Amado Nervo - Imagen pública

Místicas

Amado Nervo - Imagen pública
Amado Nervo – Imagen pública

por Marcos Solache

XXXI- En el Camino

 

A la par de “Perlas Negras”, Amado Nervo publicó “Místicas”.

Una serie de poemas enmarcados claramente en el misticismo; tópico que será recurrente en el ideario de Nervo.

En esta ocasión, y con un cambio súbito, aunque no desmembrado del fondo, Nervo intenta aluzar su oscuridad, y se vuelve mucho más religioso; aunque no alcanza la espiritualidad que logrará en años postreros.

Cabe el apunte de que Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz, cual era su nombre oficial, y no el seudónimo por el cual lo conocemos todos, estudió el primer año de leyes en el Seminario de Zamora, Michoacán.

Situación que evidencia su plena formación católica; aunque muy pocas veces, como en este par de poemas, sacada a relucir en su poesía.

El poema “En el Camino”, está dedicado a uno de los héroes literarios más importantes del poeta: Leopoldo Lugones.

No solamente de Nervo, sino de muchos otros, como Borges, Cortázar, Alfonso Reyes, López Velarde; y casi cualquier otro que se quiera nombrar, ha leído y amado la obra del Cordobés.

Existe una triple visión de las figuras de Lugones, Dios, y la Poesía.

La aparición de Lugones es determinante en el epitafio de la dedicatoria, pero con un sentido encubierto hacia la Poesía; el Padre-Dios.

El poema está dividido en tres actos.

El primer acto, “Resuelve tornar al padre”, comienza con un mensaje de confort hacia Cristo Rey.

            No temas, (…), si descarriado

            tras locos ideales he partido:

            (…)

Sintetiza los daños y dolores del mundo en que ha vivido el poeta, constituido entre fantasmas, que ahora, frente a la verdad, se han vuelto escombros.

Ahora que quiere regresar al Padre, se ha animado a formar en su ánima un nido auténtico.

            (…)

            olvidando los sueños que ha vivido

            y las tristes mentiras que ha soñado.

            (…)

Este par de versos, en especial, son muy fuertes desde el punto de vista que las vidas humanas, están pensadas en sueños humanos.

Perder los sueños, o peor aun, develarlos como mentiras, es un enfrentamiento realmente profundo.

Este primer acto termina con la llegada al monte místico.

Viejo, con un báculo, no espera llegar a la punta de la montaña, se conforma con la falda, estar pegado alo menos reluciente del ente divino.

            (…)

            con andrajos de púrpura en los hombros,

            con el haz de quimeras a la espalda.

Un símbolo de humildad y de grandeza a la vez, el utilizar el color de los Césares, pero hechos jirones.

Cabe aclarar que lo de viejo, es quizá una asimilación a la madurez temporal, y hartazgo terrenal que espera el poeta del mundo, ya que con 28 años, es muy difícil pensar que lo ha logrado.

El objetivo de este primer acto, se enfatiza en el último verso, que es una figuración clara de quien lo llevará al Padre, es la poesía.

El haz de quimeras que carga; pero no pesa, porque es un hermoso y brillante fardo.

El segundo acto; intitulado, “De cómo se congratularán del retorno”, enmarca, como desde el título se prevé, un tiempo futuro, inclusive inexistente en el tiempo lineal del poema.

Si en el final de el primer acto, ha determinado por asistir hacia el contorno bajo de la montaña, este acto se convierte en ficción sobre el posible logro de llegar ahí.

La primera estrofa se separa de las siguientes tres, por ahondar en el pensamiento del poeta, previo al encuentro.

            Tornaré como el pródigo doliente

            a tu heredad tranquila; (…)

La similitud con la parábola del hijo pródigo es inevitable, como también lo es, en este sumergimiento antes del beso que le dará Cristo en la frente, las tinieblas en las que se concentraba el poeta.

                                    (…), y al inclemente

            resplandor de los soles tengo miedo.

            (…)

Las siguientes tres estrofas están encadenadas, y describen, como ya se mencionó, el encuentro con Cristo, que es un compromiso de unión eterna, por medio de un anillo de casamiento.

            (…)

            y dejarás un ósculo en mi frente

            y un anillo de nupcias en mi dedo;

            (…)

Tal como en la parábola de Lucas XV, 11-32; el regocijo del Padre por ver a su hijo resucitar después de haber muerto, se celebra con una gran comida.

            (…)

            y congregando del hogar en torno

            a los viejos amigos del contorno,

            mientras yantan risueños a tu mesa,

            (…)

El tercer acto; titulado, “Pondera lo intenso de la futura vida interior”, es digamos el inicio del poema, desde el punto de vista en tiempo.

En esta sección, el poeta piensa lo que será, si un día se atreve a dirigirse hacia su Padre.

