Rainer Maria Rilke - Imagen pública

El Perro de Orfeo

Rainer Maria Rilke - Imagen pública
Rainer Maria Rilke – Imagen pública

por Marcos Solache

Sobre“Sonetos a Orfeo”.

En esta ocasión comentaré uno de los poetas más importantes del siglo XX: Rainer Maria Rilke.

Importantísimo, no solamente en la lírica alemana, lengua en la que cultivó mayormente su poesía, sino también en el ámbito filosófico poético.

La importancia de Rilke, esto sin poder criticar el manejo del lenguaje original, reside en la meditación de sus poemas.

No es un autor de formas, ni sonidos, es más bien un pensador de la vida, realmente un filósofo.

Muy conocido que Heidegger, gran aficionado a la poesía, en alguna ocasión haya comentado que toda su obra se encontraba en un par de poemas de Rilke.

Su poesía es muy sustanciosa, no suele ser extendida, al contrario, aplicable al deber de todo poeta, cada versoacortado al sentido buscador de la existencia humana.

Sonetos a Orfeo, obra que comentaré en dos partes, mismas en las que se encuentra dividida la composición, forman parte de la creación final de Rilke.

Creación que quizá se ve precipitada por dos cosas; la primera es que, como “Las Elegías de Duino”, los “Sonetos”aparecen como una revelación divina, a las que Rilke fue tan devoto y orgulloso.

La composición de cincuenta y cinco sonetos, en pocos meses, denota el rapto de inspiración al que el poeta se sometió.

Que los “Sonetos” tengan una manufactura veloz, no diezma en lo mínimo la calidad de ellos, antes bien, y como el poeta lo hubiera confirmado:

Rilke - Imagen por Marcos SolacheRilke – Imagen por Marcos Solache

El subtítulo de los Sonetos es el siguiente:  Escritos como epitafio para Wera Ouckama Knoop.

Wera, fue una joven bailarina a la que conoció Rilke, por ser hija de un matrimonio amigo en München.

Su relación fue hasta cierto punto impersonal, aunque siempre llamativa para el poeta.

La señorita Knoop murió en 1919, tres años antes de la publicación de los “Sonetos”; su muerte fue repentina y curiosa.

Esto sin duda cautivó y sensibilizó en extremo al poeta; al grado de dedicarle una obra y algunos sonetos en ella.

Sobre la temática de los “Sonetos”, se identifica claramente, por las notas de mismo autor, cuales son los poemas dedicados a la bailarina; que me atrevo a decir es una figura aunque sensiblemente en la obra, secundaria en ella.

La figura y el tema principal es Orfeo, mas debo decir que su papel es tácito, aunque en la mayor parte de los poemas presente, siempre parafraseado.

Algunos sonetos son dedicados directamente al favorito de Apolo; son una ofrenda de flores a su labor y tarea pendiente en el mundo.

Otros más variados, dispuestos a los avances tecnológicos de la época, o, como el comentado más adelante, a un animal, entre algunos últimos,a lugares o escenas que impresionaron al poeta.

Pero absolutamente todos, con un hondísimo sentimiento humano, por lo tanto filosóficos.

Rainer Maria Rilke - Imagen pública
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XVI.

Antes de comenzar el comentario preciso sobre el soneto XVI de la primera parte, debo dar crédito a la traducción de Otto Dörr, quien de profesión médico, pero de devoción poética, ha dado una excelente recreación de los “Sonetos” y las “Elegías”; muy bien comentados y documentados, pero sobre todo cuidados en el aspecto sustancial.

No hace una traducción métrica ni rítmica, por lo tanto no musical; a lo que a propósito el alemán parece más bien un idioma filosófico, pensativo, másque poético lírico.

Si bien respeta la composición del soneto, de dos cuartetos y dos tercetos, no las pausas naturales, ni la sintaxis original.

Sobre esto, comentar que Rilke fue un asiduo traductor, principalmente de poesía francesa, su segunda lengua; de lo que decía que la mala poesía no se puede traducir, tampoco la buena, pero la diferencia es que esta última sí se puede recrear.

