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Los Cinco Centros

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por Marcos Solache

Primer Centro: El Laboratorio

En definición, Cinco Centros es un espacio abierto para todo aquel que desee aportar algo sobre la expresión literaria, pictórica, arquitectónica, fotográfica, plástica, e incluso televisiva.1

Un amplio campo que únicamente está ceñido por el deseo de querer hacerlo. Sobre esto, cada uno en su conciencia social y personal, dictará las razones positivas o justificativas. Sin embargo, el sitio es muy claro en esto:

Lo hacemos porque podemos.

Frase que por cierto, cae perfectamente en ambigüedad; sobretodo porque el poder hacer algo siempre es relativo. Se apega a cuestiones tan elementales como la salud, el tiempo, la disposición, o incluso mucho más simples como el entusiasmo.

En definitiva una serie de cosas, mayormente ideales, determinan las posibilidades para poder hacer algo; pero nada de estas coincidencias valdría la realización, si lo que se hace, no se hace bien.

A todo esto, no basta decir que por poder hacerlo, estará bien hecho; así como tampoco, por querer hacerlo bien, resultará así. Existe un código de trabajo, muy personal en cada individuo para poder hacer bien las cosas. Ni hablar de los límites que tenemos cada uno, que podrían ser los mismos escenarios ya mencionados; salud, tiempo, disposición, entusiasmo; y valdría agregar uno fundamental: el cognitivo. Cada uno tiene un límite cognitivo, que por cierto no se reduce al normalizado coeficiente intelectual, sino más bien, y entrando en terreno metafórico, a la pared que nos veda la luz eterna. Sobre esta pared y nuestros intentos de derribarla, están por cierto, los mismos intentos por escribir.

El escribir es un laboratorio, es experimentar, descubrir, volver a experimentar, volver a escribir, leer, corregir, y hacer todo otra vez; una cadena que puede llevar a muchos a la ilusoria perfección. Perfección que por cierto no se alcanzará, pero sí quedará bien justificada en los intentos y empeños de cada uno.

Seguramente los primeros escritos de cualquier persona, son para otros irrisorios, carentes, o poco dignos. Para mí, cuando vuelvo unos años y leo lo que escribí, solamente noto intentos, como los que hago hoy, y todos los días que trato de escribir.

Concluyo a todo este armazón, medio trabado de terquedad: que nada viene por sí solo, ni mucho menos alcanzamos algo con el sólo deseo de tenerlo. Debemos escribir, y hacerlo decenas de veces; aunque cada vez se vuelve infructífera, si la posterior no refleja las reflexiones de mejora de la anterior.

Es más o menos así, como el propósito de Cinco Centros es la experimentación, más que la creación definitiva. Más que un espacio de expresión, lo repito, es un laboratorio de experimentación expresionista.

Cada comentario de María Mañogil, E.J. Valdés, José Luis Dávila, Alejandro Vázquez, Jessica Tirado, Carolina Vargas, Emanuel Bravo, Chuchette Cidutier; y de todos los que involuntariamente omito, abonan al sitio su compromiso y fundamentación ante el mundo, de ser mejores experimentadores.

Todos observadores del mundo, desde su peculiar punto de vista; todos críticos de lo que sucede alrededor; algunos pesimistas, otros sentimentalistas, otros muy críticos, otros graciosos; pero todos comprometidos a llevar a mechero y matraz, sus opiniones. Así debe de ser: no escribir por necesidad, ni mucho menos por el deseo de que alguien nos lea; escribir con un compromiso personal de ser más auténticos, por lo tanto, mejores seres en el Universo.

 De lo anterior no tengo duda, ni tampoco de lo que siguiente: Cinco Centros es una familia que no se conoce, unidos por distintas pasiones, gustos, diversas formas de ver la vida, y las creaciones en ella.

Pero lo que nos une inexorablemente, es el deseo de aportar algo bueno y sincero, y por lo tanto, mejor al mundo. Todo, siempre, a través del experimento que es la escritura.

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Segundo Centro: La casa de la moneda

Carlos Fuentes, seguramente de alguna otra manera, decía que el escritor, dentro de la pirámide artística, es el más bajo. Irónico, porque quizá el músico sea quien está más a la mano en el género social. Aunque no lo decía por disponibilidad, sino por el medio de profusión.

La palabra, esto también lo pudo haber dicho de alguna otra manera, es como una moneda de cobre que todo el mundo tiene, usa, gasta y desperdicia, como quiere.

