Nieve - Imagen Pública

Nieve, de Orhan Pamuk

Estambul - Imagen Pública
Estambul – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

Cuando elegí Nieve de Orhan Pamuk como mi siguiente novela, tuve en mi mente el recuerdo de la primera novela que leí de este autor: Me llamo Rojo, una obra de tintes históricos que se desarrollaba en la Estambul del antiguo Imperio Otomano. Francamente no me esperaba encontrarme con una novela tan diferente, tan diametralmente distinta.

La novela inicia con Ka,  un melancólico poeta exiliado en Alemania que vuelve después de varios años a su Turquía natal para cubrir una nota en torno al suicidio de varias jóvenes en la localidad de Kars. Cabe apuntar desde este momento que etimológicamente el nombre de Kars derivaría del georgiano “kari”, que significa “la puerta”, o del nombre armenio “hars”, que significa “novia”; no de la palabra turca “kar” (nieve), cosa que he notado que todos los reseñistas confunden, el juego de palabras, sin embargo,  llega a ser inevitable.

¿Quién es el protagonista en esta novela?, desde luego Ka, el poeta que apátrida que se siente identificado con la Turquía de Atatürk, la Turquía occidental en la que prima la razón. El siguiente protagonista es Kar o la nieve, no sólo lleva el nombre de la novela, sino que da el tono general de toda la obra, la melancolía de la nieve cayendo con la velocidad de la harina cernida, la nieve que cubre los caminos de la pequeña ciudad durante los tres días que ocupan la atención de toda la obra. Y desde luego Kars, la ciudad perdida en la frontera de Armenia, la ciudad que sirve de microcosmos para exponer todas las ideas en torno a Occidente y Oriente, no sólo encontramos a radicales musulmanes, atatürkistas, laicos, rebeldes kurdos, etc, etc. Kars es la ciudad que flota en medio del paisaje nevado, atemporal y decadente, el escenario donde se lleva a cabo uno de los dramas políticos, religiosos, románticos y filosóficos más mórbidos de la literatura ¿occidental?, ¿oriental?  Porque si algo sabemos de la literatura de Pamuk es este conflicto que se da a partir de su nacionalidad turca, nacer en el país que comparte dos continentes, dos concepciones de vida tan distintos, tan contradictorios, dilema que aparece también en  Me llamo Rojo y El castillo blanco.

Varios amigos me habían comentado que para leer esta novela había que conocer un poco de la historia de Turquía para poder conocer la dimensión de los hechos que se están llevando a cabo, lo cual en parte es cierto, pero también debo agregar que Nieve no sólo es una novela política, es también una de las historias de amor más desgarradoras que he leído en los últimos meses. Nieve en su llaneza, en su realismo más típico y lineal, ofrece un tono onírico, poético y una complejidad hasta contradictoria, todo nuestro drama se desarrolla en sólo tres días, pero ofrece tantos hechos como para abarcar años y como apunta Rafael Lemus en su reseña: “No es una novela fija, de una pieza, sino, apenas perceptiblemente, híbrida. Es una obra inestable. Nada se afianza: ni el clasicismo ni el melodrama, ni el juego metatextual ni la aridez didáctica. Hay un poco de todo, como si se probaran a la vez varios ingredientes.”

Nieve - Imagen Pública
Nieve – Imagen Pública

La melancolía más profunda habita desde su primera página, hasta la última, una nostalgia inabarcable, propia de las novelas de Turgueniev, que el mismo Ka leía a todas horas y con las que pretende ser descendiente. Ka es Kar y también Kars, el poeta, la nieve y la ciudad son elementos inseparables, aunque a ratos nuestro poeta reniegue de ello, sabe que la nieve habita en su alma, sabe que él habita en una única ciudad aunque intente ser occidental y renegar su parte oriental, aunque trate de huir de la misma, todas las ciudades para él serán sólo una, todas lo llevan a ella, Kars lo ha sellado el inconfundible signo de la fatalidad. Los momentos de mayor belleza son aquellos en los que estos tres elementos se encuentran fuertemente alineados, me refiero a los momentos en los que Ka escribe poesía, sus poemas surgen como epifanías, certezas de la muerte, de la vida, de la belleza, del amor, del dolor, de Dios y su ausencia, de tantas cosas que a primera vista parecen ser diferentes.

“¿Hasta qué punto puede uno oír en su corazón la voz de otro?” nos pregunta el narrador casi al final de la novela, ¿qué tanto podremos comprender sobre el otro? sobre su dolor, sobre su felicidad, sobre su identidad, sobre Oriente y sus problemas; eso dependerá de cada lector, porque al final, quizá eso sea lo más importante que podremos hacer con ellos, llevarlos dentro de nosotros para que no se pierdan en la tormenta de nieve de nuestros sueños, donde sólo nieva una vez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s