Alexéi Varlámov - Imagen Pública

El nacimiento, de Alexéi Varlámov: La literatura rusa después de la URSS

Alexéi Varlámov - Imagen Pública
Alexéi Varlámov – Imagen Pública

por Emanuel Bravo

Después de la caída de la URSS los rusos entraban al final del siglo XX, un siglo lleno de cuestiones contradictorias, convulsiones, represión y dilemas demasiado delicados como para tomarse a la ligera. Asistían asimismo al final de una utopía de un sueño de igualdad y progreso  que había comenzado un domingo en una plaza de San Petersburgo. ¿Cómo se manifiesta este cambio en la literatura de los años procedentes?, la respuesta a esta pregunta llegó a mis manos después de largos paseos por la biblioteca. La novela en cuestión es El nacimiento del escritor Alexéi Varlámov publicada en 1995 pero que en español apareció hasta el 2009 bajo el sello de la editorial Acantilado en una traducción directa del ruso a cargo de Selma Ansira. 

La novela relata la historia de una mujer de treinta y cinco años que ha quedado embarazada, después de largos años de espera, su esposo la ve escéptico, no sabe si un embarazo a esa edad es una buena o mala noticia. La maternidad es un proceso doloroso, frisa el martirio. La novela ahondará en la peripecia de la vida  con un realismo lacerante, pero también con una ternura inexplicable que nos toma de improviso, después de todo: “La llegada del hombre  al mundo y la partida de él son los dos misterios más grandes que existen” (pág. 42).

Alexéi Varlámov - Imagen Pública
Alexéi Varlámov – Imagen Pública

Si el lector espera la gran novela heredera del XIX, por el hecho de ser rusa, llena de monumentos de papel, esta obra podrá desconcertarlo un poco, puesto que no está llena de cientos de personajes de nombres impronunciables y difíciles de recordar, nuestros tres héroes carecen de nombre, sufren anónimos su dolor como es el caso de muchas familias en la Rusia post-URSS, “Que si vivimos en la miseria y en la esclavitud es porque ése es nuestro destino y el precio que hay que pagar por los pecados de una generación tentada por la igualdad y la justicia” (pág. 144). 

 Sin embargo, la cualidad que hereda Varlámov es este interés por desentrañar los recovecos del alma rusa, fiel en la creencia de que el sufrimiento y el martirio son necesarios para la paga de los pecados: “El sufrimiento sólo indica que Dios no nos ha abandonado” (pág. 153), lema que esgrimiría cualquier cristiano ortodoxo. Sin embargo, este aleluya vendrá después de muchos tormentos, de muchas penalidades y sobre todo dudas, en un pasaje el padre sostiene un argumento sobre el sufrimiento infantil que es idéntico al que utiliza Iván Karamázov contra las creencias religiosas de su hermano Alexéi, y sí, podemos leer en esta parte una veta dostoievskana. Pero no sólo notamos lecturas de Dostoievski, también de Anna Ajmátova, Aleksandr Solzhenitsyn, escritores del sufrimiento, de la angustia insoportable.

Y como diría Steinbeck al principio de su novela La perla, la novela bien podría leerse como una parábola. Rusia después de la URSS es una nación demasiado cansada, no puede tener un embarazo normal y da a luz a una nueva generación incapaz de salir al mundo contemporáneo sin un poco de ayuda, una generación nacida prematuramente, débil por los largos años del régimen soviético, muchos son sus problemas, de los cuales no todos han estado resueltos y que continúan hasta nuestros días, sin embargo, existe un mensaje positivo, como en toda novela rusa, es necesario morir de nuevo, para resucitar a una mejor vida.

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