Creo que Dörr la ha recreado dignamente; puede encontrarse su aportación en la “Colección Visor de Poesía”, de la editorial española “Visor”.

Con la salvedad de que mi guía es una traducción, bajo los comentarios dichos, no precisaré detalles, y me abstendré a  comentar generalidades de los poemas.

Sobre todo estructurales, ya que aunque en apariencia la traducción en español respeta la estructura comentada del soneto, no es precisa en la interior.

El soneto XVI tiene un tema poco usual en el poemario: el perro.

            Tú, mi amigo, estás solo, porque…

            (…)

Esta es la primera mención, un tanto impropia, del protagonista del poema; que por cierto, desde el primer verso encontramos características filosóficas: soledad y justificación.

El primer cuarteto se divide entonces, por la justificación a la soledad que sufre el animal.

             (…)

            Nosotros nos apropiamos paso a paso del mundo

            por medio de signos y palabras

            quizá si de su parte más mezquina y peligrosa.

            (…)

Estos versos, muy extendidos, confirman mi comentario de que el alemán no es una lengua lírica, puesta más bien para la exposición de pensamientos.

Es entonces el ser humano el culpable de la soledad del perro; ¿por qué?, porque se ha apropiado de un mundo irreconocible, inventado en palabras y signos, mezquinos y peligrosos.

Un tema netamente filosófico, y desarrollado por los existencialistas como Heidegger, en el cual la palabra anula la esencia natural del mundo; la palabra, el signo, dispone de manera arbitraria, tradicional y arcaica, significados y propiedades a elementos naturalmente primordiales en el ser humano.

Sobre lo de mezquinos, es tal vez la apropiación de la sociedad sobre el mundo; es decir, cómo las urbes han invadido el planeta, explotando y consumiendo los recursos, sin ningún otro valor que el de la mezquindad, y sobre esta invasión han hecho un discurso de signos y palabras, muy fuera de lo esencialmente verdadero.

Sobre lo de peligrosos, es quizá por encauzar y cerrar temas abstractos, como los religiosos, que ponderan y clausuran tópicos tan relevantes como el propósito del hombre en la Tierra, creencias sobre nuestro origen o destino; discursos ideológicos muy fuertes, encauzados al sometimiento mental social.

El segundo cuarteto, menciona con una pregunta, toda la futilidad de la captura humana anterior:

             (…)

            ¿Quién muestra con los dedos un olor?

            (…)

Es uno de esos versos de corte netamente enigmático, en principio muy simple de asir, pero inmediatamente causador de revuelos.

Ciertamente, nuestra piel tiene la característica de capturar y exponer olores; habrá algunos muy propios, como el sudor o los emitidos por las hormonales sexuales, aunque en realidadla mayoría de nuestros olores naturales, son anulados por los sintéticos perfumes.

Por lo tanto, se puede concluir que el ser humano nunca muestra sus olores verdaderos; otra transposición del apoderamiento falso del mundo.

Pero el significado no se reduce a eso, parece que también hace un cruzamiento de sentidos; es decir, traspone el sentido del tacto con el del olfato.

Lo cual responde, por un camino más austero, a la misma posición; nadie puede tocar un olor y exponerlo de esa manera; otra adjudicación erróneamente adaptada de la apelada equívoca imagen del mundo.

Una última alusión a este interesante verso, nace precisamente igualándolo con el pasaje bíblico que se menciona al final del soneto.

En la bendición, que Isaac le da a Jacob, erróneamente, y adquirida por artificios muy ventajosos, aludiendo a lo comentado anteriormente, de manera mezquina, dice:

“Bien se ve que el olor que sale de mi hijo es como el de un campo florido, al cual bendijo el Señor.” Génesis XXVII, 27.

Lo más notable de la bendición, es cuando Isaac toca a Jacob, y este, cubierto por un pelaje de cabrito, pasa por el vello de Esaú.

Por lo tanto, el sentido del tacto es guía principal en el texto; elemento que se ve comprobado por el olor de la ropa de Esaú en Jacobo.

Finalmente, Rilke retoma el elemento principal de la narración, por medio de los dedos, cuestionándolo en el acto anterior; siendo no posible que el patriarca sea engañado a través de este medio, con el del olfato.