Es entonces que se vuelve, lo que sería para el escultor, un mármol manoseado, vulgar y corrupto desde muchos aspectos; y por lo tanto, tarea extremadamente difícil y compleja de erigirse con laureles realmente artísticos. Tal vez esto le valga a la poesía ser la madre de todas las artes, y no por otra razón, sino porque recoge y recrea, desde lo más básico, cotidiano y hasta vulgar, nuestro auténtico momento eterno. Sin duda, la palabra es todo.

Bastaría recordar dos pasajes bíblicos sobre esto: “Dijo, pues, Dios: Sea hecha la luz. Y la luz quedó hechos.” Génesis I, 3.

 La traducción De la Vulgata Latina al Español, admite otras dos traducciones en este bello pasaje: Sea la luz . Y la luz fue. “Haya luz. Y hubo luz.

Quizá estas últimas dos más sintéticas, tal vez la primera más poética, aunque ambas con el mismo fondo omnipotente de Dios. Aunque lo que atañe a esto, es el enunciado previo: “Dijo, pues, Dios”. Ya que leemos claramente, cómo, según la tradición judía, Dios creó al mundo por medio de la palabra.

Como es someramente comentado por algunos avezados y ortodoxos críticos del Nuevo Testamento; éste, para cumplir con su primer labor, que es autentificar por todos los medios previos al Cristo, sean los abiertos en el Antiguo Testamento, debe afirmar, muchas veces en espejo, lo previamente dicho. Así tenemos, en lo personal del más bello de los Evangelios, el inicio que parece inspirado en el principio del Génesis, por lo tanto del mundo: En el principio era ya el Verbo…” San Juan I, 1.

Se puede seguir discutiendo sobre este pasaje, quizá el más controversial de la historia de la iglesia cristiana, situación que no expondré por ahora, sino me remitiré a mencionar, de nueva cuenta, que la palabra, logos, es el fundamento del mundo. Ejemplos como estos, preponderando la palabra sobre cualquier otra cosa, habrá muchos, y seguramente también se encontrarán en algunos otros libros considerados sagrados.

 Mas no perdamos el fundamento de que son simples pasajes retóricos, que faltan a la importancia real nunca dicha: el mundo humano es una abstracción literaria, pero no el mundo real; la piedra es piedra sin que se le llame piedra.

La mayoría rechaza esta postura, porque desde que el primer homo dimensionó la orfandad y soledad ante la que se enfrentaba, quiso someter y hacer al mundo a su modo.

Inventamos historias de amor, discursos de abstracta perfección en los que siempre se ve beneficiado, incluso después de la muerte, el propio hombre. Así nacieron las religiones más antiguas, y los sistemas de gobierno, un poco más maleables que las primeras, como los factores cambiantes, aunque siempre mantenedores, del pensamiento humano.

Pero no olvidemos que todo esto es palabra, y con esto justifico un poco al Génesis: en el principio, en el medio y en el final, el hombre dijo, y así se hizo. Si están de acuerdo en lo anterior, también lo estarán en que Cinco Centros es, aparte de laboratorio, una casa de la moneda.

Donde todos los que escriben ahí, cada uno a su tiempo, va y empeña sus monedas, esperando que la próxima entrega no sea de cobre.  Lamento decir que si todo va lo mejor que se puede, algunos lograrán una aleación con otro mineral. Mas todos, impotentemente hundidos en el fundamento común de la palabra que es cobre.

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Tercer Centro: Nave Espacial

La explosión electrónica se dio en la década de los noventas. El mundo se acercaba al final del siglo XX, lastimado por las grandes guerras, y la imperante rivalidad entre las potencias; pero con un nuevo panorama: la conexión de todo el mundo por medio de la red llamada Internet.

Mi generación, precisamente la de los finales de los ochentas y principios de los noventas, somos quienes tenemos la seña del radical cambio que experimentó y continúa experimentando el mundo, gracias a los avances tecnológicos de todos los días. Reunimos características que ninguna otra época ni generación en el mundo ha tenido. Somos la síntesis y el nuevo intento por mejorar el planeta.

Aunque ante esto solamente estamos frente a una oportunidad; ya que resta en la mente y decisión de cada uno, tomarla, o continuar con la tradición. Algo que distingue a este tiempo, es la disponibilidad de información, quizá no especializada, pero sí en muchos casos, suficientemente importante como para introducir a cualquiera en cualquier tema. Wikipedia puede ser el emblema de lo anterior. No solamente la información, llámese enciclopédica, sino la también, y no menos importante, la de índole social. En los últimos años, hemos visto como Twitter y Facebook se han adicionado a las armas que tiene un pueblo para contrarrestar los regimenes políticos totalitarios; baste recordarse Egipto y Libia. La comunicación entre jóvenes y el mundo, cada vez es más latente, pujante y poderosa. Un nuevo talismán, que renueva el arcaico ambiente político del mundo.

