Francesco Paolo Michetti, Tocco da Casauria

Sobre Los nombres del aire, de Alberto Ruy Sánchez

Alberto Ruy Sánchez - Imagen Pública
Alberto Ruy Sánchez – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

No soy un gran lector de la literatura mexicana (o no al menos como yo quisiera ser), quizá por ello el nombre de Alberto Ruy Sánchez no me proporcionaba ningún referente, durante estas semanas de búsqueda de nuevos y raros autores me topé con su nombre, quizá lo primero que me llamó la atención fueron las fastuosas portadas con temas orientalistas que corren bajo el sello de la editorial Alfaguara y Punto de Lectura. Bastó dar un par de hojeadas para atrapar completamente mi atención, páginas cubiertas con caligrafía árabe correspondiente a la obra del artista Hassan Massoudy y párrafos de gran calidad poética.

El primer libro que leí fue Los demonios de la lengua, la breve hagiografía de un santo que “hizo el mal muy bien”, después de este primer acercamiento leí Los nombres del aire, novela que pertenece al ciclo de Mogador, un conjunto de obras que se desarrollan en una ciudad imaginaria.

Imaginen una ciudad, pero no una ciudad cualquiera, una ciudad construida a las orillas del mar tan azul como las miradas lánguidas de los amantes, rodeada por unas altas murallas blancas y pálidas como huesos, con seiscientos sesenta y seis torreones, cada uno coronado con veletas en forma de dragones, miles de calles serpenteantes, con cientos de palacios de piedras caleidoscópicas, con olor a azafrán, canela y demás especias. Imaginen una ciudad donde las pasiones se sienten en las paredes y los secretos corren como si saltaran en sueños y los sueños como si saltaran en las miradas; esa ciudad es Mogador.

Francesco Paolo Michetti, Tocco da Casauria
Francesco Paolo Michetti, Tocco da Casauria

En este escenario se desarrolla el drama de Fatma, una doncella de mirada nostálgica que ve pasar los días desde su ventana en busca de algo que no puede ser pero que un día fue. Toda Mogador intentará resolver el enigma de su pesar, cada uno de forma completamente distinta. Pronto nos vemos envueltos en una compleja trama llena de magia, genios malvados, ritos secretos, sabiduría prohibida y sobre todo un erotismo y exotismo propio de Las Mil y una Noches.

Alberto Ruy Sánchez nos introduce a un mundo secreto, el espacio íntimo en el que se desarrollan las impronunciables pasiones que carcomen la mirada detrás del velo, a la sensualidad femenina de Fatma en contra parte a la novela En los labios del agua, donde explora la sensualidad masculina.

Desde la creación de espacios llenos de ensoñaciones orientalistas, la profunda significación del cuerpo femenino en la religión musulmana, la delicada narración que de forma constante remite a otras para explicarse a sí misma, la sensación de laberinto y la sutil construcción de imágenes poéticas es lo  que constituye la lectura de esta novela un verdadero deleite, y de otra forma, algo distinto a lo que nos tiene acostumbrados la literatura contemporánea mexicana. Es como dice Severo Sarduy al remitirse a esta novela: “Más que una novela este libro es un nuevo modo de aprender a leer: el de la fulguración”.

Gaston Casimir Saint-Pierre Soudja Sari
Gaston Casimir Saint-Pierre Soudja Sari
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