Complementan los versos del segundo cuarteto de la siguiente manera, muy separados de los anteriores, pertenecientes al verso con el que abre el poema:

             (…)

            Es cierto que tú sientes muchas fuerzas

            que nos amenazan…Tú conoces los muertos

            y te asustas ante un mágico refrán.

            (…)

Los perros, como los gatos y los caballos, tienen la fama de ver las almas de los muertos; fama que seguramente se les ha hecho sin ninguna peculiaridad, ya que si eso es cierto, debe de serlo para muchos otros animales.

Aunque en esta ocasión Rilke se apoya en los dichos populares, y enmarca la capacidad del perro para conocer las fuerzas espectrales de los muertos.

Primera alusión, un tanto indirecta, pero bien presente, de Orfeo en el poema.

Lo que salta un poco de estos versos, y los mistifican, es lo del mágico refrán, y la reacción del perro ante él.

Personalmente encuentro una mezcla de cualidades humanas racionales y primitivas; ya que la construcción de un refrán, será posible a través del raciocinio y orden de las palabras, mientras que su cualidad de mágico e impactante, serán cualidades instintivas.

Este es tal vez, el verso que une al humano con el perro; construyendo un refrán, y reaccionando temerosamente a él; digamos que las cualidades puras del perro, se han inmerso en el asombro humano.

La mayoría de los “Sonetos a Orfeo”tienen la característica de saltar dramáticamente en los tercetos, y cerrar, en muchos casos, apartadamente.

El primer terceto, conjuga, en un plano posterior a la unión que se comentó, más afable para el protagonista, sobretodo por  su triste situación de soledad:

            (…), se trata de hacer soportar juntos

            piezas y partes como un todo.

            Ayudarte será difícil. (…)

La unión entre el hombre y el perro, el soportar juntos el mundo aparentemente real, significado en palabras mezquinas y peligrosas, es la fuerza sobre la difícil tarea.

Sobre la división del mundo en piezas y partes, pero la mirada de ellas como un todo, más que un consejo al perro, en el último terceto se comprobará porqué, parece un fundamento de accionar filosófico; entender al mundo como infinidad de divisiones un una unidad, un poco panteísta quizá.

El último terceto conserva la conversación entre el hombre y el perro, pero termina, abruptamente separada de ella, en cuestión de un par de versos.

             (…)

            no me siembres en tu corazón. Crecería muy rápido.

            (…)

Este verso contrasta y sustenta la opinión sobre la facultad humana de dividir, mientras que la del perro es deentrega única y fiel; no puede mirar el mundo a través de un caleidoscopio, no tiene la facultad de incluirse en el mundo dividido hacia un todo, sino que hace de un solo individuo su todo.

Por eso lo de “Crecería muy rápido”, facultad innata en el animal de entregarse al amo hombre.

Aunque es una recomendación hacia el perro, como vemos es inútil, y más bien parece un consejo hacia los seres humanos que tienen esta facultad, de entregarse y sembrar en sus corazones rápidamente otros corazones humanos.

Comentario dado, quizá por su condición solitaria, muy huraño hacia las relaciones interpersonales.

Complemento el último terceto con una alusión, pocas veces leída en Rilke, extrayendo un elemento bíblico.

             (…)

            La mano de mi Señor quiero guiar

            y así decirle: Aquí. Este es Esaú, en su piel.

En esta serie es común encontrar alusiones que rayan en devoción divina hacia Orfeo; por lo tanto, se puede suponer que la anterior: “mi Señor”, es hacia él; quien está transpuesto en Isaac y el capítulo XXVII del Génesis.

La salvedad de que el perro es Jacob, revestido con el vello de Esaú.

Final heterodoxo, que abre con poco respeto la tradición judía, sabiendo que Jacob es el nexo patriarcal de las doce tribus.

Por lo demás parece una consideración de Rilke hacia el perro, ante el dios de la belleza poética, Orfeo, única divinidad en la que cree el poeta; al que encomienda que no se pierda, ni mucho menos se maldigala esencia canina, como pasó bíblicamente con Esaú.

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