El móvil para esta futura vida, es la idea de la posibilidad en Cristo, en paz y aislamiento.

Inclusive menciona la Cartuja, como posibilidad, me atrevo a decir real en su vida, de en algún momento internarse en el monasterio.

 

Coincide que la espera en la llegada al Padre, debe ser un encuentro íntimo, y en silencio.

 

            (…)

            Ahí, solo por fin conmigo mismo,

            escuchando en las voces de Isaías

            tu clamor insinuante que me nombra.

            (…)

 

Importante mención sobre el gran profeta judío, ya que se confirma que la preparación católica de Nervo, no se quedó únicamente en el dogma, sino que ahondó en la Sagrada Escritura.

El poema termina con un grito de alegría, perdido entre los pasillos de aquél monasterio callado que espera encontrar en su interior.

 

            (…)

            cómo voy a perderme en las crujías,

            cómo voy a fundirme en la sombra!

 

El último verso ratifica el comentario sobre que “Místicas”, está pegado a “Perlas Negras”, al punto de que la poesía de Nervo, en este tiempo, clama luz, pero solamente le responde la oscuridad.

Místicas - Imagen pública
Místicas – Imagen pública

XXXIII.- Ultima Verba

 

El título de este poema, como vemos, está en Latín.

Llama la atención, en esta serie, un poema entero escrito en este idioma muerto: Hymnus.

Sabemos que Amado Nervo era un hombre culto, dominaba el francés, tenía esbozos de griego, y como vemos, algún conocimiento del Latín.

Hay otro poema, de la serie dedicada al amor de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, Gratia Plena, que entona con la tradición de titular en esta lengua.

Ultima Verba, es un poema corto, que consta de dos intervenciones alternadas.

Abre el poema, con un manifiesto en dos estrofas del Alma, y continúa con una respuesta de Cristo en un terceto, y un espacio en cursivas que funge como escenario; y termina con una oración, netamente, de cada uno.

La primera sección, del Alma, está formada por la misma cuestión, que expresamente se enmarca en el libro de Job.

 

            Señor, ¿Por qué si el mal y el bien adunas,

            para mí sólo hay penas turbadoras?

            (…)

Lo que varía, a diferencia de la amarga experiencia del de Idumea, es que en esta ocasión, el principal reclamador, el Alma, recuerda, aun en el espasmo más desesperado, que hay bien, aunque por ahora solamente le corresponda mal.

 

Esta pregunta-reclamo, que en esta ocasión no hace el favorecido por Yahvé, sino el Alma, desde un sentido genérico, se enriquece con el correr de la primera estrofa, y el continuar de la segunda.

 

            (…)

            El látigo fustiga, pero alienta;

            el incendio destruye, pero arde,

            (…)

 

Esboza escenarios únicos, en donde se presenta la dualidad que afirma que con la destrucción, hay creación.

 

 

Después de la pregunta con que abre el poema, y la serie de ejemplos que sustentan el reclamo, es muy interesante el cambio de ritmo que obtiene al final de esta serie, al abonar un doble verso, para ejemplificar la tormenta y el arrebol en las nubes.

 

Ante esto, la respuesta de Cristo no se hace esperar:

            -¡Insensato!, y yo estoy en tus dolores,

            soy tu mismo penar, (…)

 

El dolor en Nervo fue una experienciamuy germinativa en su poesía, y como lo vemos, a partir de ahora, será tornada en aceptación, porque Cristo no solamente se encuentra en la tranquilidad, sino también, en la desesperación.

 

Lo que prosigue, es nuevo en la poesía de Nervo, ya que a margen coloca una descripción de escenario, en letras cursiva.

 

Detalle por demás, que evoca una construcción dramática, acorde con el diálogo que nos muestra.

 

            (…)

            Se pueblan los espacios de fulgores

            y se desgarra sus velos el abismo.

            (…)

 

Antes de esta precisión, era muy difícil imaginar que la plegaria del Alma era nocturna.

 

De nueva cuenta una conexión con la turbia oscuridad de “Perlas Negras”.

Como bien se indica en anterior, el desgarre de los velos, presume el amanecer.

 

Y así el Alma exclama: – ¡Luz!…

 

 

Interesante por demás, el final desfasado en margen de la sentencia de Cristo.

 

            (…)

            -Yo enciendo las albas.

 

                        Amanece.

 

Lo sobresaliente, no es totalmente porque parece que el verso está en movimiento con el girar de la Tierra, y el aparecer del Sol en el horizonte, sino también por la significancia plena que da al poema, ya que de nuevo, y ante toda la serie de ejemplos generativos que expone el Alma en las primeras estrofas, se guarda el más común, aquél que vivimos todos los días, el amanecer, como señal de que Cristo, siempre, absolutamente siempre, regresa a nosotros.

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