El género de la violencia

Contra la violencia de género - Imagen Pública
Contra la violencia de género – Imagen Pública

por Justo Bueno

Introducción

Después de cuatro décadas de desplazamientos nominales y ampliación del campo semántico, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género institucionaliza el concepto de “violencia de género” para denominar la violencia ejercida por varones sobre las mujeres en el seno de las parejas. Sus dos componentes son importantes, ya que partir de la denominación de “violencia”, implica asumir la existencia de conductas relacionales que rebasan el nivel de lo “aceptable”. Por otra parte, calificar a esta violencia como “de género” supone admitir su carácter estructural.

*

El origen de estas conductas relacionales, que rebasan el nivel de lo “aceptable”, reside en la posición de subordinación del género femenino respecto al masculino. Ahora bien, este umbral varía en el tiempo y en el espacio. Género lo definiría como dominación masculina, discriminación y violencia contra las mujeres, “Violencia de Género”.

Los factores de riesgo, tanto individuales (biológicos, psicológicos) como grupales, manifiestos en la propia víctima, los maltratadores o su entorno familiar y cultural, de suerte que cualquiera o varios de ellos, y no uno determinado, puede provocar, al manifestarse con determinada intensidad, la aparición de violencia sin que tengan que estar presentes todos .

No existe una ocasional proclividad de personas a ser victimizadas, ni una ocasional dureza intrínseca que permita a alguna víctima no deformarse con la violencia sufrida, ni una pro- claridad endógena, fatal e innata del perpetrador para causar diario.

Contra la violencia de género - Imagen Pública
Contra la violencia de género – Imagen Pública

Las causas de la violencia pueden afectar en uno u otro sentido o momento a cualquier persona; por tanto, los roles de víctima y perpetrador  son intercambiables y dinámicos: e1 maltratador, ahora «acusado», en su momento fue víctima y lo siente nuevamente, o lo es simultáneamente. Las victimas también pueden constituirse, a su vez, en transmisores de violencia (Barsky e/ at., 1994; Famularo e/ at., 1994), siempre nociva para el desarrollo y la calidad de vida.

Por todo ello, «etiquetar»  estáticamente a los protagonistas del drama violento como «buenos» o «malos», «culpables» o no, puede ser útil para tomar decisiones represivas cuando no quede otra alternativa o para un momentáneo engaño moral, pero no para interpretaciones e intervenciones científicas. Tampoco puede reivindicarse de forma absoluta solo a tales o cuales victimas a partir dos enfoques parciales o selectivos de la violencia.

Desde pequeños, nos hurtaron la ternura de los cuidados y el aprendizaje de la empatía. Al contrario, nos empujaron a ocupar el patio del colegio, a demostrar permanentemente nuestra hombría ante nuestros pares, a pelear cuando alguien se atrevía a ponerla en duda. Y, sobre todo, nos aconsejaron huir de lo femenino, no mostrarnos como lo hacían ellas. La clave estaba en que para ser hombres debíamos aprender a no ser mujeres. Ello suponía, obviamente, la humillación y el desprecio de aquellos que no respondían a las expectativas de género y que se comportaban no como hombres sino como “nenazas”.

Contra la violencia de género - Imagen Pública
Contra la violencia de género – Imagen Pública

Nos socializaron para cumplir un determinado papel en la sociedad, que era interdependiente del ocupado tradicionalmente por las mujeres. El reparto era perfecto, aunque el equilibrio inexistente: nosotros en lo público, ellas en lo privado. Un reparto que empieza a romperse cuando, por la fuerza de la democracia y el tesón del movimiento feminista, las mujeres dan el salto a la ciudadanía y entonces el contrato se desmorona.

Es el momento, pues, de que los hombres nos posicionemos de manera militante y pública. Convencidos de que no podemos ser demócratas sin ser feministas y de que las desigualdades de género, cuya más terrorífica consecuencia es la violencia sobre las mujeres, afectan al corazón mismo de nuestro sistema de libertades. No se trata de que nos consideremos los culpables de todos los males, ni tampoco de que nos fustiguemos de manera improductiva. Se trata de que nos convirtamos en sujetos protagonistas, de la mano de las que llevan siglos luchando por hacer que las democracias sean dignas de tal nombre, y de que empecemos por revisar el púlpito desde el que solemos mirar el mundo.

Sólo así pondremos las bases, entre todos y todas, para que las cifras de mujeres muertas empiecen a descender y para que nuestros hijos y nuestras hijas sean capaces de construir relaciones afectivas y sexuales desde la autonomía y el respeto. De no asumir este compromiso, la lucha por la igualdad seguirá amarrada por la superficialidad de los discursos y la violencia sobre las mujeres, que ahora parece correr el riesgo de abandonar la primera página y pasar de nuevo a la de sucesos, continuará siendo el más político de los terrorismos ya que es el que cuestiona la autonomía y dignidad de la mitad de la ciudadanía.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s