Ahora bien, por estar a la mano y albedrío de cualquiera, esta enorme red de intercambio, en muchas ocasiones, y volviendo a lo de la moneda de cobre, se vuelve un espacio vano, irritante, y en consecuencia, carente de cualquier buen propósito. Lo abordaré en el próximo Centro”, pero la mayoría de quien escribe o simplemente se expresa en estos medios, es por dos razones:

La primera es porque busca la imperiosa y fatídica necesidad de que el mundo vea, admire y adore lo que hace. La segunda es porque no tiene otro medio donde exponerse. Algunos caeremos en la contradicción con lo que acabo de escribir, pero trataré de sortear la propia trampa, afirmando que si lo que se hace es importantemente propio, será auténtico, y si lo es, valdrá dónde y de la manera que sea.

De nueva cuenta viene la pregunta; si están en acuerdo con lo anterior, estarán con lo siguiente: Cinco Centros, aparte de ser laboratorio y casa de moneda, es también una nave espacial, porque lleva con actualidad y responsabilidad el vertiginoso movimiento del mundo.

Actualiza su presencia en el medio electrónico, con interesantes y atractivas propuestas visuales. Importantes coberturas teatrales, plásticas, reseñas fílmicas, opiniones políticas, algo de creación, mucho de música, y todo ligado al sitio moderno y cambiante del mundo.

No sabemos hacia dónde vamos, porque no sabemos de dónde venimos. Cláusula socrática tal vez, que aplica ahora, si creemos que los medios electrónicos y la inmensa información que hay en ellos, nos darán la pista definitiva, a la cual, muy a su manera, se suma Cinco Centros.

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Cuarto Centro: Arde en Puebla

La historia de Eróstrato siempre me ha parecido fascinante por ser una fiel copia del mayor deseo humano. El recuerdo a través de los tiempos. Cuando el sacerdote de Éfeso se decidió a incendiar el templo de Artemisa, principal diosa de la ciudad, no lo hizo con otra intención que con la de ser recordado por todos los tiempos.

Al inicio fue un mandato, tan soberbio como humano, y como vemos ahora tonto; el vedar por años el recuerdo de Eróstrato. Pasaron los siglos y Éfeso dejó de ser importante en el mapa mundial, quizá la mayor parte de la ciudad original desapareció, y con ella, sin que Eróstrato lo profiriera, el templo reconstruido de Artemisa.

 Pero quedó aquí, y en la memoria de muchos, como la de Sartre, la interesante historia del templo eterno incandescente en Éfeso. Cada vez que se recuerda esto, es como si se pusiera más paja, no sólo al nombre de Eróstrato, sino a la vanidad humana por ser recordados, por todos y por siempre. Esto pudiera tener un simbolismo filosófico, digamos catártico, si lo enfocamos hacia la futilidad del hecho vanidoso propio.

Aunque nadie aceptaría enteramente la catarsis, sabiendo que la paradoja de nuestra existencia, consiste en ser seres individuales, necesitados imperiosamente de compañía. Y no de cualquier compañía, sino de aquella, que muchas veces agrada más, si alimenta el ego y la potencia de la fama. Todos tenemos algo, o mucho, de Eróstrato por tres cosas: La primera es Puebla, en vez de Éfeso. La segunda es Cinco Centros, en vez del templo de Artemisa. La tercera la incluyo en plural, repitiendo lo que escribí arriba: todos somos Eróstrato.

Esto es un comentario no solamente hacia todos los que escribimos y publicamos en Cinco Centros, sino también para todo aquel que tenga deseos de escribir, que lo esté haciendo, y realmente en general hacia cualquier persona que quiera exponer algo a los demás.

Es realmente complejo, como lo escribí líneas arriba, la paradoja de querer compartir nuestra vida o pensamientos, sin caer en el fatídico deseo orgulloso de ceñir al mundo a cada manera. Cualquier persona quiere ser auténtica, cuando realmente, aunque en grados, todos somos seguidores de alguien o algo más. No dudo que un primer propósito de Cinco Centros, sea que lo que se expone en su sitio, llegue y lo haga de la manera más adecuada, a muchos más lectores.

