Perlas negras - Imagen pública

Perlas Negras

Perlas negras - Imagen pública
Perlas negras – Imagen pública

por Marcos Solache

XVII

“Perlas Negras y Místicas”, fue el primer libro de poesía publicado por Amado Nervo, en el año de 1898, con apenas 28 años.

No se puede decir que es un libro precoz, ni maduro, porque ciertamente, para la poesía no hay edad, ni pensamiento: solamente sentimiento.

El título de esta primera mitad, que es una serie numerada de poemas, muestra poesía figurativa y oscura.

Una vida tan negra como la de Nervo, fue la de Rubén Darío, que por cierto, aparte de influencia en el Nayarita, fue un gran amigo.

Sus vidas compartieron hechos fatales, que expusieron al crudo sus sentimientos.

En muchas épocas, como esta lo demuestra en Amado, ennegrecieron sus poesías.

Como poetas se entendían, y en el nacer poético de Nervo, se nota una gran influencia del Nicaragüense; será por la pasión francófila que compartieron, y el azur poético que martilló en sus primeras estrofas.

Diecisiete es un poema con paso; dedicado a la poesía que contesta a la pregunta: ¿Eres sombra?.

Si lo es, el poeta quiere cubrirse de esa penumbra perpetua.

Está conformado porcuatro estrofas, de las cuales podemos decir que las dos primeras son intentos a la puerta de la definición, y las dos últimas un encuentro sobre laprivada de luceros.

En estos primeros años, distingo un Nervo de época, modernista y preciso en sus versos.

Este poema, en toda su extensión, presenta una peculiaridad en la pausa, al agregar una sangría en todos los versos pares de cada estrofa.

Esto es muy interesante por el silencio, pero sobre todo por la marcación que da a ciertos complementos, que siempre nutren al anterior puesto en margen.

La primer estrofa pregunta a la poesía si es ave, porque el espíritu del poeta es un árbol macilento y desnudo por el soplo del cierzo.

            (…)

                        ni parlotea entre el ramaje el céfiro.

            No puedes reposar en este árbol.

                        Prosigue, pues, tu vuelo.

            (…)

Si la poesía es ave, no podrá posarse en el poeta, porque el viento del norte ha destruido la frondosidad con la que el viento suave de las alas del canario invocado, podrían cantar.

La segunda estrofa vuelve a la pregunta; esta vez suavizando más la presencia de la musa, cuestionando si es aquella rocío matinal, frescura, límpidos destellos, o llanto del cielo.

            (…)

            No hay un cáliz siquiera en donde puedas,

                        como diamante trémulo,

            lanzar, cuando el sol surge esplendoroso,

                        tus límpidos destellos.

            (…)

Para que llegue esa frescura al páramo seco que es la vida del poeta, habría que fecundar lo infecundable; por lo tanto, y como es de esperarse, la musa poética de Nervo, no es aquesto.

Como es anticipado, si no es nada de lo que se ha tocado, es porque el poeta, en esta época de su vida, encuentra todo negro y envenenado, aunque bello, por eso “Perlas Negras”.

Así invita a la sombra:

            (…)

                        anida en mi cerebro;

            protectora de lívidos fantasmas,

            (…)

Ciertamente, en esta ocasión, la poesía se viste de noche, aunque con un espacio de luz, astro, solo e imposible, que figura en el inefable ensueño.

Es esto, más bien un escenario de soledad, como lo afirma Rilke, único espacio en el cual la poesía germina.

Importante notar que esta tercera estrofa, termina con una peculiaridad gráfica, al unir las siguientes palabras con un apóstrofe: s´emboza.

Tiene importancia por la métrica octosílaba de los versos pares, como del ritmo y abolición cacofónica en el mismo.

Esto sin pensar, que se muestra claro que la terminación e inicio de ambas, son los generadores que movilizan esta seña.

La última estrofa es un sacrificio encadenado en la oscuridad; donde el poeta y la poesía, harán un caos, y quizá Dios, compadecido, haga surgir un mundo de esperanza, ventura y consuelo.

El poema termina siendo una buena y fervorosa intención desde la poesía.

Perlas negras - Imagen pública
Perlas negras – Imagen pública

XXXVIII.

 Es un tema recurrente en las mitologías de diversas culturas, el figurar la transición del día a la noche, como una batalla, y una retirada del guerrero luminoso.

Para este poema, numerado como treinta y ocho, tenemos una representación muy sutil y contundente de esta transición, que por pertenecer a las “Perlas Negras”, la mayor parte de él, la pasaremos en la noche.

El poema está dividido en tres partes, de dos estrofas cada una.

La primera parte es la lucha del sol agonizante, el cual culminasiendo un escudo de bronce abandonado.

            (…)

            y su disco anaranjado

            (…)

            en el campo sangriento, tras la brega…

            (…)

En la segunda estrofa deesta parte, el escenario es más bien nocturno, donde abren las castas flores, estrellas, y el espacio es de la luna, queinvade con nacarado coche.

            (…)

            y brega con los trasgos de la noche

            la rutilante cuadriga del día.

            (…)

Efectivamente, la última parte de esta estrofa, esboza los últimos esfuerzos de la brillante caballería del astro rey, contra aquellos duendes, paseantes nocturnos.

La segunda parte, como es de esperarse, enmarca el tema principal del poema, que no puede ser, sino música, canción, poesía envuelta en el bamboleo de las palmas, que más adelante generará como Naturaleza.

            (…)

            y en el palmar qu´enhiesto se divisa

            cada palma es laúd, en que la brisa

            (…)

Vemos el mismo recurso de pegar dos palabras en esta estrofa, así como en la siguiente, un rescate en el anticuario del vocabulario, de nuevo para ajustar sílabas al metro, el uso de la contracción do, por donde.

Hay que puntualiza muy bien el escenario de la brega, que es exactamente en el horizonte, donde la línea del crepúsculo violado, pierde su último hálito.

Es aquí donde la parte final de esta segunda sección, exclama la queja mortal.

            (…)

            una queja de duelo: ¡cada fronda

            suspira la salmodia de la muerte!

            (…)

La tercera parte, hace una pausa futura, al imaginar lo que haría el Sol al despertar la mañana.

            (…), con sus centellas

            asaetando el piélago sonoro;

            (…)

Veamos esto como una orquesta nocturna, surgida por la virtud del silencio en la noche.

Resalto el final de esta estrofa, por la nutrida imagen que nos da de la aurora estrellada.

            (…)

            cuando entronen sus párpados de oro

            con pudores de virgen las estrellas.

            (…)

La última estrofa de esta tercera parte, sin que amanezca, en el mismo estado futurista comentado en la anterior; el poeta pide sobre el ara del cielo, que se cambie el son de duelo, por un himno santo de vida.

            (…)

            donde fulgura el sol como custodia,

            en vez de su tristísima salmodia,

            cantará el himno santo de la vida.

Aunque negro, Nervo sembró, desde esta época, un resquicio de esperanza, y eso lo demuestra claramente en estos dos poemas.

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