El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares. Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria. Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras. Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

Sobre un grupo de nuevas miradas: taller de fotografía del archivo de la BUAP

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares. Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria. Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras. Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares.

Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria.

Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras.

Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

El nombre no lo es todo. Quizá para algunos sí, pero la verdad es que no. Y eso es lo único que debería decir para hablar de lo que quiero, más que nada estando en la marca que habitamos sobre la línea de la historia del arte. Tanto vale la mirada de un experto como la de una persona común, y a veces hasta más, porque uno nunca sabe, puede que se dé la sorpresa, puede que ese al que no se conoce supere las expectativas y sobresalga de entre sus pares. Este tipo de cosas suceden con frecuencia en los talleres de arte (literatura, escultura, pintura, etc.) –que sea dicho, los hay por montones en esta ciudad–, donde las personas se esfuerzan para aprender más qué de las técnicas, de la experiencia de quien está al frente. El resultado siempre es diverso e infinitamente inesperado cuando en estos talleres deciden mostrar al público el producto de sus esfuerzos. Es el caso del Taller de fotografía del archivo histórico de la BUAP, impartido por Joaquín Ríos, Kino, quien lleva una larga y fructífera trayectoria. Esta exposición recién ha inaugurado y estará hasta finales de septiembre en el Archivo histórico mismo, para que todos podamos ser capaces de apreciar el trabajo de estos incipientes realizadores de la imagen, que disparo a disparo, a ritmo del click del obturador, dejan un poco de su perspectiva dentro de los marcos que contienen sus obras. Para muchos se supone una tarea fácil el apretar un botón y dejar que la máquina haga la reproducción de ese fragmento del mundo que se atrapa en el cuadro, sobre todo en estos días de extremo acceso a los medios tecnológicos. Y sin embargo, estos desconocidos, si algo aportan es reafirmar que la práctica fotográfica no es cosa cualquiera, y hay que sudar, a veces literalmente, para lograr recortar al mundo y hacerlo propio en un disparo de la cámara.

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