Como lo expondré en el último “Centro, eso es bueno e importante, pero definitivamente no es lo primordial. Lo primordial es que quien escribe, no solamente en Cinco Centros, sino en cualquier sitio, digamos en sus proporciones públicas, debe de eliminar al Eróstrato interno. No utilicemos la publicación, o el sitio, sea el caso de Cinco Centros, como pira de fama, ni viñeta curricular.

Seamos auténticos, y con ello verdaderos, y únicamente así, dignos expositores de quienes somos y lo que pensamos.

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Quinto Centro: The Mexican Moment

La crítica es buena, pero nunca determinante. Lo que una persona dice y piensa, no debe, bajo ningún aspecto, considerarse como definitivo ni irrefutable. La buena y sana crítica, siempre propone, abre aspectos que para otros estaban tajantemente cerrados.

Alguien que quiere sumar, nunca se presenta como un impositor de ideas ni de modos. Así considérese este texto, como una opinión crítica desde la perspectiva de alguien que regularmente escribe, y que lo hace con la única y no otra intención de mejorarse personalmente.

Que lo anterior no se sesgue al área egoísta, sino que se vea en el intento de publicar en Cinco Centros, o en cualquier otro sitio, una oportunidad, quizá infructuosa, de restituir mi lado ególatra. Ya sondé el área de la fama en la escritura, y lo truculentos que pueden ser los caminos que nos lleven a escribir.

Confieso que de las pocas personas que conozco que escriben, no encuentro alguna que lo haga por el simple y sencillo placer de hacerlo. Todas me dicen que quieren publicar y publicar, ser el próximo Paulo Coelho o E.L. James. Si no es así, tienen a sus intelectuales, cerrados herméticamente al juicio canónico de que lo que hacen o leen, es lo único que vale el desgaste; lo demás es basura. Sí, el mundo literario está igual de podrido que el mundo político.

No sorprende, ni debería de hacerlo, es un fiel reflejo del mundo contemporáneo. Habrá uno cada cien o trescientos años, que venga y cambie nuestra percepción de lo que es la literatura, sea poesía, novela, o real y simplemente, que cambie de cualquier forma el giro del mundo.

Habrá muy pocos seres humanos comprometidos con el Universo, y quizá de manera indirecta con la sociedad, de forma real y auténtica. Para todos aquellos, que espero sean más de diez en Cinco Centros, un impulso para seguir siendo lo que la escritura otorga: Un sinuoso pero siempre victorioso camino de encuentro con uno mismo.

Y permítaseme ensalzar que no es poca cosa, porque no habrá mayor satisfacción humana que aceptarse tal cual se es, que sería lo mismo que saber quién se es. Resuelto en una vida un enigma filosófico fundamental de existencia, seguro tendría como recompensa máxima, la máxima recompensa: Estar en paz con uno mismo.

Espero que esto se replique y sirva para todos aquellos que escriben y publican, no solamente en Cinco Centros, sino en cualquier otro espacio o formato. Que cada uno medite sobre la veracidad y fundamentación de sus escritos. Pero si no se hace, que no se espere entonces, ni revolución ni pensamiento.

Sin meditar, escribiendo sin criticarse, y peor aún, sin recrearse, no espero ni que Cinco Centros cambie, ni que lo haga Puebla, ni México, y mucho más triste, que no lo haga el mundo entero.

Creyendo en lo anterior, confirmo mi crítica por dos razones: La primera es porque escribo, y aunque los pasos vayan sobre el Camino Caracol”, he de continuar haciéndolo, y mejorándome, desde mi personal, y en ocasiones necia, manera de escribir.

La segunda es porque no quiero volver a escuchar lo que el día 27 de Noviembre dijo el Presidente de México: “Falta mucho por hacer”.

No falta nada, este es el coloquialmente llamado “Mexican moment”, el que se escribe cada tres o cinco días en Cinco Centros, el que varía cada treinta minutos en trending topics en Twitter. Este es nuestro momento, el de la generación que por historia o coincidencia tecnológica, puede dar otra veleta al mundo. Un nuevo mundo que sin duda empezará, como empieza el Génesis, con la palabra.

Recurso en línea:

1.- Cinco Centros. ¿Quiénes somos?. Disponible en https://cincocentros.com/quienes-somos/ . 28 de Noviembre 2014.

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Un pensamiento en “Los Cinco Centros”

  1. ¡¡Muy bueno, Marcos!! Tienes mucha razón cuando dices que en Cinco Centros somos una gran familia y aunque no nos conozcamos, tenemos mucho en común y eso nos une de alguna manera.
    Me he sentido muy identificada en muchas de las cosas que has dicho.
    Por cierto, tu manera de escribir no me parece necia.
    Enhorabuena.

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