Portada Alfabeto - Sexto Piso

Nace la colección Poesía Sexto Piso y presentan Alfabeto, de Inger Christensen

Portada Alfabeto - Sexto Piso
Portada Alfabeto – Sexto Piso

En un mundo en el que la literatura y el arte se han vuelto un simple divertimento, y han perdido su antiguo peligro y su capacidad de subversión; en un mundo en el que gobierna la usura y la avidez por el dinero, y que se empeña cada día, con ceguera, en la destrucción moral y física del hombre; en un mundo en el que la palabra bondad sufre el escarnio de todos, donde aún en los ámbitos más cultos y responsables, como el editorial, se han impuesto como única meta el pragmatismo y la utilidad, ¿por qué insistir en la poesía?, ¿por qué publicarla?, ¿por qué defenderla? O, como se preguntó Hölderlin: ¿Por qué poetas en tiempos de miseria?

Tal vez la defensa de la poesía hoy puede resultar inocente, gratuita, infantil, irresponsable. Pero nos parece aún más inocente, gratuito e irresponsable no defenderla. Porque creemos que los poetas son los únicos que hoy, en estas circunstancias, pueden prestarnos ayuda. Porque traer a la memoria la gracia y la bondad, olvidadas desde hace mucho tiempo, implica riesgos, los más altos, y alguien tiene que asumirlos. Porque los actos gratuitos e irresponsables son los más hermosos. Porque es necesario defender, reconocer, y creer en la belleza. Porque para terminar con la miseria material hay que vencer antes la miseria del alma. Porque un poema es una de las pocas formas que le quedan al hombre de combatir la servidumbre, y a los poderes que exigen la dominación de su cuerpo y su conciencia. Porque hay quienes nunca renunciarán a su batalla por otra forma de vida, más hermosa, más intensa, más justa. Porque la poesía es un salto mortal o no es nada. Porque es un refugio contra el dolor. Porque un poema es una de las pocas cosas en el mundo por la que vale la pena arriesgarlo todo. Porque es una de las formas más altas del amor.

Esta es nuestra carta de creencia, y pensamos que muchos de vosotros la comparten y se reconocen en ella, que no estamos solos, que hallaremos manos dispuestas a construir, con nosotros, ese momento privilegiado, ardiente, luminoso, en el que la muerte y el tiempo se suspenden, y que sólo ocurre cuando un ser humano se encuentra y se reconoce en un poema.

Gracias por ayudarnos a defender ese instante, y a hacerlo perdurable.

Inger Christensen - Imagen pública
Inger Christensen – Imagen pública

Alfabeto es uno de los libros esenciales de la poesía europea del siglo xx. Hasta hoy era, de forma incomprensible, inédito en nuestra lengua. Es un largo poema cuya forma sigue dos principios de composición. El primero es la secuencia de Fibonacci. Es decir, cada verso es la suma de los dos precedentes: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13… El segundo es el alfabeto. Cada poema, y las palabras que utiliza, sigue el orden de las letras: a, b, c, d, e. Sin embargo, bajo esta forma aparentemente estricta, hay lugar para el azar.

Como en una de las más antiguas tradiciones hebreas, Christensen juega con la materia misma con la que está construido el mundo: las letras, y su misterioso orden. Con ese magma informe y primigenio, recrea el mundo y su destrucción. Verso a verso, letra a letra, va moldeando cada una de las cosas que lo pueblan –el amor, la infancia, la vejez, el olvido, el odio, la muerte, la memoria– hasta que el árbol de las palabras, el árbol de la vida, surge, hermoso e indemne, ante nosotros. Al final, como los vocablos mismos, todo desaparece en un soplo. En los labios no nos queda más que la fragilidad de la vida y de las palabras, y la certeza de que una magia, oculta y aún nombrable, habita en ellas.

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Sobre…

Inger Christensen nació en 1935 en Vejle, y murió en 2009 en Copenhague. Fue poeta, novelista, dramaturga y ensayista. Su obra, considerada la cumbre de la poesía danesa del siglo xx, marcó profundamente toda la literatura escandinava. Fue mencionada, durante años, como una firme candidata para el premio Nobel. Realizó obras en colaboración con diversos músicos y artistas visuales. Recibió numerosos premios, entre ellos el Premio Nórdico de la Academia Sueca, el Premio Siegfried Unseld, el Gran Premio de la Bienal Internacional de Poesía, el Premio Austríaco de Literatura Europea, el Premio Americano y el Premio Europeo de Poesía. Fue miembro de la Real Academia Danesa, de la Academia Europea de Poesía y de la Academia de las Artes de Berlín. Su obra ha sido traducida a más de treinta lenguas.

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