del relato bíblico de Moisés y la salida de los judíos de Egipto, narrado en el Libro del Éxodo, uno de los textos más importantes de la Torah/Antiguo Testamento y del judaísmo en general. Esta reinterpretación arranca mostrándonos a Moisés (Bale) como un popular y orgulloso general del ejército del faraón Seti (Turturro), cuyo mando comparte con su primo Ramsés (Edgerton), heredero al trono. Luego de una expedición al pueblo de Pitón, donde los judíos se encuentran asentados en calidad de esclavos, Moisés descubre que él no es en realidad un noble egipcio, sino un judío que sobrevivió a una masacre de niños hebreos gracias a que su familia lo ocultó y fue eventualmente adoptado por una de las hijas del faraón. Esto no tarda en llegar a oídos del recién coronado —y muy resentido— Ramsés, quien ordena el destierro de Moisés, y es precisamente solo en el desierto que descubrirá la misión que el destino le tiene reservada para librar a los judíos del yugo egipcio.

Exodus - Imagen pública
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Exodus es una cinta sumamente ambiciosa como lo han sido otros trabajos de corte histórico dirigidos por Scott, sin embargo, debo decir que esta película sale debiendo mucho si la ponemos en la balanza con la aclamada Gladiator y la no-tan-aclamada Kingdom of Heaven, empezando por un guión tan débil que a ratos deja la historia tambaleándose y está saturado de personajes sin desarrollo cuya ausencia no habría hecho diferencia alguna. Para ejemplo tómense los personajes de Josué (Paul) y Aarón (Mendelsohn); figuras clave en el relato bíblico que en el filme apenas y tienen cohesión con Moisés (yo diría que Josué sólo sirve para asomarse y poner cara de sorprendido).

Ben Kingsley también se siente sumamente desperdiciado, al igual que Sigourney Weaver, pero quienes más decepcionan son las estrellas de la función, Bale y Edgerton, el primero encarnando a un Moisés que no inspira, sin liderazgo, al que no veo capaz de mover a cuatrocientas mil personas por el desierto, y el segundo entregándonos a un villano frágil e inseguro cuyas amenazas no se sienten nada amenazadoras. En defensa de Edgerton diré que él llevaba a cuestas el papel más difícil, pero Bale, a quien uno no puede evitar recordar como el mejor Bruce Wayne que hemos visto hasta ahora, no acudirá como nominado a la siguiente edición de los AcademyAwards. Casi, casi se los firmo y se los cumplo. Lo que es de reconocerle es el talento y la disciplina para las transformaciones físicas: hace un año estaba calvo y panzón y ahora lo vemos en forma cual hombre murciélago.

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Respecto a la manera en que Scott manejó al personaje de Dios en esta cinta, diré que al principio me pareció interesante y luego me perdió por completo al grado de considerarla ridícula; pienso que la voz divina que inspira a un hombre a desafiar toda autoridad y llevar a un pueblo al límite del sacrificio a cambio de su libertad debe ser la encarnación misma de la sabiduría, no de la arrogancia, la presunción y el berrinche.

Pero Exodus también tiene sus puntos fuertes, empezando por las caracterizaciones; ¡qué atuendos, armaduras y joyas las de los egipcios! En lo que a vestuario respecta vaya que se esmeraron, así como en ambientación, siendo la vista de la antigua Menfis espectacular salvo por la misma omisión que Scott cometió en Gladiator: si bien estamos habituados a mirar las ruinas en las tonalidades de la roca y la arena, las construcciones egipcias estaban cubiertas de intensos colores. Algo que también me gustó fue el tratamiento de Moisés como un líder militar (que, considerando su estatus social, es muy probable realmente lo fuera, o bien, una figura de poder religioso) y que no se convirtiera en un anciano tras su visión en el monte Horeb. Asimismo lo vemos como un personaje falible —humano— y no como el perfecto ejemplo de virtud de los puristas. Es también digno de mencionarse el episodio concerniente a las diez plagas, muy bien mostradas, así como la explicación que se propone al partimiento de las aguas del Mar Rojo (aunque esa última escena, con Moisés y Ramsés enfrentándose en medio del lecho vacío, no se las compro). La película visualmente está para recordarse; narrativamente no. Otra cosa que se agradece es que no se trata de un remake a la letra de Los Diez Mandamientos.

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De los dos largometrajes bíblicos de este año (el otro fue Noah, de Darren Aronofsky) pienso que Exodus fue es más débil. Yo les diría que está pasable nada más; como para verla una vez y esperar a que nos la topemos por casualidad en la tele en un par de años. Si no están seguros de entrar a verla mejor no lo hagan. Se me ocurre que a media película podría irrumpir Maximus en la sala exclamando: “Are you not entertained?!” y uno le respondería torciendo los labios.

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