Procesión de Pascua en la región de Kursk (1880-83). Ilyá Repin

Los Artamónov

por Emanuel Bravo Gutiérrez

El siglo XIX había sido un siglo excepcional para la literatura rusa, su consolidación en la literatura universal era indiscutible.  En sólo cien años el gran país de los zares levantaba en alto los nombres de Tolstoi, Dostoievski, entre otros. Pero después de la Revolución rusa había que planear la estética de la siguiente era. El nombre que de forma inmediata nos viene a la mente es el de Máximo Gorki, escritor que sirve de eslabón entre la gran novela del siglo XIX y el realismo socialista del siglo XX. Gorki logró la admiración del pueblo con sus descripciones del bajo vulgo, de los vagabundos y méndigos. La madre fue especialmente aplaudida por la crítica y es la novela por la que es conocido en todo el mundo. 

El régimen socialista proclamaría a Gorki como el modelo para la literatura posterior. Sin embargo, en sus últimos años, el novelista mostraría una actitud escéptica frente al triunfo de los valores revolucionarios,  más aún de la premisa del arte al servicio del Estado. No sería descabellado pensar que esta fue la causa de su misteriosa muerte; ya no era útil para el Partido.

Máximo Gorki - Imagen Pública
Máximo Gorki – Imagen Pública

Los Artámonov es una de sus últimas novelas y por lo que he llegado a leer del autor, ésta es su mejor obra. La novela fue publicada en la Unión Soviética en el año de 1925, no es tan popular como sus demás obras, quizá por razones políticas más que literarias.

La novela es una larga saga familiar que inicia dos años después de la emancipación de los siervos en el año 1861 y concluye en los días de la Revolución. Los Artamónov son una modesta familia de mujiks que acaban de recibir la libertad, sus pasos inseguros los llevan a la ciudad de Driómov donde comenzarán a forjar su destino. El mayor de los Artamónov, Ilyá comenzará a trenzar el destino de sus vástagos en torno a una fábrica de lino que proporcionará su posterior fortuna, no sólo a su familia, sino al pueblo entero. Sus hijos y nietos desarrollarán sus vidas en torno al pueblo y a la fábrica.

Procesión de Pascua en la región de Kursk (1880-83). Ilyá Repin
Procesión de Pascua en la región de Kursk (1880-83). Ilyá Repin

La novela recoge medio siglo de historia rusa, sin que esta  sea la protagonista, las noticias llegan a Driómov como ecos lejanos. A diferencia de lo que podríamos pensar de la literatura de Gorki, esta novela no es una novela política, lo cual permite al escritor desarrollar personajes antes que ideas. El novelista ruso demuestra su verdadera habilidad de escritor antes que propagandista, al igual que los escritores precedentes de su nación, su interés está en el alma humana. De esta manera, por la novela vemos desfilar a personajes verdaderamente entrañables, de una psicología profunda que liga a Gorki con la mejor literatura del siglo XIX.

La trama es difícil de resumir por su gran complejidad, por su cantidad de protagonistas y los numerosos argumentos que Gorki desmadeja sobre esta estirpe. La historia está llena de amoríos frustrados, secretos mortales, pasiones desbordadas, contiendas generacionales, personajes afables, misteriosos, rebosantes de gran alegría o la melancolía más profunda, la acción se desarrolla rápidamente, simplemente no podemos dejar de leer.

La velada (1880). Ilyá Repin
La velada (1880). Ilyá Repin

Los Artamónov es un gran homenaje a este mundo que dejó de existir tras el movimiento bolchevique, pero más aún es una gran despedida a una tradición literaria, a la gran novela decimonónica. En esta obra encontramos mujiks que bien pudo haber pincelado Turgueniev en Los relatos del cazador, terratenientes e isbas dignas de Las almas muertas de Gogol, protagonistas con una psique dostoievskana, respira la épica familiar de Tolstoi y por sus páginas habitan seres sencillos de gran sensibilidad, hermanos de los protagonistas de los cuentos de Chéjov. Gorki consagra su arte a una gran tradición, demostrando también su propia genialidad, sabe perfectamente que esta llama se verá opacada en las décadas siguientes por el realismo socialista, el Partido se encargará de apagar los grandes talentos del siglo XX por medio de la censura, el exilio y los gulags. Esta novela bien podría servir de broche a un siglo de estética bien perfilada que comenzó con los versos de un joven poeta llamado Alexander Pushkin.

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